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domingo, 1 de marzo de 2015

No está todo perdido, nos queda rezar en arameo



"¿No es vergonzoso que los fanáticos muestren demasiado interés y los sensatos no?"  Voltaire

Al contrario de lo que pudiera parecer, la tan celebrada sociedad de la información no está contribuyendo a despejar las incógnitas existentes en la realidad por medio de la razón, sino contribuyendo a crear nuevos simulacros y creencias erróneas en mucha gente, por supuesto en algún nefando interés de los que pretenden seguir tirando de los hilos que rigen nuestras vidas títeres desde el poder, para acumular más beneficios y privilegios.

Vivimos en un sistema totalitario en el que se exterminan los pensamientos independientes, como nunca antes había ocurrido en la historia. La atención que se concede a una reflexión sosegada, concienzuda y elaborada con esfuerzo y trabajo, es incluso menor que la que se otorga a un chisme,  del gilipollas de turno que sale en la tele gracias a su tronadura.  El Almodóvar de moda que cocina el engendro debe estar satisfecho de representar el mundo a su imagen y semejanza.

Ortega y Gasset nos había ofrecido en La Rebelión de las Masas, allá por 1930, un retrato del enfangado territorio en el que se iba a introducir la humanidad, y apenas existían medios de comunicación acríticos, al servicio del poder, por entonces. La condición humana, desde la perspectiva social, es tenebrosa, prueba de ello son las barbaridades que acontecieron desde la creación de los totalitarismos del siglo pasado, pero no menos abrasivos que los totalitarismos del presente. Lo social es el vaciamiento de lo humano, por mucho que se empeñen en convencernos de lo contrario los que viven de ello.

Y ocupándonos de nuestro país, que al fin y al cabo es en el que vivimos, sólo hay que visitar algún grupo de Facebook para comprobar lo lejos que estamos de alcanzar algún tipo de sentido común compartido. Mientras unos defienden desde el apoyo al gobierno que vivimos en el mejor mundo de los posibles, que en España no hay problemas importantes y que estamos saliendo de la crisis económica, otros dicen tonterías del calibre de dedicar el 150 % del PIB, por supuesto extraído de más deuda pública, a resolver el problema del paro creando trabajos públicos, como si de ellos se derivara riqueza y no consumo de la riqueza que proviene, precisamente de las actividades privadas. Lo público siempre es un gasto, no un ingreso. La mejor forma de apagar un fuego todo el mundo sabe que es con gasolina.

¿Y cuántos dicen que ambas posiciones, la de la casta y la de podemos son una farsa que trata de retratar una realidad inexistente?, pues una escasa minoría, seguramente habrá más gente que lo piensa, pero los que lo decimos somos muy pocos y además estamos condenados a soportar las impertinencias de algunos imbéciles que piensan que en este mundo sólo que ellos piensan, sienten y conocen es la única verdad posible, como si fueran del Estado Islámico.

La pregunta que surge es de donde han salido estas generaciones atrofiadas que han estado expuestas al sistema educativo que se ha llevado más recursos en la historia de este país, que han tenido a su disposición más oportunidades que ninguna generación anterior de españoles y que están condenados a vivir la vida más miserable gracias a las creencias erróneas en las que los han introducido los vendedores del milagro de que si creen en ellos todo en su vida se resolverá. Decía Herbert Spencer, un personaje que ha sido demolido por los pensamientos doctrinarios de las izquierdas y las derechas desde hace décadas, que una verdadera educación debe enseñar a la gente a gobernarse a sí misma y no a ser gobernada por otros. Algo tan sencillo de entender es un anatema en estos tiempos.

En España las directrices de la educación están sometidas al poder de turno, los directores de los colegios e institutos son nombrados por el poder político vigente en sus territorios, más por el carnet que portan, que por la adecuación que se desearía. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos públicos, la sanidad, las obras públicas, la justicia, las administraciones públicas, las dependencias municipales, todo está contaminado del poder de turno, ahora uno, luego otro, y eso se paga muy caro.

Menos mal que ahora está la alternativa de Podemos, para reforzar lo hecho con anterioridad por la casta, y en la estela de personajes como los Castro, Chávez, Maduro o Ahmadineyad, convertir a la fe paulista a todos los desesperados por el despojo al que han sido sometidos por el poder. Progresar hacia el tercermundismo, fue la profecía que han hecho posible entre Zapatero, Rajoy y Pablo Iglesias, no hay otra alternativa posible con esta gente que irnos a la mierda como país.

Con estas soluciones, creo que vamos a tener problemas para largo y que los que viven de que los tengamos, están blindados contra cualquier vicisitud miserable que acontezca en los ciudadanos de a pie. La nueva aristocracia está dispuesta para seguir ejerciendo el poder desde la misma configuración que la vieja aristocracia. Las castas y sus intereses pueden seguir tranquilos, porque para resolver los problemas que han creado a los ciudadanos, ahora tenemos una opción que está dispuesta a hacerlos buenos creando muchos más problemas.

