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jueves, 19 de febrero de 2015

Hartos de milenarismos y discursos mesiánicos




A pesar de los mensajes milenaristas que se escuchan por diversos países europeos, que anuncian el final del capitalismo, lamento informar a los detractores que el capitalismo goza de una extraordinaria salud en este mundo y algo peor en España, gracias a la intervención económica de los partidos doctrinarios, que están empeñados en que regresemos al pasado, en forma de estatismo o tercermundismo. Creo que el problema más acuciante al que nos enfrentamos los españoles, es la inadecuación de los que se postulan para representantes políticos de los ciudadanos de este país. 

Los ciudadanos de este país estamos cada día más hartos de tener unos representantes políticos que son unos inadaptados, no sólo a los tiempos actuales, sino a las condiciones vitales de los ciudadanos que pretenden representar, tampoco les importa demasiado, mientras puedan seguir viviendo felizmente del pesebre que les concede el poder. Tenemos una casta muy cateta, esa es la verdad, que aspira a ser desplazada por otra casta aún más cateta que la que existe, que confunden su versión delirante de la vida y el mundo con la realidad.

Las versiones, interpretaciones, percepciones limitadas por los cerebros de los que nos representan sólo son una de las posibles alternativas para comprender lo que existe. Dudo mucho que en una reunión de todos los que dicen representarnos lograran establecer una descripción coherente de la realidad, que coincidiera con la establecida por unos cuantos miles de ciudadanos de este país. Realmente hablamos de dos mundos, uno el de los políticos que se afinca en el poder, y otro el de los ciudadanos que se ubica en el despojo, nada tienen que ver entre ellos, por mucho que se empeñen las cofradías de las siglas.

Por eso no dejaré de insistir en que los problemas a los que nos enfrentamos los ciudadanos occidentales poco tienen que ver con el capitalismo, algo que se puede demostrar fácilmente, hay países que viven en el capitalismo en los que la mayoría de sus ciudadanos viven muy bien, y sin duda mucho mejor que en cualquier otra alternativa económica. También es cierto que en el capitalismo no todos viven igual de bien, está comprobado que aquellos que trabajan y producen más viven mejor que aquellos que no trabajan o producen menos, algunos aventureros consideran que esto es una injusticia del capitalismo, a mí me parece que la injusticia sería, precisamente, que vivieran igual los que se parten el lomo y los que no pegan palo al agua.

El capitalismo busca el interés económico, evidentemente, esa es una ley universal, porque muchos de los que dicen que buscan el interés social, en realidad lo que buscan es no ser desplazados del lugar laboral que ocupan, habitualmente en algo relacionado con lo público, porque las condiciones del capitalismo, de eficiencia y eficacia les deje fuera de juego, en un sistema que valora producciones y salarios. En este país hay más de medio millón de trabajadores públicos, no funcionarios, empeñados en convencer a los demás de que son necesarios para que el mundo funcione mejor, cuando en realidad son manifiestamente prescindibles.  Medio millón de cofrades de propaganda continua son muchos cofrades, para que la procesión no obtenga atención por parte de la opinión pública. Pero lo que está claro es que cuantos más parásitos innecesarios tenemos en lo público, menos creadores de riqueza se van quedando en lo privado.

Sin embargo, en este país hay dos millones de autónomos que en estos momentos están sufriendo la opresión de la crisis en sus vidas, para poder mantener al medio millón de innecesarios que se dedican a dictar moral para conservar su puesto de trabajo en lo público, pero estos no salen en la televisión y pasan desapercibidos, pequeños comercios, bares, fontaneros, albañiles, carpinteros, trabajadores de servicios, que no habiendo recibido la sonrisa de la fortuna o el enchufe correspondiente por ser unos buenos cofrades de su causa, están condenados a malvivir para que otros vivan a su costa de puta madre, mientras mantienen a otros que les dicen lo que tienen que hacer para ser considerados como ciudadanos ejemplares por los parásitos públicos. 

