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lunes, 6 de septiembre de 2010

Cien libros para el siglo XXI (014)


"El Científico y el Político" (1904) - Max weber (1864-1920) - (014)


Recobramos la colección de libros para el Siglo XXI de Ciudadanos en la Red con una obra singular, posiblemente una de las más sinceras escritas por un auténtico analista independiente de la realidad, hoy hablaremos de Max Weber y su obra El político y el Científico (1904), obra breve pero intensa en la que el autor alemán disecciona con maestría los entresijos del poder, no apelando a su descripción formal, sino a sus auténticos contenidos, Weber, como un cirujano, nos muestra las vísceras de la condición humana de los políticos, algo que amplía en una de sus últimas conferencias La Política como Profesión (1919).

Pasaron varias décadas para que otro autor independiente, Michel Foucault nos hablara, todavía con más pasión si cabe, sobre la dominación de los seres humanos por el poder en todas sus formas.

Max Weber nació en Érfurt en 1864 y falleció en Munich en 1920. Fue un auténtico heterodoxo, que contribuyó desde una perspectiva ecuánime a la construcción de las ciencias sociales. El autor alemán era científico antes que ideólogo y por supuesto empírico antes que idealista, sin embargo huyó del positivismo, creando una posición singular entre los pensadores sociales, sin llegar a consolidarse en una escuela propia.

Estudió Derecho en Heidelberg y posteriormente Historia Medieval, ejerció como abogado, posteriormente se doctoró para pasar a ser profesor universitario de Economía en Friburgo y Heidelberg, más tarde se hizo editor, escribió sobre numerosos temas sociales y también se dedicó a dar conferencias por Europa y Estados Unidos.

Como reconoce su mujer en una biografía póstuma, aunque Weber es conocido fundamentalmente por sus escritos económicos, La Ética protestante y el Espíritu del Capitalismo (1903), sus estudios sobre la burocracia y la administración pública, y sus estudios de sociología, a los que dedicó más empeño, sobre todo en los últimos años de su vida, cuando fue profesor en Viena y Munich de las primeras asignaturas de sociología.

La auténtica vocación de Max Weber fue la política, tratando de fundar en 1812 en Alemania el primer partido político transversal, tratando de unir a liberales y socialdemócratas, proyecto que acabó fracasando por la desconfianza de los liberales hacia los principios revolucionarios de los socialdemócratas, y su empeño en interpretar la democracia desde el agrupamiento sectario y no desde la individualidad.

Weber fundamenta el ejercicio de política en la ética, que proviene de dos elementos claves: la convicción y la responsabilidad, origen y tragedia de la política, en la medida de que son polos entre los que debe moverse de forma equilibrada la acción política, ambos extremos se necesitan y se repelen mutuamente. Un político sin convicciones es, sencillamente un oportunista, un profesional de la manipulación y un vendedor de humo. Pero un político sin conciencia de su responsabilidad, perdido en su mundo neurótico de utopías irrealizables, conduce a la derrota segura. Hallar el camino eficaz entre Escila y Caribdis constituye la marca del buen político posibilista y, a la vez, transformador.

Weber participó activamente en la política alemana, tanto en su función de consultor para la firma del Tratado de Versalles, como diseñando el borrador de la futura Constitución de la República de Weimar, incluyendo el artículo 48, que aunque tenía como finalidad apartar al comunismo del gobierno alemán, sirvió a Hitler en su día para declarar la Ley Marcial y erigirse en dictador.

Biografía

Max Weber (por Ramón Alcoberro)

Biografía de Max Weber (antroposmoderno)

Vida de Max Weber y enlaces diversos a su obra (biográfica)

Libro recomendado

El Político y el Científico


Biblioteca Ciudadanos en la Red - Cien libros para el siglo XXI

domingo, 5 de septiembre de 2010

Democracia fascista


La condición esencial del ser humano es dotarse a sí mismo de significado para alcanzar una identidad propia y definida. Es hora de que la humanidad avance de nuevo y abandone para siempre sus cárceles, impuestas por el poder en todas sus formas. La única condición imprescindible para que ese proceso se desarrolle es la libertad. Quien no se siente libre, siempre estará sometido en un escalón previo de la evolución, tratando de liberarse de su opresión.