Como los creyentes no se hagan demócratas y espabilen, creo que tenemos asegurado para las próximas décadas un país que cada día se va a deteriorar progresivamente. ¿Acaso no fue lo que quiso Zapatero con sus ocurrencias? Ni Franco se atrevió a hacernos vivir en el ámbito de la barbaridad y el esperpento como el contador de nubes, del que Pablo Iglesias es su sucesor más aventajado, porque Pedro Sánchez es simplemente un aprendiz. Rajoy es su sosias, el alter ego de la catástrofe mental que conlleva la acefalia y el despotismo. Estos personajes de sainete y farsa son los que deciden nuestro destino, gracias a los que se creen demócratas votando por ellos.

Que baja ha caído la política en España, tanto que si desapareciera y fueran exterminadas sus estupideces, creo que viviríamos felices. Votar por imbéciles, no resuelve el despotismo de un sistema político con apariencia democrática, al contrario, lo perpetúa.

Enrique Suárez

viernes, 16 de enero de 2015

Consecuencias de la deflación para los ciudadanos





Los precios en España se han reducido en un 1 %  en diciembre de 2014 con respecto al año anterior. Según el FMI,  dos trimestres consecutivos con bajada de precios, deben considerarse como deflación.  Pero ¿qué es la deflación?, ¿cómo afecta a nuestras vidas? 


Trataré de exponer a continuación, algunas de las consecuencias que pueden producirse en nuestras vidas relacionadas con este pernicioso fenómeno que, por ejemplo, ha mantenido a Japón en una crisis prologada de 25 años.


La deflación es en realidad una consecuencia de la reducción de la demanda agregada, por decirlo en cierta forma es un retroceso en el consumo de bienes y servicios que se va reduciendo progresivamente, en una espiral, algo que se va manifestando en la reducción de precios.


España ha entrado en deflación por la bajada de los productos del petróleo, pero hay que tener en cuenta que tras Grecia, es el segundo país del mundo que más deflación ha tenido el año pasado. No solo la bajada de los carburantes explica la deflación en España, el elevado paro, la escasa liquidez y las deudas acumuladas, tienen algo que ver también en el fenómeno, y por supuesto, las nefastas políticas de falsa austeridad que ha promovido el gobierno, siendo austeridad para los ciudadanos, pero no para los que detentan el poder, que todavía han incrementado más el gasto público.


Si la gente no consume, los precios disminuyen, pero las empresas productoras sólo pueden abaratar sus precios hasta un límite, porque a partir de ahí se producirán pérdidas. Antes de eso las empresas abaratan costes y entre ellos los laborales son los primeros, por lo que la deflación es una presión que incrementa el desempleo.  En un país como España con cotas de desempleo del 24 % esto puede tener unas consecuencias funestas, porque cuanto más se reduce el empleo y los salarios, más se sigue reduciendo el consumo. El valor 100 de diciembre de 2014 es hoy 99, es decir, el valor se ha devaluado, pero sigue costando prácticamente lo mismo.


Por otra parte, al saber que los precios tienden a la baja, se difiere el consumo, si alguien tiene que comprarse una vivienda o un vehículo, espera, pues sabe que los precios seguirán bajando, esto también reduce la demanda de viviendas y vehículos, que actualmente se encuentran ya subvencionados en su compra, y también contribuye a reducir los trabajadores en los sectores afectados. Lo mismo se puede decir de electrodomésticos, o bienes de cierto valor, pero también de los de valor mínimo, por ejemplo la alimentación, se reduce la demanda de productos de más valor y se incrementa la de los de menos valor, por lo que los productos de alto valor no resultan rentables y empiezan a desaparecer del mercado produciéndose escasez.


Al mismo tiempo se incrementa el valor de las deudas, la reducción de los salarios que es una consecuencia de la deflación, termina haciendo que las deudas cada día requieran más horas de trabajo para pagarlas. Quien tiene una hipoteca de 100.000 euros y ve que su salario se reduce un 10 %, en realidad es como si su deuda se hubiera incrementado a una deuda de 110.000 euros. Como la gente tiene que pagar sus deudas de forma prioritaria, el dinero libre del que disponen cada día es menor y eso reduce aún más el consumo.


Cuando los precios caen, el dinero se vuelve más valioso porque la misma cantidad de euros compra más, es decir, aumenta el poder adquisitivo de los consumidores. Por eso los que tienen unos ingresos fijos como los pensionistas o muchos funcionarios, salen, a la larga, beneficiados, porque aumenta el poder adquisitivo de sus ingresos, mientras que todos los demás sectores de la población se ven perjudicados. El que tiene dinero, tendrá más dinero, y el que no lo tiene, tendrá más deudas. La deflación beneficia a los ricos y perjudica a los pobres.


