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sábado, 16 de marzo de 2013

España arde en la hoguera de la estupidez



"El máximo de poder es el comienzo de la decadencia." Lin Yu Tang

Los españoles seguimos caminando hacia el abismo económico, sin prisa pero sin pausa,  que nos acabará conduciendo al colapso, a pesar de los cuentos de la lechera del Presidente de Gobierno y los ministros de economía y hacienda. España no tiene ninguna, absolutamente ninguna posibilidad de salir adelante, con la política económica que se está dictando desde La Moncloa.

El modelo económico que ha puesto en práctica el gobierno del PP reúne en sus propuestas lo peor del socialismo de Estado y lo peor del capitalismo de Estado, al mismo tiempo. Partiendo de una situación de economía intervenida desde el Estado, con un sector privado que no ha dejado de destruirse desde hace cinco años, estamos condenados a la quiebra con absoluta seguridad. Lo extraño es que en el Gobierno no lo sepan, aunque en mi opinión, creo que lo saben y actúan con la malevolencia estúpida de los tiranos. 

España no puede salir adelante mientras no genere riqueza, desde hace mucho tiempo en este país sólo se genera pobreza, un 25 % de poder adquisitivo desde que ha comenzado la crisis hemos perdido los españoles, entre los impuestos que han subido y los ingresos que han bajado. Sin embargo, resulta extravagante que las estructuras e instituciones del Estado hayan seguido creciendo sin hacer ningún ajuste digno de reseña, mientras todos los españoles lo hemos hecho.

Prueba de ello es que la deuda de los hogares españoles ya es menor que la deuda pública del Estado. La deuda total de España financiera y no financiera supera ya los 4,2  billones de euros  a fecha actual (un 24 % deuda hogares, un 26 % deuda pública, un 35 % deuda empresas, un 15 % deuda entidades financieras). En este país a los únicos que se está asfixiando es a los ciudadanos, para mantener estado, empresas y bancos.

España tiene 6 millones de parados en la EPA (5 millones en el INE), alguien debería dimitir, porque no es normal que haya esa discrepancia y alguien debe estar haciendo mal su trabajo. Sin embargo, al mismo tiempo que el desempleo ha crecido por encima del 25 % durante los últimos diez años, el empleo público ha crecido un 25 % durante el mismo tiempo. El Estado es la primera empresa de este país, por el número de colocados.

No tiene sentido alguno que los españoles perdamos un 25 % de poder adquisitivo, para que un Estado descomunal que se ha creado para mayor gloria y poder de los partidos políticos se siga manteniendo. Tampoco tiene sentido alguno que los españoles paguemos las quiebras de las entidades financieras que han arruinado los políticos y sindicalistas que ocupaban los consejos de administración de las cajas de ahorros. Pero lo que clama al cielo es que además de pagar todos los errores y desfalcos que se han cometido desde las entidades públicas no haya ni un solo responsable en la cárcel, ni del PSOE, ni del PP, ni de ningún partido o sindicato, esto sólo puede ocurrir con una justicia corrupta conchavada con el poder político. El dinero público voló al extranjero a nombre de los Blanco, Pujol, Bárcenas o Urdangarines de turno, y los españoles pagamos las consecuencias de la corrupción, cuando somos las víctimas del despilfarro, la vesania y la perversión de los poderosos.

En España, todos los políticos de todos los partidos son corruptos, unos en grado de autoría, otros en grado de complicidad y otros en grado de negligencia. Tenemos auténticos delincuentes dirigiendo el Estado, las autonomías y los ayuntamientos. No sólo nos han estafado en plena impunidad, sino que lo siguen haciendo en pleno sarcasmo. Sólo hay algunas honrosas excepciones, pero posiblemente no sean más del 10 % de todos los representantes públicos. El sistema de poder en España está parasitado por lo peor de lo peor de nuestra sociedad.

