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martes, 10 de junio de 2014

Algunas precisiones semánticas sobre la identidad española





"Creo que la política no se hace con sentimientos sino con virtudes, y como no tenemos éstas, poco adelantamos."  Benito Pérez Galdós

En los épicos tiempos de elogio a la memez y la estulticia (no son sinónimos, porque el estúpido, además de tonto es necio) que nos corresponden vivir a las cohortes de españoles que pagamos impuestos, para sufragar las vidas y obras de esta degenerada representación política que nos hemos concedido, según nuestros representantes democráticamente y según la mayoría de españoles que no les hemos brindado nuestro apoyo (58 %) en las últimas elecciones, en prodigio de demagogia, desfachatez e impostura; se puede decir alto y claro, que en este país no cabe un tonto más, a los que teníamos antes formando el elenco de la casta se acaban de sumar ahora los aspirantes a sustituirlos a cualquier precio, en los que no son pocos aquellos que defienden la celebración de un referéndum inconstitucional, y por lo tanto, antidemocrático, para elegir entre República y Monarquía, cuando de nada serviría por ser ilegítimo e ilegal, tanto como el propuesto por los catalanistas para la secesión de Cataluña. 

En una democracia no se puede votar todo lo que se le ocurra a los aventureros con cuota de micrófono, poder y atención pública, sólo se puede votar lo que permite la ley y para cambiar de sistema de Estado, es imprescindible, no sólamente necesario hacer una nueva Constitución. El oportunismo y la improvisación de "los que no estaban de acuerdo" siempre nos ha traido, desde hace siglos, mucha sangre, quebrantos y miseria, a los españoles que nos hemos ido sucediendo a lo largo del tiempo.

Una sucesión de catastróficas desdichas


Sin duda, entre los más avezados, están los catalanistas que, inventándose  motivos para la secesión y la panoplia inepta que acompaña a su discurso, se han olvidado de que el origen de todas sus discrepancias con las instituciones españolas provienen de un problema dinástico, cuando apoyaron a la muerte de Carlos II la continuidad de los Hagsburgo, frente a la imposición por Luis XIV, el “Rey sol”, de su nieto Felipe de Anjou, que pasaría, tras la victoria correspondiente del ejército español y la derrota de los sublevados, no sólo catalanes, a ser el primero de la dinastía borbónica en España, afianzado legítimamente por el Tratado de Utrecht. Si Rafael Casanova, un patriota español y defensor de las aspiraciones legitimistas del Archiduque Carlos (que con el tiempo llegó a ser emperador de Alemania), levantara la cabeza se moría de vergüenza, ante el elenco degenerativo que dice hoy representar los intereses de Cataluña. Navarros y vascos mantienen hoy sus fueros por financiar a Felipe V, esta guerra ocasionó 1.250.000 muertos en Europa, más de medio millón en Francia, por tanto fue un conflicto europeo y no español.


Otros aventureros son los nacionalistas vascos, su conflicto con las instituciones españolas, fundamentalmente la Corona, son más recientes y se remontan al siglo XIX por una disputa entre los Borbones, cuando el legítimo sucesor al trono por la ley sálica vigente, Carlos María de Isidro, disputó con su hermano Fernando VII por la Corona de España, algo que por la pragmática sanción que se sacó de la manga, le concedió el trono a su hija, Isabel II. Si el  “tío Tomás” (Zumalacárregui) viera el despropósito de los últimos cincuenta años en su País Vasco querido, se suicidaba ante tanta impostura, miseria y depravación. Y no digo nada de aquellos que entonaban el Oriamendi antes de dejarse la vida en la batalla. Las guerras carlistas y la guerra civil que las sucedió, se saldaron con 400.000 muertos, en esta ocasión todos españoles.


Los nacionalismos en España son la farsa mejor urdida, desde que los fanáticos republicanos, de la segunda, que no de la primera, trataron de crear en España una colonia soviética, algo que no les pareció bien ni siquiera a los comunistas rusos, poco dispuestos a imperialismos a distancia y siempre ocupados de imponer orden en su tierra. Lo de Franco, fue otra degeneración y despropósito, reacción correspondiente a la degeneración anterior del poder y a las intrigas y propagandas urdidas para desestabilizar la Segunda República, por la luchas de poder entre los propios republicanos. La aventura de unos y otros le costó a este país 400.000 muertos españoles y cuarenta años de dictadura.