En circunstancias sin crisis económica, los gobiernos podrían cambiar el sentido del índice de precios con inversiones públicas, pero con la elevada deuda pública que hay en España y con el elevado déficit público, esto resulta imposible. La deflación es una presión sobre el gasto público que debe reducirse, pues el Estado recauda menos al contraerse la economía y existir menos consumo. La deflación repercutirá de forma negativa sobre las inversiones públicas y los empleados públicos que tenderán a reducirse. En cuanto a las medidas monetarias, al ser España un país miembro de la unidad monetaria no depende de sí misma para aplicarlas y como otros países como Alemania o Francia, luchan por no entrar en deflación, tratarán de aplicar políticas de rescisión de grandes inversiones en Europa.


Independientemente del crecimiento que se supone que España tendrá en 2015, próximo al 2,5 % según los más optimistas, la bajada de precios contrarrestará los efectos positivos del crecimiento. Solo una reducción del gasto público podría permitir realizar inversiones públicas para incrementar los precios, el empleo y la demanda de los consumidores,  pero eso no debe entrar en los planes de los numerosos gobiernos que hay en España, que siguen exigiendo austeridad a los españoles, con una carga impositiva cada vez mayor, mientras que se despilfarra en gasto público suntuario e innecesario buena parte de las oportunidades que nos quedan de no entrar en una recesión para varias décadas. 


Enrique Suárez
  

domingo, 11 de enero de 2015

Amenazas a la libertad de expresión y la democracia





Millón y medio de europeos se han reunido hoy en París para protestar contra los crímenes cometidos por terroristas islámicos en la capital francesa, contra doce periodistas, cinco judíos (uno era periodista) y dos policías. Además, hay varios heridos de pronóstico diverso. Los países occidentales se han levantado para defender la libertad de expresión ante la acción de estos seguidores del Estado Islámico o Al Qaeda.

Parece que todo comenzó cuando los periodistas de Charlie Hebdó decidieron publicar viñetas con la efigie de Mahoma, algo inaceptable para un musulmán y digno de fatwa por parte de los más radicales. Ese es el origen que se atribuye al atentado, pero en realidad también puede tener relación con los bombardeos contra las fuerzas del califato islámico en Siria, o la ocupación de países como Afganistán o Irak por fuerzas occidentales.

En Occidente ha habido opiniones para todos los gustos en cuanto a la reacción que se merecía esta ofensa a los valores occidentales, reunidos en la libertad de expresión de unos periodistas a publicar lo que bien les venga en gana, mientras que los musulmanes más radicales, según los valores que defienden, consideran que esto es inadmisible y una afrenta tan enorme a su fe que merece la ejecución. Valores contra valores no es la cuestión a dirimir, sino más bien el derecho a decidir que algunos se atribuyen a eliminar a otros que no piensan como ellos

La cuestión no viene de ahora, esta acción contra la libertad comenzó públicamente –antes se hacía de forma velada- cuando los seguidores del ISIS comenzaron a filmar como degollaban a periodistas y otros ciudadanos occidentales, y hacerlo público en las televisiones. En aquella ocasión no había ofensas a Alá, simplemente que los sacrificados estaban allí y fueron ejecutados para mostrar a Occidente de lo que es capaz un talibán con una faca cuando tiene un ciudadano occidental arrodillado y maniatado ante una cámara, para escarmentar en los cuellos de las víctimas a todos los occidentales que se atrevan a cuestionar la fe musulmana.

Hace dos años escribí un artículo defendiendo el derecho a la libertad de expresión de los periodistas de Charlie Hebdó,  al mismo tiempo, que acusaba a Ban Ki-Mon, Secretario General de la ONU de no cumplir con la defensa y proclamación de la Carta de los Derechos Humanos de la organización que dirige, y cuestionando su invitación a la autocensura y a no abusar de la libertad de expresión.

En realidad estamos hablando de categorías diferentes, no es lo mismo mofarse de una creencia, que acabar con la vida de quien lo hace. Occidente viene superando desde hace siglos el axioma clásico de que las doctrinas están por encima de las vidas humanas. Nos costó muchos siglos lograrlo, para retroceder ahora, porque otros ciudadanos de este mundo prefieran vivir en cotas de civilización más propias del siglo XVI, que del siglo XXI.

En Occidente, sin embargo, al contrario de lo que parece que ocurre en los países musulmanes donde nadie se enfrenta a los matones extremistas y radicales, tenemos una legión de parásitos de la democracia, afincados en el totalitarismo, tanto por la izquierda como por la derecha, como por opciones nacionalistas, altermundistas, o ecologistas que comparten con los talibanes musulmanes que el progreso consiste en retroceder, eliminar el capitalismo, acabar con el Estado, romper con el Estado de Derecho, crear una justicia popular e imponer sus consignas y morales a todo bicho viviente. Lo más alarmante, es que estos enemigos de otra libertad de expresión que no sea la suya hoy se sientan en parlamentos y representan a numerosos ciudadanos.

