desde 2.006 en Internet

Mostrando entradas con la etiqueta Transversalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transversalidad. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de febrero de 2011

Francisco Álvarez Cascos, firma el epitafio de la partitocracia española


Hoy, 31 de enero de 2011 ha sido un día memorable para la política española, porque el político más completo del panorama español (el mejor discípulo de Jovellanos) ha decidido escribir el epitafio de la partitocracia española, al declarar que su nueva formación política: Foro Asturias, se ubica en la transversalidad política, ese nuevo paradigma ideológico que avanza por Europa con energía propia y que ya se ha afincado en los países más avanzados: Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda o Italia.

La transversalidad política concluye con El Contrato Social de Rousseau sobre el que se han establecido los partidos políticos europeos tradicionales, para encarrilarse en la nueva realidad política europea que trasciende el cautiverio histórico que denunció Fukuyama, las geometrías sociales colectivistas y los localismos particularistas, tan gratos a los nacionalismos disgregadores.

Actualmente vivimos en una sociedad globalizada e interrelacionada de forma inmediata y masiva por las nuevas tecnologías, que requiere evolución de las relaciones entre políticos y ciudadanos. La representación política no puede restringirse en estos tiempos a la firma de un cheque en blanco cada cuatro años a los políticos designados por los partidos. Los ciudadanos requieren que la democracia se haga abierta y participativa y que la gestión de los recursos comunes sea transparente y rigurosa.

Se requiere una justicia independiente que controle al poder político, pero también que regule por ley los negocios de las grandes corporaciones económicas. El ser humano debe recobrar su identidad y abandonar definitivamente su indexización clientelar, pero también debe superar su estatus de mercancía laboral. Los seres humanos no somos clientes, usuarios, contribuyentes, consumidores, productores, o espectadores pasivos, somos seres humanos con criterio y capacidad de decisión que no debemos ser tutelados por los políticos como si fuéramos niños pequeños o ganado electoral.

Las ideologías políticas clásicas se han quedado anticuadas, ni el socialismo, ni el conservadurismo pueden resolver los problemas actuales y menos si viven eternamente en conflicto y crispación. La transversalidad política es una facción política, asentada sobre los ejes estructurales del liberalismo orientado al bienestar común, por la mejora de las condiciones individuales, que se opone a las ideologías doctrinarias, dogmáticas y sectarias, que representan esos dinosaurios mecánicos que son los partidos políticos convencionales.

Los partidos políticos convencionales han perdido su oportunidad de transformarse a demanda de las necesidades e intereses de los ciudadanos, para seguir ejerciendo el poder autoritario de una forma que recuerda a la del Antíguo Régimen, han preferido acantonarse en el poder engañando a sus electores, que transformarse en las herramientas requeridas a su servicio. Pagarán sus errores, más temprano que tarde.

Francisco Álvarez Cascos ha sabido adaptarse a los requerimientos políticos del presente al mismo tiempo que se ha orientado a la recuperación de lo valioso del pasado y lo deseado en el futuro. Una combinación de recursos inteligente para afrontar los graves problemas que asolan a la política, la economía y la cultura en Asturias. Si logra transmitir a los asturianos sus intenciones, sin duda está llamado a ser el próximo Presidente del Principado de Asturias, porque mientras su objetivo es llevar la comunidad asturiana al siglo XXI, el de sus rivales es mantenerla cautiva en el siglo XIX. Los asturianos sabremos decidir lo que nos conviene.

Enrique Suárez

sábado, 18 de abril de 2009

De las promesas a las pavesas

"La libertad no es hija del orden, sino su madre" P.J.Proudhon

No lo comprendieron en Ciutadans, no lo comprenden en UPyD, porque siguen anclados en una organización del poder fundamentada en la jerarquía. En el siglo XXI, un político medianamente culto, no puede requerir a sus votantes o simpatizantes, y menos a sus compañeros de partido pleitesía a la autoridad no razonada, sino a los principios, valores, y propuestas.

No se puede respetar el fuero, sin considerar previamente la existencia del huevo. No hay peor agresión para el futuro de un partido político, que la de un líder, que siendo considerado positivamente por la inmensa mayoría, decida decantarse por una facción y desentenderse de otra, que se sentirá despechada, marginada y denigrada, de forma injusta y públicamente. Ese es el error que ha cometido Rosa Díez, el pasado día 28 de marzo, en un arrebato de soberbia.

Y precisamente lo que ha ocasionado las declaraciones del cesado y expedientado coordinador maño Javier Carroquino y toda la coordinadora de Aragón, considerando que: “pensaba que el partido era de todos, no sólo de Rosa Díez”. A Carroquino se lo han cargado realmente, aunque pronto aducirán diversos “crímenes contra el partido”, por haber presentado una propuesta de listas abiertas a todos los órganos del partido, lo que ha hecho que se vea claramente la actitud cicatera de acotamiento del poder del sector más oficialista.

Lamentablemente, lo que ha ocurrido, al igual que pasó en Ciutadans, es que en una ocasión bien definida para que brille la democracia, la transparencia y la libertad en el seno de un partido político, como es la organización del Congreso Constituyente –retrasado durante dos años-, se ha hecho precisamente lo contrario: perseguir e invitar a que se vayan a los que no acepten pulpo como animal de compañía propuesto por la dirección del partido.

El miedo a la libertad de la dirección de UPyD ha mostrado un agujero negro para la democracia dentro de su formación. ¿Cómo van a confiar los votantes en algo que contradice con su funcionamiento interno lo que se pretende que hará en la cosa pública cuando alcance el poder?.

Nadie se traga ya ruedas de molino, por mucho que nos aseguran que se disuelven como caramelos de fresa. Al igual que Ciutadans reuniendo ONCE para la Última Cena, más un par de Judas, UPyD se ha equivocado al promover un Reglamento para su Congreso Constituyente que limita las posibilidades por imperativo directivo, regresando al aforismo tan conocido por Rosa Díez, que dice que "el que se mueva no sale en la foto". Rosa Díez no comprende en su soberbia, que no es ella la única que puede jugar a discrepar, como hizo durante años en el seno de su anterior partido, el PSOE. Ni siquiera ha mostrado en su propio partido, la tolerancia que le brindaron en el PSOE sus antiguos compañeros.

Los líderes de UPyD, al igual que los de Ciutadans, no han conocido la frase de Pierre J. Proudhon que anticipa este artículo. El orden es heredero de la libertad, no la libertad heredera del orden. Sin libertad sólo puede haber orden autoritario, que es el que existe en todos los partidos políticos españoles, en los convencionales y en los más noveles.

No, no entienden nada, no comprenden que sin libertad tampoco es posible la democracia, porque la democracia es hacer lo que quieran todos los demás, mientras la libertad es hacer lo que uno quiera, y para que uno quiera hacer también lo que quieren los demás, se requiere al menos que pueda elegir entre alternativas, que sea libre en sus decisiones, no exclusivamente libre para ratificar u oponerse a lo que ya está decidido por los que mandan.

Alguien dentro del cenotafio de Ciutadans ha dicho que unirse en coalición con el partido conservador Libertas les devuelve a la transversalidad. Que más quisieran. Lo que les pone es en el disparadero hacia el abismo, porque el programa transeuropeo de Libertas nada tiene que ver con el no nacionalismo de izquierdas de Ciutadans, bueno sí, lo mismo que un ordenador con un botijo. No hay transversalidad posible entre el mesianismo de Ciutadans y UPyD, y la politofobia de Libertas

Cierto es que las direcciones de Ciutadans y UPyD no se han puesto de acuerdo para presentar una candidatura conjunta a las elecciones europeas, pero por extraña casualidad, resulta que los discrepantes de Ciutadans que se fueron (más en número que los últimos de Filipinas que se quedaron) y los discrepantes de UPyD, que no sólo están en Zaragoza, coinciden en la necesidad de una formación política en la que se respete de forma intensa y serena la democracia, la libertad, la justicia y la pluralidad, y de la que se erradiquen el sectarismo, el autoritarismo y las malas artes; quizás los críticos de ambas formaciones sean unos románticos, pero me consta a fecha actual, que hay un movimiento subyacente que podría emerger en los próximos meses en un proyecto de futuro que se opondría tanto a Ciutadans, como a UPyD, al igual que a los demás partidos políticos españoles que no respetan las reglas del juego, y hacen trampas en la arena del Coliseo.

Hace pocos días se hablaba en este blog de la Operación Adriano para configurar una opción política inequívocamente transversal, democrática, plural, libre, y justa para este país, en vista de que las últimas opciones han fracasado. Una opción política en la que el orden sea una consecuencia del respeto exhaustivo por la libertad de los ciudadanos, que les devolverá su auténtico valor, que les hará realmente protagonistas de su historia, y no víctimas de los dirigentes políticos más sombríos que tratan de arrebatarles su soberanía en cada ocasión que se les presenta.

Nunca se enterarán los políticos que la organización de la sociedad en armonía, en equilibrio, y justicia no requiere autoridad alguna que imponga un orden determinado. Los ciudadanos somos adultos formados, no escolares confusos. Sabemos lo que queremos y lo que no queremos.



Biante de Priena

lunes, 13 de abril de 2009

UPyD: Ven y cuéntalo

Se atribuye a Rosa Díez esta magnífica consigna de atracción turística, cuando el PSOE compartió gobierno con el PNV y ella figuró como consejera de turismo del Gobierno Vasco, pero un día “uno de aquellos chicos” que decía el aita Arzallus, puso una bomba en una playa y le voló las manos a un turista que pasaba por allí. Don Mingote, ese señor que es más castizo que Cascorro, se lució con una viñeta del atentado que dejaba el texto como lectura, y Rosa Díez le puso una querella con los fondos públicos.

Así lo relataba hace casi una década (14-12-2000), el periodista hoy límbico y amnésico, Federico Jiménez Losantos:

“Puede aprovecharse la cartelería de aquella campaña publicitaria de la Consejería de Turismo del Gobierno Vasco en tiempos de Rosa Díez: «Ven y cuéntalo», que tanto dinero gastó con un propósito político bien distinto. Entonces se trataba de ocultar o de disimular bajo las hermosas postales de verdes valles, blancas montañas y encantadoras playas la omnipresencia del terrorismo en la imagen exterior del País Vasco, que respondía justamente a la realidad interior. Ese miedo agazapado en todas las esquinas, en la ciudad y en el campo, en la playa y en la montaña es lo que trató de esconder doña Rosa tras las postalitas. Claro que para lograrlo había que esconder, desmentir, ridiculizar y, si hacía falta, prohibir que se manifestase el estado de terror en que vivían los amenazados o asesinados por ETA y sus familiares. Tan claro era ese propósito que la briosa consejera socialista puso una querella contra Mingote por un chiste que contraponía el eslogan de la campaña y una imagen de la última carnicería etarra. Todavía está esperando Mingote, y no sólo él, que Rosa Díez le pida disculpas por haber hecho hace diez años lo que ahora propone Savater: que vaya allí mucha gente, cuanta más mejor, y que cuente luego cómo se vive en el reino del espanto.

