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domingo, 1 de marzo de 2015

No está todo perdido, nos queda rezar en arameo



"¿No es vergonzoso que los fanáticos muestren demasiado interés y los sensatos no?"  Voltaire

Al contrario de lo que pudiera parecer, la tan celebrada sociedad de la información no está contribuyendo a despejar las incógnitas existentes en la realidad por medio de la razón, sino contribuyendo a crear nuevos simulacros y creencias erróneas en mucha gente, por supuesto en algún nefando interés de los que pretenden seguir tirando de los hilos que rigen nuestras vidas títeres desde el poder, para acumular más beneficios y privilegios.

Vivimos en un sistema totalitario en el que se exterminan los pensamientos independientes, como nunca antes había ocurrido en la historia. La atención que se concede a una reflexión sosegada, concienzuda y elaborada con esfuerzo y trabajo, es incluso menor que la que se otorga a un chisme,  del gilipollas de turno que sale en la tele gracias a su tronadura.  El Almodóvar de moda que cocina el engendro debe estar satisfecho de representar el mundo a su imagen y semejanza.

Ortega y Gasset nos había ofrecido en La Rebelión de las Masas, allá por 1930, un retrato del enfangado territorio en el que se iba a introducir la humanidad, y apenas existían medios de comunicación acríticos, al servicio del poder, por entonces. La condición humana, desde la perspectiva social, es tenebrosa, prueba de ello son las barbaridades que acontecieron desde la creación de los totalitarismos del siglo pasado, pero no menos abrasivos que los totalitarismos del presente. Lo social es el vaciamiento de lo humano, por mucho que se empeñen en convencernos de lo contrario los que viven de ello.

Y ocupándonos de nuestro país, que al fin y al cabo es en el que vivimos, sólo hay que visitar algún grupo de Facebook para comprobar lo lejos que estamos de alcanzar algún tipo de sentido común compartido. Mientras unos defienden desde el apoyo al gobierno que vivimos en el mejor mundo de los posibles, que en España no hay problemas importantes y que estamos saliendo de la crisis económica, otros dicen tonterías del calibre de dedicar el 150 % del PIB, por supuesto extraído de más deuda pública, a resolver el problema del paro creando trabajos públicos, como si de ellos se derivara riqueza y no consumo de la riqueza que proviene, precisamente de las actividades privadas. Lo público siempre es un gasto, no un ingreso. La mejor forma de apagar un fuego todo el mundo sabe que es con gasolina.

¿Y cuántos dicen que ambas posiciones, la de la casta y la de podemos son una farsa que trata de retratar una realidad inexistente?, pues una escasa minoría, seguramente habrá más gente que lo piensa, pero los que lo decimos somos muy pocos y además estamos condenados a soportar las impertinencias de algunos imbéciles que piensan que en este mundo sólo que ellos piensan, sienten y conocen es la única verdad posible, como si fueran del Estado Islámico.

La pregunta que surge es de donde han salido estas generaciones atrofiadas que han estado expuestas al sistema educativo que se ha llevado más recursos en la historia de este país, que han tenido a su disposición más oportunidades que ninguna generación anterior de españoles y que están condenados a vivir la vida más miserable gracias a las creencias erróneas en las que los han introducido los vendedores del milagro de que si creen en ellos todo en su vida se resolverá. Decía Herbert Spencer, un personaje que ha sido demolido por los pensamientos doctrinarios de las izquierdas y las derechas desde hace décadas, que una verdadera educación debe enseñar a la gente a gobernarse a sí misma y no a ser gobernada por otros. Algo tan sencillo de entender es un anatema en estos tiempos.

En España las directrices de la educación están sometidas al poder de turno, los directores de los colegios e institutos son nombrados por el poder político vigente en sus territorios, más por el carnet que portan, que por la adecuación que se desearía. Lo mismo ocurre en todos los ámbitos públicos, la sanidad, las obras públicas, la justicia, las administraciones públicas, las dependencias municipales, todo está contaminado del poder de turno, ahora uno, luego otro, y eso se paga muy caro.