La tiranía en el ejercicio del poder impide el desarrollo de los seres humanos. La representación política es la principal forma de dominio de los seres humanos en nuestros días, utilizando el abuso de poder en democracia como coartada. La democracia no es el gobierno del pueblo, frase que representa la inquina del poder, al contrario, es el sometimiento del pueblo, silenciando todas sus protestas. ¿Quién se atreve en estos tiempos a estar en contra de la democracia?

Pero la democracia no tiene exclusivamente su expresión en la partitocracia imperante, he ahí la falacia que permite el engaño. La democracia tiene múltiples formas de manifestarse, que nada tienen que ver con los partidos políticos como es el caso de los referenda en los que el pueblo expresa su voluntad directamente sin intermediarios o como aquellas cuestiones en que la democracia no está representada, sino que se expresa de forma directa.

La gran estrategia del poder es mantener la apariencia de que son los ciudadanos los que eligen a sus representantes políticos, cuando en realidad lo único que hacen los que acuden a las urnas es ratificar a los que han elegido los dirigentes de los partidos políticos. No hay elecciones libres en España, más bien una simulación de su existencia, que satisface a una inmensa mayoría de ciudadanos convertidos en súbditos de los “señores de los partidos políticos” que ejercen su dominio.

Verán ustedes, supongan que por una casualidad encontramos al ser humano más justo del planeta al que queremos convertir en nuestro Presidente del Gobierno. ¿Qué tendríamos que hacer para conseguirlo?, pues sencillamente vencer todas las resistencias del poder, en forma de reglamentos, legislaciones, plazos y decisiones de los que los partidos políticos han impuesto para que permitan o no permitan su participación.

Si aún lográramos el objetivo de presentar como candidato al ser humano más justo del planeta, tendríamos que resolver como hacer llegar a la gente su mensaje, porque los medios de comunicación, subvencionados por el poder, se encargarían de que eso no ocurriera, relegando su presencia en los mismos al lugar que decidieran sus competidores, perfectamente organizados para imponer su voluntad en contra de la de los ciudadanos.

Supongamos que al final, venciendo todas las dificultades, el ser humano más justo del planeta obtiene representación política, es decir voz pública, pues seguramente su discurso quedaría asfixiado entre los discursos de todos los demás, a los que tendría que enfrentarse, agotándose sin haber siquiera comenzado a exponer su pensamiento.

Los partidos políticos quieren que nos convenzamos que un sistema que pone todas las trabas e impide al ser humano más justo del planeta acceder a la representación pública es un sistema democrático, cuando en realidad lo que procura es que los más injustos, deshonestos y extravagantes accedan a la representación pública y al poder gracias a que se alían y organizan para perpetuarse en su posición de privilegio.

Una democracia que impide al ser humano más justo del planeta acceder al poder es una pantomima, un fiasco y un cuento que sólo sirve para que los más infames alcancen representación política y se repartan el poder entre ellos. Pero que no se le ocurra a nadie abjurar de este magnífico sistema de redistribución del poder siempre entre los mismos, porque se postula para el escarnio y mofa de todos los que le rodean, y alguno de los sinvergüenzas que cobran todos los meses del erario público por representar exclusivamente sus intereses y privilegios, todavía ser permitirá decir: pero cómo le hacen caso a ese facha.

Tengo la certeza de que en este país los auténticos fascistas son los que presumen de demócratas, ejerciendo el poder desde una auténtica tiranía.

Biante de Priena

sábado, 4 de septiembre de 2010

La estrategia del PSOE se denomina eternizar el ocaso


Ahora podemos constatar la realidad, porque los hechos no mienten. Hace muchos años, tantos como José Luis lleva al frente del Gobierno, que el PSOE ha dejado de sostenerse en una ideología y un proyecto político para afianzarse en la ocupación de las instituciones, el reparto de los privilegios del pesebre público, la negación de la realidad, que se oculta con el ornamento propagandístico que esconde sus fracasos.

Que en la última encuesta del CIS solamente un 19,3 % de los entrevistados apoyaran la política del Gobierno y confiaran en su Presidente, no es óbice para que, desde la soberbia que caracteriza a aquellos que se atrincheran en el poder, se instruya a los españoles en la patraña de un horizonte de soluciones próximas.