Pero que no vayan sólo allí. Además del País Vasco, hay en España otros ámbitos donde los no nacionalistas son amenazados, marginados o expulsados. Ahí está, por ejemplo, la limpieza étnica de los no nacionalistas en Cataluña desde los años 80. Decenas de miles de personas -sólo profesores, más de 16.000- tuvieron que irse. Entonces Arzalluz era Pujol; ETA era Terra Lliure y el Egin de Pepe Rei, es decir, la prensa que jaleaba la «limpieza» etnolingüística y escupía sobre las víctimas, era El País de Polanco, Cebrián, Pradera... y Savater. Ve a la hemeroteca y recuérdalo.”


Y es que Rosa Díez todavía le debe muchas explicaciones a los españoles sobre su trayectoria política antes de depositar en ella la confianza, porque del error de gobernar con el PNV al error de convertirse en gran sacerdotisa de los valores nacionales por la gracia de Dos (Savater y Gorriarán), hay mucho trecho, y no ha explicado su viaje con detalle, más bien recuerda a los paracaidistas, porque Rosa llega a la defensa de la unidad nacional tras haber gobernado con el PNV y compartiendo programa con Iñaqui Anasagasti, como el mismo le recuerda.

Pero además, Rosa Díez no es ni tan demócrata, ni tan defensora de las libertades dentro de su propio partido, en el que con criterio de “con flores a María” se prepara un Mayo sabrosón para colocar al profe de Zapatero en Europa, aunque sea haciendo trampas en el twitter, como ha denunciado Juan Luis Sánchez Ramírez recientemente.

Pero quizás el último error de la madura promesa del más de lo mismo nos viene a descubrir que el socialismo español, puede pasar por Felipe González y el GAL, pero también puede hacerlo por Rubalcaba y Zapatero, y por supuesto por UPyD y Rosa Díez. Un mismo socialismo con diferentes caras, según los gustos del consumidor, para un país al que se han hurtado los valores para poder hacer negocios corruptos en nombre del socialismo, cien veces, o mejor dicho, mil veces más que desde el PP, que todos sabemos que al socialismo español se le viene untando el dinero público de antaño, desde mucho antes de FILESA.

Pues aquí tenemos a la abrazadora de Fidel Castro defendiendo la libertad, como si tal cosa fuera compatible: abrazar a un dictador y defender la libertad. Pero una política transitiva y transitoria como Rosa Díez y su club de seguidores, lo hace sin problemas, no les quepa la menor duda, y después trata de convencernos de las bondades del daikiri.

Y los medios que mantienen los no socialistas, El Mundo de Pedro J. y la COPE de FJL haciéndole hueco y mostrando solo las bondades, olvidándose de todo lo inexplicado en Rosa Díez y su partido, que da para una serie de varios capítulos en Cuarto Milenio o Expediente X, y todo con tal de cargarse a Mariano Rajoy como sea, por no hacerles caso a sus eminencias áulicas y mediáticas, en "lo que tienes que hacer Mariano es...".

Nadie recuerda hoy, como denunciamos en su día en nuestro blog, que el triunvirato de Basta Ya no defendió la unidad nacional hasta que vio que era rentable electoralmente, y se conformaba con defender un estado español sólido, mientras a Savater se la soplaba la idea de España; tampoco nadie recuerda como desde este blog se lanzó una campaña contra el bodrio de la defensa de la lengua común, que terminó en fracaso absoluto a pesar de recibir el apoyo de El Mundo, el PP, LD, La COPE, y prestigiosos intelectuales (recibiendo un apoyo de 240.000 votos sobre 400 millones de hispano hablantes); tampoco nadie comprendió la cruzada contra los crucifijos que compartió con ERC, más que como una manifestación de la ultramodernidad de sus propuestas en un país que sale a ver procesiones en Semana Santa, se reúne en familia por Navidad y llama a sus hijos con nombres de santos y santas, antes de cualquier otra opción. Bueno, uno de los fundadores de este blog, Dante Pombo de Alvear, sí lo comprendió desde el principio.

Pero las dos últimas hazañas de la señora Rosa Díez, han dejado definitivamente aclaradas cuales son sus pretensiones: la primera, absteniéndose su formación política en la votación para nombrar a Arantza Quiroga presidenta de la Cámara Vasca, y la segunda, lo ocurrido recientemente en el consejo político poniendo su puesto a disposición de la asamblea en caso de que progresara una enmienda al próximo congreso.

Vamos a ver Rosa, que a ti las ingles te huelen a escaño desde que abandonaste tu prometedora carrera de auxiliar administrativo por el tercio sindical, este país es lo que es y lo era mucho antes de tu llegada a la política. A mi no me gusta la España que tu defiendes, mejor dicho, no me gusta el socialismo alternativo al del PSOE para España que propones desde tu partido, que se ha convertido en el sumidero de los "otros herederos" de Pablo Iglesias.

En una ocasión hice la pregunta, y quedó sin respuesta: ¿Hay liberales en UPyD?. Hoy ya no hace falta que responda nadie, UPyD es el ascenso a la misma forma de utilizar el poder que el PSOE, por el otro lado de la montaña. Porque siempre será mejor acabar de desplazar al PP de sus posibilidades de alcanzarla, ¿no es cierto Rosa Díez?. Mejor repartir España como un botín político, entre socialistas buenos y socialistas malos, según corresponda.

Es hora de invitar a la gente a conocer UPyD por dentro, el partido político con representación parlamentaria, que incumple la misma Ley de Partidos Políticos en su organización y nadie se ha dado cuenta entre los profesionales del periodismo, de la política o de la justicia.

Biante de Priena

jueves, 9 de abril de 2009

Operación Adriano

“El hombre justo no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y una cobardía ceder el paso a los indignos”. Epícteto

Cuando le preguntaron a Marguerite Yourcenar por qué se había fijado en el emperador Adriano para escribir sus célebres Memorias, se manifestó con serenidad reflexionada: “vivió en una época de transición en la que ya no se creía en los dioses romanos, y el cristianismo todavía no se había establecido, la intriga del paralelismo con mi propia época, la de la postguerra europea, fue la motivación fundamental”.

En Memorias de Adriano, el emperador romano de origen hispano, por una fórmula epistolar, va relatando a su posible sucesor las escenas de su vida y sus reflexiones sobre la misma, desde un criterio intermedio entre el estoicismo y la melancolía, que glorifica el pasado y aborrece el desconocido porvenir, fundamentalmente por conocer a sus protagonistas.

De los estoicos romanos, siempre he preferido la singular percepción de Epícteto, que el buen sentir de Marco Aurelio o el buen razonar de Séneca. El liberto manumitido tal vez haya sido el primer psicólogo de la historia, y sus sentencias sobre el ser humano son tan categóricas como los juicios de Kant sobre el pensamiento.

Adriano construyó a las afueras de Roma una villa que ha pasado a la historia, a pesar de los préstamos que algún Papa se permitió para construir Villa del Este.

La villa adriana está ubicada en Tibur (actual Tívoli), a unos 20 kilómetros de la metrópolis. La historia de Tívoli es curiosa, como todas en las que la mitología que entraña su origen no se ha perdido por completo. La ciudada de los tibúricos, que más tarde fue destino del solaz de emperadores, fue fundada antes que Roma, también por dos gemelos ctónicos de origen siciliano: los palicos., hijos de Zeus y Talía (la musa de la comedia)

En Palacia había un altar dedicado a estos gemelos donde la gente podía someterse a una ordalía, que al ser superada significaba que se podía confiar en su palabra.

Ni Ciudadanos, ni UPyD

Si Ciutadans defraudó a sus seguidores por su manipulación de la democracia con las intenciones más ladinas, UPyD ha decepcionado precisamente por lo contrario: la exclusión de la libertad.

Ni uno, ni otro han sido fieles al auténtico Espíritu del Tívoli, que hace unos años reunió a intelectuales y ciudadanos, primero en Barcelona, luego en toda Espña, en un proyecto innovador que trataba de vencer las inercias de conservadores y socialistas, para presentar respuesta a la voracidad nacionalista, una alternativa transversal ante los privilegiados codificadores que se sirven del territorio o de la sangre para establecer diferencias con sus congéneres.

UPyD traicionó este espíritu desde sus primeros pasos, desde que se fundó la Plataforma Pro como un escenario óptimo para reunir a los que discrepaban del autoritarismo y el maniqueísmo obligatorio, esencialmente en el País Vasco, enmascarando la formación de una organización personalista envuelta en aromas de bondad y papel magenta, pero que sanciona la discrepancia del discurso oficial con el descrédito y el ostracismo, más propio de otra época u otras latitudes.

No engañan a nadie, ni Ciudadanos, ni UPyD, ni Rivera, ni Rosa Díez, ni Robles, ni Gorriarán, ni Domingo, ni Pimentel. Ambas formaciones son sectarias y jerarquizadas, con desigualdades y privilegios de partida, sin libertad plena de expresión, sin respeto a la democracia, sin sometimiento a la justicia, y con unos grupos que se han acantonado en el poder por azar, en el caso de Ciudadanos, por imposición en el caso de UPyD, que tienden a la opresión sectaria de todos los demás. Cierto es que hay aspectos ideológicos comunes, pero la lucha por el poder entre ambas formaciones, y el ensalzamiento amorfo de sus líderes, prevalecen sobre el servicio público y el valor que concede el mérito y el esfuerzo de los seguidores.

Varius, Multiplex, Multiformis

Esta sentencia comienza la biografía de Adriano, y también el principio de una nueva etapa en la política española, si con partidos no se puede ir hacia la transversalidad política, iremos con ciudadanos que se agreguen en un objetivo: no ser mal representados políticamente, no servir de comparsa a supuestos líderes o impuestas lideresas. Hay espacio y hay necesidad.

Muchos de los que nos enfrentamos a Rivera en Ciutadans hemos seguido agrupados en los campos catalaúnicos, han ido llegando otros que se han enfrentado con la dictadura gorriariana en UPyD, también muchos que huyen del PSOE zapaterizado y del PP despistado. Otros acuden desde la Plataforma de las Clases Medias, de Hate Oir, de la blogosfera.

La operación Adriano es el nombre del proyecto, que sirve para expresar la necesidad de cohesión de todas estas fuerzas políticas que se han quedado fuera de la adscripción de las siglas naranjas o magentas, por discrepar de la forma de hacer política y denunciar irregularidades, más que por los contenidos, compartidos en su inmensa mayoría.