Menos mal que ahora está la alternativa de Podemos, para reforzar lo hecho con anterioridad por la casta, y en la estela de personajes como los Castro, Chávez, Maduro o Ahmadineyad, convertir a la fe paulista a todos los desesperados por el despojo al que han sido sometidos por el poder. Progresar hacia el tercermundismo, fue la profecía que han hecho posible entre Zapatero, Rajoy y Pablo Iglesias, no hay otra alternativa posible con esta gente que irnos a la mierda como país.

Con estas soluciones, creo que vamos a tener problemas para largo y que los que viven de que los tengamos, están blindados contra cualquier vicisitud miserable que acontezca en los ciudadanos de a pie. La nueva aristocracia está dispuesta para seguir ejerciendo el poder desde la misma configuración que la vieja aristocracia. Las castas y sus intereses pueden seguir tranquilos, porque para resolver los problemas que han creado a los ciudadanos, ahora tenemos una opción que está dispuesta a hacerlos buenos creando muchos más problemas.

Como los creyentes no se hagan demócratas y espabilen, creo que tenemos asegurado para las próximas décadas un país que cada día se va a deteriorar progresivamente. ¿Acaso no fue lo que quiso Zapatero con sus ocurrencias? Ni Franco se atrevió a hacernos vivir en el ámbito de la barbaridad y el esperpento como el contador de nubes, del que Pablo Iglesias es su sucesor más aventajado, porque Pedro Sánchez es simplemente un aprendiz. Rajoy es su sosias, el alter ego de la catástrofe mental que conlleva la acefalia y el despotismo. Estos personajes de sainete y farsa son los que deciden nuestro destino, gracias a los que se creen demócratas votando por ellos.

Que baja ha caído la política en España, tanto que si desapareciera y fueran exterminadas sus estupideces, creo que viviríamos felices. Votar por imbéciles, no resuelve el despotismo de un sistema político con apariencia democrática, al contrario, lo perpetúa.

Enrique Suárez

sábado, 7 de febrero de 2015

Necesitamos una izquierda que defienda la libertad y no sus privilegios






Cada vez que escucho a algún comunista arcaico hablar del “neoliberalismo” me pregunto de que siglo proviene, si del XIX o del XX, porque los hay de ambos.  El "neoliberalismo" que algunos pregonan es un espantapájaros que han inventado interesadamente los propagandistas de la izquierda, un muñeco de paja, que a modo de chivo expiatorio pueda acoger todos los males de este mundo, todo para ocultar en una finta psicoanalítica el fracaso económico de todas las políticas planificadas de los quinquenios de la URSS,  la incapacidad de los colectivismos de crear riqueza (al tiempo que mantienen a la gente en la pobreza) y su deriva segura hacia la erradicación de la libertad en los lugares en los que ha logrado triunfar, como Cuba, Venezuela o Corea del Norte. Se puede comprobar fácilmente el fracaso del comunismo en los países que fueron comunistas en el Telón de Acero y luego se abrieron al capitalismo, han crecido más en los últimos diez años que en los cien años anteriores y las condiciones de vida de sus habitantes han mejorado considerablemente.


Por alguna rara especie de algunos descerebrados, la izquierda se ha convertido en los últimos años en enemiga acérrima de la libertad, el capitalismo y la economía de mercado. Los profetas de la cosa consideran que la crisis económica que atraviesan los países occidentales se debe al fracaso del “neoliberalismo”, sin tener en cuenta otros fenómenos mucho más relevantes: la llegada de las nuevas tecnologías, la entrada en los mercados globales de 3.000 millones de nuevos productores dispuestos a trabajar por la décima parte de lo que lo hace un occidental y muchas más horas y la globalización. Evidentemente, para algunos todo esto es una consecuencia del “neoliberalismo” y los movimientos económicos promovidos por las élites financieras mundiales, que al fin y al cabo, vendrían a ser idiotas de libro, porque precisamente son las que más dinero han perdido con la crisis.


Su fanatismo les impide ver que el mundo ha cambiado, por eso tratan de imponer su visión deformada de la realidad a cualquier precio, porque son incapaces de adaptarse, como hacen los demás, al mundo que actualmente existe. 

Si nos detenemos en nuestro país, alguien tendría que explicarnos como en la época de Zapatero se crearon un 25 % más de empleos públicos (ojo, no funcionarios, que estamos los cuartos por la cola en Europa), mientras se perdían un 25 % en todos los demás sectores económicos.

