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miércoles, 8 de abril de 2015

Signos de cambio en la política española




"Desde la aparición del Estado constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del líder político en Occidente." Max Weber

He decidido escribir menos y observar más, el interesante espectáculo que está aconteciendo desde hace unas semanas en ese gran escenario teatral que es la política española. La teoría general de sistemas de Von Bertalanffy es sin duda aplicable en este caso, porque en todo sistema cerrado, también en los de poder, la entropía va creciendo hasta que hace que todo estalle. LLevo años esperando esta implosión y de verdad que la estoy disfrutando.

El sistema cerrado de la democracia española dominado por castas capitales se ha roto definitivamente con la irrupción de partidos disgregadores como Podemos, o acaparadores como Ciudadanos, que vienen para quedarse, aunque pronto se verán conflictos también en estas formaciones, la ambición de poder las mantendrá unidas durante un tiempo. Algo que no han logrado Rosa Díez y su secretario Gorriarán, cuando hoy mismo en el partido magenta de Asturias se ha elevado a rebelión lo que hasta ahora eran disgregaciones puntuales. Algo que se veía venir desde hace tiempo.

En el PSOE el conflicto existente entre la dirección federal y las diversas taifas de Andalucía o Cataluña, con la marcha de Rubalcaba se ha acrecentado. Carme Chacón se prepara para presentarse de mesiánica lideresa salvadora, con la ayuda de Susana Díaz, para desplazar a Pedro Sánchez. Los resultados de Andalucía organizados sobre una población cautiva en el pesebrismo eterno, acrítico con la corrupción que se ha vivido en esa comunidad, más que un indicador de fortaleza, lo es de debilidad. Otros lo fueron la destitución de Tomás Gómez, la marcha de Pere Navarro, la reunión de Bono y Zapatero con Pablo Iglesias, demasiado dividido está el partido.

En el PP ayer Mariano Rajoy pidió unidad, en un partido que ha gobernado este país en la mayoría de sus ámbitos de forma hegemónica suena a discurso peronista. Sin duda, Mariano Rajoy está amortizado y no creo que sea el próximo candidato a las elecciones generales, entre otras cosas porque durante los años 2011-2015 ha dicho que iba a bajar los impuestos y no ha dejado de subirlos, sin tocar el gasto público para no crear conflictos con los de los distintos pesebres autonómicos de todos los partidos. Cospedal ha denunciado movimientos internos con el ánimo de desestabilizar el partido.

Alberto Garzón, líder postulante de IU dice que hay una conspiración en su propio partido que quiere arrebatarle su candidatura a las elecciones generales. Duran i Lleida, un día se va y otro no de la unión con la Convergencia de Artur Mas.  

 La interpretación sosegada de estos acontecimientos partidarios, junto con la preocupación intensiva de los españoles por la corrupción política, los pírricos resultados en el mercado del empleo, el incremento continuado de la deuda pública y la escasa celeridad de la justicia en resolver los muchísimos casos de corrupción y fraude políticos, conducen a la deslegitimación de los partidos políticos ante la opinión pública. El 83 % de los españoles según las últimas encuestas no confía en los partidos políticos. Recientemente en las elecciones departamentales francesas los votos a todos los partidos han sido menos que los no emitidos, blancos y nulos. En las elecciones europeas, el PSOE y el PP perdieron 5,2 millones de votos al alimón.

Pero sin duda el hecho más importante de todo lo acontecido es la rebelión interna y manifiesta en algunos partidos políticos que pronto se extenderá a todos. En ningún partido político español hay actualmente democracia, todos deberían ser erradicados siguiendo la ley de partidos, además de sus incumplimientos constitucionales diversos y sus aforamientos impresentables. La ausencia de isocracia, igualdad entre representantes y representados, deslegitima el proceso electoral español, en el que todo está “atado y bien atado” como con Franco. La demagogia y la propaganda, a la que tan afines son los medios de comunicación españoles que viven del pesebre público, ya no puede sostener tanta mendacidad.