Algún día tendrían que salir en la televisión los autónomos de este país para decir que opinan de este sistema que premia a los que viven de dictar discursos morales, mientras otros se parten el espinazo para poder pagarles el sueldo y las pasan putas para llegar a fin de mes, pagando los impuestos necesarios para que los nuevos curas sociales puedan vivir felices diciendo a todos los demás lo que deben hacer, ofreciéndoles en el más allá, lo que son incapaces de procurarles en el más acá.

Enrique Suárez

sábado, 7 de febrero de 2015

Necesitamos una izquierda que defienda la libertad y no sus privilegios






Cada vez que escucho a algún comunista arcaico hablar del “neoliberalismo” me pregunto de que siglo proviene, si del XIX o del XX, porque los hay de ambos.  El "neoliberalismo" que algunos pregonan es un espantapájaros que han inventado interesadamente los propagandistas de la izquierda, un muñeco de paja, que a modo de chivo expiatorio pueda acoger todos los males de este mundo, todo para ocultar en una finta psicoanalítica el fracaso económico de todas las políticas planificadas de los quinquenios de la URSS,  la incapacidad de los colectivismos de crear riqueza (al tiempo que mantienen a la gente en la pobreza) y su deriva segura hacia la erradicación de la libertad en los lugares en los que ha logrado triunfar, como Cuba, Venezuela o Corea del Norte. Se puede comprobar fácilmente el fracaso del comunismo en los países que fueron comunistas en el Telón de Acero y luego se abrieron al capitalismo, han crecido más en los últimos diez años que en los cien años anteriores y las condiciones de vida de sus habitantes han mejorado considerablemente.


Por alguna rara especie de algunos descerebrados, la izquierda se ha convertido en los últimos años en enemiga acérrima de la libertad, el capitalismo y la economía de mercado. Los profetas de la cosa consideran que la crisis económica que atraviesan los países occidentales se debe al fracaso del “neoliberalismo”, sin tener en cuenta otros fenómenos mucho más relevantes: la llegada de las nuevas tecnologías, la entrada en los mercados globales de 3.000 millones de nuevos productores dispuestos a trabajar por la décima parte de lo que lo hace un occidental y muchas más horas y la globalización. Evidentemente, para algunos todo esto es una consecuencia del “neoliberalismo” y los movimientos económicos promovidos por las élites financieras mundiales, que al fin y al cabo, vendrían a ser idiotas de libro, porque precisamente son las que más dinero han perdido con la crisis.


Su fanatismo les impide ver que el mundo ha cambiado, por eso tratan de imponer su visión deformada de la realidad a cualquier precio, porque son incapaces de adaptarse, como hacen los demás, al mundo que actualmente existe. 

Si nos detenemos en nuestro país, alguien tendría que explicarnos como en la época de Zapatero se crearon un 25 % más de empleos públicos (ojo, no funcionarios, que estamos los cuartos por la cola en Europa), mientras se perdían un 25 % en todos los demás sectores económicos.

¿Cómo pudo crecer en España el empleo público más que en ningún país de Europa desde el año 2004 al 2011 es uno de los enigmas más insólitos, digno de formar parte del programa Cuarto Milenio, cuando al mismo tiempo este país era en el que se reducía más el empleo, en todos los demás sectores?, eso en una época en que las nuevas tecnologías en información y comunicaciones han reducido el número de trabajadores en todas las empresas privadas, en España ha ocurrido lo contrario en todas las públicas, algo que no ha ocurrido en otros países europeos, sino más bien al contrario. Esto es un anatema para todos los que defienden la izquierda en España, que son los que prefieren echar la culpa al “neoliberalismo” de nuestros males.


