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jueves, 4 de julio de 2013

Cien libros para el siglo XXI (19)



  
El conocimiento inútil (Premio Chateaubrian 1988) - Jean François Revel (19)

"La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira" con esta sentencia se define magníficamente esta obra del filósofo y periodista francés, que un día se hartó de contemplar como se embaucaba a sus prójimos y mostró al mundo que la política es una foerma de mentira urdida por el poder con interés de perpetuarse.

Revel, nos descubre que es ateo y defensor del liberalismo democrático, el único sistema que funciona en su opinión. Consagrado polemista, fue director de L´Express y colaborodor habitual del diario galo Le Point. 

Se repite constantemente que vivimos y vamos a vivir cada vez más en la era de la información. Es cierto. Nunca tanto hombres han tenido acceso a tal masa de informaciones y, en términos más generales, de conocimientos. Nunca la comunicación ha sido tan abundante, tan rápida, tan omnipresente. Así, pués, teóricamente nunca desde los orígenes de la humanidad quienes toman las decisiones políticas, económicas, sociales y culturales han trabajado en mejores condiciones.

La opinión pública dispone de todos los elementos necesarios para poder juzgar a sus dirigentes y para orientarse. Por consiguiente, el mundo debería estar mejor que nunca. Pero todos sabemos que en muchos aspectos no es así. ¿Por qué?

Pregunta crucial. Jean Francois Revel la examina en este libro. No nos faltan conocimientos, pero ¿queremos utilizarlos?

¿La comunicación es lo contrario de la información? El autor pasa revista a la situación de la información apóyandose en una vasta investigación internacional, salpicada de hechos inesperados y de recuerdos personales. Extrae siempre sus ejemplos de varíos países a la vez, de varias culturas y sistemas políticos. Por supuesto, la información es ante todo la explosión de la prensa y de los medios de comunicación, pero es también el conocimiento científico, así como la educación y la producción cultural. Todo ello plantea el problema del papel de los intelectuales en nuestras sociedades, de la influencia de la ideología o de la desinformación. Construida para funcionar gracias al conocimiento, ¿es viable nuestra civilización si rehúsa utilizarlo?

Del mismo linaje que La tentación totalitaria y Como terminaron las democracias, con la misma fuerza polémica y demostrativa, El conocimiento inútil -al que se le ha concedido el Premio Chateaubriand 1988- es también una reflexión sobre lo que desea o no desea la naturaleza humana en el fondo de sí misma.

OBRA COMPLETA




Sobre Jean François Revel


martes, 24 de enero de 2012

Cien libros para el siglo XXI (18)


Sentido Común ("Common Sense") (1776) - Thomas Paine - (18)

Al estallar los primeros conatos de protesta de los colonos contra la metrópolis, por los elevados impuestos que requería la Corona, Tom Paine, inicia una furibunda carrera contra el tiempo, realizando una serie de textos en los que desarrolla una impresionante declamación de los valores ciudadanos y en los que incita a sus vecinos a levantarse contra el opresor. Escribe sin darse descanso, en plena locura creadora, manifestando su veneración por la libertad, y un inmenso respeto por la dignidad humana.

De aquel brote de entusiasmo, surge “Common Sense” (Sentido Común), la obra fundamental en la formación de opinión de los americanos, que les conduce a la decisión de declarar su independencia ante los británicos.

Era un pequeño panfleto, asequible, populista, sincero, en el que se expresaba que la cuestión esencial no era rechazar los aranceles e impuestos, sino buscar la soberanía plena de la metrópolis, y sustituir el “guante de hierro” del rey, por una república democrática e independiente en las colonias.

SENTIDO COMUN

Cito algunas palabras de J. Brian Phillips, que provienen de su magnífico ensayo “La Revolución de Tom Paine”, cuando nos habla de Sentido Común:

“El Gobierno, aún en su mejor estado, es un mal necesario; pero en su peor estado, es intolerable”.

“El propósito del gobierno ha de ser garantizar la seguridad de la ciudadanía, es decir, protegiendo sus derechos”

Sobre la forma de gobierno que debería adoptar América tras la guerra, considera lo siguiente: "Extraigo mi idea de la forma de gobierno de un principio de la naturaleza ... que cuanto más simple es una cosa, está menos expuesta a ser desordenada, y más fácil es repararla, cuando está desordenada"

A aquellos que urgían la conciliación, por qué Inglaterra era la "madre patria", Paine les contestó: "Incluso los brutos no devoran a sus hijos, ni los salvajes hacen la guerra a sus familias".

Paine, se convierte en el adalid de la Independencia de las colonias, cuando pronuncia la frase crucial: “la autoridad británica sobre este continente, es una forma de gobierno, que tarde o temprano debe llegar a su fin".

Los leales a la Corona, reaccionaron rápidamente contra “Sentido Común”, considerando al panfletista como un ignorante de la historia moderna y del pensamiento político, con una mezquina perspectiva del futuro. Los legales, consideraban que los esclavos negros, los cuáqueros, y otros pacifistas no respaldarían el esfuerzo de la guerra, si esta se iniciaba.

Charles Inglis, por ejemplo, sostenía que la concepción de hombre de Paine es inherente a la bondad, como era la de Rousseau, y que era tan defectuosa como la opinión Hobbesiana, de que sólo la fuerza y la violencia podrían inducir a los hombres a vivir bajo un gobierno.

Por mucho que los continuistas despreciaran a Paine, los partidarios de la Revolución le tenían en su más alto aprecio. John Adams, le llamaría más tarde: "blasfemo insolente de las cosas sagradas, pero defensor de la trascendencia de todo lo que es bueno....".

Los americanos más afortunados, sentían miedo de que las ideas de Paine fueran demasiado democráticas, de que apoyara la redistribución de la riqueza, y el comunismo. Paine, sin embargo, nunca promovió el reparto de la riqueza, al contrario, fue un apasionado partidario del libre mercado.

A pesar de estas críticas, “Sentido Común”, generó una influencia sin precedentes en las mentes de los colonos, y en pocos meses se editaron más de medio millón de copias, que fueron leídas por casi todos sus compatriotas,(sólo 3 millones habitaban las colonias).

Mientras los defensores de la lealtad monárquica le buscaban para ahorcarle en la plaza pública, a los seis meses de la publicación del panfleto, el 4 de julio de 1776, se reunieron en Filadelfia los delegados de las trece colonias sediciosas, y firmaron la Declaración de Independencia. Thomas Jefferson, su principal redactor, había consultado con Tom Paine el texto definitivo.

Obra Completa

Edición Facsimil en Scribd

Reproducción en Constitución Web

Para descargar

Reseñas sobre el autor y su tiempo

El excepcional sentido común de Tom Paine - Enrique Suárez

Thomas Paine y la idea de autoridad - Antonio Lastra

El Ciudadano Tom Paine - Howard Fast

Un best seller de 230 años -Santiago Trillo


miércoles, 18 de enero de 2012

Cien libros para el siglo XXI (017)


"Principios de Política aplicables a todos los gobiernos representativos" (1815) - Benjamín Constant de Rebecque (017)

"Tiende a reconocerse que la actual Constitución, aun después de haber sido aceptada por el pueblo francés, podría ser mejorada en algunas de sus disposiciones. Creo que, si se estudia bien, se podrá comprobar que casi todos sus artículos se ajustan a los principios preservadores de las asociaciones humanas y favorecen la libertad. Pero no es menos útil y razonable dejar a los poderes constituidos la facultad de perfeccionar el acto que determina sus atribuciones y fija sus relaciones recíprocas.