Operación Adriano, porque el emperador hispano sobrino de Trajano, fue un opositor al elitismo del poder senatorial, no respetó las reglas de juego de los favorecidos y privilegiados, pero fue el emperador romano más completo, como militar, como administrador, como viajero, como escritor, como líder. Adriano representa como nadie la racionalidad hispana que se aproxima al futuro, a Europa, al tiempo que se aleja del maniqueísmo y el petimetrismo de los tarugos detentadores que se aprovechan de sus cargos y prebendas para acallar a los que claman por la libertad y la democracia.

Saldrá o no saldrá adelante, pero formará parte de la historia de la resistencia y la lucha por la razón contra la injusticia y el sectarismo, y está en marcha. A la tercera va la vencida.

Miembros y exmiembros de Ciudadanos y UPyD estamos en contacto para reunirnos en una gran fuerza transversal que heredará los recorridos hechos por estos partidos tras su muerte democrática, su huida de la libertad, y su configuración en la injusticia que permite el autoritarismo más sectario. Sed bienvenidos al futuro.

Biante de Priena

martes, 23 de diciembre de 2008

El imprescindible final del "progresismo"

NOTA PREVIA: El progresismo, usurpado por el CEJALISMO de José Luis, es una ideología de origen liberal y española, fue un liberal, Don Salustiano Olózaga su principal precursor, llevando el liberalismo doceañista hacia el liberalismo doctrinario, que era la moda en aquellos tiempos (1835-1875). El progresismo NADA TIENE QUE VER con el socialismo, pero tras la caída del Muro de Berlín y la ausencia de ideas, el socialismo español se ha envuelto del progresismo que jamás podra defender, porque ni lo entiende, ni lo conoce, ni sabe realmente cual es su auténtico sentido. En el artículo que a continuación les expongo, mi crítica es a ese falso progresismo al que los socialistas denominan progresismo, no al progresismo español y liberal que condujo a algunas de las adquisiciones civiles más importantes de nuestra historia.

El progresismo es el rival a batir, tanto por la izquierda –Julio Anguita- como por la derecha de este país. También por los no alineados y los no alienados.

El progresismo es según el “progresista” que lo ha expuesto en la wikipedia –aunque alguien advierte que se necesitan fuentes fiables- lo que a continuación copio y pego:

“En la actualidad el término progresismo agrupa doctrinas filosóficas éticas y económicas de ciertas tendencias políticas relacionadas tradicionalmente a la izquierda. El término surge como contraposición al de conservador. A diferencia de estos últimos los progresistas pretenden erradicar todo vestigio de pasado histórico con el fin de mejorar la condición socioeconómica de ciertos colectivos sociales. Los conservadores abogan por lo mismo, pero inclinándose por la defensa de ciertas tradiciones y valores sociales, que no son necesariamente derechistas en todos los casos. El progresismo actual defiende libertades individuales como: el feminismo, derechos de los homosexuales, el aborto, y el ateísmo. También apoya la diversidad religiosa y la inmigración. La ideología progresista está muy extendida a nivel mundial, en especial Europa y Latinoamérica. Para la propagación de esta ideología se utilizan los medios de comunicación masivos (prensa, radio, televisión) y los partidos políticos de izquierda. Está basado en "liberté, egalité et fraternité (libertad, igualdad y fraternidad)" que son los principios ilustrados".

Para añadir a continuación:

“Ocurre el hecho curioso de que, mientras en todo el mundo los sectores progresistas abanderan nombres ligados a la izquierda política, en EE. UU. dichos sectores han adoptado el nombre de liberales, nombre que en otros países se relaciona a sectores que en la actualidad no son vistos como progresistas, lo que ocasiona la confusión de mucha gente que piensa que por la coincidencia de nombres, en Estados Unidos no existiría el progresismo a la usanza de los demás países occidentales”.

Evidentemente, ésto nada tiene que ver con el progresismo, porque a nadie se le ocurre definir como “libertades individuales”, planteamientos colectivos, determinados por una visión sectaria de la realidad, como el feminismo, el homosexualismo, el ateismo, o las posiciones pro-abortistas.

¿Qué es el progresismo mal entendido por el socialismo?

Es la doctrina política que exalta el progreso como bien supremo de la sociedad. La dificultad inmediata para su comprensión semántica proviene de la definición que se conceda al concepto de progreso.

Progreso puede ser cualquier cosa, que no sea conservar. El progresismo tiene precisamente como máximo objetivo destruir lo existente para construir una nueva realidad.

El progresismo es una forma de fascismo, un pensamiento único y totalitario, que pretende convertir a los ciudadanos a su fe en la renuncia a todo lo establecido, para esta forma, construir un mundo nuevo, porque en el que vivimos hay demasiada injusticia, miseria, opresión, y privilegios.

Los progresistas no son demócratas, porque consideran que no cabe otra interpretación de la democracia que la que ellos hacen. Abjuran de la libertad individual, porque piensan que la libertad no es necesaria para establecer un mundo mejor, es más, la libertad ha sido el principal argumento que han utilizado los conservadores para construir el mundo a su medida. Al igual que Lenin se hizo la famosa pregunta: democracia, ¿para qué?, los progresistas inquieren: libertad, ¿para qué?.

El progresismo no habla de libertad, porque prefiere hacerlo de derechos, pero con un sesgo negativo. El derecho a abortar prevalece sobre el derecho a la vida, el derecho a morir libremente prevalece sobre el de vivir libremente. El progresismo, es en realidad, un materialismo, un antihumanismo, que considera que los seres humanos sólo son importantes en su conjunto, como sociedad. Esto se ratifica en la asignación del adjetivo “social” o “colectivo” a todas las esencias humanas en la política: educación social, justicia social, salud social, bienestar social, política social, realidad social, lucha social. El progresismo fagocita a los seres humanos para hacer un zumo social con ellos, en esta ideología, los seres humanos son clasificados de forma cuantitativa, porque son considerados como clones, absolutamente iguales. No hay lugar en el progresismo para la diferencia.

Los progresistas han tuneado el socialismo, para desvincularse de los fracasos del socialismo real, derivados de las extrañas interpretaciones que los estatalistas han hecho del marxismo. Para los progresistas, no existen el individuo o la persona, como tampoco existe la clase; fundamentan su prevalencia en los colectivos clientelares, doctrinarios y sectarios, que supuestamente han sido excluidos del poder hasta ahora: feminismo, homosexualismo, ecologismo, pacifismo, nacionalismos, altermundismo, “aliancismo”, para representar la unidad humana en relación a sus pretensiones e interpretaciones.
El progresismo denostará la tradición, la historia, la coyuntura existente, el orden establecido, las legislaciones vigentes, porque considera que son un producto de la hegemonía de un orden conservador que impide el cambio hacia su utopía. El mundo existente en la actualidad es un producto de un orden de privilegiados injustamente, bien por herencia o logro, al fin y al cabo, de oportunidades que han excluido a la mayoría y que han favorecido a los que partían de antemano con ventaja.

El progresismo, es el envoltorio ocultador de los fracasos del marxismo, un intento de salvar los bártulos tras el estrepitoso naufragio del modelo soviético en organización social y política, y por supuesto, económica. Es un movimiento regresivo, que pretende recrear el socialismo, porque no acaba de soportar su declive y degeneración en una burocracia corrupta.

Por último, el progresismo valora todo lo nuevo, la modernidad permanente, la innovación artística, el relativismo ideológico, el culto a la vanguardia, y la “iconización” de la realidad con nuevos ídolos, que sustituyan a los anteriores. Es un movimiento exhibicionista, que actúa con descaro, considerando que el poder es un instrumento a su servicio para organizar el mundo a su favor.

Sin duda, utiliza todos los medios a su disposición para implantarse, desde los recursos públicos hasta los medios de comunicación a los que subvenciona, y en su fanatismo excluye la posibilidad de alternativa o sustitución por parte de otros. ¿Quién puede gobernar el mundo mejor que nosotros, los progresistas?.

El progresismo será desplazado por la transversalidad

No se han enterado los progresistas del poco tiempo que les queda en el poder, porque la información inmediata, la comunicación libre, y la libertad que fluyen en la red, acabará con ellos.

La transversalidad es lo contrario del progresismo, en primer lugar porque representa la pluralidad que se establece sobre el reconocimiento de las diferencias, exactamente lo opuesto al pensamiento único de esta perniciosa ideología.

La transversalidad actúa políticamente de forma inversa al progresismo, diversas posiciones deben establecer un acuerdo beneficioso para todos, no exclusivamente una posición debe establecer lo que es bueno para todos. En este sentido son antitéticos. Por eso la transversalidad reconoce que la democracia es un espacio propicio al acuerdo entre diversas posiciones, mientras que el progresismo considera que la democracia es una herramienta al servicio de sus pretensiones.
Desde la transversalidad, el ser humano individual cobra vigencia, al igual que la libertad. El máximo principio de la transversalidad, o del transversalismo es no perjudicar a nadie, mientras que desde el progresismo se busca el beneficio de la mayoría o de su clientela, aunque se perjudique a todos los demás.

El relativismo transversal es positivo, puesto que considera que desde distintas posiciones la realidad no se ve de la misma forma, mientras que el progresismo considera que si no se ve la realidad como se establece desde sus presupuestos, es que los demás están ciegos.

El transversalismo aspira a la mezcla del conjunto en la mejor alternativa posible, mientras que el progresismo reniega desde su segregacionismo de cualquier intercambio con quien no comparte sus objetivos políticos. Ser transversal es vivir en el presente, sin renunciar ni al pasado, ni al futuro. Ser progresista es vivir en un sinvivir, porque no existe el presente, sino un pasado del que no acaba de librarse y un futuro que no acaba de llegar.

Y esto nos conduce a la exaltación del despilfarro que nos depara el progresismo en su nihilismo, viviendo el hoy como si fuera mañana. Inconscientemente, desde los patrones morales que establece el progresismo inducen a los ciudadanos a vivir como si fueran condenados a muerte sin posibilidad de indulto. El más allá es a donde se pueda llegar superando los límites, los mismos que no puede superar el progresismo al exponerse a la realidad, y ver como en su tozudez se impone ante su inducción a su cambio.

El único problema que tenemos en España se llama progresismo, y está representado por los partidos de izquierda como el PSOE e IU, y también por los diversos nacionalismos que parasitan y son parasitados por los partidos progresistas; la única solución al progresismo se denomina transversalidad, un movimiento que dista tanto del progresismo del PSOE como del conservadurismo del PP, en realidad dista de todas las opciones exclusivamente políticas.