Vamos a dejarnos de entelequias, alguien tendría que descubrir alguna vez lo que pasa a los españoles, la causa de la crisis económica que vivimos en España se debe a la sobredimensión de las instituciones políticas, la duplicación y triplicación de instancias administrativas y la escasa productividad, cualificación y eficacia de los empleados públicos españoles que han sido colocados, especialmente los que están en los cargos directivos de entidades públicas, que son lo más nefasto de Europa y que han accedido a su vida plácida por la bendición de un dedo que ha señalado su carnet en la boca. Y esto no es una cuestión que distinga partidos, porque todos los que están en el poder han hecho lo mismo. Y si les resulta increible, pregunten ustedes a cualquier funcionario por oposición de su confianza, como funciona el entramado político como pesebre en las institciones públicas


Los españoles desconocen que cada 100.000 empleados públicos que no necesitamos, nos cuestan alrededor de 6.000 millones de euros al año,  si contamos empleados públicos y empleados de empresas públicas o que viven mayoritariamente de lo público, en este país sobran más de un millón de empleados innecesarios, lo que supone al año 60.000 millones de euros, que es un poco menos de la cifra en lo que crece la deuda pública española.  Pero además, un ejército innecesario crea más problemas que soluciones, así tenemos que para hacerse imprescindibles cada día cargan más la vida de los ciudadanos con toda suerte de iniciativas dispuesta a deteriorar su bienestar y calidad de vida. Cuando alguien tiene que trabajar de verdad y al servicio de los ciudadanos, se deja de averiguar porque el impreso 324 no tiene validez para el asunto 428, ni apabulla al ciudadano con su cetro imperial inmerecido cuando le hace una pregunta.


La enormidad del despropósito creado por el PSOE de Zapatero es indecente, pero la han puesto en práctica todos los partidos con poder, el PP por supuesto y los nacionalistas no digamos, y sus barbaridades se pueden contemplar hoy en las autonomías que llevan gobernadas por el PSOE durante los últimos 30 años. Ayer, en este blog, se dejó un artículo en el que se demostraba que cualquier trabajador de este país recibe al final menos dinero del que produce para el Estado en forma de impuestos.  La proporción viene a ser de 10 para el trabajador, por 17 que recibe el Estado de su trabajo, eso sin incluir los impuestos que extrae de su producción en bienes o servicios.


Si en el gobierno del PP hubiera gente inteligente, se podría resolver la crisis de una forma muy sencilla, limitando el número de cargos directivos en todas las empresas relacionadas con lo público por decreto. No se puede permitir, porque es indecente, en un país con 4,5 millones de parados en el que hay un millón de licenciados jóvenes bloqueados por un millón de colocados con carnet, que en los últimos veinte años se hayan multiplicado por veinte los puestos de mando en las administraciones públicas. Donde hace veinte años había 3 cargos directivos, hoy hay 30 directivos, por supuesto afines al partido político que detente el poder en la autonomía correspondiente, difundiendo las responsabilidades de tal forma que al final no hay nadie responsable de los despropósitos que acontecen. Esa administración parasitaria que ha creado una burocracia innecesaria de cargos políticos designados debe desaparecer si queremos abandonar algún día la crisis.


Definitivamente este país necesita una izquierda que defienda la libertad y no que trate de crear enemigos de la libertad porque les puede joder el pesebre a los colocados, es hora de que la gente sepa lo que está ocurriendo en lo público, bajo la bandera de lo social, que para eso lo paga con su pérdida de bienestar.

Que unos cuantos miles de sinvergüenzas cobren todos los meses por hacer brindis al sol a costa de que 4,5 millones de parados estén en la calle porque no pueden acceder en las mismas condiciones que los enchufados por los partidos, sindicatos y empresas de pesebre a un puesto de trabajo, no es de recibo. Mientras haya unos indeseables que se encargan de crear problemas, pero nunca soluciones, para hacerse necesarios y seguir cobrando su sueldo, a pesar de que sea a costa de crear la mayor desigualdad que se ha visto en este país, la que distingue a los privilegiados que tienen padrino de los desheredados que no tienen enchufe para alcanzar un trabajo en lo público. Este tercermundismo debe desaparecer si queremos ser un país normal algún día.