Sostuve en alguna ocasión que, en la medida en que toda Constitución es la garantía de la libertad de un pueblo, todo lo que está implicito a la libertad es constitucional, y no lo es cuanto la ignora; que extender una Constitución a todo implica multiplicar los peligros que la acechan, cercándola de obstáculos; que en la Constitución existen ciertos principios fundamentales que ninguna autoridad nacional puede alterar, pero que el consenso de todas ellas puede hacer todo aquello que no se oponga a dichos principios.

No será, pues, superfluo examinar nuestra Constitución, tanto en su conjunto como en sus detalles, puesto que, refrendada por el sufragio nacional, es susceptible de perfeccionamiento.

En este libro se hallarán con frecuencia, no solo las mismas ideas, sino las mismas palabras que en mis escritos precedentes. Pronto serán ya veinte años que me ocupo de temas políticos y siempre he profesado las mismas opiniones y he enunciado los mismos principios. Lo que pedía entonces era la libertad individual, la libertad de prensa, el fin de la arbitrariedad, el respeto de los derechos de todos. Eso mismo es lo que reclamo hoy, con no menos celo y más esperanza.

Si nos limitamos a un examen superficial de la situación de Francia, aparecen en primer plano los peligros que la amenazan. Poderosos ejércitos se levantan contra nosotros. Tanto los pueblos como sus jefes, parecen cegados por el recuerdo. El resto del espíritu nacionalista que los animaba hace dos años, tiñe todavía, con cierto aspecto nacional, el esfuerzo que de ellos se exige. Pero si analizamos con detenimiento, esos alarmantes síntomas pierden mucho de su gravedad. Hoy ya no es su propia patria lo que esos pueblos defienden; atacan a una nación encerrada en sus fronteras y que no quiere franquearlas, una nación que solo reclama su independencia interior y el derecho a darse su propio gobierno, como Alemania lo ha hecho al elegir a Rodolfo de Habsburgo, Inglaterra al llamar a la Casa de Brunswick, Portugal al dar la corona al duque de Braganza, Suecia al elegir a Gustavo Vasa; en otras palabras, del mismo modo que todas las naciones europeas lo han ejercido en una determinada época, generalmente la más gloriosa de su historia.

Hay en las personas una razón natural que acaba siempre por reconocer la evidencia, y los pueblos se cansarán pronto de entregar su sangre por una causa que no es la suya. Respecto a nosotros, hay dos sentimientos en que participa la inmensa mayoría de los franceses: el ansia de libertad y el odio a la dominación extranjera. Todos nosotros sabemos también que la libertad no puede venirnos del extranjero, sabemos también que cualquier gobierno que se reinstaurara bajo sus banderas, se opondría a nuestros intereses y a nuestros derechos.

A esta convicción que impregna nuestros espíritus se suman todos los recuerdos capaces de despertar el orgullo nacional, nuestra gloria eclipsada, nuestras provincias invadidas, los bárbaros a las puertas de París, por no hablar de esa insolencia mal disimulada de los vencedores, que sublevaba a los franceses cuando veían flotar sobre nuestras torres los colores extranjeros, y cuando, para cruzar nuestras calles, o entrar a nuestros espectáculos, o regresar a nuestros hogares, había que implorar la indulgencia de un ruso o la moderación de un prusiano. Hoy no cabría esperar ni indulgencia ni moderación. No hablan ya de Constitución ni de libertad. Es a la nación a la que se acusa: son los atentados del ejército los que se quieren castigar.

Nuestros enemigos tienen poca memoria. El lenguaje que de nuevo emplean derrocó sus tronos hace veintitrés años. Entonces, como ahora, nos atacaban porque queríamos tener un gobierno nuestro, porque habíamos liberado del diezmo al campesino, de la intolerancia al protestante, de la censura al pensamiento, de la detención y del destierro arbitrarios al ciudadano, de los ultrajes de los privilegiados al plebeyo. Mas entre las dos épocas hay una diferencia: ayer nuestros enemigos sólo hacían la guerra a nuestros principios, y hoy la hacen a nuestros intereses, a los que el tiempo, la costumbre e innumerables hechos han identificado con nuestros principios. Lo que en nosotros era entonces presentimiento, ahora es experiencia. Hemos ensayado la contrarrevolución. Hemos intentado conciliarla con las garantías por las que luchamos. Nos hemos obstinado, y yo más que nadie, en creer en la buena fe, porque su necesidad era evidente. Al fin se ha comprobado que el odio a la libertad era más fuerte que el amor a la propia sobrevivencia. No inculpamos a la desgracia; respetamos la edad y el infortunio. Pero la experiencia se ha realizado, los principios son opuestos, los intereses son contrarios, los lazos se han roto."

Benjamin Constant

Obra Completa

Biblioteca Antorcha

Instituto de Estudios Penales


Biblioteca Jurídica Virtual (pdf)

Otras cuestiones

Reseña bibliográfica

Antecedentes del Pensamiento Liberal
y la aportación de la Ilustración


Biogfrafía Benjamín Constant (Wiki)

Cien libros para el siglo XXI (016)



El Federalista ("The Federalist Papers") (1788) Publius (Hamilton, Madison, Jay) (016)

El Federalista se publicó por primera vez en 1788 en formato de libro, recopilando una serie de artículos orientados a la ratificación de una nueva Constitución para los Estados Unidos. Los artículos fueron escritos bajo el seudónimo de Publius, compartido por Hamilton, Madison y Jay.

Cuando la constitución de los Estados Unidos fue enviada a los estados para su ratificación, a finales de septiembre de 1787, se convirtió inmediatamente en el blanco de numerosos artículos y críticas escritos desde posiciones anti-federalistas y opositoras al nuevo modelo constitutivo. Por ejemplo, los más importantes de ellos fueron los titulados “Catón” y “Bruto”, aparecidos en los periódicos de Nueva York el 27 de septiembre y el 18 de octubre, respectivamente.

La respuesta a estas agresiones fueron la colección de artículos mencionados: "The Federalist Papers", que trataría de explicar a los residentes en New York la nueva Constitución y convencerles de que la ratificaran.

Se trata de una serie de ochenta y cinco artículos que abogan por la ratificación de la constitución americana. Setenta y siete de ellos fueron publicados en The Independent Journal y en el New York Packet, entre octubre de 1787 y agosto de 1788. Ese mismo año se publicó una compilación, con todos ellos y otros ocho adicionales, a la que se dio el nombre de The Federalist (El Federalista).

Los escritos que dejaron sirven como fuente primaria para la interpretación de la constitución, pues permiten explicar la filosofía inspiradora de esta, y la motivación del sistema de gobierno –federal- propuesto. Como ha dicho el historiador Richard Morris, son una “exposición incomparable de la constitución, una obra clásica en la ciencia política sin igual en amplitud y profundidad que el producto de cualquier escritor americano más reciente.”

Los artículos fueron escritos por Alexander Hamilton (Números 1, 6-9, 11-13, 15-17, 21-36, 59-61, y 65-85), James Madison (Números 10, 14, 18-20, 37-58, y 62-63), y John Jay (Números 2-5, y 64). A Madison se le considera el padre de la constitución, y fue el cuarto Presidente de los Estados Unidos. Hamilton fue un delegado activo en la convención constitucional, y se convirtió después en el primer Secretario de Hacienda. Jay, por su parte, se convirtió en el jefe de la Corte Suprema de justicia del recién constituido país.

