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sábado, 7 de febrero de 2015

Necesitamos una izquierda que defienda la libertad y no sus privilegios






Cada vez que escucho a algún comunista arcaico hablar del “neoliberalismo” me pregunto de que siglo proviene, si del XIX o del XX, porque los hay de ambos.  El "neoliberalismo" que algunos pregonan es un espantapájaros que han inventado interesadamente los propagandistas de la izquierda, un muñeco de paja, que a modo de chivo expiatorio pueda acoger todos los males de este mundo, todo para ocultar en una finta psicoanalítica el fracaso económico de todas las políticas planificadas de los quinquenios de la URSS,  la incapacidad de los colectivismos de crear riqueza (al tiempo que mantienen a la gente en la pobreza) y su deriva segura hacia la erradicación de la libertad en los lugares en los que ha logrado triunfar, como Cuba, Venezuela o Corea del Norte. Se puede comprobar fácilmente el fracaso del comunismo en los países que fueron comunistas en el Telón de Acero y luego se abrieron al capitalismo, han crecido más en los últimos diez años que en los cien años anteriores y las condiciones de vida de sus habitantes han mejorado considerablemente.


Por alguna rara especie de algunos descerebrados, la izquierda se ha convertido en los últimos años en enemiga acérrima de la libertad, el capitalismo y la economía de mercado. Los profetas de la cosa consideran que la crisis económica que atraviesan los países occidentales se debe al fracaso del “neoliberalismo”, sin tener en cuenta otros fenómenos mucho más relevantes: la llegada de las nuevas tecnologías, la entrada en los mercados globales de 3.000 millones de nuevos productores dispuestos a trabajar por la décima parte de lo que lo hace un occidental y muchas más horas y la globalización. Evidentemente, para algunos todo esto es una consecuencia del “neoliberalismo” y los movimientos económicos promovidos por las élites financieras mundiales, que al fin y al cabo, vendrían a ser idiotas de libro, porque precisamente son las que más dinero han perdido con la crisis.


Su fanatismo les impide ver que el mundo ha cambiado, por eso tratan de imponer su visión deformada de la realidad a cualquier precio, porque son incapaces de adaptarse, como hacen los demás, al mundo que actualmente existe. 

Si nos detenemos en nuestro país, alguien tendría que explicarnos como en la época de Zapatero se crearon un 25 % más de empleos públicos (ojo, no funcionarios, que estamos los cuartos por la cola en Europa), mientras se perdían un 25 % en todos los demás sectores económicos.

¿Cómo pudo crecer en España el empleo público más que en ningún país de Europa desde el año 2004 al 2011 es uno de los enigmas más insólitos, digno de formar parte del programa Cuarto Milenio, cuando al mismo tiempo este país era en el que se reducía más el empleo, en todos los demás sectores?, eso en una época en que las nuevas tecnologías en información y comunicaciones han reducido el número de trabajadores en todas las empresas privadas, en España ha ocurrido lo contrario en todas las públicas, algo que no ha ocurrido en otros países europeos, sino más bien al contrario. Esto es un anatema para todos los que defienden la izquierda en España, que son los que prefieren echar la culpa al “neoliberalismo” de nuestros males.


Vamos a dejarnos de entelequias, alguien tendría que descubrir alguna vez lo que pasa a los españoles, la causa de la crisis económica que vivimos en España se debe a la sobredimensión de las instituciones políticas, la duplicación y triplicación de instancias administrativas y la escasa productividad, cualificación y eficacia de los empleados públicos españoles que han sido colocados, especialmente los que están en los cargos directivos de entidades públicas, que son lo más nefasto de Europa y que han accedido a su vida plácida por la bendición de un dedo que ha señalado su carnet en la boca. Y esto no es una cuestión que distinga partidos, porque todos los que están en el poder han hecho lo mismo. Y si les resulta increible, pregunten ustedes a cualquier funcionario por oposición de su confianza, como funciona el entramado político como pesebre en las institciones públicas


Los españoles desconocen que cada 100.000 empleados públicos que no necesitamos, nos cuestan alrededor de 6.000 millones de euros al año,  si contamos empleados públicos y empleados de empresas públicas o que viven mayoritariamente de lo público, en este país sobran más de un millón de empleados innecesarios, lo que supone al año 60.000 millones de euros, que es un poco menos de la cifra en lo que crece la deuda pública española.  Pero además, un ejército innecesario crea más problemas que soluciones, así tenemos que para hacerse imprescindibles cada día cargan más la vida de los ciudadanos con toda suerte de iniciativas dispuesta a deteriorar su bienestar y calidad de vida. Cuando alguien tiene que trabajar de verdad y al servicio de los ciudadanos, se deja de averiguar porque el impreso 324 no tiene validez para el asunto 428, ni apabulla al ciudadano con su cetro imperial inmerecido cuando le hace una pregunta.