Aunque algunos desde sus sanedrines y vértices piramidales hayan decidido amenazar a los españoles con los fuegos del infierno, ya no tienen credibilidad para ser atendidos. Vamos directamente hacia una segunda transición, el oficio de político será el de servicio público y no el de público a su servicio a partir de ahora y aunque traten de enmarañar la cuestión desde arriba, los de abajo no van a permitir que se juegen su futuro a caerle bien a los que ponen a los candidatos. La casta de todos los partidos, también la de Podemos, que nadie se equivoque, está acorralada por los ciudadanos españoles del siglo XXI, que no están dispuestos a seguir votando ladrones como rentistas de su destino. 

Esta pequeña revolución ha comenzado, el castillo de naipes se desmorona, al final ni habrá ruido, ni furia, sencillamente silencio, el silencio de los demócratas, que hasta ayer fueron inocentes corderos inmolados en el tiempo, que creían que con votar se hacía una democracia. 

Una democracia no se hace por los votos, se hace por cumplir los criterios que así la definen, que siguen siendo los mismos que hace 2500 años en Grecia: isegoria (libertad de hablar en la asamblea, hoy transferida a las redes sociales), isonomia (igualdad ante las leyes, nada de aforamientos) e isocracia (igualdad entre representantes y representados, nada de yo soy el que manda y vosotros los que votáis tenéis el deber de obedecerme, de los despotismos), por supuesto, siempre en un ámbito de Justicia (diké) independiente del poder político, económico y social. 

Otra circunstancia relevante (la extraigo del blog Sueldos Públicos), es que hay muchísima gente dependiendo de lo que decidan las respectivas castas, de sus partidos, para convertirse a su vez en casta y ante los vientos de cambio que se avecinan, se han puesto muy nerviosos.

  • Número Alcaldes elegibles: 8.192 (elecciones 2011: 8.116)
  • Número de concejales elegibles: 67.640 (elecciones 2011: 68.462)
  • Número de alcaldes pedáneos nombrados: 2.995 (elecciones 2011:3.304)
  • Número de diputados provinciales designados: 1.040 (mismo que elecciones 2011)
  • Censo electoral: 35.104.986 votantes (elecciones 2011: 34.681.888)

Como dije hace años, la casta se derrumbará el día que retumbe el silencio de los demócratas... y parece que ya se escucha a lo lejos.

Enrique Suárez

miércoles, 6 de marzo de 2013

Abducidos por la estupidez




"España, el bello país del vino y las canciones".  J.W. Goethe

El origen de todos males que acontecen  en España no es otro que la ignorancia. De la ignorancia proviene la estupidez humana, como nos relató el historiador y economista italiano Carlo María Cipolla en su  inolvidable obra “Allegro Ma Non Troppo”, pero también lo hace de la ineptitud, la irracionalidad, la inconsecuencia y la memez.

España está llena de idiotas, los hay por todas partes, atravesamos una auténtica epidemia de imbecilidad y la cosa tiene mal remedio, el mayor peligro para nuestro porvenir es que buena parte de los más imbéciles se han hecho con alguna cota de poder que defenderán con su propia vida, aunque sea haciendo trizas el futuro de las próximas generaciones de españoles, como han destrozado el de sus padres y abuelos.

El origen de la estupidez en España enlaza las proezas de Felipe II y su empecinamiento en convertir al mundo al catolicismo con todo el oro proveniente de las Indias, hasta dejar al reino en quiebra por cuatrocientos años, endeudado con los banqueros de Flandes;  hasta ese prodigio del espanto intelectual que fue José Luis Rodríguez Zapatero que trató de corregir los desmanes del rey que fue “más papista que el Papa” creando una Alianza de Civilizaciones para unir a musulmanes y cristianos, inmortalizándose de paso, a expensas de los 300.000 millones de euros de deuda pública que nos colocó a los españoles. Ser memo es muy español.

