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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Creando un antipartido político (02)


La situación en España.

Si analizamos la situación de la opinión pública en España hacia los partidos políticos, observamos un patrón similar al de otras democracias del sur de Europa. Los españoles no estamos satisfechos con los partidos políticos, al contrario, en 1992 considerábamos que carecían de democracia interna y que eran fuente de corrupción y que esta seguría creciendo, así lo expresaban al menos un 80 % de los españoles en la encuesta realizada por Amando de Miguel para su informe La sociedad española 1993-1994, publicado por Alianza Editorial. A fecha actual posiblemente esas cifras se hayan elevado.

Elentir, uno de los blogueros inasequibles al desaliento en su crítica con la deriva de la política española, recientemente nos informaba (5/08/2010) que el descontento de los españoles con la clase política estaba en la cifra más elevada de los últimos 25 años (incluso por encima de la época del GAL), habiendo pasado en un solo año, de 10,8 al 21,7 % de los españoles, cuando el año previo el descontento había sido sólo del 6,9 %, siendo la tercera causa de preocupación social de los españoles, tras el paro y la crisis económica y por delante del terrorismo y la inmigración. Actualmente, el descontento con la clase política alcanza al 28,1 % de los españoles, y sigue creciendo.

En cuanto a la desconfianza en el Presidente Rodríguez Zapatero alcanza la cifra del 78,9 % de los españoles. Por primera vez en la historia reciente, hay más votantes socialistas (54,8 %) que desconfían de él, que los que confían en sus palabras (43,5 %). Un dato que en otro país más respetuoso con la democracia, sugeriría su dimisión inmediata, la destitución por su partido o una moción de censura. Un presidente de gobierno que agrada al 21,1 % de los ciudadanos que gobierna, sólo puede sostenerse en el poder por mecanismos autoritarios, más propios de una dictadura que de una democracia. Y todavía quedan prácticamente dos años de legislatura en los que la situación empeorará aún más con seguridad.

Los partidos políticos españoles han sufrido un deterioro progresivo en su imagen ante la opinión pública desde los años ochenta, especialmente debido a la corrupción, como nos indicaba Wert en un capítulo de Entre Dos Siglos, Reflexiones sobre la Democracia Española, también publicado por Alianza Editorial en 1996.

El antipartidismo político, un fenómeno en auge en el Sur de Europa

Torcal, Gunther y Montero, publican en 2001 un trabajo interesante titulado: “Anti-Party Sentiments in Southern Europe” en el que analizan el fenómeno del antipartidismo en países de la Unión Europea como España, Portugal, Italia y Grecia, considerando dos tipos básicos de antipartidismo: el reactivo y el cultural.

Por antipartidismo reactivo, comprenden una posición crítica de los ciudadanos en respuesta a la insatisfacción con los partidos políticos que los representan y las instituciones, como producto de la inconsistencia de promesas (exageradas), los excesos retóricos de los líderes políticos (populismo) y la desorbitación ideológica de los partidos (irreconocibles), que se fundamenta en el exceso de promesas incumplidas, el reparto de privilegios para los propios, el despilfarro de lor recursos públicos, el clientelismo y la corrupción. El antipartidismo reactivo es coyuntural, se relaciona con los hechos recientes.

El antipartidismo cultural, fundamentado en la historia y tradición de los países del Sur de Europa, en los que se han cultivado con frecuencia regímenes autoritarios, que cuando han sido superados han derivado en “democracias limitadas”, patrones clientelares, coerción de los ciudadanos utilizando los recursos públicos, propaganda masiva y corrupción indiscriminada. Este antipartidismo proviene de la castración a que han sido sometidas las democracias europeas, tanto por regímenes autoritarios como supuestamente democráticos. En antipartidismo cultural es estructural, con una larga tradición histórica anclada en el desengaño y el escepticismo.

Los autores concluyen diciendo que el fenómeno del antipartidismo se traduce en conductas de desafecto, apatía y baja participación electoral, que son específicas de cada país, pero que no tienen por qué significar un distanciamiento de la democracia, sino al contrario, una fe en la democracia que ha sido defraudada por las élítes que controlan los partidos políticos.

Cultivando el mañana

Tras la observación de los resultados expuestos es importante considerar que el malestar con los partidos políticos no se traduce de forma inmediata en una reacción contra ellos, al contrario, la tolerancia de los ciudadanos con los desmanes en democracia es inmensa, sobretodo en los países del Sur de Europa acostumbrados históricamente a regímenes autoritarios.

Los medios de comunicación nos cuentan cada día los excesos de los partidos políticos en la democracia española, pero la paciencia de los ciudadanos ante los mismos es un pozo sin fondo, algo que conocen y aprovechan las élites políticas. En realidad es necesario hacerse la pregunta de si ha existido en los países del Sur de Europa una auténtica democracia o simplemente, el autoritarismo se ha disfrazado de demócrata.