El transversalismo, es precisamente una nueva dialéctica entre los ciudadanos y sus representantes políticos concebido sobre un diálogo permanente y no sobre la delegación de soberanía de los ciudadanos en los políticos. El control del poder debe permanecer en los ciudadanos, y no permanecer enquistado en el seno de los partidos políticos. Vamos directamente hacia un nuevo contrato social, en el que ciudadanos y políticos volverán a ser iguales, se erradicará la corrupción política, y las decisiones importantes serán asumidas por todos de forma directa, no representadas exclusivamente por los políticos.

El sufragio universal, al igual que la representación política, serán superados por la democracia participativa. Las necesidades de los ciudadanos no serán determinadas más que por ellos mismos, y en la política no tendrán cabida más que los mejores, los más capaces, los que demuestren sus cualidades para administrar los recursos.

Ese es el examen que viene para los ciudadanos y los políticos, los ciudadanos estamos preparados para superarlo, pero en España hay muy pocos políticos que se salvarán de la quema, acantonándose en el poder, mintiendo, dilapidando los recursos de todos, y actuando como auténticos señores feudales cuando en realidad son reos de servidumbre a las decisiones soberanas de los ciudadanos.

Los políticos "progresistas" y conservadores no saben que la maquinaria del poder se ha puesto en marcha, y en esta ocasión, al contrario que en las precedentes, ellos son la única representación del absolutismo a erradicar. Los ciudadanos no solo tenemos derecho al voto, también tenemos derecho al veto, y la libertad de ejercerlo.


Biante de Priena

lunes, 24 de noviembre de 2008

La rebelión transversal

En España, está a punto de romperse -si no se ha roto ya- el canal de comunicación entre los ciudadanos y sus representantes políticos. La representación política adscrita a los partidos políticos, se ha convertido en una nueva forma de tiranía, que aprovecha el formalismo democrático para imponer su opresión y sustentar su privilegio.

Los ciudadanos de este país, hemos visto reducida nuestra soberanía a la elección entre las alternativas que nos ofrecen los partidos políticos, o la expresión de nuestro desacuerdo en votos de protesta -en blanco, nulos-, o la abstención.

El sistema democrático se ha convertido, en una solemne representación teatral, en manos de los usurpadores políticos, que solicita periódicamente la presencia de los ciudadanos para ratificase legítimamente. En estas condiciones, nos dirigimos discretamente hacia grandes campañas que promoverán la abstención política, la no participación en este juego de ventaja para una minoría y depredación para la inmensa mayoría.

Los partidos políticos están en vías de extinción en el mundo occidental. El nivel cultural de los ciudadanos, las nuevas tecnologías, la información comunidad por internet, a las que se añade la colección de despropósitos institucionales, desde los bien conocidos del Gobierno de la nación (y la oposición), hasta los favoritismos del municipio más remoto, no permiten su existencia, su supervivencia.

Por mucho que se empeñen los medios de comunicación -siempre subvencionados- en trasladarnos el altruismo público de los políticos, los medios alternativos nos informan cada día de su despilfarro, sus abusos de poder, y su mezquindad, que prevalecen sobre la ingenuidad, cuando vemos como cada día tenemos que trabajar más -si acaso tenemos trabajo- para tener menos poder adquisitivo, más inseguridad económica y social, más desigualdades oprobiosas -en comparación por los designados-, y menos libertad.

El poder, exclusivamente en manos de los políticos, se ha convertido en una herramienta de opresión contra los ciudadanos, al tiempo que una fuente de privilegios para los actores de la obra, una forma "legal" de establecer negocios con la cosa pública a espaldas de los ciudadanos. La desconfianza de los contribuyentes es generalizada.

Es cierto que España no es el único país occidental en el que estas cosas ocurren, porque en otros como Italia, con los movimientos de manos limpias o el movimiento ciudadano de Beppe Grillo, hace tiempo que están en pie de guerra, también en Francia, donde un político centrista, Bayrou, ha convertido su partido la UDF en un movimiento democrático, el MoDem, en el que la pertenencia al partido no supone más que una voluntad mayor de cooperación, con respecto a cualquier ciudadano. En España han surgido en los últimos tiempos algunas formaciones políticas, que poco tienen que ver con estas alternativas europeas, fundamentalmente porque no respetan la democracia en sus seno, como Ciutadans y UPyD, que más que alternativas a lo existente, son alevines del más de lo mismo.

Sin embargo, ayer domingo se manifestó en Madrid un movimiento ciudadano sin otra adscripción política que la protesta contra el mal uso del dinero público por parte de los políticos. Su lema era singular: "Con mi dinero, no". Y dos mil personas acudieron a su convocatoria en la Plaza Colón de Madrid, dos mil ciudadanos hartos de ver como los políticos les chulean el bienestar a que tienen derecho constitucional, por sus decisiones políticas arbitrarias, que al fin son inversiones en su manipulación de la realidad para vendernos la luna por parcelas, mientras se van quedando con la tierra en la que vivimos.

Les dejo el discurso que Enrique de Diego pronunció en ese acto, él es uno de los líderes del movimiento ciudadano denominado como Plataforma de las clases medias. Desde Ciudadanos en la Red apoyamos esta plataforma en su día y lo seguiremos haciendo. Hay una cosa en la que estamos muy de acuerdo con esta alternativa, en ella no hay representantes, cada ciudadano se representa a sí mismo, es por tanto, un movimiento horizontal, al contrario de lo que ocurre en los partidos políticos -los viejos como el PSOE o el PP o los nuevos como Ciutadans y UPyD-, en los que la jerarquía de poder establecida de forma vertical, exigen que los ciudadanos renuncien al ejercicio de su soberania, su libertad y sus derechos, en función de que los dirigentes -ungidos por no se sabe que dioses- son los únicos con capacidad de decisión. Los partidos políticos en España son el último residuo del franquismo, y mientras no sean erradicados, seguiremos viviendo en la herencia de una dictadura, para nada se puede llamar a esto democracia.

Los ciudadanos españoles somos libres e iguales, es decir, transversales, no tenemos vasallaje con nadie, ni nos debemos a ninguna bandera que no sea la española, ni a ninguna normativa que no sea exclusivamente la contenida en nuestra Constitución de 1978. Por supuesto, la lengua en la que nos expresamos es nuestro idioma, hablado por casi 500 millones de personas en el mundo, y estamos hartos, pero que muy hartos, de que nos tomen el pelo, de que consideren que somos ganado, de que no nos respeten, y de que actúen como si no existiéramos.

Las cosas van a cambiar pronto en España, como ha ocurrido recientemente en Estados Unidos, porque "negros" en este país es lo que sobra, y va siendo hora de que uno de esos "negros" -un contribuyente amordazado y secuestrado en su voluntad, sometido al paternalismo de los políticos- ocupe por primera vez la Presidencia del Gobierno.

Hay que erradicar de una vez la tiranía de los "amos blancos" de la casta política, que nos dicen lo que tenemos que hacer, lo que tenemos que pagar, y como tenemos que vivir, y a los que cada cuatro años debemos de ratificar en las urnas para que sigan haciendo lo mismo.


Biante de Priena

jueves, 13 de noviembre de 2008

UPyD: el puré magenta

La excelente gastronomía vasca, es sin duda, la más exquisita de nuestro país o al menos la más famosa, porque en España, otra cosa no habrá, pero exquisiteces abundan, menos en política.

Alguien dijo en cierta ocasión que la política remeda a la gastronomía, hay política basura apta para cualquier estómago sin arrepentimientos, que por cierto es la que más abunda, pero en otras épocas no todo eran hamburguesas con chips, y había políticos de alta cocina, auténticos gourmets de las ideas y las palabras, incluso en España, pero hace tanto tiempo que casi se nos ha olvidado. Los políticos que hacían deliciosos y suculentos discursos han desaparecido del escenario del debate, dejándolo pletórico de tragaldabas, grasientos y perezosos.


Ayer mismo leía en el blog de Carlos Martínez Gorriarán algo sobre la transversalidad, la reunión de "lo que nos une", el discurso de la pluralidad, la vocación del consenso y no sé cuantas otras apreciaciones singulares sobre la participación de los "liberales" en su partido a la hora de hablar de los impuestos. Pero lamentablemente, el Fast Food ha llegado a UPyD, un partido en el que se practica la doctrina pitagórica de la alimentación industrial y comunitaria. Total para hacer un plato de puré, no se necesitaban más que patatas.

Y me explicó, se anunciaba en su día la búsqueda de la transversalidad en UPyD, pero el paso del tiempo ha demostrado que este partido es simplemente una escisión del PSOE, del que ideológicamente se sigue sintiendo muy próximo, aunque en la práctica de las promesas -y los hechos- se manifiesten numerosas discrepancias. UPyD es la versión tradicional del PSOE, mientras el PSOE ha evolucionado hacia el sectarismo electoral, defendiendo sectores muy concretos de la sociedad, como el nacionalismo, los homosexuales politizados, el activismo feminista, los partidarios de parar el mundo por el cambio climático, los amigos de la alianza de las civilizaciones, los emigrantes recién llegados, los pensionistas a los que van a bajar las pensiones, los sindicalistas politizados, los funcionarios adheridos a su programa, los titiriteros que promocionan el "cejismo" -una doctrina mesiánica fundamentalista-, y la masa amorfa ciudadana, para dar a muchos de comer bien en restaurantes de lujo, mientras se han dilapidado los recursos de todos los españoles en sus veleidades.

Lo dije en cierta ocasión, la relación entre UPyD y PSOE se resume en una frase: "lo que nos une....con el PSOE, es mucho más de lo que nos separa". Así que a ver cuando dejan de disfrazarse de liberales, de hablar del liberalismo, y de expulsar del partido a los muy escasos liberales con los que contaban. UPyD es una pantomima política, que como Ciutadans, tiene como único objetivo devolver al PSOE a su camino natural del que se ha salido exclusivamente para seguir triunfando en las elecciones y acaparar el poder de forma totalitaria, bajo las indicaciones de ese personaje nauseabundo que ha convertido este país en un infierno.

UPyD podría haber sido un panaché de verduras -en el mismo plato pero no revueltas-, o incluso una menestra -verduras juntas y revueltas-, o siquiera un gazpacho con tropezones, pero se ha quedado en un puré, en el que se han triturado las diferencias existentes inicialmente para obtener un masa homogénea apta para satisfacer a la inmensa mayoría en el más puro estilo de la cocina soviética de la época estalinista.

Les prevengo, tengan cuidado con UPyD, porque a pesar del discurso valiente con el que Rosa Díez anuncia su pócima, grata a la mayoría, hoy en día ya no se sabe ni lo que contiene el rancho que se han trajinado los cocineros de su dirección política, en ese puré socialista camuflado que se han preparado y nos quieren vender a los españoles como el antídoto de todos nuestros males.