Así que la crisis económica que vivimos en España no se debe al “neoliberalismo” se debe al expolio de aquellos que braman contra el capitalismo, pero viven magníficamente de explotar a sus semejantes en nombre de la igualdad. No se debe a la crisis de los bancos, sino al expolio de 200.000 millones de euros cometido en las Cajas de Ahorros por los miembros de los partidos, sindicatos y empresarios que estuvieron sentados en sus consejos de administración. Y no, no se debe a la voracidad de los desalmados que dejan a los niños sin comida en los comedores escolares, a los pensionistas sin pensión y a los jóvenes sin trabajo por defender la economía de mercado, sino a los que utilizan todas estos mantras para mantener sus privilegios en nombre de la igualdad, la defensa de lo social y lo público, con más avaricia que cualquier capitalista, que al fin y al cabo defiende que la gente viva de lo que produce y no a costa de los demás. Va siendo hora de cambiar la propaganda interesada, por información correcta sobre la realidad. 

La justicia social no consiste en que los socios de un club se hagan con todos los privilegios a costa de crear perjuicios en todos los demás, porque son más listos o están mejor organizados como secta en el arte de trincar para si mismos, mientras representan que luchan por los demás y en realidad, les están machacando. Lamentablemente si la izquierda abandona la humildad y la autocrítica, como ha ocurrido en este país, se convierte en otra derecha, es decir, en casta.


Enrique Suárez.


viernes, 6 de febrero de 2015

Siervos del Estado






¿Cuál es el precio que pagamos los españoles por vivir en este país?, es una pregunta que muy pocos se han hecho, a continuación les mostraré uno de los mayores misterios que el poder político oculta a los ojos de los ciudadanos: el Estado, en todas sus dimensiones, recibe más plusvalías de cada trabajador que el propio trabajador sobre su trabajo, es decir, que todos los trabajadores españoles, posiblemente también los europeos, son esquilmados de forma depredadora por sus impuestos.

¿Qué porcentaje creen ustedes que se lleva el Estado de sus salarios? ¿20, 30, 40, 60 %? Bien, dependerá de los ingresos, pero posiblemente se lleve más del 100 %, es decir, el Estado recauda más dinero del que percibe cada trabajador por su trabajo.

El salario medio de los españoles era de 2169 euros en 2013, por doce pagas, lo que supone 26.027 euros al año. Ahora comenzaremos a restar dinero, de 2169 euros (1859 euros por 14 pagas) brutos, comenzaremos a quitar:

Partimos de un sueldo de 2169 euros por doce pagas, del que habrá que quitar

6,35 % de la seguridad social = 138 euros
18 % de IRPF = 390 euros
1,65 % desempleo y FP = 36 euros

El trabajador percibiría por tanto 1.605 euros en su nómina, el Estado ha percibido hasta aquí 564 euros.

Pero por un sueldo bruto de 2169 euros, el empresario tiene que cotizar un 30 % más, es decir 650 euros más, eso es lo que paga el empresario por ese trabajador cada mes.

Además el Estado también se lleva un porcentaje de los beneficios que no es menor del 25 %, supongamos que el trabajador trabaja para une empresa y produce  10.000 euros de beneficios, pues el estado se lleva 2.500 euros.

Es decir, hasta ahora el trabajador percibe 1.605 euros, y el Estado se ha llevado 2500 euros de su producción, 564 de sus retenciones sobre su sueldo y 650  de las cotizaciones pagadas por su empresa por él, lo que suma en total 3714 euros.