¿Cómo pudo crecer en España el empleo público más que en ningún país de Europa desde el año 2004 al 2011 es uno de los enigmas más insólitos, digno de formar parte del programa Cuarto Milenio, cuando al mismo tiempo este país era en el que se reducía más el empleo, en todos los demás sectores?, eso en una época en que las nuevas tecnologías en información y comunicaciones han reducido el número de trabajadores en todas las empresas privadas, en España ha ocurrido lo contrario en todas las públicas, algo que no ha ocurrido en otros países europeos, sino más bien al contrario. Esto es un anatema para todos los que defienden la izquierda en España, que son los que prefieren echar la culpa al “neoliberalismo” de nuestros males.


Vamos a dejarnos de entelequias, alguien tendría que descubrir alguna vez lo que pasa a los españoles, la causa de la crisis económica que vivimos en España se debe a la sobredimensión de las instituciones políticas, la duplicación y triplicación de instancias administrativas y la escasa productividad, cualificación y eficacia de los empleados públicos españoles que han sido colocados, especialmente los que están en los cargos directivos de entidades públicas, que son lo más nefasto de Europa y que han accedido a su vida plácida por la bendición de un dedo que ha señalado su carnet en la boca. Y esto no es una cuestión que distinga partidos, porque todos los que están en el poder han hecho lo mismo. Y si les resulta increible, pregunten ustedes a cualquier funcionario por oposición de su confianza, como funciona el entramado político como pesebre en las institciones públicas


Los españoles desconocen que cada 100.000 empleados públicos que no necesitamos, nos cuestan alrededor de 6.000 millones de euros al año,  si contamos empleados públicos y empleados de empresas públicas o que viven mayoritariamente de lo público, en este país sobran más de un millón de empleados innecesarios, lo que supone al año 60.000 millones de euros, que es un poco menos de la cifra en lo que crece la deuda pública española.  Pero además, un ejército innecesario crea más problemas que soluciones, así tenemos que para hacerse imprescindibles cada día cargan más la vida de los ciudadanos con toda suerte de iniciativas dispuesta a deteriorar su bienestar y calidad de vida. Cuando alguien tiene que trabajar de verdad y al servicio de los ciudadanos, se deja de averiguar porque el impreso 324 no tiene validez para el asunto 428, ni apabulla al ciudadano con su cetro imperial inmerecido cuando le hace una pregunta.


La enormidad del despropósito creado por el PSOE de Zapatero es indecente, pero la han puesto en práctica todos los partidos con poder, el PP por supuesto y los nacionalistas no digamos, y sus barbaridades se pueden contemplar hoy en las autonomías que llevan gobernadas por el PSOE durante los últimos 30 años. Ayer, en este blog, se dejó un artículo en el que se demostraba que cualquier trabajador de este país recibe al final menos dinero del que produce para el Estado en forma de impuestos.  La proporción viene a ser de 10 para el trabajador, por 17 que recibe el Estado de su trabajo, eso sin incluir los impuestos que extrae de su producción en bienes o servicios.


Si en el gobierno del PP hubiera gente inteligente, se podría resolver la crisis de una forma muy sencilla, limitando el número de cargos directivos en todas las empresas relacionadas con lo público por decreto. No se puede permitir, porque es indecente, en un país con 4,5 millones de parados en el que hay un millón de licenciados jóvenes bloqueados por un millón de colocados con carnet, que en los últimos veinte años se hayan multiplicado por veinte los puestos de mando en las administraciones públicas. Donde hace veinte años había 3 cargos directivos, hoy hay 30 directivos, por supuesto afines al partido político que detente el poder en la autonomía correspondiente, difundiendo las responsabilidades de tal forma que al final no hay nadie responsable de los despropósitos que acontecen. Esa administración parasitaria que ha creado una burocracia innecesaria de cargos políticos designados debe desaparecer si queremos abandonar algún día la crisis.


Definitivamente este país necesita una izquierda que defienda la libertad y no que trate de crear enemigos de la libertad porque les puede joder el pesebre a los colocados, es hora de que la gente sepa lo que está ocurriendo en lo público, bajo la bandera de lo social, que para eso lo paga con su pérdida de bienestar.