Les cuento esas cosas, porque tengo la sospecha de que nadie va a hacerlo. Todos estos conflictos bélicos le costaron la vida a más de millón y medio de españoles muertos, por los líos de los Borbones y los de los rojos contra los nacionales. Pero es importante decir, por lo que expondré a continuación, es que todos los que murieron fueron españoles y así se consideraban, los nacionalistas vascos y catalanes que murieron en la última guerra civil española, fueron una minoría, porque el peso de la guerra fue llevado por los comunistas y anarquistas, y en el bando nacional no había nacionalistas, había militares proclives a alguna suerte de fascismo, emergente en varias naciones europeas por la época. Pero todos eran españoles, los rojos y los nacionales.


Patriotismo no es nacionalismo


Y ahora voy al meollo de la cuestión, ¿cómo se puede ser tan imbécil para decir que existe un nacionalismo español, cuando la identidad española proviene de todos los españoles que se dejaron su sangre por defender en los últimos 300 años, unas causas u otras, pero siempre en el ámbito de España?


¿Se imaginan ustedes decirle a Hollande que es una nacionalista francés,  a Obama que es un nacionalista norteamericano o a Putin que es un nacionalista ruso, por defender a sus respectivas naciones? Lo más fascinante es que aquellos que no distinguen lo nomotético de lo idiográfico, se permiten dar lecciones a todos los demás sobre su atribulado papanatismo adanista, pensando que sólo por vivir en una democracia, tienen derecho a decir lo que les plazca y todo el mundo la obligación de aplaudirles


Para los "ilustrados" cultivados por el poder de turno en la inmersión y la LOGSE, les diré que cuando alguien defiende una nación constituida históricamente y reconocida internacionalmente, el término preciso para el concepto es el de patriota y no se habla de nacionalismo, sino de patriotismo, que es el amor a la patria y el sentimiento y conducta del patriota, para definir una cuestión de identidad y legitimidad sobrevenidas e imbrincadas. 


En España nunca ha habido nacionalistas españoles más que en 1808 cuando Napoleón decidió invadir este país y los padres de la primera Constitución española legitimaron que el único soberano de España como nación, poder enfrentado al absoluto de monarcas (o Repúblicas), era el pueblo español; esto acontecía en 1812, y hasta que el General Riego no obligó al rey Fernando VII a sancionarla vivimos en precariedad institucional, algo que a los tres años le costó la vida, cuando fue condenado a muerte por el felón Fernando VII. 

Rafael del Riego  arrastrado en un serón camino del patíbulo (1823)

Desde 1820, los únicos soberanos de la nación española somos el pueblo español, una entidad cambiante a lo largo del tiempo, porque se va sucediendo esta condición en todos los españoles con derecho a voto de cada época, pasando de padres a hijos y de estos a los nietos, exactamente igual que la Corona, por una cuestión muy sencilla, cuando se hizo la primera Constitución nuestros aliados eran los ingleses. que estaban realmente preocupados por los recientes acontecimientos ocurridos en el país vecino con la Revolución Francesa, y si nuestra primera Constitución hubiera sido republicana nos hubieran mandado a paseo y hoy, posiblemente,  seguiríamos hablando francés en este país.


En cuanto a los “episodios nacionales” defendidos desde el franquismo, nada que ver con la defensa de la nación, sino con los intereses de las fuerzas reaccionarias de este país, enfrentados a las fuerzas insurgentes que querían tomar el poder, y de hecho lo hicieron, contra la Constitución y contra la República, al asalto, derrocando estos últimos cualquier orden en la Segunda República y haciéndose y haciéndonos el harakiri, provocando la sublevación de los militares, que tomaron la decisión de dar un Golpe de Estado, nada infrecuente en nuestro país, pues en los últimos doscientos años, en grado de tentativa o consumación, se han producido más de 230, lo que nos ofrece más de uno por año, por si hubiera alguna duda en que en este país se ha cambiado de régimen con la vesania oportuna de los distintos actores, pero siempre bajo la misma condición, la de españoles.