La enormidad del despropósito creado por el PSOE de Zapatero es indecente, pero la han puesto en práctica todos los partidos con poder, el PP por supuesto y los nacionalistas no digamos, y sus barbaridades se pueden contemplar hoy en las autonomías que llevan gobernadas por el PSOE durante los últimos 30 años. Ayer, en este blog, se dejó un artículo en el que se demostraba que cualquier trabajador de este país recibe al final menos dinero del que produce para el Estado en forma de impuestos.  La proporción viene a ser de 10 para el trabajador, por 17 que recibe el Estado de su trabajo, eso sin incluir los impuestos que extrae de su producción en bienes o servicios.


Si en el gobierno del PP hubiera gente inteligente, se podría resolver la crisis de una forma muy sencilla, limitando el número de cargos directivos en todas las empresas relacionadas con lo público por decreto. No se puede permitir, porque es indecente, en un país con 4,5 millones de parados en el que hay un millón de licenciados jóvenes bloqueados por un millón de colocados con carnet, que en los últimos veinte años se hayan multiplicado por veinte los puestos de mando en las administraciones públicas. Donde hace veinte años había 3 cargos directivos, hoy hay 30 directivos, por supuesto afines al partido político que detente el poder en la autonomía correspondiente, difundiendo las responsabilidades de tal forma que al final no hay nadie responsable de los despropósitos que acontecen. Esa administración parasitaria que ha creado una burocracia innecesaria de cargos políticos designados debe desaparecer si queremos abandonar algún día la crisis.


Definitivamente este país necesita una izquierda que defienda la libertad y no que trate de crear enemigos de la libertad porque les puede joder el pesebre a los colocados, es hora de que la gente sepa lo que está ocurriendo en lo público, bajo la bandera de lo social, que para eso lo paga con su pérdida de bienestar.

Que unos cuantos miles de sinvergüenzas cobren todos los meses por hacer brindis al sol a costa de que 4,5 millones de parados estén en la calle porque no pueden acceder en las mismas condiciones que los enchufados por los partidos, sindicatos y empresas de pesebre a un puesto de trabajo, no es de recibo. Mientras haya unos indeseables que se encargan de crear problemas, pero nunca soluciones, para hacerse necesarios y seguir cobrando su sueldo, a pesar de que sea a costa de crear la mayor desigualdad que se ha visto en este país, la que distingue a los privilegiados que tienen padrino de los desheredados que no tienen enchufe para alcanzar un trabajo en lo público. Este tercermundismo debe desaparecer si queremos ser un país normal algún día.


Así que la crisis económica que vivimos en España no se debe al “neoliberalismo” se debe al expolio de aquellos que braman contra el capitalismo, pero viven magníficamente de explotar a sus semejantes en nombre de la igualdad. No se debe a la crisis de los bancos, sino al expolio de 200.000 millones de euros cometido en las Cajas de Ahorros por los miembros de los partidos, sindicatos y empresarios que estuvieron sentados en sus consejos de administración. Y no, no se debe a la voracidad de los desalmados que dejan a los niños sin comida en los comedores escolares, a los pensionistas sin pensión y a los jóvenes sin trabajo por defender la economía de mercado, sino a los que utilizan todas estos mantras para mantener sus privilegios en nombre de la igualdad, la defensa de lo social y lo público, con más avaricia que cualquier capitalista, que al fin y al cabo defiende que la gente viva de lo que produce y no a costa de los demás. Va siendo hora de cambiar la propaganda interesada, por información correcta sobre la realidad. 

La justicia social no consiste en que los socios de un club se hagan con todos los privilegios a costa de crear perjuicios en todos los demás, porque son más listos o están mejor organizados como secta en el arte de trincar para si mismos, mientras representan que luchan por los demás y en realidad, les están machacando. Lamentablemente si la izquierda abandona la humildad y la autocrítica, como ha ocurrido en este país, se convierte en otra derecha, es decir, en casta.