La justicia es injusticia cuando juzga a políticos, mientras que actúa con severidad cuando lo hace con ciudadanos. Muchos desahuciados han saltado por las ventanas, y resulta que la ley que les llevó a la muerte era ilegal por incumplir la normativa europea. A todos los que han desahuciado ya no  resulta aplicable, porque no tiene efecto retroactivo, incluidos los que se han suicidado, cuando en realidad su muerte han sido homicidios cometidos por el Gobierno español, por el Parlamento español, por los tribunales de justicia españoles y por las instituciones financieras que han actuado desde la ilegalidad, sin que nadie lo haya impedido. Muertes causadas por el Estado, injusticias cometidas desde el poder, impunidad de aquellos que las cometen, sólo puede conducirnos a una reivindicación de venganza, si no se pone remedio a tiempo.

Los medios de comunicación están al servicio del poder, tanto como Pravda lo estaba al servicio del régimen en la Unión Soviética o Gramma lo está al servicio de los dictadores castristas en Cuba, o Pueblo al servicio de Franco. El Gobierno ha salvado a Prisa, una empresa quebrada que debe 3.200 millones de euros (450 millones de euros de los españoles a través de Bankia). 

Y la calle, la farsa de la calle absolutamente controlada por los partidos de izquierda que han participado en el desfalco, junto a los sindicatos que han destrozado más empleo en este país que la crisis, porque a los sindicatos mayoritarios les resultaba más rentable tener parados que trabajadores para incrementar sus negocios.

España arde en un proceso de combustión interna, los españoles estamos quemados, hastiados, desesperados, pero no va a ocurrir nada, hasta que comience la violencia contra tanta desvergüenza, sarcasmo del poder y tiranía. En Chipre el Estado ha comenzado la confiscación de bienes, creando el primer corralito de la Unión Europea. ¿No es acaso un ensayo para un futuro incierto en otros países que atraviesan crisis en Europa?. En realidad, en España, con la nacionalización de los bancos, el famoso rescate bancario, se nos ha hecho copartícipes a los ciudadanos de los desmadres cometidos por los políticos, posiblemente a fondo perdido.

España es un volcán que humea, no sólo por los españoles que estamos quemados, hastiados y desesperados, sino por la yesca podrida del poder que va a servir a la inevitable hoguera. El día que exijamos responsabilidades y restitución por todos los crímenes cometidos desde el poder político contra el pueblo, comenzarán a cambiar las cosas, hasta entonces estamos condenados a soportar la violencia del Estado sobre todos nosotros.

El capitalismo de Estado socialista de Mariano Rajoy tiene los días contados. Han acumulado tanto poder que no podrán evitar su decadencia, y ese será el momento para la liberación de aquellos que siguen oprimiendo en  el mayor de los desprecios.

La violencia del poder contra el pueblo siempre se acaba resolviendo con la violencia del pueblo contra el poder.

Enrique Suárez

miércoles, 6 de marzo de 2013

Abducidos por la estupidez




"España, el bello país del vino y las canciones".  J.W. Goethe

El origen de todos males que acontecen  en España no es otro que la ignorancia. De la ignorancia proviene la estupidez humana, como nos relató el historiador y economista italiano Carlo María Cipolla en su  inolvidable obra “Allegro Ma Non Troppo”, pero también lo hace de la ineptitud, la irracionalidad, la inconsecuencia y la memez.

España está llena de idiotas, los hay por todas partes, atravesamos una auténtica epidemia de imbecilidad y la cosa tiene mal remedio, el mayor peligro para nuestro porvenir es que buena parte de los más imbéciles se han hecho con alguna cota de poder que defenderán con su propia vida, aunque sea haciendo trizas el futuro de las próximas generaciones de españoles, como han destrozado el de sus padres y abuelos.

El origen de la estupidez en España enlaza las proezas de Felipe II y su empecinamiento en convertir al mundo al catolicismo con todo el oro proveniente de las Indias, hasta dejar al reino en quiebra por cuatrocientos años, endeudado con los banqueros de Flandes;  hasta ese prodigio del espanto intelectual que fue José Luis Rodríguez Zapatero que trató de corregir los desmanes del rey que fue “más papista que el Papa” creando una Alianza de Civilizaciones para unir a musulmanes y cristianos, inmortalizándose de paso, a expensas de los 300.000 millones de euros de deuda pública que nos colocó a los españoles. Ser memo es muy español.