La cuestión nacionalista


Nos queda la cuestión nacionalista, hoy pregonada desde Cataluña y el País Vasco, pero también desde Canarias, Baleares, Galicia o Andalucía.


Los nacionalismos sin Estado, son movimientos políticos residuales que provienen de los estertores del siglo XIX en Europa, nada que ver con una historia inventada de comunidades independientes previas, porque en este país, ha habido en muchos lugares comunidades independientes históricamente, por mencionar algunas, Asturias, Aragón, Granada, Navarra, León, Castilla, Valencia, entre otras, pero nunca ha habido una segregación ni de Cataluña, ni del País Vasco, ni por supuesto de Galicia (salvo que nos remontemos a los suevos), con algo que se parezca a una nacionalidad efectiva, hasta la Constitución de 1978, y menos con una secesión, prueba de ello es que el Golpe de Estado dado por Companys en Cataluña fue sofocado por el ejército de le Segunda República


Desde una perspectiva rigurosa, las "comunidades históricas" reconocidas en la actual Constitución, resulta que son, precisamente, las que menos historia independiente tienen entre las españolas, las más retrasadas en cuanto a mostrar su distinción del resto de las españolas, pero sin embargo las que han obtenido beneficios y privilegio para sus instituciones y ciudadanos, con una discriminación positiva evidente a lo largo de los  36 años que llevamos de supuesta democracia, gracias a los artilugios inconstitucionales que se inventaron los padres de la actual Constitución para no desagradar a nadie. 



Lo curioso es que las comunidades que realmente fueron independientes, Navarra, con una amplia historia de reino propio  que viene desde la batalla de las Navas de Tolosa, y foco de la legitimista rebelión carlista en el siglo XIX, o Asturias, dos veces independiente en los últimos dos siglos, una vez en 1808 para defender España y otra en 1934, por insurrección contra la República, hicieron el viaje al revés, hacia la unión con los demás españoles,  y no será por falta de historia independiente, porque desde los romanos, siempre ha existido en los pequeños paises del norte, una voluntad de no aceptar imposiciones de los invasores, de los reyes o del Estado. No obstante, desde que hay democracia o algo que se le parezca, y particularmente en lo que se refiere a Asturias, sólo ha visto declinar su singularidad, al mismo tiempo que sus ambiciones secesionistas prácticamente no han existido.

El diccionario de la RAE define nacionalismo con tres acepciones:

nacionalismo.

1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.

2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.

3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

La primera queda descartada para las “comunidades históricas” españolas porque nunca fueron naciones hasta ahora, sólo podría ser utilizada por aquellas comunidades que fueron naciones, reinos o entidades independientes, y por supuesto, aunque me parece extravagante (considero que patriotismo es más adecuado), en el caso de la nación española que si está constituida históricamente de forma legítima, la segunda es un ideología y la tercera una aspiración.


Contra los hechos diferenciales se sobreponen los hechos comunes, avalados por la historia, la legitimidad, las Constituciones de los últimos 200 años,  la ratificación histórica y las diversas instituciones, así como por la sangre derramada por todos los españoles de los distintos bandos en sus conflictos civiles, a lo largo de la historia, y también por los votos, cuando fue posible;  porque mal que les pese a algunos, tan español era Rafael Casanova, como Tomás Zumalacárregui (ambos, grandes patriotas españoles), y tan español era Azaña como Franco, y por supuesto tan españoles fueron los que murieron por defender una causa o su contraria. Esta es la versión que nunca les contarán a los jóvenes españoles, fundamentalmente a los que algunos espabilados utilizan como carne de cañón histórica para perpetuarse en el poder defendiendo sus peregrinas pretensiones, siempre acompañadas de beneficios y privilegios, diferenciales.