Todas estas opciones políticas que nos invitan a abrazar el tercermundismo y abjurar de la libertad de expresión para aceptar como únicas verdades las que ellos nos ofrecen, no son menos talibanes que los del Estado Islámico o Al Qaeda, porque estarían dispuestos a exterminar cualquier opción que no fuera la suya con tal de alcanzar el poder e imponer a los que no piensen como ellos su sacrosanta voluntad, es decir, su creencia y su forma particular de ver las cosas, en este grupo tenemos desde opciones como Podemos o Syriza, hasta otras como ERC o Bildu.

Por otra parte, tenemos en España unos representantes políticos que han abusado de su poder durante los cuarenta años que lo han detentado en nombre de la democracia y a su pesar, auténticas tiranías partidarias y electorales, intransigentes, excluyentes y aberrantes, que han convertido el caciquismo, el nepotismo, el expolio de los recursos generales en interés particular, la falta de respeto a la democracia en su hábito y han colonizado las administraciones públicas con una casta indecente de empleados públicos a su servicio, formados por familiares, amigos,  vecinos y gente de sus respectivas sectas.

En este grupo de privilegiados, al que se ha bautizado hace años como Casta, se encuentran todos los que han vivido a costa del poder y la representación pública en la democracia española, unas veces gobernando y otras en la oposición, desde el PP al PSOE, desde CIU al PNV, con IU, C´s, UPyD y otros partidos, para hacer de comparsa, cobrando lo mismo. Su forma de tratar a los ciudadanos como idiotas, estableciendo un sufragio censitario encubierto en el que sólo pueden ser representantes públicos aquellos que imponen las cúpulas de los partidos para que la gente decida entre los que otros han elegido, también es una invitación al tercermundismo, a la farsa democrática y a la más deleznable de las imposturas. Con esta gente no se puede avanzar, porque siempre nos mantendrán en el espacio demagógico que les conviene a ellos, en la libertad de expresión que nos concedan, en el mundo que les benericie, apoyados por los medios de comunicación que patrocinan y por la justicia que organizan a su servicio, que junto con los dos millones de colocados en administraciones públicas y empresas públicas, forman una singular casta de poder, que trata a los ciudadanos como si fuéramos auténticos parias.

Los españoles nos enfrentaremos en las próximas convocatorias electorales a toda esta gente empeñada en mantenernos en la oscuridad democrática y llevarnos al tercermundismo, por la vía rápida de los primeros, o por la sutil de los segundos. La pregunta que cabe hacerse es quien está atentando contra la libertad de expresión realmente en los países occidentales, y en particular en España, ¿unos talibanes que amenazan a todos por no compartir sus creencias y asesinan a algunos para hacerse notar, u otros talibanes, que amenazan a todos por no compartir las suyas, intoxicándonos sin cesar y expoliándonos sin interrupción, tanto desde el gobierno, como desde la calle, como desde los medios, como desde las redes sociales? 

Decía mi admirado Tom Paine, que: La mayor amenaza a nuestra democracia no viene de aquellos que abiertamente se oponen a nosotros, sino de aquellos que lo hacen en silencio junto a nosotros”, y estoy de acuerdo con él, la democracia no está más amenazada por los que un día asesinan a unos periodistas para demostrar su capacidad de atentar contra ella, sino por  aquellos que utilizan las instituciones públicas, los medios de comunicación y todos los recursos que pagamos los ciudadanos, para imponernos su extorsión democrática, su impunidad inadmisible y su abuso de poder. 

Los talibanes del Islam atentan un día contra nuestra libertad de expresión, en realidad, fortalecen nuestra democracia tras su agresión, porque todos nos unimos contra la barbaria; mientras que los que nos representan o aspiran a hacerlo, conculcando nuestros derechos y libertades para imponernos su creencia falsa de que el sistema en el que vivimos es una democracia, lo hacen todos los días, sin interrupción y además nos dividen para que no podamos enfrentarnos a todos ellos.

Si realmente ésto fuera una democracia,  ellos no podrían seguir en la representación pública, ni en el poder, después de lo que han hecho. Cuando las cosas son un simulacro, termina pagándolo siempre el más débil, con los talibanes islámicos, los ciudadanos que deciden expresarse libremente; con los talibanes hispánicos, todos los españoles, menos ellos, los que utilizan el poder para abusar de los demás.