Cenutrios, lerdos, inanes, tenemos en España en todos los partidos políticos y judiciales, hay majaderos ricos y pobres, mequetrefes ilustrados e iletrados, cretinos que maldicen y que aplauden, y a veces, al mismo tiempo. La imbecilidad, posiblemente sea la característica social que más iguala a los españoles, hay idiotas en Murcia y tontos en Asturias, zoquetes en Andalucía y papanatas en Extremadura, garrulos en Madrid, zopencos en Cataluña y simples en Euskadi, al igual que en las demás comunidades; lo extraño en este país es no ser idiota, yo también lo soy, por supuesto, pues durante varios años me he dedicado a analizar, gastando mi tiempo libre en balde, los porqués de esta maldición bíblica que nos convierte a los españoles en tarugos incorregibles.

¿Cuánto tiempo malgastamos los españoles en hacer cosas que no sirven más que para amargarnos la vida?. ¿Cuánta vida nos dejamos en la melancolía de desear lo imposible mientras aceptamos lo deleznable?. Nadie en el mundo ha llegado tan alto para, poco después, caer tan bajo. Gloria y miseria en partes proporcionales, a lo largo de nuestra historia.  En ningún país del mundo hay tanta gente que se queja de su triste condición natural por la mañana y por la tarde se convierte en patriota de lo contrario. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha hubiera conquistado el mundo, sino fuera porque se lo desaconsejó su escudero de burro, Sancho Panza, que a su vez estaba empeñado en asegurar su porvenir. 

En un último intento, ya cansado de bregar con la inopia nacional, trataré de exponer algunas cuestiones que durante los últimos siete años me han parecido dignas de reseña.
España es el único país del mundo en que cualquiera sabe más de lo que sea que el interlocutor que se expone a sus soflamas y proclamas. En un prodigio de soberbia insostenible, sólo hay que ver cualquier discusión en la barra de un bar o el Parlamento para comprobar que esto no tiene remedio, porque en España la razón, la fe, y la certeza no son una, sino tantas como españoles. Aquí no hay relativismo, ¡qué más quisiéramos!, lo que hay es atomismo, pero en el sentido de prescindir de las enseñanzas escolásticas de Santo Tomás de Aquino, nos hemos quedado en las verdades reveladas por San Agustín. 

En los últimos años hemos vivido en la revelación permanente, en prodigio milagroso de “adanismo”, descubriendo que la crisis económica no era tal cosa sino una desaceleración, que los problemas financieros eran de los demás; que los asesinos de ETA eran, en el fondo, hombres de paz; que el presidente del Gobierno español, hombre de gran talante y escaso talento, defendía el inconstitucional Estatut de Cataluña ¡en el Parlamento español! como algo "suyo"; que no había jóvenes, sino jóvenes y jóvenas, para llegar a descubrir con su sucesor, que la mejor forma de salir de la crisis no es otra que empobrecernos con alegría a mayor gloria de los petardos que ocupan actualmente La Moncloa, mientras el actual Presidente del Gobierno se siente muy orgulloso de no haber cumplido con su programa –es decir, de haber mentido para ganar las elecciones- pero sin embargo cumpliendo con su deber (que no debe tener nada que ver con su programa, por lo que se ve) –ni el mismo Franco se hubiera atrevido a semejante prodigio de despotismo reaccionario-, que prodigiosa desfachatez. En este país los que mandan (no gobiernan), esperan que los españoles les aplaudamos, y no se crean, todavía hay muchos que lo hacen, pensando, como el Cándido de Voltaire, la suerte que tienen de que les amarguen la vida precisamente los que están, porque seguramente otros, todavía se la podrían amargar más.

España cuenta sin duda con la opinión pública más lerda del planeta, en este país si alguien dice que los extraterrestres han sido los culpables de la crisis que atravesamos, seguramente, al día siguiente, muchos mirarán al cielo a ver si ven los platillos volantes... y los verán, no lo duden.