Muchos de los que lo han probado, me cuentan que han terminado vomitando, con retortijones y una diarrea febril, muy malitos. A saber los ingredientes que contendrá el puré magenta, que nos pretenden vender como ambrosía. Por mi parte les aseguro que prefiero saber lo que como, definitivamente he dejado de confiar en los cocineros que no me permiten saber con que quieren alimentarme. Tras tantas intoxicaciones como hemos sufrido los españoles en política, es para pensarse muy bien si nos quieren dar de comer, o quieren envenarnos. A este paso nos van a matar de hambre y seguro que dirán que fue por nuestro bien.

Biante de Priena

lunes, 7 de enero de 2008

Transversalidad política contra el miedo a la libertad

Algunos lectores nos siguen insistiendo sobre lo de la transversalidad, y dicen que no acaban de comprenderlo. Trataremos de explicarlo de forma sencilla.

Las ideologías son conglomerados de creencias, valores, principios, intereses, y normas, pero al mismo tiempo son construcciones útiles que permiten clasificar los problemas y sus alternativas de solución en categorías más o menos cerradas. Por otra parte, también permiten etiquetar a las personas por la relación que establecen con las diversas alternativas que se ofrecen para organizar la vida social.

En esa simplificación mecánica de lo humano, la mayoría de las ideologías se establecen de forma dialéctica, por oposición entre ellas, hasta llegar al maniqueísmo habitual que caracteriza la mayor parte de los discursos que fluyen por los parlamentos occidentales.

Sin embargo, se puede comprobar que la bipolarización política existente es absolutamente irracional, pues impide que un partido conservador adopte decisiones de progreso, y que un partido de izquierdas decida medidas conservadoras.

Todas las ideologías están condenadas al sectarismo, porque precisamente se construyen por su reafirmación ante la oposición a las propuestas del contrario, aunque sean acertadas. Solo se admiten como válidas las propuestas que provienen de la propia ideología y se descartan todas las demás. Las lucha entre ideologías rivales fue importantes para llegar hasta aquí, pero ahora resultan anacrónicas, inútiles, irracionales.

Si analizamos los hechos históricos o actuales, podemos comprobar que la evolución positiva de las sociedades occidentales hacia un estado de bienestar más perfeccionado, proviene de la agregación de decisiones de la izquierda y la derecha a lo largo del tiempo, y prueba de ello es que donde ha prevalecido una sola las cosas no han ido bien, y se ha terminado en un régimen totalitario.

El problema básico es que cuando alcanza el poder un gobierno de derechas no se pueden hacer políticas de izquierdas que tal vez sean necesarias en esas circunstancias y más tarde resulten inútiles, y viceversa. Los políticos están atrapados por su propia ideología, es lo que hemos comprobado con Zapatero en su diálogo con ETA y con Aznar en la participación en la guerra de Irak, ambas cosas rechazadas por los ciudadanos.

La confianza en un partido político durante una legislatura que dura cuatro años puede generar muchos problemas, porque sus propuestas se fundamentarán siempre en el más de lo mismo. La flexibilización en la aplicación de políticas en la práctica, es algo que se viene haciendo desde hace años, pero resulta insuficiente para la sociedad de la información y la comunicación inmediata en la que estamos viviendo en la actualidad.

El voto útil

La transversalidad devuelve al ciudadano el poder que ahora está obligado a delegar en sus representantes políticos, y le convierte en ciudadano activo, que vive la democracia sin interrupción, ejerciendo su libertad de forma permanente.

Dar un voto a un partido convencional es exactamente contraer un compromiso de silencio, ofreciendo un cheque en blanco a un determinado representante impuesto por un partido político que supuestamente va a defender unas determinadas políticas en coherencia con la ideología que define a su partido.

La realidad es que al final lo que defienden los diputados y senadores son los intereses generales de su partido, y se olvidan de los intereses particulares de sus electores. El contrato social falla, la voluntad general de los ciudadanos se secuestra en la decisión de los comités ejecutivos de los partidos políticos. La confianza de los ciudadanos decae, porque ven que maltratan su existencia precisamente con su voto.

Quizás sirva para comprenderlo el ejemplo de los bancos, que recogen nuestro dinero sin pagarnos intereses pero cuando necesitamos un préstamo nos los cobran con usura, los políticos recogen nuestra decisión y más tarde nos devuelven lo que ellos necesitan, no lo que nosotros necesitamos.

La transversalidad permite que el voto sea útil, pero requiere mayor compromiso por parte de los ciudadanos en el control de la política y los representantes que haya elegido. Necesita de la participación de la ciudadanía, el voto no se enajena, se alquila o se invierte, y por lo tanto requiere de un seguimiento por parte de su propietario en función de sus propios intereses.

Al igual que no invertimos nuestro dinero en una empresa de la que nada sabemos, ni consumimos un producto que no tenga suficientes garantías, no se puede entregar un voto a un partido para que haga con él lo que le venga en gana, el voto es un producto del ciudadano, que consumen los políticos, por lo tanto es un mecanismo de alienación de la voluntad de cada uno.

Ejes de acción

Sencillamente, prescindamos de las ideologías por un momento y vayamos a los problemas que padecemos, la acción sobre los hechos. Un ejemplo puede ser la democracia. Al igual que los banqueros no cambiarán sus hábitos de usura hasta que los accionistas lo decidan y la competencia del mercado les empuje, los políticos no cambiarán los hábitos democráticos porque les permite continuar en sus puestos con el menor desgaste, esfuerzo, y dedicación posible, maximizando sus intereses.

No es que la democracia haya dejado de funcionar, lo que ha ocurrido es que su dinamismo se ha fosilizado, porque a los políticos les interesa que sea así. Si los ciudadanos queremos que las cosas cambien deberemos implicarnos en la partida y exigir resultados, mecanismos de control externo, y cumplimiento del contrato o de los programas. Si no lo hacemos, la política perderá su utilidad y solo servirá para que algunos se beneficien de nuestra desidia, que es lo que precisamente está ocurriendo.

Pero hablemos de los ejes de acción de una alternativa transversal, el primero es recuperar el poder para el ciudadano, que es quien debe decidir y revocar las decisiones de los políticos, pero no cada cuatro años que es demasiado tiempo, sino de forma permanente. Eso implica mayor participación política de los ciudadanos, y hoy las democracias occidentales están en circunstancias que lo pueden permitir. Si hay días de permiso para los delegados de los sindicatos, como no va a haberlos para los ciudadanos que se comprometan con la política y tengan que tomar una decisión sobre algún tema en el que participan.

Los ejes de acción son importantes en las políticas transversales, que renuncian a imponer su ideología con tal de lograr los objetivos deseados más allá del consenso, sencillamente con racionalidad.

Retornemos al problema del empleo, los partidos de izquierda fundamentan su solución en la concesión de ayudas a los trabajadores, con lo que terminan educándolos en el no hacer, los partidos de derechas conceden las ayudas a los empresarios, con lo que acaban llevándolos a la dependencia del Estado. Los partidos transversales marcan objetivos para trabajadores y empresarios, que estos estarán obligados a cumplir si quieren acogerse a las ayudas, por ejemplo determinadas medidas de cogestión.

El Estado no puede ser paternalista ni anónimo, no se puede decir como hace poco se le escuchó a una ministra socialista que el dinero público no es de nadie. No señora, el dinero público es de todos y precisamente el que considere que no es de nadie debe quedar muy alejado de su utilización.

Resumiéndolo todo, libertad e igualdad son las alternativas, de forma concomitante, no menos libertad para lograr más progreso, o viceversa. Si no hay libertad surgen los dogmas y las sectas, si no hay igualdad, los privilegios y las bendiciones. Necesitamos laicidad política para tomar las mejores decisiones sin fundamentarnos en creencias ideológicas absolutistas que siempre conducen al totalitarismo.

Necesitamos separación de poderes: legislativo, ejecutivo, judicial, económico y mediático. Necesitamos romper el totalitarismo feudal en el que vivimos, elevando el poder social por encima de todos los demás, y esto solo se puede hacer desde la conquista de las decisiones políticas por parte de los ciudadanos.

Seamos ambiciosos y dejemos de mendigar lo que nos corresponde en justicia. Un político es alguien contratado para organizar los servicios públicos, el Estado del Bienestar, el curso de nuestras vidas. El voto esclavo debe desaparecer, para convertirse en sufragio libre.

Enrique Suárez Retuerta

sábado, 22 de diciembre de 2007

La transversalidad política a debate (y 7)

Cada tiempo su arte

La historia es un lastre, tanto la remota como la inmediata, las definiciones ideológicas conflictivas provienen de nuestro pasado, más que del presente; el tradicional maniqueismo político entre la izquierda y la derecha, que ocupa la realidad existente, está trasnochado y debe superarse de forma definitiva. Debemos despejar el camino hacia el futuro de los escombros que nos ha legado el paso del tiempo. Hay que apartar del camino lo que ha mostrado su inutilidad al propósito de mejorar el bienestar de los ciudadanos, por haber alcanzado en nuestros días un conflicto dialéctico irresoluble.

Pero renunciar a la historia, no supone en ningún caso olvidarse de lo logrado hasta ahora, ni prescindir de lo que ya hemos conseguido, eso sería una estupidez solemne. La propuesta es renunciar al actualismo o uniformismo que pretende encontrar en el pasado las respuestas al futuro. El pasado tuvo su coyuntura, el presente tiene la suya.


Un movimiento que pretenda renovar o redimir los logros del socialismo, está condenado al fracaso en su mismo origen, porque el socialismo se dirige a marchas forzadas hacia la transitoriedad, hacia la transversalidad, pero para lograr ese objetivo debe abandonar el sectarismo que le caracteriza.

El socialismo se fundamenta en la división de la población en clases sociales por su relación con los bienes de producción, categorías que no se corresponden con la estructura existente de la población en las democracias avanzadas. Hay empresarios menos afortunados que muchos asalariados y rentistas del trabajo que sobrepasan con creces en sus ingresos a pequeños propietarios.

El conflicto no existe entre diversas clases de ciudadanos, sino entre los ciudadanos y un establishment formado por los políticos, los diversos agentes del Estado, los medios de comunicación, las entidades financieras y las grandes empresas.

Los ciudadanos como prioridad

Todos los ciudadanos somos productores y consumidores, contribuyentes, electores, receptores de servicios públicos y privados, tributarios de derechos y deberes, y en su conjunto, somos el sujeto último de la soberanía política. Los ciudadanos como categoría participamos de una igualdad política suficiente, que necesita ampliarse a numerosos ámbitos de nuestra vida.