Que unos cuantos miles de sinvergüenzas cobren todos los meses por hacer brindis al sol a costa de que 4,5 millones de parados estén en la calle porque no pueden acceder en las mismas condiciones que los enchufados por los partidos, sindicatos y empresas de pesebre a un puesto de trabajo, no es de recibo. Mientras haya unos indeseables que se encargan de crear problemas, pero nunca soluciones, para hacerse necesarios y seguir cobrando su sueldo, a pesar de que sea a costa de crear la mayor desigualdad que se ha visto en este país, la que distingue a los privilegiados que tienen padrino de los desheredados que no tienen enchufe para alcanzar un trabajo en lo público. Este tercermundismo debe desaparecer si queremos ser un país normal algún día.


Así que la crisis económica que vivimos en España no se debe al “neoliberalismo” se debe al expolio de aquellos que braman contra el capitalismo, pero viven magníficamente de explotar a sus semejantes en nombre de la igualdad. No se debe a la crisis de los bancos, sino al expolio de 200.000 millones de euros cometido en las Cajas de Ahorros por los miembros de los partidos, sindicatos y empresarios que estuvieron sentados en sus consejos de administración. Y no, no se debe a la voracidad de los desalmados que dejan a los niños sin comida en los comedores escolares, a los pensionistas sin pensión y a los jóvenes sin trabajo por defender la economía de mercado, sino a los que utilizan todas estos mantras para mantener sus privilegios en nombre de la igualdad, la defensa de lo social y lo público, con más avaricia que cualquier capitalista, que al fin y al cabo defiende que la gente viva de lo que produce y no a costa de los demás. Va siendo hora de cambiar la propaganda interesada, por información correcta sobre la realidad. 

La justicia social no consiste en que los socios de un club se hagan con todos los privilegios a costa de crear perjuicios en todos los demás, porque son más listos o están mejor organizados como secta en el arte de trincar para si mismos, mientras representan que luchan por los demás y en realidad, les están machacando. Lamentablemente si la izquierda abandona la humildad y la autocrítica, como ha ocurrido en este país, se convierte en otra derecha, es decir, en casta.


Enrique Suárez.


lunes, 26 de enero de 2015

Syriza o el epitafio griego


En Grecia se han celebrado hoy elecciones generales, según los resultados de los recuentos al 60 % parece que Syriza ha obtenido una magnífica victoria, quedando a cuatro escaños de la mayoría absoluta.

Sin embargo, ahora se abre una pregunta muy interesante, los griegos han decidido apoyar a un partido de izquierda radical, que por primera vez alcanza el poder, la mayoría han confiado su destino al que ha hecho el discurso más celebrado, pero ¿realmente tiene algún margen de maniobra Alexis Txipras el líder de la formación triunfadora de resolver los problemas económicos, políticos y sociales que tiene Grecia con su programa delirante?

Voy a echar un jarro de agua fría sobre la moral de los ilusionados que creen en iluminados, como Alexis Txipras, el líder de Syriza, no tiene absolutamente ninguna o menos. El porvenir de su ilusión concluye mañana. En Grecia asistimos a un fenómeno extendido por la mayoría de las democracias europeas, fundamentalmente las del sur y conocido desde hace 25 años en Japón que se mantiene en la recesión, la insuficiencia de la política para resolver los problemas de los ciudadanos, una vez que la economía ha sometido a estos países a su yugo.

La economía global puede ser muy injusta, pero no es arbitraria, sino ecuánime, quien cumple con sus deberes va bien y quien no los cumple va mal, es la regla que impera. Los países en los que se hacen las cosas bien, van habitualmente bien y en los que se hacen mal, van habitualmente mal. Y es una regla general que todos aquellos países que confían en iluminados, se acaban estrellando contra la realidad, ejemplos los tenemos en Venezuela, Argentina o ahora en Grecia.

Si Grecia no paga su deuda, y es cierto que no puede pagarla, saldrá del euro, si sale del euro entonces podrá pagarla aún menos y además se expondrá en el futuro a acreedores chinos, musulmanes, rusos, bolivarianos y fondos buitre, que todavía agravarán aún más las condiciones. Grecia está atrapada en una espiral muy peligrosa en la que la reducción del Estado a su más mínima existencia, es decir del gasto público, es su única posibilidad de salir adelante dentro de una década, sin embargo, el líder de Syriza se ha propuesto crear 200.000 nuevos trabajos públicos, cuando en realidad no puede sostener ni la tercera parte de los empleados públicos que actualmente tiene. 