Sólo hay que observar lo que ha ocurrido con la corrupción, es decir que desde todos los partidos políticos se ha trincado lo que no está contabilizado en el Tribunal de Cuentas; sin embargo, los españoles discutimos si lo han hecho más unos que otros, antes de ponernos a dirimir sobre el auténtico sexo de los ángeles, la superioridad del Madrid o el Barsa, la bondad de Zapatero o Rajoy; o los devaneos de los esperpentos coronados o blasonados; lo hacemos obsesivamente, sin interrupción, durante semanas, meses o años, hasta que aparece otra barbaridad,  que desplaza a la anterior del foco opinático,  como si eso resolviera alguno de nuestros problemas o sirviera para algo útil o provechoso.

Inútil es, claro, cualquier intento de regreso a la normalidad, porque en España un taxista sabe más de economía  que un premio nóbel, y un premio nóbel de economía sabe más de conducir que un taxista. Los españoles sabemos de todo, pero no nos sirve para nada, que pérdida de energías y recursos, mientras la prima de riesgo nos asfixia, lo que nos preocupa es si Bárcenas o Blanco se llevaron más, con lo fácil que sería concluir que entre Bárcenas y Blanco se llevaron mucho y es necesario juzgarlos a ambos, de forma abreviada, con la celeridad que un rayo visita un pararrayos.

En ningún otro país del mundo, el conocimiento es más inútil que en España, menos valorado y reconocido, no sirve para nada, porque como dijo en su día Jean François Revel: “la primera de las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” y en España, la mentira está mejor valorada que la verdad, la verdad nos molesta, nos incomoda, no estamos acostumbrados a escucharla y admitirla, por eso preferimos seguir viviendo permanentemente en la farsa que se representa, entre el embaucamiento y la patraña.

La doxología es un término polisémico, que si bien significa la propiedad de dar gloria a Dios que debe tener el lenguaje teológico para ser auténtico, por otra parte también se refiere a la ciencia que se ocupa del estudio de la opinión pública.

En la Grecia clásica, la doxa era el conocimiento vulgar u ordinario del hombre, no sometido a una rigurosa reflexión crítica (venía a ser el sentido común), que se oponía a la episteme, que es el conocimiento reflexivo elaborado con rigor y criterio. En este país atormentado, vivimos desde hace siglos en la doxología (las opiniones), pudiendo residir plácidamente en la epistemología (los juicios), porque la incultura de nuestros gobernantes y sus gobernados, que somos todos, trata ininterrumpidamente de hacer el mundo a la medida de sus desconocimientos, sin impedir aguerridas opiniones sobre todo lo opinable, aunque sea por prodigio milagroso, ciencia infusa o posesión de carnet de un partido político o sindicato. Si lo ha dicho.... algo habrá.

Por eso en España no es extraño que aquellos que muestren saber algo más que los otros sean chivos expiatorios de sus inquinas (y envidias);  así hemos logrado tener en el elenco de la representaciones, políticas y no políticas, a los más incapaces personajes de la historia de este país, por una suerte de evolución y empoderamiento antinatural, dispuestos a enseñarnos que saben hacer la o con un canuto, siempre que les demos tiempo suficiente, porque para eso ocupan un cargo, aunque no hayan demostrado en su atribulada existencia tener condición alguna para detentarlo, más que su geta extrema

¿Cómo se va a poder volar con alas de plomo?, se preguntará cualquier niño que todavía no haya pasado por la escuela del estropicio intelectual de los telediarios, o cualquier extranjero que haya acudido a visitarnos, antes de salir  corriendo del espanto. Con alas de plomo, no se puede volar, que de eso se trata,  para que los de arriba puedan seguir donde están y los de abajo, también

La única forma de que sigamos como estamos, en el más de lo mismo, es asesinar la razón, la verdad, la libertad, la honestidad, la tolerancia, la transparencia, la inteligencia, el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad, la competencia, para seguir conquistando el mundo, mientras nos morimos de hambre, al tiempo que otros se forran por decirnos lo que debemos pensar, sentir y hacer para que ellos sigan en el Nirvana, mientras nosotros nos acostumbramos al Infierno.

Mientras no civilicemos al poder político, al económico, al judicial, y desparasitemos las instituciones de mentecatos, no hay nada que hacer. La Santa Inquisición de la estupidez seguirá guíando nuestras vidas.