Enrique Suárez

viernes, 15 de agosto de 2014

España en deflación: el país del mundo en el que más bajan los precios



Según información de Datos Macro, que ofrece los IPC de los países con las economías más relevantes (65), España es el país en el que más han bajado los precios a lo largo de 2014, con – 1,2, el siguiente es Grecia con -1,1 que lleva todo el año en deflación.

Los precios tienen dos componentes, el costo real y los impuestos, desde hace dos años en España no han dejado de subir los impuestos y al mismo tiempo tampoco han dejado de bajar los precios. Cierto es que en el último mes España ha crecido un 0,6 %, pero con una carga impositiva muy superior a la que existían cuando el gobierno de Mariano Rajoy llegó a La Moncloa.

Crecer bajando los precios, en realidad no es crecer, es devaluar el precio de los productos y servicios, a pesar de que los impuestos se han elevado. En realidad, el crecimiento de España es una gran operación de maquillaje, un crecimiento espúreo, que no proviene del crecimiento de la demanda externa sobre nuestros productos, que también ha disminuido en los últimos meses, ni tampoco del crecimiento del consumo o demanda interna que no deja de menguar.

Vender más a menor precio reduce los ingresos que reciben los productores de bienes y servicios, pero también los impuestos que reciben las entidades gubernamentales.

España camina directamente hacia la deflación y el gobierno sigue de vacaciones, menos mal que la oposición hace lo mismo y los medios de comunicación también. En septiembre nos enteraremos de que este país ha entrado en deflación, eso con un poco de suerte

Enrique Suárez

miércoles, 6 de agosto de 2014

La corrupción, el fraude y los partidos políticos como causas del paro y la crisis económica .

 

Tal vez pase desapercibida para la mayoría de los lectores la cuestión más importante de la que nos informa el CIS a lo largo del tiempo: una extraordinaria estabilidad de los datos.

El CIS mide la preocupación de una muestra de españoles representativa sobre las cuestiones que más interesan a los ciudadanos. Los temas que más preocupan a los españoles durante los últimos siete meses son los siguientes:


Paro:   76,8 -  82,3 %

Corrupción y Fraude:   35,7 – 44,2

Economía: 28 – 30,5

Partidos Políticos: 24,2 – 28
Como se ha expuesto, llama la atención la estabilidad de las evaluaciones durante los últimos siete meses. Sin embargo, algo que pasa desapercibido para la mayoría de los lectores es una cuestión importante, que entre las cuatro preocupaciones de los españoles, dos se sitúan en el ámbito de las causas y dos en el ámbito de las consecuencias. El día que los encuestados se den cuenta, creo que los datos cambiarán de forma significativa.

Evidentemente los problemas del paro y la economía, tienen como causa aquellos relacionados con la corrupción y el fraude y los partidos políticos. Que haya más paro o mayor crisis económica no produce corrupción, fraude o fallo de representación política, sino más bien al contrario.

Quizás no sea una forma muy precisa de demostrar el origen de la crisis en este país, pero nos puede servir de estimación, sobre lo que está pasando, si el paro y la crisis económica son el origen de la mayoría de los problemas sociales y económicos, está claro que las causas están relacionadas con la corrupción, el fraude, y la impostura de los partidos políticos. La estabilidad en los datos a lo largo del tiempo, indica que los españoles han llegado a la conclusión o están a punto de hacerlo, que los problemas económicos y sociales de este país tienen como única causa la impostura de los partidos políticos, su corrupción y su fraude. Deberían tomar buena nota aquellos que viven de decirnos que nos van a arreglar la existencia y al mismo tiempo no dejan de destrozárnosla. 

La inmensa mayoría de los españoles está a punto de darse cuenta de que todo lo relacionado con la política no es solución a sus problemas sociales y económicos, sino el origen de todos ellos. 

Un incendio no se apaga con gasolina y una crisis no se acaba usando el dinero público para que algunos utilicen la democracia para el fraude y la corrupción. En este país, lo acontecido con el señor Jordi Pujol durante los últimos treinta años no es una rareza, es la costumbre, el hábito de los representantes públicos de todos los partidos con los recursos procurados por los ciudadanos para mantener el sistema, por eso los políticos de todos los partidos permanecen mudos tratando de pasar desapercibidos, no vaya a ser que alguien les pida a ellos cuentas de lo que se han llevado con sus cuentos. Ese silencio cómplice con lo acontecido en el caso Pujol, es la mayor prueba incriminatoria de su connivencia, complicidad y latrocinio.  

Enrique Suárez

martes, 15 de julio de 2014

Cuando los totalitarios dan lecciones de democracia


Cada día estoy más perplejo con la deriva de los asuntos políticos de este país, a la falta de respeto habitual de los políticos de la casta con las instituciones democráticas y el pueblo español, se suman ahora las lecciones de democracia de los totalitarios líderes de Podemos.