Las soluciones más próximas han sido la subida de impuestos, el retraso de la edad de jubilación, el recorte de sueldo a los funcionarios, la congelación de las pensiones, la neutralización de los sindicatos con nuestro dinero, el incremento sin fin del paro y el incremento de la deuda pública y privada de los españoles, además de una disminución del bienestar del conjunto de la sociedad, que ahora tiene que trabajar más para vivir peor.

Evidentemente cuando observamos que el sacrificio que nos han impuesto a los españoles no sirve ni para detener el declive permanente, económico y político, en el que estamos instalados, es necesario preguntarse si realmente los que gobiernan saben que es lo que están haciendo o dan palos de ciego, recortando nuestro bienestar exclusivamente con la intención de mantener el suyo, habitualmente encastillado en el privilegio, muy por encima de lo que les correspondería en condiciones de igualdad con el resto de los españoles.

El comportamiento de los gobiernos del PSOE, al igual que las manifestaciones de la oposición son motivo de extrema preocupación para los españoles, pues ni siquiera sirven para detener la debacle en la que estamos viviendo, a pesar de haberse demostrado el fracaso gubernamental, primero no reconociendo la crisis y después no sabiendo atajarla.

Está claro que la política en España es un negocio fuera del mercado, en el que un cártel de traficantes de sueños se dedica a chulearse de los españoles vendiéndoles el humo que sale de la hoguera en la que se han quemado todas nuestras esperanzas.

Pero la agonía en la que estamos viviendo es artificiosa, proviene de la locura del tratamiento que se nos ha impuesto por los expertos del Gobierno, que consiste en mantenernos prácticamente en coma económico y político, sin hacer prácticamente nada más que esperar a ver si el despegue de nuestros vecinos europeos o un milagro, nos saca de la extraordinaria crisis que estamos viviendo, mientras preparan la nueva estrategia que les permita triunfar en las próximas elecciones. Realmente el Gobierno ha claudicado, no esperemos que adopte ninguna medida impopular, de las realmente necesarias para salir de la situación que atravesamos, no lo van a hacer, porque eso sería arriesgar su futuro personal, el de todos los que viven del pesebre, por eso sostendrán la situación del país en crisis y deterioro sin intentar siquiera aliviarla, en una cadencia peligrosa que no nos alejará de las zonas de alarma y desconcierto.

Sin embargo, que magnífica instantánea de sus intenciones nos están brindando con este comportamiento, porque el Gobierno de Rodríguez Zapatero no tiene ninguna intención de hacer nada que deteriore su imagen de cara a las próximas convocatorias electorales, aunque sea necesario. No esperen valentía de los cobardes afianzados en el poder que miran por su futuro y no por el de aquellos que dicen representar, irán recortándonos el bienestar al descuido, como auténticos carteristas, mañana nos quitarán aquel servicio, pasado nos subirán aquel impuesto, y poco a poco irán desposeyéndonos del bienestar alcanzado en otras épocas, pero sin que se note demasiado y siempre con una sonrisa y unas palabras de esperanza y solicitud de confianza.

Es la estrategia conocida como “eternizar el ocaso”, mantenernos medio vivos, medio muertos, como zombis, mientras preparan su estrategia de perpetuación, acumulando recursos para acometer el próximo engaño, que será invertirlos de golpe cuando se acerquen las elecciones autonómicas y municipales para dar la falsa imagen de que nuestros problemas se han resuelto definitivamente gracias a ellos, cuando en realidad ni siquiera han comenzado a resolverse. Y el PP pensando que va a triunfar en las próximas elecciones, con seguridad nuestra situación va a mejorar de forma extraordinaria antes de las próximas elecciones autonómicas y municipales y esa mejoría se sostendrá hasta la convocatoria de elecciones generales que se adelantará si los resultados en las autonómicas y municipales así lo sugieren.

El problema es que nadie va a advertir a los españoles de cual va a ser la próxima estrategia del PSOE. Los opositores piensan que el PSOE está muerto, cuando en realidad está preparando su próximo asalto al poder, aunque sea jodiéndonos la vida a la mayoría de los españoles con sus mentiras y sus engaños. Vamos a quedar fascinados con la hermosa puesta de sol que nos preparan los equipos de estrategia, agit-prop y propaganda del PSOE, ni siquiera en Hoolliwood se ha visto jamás un espectáculo parecido. Pero mira que son truhanes, tanto como ingénuos los españoles, que sólo salen de su ceguera para ser deslumbrados por el poder, siempre que haya elecciones próximas.