Es decir, a la quiebra económica en la que está se sumará la quiebra del Estado y las instituciones públicas, ningún inversor internacional arriesgará su dinero en Grecia, salvo los especuladores que impondrán unas condiciones leoninas, que chocarán con la soberbia del pordiosero en la que se ha instalado el pueblo griego, yo no necesito limosna, sino justicia, pues con sus deseos van a terminar en la miseria, la degradación de su bienestar hasta cotas inimaginables y posiblemente la mayoría de los jóvenes griegos vuelvan a emigrar como hicieron sus abuelos.

Crecerá la inseguridad en todos los planos, los servicios públicos se deteriorán sin fin, los ingresos turísticos se reducirán porque Grecia se convertirá en un destino peligroso y caro, sus exportaciones se reducirán al igual que sus importaciones, habrá escasez de productos, cerrarán aún más empresas y habrá más paro, también habrá más crímenes, más muertes y más problemas. Dentro de pocos meses veremos a la gente en las calles al borde de la revolución protestando contra el gobierno de Syriza, posiblemente esto provoque graves conflictos y tal como están las cosas de enconadas, graves enfrentamientos entre los griegos que pueden tensar la cuerda hasta una guerra civil. El problema al que se enfrentan los griegos es que la cuestión no es tener buenas intenciones, sino inteligencia y fondos para poder pagarlas, porque los demás europeos no lo van a hacer. Así que los programas humanitarios están muy bien, pero sin fondos para hacerlos posible, se quedarán en un brindis al sol

Lo que nadie les contará a los griegos es la abstención, voto en blanco y nulo que se han producido en estas elecciones, aproximadamente del 41,9 %. Lo que quiere decir que sobre el censo electoral el auténtico triunfador ha sido ninguno, pues el partido que ha triunfado sólo ha sido apoyado por 1 de cada 5 griegos convocados a urnas, es decir, 1 de cada 5 griegos decidirá por los 4 restantes, los no representados por Syriza, gracias al sistema electoral de la casta griega, del que Syriza no se quejará a partir de ahora.

Y Europa tiene que decidir si arroja al cubo de basura de la historia a Grecia y a los griegos, algo que no podrá evitar, porque en caso de condonar la deuda pública a los griegos, parcial o totalmente, tendría que hacer lo mismo con otros países del sur de Europa y esto no puede ocurrir, porque el bienestar de los europeos del norte depende de que los europeos del sur paguen su deuda.

Así que Grecia terminará saliendo del euro, posiblemente pasen a ser una colonia china, islámica o rusa, o de algún fondo buitre, que no sólo impondrá sus condiciones económicas más allá de la austeridad, sino sus condiciones políticas, así Grecia perderá además de su soberanía económica, también su soberanía política.

Realmente, no sé qué pueden celebrar hoy los griegos en la plaza de Omonia de Atenas, no hay nada que celebrar, salvo su final como un país europeo y civilizado. Grecia hoy pertenece ya al tercer mundo, ha comenzado su camino hacia el Tártaro y Syriza es su epitafio como nación independiente.

Enrique Suárez


viernes, 22 de agosto de 2014

El ocaso de los hipócritas



 

La lucha por el poder en la mitología griega

En épocas de triunfo espiritual del materialismo es necesario regresar a las interpretaciones simbólicas para comprender que acontece en este mundo, dentro de ellas la mitología griega, es, sin duda, el huerto egregio en el que ha brotado la cultura occidental. 

En el caos inicial, antes de la existencia de los dioses del Olimpo, la mitología griega consideraba que el titán Kronos, había castrado a su padre Urano con una hoz (“cortado el cielo”), para así destronarlo, surgiendo la Edad Dorada de la mitología griega, en la que todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad. Sin embargo, una profecía anunció a que uno de los hijos de Kronos le daría la misma muerte que él había dado a su padre, por lo que el tirano decidió comerse a sus hijos según iban naciendo, hasta que Gea decidió ocultar a su sexto hijo, Zeus, dándole a su padre una piedra, ónfalos, que se tragó como si fuera su hijo. 