Enrique Suárez



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un Gobierno que mande bien


La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos. George Bernard Shaw

Definitivamente, ¡que se le va a hacer!, este país no está maduro para otra cosa que un Gobierno que le mande y hay que rogar que lo haga bien. Un pueblo soberano ha de dar la talla en las circunstancias difíciles, y nosotros, ¡maldita sea!, no la damos.

Nos quejamos de la casta política, pero no es otra cosa que un fiel reflejo de las hordas ciudadanas, lo que podríamos denominar la costra ciudadana; quise pensar que no era así, pero lamentablemente, es. Nos quejamos de la casta económica, pero tampoco es otra cosa que un paralelismo con los ciudadanos que viven a costa de los demás. Todo lo que se ve en la política, se engrandece aún más en la ciudadanía, porque la política sólo es un reflejo de lo que hay en la ciudadanía, vean algunos programas de televisión y podrán comprenderlo.

En estas condiciones, a lo máximo que podemos aspirar es a un gobierno o unos gobiernos (no demasiados ¡por Dios!) que manden bien, que no roben mucho y que se corten un poco a la hora de cometer injusticias, no porque la justicia que tienen adherida sirva para detenerlos, sino por algo parecido a la decencia. También que algún periodista denuncie de vez en cuando sus perrerías y no escriba al dictado de la voz de sus amos. No damos para más.

Verán ustedes, en este país hay auténticos talibanes que presumen de demócratas, fascistas que dan lecciones morales y estalinistas que tratan de llevarnos al horizonte. No solo los hay en la representación política, sino en cualquier sector de la ciudadanía. Somos un país de envidiosos y soberbios, mezquino y cutre, donde la estupidez proclama su imperio. Aquí, al que destaca por algo que se debe a si mismo, se le aplica de inmediato la Santa Inquisición del todos iguales, por aquellos que no han levantado un palmo de país en su vida, pero han destrozado todo lo que ha estado a su alcance. Y lo peor es que vale lo mismo, la opinión de un tarugo parásito, que la de un experto que se lo ha currado. ¿Acaso la democracia no es la igualdad de opiniones, independientemente de que unos voten por lo que les dicten y otros por haber descubierto que todo es una farsa? Y cuidado con los talibanes, que te pueden asediar sin fin, como les expongas que eso no es democracia, sino la más depravada tiranía del despotismo más delustrado: la oclocracia de los caciques y las muchedumbres.

En este país, se vive de quejarse de los demás, pero la inmensa mayoría somos incapaces de hacer una autocrítica. Pondré mi ejemplo, llevo seis años tratando de conseguir que este país avance hacia la democracia, dando mi opinión, exponiendo mi criterio, luchando por mi libertad de expresión, que al fin y al cabo es luchar por la de todos los demás, y por cada apoyo espontáneo que he recibido han surgido varias críticas, habitualmente urdidas con la mala baba del anonimato, porque de cobardes también está este país lleno. Pues me sigo empeñando en que las piedras hablen, díganme ustedes si no es contumacia.

Recientemente he leído un libro sobre la injusticia cometida por este país con una de sus glorias nacionales: el general Riego, el libro se titulaba: “Riego, proceso a un liberal” del magistrado del supremo Tuero Bertrand, en él se relata magistralmente toda la miseria y mezquindad de este país, casta y costra, con una de las figuras más relevantes de su Historia, personaje con luces y sombras, pero honesto y entregado a la causa del común. Al fin y al cabo, las mismas hordas que tres años antes salían a recibirlo por los pueblos de Andalucía y toda España, tras su pronunciamiento, que trajo la libertad a España y las colonias hispanoamericanas, eran las mismas que vitoreaban tres años después su ejecución en la Plaza de la Cebada de Madrid, tras un proceso inquisitorial, del que tan solo doce años después, fue rehabilitado por la regente Maria Cristina, por suponer una ignominia de difícil digestión por un país normal.