Biante de Priena

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Quién no conoce a Zapatero?


Pues aunque ustedes no se lo puedan creer, cuando Zapatero salió elegido en 2004, un 9,5 de los españoles no lo conocían, a Rajoy no lo conocía un 10,5 % de los españoles. El grado de desconocimiento de los políticos españoles es pavoroso y es motivo de estudio y análisis. Evidentemente, lo que ni siquiera se conoce es difícil juzgarlo y más aún cambiarlo si resulta necesario.

En el actual Gobierno hay tres ministras que no son conocidas ni por un tercio de los ciudadanos, la de investigación, la de vivienda y la de cultura. Ocho ministros no son conocidos ni por la mitad de la población, las tres anteriores y los de igualdad, justicia, agricultura, educación e industria. Sólo hay cinco ministros conocidos por más del 70 % de la población, el de interior, la vicepresidenta primera, el de exteriores, el vicepresidente tercero, y la de defensa.

Está claro que en este país la gente no vota por las personas, sino por los partidos políticos, y fundamentalmente por las ideas que dicen representar. Pero resulta extraordinario que en plena era de la comunicación, con la oferta informativa más importante de la historia; con el mayor número de periódicos, emisoras de radio, canales de televisión, a lo que se debe sumar internet, un 17,4 de los españoles no conozca a la inmanente Maria Teresa Fernández de la Vega, tras seis años como vicepresidenta.

Sin embargo en las últimas elecciones generales acudieron a votar un 73 % de los ciudadanos, un elevado nivel de participación, que no se corresponde con el conocimiento posterior de lo que han votado, porque ni siquiera se ocupan de saber los ministros que están gobernando.

¿Por qué vota la gente?

Hay una razón fundamental, los españoles tras los cuarenta años de dictadura franquista, recibieron la democracia como el aire fresco que necesitaba este país, pero hoy la desilusión con los políticos españoles es enorme, sin embargo la gente sigue votando de una forma irracional, más por sentimientos enfrentados, porque en este país la gente vota al PP para que no gane el PSOE y al PSOE para que no triunfe el PP. Los políticos lo saben y en vez de hacer una gestión positiva de sus hechos –algo imposible- se han especializado en la denuncia de los hechos de los rivales, incluso de las cosas que dicen los rivales, ya ni siquiera de los hechos.

Los políticos y sus edecanes nos dirán que el desconocimiento de los ministros es una prueba de la confianza en el sistema y de normalidad democrática, porque cuando la gente confía en su Gobierno se despreocupa de quienes lo conforman, evidentemente esa es una de sus magníficas falacias, porque si bien cuando el PSOE alcanzó el Gobierno en 2004 casi un 50 % de los ciudadanos confiaban en como estaban haciendo las cosas, hoy esa cifra ha pasado al 7,9 %. Si añadimos que hoy sólo un 19,3 % de los españoles confía en como está haciendo las cosas el Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, más bien la explicación sería la contraria: el desinterés por la extrema desconfianza.

Pero si la gente tiene una extrema desconfianza en los políticos, ¿por qué cuando llegan las elecciones acude a votar masivamente?. La única explicación plausible es por qué los ciudadanos creen en la democracia, aunque no crea en los políticos que les representan, a los que siguen votando de forma mecánica, fundamentalmente para que los que no les caen bien no triunfen en las elecciones.

Por eso la estrategia del PSOE desde hace años es denostar al PP, con el miedo a la derecha, con la organización de campañas de denuncia de su corrupción, cuando la del PSOE es posiblemente cien veces mayor. El PSOE ha sabido convertir al PP en el heredero directo del franquismo ante los ojos de una ciudadanía pasiva que no se ocupa de la política, porque piensa que lo único que debe elegir es que manden los menos malos, porque la gente no vota por los hechos de los políticos, si fuera así, sólo con un dato, el PSOE no volvería a triunfar en unas elecciones nunca jamás, porque con Aznar el paro llegó a bajar de los dos millones de personas, un 8,9 % de la población en edad de trabajar, y con José Luis Rodríguez Zapatero vamos por los 4,5 millones de parados, el 20,3 % de la población laboral, cuando en su día prometió pleno empleo, y posiblemente de los 2,5 millones de nuevos parados que ha logrado bajo sus gobiernos la inmensa mayoría son votantes del PSOE.