Porque si todos se han dispuesto a defender su particular historia, es hora de que alguien diga, alto y claro, que es el momento preciso de rendir homenaje los liberales que hicieron y proclamaron la primera Constitución Española en 1812 para que todos pudiéramos expresar en libertad nuestro parecer y con los que los españoles de cualquier época posterior mantenemos deuda histórica, por haber convertido a este pueblo en único soberano de la nación española, ante tantos mequetrefes que sólo miran por sus particulares intereses egoístas y sectarios. 

España siempre ha sido, históricamente, la patria de los conflictos y las reconciliaciones entre sus habitantes, ninguna nación del mundo ha superado tantas confrontaciones continuadas, entre los que dicen una cosa y la contraria. Parece que ser español no es una condición que admite la paz, más bien creo que hay muchos que desde el poder se benefician de que estemos permanentemente en conflicto, que es la mejor forma de que no les exijamos que rindan cuentas por lo que han hecho o dejado de hacer, eso sí que es español, que nos engañen desde el poder sin interrupción, para expoliarnos después, porque nosotros, los españoles de todas las épocas,  hemos puesto el dinero y los muertos, para que su imposición pudiera realizarse, porque todos los poderes en la historia de nuestro país, no son más que consecuencia de una imposición, unas veces con más engaños y otras con menos engaños. 

Van siendo necesarios muchos cambios en la política de este país, pero la razón nos ha debido acostumbrar a que sean sosegados y en libertad. Ser español nunca ha sido fácil; precisamente, la convivencia en conflicto ha sido una constante en nuestra historia por diversos motivos, porque siempre se acaban encontrando si se buscan, pero eso en lo único que ha beneficiado a los españoles es en haberles retrasado permanentemente un par de siglos, hasta comienzos del siglo XIX, viviendo y reviviendo décadas ominosas, porque todos los poderes reaccionarios o sus réplicas insurgentes, interesados en conservar o procurarse privilegios, se han empeñado en que nunca vayamos con el siglo como los demás europeos, sino con uno o dos por detrás.


Enrique Suárez

viernes, 13 de diciembre de 2013

La descomposición ha comenzado


Discurso traducido al español de la sedición del President de la Generalitat
 Lluis Companys (ERC)  contra la II República Española

El proceso de putrefacción del Estado ha concluido, precisamente hoy, con la propuesta de  preguntas para una consulta, que en realidad es un referéndum –prohibido expresamente por el artículo 149.32 de la Constitución Española de 1978- que ha realizado el elenco político catalanista partidario de la independencia de Cataluña; a partir de ahora asistiremos a un inefable proceso de descomposición institucional, sin precedentes, pero sí con consecuentes.


Es necesario distinguir en este caso la acción y efecto de pudrir, en las acepciones orgánica, emocional y letal, de la acción y efecto de descomponer o descomponerse y diarrea, porque nos ofrece una riqueza semántica más acertada. Descomponer es 1. Desordenar y desbaratar;  2. Separar las diversas partes que forman un compuesto; 3. Indisponer los ánimos, hacer que se pierda la amistad, confianza o buena correspondencia; 4. Averiar, estropear, deteriorar; 5. Dicho de un organismo: Corromperse, entrar o hallarse en estado de putrefacción; 6. Dicho del cuerpo: Desazonarse, perder la buena disposición de un estado saludable; 7. Perder, en las palabras o en las obras, la serenidad o la circunspección habitual; 8. Dicho del rostro: demudarse.


Descomposición, por tanto, mejor que putrefacción, para definir lo ocurrido ayer en la Generalitat catalana. Descomposición, por cierto, es sinónimo de corrupción. La corrupción de las palabras que traducen del español al catalán los términos: referéndum a consulta, soberanía nacional a me importa un pimiento, Constitución a papel higiénico, y Gobierno de España a que os den. Ciertamente, hay diferencia en la interpretación de los conceptos entre el idioma español y la lengua catalana, pero todavía es más grave la sedición de los postulantes que para hacer sus propuestas anticonstitucionales desde los cargos que detentan han tenido que asegurar previamente que iban a cumplir y hacer cumplir la Constitución Española de 1978. 