Zeus, fue alimentado por la cabra Amaltea en la isla de Creta, mientras los Coribantes ocultaban sus llantos para que su padre no descubriera su existencia.  Cuando Zeus creció le dio a su padre un veneno para que regurgitara a sus hermanos, expulsando en primer lugar la piedra ónfalos, que dio lugar a la Pitia y el Oráculo de Delfos. Luego liberó a los titanes cíclopes y hecantóquiros que Kronos había  encerrado en el Tártaro y con su ayuda y la de sus hermanos lograron destronar a Kronos, creando la era olímpica de la mitología griega y el concepto de gobierno del mundo que hoy nos resulta más conocido.

Sin duda, el mito de la lucha por el poder entre los dioses griegos nos recuerda a cualquier lucha por el poder entre y dentro de los partidos políticos de cualquier país occidental, así ha sido y así seguirá siendo, con la sucesión correspondiente de unos por otros a lo largo de la historia de la democracia. Sin duda los partidos políticos están más adheridos a la mitología olímpica, que a la etapa lógica que vino después en la Antigua Grecia. Mientras los políticos continúen en su actitud despótica fundamentada en la creencia y el engaño, no abandonaremos la era mitológica de la política para dar paso a la era racional

La aventura del 18 brumario

El otro día denunciaba en este mismo lugar el Golpe de Estado de Luis Napoleón unido a la “sociedad de beneficencia”, en recuerdo del que había dado su antepasado Napoleón Bonaparte para acabar con las instituciones de la Revolución Francesa, precisamente el día 18 brumario (9 de noviembre), fecha de la convocatoria del referéndum catalán. Cualquier paralelismo con la actualidad es pura coincidencia.

La “sociedad de beneficencia o del 10 de diciembre” fue magníficamente descrita por Karl Marx:
“Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y en general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora.

Este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpemproletariado, que sólo en éste encuentra reproducidos en masa los intereses, que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez, desecho y escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans phrase. Viejo roué ladino, concibe la vida histórica de los pueblos y los grandes actos de Gobierno y de Estado como una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los grandes disfraces y los frases y gestos no son más que la careta para ocultar lo más mezquino y miserable”.


La alternativa de progresar hacia el caos

Nada nuevo bajo el sol, cambiemos algo para que todo siga igual como dijo el Príncipe de Salina, seguiremos retrocediendo por el sendero erróneo y fácil que nos brinda el despotismo, ahora por televisión, al haber reducido la democracia a su condición mitológica,  al acto ritual de acudir a las urnas cada cuatro años, y no seamos capaces, de comprender que eso nada tiene que ver con la democracia, que en realidad es el gobierno del pueblo, y no el gobierno de los dioses de la casta, representados en su forma actual de partidos políticos.

Pero si difícil resulta alcanzar una conciencia democrática en un mundo de creencias establecido desde el poder, aún más difícil resulta si los que propugnan un cambio (y se monopolizan como alternativa) se asemejan a las hordas de Jerjes.

En la memoria del rey espartano Leónidas y sus trescientos, que se dejaron la vida enfrentándose contra el imperio del misticismo y la tiranía persa, en el paso de las Termópilas, creo que es necesario recordar su hazaña.

Hoy los persas no vienen armados más que de un teclado y un ratón, dispuestos a invadir el espacio de la opinión pública de forma arrogante y zafia, defendiendo lo indefendible, en una campaña de “agit-prop” de todo a un euro, en el que con críticas absurdas y soflamas abstrusas, tratan de convencer a la gente de que son la única alternativa para enfrentarse al poder de la casta, eso sí, desde el totalitarismo, el dogmatismo, el fanatismo y la desmesura.