Los escritos aparecieron bajo el seudónimo de “Publius,” en honor del cónsul romano Publius Valerius Publicola, uno de los mayores defensores de la república romana. De hecho, por este tipo de referencias, y por el discurso defendido en la mayoría de los artículos, The Federalist Papers se ha convertido enhttp://www.blogger.com/img/blank.gif los últimos años en una de las referencias obligadas para los defensores del llamado Nuevo Republicanismo, ideología que pretende recuperar hoy los valores de la república romana y de las repúblicas italianas de la Edad Moderna. Para muchos republicanistas, los motivos que impulsaron la redacción de la constitución norteamericana no fueron estrictamente liberales, como se ha defendido siempre, sino puramente republicanos –en el sentido expuesto-. Y la obra de Hamilton, Madison y Jay constituye una prueba palpable de estos principios (laguia2000.com).

Finalmente, la nueva Constitución de los Estados Unidos resultó aprobada en 1789.

La edición que les ofrecemos en esta ocasión es la presentada por la Biblioteca Antorcha en la que pueden encontrarse los 85 artículos. También les ofrecemos un resumen de su importancia del Anuario de Teoría Política. Por último, para el que quiera realizar una lectura rápida, La Escola de Redes nos ofrece una sinopsis de la obra y de sus artículos.

miércoles, 20 de abril de 2011

Cien libros para el siglo XXI (015)


"La Democracia en América" (1835 y 1840) - Alexis de Tocqueville (1805-1859) - (015)

Cuando leí por primera vez “La Democracia en América”, de Alexis de Tocqueville, comprendí que en la concecpión de la política, el pueblo americano no tiene nada que ver con el europeo, pero sus políticos tampoco. Con el paso de los años, he constatado que el valor clásico que los ciudadanos norteamericanos conceden a su democracia, poco tiene que ver con el que le concedemos los europeos. La democracia para los americanos es, en esencia, una búsqueda del control del poder por el pueblo, para los europeos es una búsqueda del control del pueblo por el poder, posiblemente a pesar del pueblo.

En Europa el despotismo político no se ha erradicado del todo, el poder sigue fundamentado en la dominación del pueblo más que en las potestades concedidas por el pueblo. Esta situación ejerce una violencia inusitada sobre los ciudadanos. Con la excepción de las democracias anglosajonas y alguna nórdica, el jacobinisimo del Estado impera sobre la sociedad democrática y libre, ocurre fundamentalmente en las democracias latinas, en Francia, Italia, España, Portugal y algunas otras. El modelo napoleónico de gobierno se expandió por sur de Europa, es necesario recordar la veneración al despotismo del pequeño corso: “He de gobernar de acuerdo con el bien general, no de acuerdo con la voluntad general, que muchas veces no ve bien todos los problemas".

Alexis de Tocqueville (1805-1859), contemporáneo de Napoleón, lo expresa con maestría y de una forma singular, cuando nos recuerda que los americanos no esperan a que el Estado resuelva sus problemas, porque el país es suyo, no del Estado, no del Presidente, no de los políticos, y ellos, tienen que velar por su custodia, por su seguridad, para que funcionen bien las cosas, por la libertad, por la justicia, y la democracia.

En Estados Unidos, los ciudadanos son vigilantes permanentes de las acciones políticas, no tanto de las propuestas políticas, al contrario de lo que aquí, en Europa, acontece. Cuando no están de acuerdo con algo, forman una asociación y recurren a los tribunales hasta que su problema crece y termina llegando al Congreso o al Presidente. Y entonces, reciben respuesta argumentada por parte de los representantes públicos, ejercen sus derechos, porque consideran que es su libertad.

Cuando alguien pide algo se le dice que no o que sí, o que espere cinco días o dos años, pero siempre recibe respuesta de la administración; sea para una queja, sea para una solicitud de trabajo, o para su propuesta de invadir Irán, sea para lo que sea, la administración pública funciona, tanto para regular a los políticos como a los ciudadanos.

La sociedad norteamericana está organizada sobre la libertad, la quinta enmienda, una constitución de muy pocos artículos, una judicatura con máximo poder en la que pesa el criterio del juez incluso tanto o más que las leyes. Hay que recordar que son comunidades que eligen a sus jefes de seguridad, los famosos sherif del condado. Al elegir libremente los órganos que les representan, surge el respeto por sus elecciones.

Pero no se engañen ustedes, nada es perfecto. Se habla de que no hay seguridad social o sanidad universal, y es cierto. Por la sencilla razón de que a la gente no se le obliga a participar en la constitución de un sistema sanitario único, y en sus sueldos, al contrario que en Europa, no se les descuenta una parte para servicios sociales. El Estado no se ocupa de ellos, ellos deben ocuparse del Estado, libremente. También hay unas diferencias sociales mayores que las de Europa, unas regulaciones laborales muy simples, pero esto no quiere decir que no haya nada, los cheques sanitarios o los cheques de alimentos y otras alternativas, cubren buena parte de las necesidades de los americanos más desafortunados. El icono de una sociedad norteamericana, cainita y despiadada hacia sus semejantes, es un artificio de los propagandistas de la izquierda europea.

En Estados Unidos hay exactamente los mismo pobres que en Europa, a pesar de la propaganda extenuante de los partidos de izquierda. El 20 % de la población es pobre, igual que en España, y eso no cambia, gobierne quien gobierne.

Las grandes corporaciones y multinacionales ejercen su poder económico sobre la política en los aledaños de la presidencia, por medio de “lobbys” muy organizados. Aunque también hay otros que se ocupan de la justicia, las diferencias raciales, la paz, o la guerra. Se sigue la teoría de Hamilton, que considera que la mejor forma de preservar la democracia es la doctrina de contrarios, si una facción defiende la energía nuclear, otra surgirá que esté en su contra, al final se establecerán acuerdos que permitirán seguir adelante y en último extremo, el Presidente decidirá, aunque no suele intervenir demasiado en cuestiones ideológicas, al contrario de lo que ocurre en Europa. Un Republicano puede estar en contra de un Demócrata, pero nadie dirá en Estados Unidos, como aquí ocurre, que sus rivales políticos no son democráticos, o no respetan las reglas de juego.

Hay críticos reconocidos en la sociedad norteamericana, que han liderado o lideran los movimientos contra las políticas intervencionistas internacionales, o por la búsqueda de alternativas más justas, quizás el más activo sea Noam Chomsky, pero hay muchísimos más Jay Gould, Gore Vidal, entre los intelectuales, Sarandon, Pen, Robbins, entre los actores de cine; Oliver Stone, entre los directores cinematográficos.

Periódicos como el Washington Post, cadenas de televisión, iglesias evangelistas y congregaciones budistas, veteranos del Vietnam, movimientos ecologistas. El ejercicio de la crítica es libre, la sociedad civil está organizada y al contrario de lo que ocurre en Europa, los movimientos civiles se enfrentan al Estado cuando observan que el Estado se inmiscuye en la vida privada de los ciudadanos, cuando un Gobierno trata de imponer su voluntad, o cuando se observa que hay medios de comunicación que apoyan exclusivamente al Gobierno, la sociedad responde a los políticos. Una justicia independiente con unos criterios compartidos fundamentados, que esencialmente defiende el bien común, legitima definitivamente el sistema. El nivel de satisfacción con su sistema político es mucho más elevado en los Estados Unidos que en la mayoría de los países europeos.

La democracia en América, una obra singular, escrita por un preciso observador francés a comienzos del siglo XIX es posiblemente la mejor forma de comprender que cuando un norteamericano habla de libertad, lo hace sin añadirle condiciones, la libertad no admite apellidos.