Pero no acaba aquí la cuestión, de los 1605 euros el trabajador supongamos que ahorra 300 euros cada mes, algo prácticamente imposible, y dedica a mantenerse 1305 euros, sobre ese dinero habitualmente utilizado en consumo se retira un porcentaje variable que va desde el 80 % en el tabaco, el 60 % en los combustibles y energías, un porcentaje variable de tasas municipales y por supuesto un 21 % de IVA, esto quiere decir que no menos del 30 % de esos 1305 euros se va en impuestos, lo que añade 391 euros más al expolio. 

Sobre los 300 euros de ahorro se retirarán dependiendo de las sumas no menos del 10 % al año por diversos capítulos, lo que sumado a lo anterior supone otros 30 euros más 391 en total será 421 euros, que hay que retirar de los 1605 que percibe, así que le han quedado al final 1184 euros. A lo que habrá que añadir posiblemente 100 euros más en la declaración por mes en la declaración de la renta, así que al final el trabajador percibe realmente poco más de 1000 euros (1084 euros), mientras que el Estado ha percibido por su trabajo  4235 euros cada mes, en las condiciones que se han expuesto.

Sí, han leído ustedes bien, por cada 1084 euros libres que percibe un trabajador en España, el Estado ha extraído de él una plusvalía de 4235 euros. Si eliminamos el factor variable de producción (los 2500 euros, es una cifra aproximada) del modelo expuesto, la plusvalía que extrae el Estado del trabajo de cada productor, nos quedan entonces 1084 euros para el trabajador y  1735 euros para el Estado, con lo que se demuestra que el Estado percibe más que cualquier trabajador del trabajo de este. 

Por dios, que no se entere nadie, que se puede armar muy gorda, no se os ocurra comentarlo ni divulgarlo, que se estropea el negocio que se tienen montado a costa de todos los españoles trabajadores y parados, porque los parados es una consecuencia de este modelo de latrocinio establecido por políticos, sindicatos y empresarios organizados al alimón. Y todo lo anterior hablando de los trabajadores por cuenta ajena, que si nos ocupamos de los autónomos todavía sería mayor la estafa.

Todos los españoles somos siervos del Estado y nuestro trabajo es su coartada para esquilmarnos.

Enrique Suárez

domingo, 28 de diciembre de 2014

La mafia laboral asociada a lo público

¿Por qué España es el país de Europa con más gente viviendo de lo público?

En España, un 25 % del gasto público se dedica a salarios. A pesar de las quejas organizadas,  la propaganda sindical, y las intoxicaciones informativas; los 2,8 millones de empleados públicos (en realidad, la cifra podría superar los 5 o 6 millones, si contamos los asalariados que trabajan la mayor parte de su tiempo para organismos públicos, prácticamente el doble de lo que nos informan), convierten a los españoles en los ciudadanos europeos que más dinero dedicanos a pagar los asalariados que se contratan con criterios políticos, ajenos a la realidad de nuestras necesidades, desde entidades públicas.

España dedica un 25 % a pagar salarios de sus empleados, mientras que Alemania la cifra es del 17%, Italia 21%, Francia 23% y Reino Unido 22 %. Sin embargo, con la crisis económica se ha hecho una operación de camuflaje perfectamente urdida desde el poder, fundamentalmente en las comunidades autónomas y ayuntamientos, creando empresas, muchas de ellas parásitas, que viven a expensas de lo público, en las que se han colocado muchos de los empleados desalojados del sector público. Estas empresas vienen realizando una competencia desleal promovida, consentida y permitida por las administraciones públicas y las autoridades políticas, pues se llevan el grueso del trabajo por criterios de amiguismo y corrupción, muchas veces a precios más elevados que los de mercado. Aquí hay una bolsa de corrupción que supera a todas las demás y que no ha sido ni mencionada por los medios de comunicación al servicio del poder.