Sin embargo seguimos siendo maltratados por los representantes políticos que hemos elegido, que se ocupan más de rentabilizar su posición para sus partidos y para sí mismos, que de velar por los intereses de los representados.

En cuanto a los partidos conservadores, de la derecha, ocurre otro tanto de lo mismo, avanzan también a marchas forzadas hacia la transitoriedad y la transversalidad. Estos partidos defienden la tradición, el peso de la historia, el principio de autoridad, una colección de valores y principios, y según dicen, nuestra libertad política, aunque en realidad defienden más la libertad de mercado que la de los ciudadanos.

Sin embargo, ocurre lo mismo que con la igualdad, los ciudadanos disponemos del rango de libertad política mínimo para ocuparnos de otras cosas, más allá de la posibilidad de elección entre alternativas cerradas, que es todo lo que nos ofrecen.

Los partidos socialistas defienden el Estado, y los partidos conservadores defienden el mercado. ¿Pero qué partido defiende a los ciudadanos contra los interese del Estado y contra los beneficios del mercado?

Es una falacia que la igualdad social garantice que haya igualdad entre los individuos, pero también que la acumulación de libertades individuales se transmute en una sociedad más libre. El socialismo se olvida de los ciudadanos porque los reduce a una única clase que denomina sociedad, los partidos conservadores se olvidan de los ciudadanos porque atribuyen a su libertad todos sus males y se desentiende de sus problemas y dificultades.

El socialismo ha fracasado en la organización productiva de la economía, sin embargo ha mostrado su ventaja en la redistribución de la riqueza de forma más igualitaria. Solo la producción del libre mercado puede sostener el Estado de Bienestar que actualmente disfrutamos, y que es un logro combinado de los partidos de izquierda y derecha europeos.

Igualdad-y-libertad, aquí y ahora

No hay redención posible, ni revisión aceptable. El sueño de la igualdad socialdemócrata solo se puede realizar desde la libertad de mercado. Pero el sueño de la libertad no puede trascender nunca el de la justicia, que al final debe encaminarse hacia la igualdad.

Dejemos de pelearnos por los fantasmas del pasado, solo hay una alternativa, el futuro. Sí la socialdemocracia no triunfa tendremos un mundo injusto, en que la disputa por los privilegios nos conducirá a conflictos irresolubles. Sí la libertad no triunfa, tendremos un mundo dogmático, cada día más sectario y fascista.

Únicamente la mezcla al mismo tiempo de ambos planteamientos podrá sostener la sociedad del futuro, cada una que aporte lo mejor, seamos generosos con la esperanza, y desprendámonos de la historia que nos impide desarrollarnos.

Pero el conflicto existente se puede resolver de dos formas, una externa que es la que soportamos en la actualidad, entre dos formaciones que se contraponen en todo lo imaginable, y que se desarrolla de forma episódica en relación con su alternancia en el poder; o bien pueden proveerse soluciones compartidas en origen, porque socialistas, liberales y conservadores conformen un mismo partido con una ideología transversal que ofrezca lo posible, lo aceptable, lo que puedas ser asumido por todos.

El agregado entre el socialismo y el liberalismo, las dos alternativas al mismo tiempo, puede convertirse en un movimiento político transversal que supera el conflicto existente y la consecuente parálisis en nuestro desarrollo.

La transversalidad se fundamenta en el respeto a la democracia, la justicia y la libertad, y su objetivo es incrementar la igualdad entre los ciudadanos, redistribuyendo la riqueza que proporciona el libre mercado, según criterios ecuánimes y no sectarismos partidistas.

Y que al mismo tiempo pretende superar todos los dogmatismos y fundamentalismos que impiden a los seres humanos ser ellos mismos, pensar por sí mismos, soñar por sí mismos, ser y sentirse libres. Los ciudadanos requieren igualdad y libertad al mismo tiempo, y una opción política que se fundamente en la justicia auténtica. La democracia es el medio, el bienestar de los ciudadanos es el fin.

Sin libertad no hay futuro, sin justicia no hay democracia, sin mercado no hay riqueza, sin diferencia no hay equidad, sin ley no hay igualdad, sin transversalidad no hay esperanza.


Enrique Suárez Retuerta

Publicados

Introducción a la Transversalidad Política
Transversalidad política: una propuesta racional
Transversalidad Política: una alternativa actual
Transversalidad política: renovarse para avanzar
Transversalidad política: orígenes del concepto
Transversalidad política: ciudadanos vs. políticos

jueves, 29 de noviembre de 2007

La transversalidad política a debate (6)

La política en España era el arte de lo posible, hasta que el PSOE de Rodríguez Zapatero triunfó en las elecciones de marzo de 2004. Desde entonces el debate político no ha dejado de degenerar hasta alcanzar las mayores cotas de depravación de la historia de la vigente democracia; la política en España ha dejado de ser considerada como arte para convertirse en un escenario imposible. Esto se lo debemos en su justa proporción al partido que gobierna, pero también a todos los de la oposición.

España necesita con urgencia una opción política transversal, que permita devolver la vertebración al debate político, y lo centre en dimensión a las demandas de los ciudadanos. Sirviendo además de fiel a la balanza con la que se pesa la realidad social en nuestro país.

Es inadmisible en pleno siglo XXI, por injusta, la desigualdad existente entre políticos y ciudadanos. Por eso se requiere la transversalidad, que se opone al poder vertical existente en los partidos políticos convencionales, en los que el peso del líder y su corte, es mayor que el de todos los militantes, y por supuesto que el de todos sus electores. Esta jerarquía prácticamente religiosa es un elemento de atraso para nuestra democracia, y proviene de los modelos clásicos de organización del poder, que seguían modelos absolutistas o teocráticos.

La realidad social ha cambiado, hoy en día, el nivel cultural del ciudadano medio le permite discriminar la información que recibe para saber decidir lo que le conviene. La voluntad general que Rousseau estableció en El Contrato Social, debe replantearse para adaptarse a las circunstancias actuales.

Los ciudadanos no necesitan ser representados políticamente como si fueran analfabetos, por la sencilla razón de que no lo son y pueden representarse a sí mismos, sabiendo perfectamente lo que les conviene. Debe erradicarse la tutela política de la ciudadanía que es un vestigio del pasado que resulta inadmisible en la actualidad.

Por el bienestar de nuestra sociedad, es necesario resolver la fractura existente entre ciudadanos y políticos, para permitir una continuidad entre los criterios e intereses de los representados y los de los representantes. Hay que acotar el poder a la transversalidad social, para devolver a la vida a nuestra agónica democracia

Los ciudadanos delegan su cuota de poder en los políticos periódicamente en las urnas, pero este modelo caduco debe dejar paso a nuevas fórmulas de participación permanente de los ciudadanos en la política. Los partidos políticos convencionales se han convertido con el paso del tiempo en fortalezas que impiden una relación cordial y mantenida entre los ciudadanos y sus representantes.

Es necesario caminar hacia la implementación de nuevos recursos que permitan no solo delegar el poder de forma democrática, sino revocarlo si no se cumple con el mandato conferido. La técnica lo permite, dejando la urna abierta para votar (o retirar, o cambiar el voto) de forma permanente, porque el crédito a los políticos no debe ser un cheque en blanco. El proceso electoral se ha convertido en contínuo gracias a los medios de comunicación y eso requiere que los votos se hagan relativos a las circunstancias cambiantes.

Para revivir la democracia el voto debe cobrar vida, y abandonar la momificación periódica. Con una posibilidad de revocación del voto, se podrían controlar las actividades de los que han decidido dedicarse a representarnos en gobiernos, parlamentos y municipios.

Revocar un político tendría que ser tan fácil como asistir a un cajero automático para sacar dinero o consultar la cuenta bancaria; los políticos elegidos en las urnas no rinden cuentas a los ciudadanos, hasta que concluye la legislatura, en la que enmarañan lo no hecho con un envoltorio de propaganda sobre lo hecho. Los partidos políticos en su cicatería detentadora han determinado una perversión del sistema político que conduce a la devaluación del mandato, del mandatario, y del que lo ha elegido.

Es hora de cambiar las cosas, el político se debe a sus electores antes que a su partido, y mientras sea más importante obedecer las directrices de su formación política que representar los intereses de sus votantes para un diputado, senador, concejal, alcalde o gobernante, se puede decir que la democracia está secuestrada por las cúpulas de los partidos políticos, de lo que se deriva un mecanismo de perpetuación no democrático que perjudica los intereses de ciudadanos y políticos, y solo beneficia a los partidos y a los que en ellos dominan la situación.

La transversalidad permite continuidad entre ciudadanos y políticos, porque el político no llega a perder en ningún momento, como ocurre ahora, su condición de ciudadano. El político ha de ser un ciudadano especializado, no miembro de una casta perniciosa y privilegiada. Es hora de que las costumbres arraigadas en la política española evolucionen, incorporando las nuevas condiciones culturales, económicas, y sociales que han surgido en nuestro país a lo largo de los últimos años.

La democracia se habrá consolidado en España el día que un ciudadano le envíe un e-mail al político que ha elegido, planteándole cualquier problema, y este le responda desde su máxima consideración y respeto.

Es necesario recuperar el respeto por los políticos, pero para que eso pueda ocurrir, los políticos deben comenzar a respetar a los ciudadanos, que no lo hacen, y no considerarlos como entes abstractas que les procuran el poder, para acabar creyendo en su fantasía que este les pertenece por una especie de transferencia mística o divina.

Los políticos, como personajes públicos, deben tener a disposición de sus votantes su agenda de actividades, el ciudadano tiene derecho a saber que es lo que hace con su confianza el político que ha elegido para representarle. La transparencia debe ser inherente a su trabajo.

Mientras los políticos no respeten a los ciudadanos, los ciudadanos no respetarán a los políticos, la abstención seguirá creciendo, y al final, los partidos se mantendrán en el poder exclusivamente gracias a su club electoral particular, que actuará desde el sectarismo, mientras que los no adscritos a ninguna secta política se quedarán sin representación, porque no acudirán a las urnas o lo harán para votar nulo o en blanco.

Si queremos evitar la parálisis del sistema, la congelación de la democracia, el bloqueo permanente de las decisiones y el desinterés progresivo de la ciudadanía por la cosa política, lo único que no debemos hacer es quedarnos sin hacer nada.

Hoy no es suficiente con hacer un cambio dentro de la política, como ocurrió en 1982 con el triunfo masivo del PSOE, o en 1996 con el del PP. Hemos alcanzado el final del camino iniciado en 1978, y se requiere un cambio de la estructura política, del marco institucional, de la Constitución, de la ley electora, que permita renovar el proceso democrático y contribuya a una nueva distribución mucho más limitada y controlada del poder transferido por los ciudadanos a los políticos en cada convocatoria a las urnas.