Resumen

Almendrón

Obra Completa

e-books
quedelibros (versiones en español e inglés)
libroos

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cien libros para el siglo XXI (014)


"El Científico y el Político" (1904) - Max weber (1864-1920) - (014)


Recobramos la colección de libros para el Siglo XXI de Ciudadanos en la Red con una obra singular, posiblemente una de las más sinceras escritas por un auténtico analista independiente de la realidad, hoy hablaremos de Max Weber y su obra El político y el Científico (1904), obra breve pero intensa en la que el autor alemán disecciona con maestría los entresijos del poder, no apelando a su descripción formal, sino a sus auténticos contenidos, Weber, como un cirujano, nos muestra las vísceras de la condición humana de los políticos, algo que amplía en una de sus últimas conferencias La Política como Profesión (1919).

Pasaron varias décadas para que otro autor independiente, Michel Foucault nos hablara, todavía con más pasión si cabe, sobre la dominación de los seres humanos por el poder en todas sus formas.

Max Weber nació en Érfurt en 1864 y falleció en Munich en 1920. Fue un auténtico heterodoxo, que contribuyó desde una perspectiva ecuánime a la construcción de las ciencias sociales. El autor alemán era científico antes que ideólogo y por supuesto empírico antes que idealista, sin embargo huyó del positivismo, creando una posición singular entre los pensadores sociales, sin llegar a consolidarse en una escuela propia.

Estudió Derecho en Heidelberg y posteriormente Historia Medieval, ejerció como abogado, posteriormente se doctoró para pasar a ser profesor universitario de Economía en Friburgo y Heidelberg, más tarde se hizo editor, escribió sobre numerosos temas sociales y también se dedicó a dar conferencias por Europa y Estados Unidos.

Como reconoce su mujer en una biografía póstuma, aunque Weber es conocido fundamentalmente por sus escritos económicos, La Ética protestante y el Espíritu del Capitalismo (1903), sus estudios sobre la burocracia y la administración pública, y sus estudios de sociología, a los que dedicó más empeño, sobre todo en los últimos años de su vida, cuando fue profesor en Viena y Munich de las primeras asignaturas de sociología.

La auténtica vocación de Max Weber fue la política, tratando de fundar en 1812 en Alemania el primer partido político transversal, tratando de unir a liberales y socialdemócratas, proyecto que acabó fracasando por la desconfianza de los liberales hacia los principios revolucionarios de los socialdemócratas, y su empeño en interpretar la democracia desde el agrupamiento sectario y no desde la individualidad.

Weber fundamenta el ejercicio de política en la ética, que proviene de dos elementos claves: la convicción y la responsabilidad, origen y tragedia de la política, en la medida de que son polos entre los que debe moverse de forma equilibrada la acción política, ambos extremos se necesitan y se repelen mutuamente. Un político sin convicciones es, sencillamente un oportunista, un profesional de la manipulación y un vendedor de humo. Pero un político sin conciencia de su responsabilidad, perdido en su mundo neurótico de utopías irrealizables, conduce a la derrota segura. Hallar el camino eficaz entre Escila y Caribdis constituye la marca del buen político posibilista y, a la vez, transformador.

Weber participó activamente en la política alemana, tanto en su función de consultor para la firma del Tratado de Versalles, como diseñando el borrador de la futura Constitución de la República de Weimar, incluyendo el artículo 48, que aunque tenía como finalidad apartar al comunismo del gobierno alemán, sirvió a Hitler en su día para declarar la Ley Marcial y erigirse en dictador.

Biografía

Max Weber (por Ramón Alcoberro)

Biografía de Max Weber (antroposmoderno)

Vida de Max Weber y enlaces diversos a su obra (biográfica)

Libro recomendado

El Político y el Científico


Biblioteca Ciudadanos en la Red - Cien libros para el siglo XXI

jueves, 11 de marzo de 2010

Cien libros para el siglo XXI (013)


Camino de Servidumbre (1944) - Friedrich A. Von Hayek (1899-1992)- (013)

La obra más conocida del Premio Nóbel de Economía de 1974 Friedrich A. Von Hayek está dedicada “a todos los socialismos”. Posiblemente el economista vienés ha sido el principal adversario de la economía planificada de los socialismos. Discípulo de Von Mises y en la trayectoria de Hannah Arendt, el autor nos ofrece ideas claras, concretas y concisas sobre las perniciosas consecuencias de la ideología socialista en la economía y la política, tanto en su versión nacional-socialista como en la del socialismo real o la socialdemocracia.

La tesis fundamental de “Camino de Servidumbre” (The Road to Serfdom: Tax free) es muy sencilla, porque sencillamente niega la posibilidad de que una economía planificada origen de cualquier forma de redistribución social desde la ideología socialista, se pueda acoger a las leyes generales, pues está obligada a transgredirlas, pues para beneficiar a sus patrocinados debe perjudicar a los demás, algo que se puede comprobar en España actualmente con la Ley de Violencia de Género, la Ley del Aborto o el Estatut de Catalunya; pero sin embargo sus ideas originales han sido tergiversadas y manipuladas intencionadamente a lo largo de las últimas décadas por las diversas facciones defensoras del socialismo.

No hay ninguna posibilidad de realizar una economía redistributiva decidida por los propios actores implicados, pues siempre son un reducido grupo de oligarcas los que deciden y determinan, según sus pasiones personales y sus objetivos políticos (habitualmente electorales) las formas de redistribución, pues siempre que se beneficia a alguien se acaba perjudicando a alguien. La justicia social, resulta de esta forma, un mito, una creencia, que permite a los políticos socialistas hablar del más allá de una sociedad más justa, mientras en el más acá destrozan cualquier posibilidad de riqueza que no sea la suya, la de los oligarcas, para todos los demás.

En “Camino de Servidumbre”, Hayek va tejiendo la deriva del poder que acontece en las economías socialistas, fundamentadas en las consecuencias más que en las causas (“el fin justifica los medios”), en la teleología más que en la etiología. El Estado convertido en un remedo de la Divina Providencia fundamenta la destrucción de la libertad individual en función de una supuesta ética colectiva, que no es más que un eufemismo de la doctrina moral del socialismo. La democracia se termina distorsionando a su interés, convirtiendo el bien de la mayoría determinada por el poder en la única razón política, sin ocuparse de las minorías marginales que se segregan en esta arbitraria decisión autoritaria. La democracia languidece paulatinamente al dejar de estar soportada sobre la ley –que siempre se acaba transgrediendo- para afianzarse sobre la supuesta bondad de sus objetivos y el apoyo de las masas, que más que votar a favor de una opción que mejore su situación, lo hacen contra los posibles privilegios que determinan otras opciones políticas.

El socialismo en democracia no es una opción positiva para el bienestar común, no busca la creación de riqueza si no la supuesta eliminación de la pobreza, que a la larga se confunde con el privilegio de las facciones políticas que patrocina, mucho más que con la auténtica eliminación de la miseria. La única redistribución que realiza el socialismo, por ejemplo en el caso español, es llenar los restaurantes de cinco tenedores y los hoteles de gran lujo con la nueva burguesía roja de los afortunados que ocupan el poder de las instituciones y viven cómodamente en el pesebre de los negocios públicos, mientras que los pobres siguen aumentando, porque a los iniciales se suman los que pierden su puesto de trabajo, sus pequeños negocios personales, y los que están en peores circunstancias para competir por su supervivencia –pensionistas, marginados, menos formados, mujeres, jóvenes-.

El socialismo es con los movimientos nacionalistas a los que en España se aproxima, el modelo patriarcal por excelencia porque sustituye la mano invisible del mercado por la mano invisible del Estado, que es un regreso a los designios de la Divina Providencia, en esta ocasión en forma de colectivo social.