Sin duda algo no debe funcionar bien en la cabeza de los representantes del poder en este país, sean partidarios de una casta casposa o un champú anticaspa. A mí, todo esto me parece una extraordinaria tomadura de pelo. ¿Hemos elegido los españoles que nos representen así?, los que han votado por alguna formación política deberían hacérselo mirar, porque son cómplices y responsables de lo que está ocurriendo.

Si extraordinario resulta que desde los grandes partidos políticos representados en el poder todavía no se haya pedido disculpas a los españoles por sus delitos y crímenes en la usurpación del poder que han ejercido permanentemente durante los últimos años, también resulta extravagante que la justicia española no haya llevado a la cárcel a 10.000 miembros de los partidos políticos españoles implicados en casos de corrupción, y no menos alucinante que haya comunidades como Cataluña en la que algunos políticos incumpliendo la Constitución Española de 1978 se propongan enaltecer el secesionismo con el dinero público de los españoles, por no recordar el bochornoso espectáculo de ver a los discípulos de ETA dando lecciones de democracia desde el Parlamento Vasco.

En este país, cuando las cosas están mal, todavía se pueden poner peor, y ahora tenemos una formación política en la que sus líderes, que se declaran partidarios de la república bolivariana de Venezuela, han colaborado para crear una casta política en el país de Hugo Chávez que tiene contra las cuerdas al pueblo con las más elevadas tasas de criminalidad, miseria y corrupción del continente,  al mismo tiempo se presentan como redentores de la casta política española, y lo más sorprendente es que reciben 1,2 millones de votos, un 3,41 % del electorado y parece que son la inmensa mayoría de los españoles no representados, aproximadamente un 58 % que no votaron por ningún partido en las pasadas elecciones europeas (ni por la Casta, ni por Podemos), y como no salen en la tele tanto como Pablo Iglesias o Mariano Rajoy, parece que no existen.

Mientras tanto los partidos que conforman la casta en este país se felicitan por la presencia de Podemos, en el PP no mueven ni una ceja, viendo cómo se van a destrozar en los próximos meses todas las izquierdas representadas en este país, el PSOE, IU, Podemos y los nacionalistas de izquierdas, muchos de ellos afines a Podemos.

En el PSOE, su recién elegido Secretario General, Pedro Sánchez no ha esperado ni un día para arremeter contra Podemos diciendo que su programa económico nos llevaría de nuevo a la Gran Depresión del 29 y no pasará una semana antes de que se produzca el choque de trenes, o más bien de un tren contra un carro que pasaba por allí. Que gran ocasión va a tener el nuevo líder del PSOE para apartarse de Zapatero, el nacionalismo y los "totalitarismos benefactores" al mismo tiempo.

Y sin haberlo pedido, los españoles, la inmensa mayoría de los españoles que no hemos votado por ningún partido político en las pasadas Elecciones Europeas (58 %, recuerdo), seguiremos asistiendo al espectáculo de lucha por el poder de todos aquellos a los que les hemos dado la espalda, por no hacer nada por resolver nuestros problemas reales, por ocupar la democracia con sus ambiciones y corrupciones, por montarse un circo a nuestra costa en el que los gladiadores políticos entretienen al personal, mientras casi seis millones de parados y sus hijos, siguen siendo pasto de las fieras de la miseria, en un expolio genocida al que, desde el poder, denominan crisis, y desde el pueblo,  despojo. 

Pueden seguir debatiendo sobre quien es mejor o peor en su pugna hipócrita, a este paso, como sigan así, se quedarán sin pueblo al que representar y descubriremos que en realidad, sólo se representan a sí mismos (que es lo que tratan de ocultar). No sería extraño que se acabará cerrando el teatro democrático de este país por falta de público, porque esta compañía teatral formada por el elenco más depravado de nuestra democracia, que vive de nuestros impuestos que nunca le parecen suficientes y gobierna sin responsabilidades de forma inmunda e inmune, con una oposición siempre cómplice, aburre ya a la mayoría de los españoles representando siempre la misma obra: quítate tú, para ponerme yo.

Con lo fácil que sería hacer un sorteo en el que participaran todos los españoles mayores de edad, donde el español más afortunado fuera elegido Presidente del Gobierno y luego decidiera quienes le acompañaban para gobernarnos, lo que nos íbamos a ahorrar en gilipolleces y lo rápido que saldríamos de la crisis, en la que tan confortablemente siguen discutiendo los que la crean, para vivir a nuestra costa.

Enrique Suárez



lunes, 23 de junio de 2014

Hacia la normalidad política en España






"¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos." Goethe

Tras los enésimos intentos desestabilizadores que han acontecido, protagonizados por los partidarios de la república, las izquierdas y los nacionalistas, que proponían un referéndum inconstitucional, la sucesión en la Jefatura del Estado se ha producido con absoluta normalidad. Tras la abdicación de su padre, hoy tenemos nuevo Rey, Felipe VI, que viene dispuesto a garantizar el tránsito hacia la normalidad institucional, resquebrajada por la crisis, la corrupción y la desconfianza del pueblo español (83 % en la última encuesta del CIS) en sus representantes políticos.