Cenutrios, lerdos, inanes, tenemos en España en todos los partidos políticos y judiciales, hay majaderos ricos y pobres, mequetrefes ilustrados e iletrados, cretinos que maldicen y que aplauden, y a veces, al mismo tiempo. La imbecilidad, posiblemente sea la característica social que más iguala a los españoles, hay idiotas en Murcia y tontos en Asturias, zoquetes en Andalucía y papanatas en Extremadura, garrulos en Madrid, zopencos en Cataluña y simples en Euskadi, al igual que en las demás comunidades; lo extraño en este país es no ser idiota, yo también lo soy, por supuesto, pues durante varios años me he dedicado a analizar, gastando mi tiempo libre en balde, los porqués de esta maldición bíblica que nos convierte a los españoles en tarugos incorregibles.

¿Cuánto tiempo malgastamos los españoles en hacer cosas que no sirven más que para amargarnos la vida?. ¿Cuánta vida nos dejamos en la melancolía de desear lo imposible mientras aceptamos lo deleznable?. Nadie en el mundo ha llegado tan alto para, poco después, caer tan bajo. Gloria y miseria en partes proporcionales, a lo largo de nuestra historia.  En ningún país del mundo hay tanta gente que se queja de su triste condición natural por la mañana y por la tarde se convierte en patriota de lo contrario. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hubiera conquistado el mundo, sino fuera porque se lo desaconsejó su escudero de burro, Sancho Panza, que a su vez estaba empeñado en asegurar su porvenir. 

En un último intento, ya cansado de bregar con la inopia nacional, trataré de exponer algunas cuestiones que durante los últimos siete años me han parecido dignas de reseña.
España es el único país del mundo en que cualquiera sabe más de lo que sea que el interlocutor que se expone a sus soflamas y proclamas. En un prodigio de soberbia insostenible, sólo hay que ver cualquier discusión en la barra de un bar o el Parlamento para comprobar que esto no tiene remedio, porque en España la razón, la fe, y la certeza no son una, sino tantas como españoles. Aquí no hay relativismo, ¡qué más quisiéramos!, lo que hay es atomismo, pero en el sentido de prescindir de las enseñanzas escolásticas de Santo Tomás de Aquino, nos hemos quedado en las verdades reveladas por San Agustín. 

En los últimos años hemos vivido en la revelación permanente, en prodigio milagroso de “adanismo”, descubriendo que la crisis económica no era tal cosa sino una desaceleración, que los problemas financieros eran de los demás; que los asesinos de ETA eran, en el fondo, hombres de paz; que el presidente del Gobierno español, hombre de gran talante y escaso talento, defendía el inconstitucional Estatut de Cataluña ¡en el Parlamento español! como algo "suyo"; que no había jóvenes, sino jóvenes y jóvenas, para llegar a descubrir con su sucesor, que la mejor forma de salir de la crisis no es otra que empobrecernos con alegría a mayor gloria de los petardos que ocupan actualmente La Moncloa, mientras el actual Presidente del Gobierno se siente muy orgulloso de no haber cumplido con su programa –es decir, de haber mentido para ganar las elecciones- pero sin embargo cumpliendo con su deber (que no debe tener nada que ver con su programa, por lo que se ve) –ni el mismo Franco se hubiera atrevido a semejante prodigio de despotismo reaccionario-, que prodigiosa desfachatez. En este país los que mandan (no gobiernan), esperan que los españoles les aplaudamos, y no se crean, todavía hay muchos que lo hacen, pensando, como el Cándido de Voltaire, la suerte que tienen de que les amarguen la vida precisamente los que están, porque seguramente otros, todavía se la podrían amargar más.

España cuenta sin duda con la opinión pública más lerda del planeta, en este país si alguien dice que los extraterrestres han sido los culpables de la crisis que atravesamos, seguramente, al día siguiente, muchos mirarán al cielo a ver si ven los platillos volantes... y los verán, no lo duden.