El voto racional

En España el voto racional, no cautivo por uno de los dos grandes partidos es aproximadamente de tres millones de electores, que son los que deciden si gobierna el PP o el PSOE, mientras que el resto de votantes siguen apoyando a los mismos que apoyaron sus padres o sus abuelos. Sin duda esos tres millones de electores son los que están más atentos a la realidad política, son los que en su día confiaron en el PSOE y hoy se sienten defraudados, pero todavía no acaban de ver razones suficientes para depositar su confianza en el PP. El resto de los votantes son conservadores de izquierdas o de derechas, van a seguir votando a los mismos que han votado siempre hasta que se mueran. Nadie desde la política convencional se ocuparan de que las cosas cambien, y para que surja una nueva opción esos tres millones de electores deberían unirse en el objetivo de cambiar la realidad política de este país, no votando ni por el PP, ni por el PSOE, ¿pero cómo van a dejar de hacerlo con la responsabilidad de saber lo que está ocurriendo en la política española y permitir que siga gobernando el PSOE que ha dejado el país en la ruina?.

Sin embargo, analizando la realidad con inteligencia, si esos tres millones de ciudadanos votaran por un antipartido político, por una opción que se enfrentara a la forma de hacer política en este país sería la única forma de librarnos del maniqueismo eterno, rompiendo la inercia que favorece la alternancia en el más de lo mismo. Hay otra fórmula que permitiría el cambio: convencer a los frustrados abstencionistas, un 27 % de los electores españoles, de que hay una opción que merece la pena, porque lo que está claro es que ninguna de las existentes les convence, pero quien sabe si un antipartido político radical en sus acciones y que se enfrentara a todo lo que existe no lograría concitar su atención y hacerles regresar a las urnas.

De todas formas es prácticamente imposible cambiar la realidad política en este país y mucho menos sin el esfuerzo responsable de mucha gente que se comprometiera en ese propósito, porque para que una opción política nueva aterrizara en el Parlamento Español, deberían reunirse todas las fuerzas en una opción concreta. No obstante la situación de catástrofe política y económica a la que nos han llevado los actuales gobernantes, puede remover a sus electorados cautivos y llevarlos a votar algo diferente a lo que votaron sus abuelos, posiblemente estemos aproximándonos al momento histórico en el que los ciudadanos votarán por primera vez rompiendo con su inercia habitual, por eso es necesario perfilar una oferta política que pueda representarlos y que sirva como alternativa a lo existente, aunque no queda demasiado tiempo, en seis meses no se puede cambiar una realidad de 35 años, aunque también es cierto que la gente nunca estuvo tan harta de los políticos y sus engaños.

Los cambios del mañana se cultivan hoy

En las próximas elecciones generales se va a producir por primera vez en muchos años una oportunidad para que no triunfen en las eleccioens ni el PP, ni el PSOE, ni siquiera los nacionalistas. La gente no vota a las personas, está harta de los partidos convencionales y está comenzando a despertar de su creencia en las ideologías, porque se ha visto que la única ideología del PSOE y el PP es la conquista del poder para alcanzar sus privilegios para sus legiones de allegados.

La gente quiere algo diferente a lo que existe, está pidiendo, aunque aún no lo sabe, un antipartido político formado por ciudadanos, no por políticos, que hable su propio idioma. Lástima que UPyD y Ciutadans sean más de lo mismo, idénticos como dos gotas de agua al resto de los partidos políticos, porque habrían sido una buena opción de cambio, pero la soberbia y la ignorancia de sus líderes impidión que fuera posible, por eso hay que pensar en una nueva alternativa, un antipartido político que se enfrente a los partidos convencionales y en el que se reunan todas las opciones críticas existentes, da igual que provengan de la izquierda, que de la derecha, que del nacionalismo o el altermundismo. Una gran coalición antipartidaria, de todos los que nos hemos sentido defraudados por los partidos políticos convencionales.