Al menos han tenido el detalle de no dar un Golpe de Estado como el que LLuis Companys dio en la República Española, y que además de costar algunas vidas, terminó con los huesos del gobierno sedicioso de la Generalitat acusado de rebelión militar en un Consejo de Guerra, en los penales de Puerto de Santa María y Cartagena, con más de 3.000 detenidos en el buque prisión “Uruguay” atracado en Barcelona para la ocasión.


Parece que la historia tiene la maldita costumbre de repetirse, en esta ocasión asistiremos a un Golpe de Estado prolongado en el tiempo, que lo único que busca es provocar una reacción por parte de las autoridades competentes del Gobierno español, para imponer en Cataluña el artículo 155 de la Constitución Española de 1978. 


Artículo 155
1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.
2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.



De no hacerlo así y permitir que en Cataluña se siga incumpliendo la Constitución por parte de las autoridades que prometieron en su día cumplirla y hacer cumplirla, la descomposición institucional de Cataluña está asegurada,  por tanto también la descomposición institucional de España, de la que Cataluña forma parte desde 1978, cuando 2.701.870   catalanes aprobaron la Constitución española (sobre un censo de 4.398.173 personas), aproximadamente un millón más que los 1.882.650 que aprobaron en 2006 el Estatut de Catalunya, (sobre un censo de 5.202.291 personas).


Resulta harto complicado para cualquier demócrata aceptar que la decisión de un 36,1 % de catalanes con derecho a voto  de 2006, tenga más valor que la decisión no revocada  de un 61,4 % de catalanes con derecho a voto de 1978, puesto que en Cataluña, a pesar de la sentencia del Tribunal Constitucional, se sigue aplicando el Estatut de Catalunya de 2006 con prevalencia sobre la Constitución Española de 1978. Es algo que los promotores del independentismo catalán deberían explicarle a sus electores, puesto que el Gobierno de España no ha movido un dedo por hacerlo, ni con el PSOE, ni con el PP. 

Enrique Suárez

jueves, 21 de noviembre de 2013

La casta se desnuda



"El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad." Fenelón

El público español cada día está más abrumado con la farsa que representa el elenco político de este país, no hay aplausos, no puede haberlos; los actores mediocres, la trama desoladora, el guión burdo, anuncian que el desenlace no puede ser amable. No habrá aplausos, ni votos, ni sonrisas. No habrá fotos, ni más triunfos de la demagogia que presume de democracia.


Los españoles tenemos un grave problema con la casta de este país, que sólo se resolverá si la casta de este país tiene un problema aún más grave con los españoles. Cuestión de soberanía. No se puede permitir que el poder del Estado del que somos ciudadanos, triunfe sobre el poder del pueblo, de los españoles, es decir, la nación. Será como españoles, y no como ciudadanos, como acabaremos resolviendo este desmadre, esta pantomima, este esperpento.


Hay pocos españoles que se hayan dado cuenta de lo que ocurre, una lucha despiadada del poder, no por el poder entre los partidos, sino de la casta de todos los partidos contra sus súbditos que ayer se creyeron ciudadanos, una guerra encubierta y discreta que consiste en debilitar al adversario con impuestos, recortes, leyes impropias de un Estado de derecho, e incumplimiento de numerosos derechos fundamentales, hasta someterlo a la tiranía en nombre de la democracia inexistente.


A la casta se les está cayendo el disfraz, esto permite a los españoles ver su ampuloso vestuario avejentado de Antiguo Régimen, adornado por la gracia de Dios de todos los despotismos. La opresión del poderoso, la ley del más fuerte, la violencia extrema de los mezquinos contra aquellos que les alzaron a donde están.


La casta se desnuda, españoles, está en pelotas ante el pueblo y ya no puede ocultar por más tiempo su desmesura, su hibrys, su desfalco, su apropiación indebida de recursos públicos, privados, instituciones, poderes, leyes e intermediarios de la intoxicación, tras haber utilizado la Constitución Española como retrete.