La externalización, que es como se llama la cosa, también  se paga con dinero público. Si bien los empleados públicos en España (14 %), no son más que en otros lugares, según Eurostat la población activa de asalariados públicos es muy similar al de nuestros vecinos: Alemania 13%, Italia 12%, Francia 16% y Reino Unido 16%, sin embargo, síi lo son los empleados que viven de lo público (indirectos y contratados), cifra que podría elevarse hasta un 30-35 % de la población activa, que sin duda es la cifra más elevada de Europa. Esto funciona como un auténtico pesebre electoral para los partidos políticos, que conculca cualquier atisvo de democracia en nuestro país.

España ocupa uno de los primeros lugares por empleados públicos directos e indirectos, ciertamente es uno de los países de Europa en que hay menos funcionarios profesionales, el cuarto por la cola en 2013, lo que sirve de estrategia para decir que faltan funcionarios, cuando en realidad lo que sobran son empleados públicos que ocupan los puestos de trabajo que corresponderían a los jóvenes mejor cualificados para esos puestos y a los parados que han sido desplazados por no disfrutar de padrino en el poder. 

Funcionarios en España hay 1.625.128, hasta 2,8 millones es personal contratado por el dedo correspondiente, con criterios de necesidad o bien criterios políticos, en la inmensa mayoría de los casos. Esta desmesura soberbia en un país que tiene cinco millones de personas sin trabajo no puede transigirse y debe erradicarse de inmediato.

La crisis ha impactado en menor medida sober el empleo público que sobre el sector privado, disminuyendo el primero en una proporción mucho menor que el segundo, al contrario de lo que ha ocurrido en la Unión Europea. Incluso en España, el empleo público ha seguido creciendo hasta 2010 en numerosos sectores.

Colocar enchufados por el poder, privando a aquellos que se merecen el trabajo del que otros enchufados les desplazan

En España, las tasas de restitución de funcionarios se han reducido al 10 % con la sana intención de colocar enchufados por el poder, bien de forma directa, o indirecta, desde empresas afines al poder, a expensas de la población joven mejor formada y con más paro de la OCDE y de los parados de larga duración que son desplazados por estas prácticas caciquiles, a la precariedad más absoluta. El fenómeno no es reciente, en este país han entrado en la administración pública personajes que llevan más 35 años afincados en el pesebre público, porque un día tuvieron la fortuna de que alguien con poder les reclamara. Algunos ya están próximos a la jubilación y llevan toda su vida viviendo de decirle a los demás lo que debían hacer, con una cualificación o inteligencia que en un país normal les dejaría en las listas del paro por muchos años. ¿Cómo va a funcionar este país bien si tiene un auténtico cáncer en el expolio público con sus correspondientes metástasis?. Está en estado terminal, que es lo que le corresponde.



La provisionalidad, el caciquismo, el nepotismo y el amiguismo nunca han sido denunciados por los defensores de lo público, es decir, por aquellos que ocupan puestos de trabajo que no les corresponden, posiblemente innecesarios, desplazando a jóvenes mejor formados  y más aptos, parados de larga duración y sectores más devastados. En ciertas ocasiones, estas empresas contratadas, subcontratan el trabajo, multiplicando por dos o tres su coste real. Estos parásitos son los que organizan habitualmente las huelgas y las mareas de todos los colores. Los que viven cobrando aproximadamente el doble que los empleados de empresas privadas por hacer más o menos la mitad.

Realmente se puede decir que hay una mafia laboral en España asociada a lo público, tanto por la contratación de enchufados desde el poder, como por la creación de empresas que trabajan exclusivamente para lo público y viven de lo público donde se han ido colocando los 400.000 desalojados del empleo público directo.  

El empleo asociado a lo público es uno de los mayores nichos de corrupción existente en este país, amparado por las autoridades políticas de todos los partidos, donde colocan a afines, parientes y amigos, con saber hacer la o con un canuto, para luego complicar aún más la vida de los ciudadanos, con normas y reglas sin otro sentido que hacer necesario lo innecesario y así, hacerse imprescindibles, y mantener su pesebre, los enchufados, su trabajo y su salario y los políticos, sus votos.