Un ciudadano no es solo un voto, es también un criterio y una decisión libres, el voto se puede transferir, pero el criterio y la decisión no, porque forman parte de la libertad y la identidad del ciudadano, pero si no sirven para nada su criterio y decisión tras depositar la papeleta en la urna, entonces ¿para qué sirve la libertad?.

Una oferta transversal que pueda transformar sin estridencias la situación de adolescencia política que hemos vivido durante el mandato de Rodríguez Zapatero, es precisamente lo que están demandando los ciudadanos de este país, evidentement no puede plantearse para las elecciones del 9 de marzo, pero si puede establecerse en el programa político de cualquier partido que es lo se piensa hacer para resolver el estancamiento refractario de la democracia, y las incongruencias que se han vivido precisamente durante esta legislatura.

Enrique Suárez Retuerta

Publicados

Introducción a la Transversalidad Política
Transversalidad política: una propuesta racional
Transversalidad Política: una alternativa actual
Transversalidad política: renovarse para avanzar
Transversalidad política: orígenes del concepto


viernes, 23 de noviembre de 2007

La transversalidad política a debate (5)

Hoy recorreremos los orígenes del concepto
"Transversalidad", que algunos de nuestros políticos posiblemente no lleguarán a comprender jamás..., porque no tienen tiempo para estas cosas.

La transversalidad es un invento reciente, sus orígenes epistemológicos se remontan a los años sesenta del pasado siglo, y viene a la realidad conocida de la mano de pensadores como Foucault, Derrida, Lyotard, Deleuze y Guattari. Es un producto netamente francés que surge a la sombra del estructuralismo de Lévi-Strauss, del psicoanálisis de Lacan, de la teoría general de sistemas, y de un incipiente constructivismo social, en el amplio paradigma relativista de la postmodernidad.

El término fue elegido por Félix Guattari, (aunque Sartre fue el primero en mencionarlo sin dedicarle demasiada atención), para definir desde el psicoanálisis la situación de las instituciones psiquiátricas, como sistemas o ecosistemas en los que todos sus actores, sean pacientes o asistentes, están interrelacionados por unas normas establecidas de antemano, que pueden asemejarse a lo que conocemos como guiones. En sus propias palabras, la transversalidad sería un continuo entre todas las subjetividades existentes en la institución, independientemente de sus vínculos jerárquicos. Ese contínuo es exactamente el que existen en cualquier sociedad, en el caso presente, podríamos hablar del contínuo entre ciudadanos y políticos.

En 1964, Félix Guattari publicó un trabajo: “La transversalidad”, en el que afirma que en toda existencia se conjugan numerosas dimensiones del deseo, de origen político, económico, social e histórico. Y aprovecha para criticar el reduccionismo racional y la excesiva psicologización de la sociedad.

Considera que el malestar individual no puede entenderse como ajeno a las dimensiones sociales y desde su reconocido marxismo, sugiere que el fantasma de castración es también una forma de regulación social establecida desde el capitalismo. Propone la idea de coeficiente de transversalidad para ilustrar las situaciones de ceguera institucional, no percibiendo lo que realmente ocurre en la realidad.

Al contrario de lo que se ha dicho, el pensamiento de Guattari no se propone introducir la política en el psicoanálisis, sino revelar que la política es condición previa del mismo inconsciente. Guattari considera que el psicoanálisis no solo tiene relación con las coordenadas míticas y relacionales invocadas tradicionalmente, sino que también es un producto construido con los materiales del ámbito social, económico y político.

Los contenidos sociopolíticos del inconsciente también intervienen en la determinación de los objetos del deseo, fundamentalmente en los que se relacionan con el poder. Considerando que las relaciones sociales son los flujos mecánicos con los que el inconsciente realiza su trabajo.

La transversalidad sería para este autor una dimensión contraria a las estructuras generadoras de jerarquización piramidal, fundamentadas en principios insoslayables de autoridad que son las habituales en la organización del poder. Al igual que los ejércitos, los partidos políticos se organizan en relación a una escala jerárquica que los atraviesa en su eje vertical, sin reconocer la auténtica estructura transvesal que devuelve a la autoridad humana y la libertad de cada uno de los elementos conformantes, el poder detentado.

El filósofo Gilles Deleuze, con el que más colaboró varios trabajos Félix Guattari, proporcionó el carácter ontológico a la transversalidad, considerándola como una distribución o circulación entre lo real y lo virtual. Es interesante contemplar como antes de la existencia de internet, este agudo autor comprendió el curso posible de nuestras vidas en un futuro inmediato, que es ya nuestro presente.

Glen Fuller, explica el concepto de una forma más literaria en su obra
"Acontecimientos mecánicos”, como un regreso a una fantasía dionisiaca en un universo que ha devenido exageradamente apolíneo.

Sería una forma de oposición, de rechazo, y de contestación, que nos conduce a la intuición de que existe una pluralidad racional (con múltiples referencias) que se opone a la supremacía de una racionalidad única, absoluta y dogmática (todavía teológica), heredada en nuestra cultura del cristianismo y del siglo de las luces.

Comprendida de esta forma, la tranversalidad deviene entonces como una pausa intencional para tomar conciencia, un método alternativo para remirar, releer y volver a releer aquello que aparece como establecido dentro de un orden que se percibe como inmutable, pero que no lo es evidentemente.

En este sentido, el concepto de transversalidad es inherente a la filosofía desarrollada por Edgar Morin desde el pensamiento complejo, en la que recomienda explorar nuevas formas de conocer y se prolonga hasta la transdisciplinariedad de Bassarab Nicolescu, que considera que la transversalidad es más importante que la trascendencia a la hora de comprender la realidad.

Según Hagenbüchle, la transversalidad permite crear una auténtica teoría GAP (“brecha”), una lógica polivalente que compite con la lógica bivalente tradicional, que es herencia implantada en nuestra cultura desde el maniqueísmo religioso y político, entre el bien y el mal, entre lo falso y lo verdadero, entre el poderoso y el desposeido. Desde la lógica plural, pensada desde la pluralidad, no hay necesidad de discernir entre proposiciones verdaderas o falsas, porque no es obligatorio determinar una verdad, sino transitar por el conocimiento de las cosas, por el mundo de lo posible y lo probable.

Welsch estudia la transversalidad y la delimita conceptualmente en su obra "Vernunft" publicada en 1996, pero previamente otros autores como Derrida hablando de traza, o los mencionados Deleuze y Guattari hablando del paradigma rizomático, se habían ido aproximado a la construcción del concepto.

La transversalidad evoluciona a partir de una racionalidad híbrida, y por qué no decirlo, mestiza, superando la racionalidad fundamentada en principios absolutos; la razón transversal no es un arché de algo establecido, ni una propiedad de principios asumidos, sino que es una planteamiento racional dinámico, un modus operandi que se refiere más a los procesos, que a las estructuras o las funciones.

Pensar la pluralidad existente en nuestro era global, exige un replanteamiento de la razón desde la transversalidad, tanto frente al rechazo total de la misma por el relativismo más radical (máxima pluralidad), como frente a la hipóstasis idealista defendida por posturas reaccionarias (máxima unidad).

En relación al poder, Foucault considera que cada época histórica pone en funcionamiento mecanismos transversales específicos en su organización, para lograr disciplinar a los actores sociales en la búsqueda de la cohesión colectiva que necesita para perpetuarse.

Este controvertido autor, se ocupa de analizar con su gusto por arqueología cultural, las instituciones en los siglos XVII y XVIII, en diversos canales como la educación, la religión, la producción, la justicia, la salud, el sexo o la violencia, y sus materializaciones insitucionales en colegios, fábricas, cuarteles, prisiones, u hospitales, y considera que en todas ellas el poder en manos de los usurpadores, atraviesa sus estructuras y funciones (proceso) de forma similar para lograr su propósito definitivo de dominación colectiva y permanente.

Tras este recorrido sobre la epistemología del concepto que nos ocupa, la transversalidad, hemos llegado al análisis del poder; las alternativas dicotómicas, fundamentadas en el eje político izquierda-derecha están completamente superadas en un mundo global, extraordinariamente plural como el que vivimos. En la era de la cibernética no se puede seguir contando con los dedos de la mano.

Las soluciones a los problemas políticos actuales, no pueden provenir de la elección exclusiva entre la oferta de dos alternativas posibles, ese modelo de funcionamiento racional bipolar es demasiado simple y solo se mantiene vigente, porque los partidos políticos convencionales permanecen anclados históricamente en el mundo maniqueo de la guerra fría, del franquismo, de las creencias que ofrecen cielos propios e infiernos ajenos.

Al votar al PP y al PSOE se está apostando por el conflicto, por el combate entre dos posiciones irreconciliables a la hora de encontrar soluciones adecuadas para los problemas sociales que asedian el bienestar de los ciudadanos en una democracia que se supone avanzada, en un país que es la octava economía mundial.

No podemos conformarnos con un PSOE que diga que su prioridad es luchar por acabar con la pobreza, y con un PP que diga que lucha por incrementar la riqueza, porque lo que realmente necesitamos es la interacción de ambas alternativas al mismo tiempo, y ninguno de ellos es capaz de ofrecerla.

No podemos conformarnos con un partido que nos conceda igualdad al precio de recortar la libertad de todos, ni con otro que nos proporcione libertad incrementando los privilegios de algunos.

Necesitamos igualdad-y-libertad para todos, en el respeto de la pluralidad que sea posible en nuestra Constitución, necesitamos que la democracia avance hacia un sistema más justo y equilibrado, y para ello se necesita que la la lucha por alcanzar mayores cotas de igualdad y libertad se den al mismo tiempo, en un mismo proceso.

Es hora de que los españoles demos un paso hacia delante, y no nos conformemos exclusivamente con ejercer nuestro derecho democrático de acudir a las urnas cada cuatro años, el futuro requiere que utilicemos la inteligencia política que permita elegir la alternativa que más se aproxime a nuestras necesidades, la que nos resulte más adecuada. No podemos seguir adaptándonos exclusivamente por acomodación a las propuestas de grandes maquinarias electorales de los partidos políticos convencionales, que tienen más interés en autoperpetuarse que en incrementar nuestra calidad de vida, nuestro bienestar, nuestra felicidad.


Enrique Suárez Retuerta

martes, 20 de noviembre de 2007

La transversalidad política a debate (4)

Continuamos hablando de la transversalidad

La realidad a la que accedemos por nuestros sentidos, desde nuestra experiencia, lo que conocemos y sobre lo que podemos razonar, no es toda la realidad, precisamente de esa percepción inacabada de las cosas surgen numerosos conflictos que derivan en ideologías y planteamientos éticos diferentes. Siguiendo a Spinoza en su Ética, una ideología no se puede juzgar a priori como mejor que otra hasta que no se conocen sus consecuencias.