En una estructura de poder como la que existe en España, organizada con la misma verticalidad que en el franquismo, aunque disfrazada de democracia, resultan interesantes las palabras del nuevo monarca, hablando sin complejos de nuestro país, al que todos los parásitos que aspiran a sucederse a sí mismos en el poder eternamente, tratan de humillar sin interrupción.

El comienzo de la normalidad política en España se produjo el 25 de mayo, con la celebración de las elecciones europeas, en las que los principales partidos de Gobierno del Estado perdieron en su conjunto más de cinco millones de votos y los apartidarios que no acudieron a las urnas o votaron blanco y nulo, superaron el 58 %. Incluso con la presencia novedosa de un partido asambleario y supuestamente enfrentado a los demás por la lucha del poder, es necesario recordar que todos los partidos políticos de este país han sido apoyados en las últimas elecciones por un 42 % de españoles, ahí cabe todo el PSOE, todo el PP, los nacionalistas, Podemos y todas las representaciones partidarias sobredimensionadas en su presencia pública por la propaganda de los medios de comunicación, que se han olvidado que la mayoría de españoles no han acudido a las urnas y por tanto no se sienten representados por los partidarios y sus luchas de poder. Al fin y al cabo, españoles somos todos, los partidarios y los apartidarios, algo que olvidan los partidarios, que son minoría.

La propaganda en una democracia debe ser excluida por ley

Son muchos los que dicen, posiblemente de forma interesada, que los abstencionistas son ajenos a la democracia, cuando posiblemente su respeto a la democracia sea lo que hace que se ausenten de las urnas. Hay protestas que salen todos los días en los periódicos, marchas de dignidad, de indignados, de secesionistas, de diversas plataformas y asociaciones, que en su conjunto no superan los 100.000 asistentes en un país de 46,5 millones de habitantes. Sin embargo se llevan buena parte de la información de los medios, porque siguen empeñadas en la escalada de despropósitos. Al mismo tiempo, 19 millones de españoles apartidarios, se han convertido en mayoría silenciosa y silenciada, que no merecen ni una línea en los diarios importantes.



La sobredimensión de la información política de las posiciones más extremas está tocando a su fin, así como la propaganda organizada por los partidos de izquierda y algunos nacionalistas, para minar la confianza de los españoles en sus instituciones políticas. Algo que se puede comprobar cada día en las redes sociales con miles de noticias, en su inmensa mayoría intoxicaciones o verdades a medias, que nos anticipan que este país está a punto de saltar por los aires de un momento a otro. En este país parece que la pobreza, el paro, la pérdida de poder adquisitivo,  la desigualdad social, y todos los problemas han comenzado con Rajoy, porque antes no existía ninguno, lo que en realidad es una farsa, la pobreza alcanzó su mayor porcentaje con Zapatero, y la desigualdad social que se había reducido con Aznar se ha vuelto a incrementar conlos que le sucedieron. Cierto es que con el Gobierno de Rajoy se han incrementando como nunca los impuestos -habiéndose comprometido a bajarlos en su programa- y los españoless hemos perdido más poder adquisitivo y más rápido con este Gobierno, que en los últimos 30 años.

Sin embargo, parece que se acaba el tiempo para las mentiras, para las exageraciones, para las intoxicaciones y para los cuentos chinos, que conforman la propaganda interesada, mal que les pese a los ruidosos insurrectos de las redes sociales, porque la economía española ha experimentado una ligera mejoría y eso es a lo que más temen aquellos que defienden los paradigmas estatalistas y colectivistas, los que nos hablan cada día de la quiebra del sistema público y de la destrucción del Estado del Bienestar.

 

Pero al contrario de lo que algunos piensen, creo que el Gobierno de Mariano Rajoy se ha equivocado de plano al gobernar de espaldas a los españoles desde el más puro despotismo, mientras les hacía crujir la vida con una de las cargas impositivas más importantes de la Unión Europea (evidentemente provocada por la política de tierra quemada de sus antecesores, que se fueron dejando el país en quiebra, con más de cinco millones de parados, un déficit público mayor del 11 %, y una deuda pública disparada e incoercible). La idea de hacer pagar a los españoles por los errores de Zapatero, me ha parecido absurda y peregrina, como me ha parecido nimia la imposición de un gasto del Estado que no nos podemos permitir, incluidos los más de medio millón de empleados públicos que nos sobran en relación a las ratios de otros países europeos.