Enrique Suárez.


jueves, 15 de enero de 2015

Los reaccionarios atacan de nuevo



El mundo ha avanzado considerablemente en las últimas décadas, sin duda las nuevas tecnologías de la comunicación y la información parece que lo han hecho posible, hoy somos seres más sociales y disponemos de un acceso a la cultura y a los demás que no hubieran soñado nuestros padres. Sin embargo, en algunas cuestiones el mundo no deja de retroceder, no deja de hacerlo por la misma amenaza que ha logrado los mayores retrasos de personas y países a lo largo de la historia.


¿Pero qué elementos son los que contribuyen a ese retraso?, sin duda podemos distinguir dos aspectos importantes en esta cuestión, uno los relacionados con el poder y otro los relacionados con la comunicación.


En cuanto al poder, vive en los países occidentales y especialmente en los del Sur de Europa, sus mayores cotas de deslegitimación. En unos años las cosas cambiarán definitivamente porque la presión de los ciudadanos para tener una representación política decente no va a ceder. No se puede tolerar el abuso de poder, la demagogia, la corrupción, el fraude, la manipulación y las mentiras reiteradas, como elementos sobre los que se puede sostener un poder en una democracia del siglo XXI. Si estuviéramos a comienzos del siglo XIX esto sería una cuestión discutible, pero a comienzos del siglo XXI esto es un auténtico anacronismo y un improperio.


Al retraso también contribuyen las veleidades de las comunidades religiosas o políticas dispuestas en un acto de intolerancia a imponer su adoctrinamiento. Entre las comunidades religiosas tenemos a los islamistas radicales que están dispuestos a condenar a los infieles en su yijad particular, hasta que todo el orbe comparta la fe de El Corán y la Sharia como legislación universal. Sin duda quieren que Occidente regrese al siglo XVI que es al que ellos han llegado en su máximo desarrollo mental, algunos serían felices si regresáramos a Las Cruzadas.


Por otra parte, dentro de las comunidades política tenemos algunas que ofrecen como progreso social el regreso al tercermundismo, como en el que actualmente se vive en comunidades como Venezuela o Bolivia, Bielorrusia o Corea del Norte. Los totalitarios disfrazados de demócratas nos aseguran las mayores cotas de democracia, mientras son incapaces de vivir tal cosa ni en sus propias formaciones. Ocultar el comunismo que algunos defienden, es una opción que se ha venido haciendo desde la caída del muro de Berlín. Ya no hay en España algo parecido a un partido comunista, hay izquierdas plurales, verdes, podemos y grupos dispersos que si alcanzaran el poder, juntos o separados, impondrían una dictadura. Sin duda, tan sólo es cuestión de tiempo, que surjan movimientos de signo contrario, que quieran una dictadura opuesta a la que estos grupos promueven, eso sí, sin decirlo abiertamente.


También tenemos en España grupos nacionalistas, que no se sabe muy bien si como religión o política o algo mixto entre ambas opciones, promueven acabar con nuestra Constitución para imponer en sus feudos su visión de la realidad excluyente y mezquina. No les importa ser minoría, piensan que haciendo de España el origen de todos los males convencerán a los electores de sus comunidades, que otro mundo es posible, un mundo en el que ellos tengan todo el poder y los que no piensen como ellos queden apartados. Estos se parecen a los nazis por muchas razones.


A toda esta patulea de impresentables que viven la democracia como un coto particular de caza de desinformados, se suman en España los demás partidos políticos, incapaces de hacer una defensa de la libertad y la democracia, porque tal cosa dejó de existir en sus organizaciones hace muchos años. En España no hay ningún partido democrático, ninguno que ame la libertad y ninguno que promueva una justicia independiente, de lo que no es difícil deducir, que no hay nadie con representación política que defienda los valores occidentales que nos han traído hasta aquí. Quien no defiende sus particularidades, defiende sus puntos de vista, y quien no sus mezquinos intereses, como los únicos posibles bajo la luz del sol.


El sociólogo liberal Ralf Dahrendorf, fallecido en 2009, nos dejó como legado que Occidente se enfrentaría  a numerosas formas de totalitarismo denunciadas en su día por Karl Popper, Isaiah Berlín y Raymon Aron, pero fundamentalmente por Hannah Arendt. Ahora nos encontramos en ese escenario en el que los enemigos de la libertad y los parásitos de la democracia pretenden hacer su agosto. Si bien desde el poder se trata de recortar libertades en nombre de la seguridad, desde los totalitarismos rampantes se ofrece como única seguridad la que proviene de sus doctrinas. 