España es un parasitorium natural, en el que se cultiva la estupidez y la villanía, con la torpeza de los pueblos que no avanzan, porque los reaccionarios, de todas las latitudes, forman legión conjunta en nombre de cualquier sinrazón, para que los de la casta y la costra, puedan vivir magníficamente, mientras los demás, una inmensa mayoría, les sufragamos la existencia con nuestro votos y euros salidos del trabajo honesto. Triste, muy triste, pero es así.

Ahora comprendo, y mira que me resistí, a los primeros liberales que pagaron con su vida o cárcel el haber luchado por su pueblo, a los que vinieron después, a Unamuno, Ortega o Marañón, a Baroja, Fernando de los Ríos, Giner de los Ríos, e incluso, si me apuran, al último Adolfo Suárez. No hay nada que hacer, los españoles somos incompatibles con la democracia, porque utilizamos la libertad para reclamar al árbitro cuando pita contra nuestro equipo, que se habrá creído el muy imbécil, como se atreve a cometer una injusticia flagrante pitando un penalti a los nuestros, cuando es un incapaz, que alguien habrá colocado ahí para jodernos. Esa paranoia española de todos vienen contra mí, posiblemente sea la raíz más profunda de nuestros males: la demolición del otro, como sea; paranoia, envidia, soberbia, estupidez, mezquindad, odio y miseria, son ingredientes culturales indispensables para cultivar españoles, como anunció hace muchos años Fernando Díaz Plaja, en su obra: "el español y los siete pecados capitales".

Así que lo mejor es dedicarse a la filosofía de lo cotidiano, excluyendo la política y la macroeconomía de nuestras vidas, como el turco le dijo al Cándido de Voltaire al final del libro: cuida tu jardín, deja que el mundo se haga a si mismo. Pues eso.

Me voy a dormir la siesta españoles, y que os salve Zapatero o Rajoy, y si no Llamazares, igual me da. Algún día comprenderéis que vosotros tendríais que ser los que os salvarais de Zapatero, Rajoy y Llamazares, pero para que eso ocurra tienen que pasar décadas.

A ver si nos rescatan de una puñetera vez y alguien es capaz de poner orden en este desquiciado manicomio. Me da igual que sean hombres de negro que vestidos de faralaes o lagarterana.

Que tengáis una buena estancia en el infierno, yo me voy a buscar paraísos por ahí, que alguno quedará. Creo que estoy comenzando a comprender a los políticos españoles, los de la casta, y eso me está dando vértigo. Mejor me retiro por una temporada, antes de acabar dándole la razón al que mande, no porque la tenga, sino precisamente porque todos los demás no son capaces de alcanzar la razón, ninguna razón que sirva para la democracia y la libertad, sino todas aquellas que sirven exclusivamente a sus mezquinos intereses egoistas.

Enrique Suárez

sábado, 11 de febrero de 2012

La razón estúpida sostenible

"Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad no existe explicación -o mejor dicho- solo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida. " Carlo María Cipolla


Vamos camino de descubrir el fuego, a este paso volveremos a vivir en cuevas y taparnos con pieles. Pero lo haremos satisfechos porque será en aras del progreso. Atónitos deben estar los observadores internacionales que residen en España, que cada mañana envían las crónicas del acontecer a los medios de comunicación en los que trabajan.

Ahora se comprende mucho mejor por que España en el año 2006 sufrió la mayor desinversión extranjera del mundo, (algo que explica mejor que cualquier otra variable el origen de nuestra crisis económica) por encima de los Estados Unidos del Lehman Brothers. No es baladí, el capital salió corriendo de nuestro país al ver que nos estaban convirtiendo ladinamente en la república bolivariana europea de los países del Estado otrora español.

Realmente en nuestro país hay tanta gente que se ha acostumbrado a vivir de los demás, a pensar en que sólo tienen derechos y no deberes, a que los demás trabajen para ellos, que hoy podemos decir que tenemos la aristocracia social más importante de Occidente. Aquí ser sindicalista es algo así como ser conde y político del PSOE o IU algo parecido a marqués. Ser de izquierdas es una alegoría de nobleza democrática.