Pero además hay un agravante, esta legión de colocados por el poder cobra aproximadamente el doble que los empleados de empresas privadas, por la fortuna de haber sido incluidos en nóminas públicas o que provienen de lo público, pero además con una cualificación deficiente y una incapacidad extraordinaria para ocupar los puestos de trabajo que detentan. Prueba de ello es el deterioro paulatino que se comienza a observar en la inmensa mayoría de los organismos públicos.

El mayor crimen que comete este gobierno contra sus ciudadanos, al igual que todos los organismos de poder en este país, es que los españoles tengamos que endeudarnos en 55.000 millones de euros el próximo año, para pagar los empleados públicos y afines que nos sobran, que no son necesarios y que han sido colocados por el poder en todas sus formas, impidiendo el acceso a un puesto de trabajo a los jóvenes con mayor paro de Europa y a los cinco millones de parados que existen en este país. El tapón de corrupción laboral en lo público es el principal vínculo que nos encadena al tercermundismo, donde lugares como  Andalucía, Asturias o Extremadura son el paraiso, pero en menor escala este fenómeno ocurre en todas las demás comunidades autónomas. 

El mayor fraude de este país y nadie habla de él

Cada 100.000 colocados innecesarios este país tiene que pagar 5.000 millones de euros, así que si redujéramos en un 1.100.000 los empleados públicos y dependientes  de lo público, y dejáramos que esos puestos de trabajo fueran ocupados  de forma natural por jóvenes cualificados que se hicieran funcionarios (hay un millón de licenciados en el paro y otro millón de jóvenes trabajando en condiciones deplorables y muchos más en el paro condenados a un salario social el resto de sus días), dejaríamos de tener incremento de deuda pública cada año, y no habríamos alcanzado el billón de euros que ahora tenemos.

Hace unos años denuncié que mientras este país perdía un 25 % de su masa laboral general, inexplicablemente, en la época de Zapatero, la masa laboral pública se incrementaba en un 25 %, hasta los 3,2 millones de asalariados, todos los sectores perdían empleo menos el público, con la única finalidad de colocar a los afines, y los votantes agradecidos del futuro en unión de sus familias. El modelo andaluz, que ha permitido gobernar al PSOE durante 40 años en Andalucía, con sus EREs y sus cacicatos, para seguir siendo la comunidad con más lento desarrollo del país. Que sin embargo ha utilizado el PP en comunidades como Valencia y Murcia, con la misma finalidad. Pero además, cobrando salarios aproximadamente del doble que se cobra por la misma tarea en el sector privado, especialmente los más elevados.

Es hora de que este país madure y exponga a la luz el entramado de corrupción laboral asociado a lo público, si algún día queremos recobrar la normalidad. Es hora de que estas prácticas corruptas sean denunciadas por los ciudadanos, los enchufados desalojados del salario social que se les ha concedido y los corruptos que han inventado y amparado este sistema de depredación vayan a la cárcel. Es hora de acabar con el caciquismo político en España, que hace exclamar a los inversores extranjeros que este país está organizado para beneficiar a la casta política y a las élites acomodadas: "Ha sido horrible tratar de hacer negocio en esta región, ya nos habían dicho que era coto vedado para ésto; es un sitio exclusivo para los políticos y la élite acomodada"

Un país con cinco millones de parados, de ellos un millón de licenciados, la mayor cifra del mundo, no se puede permitir que unos chulos con carnet político o sindical decidan su futuro. No es una cuestión de igualdad, es una cuestión de justicia. Si el PSOE ha sido el creador de este sistema de expolio y degradación de lo público, a expensas de los cinco millones de parados españoles, en su mayoría jóvenes; el PP de Mariano Rajoy es el mayor responsable del paro existente en este país y del amparo a las mafias laborales que en el existen, asociadas a lo público. Podemos ha propuesto como solución incrementar aún más el pesebre público. Lo llevamos claro con esta calaña de impresentables y crápulas

Enrique Suárez



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