Sólo hay que observar lo que ha ocurrido con la corrupción, es decir que desde todos los partidos políticos se ha trincado lo que no está contabilizado en el Tribunal de Cuentas; sin embargo, los españoles discutimos si lo han hecho más unos que otros, antes de ponernos a dirimir sobre el auténtico sexo de los ángeles, la superioridad del Madrid o el Barsa, la bondad de Zapatero o Rajoy; o los devaneos de los esperpentos coronados o blasonados; lo hacemos obsesivamente, sin interrupción, durante semanas, meses o años, hasta que aparece otra barbaridad,  que desplaza a la anterior del foco opinático,  como si eso resolviera alguno de nuestros problemas o sirviera para algo útil o provechoso.

Inútil es, claro, cualquier intento de regreso a la normalidad, porque en España un taxista sabe más de economía  que un premio nóbel, y un premio nóbel de economía sabe más de conducir que un taxista. Los españoles sabemos de todo, pero no nos sirve para nada, que pérdida de energías y recursos, mientras la prima de riesgo nos asfixia, lo que nos preocupa es si Bárcenas o Blanco se llevaron más, con lo fácil que sería concluir que entre Bárcenas y Blanco se llevaron mucho y es necesario juzgarlos a ambos, de forma abreviada, con la celeridad que un rayo visita un pararrayos.

En ningún otro país del mundo, el conocimiento es más inútil que en España, menos valorado y reconocido, no sirve para nada, porque como dijo en su día Jean François Revel: “la primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” y en España, la mentira está mejor valorada que la verdad, la verdad nos molesta, nos incomoda, no estamos acostumbrados a escucharla y admitirla, por eso preferimos seguir viviendo permanentemente en la farsa que se representa, entre el embaucamiento y la patraña.

La doxología es un término polisémico, que si bien significa la propiedad de dar gloria a Dios que debe tener el lenguaje teológico para ser auténtico, por otra parte también se refiere a la ciencia que se ocupa del estudio de la opinión pública.

En la Grecia clásica, la doxa era el conocimiento vulgar u ordinario del hombre, no sometido a una rigurosa reflexión crítica (venía a ser el sentido común), que se oponía a la episteme, que es el conocimiento reflexivo elaborado con rigor y criterio. En este país atormentado, vivimos desde hace siglos en la doxología (las opiniones), pudiendo residir plácidamente en la epistemología (los juicios), porque la incultura de nuestros gobernantes y sus gobernados, que somos todos, trata ininterrumpidamente de hacer el mundo a la medida de sus desconocimientos, sin impedir aguerridas opiniones sobre todo lo opinable, aunque sea por prodigio milagroso, ciencia infusa o posesión de carnet de un partido político o sindicato. Si lo ha dicho.... algo habrá.

Por eso en España no es extraño que aquellos que muestren saber algo más que los otros sean chivos expiatorios de sus inquinas (y envidias);  así hemos logrado tener en el elenco de la representaciones, políticas y no políticas, a los más incapaces personajes de la historia de este país, por una suerte de evolución y empoderamiento antinatural, dispuestos a enseñarnos que saben hacer la o con un canuto, siempre que les demos tiempo suficiente, porque para eso ocupan un cargo, aunque no hayan demostrado en su atribulada existencia tener condición alguna para detentarlo, más que su geta extrema

¿Cómo se va a poder volar con alas de plomo?, se preguntará cualquier niño que todavía no haya pasado por la escuela del estropicio intelectual de los telediarios, o cualquier extranjero que haya acudido a visitarnos, antes de salir  corriendo del espanto. Con alas de plomo, no se puede volar, que de eso se trata,  para que los de arriba puedan seguir donde están y los de abajo, también

La única forma de que sigamos como estamos, en el más de lo mismo, es asesinar la razón, la verdad, la libertad, la honestidad, la tolerancia, la transparencia, la inteligencia, el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad, la competencia, para seguir conquistando el mundo, mientras nos morimos de hambre, al tiempo que otros se forran por decirnos lo que debemos pensar, sentir y hacer para que ellos sigan en el Nirvana, mientras nosotros nos acostumbramos al Infierno.