Tomar la calle, lo más y defender lo indefendible un signo de coraje popular contra la opresión de los poderosos. Todo lo demás, es la derecha que, gracias a que los sectarios se miden, pero bien se merecería el exterminio por no apoyar el totalitarismo, la sinrazón y la estupidez. Son los filósofos de lo social los que nos dicen que cien tarugos tienen más razón que un sabio, porque la verdad debe ser democrática. Ya me imagino en un vuelo de avión votando a todas estas acémilas mononeuronales la hoja de ruta del vuelo y obligando al piloto a seguirla bajo amenaza de amotinamiento. Da miedo tanta impostura y simplicidad.

Pero lo mejor de todo es que toda esta corte de mamelucos que se consideran algo por reunirse en masa, son los que han guiado los pasos de este país durante los últimos ocho años, ocupando los cargos más relevantes de la administración pública por el dedo del puño. ¿Cómo no vamos a estar en quiebra?

Ser estúpido no es tan fácil en estos tiempos, hay muchas opciones para dejar atrás la estupidez, luego requiere vocación y esfuerzo negar la realidad y confundirla con los delirios que brotan en la cabeza de los salvadores del mundo con paz y amor, y el plus pal salón. Lo dije hace muchos años, pero pasó desapercibido: cuando el PSOE accedió al poder tras el atentado del 11-M, el ocupante de la Moncloa, se propuso dirigir en unión de otros tantos descerebrados, un movimiento revolucionario y transformador que convirtiera la democracia española al socialismo con tintes nacionalistas y erradicara, con un portentoso lavado de cerebro, aprovechando los altavoces mediáticos, cualquier resistencia intelectual y política a la nueva cultura, a las nuevas relaciones sociales, a la nueva política.

La razón en democracia es del pueblo, así que si un par de idiotas deciden contra cualquier razón lógica que lo mejor para España es crear energías renovables y cerrar las centrales nucleares, ese es el objetivo que debe cumplirse, porque la realidad no proviene más que de los deseos de los iluminados; mientras tanto que se forren los de las renovables a costa de todos los españoles que para eso son de los nuestros.

Pues con esta forma de pensar y actuar, con unos sindicatos que defienden a los trabajadores frente a los parados, con un Gobierno que consideraba que el mayor crimen contra la humanidad era pensar y no ser socialista ¿cómo no íbamos a irnos a la mierda?. Estaba cantado y además, con la impunidad del Eróstrato de turno que incendia un país para ver como arde y ser recordado por ello.

¿De verdad a ustedes les extraña que esta corte de los milagros se eche a la calle por que la Sala Segunda del Tribunal Supremo ha inhabilitado a la Belén Esteban de la justicia? Es que no tienen vergüenza mira que cargarse al juez del pueblo por ser de izquierdas. Y lo peor, es que siguen pensando en su delirio que siguen en el Gobierno, porque tienen la fuerza de la calle, preparada para saltar cuando los sindicatos hagan la señal.

Me da la impresión de que a lo que estamos asistiendo es al movimiento reaccionario más importante desde el franquismo, porque al haber perdido el PSOE casi todo el poder en España, lo único que les queda es intentarlo por la puerta de atrás, a ver si logran chantajear a los españoles y atemorizar al Gobierno, como cuando Rubalcaba dijo que necesitábamos un Gobierno que no nos mintiera, para imponernos más tarde los Gobiernos que más han mentido a los españoles en la historia de nuestra democracia, y además con una irresponsabilidad que raya en la imbecilidad extrema, sin reconocer siquiera que a los que más han acabado jodiendo en sus vidas era precisamente a los que se atrevieron a votarles en su día.

¿Qué estarán pensando hoy los que gracias a la papeleta que depositaron a favor del PSOE en el 2004 y después insistieron en el 2008 hoy se encuentran sin trabajo, han perdido su casa y posiblemente van a vivir los próximos años mucho peor de lo que vivieron hasta que elevaron al Zapatero a La Moncloa?. Y no tienen ni agallas para reclamarles por los destrozos, porque como decían que les machacaron por su bien, para que la derecha no alcanzara el poder, supongo que se habrán quedado tan contentos. Menudo precio más elevado el que algunos han pagado por elegir que otros les mandaran… a la misma mierda.

Biante de Priena

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