No es el reparto del CGPJ, ni la excarcelación de los etarras, ni los seis millones de parados, ni el billón de euros de deuda, ni el déficit público del 10 %, ni las ayudas a las Cajas de Ahorros para que no se descubriera su vaciamiento por partidos políticos o sindicatos, ni tampoco lo es la independencia de Cataluña o la ópera bufa de Gibraltar o Melilla. No es que Zapatero fuera peor que Rajoy o Rajoy peor que Zapatero. Tampoco que nadie desde el poder haya pedido disculpas a los españoles, no es que el PSOE haya iniciado la agonía por incapacidad manifiesta de presentar una propuesta creíble, ni que el PP viva en el enfrentamiento permanente entre sus miembros a pesar de tener una mayoría absoluta. No es que los sindicatos de clase estén al borde de la disolución por descubrirse que eran bandas mafiosas. No es que los españoles hayamos perdido en los últimos diez años un 50 % de nuestra capacidad adquisitiva, mientras nos fríen a impuestos y las compañías eléctricas nos cobran más que a los franceses por lo mismo, gracias a la política de las energías renovables y su codicia consentida por el Estado. Ni tampoco es que haya españoles que ya estén pasando hambre cada día.


Aunque parezca mentira nada de eso puede acabar con la casta, que soporta todo mientras usurpa el poder en su interés, prueba de ello es que con miles de casos de corrupción manifiesta apenas haya una docena de políticos en la cárcel. 


Con la casta acabará lo que siempre acaba con las castas, la falta de fe y credibilidad, los políticos de este país ya no tienen capacidad para devolverle a los ciudadanos españoles la confianza en la política, de ahí se deriva que cada día se le vean más las vergüenzas a la casta afortunadamente, porque el velo que ocultaba sus miserias estaba hecho del mismo tejido que la venda con la que habían impedido que los españoles supieran la verdad.


Sólo queda esperar el desenlace, posiblemente será una pequeña chispa la que comience un incendio, una injusticia más cometida con un ciudadano que se haya enfrentado a un político de la casta, una violación de un derecho más por parte de algún poderoso, o simplemente el último de los errores de la tiranía, tratando de someter a los españoles a una nueva ley injusta, será suficiente para que se inicie el apogeo del destronamiento de la casta.  


Roma no cayó porque Odoacro la invadiera, eso ocurrió después de que el último emperador, Rómulo Augústulo, fuera abandonado a su infausta suerte por los romanos.

Enrique Suárez

miércoles, 30 de octubre de 2013

El Estado contra la Nación


La mayoría del Parlamento español ratifica la soberanía constitucional de los españoles sobre España

Disculpen, pero no he entendido bien la propuesta de UPyD, el partido de Rosa Díez, resulta que tras 35 años de haber sido aprobada la Constitución actual por los españoles, el Parlamento español somete a la voluntad de los diputados si los españoles estamos en nuestro derecho de decidir sobre el porvenir de la nación española como únicos representantes posibles de su soberanía.

Lo que sí hemos comprobado con esta propuesta, insisto, sin demasiado sentido, más que el de retratar cuantos diputados cobran sus sueldos todos los meses por ir contra la Constitución española vigente, que en este país se puede representar en el Congreso de Diputados a los españoles, sin estar de acuerdo con la Constitución española, lo que posiblemente en cualquier otro país sería motivo de asombro, en España no lleva ni dos líneas de los diarios, estamos tan acostumbrados a la ilegitimidad y al impunidad, que ya no nos sorprende absolutamente nada, pero es curioso saber que todos los analfabetos que han votado en contra de la propuesta de Rosa Díez, para ser diputados han tenido que prometer que respetarían y harían respetar la Constitución. Fundamentalmente porque si no lo hacen no pueden ser diputados y cobrar todos los meses.

Es cierto que en este país la incultura política es intensa e inmensa, por ejemplo ayer mismo el periodista Iñaki Gabilondo decía que había que apartar a las víctimas de su influencia en la aplicación de las leyes en nombre de la “justicia democrática”. Lo que viene al caso para explicarle a este señor que la democracia existe precisamente porque hay justicia, por eso los diputados nacionales están obligados a prometer la Constitución antes de poder ejercer como tales, pues aunque recibiera alguno 46 millones de votos, como no prometiera respetar y hacer respetar la Constitución, aunque fuera por imperativo legal, como hacían los de Herri Batasuna, no pueden ejercer como diputados.