Mientras no civilicemos al poder político, al económico, al judicial, y desparasitemos las instituciones de mentecatos, no hay nada que hacer. La Santa Inquisición de la estupidez seguirá guíando nuestras vidas.

Enrique Suárez



sábado, 2 de marzo de 2013

No son sólo las personas, sino las estructuras políticas y las instituciones representativas las que deben ser juzgadas


"La sociedad no cambia nunca sus instituciones a medida que lo necesita, como un operario cambia sus herramientas. Por el contrario, acepta prácticamente como algo definitivo las instituciones a que se encuentra sometida." León Trotsky

Tras los últimos acontecimientos relacionados con la corrupción acontecidos en España, parece que se ha recobrado una vieja institución española de infausto recuerdo: la Santa Inquisición,  por parte de los medios de comunicación, los partidos, los políticos y la opinión pública. En esta ocasión, las ordalías se hacen en la calle cada día y las sentencias y condenas alcanzan cotas de ensañamiento.

Ciertamente es normal que acontezca tanta violencia verbal entre los sufrientes contribuyentes. Es una reacción proporcionada a la vesania de los poderosos que han impuesto su tiranía, despotismo y depredación. Sin embargo, se está cometiendo un grave error, como ayer mismo se exponía en el caso de Bárcenas y Urdangarín, al aceptar que son las personas las responsables de lo ocurrido, mientras, al mismo tiempo se trata de salvar las instituciones representativas que acogieron a los defraudadores.

Los españoles no deben conformarse con el circo de escarnio organizado por los medios de comunicación, posiblemente aleccionados por las cúpulas de las instituciones de poder representado para salvar el sistema entregando las cabezas de los chivos expiatorios correspondientes.

Si José Blanco es un corrupto, no es "sólo" cómo persona, sino como miembro del PSOE como ha ejercido la corrupción y el fraude, por tanto es la institución, su partido político, el responsable, en concreto la cúpula del partido, al igual que todos los militantes que lo consienten. José Blanco sin el PSOE jamás habría podido traficar con influencias ni millones de euros, al igual que tampoco podría hacerlo Luis Bárcenas si no fuera miembro relevante del PP o Iñaki Urdangarín, un componente egregio de la Familia Real.

La doble moral impera en nuestro país, cuando los mismos que acusan a toda la iglesia católica de inmoralidad por un caso de pederastia en un clérigo, se permiten eximir de responsabilidad a una formación política que ampara a corruptos sin límites, ni fronteras. ¿No se les llena a muchos la boca hablando de igualdad, pues si la iglesia católica es responsable de lo que hagan sus representantes, los partidos políticos lo serán de lo que hagan sus feligreses, en su nombre y a pesar de la democracia?

Creo que es hora de que abandonemos el burka que tratan de imponernos, cuando un banquero roba, ha ocurrido con las Cajas de Ahorros, es que la banca permite robar a los banqueros;  cuando un político se corrompe es que los partidos políticos lo consienten, e incluso lo inducen. El lecho de Procusto para juzgar la realidad según conveniencia de los interesados no es buen consejero.

Si un partido político espía a otros partidos, no sólo está incumpliendo la Constitución, sino también el código civil y el penal, por tanto ese partido admite la delincuencia en sus filas.

Mientras no seamos capaces de hacer responsables a las instituciones representativas de lo que hacen sus miembros de forma inmoral,  ilegal y delictiva, convirtiéndolas de facto y de iure en organizaciones mafiosas no podremos avanzar en este país hacia una salida del túnel.

Las personas y sus hechos delictivos en este caso son síntomas de una grave enfermedad y erradicando los síntomas nunca resolveremos la enfermedad, la ocultaremos, para que más adelante vuelvan a presentarse.

Los españoles no debemos conformarnos con que se juzgue la corrupción en los chivos expiatorios, es decir que se juzgue a Bárcenas, Urdangarín, Pujol o Blanco, sino al PP, a la Corona, a CIU y al PSOE.