En nuestro país hay muy poca gente que haya oído siquiera hablar de un “antipartido político”, algo que es mucho más conocido en las democracias del Norte de Europa, en la que algunos antipartidos han alcanzado representación política, especialmente en el Parlamento Europeo. La política en España es un solar en el que campan por sus fueros comportamientos políticos impropios de una democracia. Sin embargo, las cosas están cambiando muy deprisa gracias al incremento de comunicación directa, fundamentalmente por internet y a la aparición de medios de comunicación críticos con la deriva de los partidos políticos.

Pero la ausencia de cultura política en los ciudadanos españoles es prácticamente absoluta, pues sólo una minoría conoce “la caja negra” del funcionamiento de la política en nuestro país, fundamentalmente por la usurpación y detentación a que someten la democracia los partidos políticos, y todavía son menos los que saben sus derechos y están dispuestos a defenderlos ante el Estado, máxima representación política del poder. Es necesario por ello imbuir a la opinión pública española en la cultura política que le han hurtado los partidos políticos convencionales, como primera etapa de un mañana diferente.

Quizás todavía sea prematuro hablar de antipartidos políticos en España, pero sin duda hacerlo abre numerosas posibilidades que hasta ahora habían estado veladas y vetadas, gracias al acotamiento del poder y la información política por los partidos políticos convencionales. La miseria de la política española es inmensa, solo tiene parangón con la época anterior a 1812, en aquellos que defendían el absolutismo del Antiguo Régimen, donde los españoles eran considerados súbditos y siervos y no soberanos y ciudadanos.


El mañana se cultiva hoy y de lo que no se habla no existe, en una cultura intermediada por los medios de comunicación y tutelada por los partidos políticos convencionales, la primera batalla hay que resolverla superando la ignorancia inducida en los ciudadanos por los partidos políticos, negando que hay otra cosa diferente a lo que existe como hacían en épocas pretéritas los poderosos, para mantenerse de forma perpetua en sus privilegios.

Sólo un criterio propio formado en el conocimiento (y no en la propaganda) nos hará libres, no las verdades reveladas con las que someten nuestra existencia los mezquinos que dirigen el país sin saber que es gobernar, que en realidad es hacer lo que nosotros queremos, no lo que ellos quieren, porque eso es mandar, algo más propio de las dictaduras que de las democracias.


Continuará...

Crando un antipartido político (01): el Regreso a la Democracia

Biante de Priena

2 comentarios:

manuel salvador barrero dijo...

no existe la menor duda que solo se representan a si mismo. que generan incultura política por su conveniencia.y que se corrompen por segundo para seguir en el poder. pongo este ejemplo?

« Los politicos choqueriles se aprietan el cinturónJipi Hop Vol.2 »Denuncia de un ciudadano: ¿Fraude en Diputación?.
Posted by lahuelvacateta en Lunes, 24 Mayo 2010

Manuel Salvador, ciudadano de Huelva, nos ha enviado un correo con lo que según él es un fraude ocurrido en Diputación y cometido contra su persona. Manuel aprobó una oposición para una plaza que no existía. Cuando recibe su primera nómina descubre que la plaza que ocupa se denomina de forma diferente a la que se presentó en oposición. Tras su correspondiente reclamación y consulta, decide continuar en la plaza “fantasma” realizando trabajos de superior categoría sin la remuneración correspondiente. Cuando se cansa de su situación e intenta aclararla se producen una serie de papeleos (o chanchulleos) burocráticos que terminan en la pérdida de su puesto de trabajo.

Toda la información que aporta Manuel sobre este caso puede consultarse en la siguiente dirección:

http://iugibraleon.wordpress.com/participa/3-denuncia-de-un-ciudadano-fraude-en-la-diputacion/

Manuel ha solicitado que “Se asuman y depuren responsabilidades. Se me indemnicen los 6 años que he estado desarrollando faenas de superior categoría, según se contempla en nuestro convenio reglamento”.

Mortal Contribuyente dijo...

Todo el sistema esta perfectamente equipado para que solamente un 2% de la población piense y de ese 2% la población pensante prácticamente un 80% trabaja para partidos políticos y ponen su inteligencia al servicio de los partidos que representan así que en otro 0,20% ( 2X 1000) aprox. 80.000 personas con libre opinión en un país como España no le preocupan realmente a nadie por mucha razón que tengan ... Y así sucede tanto en las democracias parlamentarias como en los regimenes totalitarios de izquierda radical donde este numero se reduce a la mitad de la mitad. En los países democráticos al grupo librepensador se le condena al " ostracismo " en los países totalitarios se les condena a prisión por razones políticas diversas y se les deja en reserva como " mártires para una próxima revolución de signo contrario.
Digo yo que algo habrá que hacer

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