Solo las realidades cerradas, por ejemplo las figuras geométricas, permiten contemplar una realidad semejante desde distintas posiciones, pero la vida, el ser humano, la sociedad, o la política son realidades que nada tienen que ver con los poliedros, por mucho que se hayan empeñado algunos materialistas en cerrar las categorías desde la reificación.

Los políticos de los partidos convencionales, a la izquierda y la derecha de la frontera que les distingue en su maniqueismo, están imbuidos de la bondad absoluta de sus criterios, y de la situación privilegiada de sus posiciones para observar correctamente la realidad. Pero a su pesar, se equivocan y de sus errores proviene el conflicto, la deceleración y el estancamiento evolutivo del logro de mayores cotas de bienestar para los ciudadanos.

Dado un determinado problema, por ejemplo la elevación de los precios, las acciones políticas variarán según el criterio previo de los actores. Los partidos de izquierda se ocuparán de que eso no afecte demasiado a los grupos de la sociedad que se encuentran más deprimidas económicamente, los partidos de la derecha tratarán de que de que no suban demasiado los tipos de interés porque al reducirse la demanda disminuirá el vigor económico y esto traerá como consecuencia más inflación, desempleo y empobrecimiento.

Sin embargo, si se les pregunta por la acción del adversario ambos dirán que el rival está cometiendo un error, desde la transversalidad se considera que ambas alternativas son correctas y además necesarias, y sería un error prescindir de alguna de ellas. La izquierda dice que es necesario resolver la pobreza, la derecha dice que la mejor forma para conseguirlo es incrementar la riqueza.

La transversalidad política permite traspasar la delgada línea que separa a la izquierda de la derecha y establecer alternativas viables, según lo demanden las circunstancias, y según la disponibilidad de recursos que se puedan ofrecer, prescindiendo de los dogmatismos, y estableciendo el diálogo como vía de acceso a la solución, unas veces en forma de consenso y otras en forma de agregación.

Para que un automóvil circule por una autovía, lo primero que se necesita es una autovía y un automóvil. En este caso, como en otros muchos, es una tontería plantearse la cuestión en términos de prioridad, se necesitan ambos elementos para que la acción sea posible, y no es necesaria la discusión, ni el debate. Otra cosa es por donde debe pasar la autovía y que marca de automóvil se elegirá. Eso si requiere discusión.

El problema de la política en España es que dado el estado de crispación, enfrentamiento y exaltación del conflicto, se ha llegado a discutir sobre las cosas más absurdas sin ningún sonrojo por parte de los políticos, que prescinden de la mínima racionalidad para establecerse en idealismos beligerantes y fanáticos contra el adversario.

En toda la legislatura no se ha visto al PP reconocerle al PSOE que haya hecho algo correctamente, mientras que el PSOE ha pretendido aislar al PP hasta de la oportunidad de que expresara su criterio, diciendo algo así como que sabrán estos “carcas”. Así no vamos a ningún lado, porque lo que se ha conseguido es precisamente que las cosas de la política en este país hayan dejado de ser normales, para alcanzar en muchas ocasiones el grado de extravagancia.

Desde la transversalidad se puede decir abiertamente que tanto el PSOE como el PP se han equivocado, y que desde la disensión permanente no se puede alcanzar ninguna alternativa de futuro que sobrepase una legislatura.

Uno de los problemas más graves que sufren los políticos españoles es precisamente la visión de la realidad desde una perspectiva y un criterio absolutistas, sin reconocer que su percepción de la misma es incompleta, que debería ser relativa. En el caso de los nacionalistas esto se exacerba con sus particularidades respectivas.

Los ciudadanos somos los principales perjudicados de sus desacuerdos, pero como todos los partidos políticos españoles se mueven en ejes longitudinales, con una trayectoria histórica de competición con sus rivales, que además procuran exagerar para distinguirse del otro y dejar su identidad bien definida, pues mal remedio llevan las cosas.

Estamos condenados a vivir una y otra vez la guerra civil y a permanecer atrapados en un bucle del tiempo. Tal vez sea cada día más necesario que en España vivamos una experiencia de encuentros en la tercera vía, que es precisamente donde nos encontramos la mayoría de los españoles, porque son minorías las que piensan que el PSOE, el PP, y los nacionalistas e incluso todos a la vez, tienen toda la razón durante todo el tiempo y en todas las situaciones posibles.

Eso es totalitarismo y los españoles estamos hartos de que nos digan que si no hacemos caso a lo que nos dicen nos equivocaremos, pues va siendo hora de que cometamos algún error por nosotros mismos como ciudadanos, después de soportar durante siglos todos los errores que han cometido los políticos en gobiernos y oposiciones.

Todos los partidos del espectro político español actual son herederos del franquismo y del antifranquismo, y va siendo hora de que las cosas dejen de estar atadas y bien atadas como a ellos les conviene, para seguir resolviendo la guerra civil española eternamente.

Eso se puede lograr hoy en día exclusivameente desde la transversalidad política, desde alguna formación política que no tenga la necesidad permanente de seguir mirando al pasado. Y precisamente hoy, es un buen día para recordarlo.


Enrique Suárez Retuerta

viernes, 16 de noviembre de 2007

La transversalidad política a debate (3)

Una de las características que distingue las posiciones transversales en política de sus rivales, es la exaltación de lo actual, el objetivo puntual de resolver los problemas del presente, con la finalidad de alcanzar el futuro sin permanecer atrapados por la historia.

Los tiempos cambian y las alternativas para resolver los problemas también. André Gide, dividía la actitud de las personas ante las dificultades en dos categorías: crustáceos y sutiles. Los crustáceos son los que se empeñan en seguir aplicando los mismos remedios a los problemas cuando las circunstancias han cambiado, mientras que los sutiles se adaptan a las circunstancias.



En nuestro país, el PSOE y el PP son "partidos crustáceo", porque siguen buscando que los ciudadanos se adapten a sus propuestas, en vez de adaptar sus propuestas a las necesidades, actuales y reales, de los ciudadanos. De esta forma las alternativas políticas más votadas, deambulan por un mundo fantástico que poco tiene que ver con la realidad del país.

La política transversal actúa en sincronía con los recursos disponibles, no con los imaginados. El mesianismo de Zapatero en su partido, o la actitud monástica de Rajoy de orden y disciplina en el suyo, son una misma cosa, más de lo mismo. Tratan de convertir ciudadanos a sus respectivas formas de ver las cosas, cuando son ellos los que deberían de acoplarse a las necesidades de los ciudadanos.

La historia no pesa demasiado en la transversalidad, pero evidentemente no se desconoce, ni se desestima, aunque no se considera un recurso imprescindible a la hora de establecer la hoja de ruta hacia el futuro, y por lo tanto se utiliza con menos frecuencia como recurso indispensable. Ni las glorias, ni las humillaciones, ni los mitos, ni los ritos del pasado deben de atenderse de forma obligatoria.

Hay una necesidad de arrepentirse de los errores cometidos que impide actuar y avanzar hacia el futuro, de expiar las culpas, de exigir actos de contrición, de apiadarse de las víctimas, que bloquea el acceso hacia el futuro. Todo esto resulta demasiado religioso, cristiano, católico, por eso desde la transversalidad se elige la laicidad, que no el laicismo, que es otra forma de fundamentalismo

Durante la presente legislatura se han dedicado ingentes cantidades de energía y ríos de tinta a resolver el pasado, cuando el pasado no puede resolverse, hay que aceptarlo y punto. Esa fantasía de revocar la historia solo es propio de los movimientos fanáticos de otras latitudes.

España es un país de tradición cristiana innegable, y el gusto por el sacrificio ha sido una constante durante buena parte de nuestra historia. Ese culto a la muerte se observa en la veneración de la izquierda por la memoria histórica y la de la derecha por las víctimas del terrorismo.

Pero cabe preguntarse, ¿puede aceptarse que la política de este país se guíe fundamentalmente por presupuestos de tanatocracia?. Evidentemente no.

No se pueden olvidar a los muertos, y además no se debe. Como tampoco se pueden obviar las injusticias, ni escamotear su reconocimiento. Pero la muerte no puede ser el eje principal de la política de este país de ninguna forma, como tratan de convencernos desde el PSOE, IU, PP y los partidos nacionalistas, salvo que queramos construir una pirámide. Parecemos egipcios, la vida al servicio de la muerte.

Desde la transversalidad se actúa sobre los hechos, por supuesto, sin tratar de crear doctrinas, sino soluciones a los problemas; no se busca es mantener vivo y perenne el victimismo, para hacer culpables a los rivales de los crímenes cometidos. Eso es una barbaridad inadmisible. El revisionismo inmanente que los españoles hemos soportado a lo largo de esta legislatura es sin duda una forma de patología política.

Y seguimos atrapados en el presente tratando de congelar del tiempo, como si el “y tú más” sirviera para algo. Los crímenes del franquismo no van a resolverse equilibrándolos con los crímenes del terrorismo marxista-leninista de ETA o las barbaridades de las izquierdas revolucionarias en la II República.

No hay Salomón, ni juicio, por que España no es un niño recién nacido, y mucho menos el PSOE o el PP tienen derecho de maternidad, a buena hora pedir generosidad con la vida a estos iconoclastas de la muerte. Está claro que en todas partes cuecen habas, pero aquí la paja del ojo ajeno se ve con la lupa de la viga del propio.

¿Está claro que no hay solución con la Ley del Talión?, debería de estarlo de una puñetera vez, porque es muy sencillo comprenderlo si se quiere, pero no se quiere, porque interesa políticamente que las llamas votivas sigan consumiendo la esperanza.

Hay que pasar página y enterrar a los muertos de todos los bandos como corresponde, haciendo justicia, pero no política con ellos, y dejarse de cortinas ajironadas de sangre para velar los problemas de nuestro tiempo, los realmente existentes.

ETA es un problema vigente, al igual que las actitudes sectarias de los nacionalismos, y eso hay que resolverlo aquí y ahora, sin jugar a la prestidigitación de sacar conejos de la chistera para aliviar artificialmente el marasmo de la audiencia ciudadana, con la promesa de justicia infinita que nunca se logrará, o de paz eterna de cementerio.

¿Como va a resultar posible progresar en nuestro país si estamos regresando continuamente al pasado?. Del mito del eterno retorno, se pasa directamente a un eterno retorno al mito, y eso es precisamente lo que nos está ocurriendo.


Enrique Suarez Retuerta

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...