Las redes sociales como escenario

Hace escasos días las redes sociales se inundaron de una campaña organizada, todas lo son, de aquellos que protestaban contra el genocidio de Gaza, acusaban a Israel y defendían a Hamas, en lo que estaba ocurriendo. Me he fijado en una extraña coincidencia de propósitos entre los que siempre apoyan estas cosas en las redes sociales: lo mismo defienden la excarcelación de los presos de ETA, que la magnífica gestión de la economía Argentina, que la “democracia” existente en Cuba o Venezuela, que la teocracia de Irán, la independencia de Cataluña, la paz de Corea del Norte, que se olvidan de la existencia de Zapatero, los errores del pasado que nos han traído esta crisis y al mismo tiempo tratan de atrapar “corazones” mostrando las escenas más descarnadas de la guerra, la crisis o la miseria humana, sólo con el propósito de imponer su creencia y propaganda. Al mismo tiempo siempre son los mismos aquellos que están contra Israel, Estados Unidos, la libertad, “esta” democracia”, la Constitución, Rajoy, Merkel y el capitalismo. También resulta sorprendente que los mismos crímenes cuando vienen de alguno de sus patrocinados son luchas sociales y cuando viene de alguno de sus vilipendiados, actos execrables. Otra curiosidad es que no ocurren como hechos aislados, sino que provienen de consignas establecidas y por eso se presentan en oleadas, así cada día hay un tema que prevalece en las redes sociales agitado siempre por los mismos.

Recientemente, un periodista norteamericano ha sido asesinado por el ISIS, el califato islámico que con bandera de yihad se dedica a imponer su orden en Siria e Irak, patrocinado posiblemente por Irán, el mismo país que ha aupado desde hispantelevisión a Pablo Iglesias al estrellato político. Juan Carlos Monedero tendrá que enfrentarse el próximo 10 de septiembre a un juzgado por haber agredido a un periodista que le ha denunciado. En Podemos han comenzado a surgir voces discrepantes, denunciadas por Pablo Iglesias y Echenique, pidiendo democracia interna al igual que ha ocurrido en UPyD, en CDC, en el PSOE y hasta en el PP.

Está claro que tanto desde los partidos que conforman la casta como aquellos que a ella se oponen, tratan de vendernos, de nuevo, la esperanza de que con ellos alcanzaremos la era dorada de Cronos, en la que  en la que todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad, como si tal cosa fuera posible viviendo en el ritual de la democracia mitológica que se han inventado desde el poder.

No va quedando mucho tiempo para que todos estos aprendices de tiranos depongan su despotismo, más de un 80 % de los españoles estamos hartos de su representación teatral en el poder, más de un 58 % no apoyamos a ningún partido en las pasadas elecciones europeas, más de un 95 % queremos que se juzgue la corrupción existente en los partidos políticos de este país y que cambien de actitud o se vayan a la mierda, y que les acompañen también aquellos que tratan de sustituirles defendiendo el regreso al caos, el totalitarismo y la aniquilación de la libertad.

El problema de la casta y la plasta que aspira a sustituirla, es que no se dan cuenta de que Cronos, que es el dios del tiempo, se los ha tragado y se han convertido en una entelequia en el presente. Forman parte del olvido, exactamente igual que los dioses del Olimpo, que hoy ya nadie recuerda. Creo que cada día nos acercamos más a la sentencia de Jorge Luis Borges: habrá un día en que nos merezcamos vivir sin gobiernos. Que así sea.

Enrique Suárez

miércoles, 2 de julio de 2014

El divorcio entre el poder y la política



Recientemente, el Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman, sociólogo perenne, nos hablaba de la disgregación existente entre el poder y la política en la época actual, una condición que se encuentra presente en la raíz de los problemas representativos vigentes.

Una sociedad intercomunicada como la del siglo XXI abjura cada día más de una intermediación entre sus deseos y voluntad y los hechos de poder establecidos por los representantes políticos que forman los órganos de decisión. Realmente Poder y Política, al contrario de lo que la mayoría de la gente pueda pensar no son términos que se encuentren en correlación absoluta, sino relativa y parcial, en todas las comunidades democráticas de las sociedades avanzadas. 

Quizás el factor más importante para que tal cosa ocurra ha sido el paulatino secuestro de la democracia por el poder político, en particular, por las instituciones representativas reconocidas como partidos políticos. Los partidos políticos son intermediarios entre la voluntad popular y el ejercicio del poder, pero también son organizaciones de poder en sí mismas, en la mayoría de las ocasiones ajenas a la democracia, que sólo sirve de envoltorio a las decisiones de autoridad que provienen de sus respectivas direcciones políticas.

En la Antigua Grecia, origen de la democracia, no estaban permitidos los partidos políticos porque se consideraban instrumentos de presión sectaria que buscaban esencialmente sus propios intereses y la acumulación de privilegios para sus miembros,  ajenos a los intereses generales de los ciudadanos.