En la conclusión de su obra expone un epílogo que resume su pensamiento: “"En el pasado, ha sido la sumisión a las fuerzas impersonales del mercado lo que ha hecho posible el desarrollo de la civilización. Es esta sumisión lo que nos permite a todos construir algo que es mayor que lo que cada uno de nosotros pudiera construir. Se equivocan terriblemente los que creen que podemos ayudar a dominar las fuerzas de la sociedad de la misma forma que hemos aprendido a dominar las fuerzas de la naturaleza. Esto no sólo es el camino hacia el totalitarismo sino también el camino hacia la destrucción de nuestra civilización y, ciertamente, la mejor manera de bloquear el progreso”.

Camino de servidumbre es la mejor vacuna racional para dejar de creer definitivamente en la aparatosa propaganda del socialismo y su sinuosa destrucción del ser humano como sujeto con integridad propia, libertad y derechos individuales. Tras su lectura, a nadie se le olvidará jamás que el socialismo es la antítesis de la libertad.

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (012)


La emboscadura (1951) - Ernst Jünger (1895-1998) - (012)

Ernst Jünger es un autor maldito para el poder y los poderosos. La propaganda que ha embadurnado su obra no puede ser aleatoria, sospecho que ha sido urdida con intención e interés; no soy el único que piensa así, porque sólo hay que leer las críticas a su obra en internet (dificultad, confusión, extrañeza, u oscuridad son palabras adheridas a su obra para eludir su contagio) y quienes las hacen –habitualmente defensores del pensamiento único, del totalitarismo- son precisamente los que veneran el velo de indiferencia que se cierne sobre la sociedad occidental, los destructores del ayer para que no exista otro mañana más que el originado en su creencia, mientras colonizan el presente con su nueva fe y disfrutan de su hegemonía. Por el contrario, los defensores de su verbo y obra son los habituales detractores del sistema político fundamentado en la extinción de la libertad, los rebeldes habituales, la resistencia intelectual desorganizada, entre ellos, mi admirado Antonio Escohotado, no en vano la obra que hoy presentamos también fue subtitulada: "Tratado del Rebelde".

En la filosofía de Jünger se configuran personajes simbólicos paradigmáticos,- “gestalts” - como el trabajador, el soldado desconocido, el anarca, o el emboscado. Este último personaje o configuración surge en una sociedad inerme e inerte, en un sistema político de lemocracia plebiscitaria que se encarga de domesticar y adoctrinar a los seres humanos hasta convertirlos en gregarias cabezas de ganado, incapaces de disfrutar de la vida en libertad. El emboscado, radicalmente enfrentado al Leviathán –el Estado- opresor, debe retirarse al “bosque” para poder iniciar su contraataque. La casta dirigente desprecia, a la vez que teme, a los hombres libres, ya que éstos ponen en peligro las sólidas estructuras del poder. "El emboscado está decidido a ofrecer resistencia y se propone a llevar adelante la lucha".

A lo largo de esta obra, el autor expone el concepto de “bosque”, ese lugar secreto donde el ser humano debe vencer el miedo que le paraliza y elevarse por encima del tiempo, el lugar en el que se encuentra la libertad. El bosque está en todas partes, en las mismas ciudades donde el emboscado vive escondido, o en cualquier otro sitio donde sea posible oponer resistencia. Sólo aquel que pueda llegar a percibir la angustia y la monotonía de la existencia, aquel que, sumido en la desesperación, pueda asomarse al inmenso abismo de la nada que se abre bajo sus pies, estará preparado para iniciar el camino del emboscado. Para ello deberá renunciar a las comodidades que le proporciona la tecnología y a la seguridad que le ofrece la vida entre el rebaño. La grandeza humana –dice Jünger- se conquista con la lucha. "Esta grandeza obtiene la victoria cuando vence en su propio pecho el ataque de la vileza". La revolución interior debe preceder a cualquier revolución colectiva, ante la aniquilación de la esencia humana que se establece desde el poder.

Además de enfrentarse al vacío existencial, el rebelde, deberá derrotar al miedo, terrible fantasma que esclaviza al ser humano y que es, además, el mayor aliado del poder para someter a las masas. Si bien el miedo es consustancial a la naturaleza humana y no es posible eliminarlo por completo, el emboscado deberá perseverar en la lucha hasta conseguir la libertad espiritual. "El miedo humano es siempre el mismo en todos los tiempos, en todos los lugares, en cada uno de los corazones; es miedo a la aniquilación, es miedo a la muerte".

Las ideas que se desarrollan en "La emboscadura", tanto en el plano político-social como en el espiritual, están plenamente vigentes en la sociedad del siglo XXI. Transcurridos más de cincuenta años desde su publicación la obra mantiene su vigencia. El Leviathan actual está fortalecido y cuenta gracias a los avances tecnológicos con elementos poderosos para controlar y someter a los seres humanos, en sincronía con la presión mediática. Cada día resulta más difíclil que los escasos emboscados contagien su rebeldía de lobos esteparios al rebaño de ovejas, a la masa más domesticada y alienada de la historia humana, a la más sometida a adoctrinamiento. El camino del emboscado deberá ser introspectivo. La salvación, si existe, sólo podrá conseguirse a través de la lucha del individuo contra sí mismo, porque en su interior está incrustado el destino que le han implantado desde el poder y del que debe saber deshacerse para recobrar su libertad. Sólo una revolución de seres humanos liberados puede derrocar el aplastamiento de la libertad desde el poder.

Sumario

1. Las preguntas que se nos hacen van simplificándose y exacerbándose. 2. Llevan a disyuntivas, como lo muestran las elecciones. 3. La libertad de «decir no» es restringida sistemáticamente. 4. Está destinada a dejar patente la superioridad de quien hace las preguntas 5. y se ha convertido en un riesgo 6. que se asume en un sitio tácticamente equivocado. 7. Lo dicho no pretende ser una objeción contra su significado moral.

8. La emboscadura representa una nueva respuesta de la libertad. 9. Los hombres libres son poderosos, aunque constituyen únicamente una minoría pequeñísima. 10. Nuestro tiempo es pobre en grandes hombres, pero produce figuras. 11. La amenaza configura pequeñas minorías selectas. 12. Junto a las figuras del Trabajador y del Soldado Desconocido aparece una tercera figura, el Emboscado. 13. El miedo 14. puede ser vencido por la persona singular 15. si ésta adquiere conocimiento de su poder. 16. La emboscadura, en cuanto conducta libre en la catástrofe, 17. es independiente de las fachadas político-técnicas y de sus agrupaciones. 18. La emboscadura no contradice a la evolución, 19. sino que introduce libertad en ella mediante la decisión de la persona singular. 20. En la emboscadura la persona singular se confronta consigo misma en su sustancia individual e indestructible. 21. Esa confrontación expulsa el miedo a la muerte. 22. Aquí las Iglesias no pueden dar más que asistencia, 23. pues, en su decisión, la persona singular está solitaria, 24. y el teólogo puede, ciertamente, hacerla cobrar consciencia de su situación, 25. mas no sacarla de ella.

26. El emboscado atraviesa por su propia fuerza el meridiano cero. 27. En las esferas de la medicina, 28. del derecho 29. y del empleo de las armas la decisión soberana corresponde al emboscado, 30. quien tampoco en la moral actúa de acuerdo con doctrinas 31. y se reserva la aceptación de las leyes. El emboscado no participa en el culto del crimen. 32. El decide la naturaleza de su propiedad y el modo de afirmarla. 33. Es consciente de la inatacable profundidad 34. desde la que también la Palabra otorga una y otra vez plenitud al mundo. En eso está el cometido del «Aquí y ahora».