Movimiento Democrático puede ser el núcleo de ese proyecto antipartidario, en el que los ciudadanos defiendan sus intereses sin necesidad de apelar a una ideología determinada, cautiva, inamovible. Un antipartido que defienda la democracia haciendo democracia, que defienda la libertad actuando en libertad, que busque la justicia cumpliendo sus reglas, que sea transparente, tolerante y abierto, antifanático y antidogmático, que le pueda devolver a la política su auténtico significado: hacer la vida más fácil y agradable a los ciudadanos y no cada día más complicada y difícil. Depende de todos y cada uno de nosotros que se haga realidad.

Biante de Priena

jueves, 2 de septiembre de 2010

Creando un antipartido político ( y 04, por ahora)


Hagamos recapitulación de los artículos anteriores, en el primero hacía una declaración que debía ser la democracia, en el segundo considerá la situación actual en las democracias del sur de Europa, de las que España es paradigma, y en la tercera, apelando a Madison, denuncié cual era la situación de todos nuestros males: la presencia de los partidarios de "un partido único" con múltiples facetas y la ausencia de un contrapoder, creo que esto justifica la creación de un antipartido político, lo que a la mayoría de los lectores les puede sonar a extraño, acostumbrados como están a recibir sólo la información que elude cualquier alternativa a lo existente.

En la cuarta entrega abordaré el problema fundamental, como convencer a mis compatriotas de que todos los partidos políticos son idénticos, que en realidad conforman un partido único que es exclusivamente una representación del poder y no de nuestra voluntad soberana, de los ciudadanos a los que representa. No quiero con ello, aunque me dan ganas, acusar a todos los políticos de deshonestidad, seguro que hay muchos honestos, que incluso se dejan la vida en la obra y reciben menos de lo que entregan, pero también hay muchos que se aprovechan de su condición de representante público y los que son honestos no dicen nada, consintiendo el estado de corrupción y despropósito en el que estamos viviendo.

La pregunta clave es la siguiente: ¿qué puedo hacer, yo, ciudadano medio, asqueado de la política por el espectáculo al que estamos asistiendo, para cambiar esta miserable realidad?.

Queridos lectores, aquí estamos en páramos ignotos, yo soy uno más, no tengo ni puñetera idea, pero quiero pensar que el poder siempre ha tratado de oprimir y los seres humanos hemos logrado, poco a poco,a lo largo de la historia, zaherirnos de su opresión, porque si no yo no podría estar escribiendo ahora mismo estas palabras para publicarlas posterioremente en un blog.

Mi propuesta es crear un antipartido político, que se contraponga a todos los existentes, un contrapoder necesario e imprescindible, porque los partidos políticos se han apropiado del poder y lo utilizan en su interés, antes que en el de los ciudadanos que lo representan. La clave del proceso es regresar a la democracia, si alguna vez la hubo. Los partidos políticos representan sus propios intereses y no los de los ciudadanos que eligen a sus representantes públicos en las urnas. Siguiendo las enseñanzas de Madison, debemos crear una nueva facción que se oponga a todas las existentes, pero que no participe de sus mismas reglas, es decir un antipartido político, en el que no haya partidarios, sino ciudadanos libres y responsables que tomen decisiones y se comprometan con ellas, sin llegar a convertirse en políticos al uso, que terminen atrapados en las redes del poder. Hasta aquí el largo preámbulo, vamos a sus aplicaciones, a las acciones que alumbren su existencia.

Sé que es una locura, pero la única fórmula que veo para afrontar ese objetivo es la confianza, primero en nosotros mismos, sabiendo que somos capaces de intentarlo al menos, pero también es necesario una organización o muchas que lo hagan posible. ¿Pero quién va a estar dispuesto a hacer algo por los demás que le ocasione innumerables molestias sin recibir nada a cambio?. En una sociedad en la que el dinero es el único Dios, eso resulta prácticamente imposible. Sin recursos, tanto materiales como humanos, pocas cosas se pueden hacer. Estamos condenados a vivir en una situación de potencia que nunca alcanza el acto, es decir, de impotencia en realidad.