No ha tenido sentido alguno salvar las Cajas de Ahorros quebradas por partidos políticos y agentes sociales organizados en mafias, a costa de recortar el bienestar de los españoles hasta un 30 % menos de su poder adquisitivo. La prima de riesgo es una cosa  y la prima de los getas que se han llevado el dinero de forma impune, una cosa muy diferente, y esto incluye a todos los partidos con poder, que ni siquiera han tenido la decencia de pedir disculpas a los españoles tras el estropicio organizado en función de su ineptitud y corrupción.

La casta debe abandonar sus hábitos despóticos, corruptos y miserables o en las próximas elecciones van a votarles sus familiares, amigos, enchufados  y beneficiados, que son varios millones por cierto. Pero eso no es motivo para que algunos ilusos se piensen que este país está a punto de caer en manos de los oportunistas de un frente de izquierdas secesionistas que están dispuestos a convertirnos en una especie de república bolivariana europea cambiándonos la forma de vivir a la medida de sus antojos totalitarios. Se olvidan casta y plasta, de que la mayoría de los españoles no han votado por ninguna opción, lo que indica que la parte más reflexiva y moderada de este país se ha quedado en su casa, para manifestar su desprecio por la farsa representativa que nos obsequian la casta y sus advenedizos opositores, que en su conjunto representan solamente al 42 % de los españoles, aunque se lleven el 100 % de la información política que se produce en este país. La casta y su oposición se llevan el total de la información política de esta país, mientras la mayoría apartidaria, silenciosa y silenciada, que no participa en su farsa es acallada y censurada.

Un gobierno que gobierne 


Los cambios electorales, la crítica manifiesta de la mayoría de españoles a la casta, los cambios en el seno de los partidos políticos en marcha, la sucesión monárquica y la incipiente salida de la crisis, apuntan al regreso a la normalidad. Si como sospecho, el Gobierno de Mariano Rajoy espera a que la prima de riesgo baje de 100 para realizar las reformas que este país necesita, poniendo el orden y concierto que prometió en su programa electoral, reduciendo el gasto del Estado –incluyendo los empleados públicos que se dedican más a sus intereses partidarios que a realizar su trabajo, porque a veces ni lo tienen, aunque cobran sueldo todos los meses- y se inicia una campaña de clarificación de la situación política con buenos comunicadores desde el Gobierno –los de ahora son todos pésimos- explicando lo que se ha hecho con claridad y las razones por las que se ha hecho, creando un crecimiento constante del empleo y una reducción de impuestos consolidada, como parece que se inicia, este país regresará a la normalidad, lo que no quiere decir, que aquellos que viven de la anormalidad, desde los corruptos a los secesionistas, desde los saboteadores hasta los intoxicadores profesionales, sigan dando la lata llorando por Granada, cuando en este país se produzcan las mismas cosas que se han producido siempre, con todos los gobiernos del PSOE, y los gobiernos nacionalistas en las autonomías. 

El día que se apague el ventilador de la mierda que algunos mantienen encendido para preservar su bienestar a costa de los demás, porque los que se dedican a intoxicar con el fin de crear la confusión que les sostiene en sus privilegios deban buscar trabajo, creo que en España volveremos a vivir tranquilos.  Los más mayores recordarán que cuando se produjo el último cambio de régimen en este país, aquellos que detentaban el poder desaparecieron paulatinamente de las instituciones, y en estos momentos, va siendo hora de que ocurra lo mismo. Nos sobran empresas públicas, nos sobran parásitos públicos, nos sobran mecanismos corruptos de colocación en las administraciones públicas por la puerta de atrás y tenemos un 57 % de jóvenes preparados en el paro, mucho más aptos para ocupar los puestos de los usurpadores que por tener un carnet en la boca y un dedo amigo en el poder, se han adueñado de las instituciones.


Creo que Felipe VI debería iniciar un periodo de  normalización institucional en este país, dejando bien claro que las instituciones son el soporte del Estado, mientras que su quiebra proviene de los indigentes morales que han ocupado hasta ahora su gobierno, que deben ser desalojados de inmediato del poder para que las cosas puedan funcionar en este país. No se puede seguir consintiendo que las instituciones de este país estén en manos de los políticos más ineptos, habiendo ciudadanos apartidarios más cualificados que los cenutrios que han llevado este país a la mayor crisis general de su historia democrática.

El Rey debe reinar, pero no gobernar, pero no por ello debe aceptar que se incumpla la Constitución cada día en este país, al fin y al cabo, su valor vendrá incrementado cuanto más precisa sea su intervención en devolver a los españoles una paz duradera, aunque para ello tenga que plantar cara a la casta partidaria de este país, en representación de los españoles que han abandonado su asistencia a las convocatorias electorales y son una considerable mayoría. Una mención al poder judicial despolitizado podría ser de gran ayuda, porque el Rey por su asunción constitucional, debe ser la garantía de que el poder esté al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio del poder.

Enrique Suárez

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