El materialismo o el mesianismo están dispuestos a triunfar, una vez más, sobre el humanismo y la racionalidad; en nombre de lo social, de los dioses, o de los hechos diferenciales se han cometido las mayores barbaridades en este planeta, no es extraño, que el sociólogo alemán, considerara que Occidente se enfrenta a la contrailustración más peligrosa de su historia, porque todos los totalitarios han considerado que lo que existe no les gusta y deben imponer su mundo a los que lo aplauden y también a los que no pensamos como ellos.


Habrá que recordar a Leónidas en el paso de Las Termópilas, sólo que en esta ocasión los persas no están enfrente, sino entre nosotros convenciéndonos de que su visión del mundo es la única correcta. A peores amenazas se ha enfrentado la libertad a lo largo del tiempo y los que creemos en ella como única bandera contra el poder de los déspotas, para dejarlas en el olvido, que es el único destino posible para los anacronismos reaccionarios que promueven el retroceso cívico que conviene a los retrasadores, en un tiempo en el que no se pueden asumir más derroches de intolerancia y mendacidad.


Enrique Suárez
  

viernes, 8 de agosto de 2014

La decadencia de Occidente

Cuando Oswald Spengler publicó su obra magna entre los años 1918 y 1923, sobre la evolución de las culturas y civilizaciones  a lo largo de la historia, estableció como conclusión que el final de la cultura occidental, tal como se la conocía, estaba próximo. 

La Primera Guerra Mundial había concluido y en Rusia se había cambiado de régimen un año antes, tras la Revolución de Octubre Posteriormente aconteció la Segunda Guerra Mundial  y como consecuencia la política de bloques, el bloque occidental y el bloque soviético dividieron Europa. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, también sucumbió el Telón de Acero y algunos países de la Europa del Este, que habían pertenecido al imperio ruso, cambiaron de bando, uniéndose a la Unión Europea. Los países que formaban Yugoeslavia están en proceso de integración y Ucrania está en guerra desde hace unos meses por querer su integración en la zona occidental del país, aunque no así en la oriental. También ha pedido su integración Turquía.

Si desde los aspectos, político, territorial, tecnológico se puede decir que Occidente se encuentra en franca expansión, hay que decir también que desde los aspectos económicos, sociales y culturales está en franca recesión y decadencia. 

Cómo se muestra en el mapa de Datos Macro que se ofrece al inicio del artículo y que muestra el elevado endeudamiento de las naciones del llamado primer mundo, pues más del 90 % de la deuda pública mundial se origina en los países occidentales –incluyendo Japón-, mientras que los países acreedores posiblemente sean Rusia, China y algunos países musulmanes, que son los que menos deuda pública acumulan, junto con algunas grandes corporaciones internacionales más difíciles de identificar.

Hace algunos años se denunció que la globalización no era un buen negocio para Occidente, abrir el mercado mundial a 3.000 millones de personas que producen mucho más de lo que consumen, para que otros consuman mucho más de lo que producen, nos lleva con el paso del tiempo al endeudamiento, que ahora se trata de sofocar la austeridad y las restricciones crediticias. Pero también nos ha llevado a la deslocalización de la mayoría de grandes multinacionales occidentales que hoy producen en lejanos países a precios competitivos, pero habiendo creado en muchos países occidentales elevadas bolsas de paro, déficit,  deuda, una parsimoniosa decadencia y a una reducción de consumo que se está observando con la deflación rampante que eleva su sombra sobre las economías occidentales. En algunos países del sur de Europa está ocasionando un auténtico estrago social y económico. 

La salida liberal de la crisis

España, sirva de ejemplo, ha devaluado las condiciones vitales de sus ciudadanos de forma extravagante, no sólo con una de las tasas de paro más elevada del mundo, sino con un estrangulamiento paulatino de aquellos que tienen la fortuna de conservar su trabajo, que hoy trabajan mucho más para cobrar menos de lo que cobraban hace siete años en relación a lo que cobran en otros países. Grecia, Portugal, Italia e Irlanda, junto con otros países del extinto Telón de Acero, también están pagando los platos rotos de la globalización.