Vivimos en una sociedad de masas, de seres a a los que se ha desposeído de su identidad, acogotada por la cultura de la imagen y la propaganda, con unos medios de comunicación que viven de la reiteración de la misma noticia sin reflexión propia; el poder se disfraza de su mejor cara para vendernos la especie de que está haciendo todo lo que puede por nosotros y no puede hacer más. Pero las pensiones se congelan, suben los impuestos y cada día hay más gente que se va al paro o pierde su casa por no poder pagar la hipoteca.

Para participar en el juego de la política hay que alcanzar una cuota de existencia pública y eso resulta penoso y además es postergado y anulado por los medios de comunicación, más interesados en mantener el conflicto en lo existente, que en aventurarse por nuevos caminos. La sociedad está secuestrada y paga su rescate cada día con un deterioro de sus condiciones vitales y su malestar paulatino.

Todos esperamos que las cosas se resuelvan por sí mismas, pero eso no va a ocurrir, porque el poder siempre busca perpetuarse y alejar a los ciudadanos de su condición de libertad. Vivimos enajenados por el poder, nos han adoctrinado en que nuestro papel en la democracia ser resume en acudir cada cuatro años a las urnas y posteriormente vivir de una forma pasiva y servil ante lo que aconteca, nos han convertido en sociedad, en consumidores, en contribuyentes, en electores, en usuarios, en clientes, pero al mismo tiempo estamos dejando de ser humanos, con capacidad de autodefinirnos y decidir nuestro destino.

Aquí creo que está la clave del asunto, debemos desclasificarnos en todos los epígrafes en que la sociedad y el Estado nos ha convertido, debemos recobrar nuestra identidad propia, volver a ser nosotros mismos, liberándonos de todas las etiquetas asignadas con que el poder nos encadena y somete.

Verán ustedes, yo soy un ciudadano, español, demócrata y libre, que quiere vivir en paz consigo mismo y con los demás, de su trabajo y no del alpiste del Estado para que todo siga igual, creyendo que vivimos en el mejor mundo de los posibles, cuando estamos encerrados en una jaula del poder como si fuéramos periquitos, cada día con más limitaciones pero también teniendo que sacrificarnos más exclusivamente para poder seguir sobreviviendo. Quiero decidir sobre lo que me conviene o no me conviene, pero quiero hacerlo por mi mismo y no por medio de otros que me representen, bien, mal o cómo les dé la gana. La representación política en una sociedad avanzada, con ciudadanos que no somos analafabetos, con acceso a una comunicación inmediata y funcionarios suficientes para trasladar nuestras decisiones a la realidad, es sincerament un anacronismo propio de la época de nuestros bisabuelos, el último reducto de la opresión señorial del Antiguo Régimen.

Debemos dejar de creer en esta pantomiama de “democracia” para recrear la Democracia auténtica, pero para ello sólo podemos hacerlo si nos unimos, ahora mismo conozco dos lugares, aunque hay muchos más en los que se está estableciendo un debate interesante sobre estas cuestiones, uno es Movimiento Democrático, asociación a la que pertenezco, y otro es el MCRC, a la que no pertenezco, pero que tiene mi confianza en que también busca como objetivo cambiar esta miserable realidad de la política en España.

Pues nada, aquí concluyen los episodios de la creación de un antipartido político, recomendando dos asociaciones en las que al menos se está produciendo un debate sobre la mezquina realidad política en la que estamos viviendo. Lo único que puede decir es que no pare la música, vamos a ver si entre todos somos capaces de crear una alternativa a lo existente, porque aunque no lo creamos, sólo depende de nosotros mismos, como decía Unamuno, quien confía en sí mismo no necesita que los demás confíen en él. Nos vemos y continuamos con la épica batalla de cómo podemos ser sociales sin dejar de ser nosotros mismos, lo que se explica muy fácil si en vez de un conglomerado de individuos informe, una masa, que es lo que le interesa al poder, consideramos que la sociedad debe ser un agregado de ciudadanos, con identidad propia, que saben que no pueden ser enajenados declarándolos partidarios de un poder único con muchas caras.

Ahí está la clave, en dejar de ser partidarios de todo lo que existe en la política actual, algo que nos enajena, para ser dueños de nuestro destino creando algo nuevo que se oponga a todo lo existente. Ahora depende de todos y cada uno de nosotros. Manos a la obra, porque la unión hace la fuerza.

Biante de Priena

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