Si desde las instituciones representativas se han cometido delitos, es que no cumplen con su propósito, ni función y deben ser depuradas no de las personas, sino de los hábitos adquiridos a lo largo de los últimos 35 años. El proceso que vivimos actualmente en España de regeneración democrática, no puede conformarse exclusivamente con  la busca y captura de los corruptos, sino que debe acabar con cualquier posibilidad de que las instituciones que les  han servido de arma y medio se mantengan impunes, habiendo derivado en una suerte de "organizaciones mafiosas". Con las cabezas entregadas por la casta política, la oligarquía de los poderosos no se resuelven nuestros problemas, sólo se resolverán si las organizaciones que les han servido de instrumento para delinquir  son depuradas profundamente o  en su defecto, erradicadas para siempre.

Los españoles estamos esperando a que en el PP, el PSOE, CIU o la Corona se abra un proceso de redención ante los crímenes que han cometido contra los españoles, a pesar de la democracia y las leyes que han incumplido, siendo los máximos veladores de su cumplimiento. Sin restitución de todo el daño causado a los españoles, no hay redención posible. 

Si no lo hacemos ahora de forma irrevocable y determinada, acabaremos llegando al ojo por ojo y el diente por diente, que nos ofrecía como solución el código de Hammurabi hace treinta y siete siglos. Como dice un proverbio chino, cuando sepas que recorres tu camino por el lugar equivocado, no importa lo que lleves recorrido, es necesario retroceder. España no puede seguir caminando hacia su marasmo, porque unos cuantos miles de privilegiados quieran salvar su culo delincuente, mientras se han cargado el futuro de sus compatriotas y el de las próximas generaciones.  

Es necesario dejar en el pasado a los que no se merecen seguir conduciendo nuestro futuro

Enrique Suárez
 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Corrupción política, publicada y agitada



No es fácil conocer la corrupción existente en España, sin embargo se pueden hacer estimaciones aproximativas, para ello se deben definir determinadas variables, que se exponen a continuación.

Corrupción política real: sería la corrupción total existente en España, tanto en cuantía de casos, como en cuantía de dinero, como en las distintas facciones o personajes que han participado en la misma. La corrupción política real es la suma de la corrupción política oculta más la corrupción política conocida.

Corrupción política conocida: una estimación podría coincidir con la corrupción política que se ha hecho pública en los medios de comunicación. No es difícil de calcular, se cogen todas las noticias de corrupción durante un periodo de tiempo, se mira su cuantía y sus protagonistas y se hace un balance final sobre la cuestión.

En Ciudadanos en la Red nos propusimos la tarea de contabilizar y analizar los casos publicados de corrupción aparecidos en la prensa nacionaldurante el mes de febrero de 2009. El resultado fue de 110 casos, lo que nos indica que durante ese periodo  se produjeron 3,67 casos por día.

La distribución de los mismos fue de 73 para el PSOE (66,36 %), 17 para el PP (15,45 %), 9 para la Generalitat del tripartit (7,33 %), y el resto para otras formaciones políticas e instituciones

Corrupción política oculta: es la corrupción existente pero que es desconocida para los ciudadanos, se considera que la corrupción política publicada es la punta del iceberg de la corrupción política real, las estimaciones habituales, indican que la corrupción política real es entre 5 y 10 veces la cifra de la corrupción política publicada.

Corrupción política “agitada”: en realidad la corrupción política se trata de forma diferente en nuestro país, si se corresponde con distintos partidos, se puede calcular por la persistencia en el tiempo de noticias publicadas sobre casos de corrupción, si se trata del PSOE, las noticias aparecen y desaparecen en pocos días, con el PP, sin embargo las noticias se mantienen en el top ten de noticias y titulares durante mucho más tiempo, en el caso de nacionalistas u otros partidos se mantienen en el candelero durante un tiempo intermedio. Ejemplos como el caso Gürtell o el caso Bárcenas, nos indican que en estos casos las noticias se exprimen y mantienen en la luz mucho más tiempo, que otros como el caso de los EREs andaluces, el caso Pretoria, o el caso Palau. 