Cada número nos lleva a un capítulo de la obra

Relaciones

Sobre la obra

Tratado del rebelde: la emboscadura

La resistencia contra el tiempo

Goces y exigencias de la libertad, por Antonio Escohotado

Sobre el autor

Ensayos sobre Ernst Jünger

Ernst Jünger, por Adolfo Álvarez Rocca

Página web de punks unidos

Ernst Jünger, por Fernando Báez

Ernst Jünger, por Antonio Escohotado

Para descargar gratis

En Word

Para adquirir en papel

Tusquets 11,54 €

Vídeos

Ernst Jünger: Memorias de un guerrero (8'21")


viernes, 25 de diciembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (011)




El hombre rebelde (1951). Albert Camus (1913-1960)-(011)

“Hay que aprender a vivir y a morir y para ser hombre hay que negarse a ser dios”. Albert Camus

Conocí a Camus leyendo La Peste, como casi todo el mundo, luego vino El Mito de Sísifo, más tarde El Extranjero, luego El Hombre Rebelde, posiblemente uno de los mejores ensayos del siglo XX. Quizás más que un ensayo con un propósito definido, sea una magnífica reflexión sobre la dominación y el poder, más que un libro de autoayuda para enfrentarse a la tiranía, es un canto solemne a la libertad.

Dos elementos cruzan la singular obra, uno la conciencia, indispensable, otro la ética de la acción (el fin no justifica los medios). ¿De qué sirve triunfar si la victoria asegura la renuncia a la dignidad?. ¿Se puede pagar el elevado precio de la devaluación propia?. Camus no es un creyente, es un peregrino sin destino, que no quiere dejar de ser para poder estar. Camus es un humanista, no renuncia al humanismo, hace emerger al individuo en la rebelión de las masas de su tiempo, esto le ocasionó graves problemas con los seguidores de Jean Paul Sartre, que le brindaron un cordón sanitario para evitar que el contagio de su pensamiento se extendiera entre los más jóvenes, auténticamente hipnotizados por el pensamiento constructivo de una realidad nueva desde los paradigmas marxistas o existencialistas.

Albert Camus era un humanista no cristiano, el cristianismo se había apoderado del humanismo, al igual que el socialismo lo hizo de las relaciones colectivas de los seres humanos, y el existencialismo de la sombra de ambos. Sin espacio, asfixiado por todas las creencias e ideologías, el ser humano estaba condenado a sucumbir en la creencia, abjurando de la razón y la libertad.

Pero surge la rebelión, Camus la representa, también Foucault lo hizo, eran los años 50 del siglo pasado. Había que derrumbar el orden, pero no con un nuevo orden, sino con una correcta interpretación de la realidad desde la justicia, la igualdad, y la libertad.

Camus es heredero de los librepensadores franceses desde Voltaire a Proudhom, desde Derrida a Morin. No se deja adherir, prescinde de ser intelectual al servicio de los ideólogos del poder, para servir a la humanidad, a sí mismo. Si soy, somos. Sí, es necesario cambiar, pero hay que superar el nihilismo sin sucumbir en la creencia.

Albert Camus, fue galardonado en 1957 con el Premio Nobel de Literatura.

Disfruten de la lectura de esta magnífica obra

Relaciones


Sobre el autor

Biografía wikipedia

Albert Camus, testigo de nuestro tiempo. José Rubén Sanabria (1985)

Vida y obra de Albert Camus

Sobre la obra

El baúl de Israel Centeno


La relación Sartre-Camus


Libro para descargar

En PDF: quedelibros

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Libro en papel

Editorial Losada 18 €

Agapea 10,25 €

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Albert Camus

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Biblioteca Cien libros para el Siglo XXI (títulos anteriores)

domingo, 22 de noviembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (010)


La Ciudad de Dios (413-426) - Agustín de Hipona (010)

No se puede comprender el mensaje de Agustín de Hipona sin imaginarlo incrustado en la época en que el autor escribió los 22 tomos de La Ciudad de Dios (De Civitate Dei contra paganos). Obra de senectud y reflexión, provocada por la Caída del Imperio Romano y el Saco bárbaro de Roma por Alarico I.

Esta obra puede decirse que abre la oscuridad política de la Edad Media en Occidente, en la que todo conocimiento quedó sometido a la revelación, pues era la fe y no la razón, la que debería guiar la vida de los mortales para alcanzar algún día la inmortalidad tras su final

Casi mil años pasaron entre la publicación de esta obra y el Renacimiento y la Reforma del cristianismo provocado por el Cisma de Occidente, previo fue el de Oriente, pero Agustín fue un autor valorado por los cristianos de todas las épocas, de todos los cristianos. Privó del conocimiento a la mayoría de ellos con un analfabetismo del que solo se podía librar quien elegía el clero o nacía en la nobleza. Es la servidumbra natural de los humanos a quienes detentan el poder, quizás el peor legado de San Agustin, pero gracias a esta fórmula inhumana la civilización occidental se salvó de la barbarie, y sirvió para concentrar el conocimiento durante siglos en los monasterios, privando a los simples mortales de su acceso al mismo.

“Para quienes amen a Dios, la principal lealtad debería ser para con la Ciudad de Dios, cuya ubicación final está en el reino celestial. La sociedad terrenal siempre será insegura y sujeta a cambios, debido a la naturaleza degradada del ser humano y su inclinación al pecado. Sin embargo, la Ciudad del mundo aún era necesaria, dado que era obligación de los gobernantes frenar los instintos depravados de los humanos pecadores, así como mantener la paz, la cual los cristianos necesitaban para vivir en el mundo. Por lo tanto, Agustín dio por sentado que el gobierno y la autoridad secular eran necesarios para la búsqueda de la verdadera vida cristiana sobre la Tierra; al plantear esto, proveyó una justificación para la autoridad política secular, la cual desempeñaría un importante papel en el pensamiento medieval (planeta sedna)”.

El obispo de Hipona es un planificador, ordena realidad tal como se imagina que debería ser si estuviera guiada por su fe en un orden divino. Desde un planteamiento que presupone la dialéctica enfrenta a la ciudad pagana, en la que las pasiones y la ignorancia guían a los seres humanos, con la ciudad divina, donde la búsqueda de la virtud y el conocimiento de la verdad ilumina el camino de los creyentes.

La filosofía deja de ser un fruto de la razón, para subyugarse a la revelación, la verdad deja de ser racional, para ser revelada. Es la fe la que mueve la realidad de los humanos, no la razón. Pero no toda fe es verdadera, sólo el cristianismo puede considerarse como tal.

Bajo el pabellón de la cruz se conquistaron países y se persiguió a los paganos, se abolieron las supersticiones y se negó cualquier poder que no fuera de origen divino, cualquier acción humana que no estuviera perfectamente regulada por la mano de Dios. Los monarcas y los nobles eran señores por la gracia de Dios, igual que los plebeyos eran plebeyos por la gracia de Dios. Desde el nacimiento todos los mortales estaban condenados a ocupar el lugar que les correspondía en herencia de la situación de sus ancestros. Los que nacían pobres morirían pobres –salvo extraña casualidad- y los que nacían ricos, morirían ricos –salvo extraña casualidad-.

La vida era instrumental a un propósito: alcanzar la gloria tras la muerte, y esta sólo podía alcanzarse cumpliendo con todas las leyes divinas y humanas. Y aún así, sirvió para separar la religión del Estado, porque la Nueva Jerusalem no era de este mundo.