Lo que sorprende en este país de despropósitos es que haya habido 60 diputados inconstitucionales en la votación que hoy se ha realizado, algo que han ocultado los principales diarios nacionales, y que gracias a Cantabria 24 horas.com, he logrado enterarme, ¿y quienes han sido?, pues el elenco nacionalista que tenemos instalado en el Congreso por los votos de los españoles, pero contra la Constitución española: CIU, PSC, Izquierda Plural, PNV, Amaiur, ERC, Coalición Canaria y Compromis, no es baladí la cuestión, pues un 17,15 % de los representantes en el Congreso deberían devolver de inmediato su acta de diputado, que están ocupando ilegítimamente, pero seguramente los 275 que ha votado a favor de que el derecho a decidir sobre España es de los españoles (PSOE sin PSC, PP, UPyD y Foro), un 78,5 % de los diputados, no les pedirán tal cosa. Como no ha habido abstenciones, parece que los 15 diputados que han faltado a la votación estarían de vacaciones.

Sin embargo, como español y soberano, me gustaría realizar unas pequeñas precisiones. ¿Quiénes son los diputados españoles para evaluar si mi derecho a decidir y el de todos mis compatriotas sigue estando vigente o no? ¿Ahora estamos en la República Francesa donde los diputados de la Asamblea tienen soberanía compartida con el pueblo francés? ¿Puede el Congreso de los Diputados español votar sobre la condición soberana de los españoles sobre la nación española?, evidentemente sí, por lo que se ha visto, pero además sin mencionar a la nación española, sino reduciendo su evaluación al derecho a decidir. Es decir, hoy, gracias al Congreso de Diputados y la propuesta de Rosa Díez los españoles tenemos ratificado por el Congreso de Diputados nuestro derecho a decidir, eso sí, gracias a los votos de los  que así lo han decidido y no gracias a la Constitución que hemos aprobado.

Conociendo el percal de La Casta, me parece que nos acaban de colar una nueva filigrana legal, por la puerta de atrás, porque de nuestro derecho soberano a decidir sobre el destino de la nación española indelegable e irrepresentable, hemos pasado a tener una concesión ratificada por el Congreso de Diputados, que es una representación de los poderes del Estado, junto al Gobierno y el Poder Judicial.

Quiero recordar, por último, a los 350 garrulos que nos representan en el Congreso de Diputados, incluidos o a los ausentes el artículo 1.2 de la Constitución española de 1978 que dice textualmente: 

     1.2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Pues a partir de hoy este artículo queda derogado de nuestra Constitución gracias a la propuesta de Rosa Díez, que nos ha birlado la soberanía al descuido a todos los españoles sobre la nación española, por no saber leer, exactamente igual que el resto de sus 349 compañeros en el Congreso, tanto los que han votado como los que no,  porque resulta que después de la votación de hoy ha quedado exactamente al revés, más o menos así.

“Los poderes del Estado deciden sobre la soberanía nacional, que hasta el 29 de octubre de 2013 y la propuesta de Rosa Díez, dirimida por 350 diputados tarugos,  residía en el pueblo español”.

Pero lo más fascinante de todo es que de los 350 diputados que hoy representan a los ciudadanos españoles, porque la soberanía nacional sigue siendo representada por cada uno de nosotros como únicos soberanos, no se le ha ocurrido que esa cuestión, la del derecho a decidir, no compete al Congreso de los Diputados, sino a la nación española, es decir a todos los españoles en referendum.

La próxima vez que haya elecciones, además de exigirles el compromiso expreso de cumplir y hacer cumplir la Constitución, deberían hacerles un examen de lectura, porque es inconcebible que tengamos 350 analfabetos representándonos en el Congreso de Diputados, así nos va.

Con lo fácil que es distinguir Nación como representación del pueblo español, de Estado como representación del poder de la Casta, representado por 350 tarugos que vulneran la misma ley que les permite representarnos, y se quedan tan frescos.

Enrique Suárez

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