La relación entre política y poder ha sufrido aproximaciones y alejamientos a lo largo de la historia, mientras Platón y Aristóteles consideraban que la política consistía en encontrar la mejor forma de Gobierno (poder) que facilitara la felicidad a los ciudadanos, en la Edad Media, Nicolás Maquiavelo consideró que el fin de la política era el logro del poder y su perpetuación en él. Aquí surge la disgregación, porque desde entonces poder y política corresponden a epistemes diferentes, el poder se mide en términos de acumulación de recursos, mientras que la política lo hace en términos de convicción a los ciudadanos. En los albores de la ilustración la política se conforma en torno a dos grandes ideas fuerza, la voluntad general de Rousseau y el contrato social entre gobernados y gobernantes, y la aparición del Estado de Hobbes, con la condición de súbditos para los ciudadanos y la de soberano para el Rey. También aparece la división de poderes, ejecutivo, legislativo y judicial (Montesquieu) y las diversas funciones del Estado (Locke).

El Poder se asocia desde entonces al Estado y la política se convierte en intermediario entre la sociedad civil  y el Estado. Mientras que los partidos políticos inician el despojo político de la sociedad civil, desposeyéndola de cualquier otro poder que su soberanía o función legitimadora. La democracia se convierte en despotismo, el gobierno del pueblo y para el pueblo, pero sin el pueblo.

En busca de la isocracia

Como Max Weber, Robert Michels y Gaetano Mosca, nos explican, entre otros muchos como el poder se va acumulando en unas determinadas élites administrativas que acotan todas las funciones del Estado, surge de esta forma una emulación de casta poderosa que se apropia de todos los órganos de poder y las instituciones desde las que se ejerce y arrebata a los ciudadanos cualquier decisión sobre su destino. Los ciudadanos sólo pueden votar desde entonces por aquellos que deciden desde las jefaturas de los partidos, para que hagan lo que les prometen hacer y que evidentemente no hacen. La política a su vez se va cerrando exclusivamente a la representación política ejercida desde los partidos políticos, quedando los ciudadanos desterrados de tomar decisiones sobre sus vidas, obras y futuro, que sólo quedan en manos de los políticos.

La democracia secuestrada por los partidos políticos se convierte en un magnífico instrumento de poder, cuando en su origen había sido precisamente lo contrario, un instrumento de control del poder y su acumulación en un grupo reducido de personas, que hacen las leyes para su propio autocontrol, toman las decisiones para su aforamiento y limitan el ejercicio de la justicia en función de sus intereses.

Prácticamente esa es la democracia que disfrutamos hoy en día, una mezcla de demagogia y despotismo, una farsa, una pantomima,  donde ha desaparecido la isocracia (igualdad entre gobernantes y gobernados), la isonomia (igualdad ante las leyes) y la isegoría (igualdad entre todos los ciudadanos para hablar a la asamblea). No puede haber democracia cuando todos los elegibles surgen desde el poder y sólo pueden ser ratificados o no, por los electores, porque el sufragio universal, libre y directo deviene en alguna forma de sufragio censitario, donde sólo aquellos que forman parte de los partidos políticos y reciben la bendición del poder de sus jefes pueden ser elegibles y aquellos que los alzan al poder sólo pueden decidir sobre lo que ya han decidido otros desde el poder.

La única cuestión a dirimir en un futuro inmediato, es cuánto tiempo le queda de vida a este sistema democrático degradado desde el poder, en el que siempre los mismos van cambiando de manos el poder, y los privilegios y beneficios que le acompañan, ante la atónita mirada de aquellos que sólo tenemos como función cívica pagarles el espectáculo para que se sigan riendo de nosotros, acusándonos de no ser buenos ciudadanos si no aceptamos su usurpación, impostura y detentación como la única opción posible de representación política. Creo que va siendo hora de civilizar al poder político, porque la representación política podía ser válida en sociedades analfabetas e incomunicadas, pero es un auténtico anacronismo en sociedades intercomunicadas de forma instantánea y con numerosos ciudadanos que tienen posiblemente mayor formación intelectual y recursos, que aquellos que les representan.

Enrique Suárez

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