Resulta extraño contemplar como 1600 años después todavía hay creyentes que consideran que el poder se obtiene por la gracia de Dios y no por la elección libre y democrática de los humanos. A ellos quiero dedicar esta obra, para que comprendan que la fe puede mover montañas, pero solo la razón puede evitar que nos caigan encima y nos aplasten como la obra de Agustín de Hipona por mil años. Hay obras que perduran no por sus enseñanzas, sino porque nos ofrecen un espejo en el que compararnos a lo largo del tiempo. La Ciudad de Dios es una de las obras más importantes, y posiblemente la columna vertebral de la historia de Occidente.

Una de sus enseñanzas más importantes de esta obra es la concepción negativa de la política (en el libro V), habitualmente sometida al poder sectario de los hombres, porque los políticos tratan de emular a Dios siendo pobres mortales. La política es buena para el progreso de la humanidad, pero los políticos son deleznables porque juegan a ser dioses con sus propios congéneres. Por eso el orden divino es para todos igual, todos hijos de Dios, por encima de sus poderes terrenales.

Referencias

Sobre la obra

Prólogo a la Ciudad de Dios

Comentarios

Resumen

Sobre el autor

La filosofía de Agustín de Hipona

Obras de San Agustín

Interesante obra sobre el cristianismo y el pensamiento político

Vida de San Agustín

San Agustín, filósofo y teólogo

La obra en internet

La ciudad de Dios (Iglesia reformada)

La ciudad de Dios (quedelibros)


La obra en papel

Editorial Porrúa 13 €


Editorial Tecnos 19,23 €


Vídeos

Vida de San Agustín
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Fe y Razón en San Agustín

martes, 3 de noviembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (009)


Tratado sobre la Tolerancia – Voltaire (1763) – (009)

Si alguien ha reunido méritos en su existencia para obtener el calificativo de “librepensador” este ha sido Voltaire, pero no fue lo único que hizo, porque como defensor de la libertad, el señor de Ferney hizo del compromiso una profesión, no con las grandes ideas para configurar una sociedad mejor como su rival Rousseau, sino con las ideas para que la sociedad no fuera peor. Voltaire conocía la realidad y sabía que ninguna utopía podría resolverla.

A François Marie Arouet, que era su auténtico nombre, le debemos quizás las mejores páginas de la historia occidental contra el fanatismo, la superstición y el papanatismo (otra forma discreta de fanatismo), el intelectualismo friki de nuestros tiempos. El filósofo parisino se rió mucho y fue igualmente celebrado que denostado, e incluso perseguido, por los poderosos de su tiempo, igualmente políticos que religiosos. Con una singular ironía, que recuerda a nuestro ilustre Quevedo, zahirió la sociedad de su tiempo alcanzando la mordacidad más impía con su inteligencia y su palabra.

Lo mismo dirigía sus aceradas y mordaces diatribas al ampuloso Leibniz que al mismo Rey y como no, a Rousseau, el autor de “El contrato social”, al que consideraba paradigma de la impertinencia complaciente. No obstante, la iglesia católica fue diana de sus muy numerosas ocurrencias, y no porque fuera ateo (era deista), sino porque era racional, y la fe puede mover montañas, pero no mueve molinos.

Al grito de guerra de «Écrasez l'Infame!» (aplastad al infame), Voltaire propone no dejar de perseguir a los que tratan de imponer su voluntad a los demás contra el ejercicio de su libertad. Desde la ironía y el sarcasmo Voltaire vapuleó a los fanáticos, autoritarios, dogmáticos e intolerantes, considerando que lel respeto a pluralidad es una condición indispensable para a convivencia, tan importante como la propia conciencia a la hora de juzgar la realidad, cada uno por sí mismo.

Se puede decir que Voltaire, precisamente por su furibundo ataque contra los dogmatismos y su deriva totalitaria, es el primer filósofo que preconcibe el relativismo. Huyó en sus escritos de la grandilocuencia y el academicismo, a pesar de su inmensa erudición, porque su pretensión era la divulgación, que cada uno tuviera su propio criterio, que nadie se conformara con lo establecido por los poderosos. Quizás la aportación más importante a la filosofía que nos hizo Voltaire es la distinción entre la ética (que proviene de cada uno), de la moral (que es compartida por muchos y termina derivando en doctrina).

El ser humano debe reflexionar consigo mismo antes de dejarse atrapar por las ideas políticas o religiosas, por las distintas doctrinas que pretenden su configuración y ahormamiento, porque su condición última es la libertad, no la servidumbre al despotismo, sea ilustrado o salvaje.

Referencias

Sobre la obra

Ciudadseva


"Voltaire, el caos de las ideas claras", por Iñaki Oneca Agurruza

El concepto de la Tolerancia, de Tomás Moro a Voltaire, por Eduardo Bello

Sobre el autor

Biografía Thales

Biografía Gorgas


Biografía El jinete insomne


Libro para descargar

Quedelibros

Conocimientosweb

Laicismo.org

Libro en papel

Espasa (Agapea 8,5 €)


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La tierra en el cosmos (Carl Sagán)

viernes, 30 de octubre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (008)


Elogio de la Locura (1511)- Erasmo de Rotterdam - (008)

"Traté de saber si Erasmo de Rotterdam era de aquel 'partido'. Pero cierto comerciante me respondió: "Erasmus est homo pro se" (Erasmo es hombre aparte)".

EPÍSTOLAS OBSCURORUM VIRORUM. 1515.
Recogido por Stefan Zweig


Si un día me viera obligado a resumir la historia de Occidente en la obra de un único autor, no lo dudaría ni un instante elegiría a Erasmo de Rótterdam, porque el autor holandés representa la culminación del pensamiento racional europeo, y no sólo de la Edad Media, sino de todos los tiempos.

La obra que hoy ofrecemos a nuestros lectores establece un antes y un después entre el mundo antiguo que venera el pasado y el mundo nuevo que enaltece el futuro. En Erasmo de Rótterdam se entrecruzan todos los caminos del pensamiento clásico, para construir un nuevo pensamiento, requerido por el Renacimiento. El “conócete a ti mismo” del frontispicio del Oráculo de Delfos se completa con “el nada en exceso” de su salida, para configurar la fortaleza de todos los asedios que se anticipan en su época al mundo que ya no es: la Reforma, el Renacimiento, el nacimiento de la ciencia, el descubrimiento del Nuevo Continente, el fin de la Edad Media.

Sin Erasmo, el mundo no sería tal como lo conocemos, su influencia permitió la continuidad del catolicismo, su supervivencia ante la agresión mortal del protestantismo de Lutero, porque si bien Erasmo asumió las críticas al Vaticano con el mismo énfasis que el protagonista del cisma más importante del cristianismo cuando clavó sus 95 tesis en la iglesia del palacio de Wittemberg, su exquisita prudencia le hizo proseguir su vida bajo la tiara pontificia, mostrando que su responsabilidad prevalecía sobre sus deseos, a pesar de que tanto con su amigo Tomas Moro, como con el joven Lutero, compartiera el sentido de sus críticas. Si Erasmo hubiera accedido a incorporarse a la Reforma, posiblemente el Vaticano, tal como hoy lo conocemos, hubiera desaparecido. Erasmo representó la racionalidad de la iglesia católica de la que Roma se había desentendido en una locura de poder y corrupción.

Por eso es oportuna la lectura en nuestros días de transición de la obra más conocida de Erasmo de Rótterdam, su “Elogio de la Locura”.
¿No vivimos tiempos de estulticia?. ¿Acaso el relativismo no nos ha abocado al progreso desenfrenado renunciando a la tradición que nos ha traído hasta aquí?. ¿No representan los materialismos económicos y políticos, tanto capitalista como socialista, la renuncia a la identidad de nuestras esencias humanas más preciadas?.