Salvo conspiración de todos los medios de comunicación, algo que realmente resulta increíble, está claro que en el PSOE cuentan con aparatos de propaganda organizados para mantener en la opinión pública de los españoles todo el tiempo las noticias que afectan a su partido rival, mientras que ocultan por todos los medios las que les afectan a sí mismos.

La agitación de la noticia sin interrupción tiene como vocación la de acusar a un determinado partido de corrupción, porque mientras se consigan titulares se asegura que la atención de la opinión pública no se ocupará de la corrupción del partido que promueve la agitación. Siguiendo la estrategia de Goebbels de que una mentira repetida mil veces puede llegar a parecer verdad, hablar todos los días de la corrupción del PP es rentable para los objetivos del PSOE, porque así parece que la corrupción del PP es mayor y más importante que la del PSOE, pero la realidad parece que no es precisamente así, lo que ocurre es que la corrupción del PSOE "nos la olvidan" activamente.

Conclusiones siempre provisionales

La estimación de febrero de 2009 nos indica que del total de la corrupción publicada, más de 2/3 era del PSOE, la cuantía media de los casos de corrupción eran de 5 a 10 millones de euros. Si en un mes se produjeron 110 casos y  73 fueron del PSOE, más 9 del tripartit de la Generalitat, tenemos que casi un 80 % de los caso estaban relacionados con el PSOE, con un volumen de 450 a 820 millones de euros, si lo multiplicamos por 12 meses que tiene un año, nos salen 1320 casos, de los que el PSOE estaría relacionado con más de 1.000 casos, que supondrían una cifra distraída de 5.000 a 10.000 millones de euros. 

Por hacer una estimación los 28 casos extraídos de la fiscalía anticorrupción su cifra total fue de 4.150 millones de euros, lo que supone una media de 150 millones de euros por caso, pero eso sólo es una parte de lo que se descubre en cada caso, posiblemente haya cinco o seis veces más por descubrir, de lo que alcanzan a hallar los jueces.

Si lo multiplicamos por 10 años obtendríamos una cantidad de 50.000 a 100.000 millones, si el ritmo de corrupción se mantuviera constante (aunque evidentemente se ha incrementado considerablemente)  sólo en el PSOE, pero como es la quinta parte de la corrupción real (podría ser la décima), se puede calcular que la desviación de dinero público podría alcanzar la cifra de 250.000 a 500.000 millones de euros sólo para el PSOE en los últimos diez años. En el caso del PP, esta cifra sería una quinta o sexta parte de la del PSOE, unos 50.000 a 100.000 millones de euros.

Sin embargo pueden ustedes consultar las hemerotecas y comprobarán que las noticias sobre la corrupción del PP superan en cuatro o cinco veces a las publicadas sobre la corrupción del PSOE, se mantienen durante mucho más tiempo en su seguimiento y persistencia, y habitualmente resultan mucho menores en cantidad que las que conciernen al PSOE, lo que demuestra la hipótesis oculta de este trabajo.

En el PSOE tienen un magnífico aparato de propaganda que se ocupa de distraer la atención de la opinión pública española, y en el que participan no sólo los equipos organizados por el partido (pagados con dinero público), sino agencias de espionaje, y servicios públicos pagados por los españoles como algunos de las fuerzas de seguridad del Estado (faisanes y codornices) y también numerosos adeptos que en las redes de comunicación social repiten con insistencia los casos de corrupción del PP, mientras cuestionan, ocultan y despistan los casos de corrupción de su propio partido. Así llevan diez años y cuando no es suficiente, se sale a la calle para organizar el icono de agit-prop revolucionario que tiene mucho más que ver con la amenaza de pérdida de privilegios de los comparecientes, que con el seguimiento de la población civil a sus protestas. 

No obstante, sumando la corrupción del PSOE y la del PP, parece que durante los diez últimos años se ha distraído una cantidad estimada  entre 300.000 y 600.000 millones de euros, eso como mínimo, que no nos vendría nada mal recobrar para salir más deprisa de la crisis. 

Enrique Suárez

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