Los recientes acuerdos económicos establecidos entre China y Rusia, con la adhesión de Kazajistan o Bielorusia  van camino de crear una comunidad económica, que competirá sin duda con los países occidentales. La respuesta de Rusia ante las sanciones de la UE por su apoyo a las milicias del Este ucraniano no se ha hecho esperar. Sin ser una cifra importante, 600 millones de euros, es una advertencia de que los intercambios comerciales entre Rusia y la UE pueden reducirse. El choque de civilizaciones anunciado por Samuel Huntington, se ha convertido en realidad en un choque de intereses.

Los países occidentales están obligados a dar un salto cualitativo y evolutivo en sus estructuras sociales, económicas y políticas, pero también en sus condiciones tecnológicas y culturales. Si Occidente dispone todavía de una ventaja comparativa con respecto al resto del mundo, es sin duda el capital humano, las ventajas materiales se han ido reduciendo y los diferenciales en rentas también, pero las estructuras políticas, habitualmente conservadoras, están impidiendo el desarrollo occidental.


La mentalidad de los europeos se ha ido transformando durante los últimos años, desde la iniciativa y liderazgo en la creación de riqueza, hasta el mantenimiento del estatus alcanzado, lo que posiblemente traiga en los próximos años una regresión y una pérdida de bienestar, gracias a que los Estados que conforman los países occidentales han ido adquiriendo más deuda de la que pueden asimilar. El ejemplo de Japón que presenta la segunda deuda más elevada del mundo y lleva 25 años de recesión y deflación debería hacernos reflexionar. Occidente sólo tiene una oportunidad para salir de la decadencia a la que está abocada y no es otra más que la de poner en acción el capital humano con el que cuenta en un ámbito económico atractivo y políticamente poco intervenido, con una reducción de los gastos públicos considerable. 

El problema de Occidente actualmente ya no es de índole económica, pues los créditos están asequibles, sino de crisis de creatividad para hacer lo que siempre hizo, superar los estados anteriores. El mayor problema al que se enfrentan los países que viven en el ámbito occidental es precisamente el capitalismo por su condición deudora con las grandes economías no occidentales, y los problemas del capitalismo se resuelven con más capitalismo, no reduciendo las oportunidades y creando dificultades para que los ciudadanos de los países occidentales hagan lo que siempre han hecho y les ha ido suficientemente bien a lo largo de la historia, para tener la mayor población del planeta que disfruta de las mejores condiciones vitales, cualquier veleidad providencial acometida por las naciones occidentales terminará siendo un pesado lastre que no se podrá asumir.

Occidente sólo tiene una salida para superar su crisis, que no es otra que recurrir a las iniciativas liberales que relancen la economía, la creatividad y la competencia. El camino de servidumbre de Hayek sólo nos puede conducir al infierno, y los adversarios de la primacía occidental están dispuestos a ayudarnos a que lo consigamos cuanto antes.

Enrique Suárez

lunes, 28 de julio de 2014

Anarquía civilizada y liberalismo responsable contra la casta expoliadora

El eje de poder está cambiando en España a marchas forzadas, las distintas representaciones políticas de los partidos atraviesan sus horas más bajas, en las pasadas elecciones europeas, tan solo un 42 % de los españoles con derecho a voto apoyaron alguna de ellas, el PSOE y el PP, perdieron más de cinco millones de votos entre ambas formaciones, algo más de un millón se fue a Podemos, el partido político novedad que ha atraído la atención de la opinión pública durante las últimas semanas.

Los cambios se han ido sucediendo como los tiempos en una partitura, primero la abdicación del Rey, más tarde la dimisión de Rubalcaba y el ascenso de Pedro Sánchez, y por último el reconocimiento de Jordi Pujol de que ha sido un estafador público, que evadió sus fondos a otros países. La corrupción ha seguido mostrándose en su esplendor durante este tiempo, afectado a las formaciones políticas que han acaparado más poder.

Sin embargo ninguna de las opciones que se ofrecen parecen recibir especial apoyo de la opinión pública española, cuando el 83 % de los españoles consideran que los partidos políticos son fuente de problemas más que de soluciones y los consideran el cuarto problema de este país.

La casa no se está enterando de que se ha acabado la prórroga, ni las buenas noticias económicas ofrecidas por el Gobierno, ni la renovación del principal partido de la oposición, ni el reconocimiento de los pecados económicos del nacionalismo catalán y los políticos del nacionalismo vasco, va a traer tranquilidad y devolver la confianza a los electores. Tampoco la opción de Podemos, con un 3,41 % de apoyos electorales y una gran campaña permanente en las redes sociales y los medios de comunicación va a cambiar el extremo desafecto que los ciudadanos de este país tienen por sus representantes políticos.