Erasmo pone en boca de la necedad la obra de los adanistas como Rodríguez Zapatero, de los paralizados por el destino como Rajoy, de todos los que quieren cambiar y de los que quieren mantenerse como están, para mostrarles que la autenticidad no puede provenir de las apariencias o los engaños. La realidad es una verdad, la única verdad determinada. No la verdad revelada, ni la verdad construida.
Les dejo con las palabras iniciales de la locura, para que comprueben cuanto se parecen a un programa de televisión de nuestros días, al titular de un periódico, a la disertación de un programa de radio. La locura nos ofrece su cómodo regazo, para que disfrutemos del hedonismo que nos conceden los tiempos, cuando hemos abdicado de todas nuestras responsabilidades. ¿Elegimos la locura o es ella quien nos elige a nosotros?. ¿Entregamos nuestra alma por una hamburguesa?. ¿La civilización nos ha idiotizado o hemos idiotizado nosotros a la civilización?

“Digan lo que quieran las gentes acerca de mí (pues ignoro cuán mala fama tiene la Necedad, aun entre los más necios), sola, yo soy, no obstante, la que tiene virtud para distraer a los dioses y a los hombres. Si queréis una prueba de ello, fijaos en que apenas me he presentado en medio de esta numerosa asamblea para dirigiros la palabra, en todos los rostros ha brillado de repente una alegría nueva y extraordinaria, habéis desarrugado al momento el entrecejo y habéis aplaudido con francas y alegres carcajadas, que, a decir verdad, todos los aquí presentes me parecéis ebrios de néctar y de nepenta como los dioses de Homero, mientras, hace un instante, os hallabais tristes y preocupados, cual si acabaseis de salir del antro de Trofonio.

Así como cuando el sol matutino muestra a la tierra su faz resplandeciente y radiante, o como cuando después de un crudo invierno surge otra vez la primavera en alas de los céfiros, parece que todas las cosas adquieren nuevo aspecto, nuevo color y nueva juventud, del mismo modo se han transfigurado vuestros semblantes nada más verme aparecer, logrando de este modo mi sola presencia lo que apenas logran conseguir los mejores oradores con esos discursos prolijos y cuidadosamente preparados, que pocas veces consiguen disipar el tedio al auditorio.”

¿No preconcibe Erasmo acaso en "Elogio de la Locura (008)", la obra de Ortega y Gasset "La Rebelión de las Masas (001)", casi quinientos años antes de su publicación?.

La ignorancia es osada, arrogante, y estéril, nos advierten ambos. La destrucción de lo que existe (que es patrimonio de todos), sin un juicio ecuánime, crítico y ponderado -no partidario-, no es progreso, sino barbarie.



Referencias

Sobre la obra

El hogar de la estulticia

Elogio de la locura, por Faustino Beraun

Elogio de la Locura, por Horacio Krell



Sobre el autor

Erasmo de Rotterdam, Triunfo y Tragedia, de Stefan Zweig

Sobre Erasmo

Recordando a Erasmo, por Américo Castro


Biografía de Erasmo


El libro en internet

Biblioteca Cervantes


ARCIS pdf

Libros para Descargar


El libro en papel

Alianza Editorial 6,75€


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Vida de Erasmo

jueves, 29 de octubre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (007)


El hombre unidimensional (1964). Herbert Marcuse (007)

Y continuamos con la saga de pensadores judíos, en esta ocasión con el alemán Herbert Marcuse, uno de los miembros destacados de la escuela de Frankfurt, formada por intelectuales como Adorno, Horkheimer, Habermas, o Walter Benjamín que intentaron adaptar el marxismo a las ciencias sociales como la sociología, la antropología o la Psicología, más que a la política, uniéndolo a las enseñanzas del psicoanálisis freudiano y dando lugar a lo que se denominó como Teoría Crítica de la Sociología.

El hombre unidimensional, ensayo sobre la ideología en la sociedad industrial avanzada (1964), quizás la obra más reconocida de Marcuse, considera que las sociedades avanzadas del capitalismo dejarán sin capacidad crítica al ser humano. “La sociedad unidimensional integra en sí toda auténtica oposición y absorbe en su seno cualquier alternativa”. Cuando hoy contemplamos sociedades avanzadas del capitalismo como la española, resulta sorprendente el acierto en la predicción de Marcuse, hecho 45 años antes.

El capitalismo avanzado, según nos indica Marcuse ejerce su dominio, su control absoluto sobre la realidad, de un modo sutil, manipulando los deseos y las necesidades de las personas. “No sólo determina las ocupaciones, las habilidades y las actitudes socialmente requeridas, sino también las necesidades y las aspiraciones individuales”. El capitalismo condiciona al ser humano para que sea un miembro integrado de su entramado, hasta convertirlo en un privilegiado miembro de una sociedad que vive en una confortable, tersa, razonable, democrática no libertad

"El individuo unidimensional se caracteriza por su delirio persecutivo, su paranoia interiorizada por medio de los sistemas de comunicación masivos. Es indiscutible hasta la misma noción de alienación porque este hombre unidimensional carece de una dimensión capaz de exigir y de gozar cualquier progreso de su espíritu. Para él, la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en su mundo prefabricado de prejuicios y de opiniones preconcebidas". Así expresa la lógica de dominación.

La filosofía de las sociedades unidimensionales es el positivismo acrítico, que sirve de base a la racionalidad tecnológica y a la lógica del dominio, sin tener rival porque se ha anulado el espacio de la crítica. En los últimos años se ha comprobado que no ha sido la crítica, sino una de sus formas más poderosas, el relativismo de la postmodernidad, la que ha derribado la muralla positivista.

En las sociedades unidimensionales hasta el proletariado ha perdido su impronta revolucionaria, seducido por la confortable vida que le ofrece el consumismo. Por eso Marcuse busca otros actores históricos para protagonizar la gran revolución y lo hace entre los marginados, los inmigrantes, los parados, los estigmatizados y los excluidos del sistema

Es interesante el análisis de las estrategias del capitalismo de Mercado, fundamentadas en la publicidad, la propaganda, y el marketing, para promover en la población los deseos de lo que las grandes corporaciones precisamente necesitan vender.

Aunque Marcuse no concluyó su obra exponiendo como rebelarse contra la opresión más allá de lo que consideraba como un gran rechazo que podría organizarse a largo plazo como una protesta universal, algo que hoy con los medios tecnológicos existentes sería posible en cualquier momento, como ya se han producido algunos ejemplos en cuestiones relacionadas con la paz o el clima. El fenómeno de la globalización, sin embargo, no ha tomado el curso previsto por Marcuse. Aunque en algunos aspectos se puede decir que lo preconcibió, aunque sobre el movimiento social que influyó sin duda fue sobre La Revolución de Mayo de 1968.

Quizás el mayor acierto en este obra de Marcuse, es señalar los peligros del materialismo inherentes al capitalismo, como Karl Popper hizo en "la sociedad abierta y sus enemigos" en referencia a los totalitarismos políticos, y su posesión del Estado en contra de la sociedad y los seres humanos libres.

El hombre unidimensional está considerado por muchos intelectuales el libro más subversivo del siglo XX, lo que le originó críticas por parte de los marxistas ortodoxos y los académicos de varios comités políticos y teóricos. A pesar de este pesimismo, la obra tuvo una gran influencia en la Nueva Izquierda, ya que articuló su creciente desafección con las sociedades capitalistas y comunistas soviéticas.


Referencias

Sobre la obra

El hombre unidimensional

El hombre unidimensional en Archivo Chile

Sobre el autor

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Archivo Chile

El libro en internet

En PDF (Xarxa) 129 pag

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The essential Marcuse

Herbert Marcuse (español)

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