Creo que las opciones que más van a beneficiarse de lo que está aconteciendo en este país desde el despotismo democrático que ejercen los distintos partidos políticos sobre sus representados van a ser precisamente dos, que todavía no se han mostrado a la opinión pública española: el anarquismo y el liberalismo, ambas autóctonas de este país.

La confrontación que se avecina no será es entre las distintas opciones que se disputan el poder, sino entre las que defienden la libertad contra la opresión del poder representado en la casta. Las opciones abiertas que defienden al ser humano como prioridad, ante las opciones cerradas que defienden una doctrina y sus dogmas como prioridad. Las opciones que abogan por disminuir el poder del Estado, contra aquellas que tratan de mantener el poder del Estado en manos de los partidos políticos. Las opciones que obligan a la obediencia a los ciudadanos que consideran súbditos, contra aquellas que buscan la independencia y soberanía individual y colectiva del pueblo ante el poder.

El nuevo escenario que se presenta en la política española no es ya el de distribución transversal del poder de izquierda a derecha pasando por los nacionalismos, sino el de distribución sagital que intenta limitar la concentración de poder en pocas manos como un instrumento de opresión.

Este país necesita avanzar en su libertad, superando los lastres y las cadenas que se han impuesto desde los partidos políticos en los últimos 35 años de democracia de partidos, que no de democracia real. Una vez que la forma de oprimir, robar y corromperse de la izquierda, la derecha y los nacionalismos no se distinguen, es necesario que aparezca en el escenario político español alguna alternativa que se enfrente al momio feliz en el que viven los representantes políticos.

En mi opinión el próximo eje de atención para los ciudadanos de este país será el de la libertad y posiblemente el del sentido común en sus dos interpretaciones, como expresión racional básica y como objetivos compartidos por los ciudadanos. La democracia de masas y doctrinas antagónicas cerradas tiene alternativas. La gente está harta de maniqueismos y requiere soluciones, no impostaciones mesiánicas e histerias épicas. Estamos condenados a recobrar el pragmatismo y la defensa normalizada de la democracia, porque todo lo acontecido en este país es obra del despotismo, el oprobio y la desmesura de unos parásitos de la democracia que son los partidos políticos convencionales.

Sin duda en este escenario, tanto el anarquismo que defiende la búsqueda de una libertad igualitaria, como el liberalismo que defiende la búsqueda de una libertad diversa y natural, están llamadas a presentar batalla. La democracia, a pesar de que los que ejercen el dominio sobre nuestras vidas desde el poder hayan conseguido que lo olvidemos, no es otra cosa que una limitación de la acumulación de poder y una restricción de sus posibilidades de perpetuarse en el más de lo mismo.

Para que ambas opciones, anarquismo y liberalismo, puedan entrar en la escena política española sólo tienen que producirse dos fenómenos que acabarán aconteciendo en los próximos tiempos, por una parte la adaptación de las tesis anarquistas al siglo XXI en una opción civilizada y por otra la materialización del liberalismo en una opción política concreta, que representa la ética cívica y el respeto por la democracia. Se engañan aquellos que piensan que la solución a los problemas que tiene este país con su sistema político se resuelven desde dentro del poder, el poder ha sobrepasado todos los límites de la desmesura y no puede ofrecer más que problemas para tapar los problemas que ha creado. Las soluciones deben provenir de fuera del poder, de la libertad de los ciudadanos que han decidido representarse a sí mismos.

Cuando los que detentan el poder en las instituciones españolas han mostrado su incapacidad para resolver los problemas de los ciudadanos de este país, desde el parasitismo de las mismas en función de sus intereses, no es necesario acabar con las instituciones, sino con los usurpadores que las han ocupado y ocupan. El poder político no puede ser de ninguna forma  un agujero negro de la libertad.

Está claro, sin libertad no hay futuro, pero tampoco podemos permitir que haya futuro sin libertad. Los españoles somos un pueblo que puede dejarse gobernar 40 años por Franco y otros 40 años por los antifranquistas siempre que no sea demasiado perjudicado por las decisiones del poder, pero cuando realmente es sometido y doblegado de forma injusta e impune en nombre de la democracia y a su pesar, sin duda elegirá el camino que más le interese y beneficie, el de exigir responsabilidades y desde luego, derrocar esta casta del abuso de poder y si es posible, para que ninguna otra vuelva a implantarse sobre sus cabezas.

Enrique Suárez

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