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miércoles, 29 de junio de 2011

"La Batalla" de Arthur C. Brooks


A todos los damnificados del socialismo

Arthur C. Brooks(*), considera que el nuevo eje de conflicto cultural, social y político en los Estados Unidos no gira sobre el racismo, las armas, el matrimonio gay o el aborto; sino entre una minoría socialista que busca la redistribución de la riqueza (la coalición del 30%) y una mayoría que apoya el libre mercado y la ética del trabajo (la mayoría del 70%).

A pesar de que la mayoría de los norteamericanos creen en la libre empresa y la libertad de mercado, la izquierda establece un dominio sobre una clase social diversa que va desde conocidos actores de Hollywood, hasta profesores de Universidad, pasando por periodistas, intelectuales, activistas y creadores de opinión a sueldo. Esta coalición ha funcionado como un lobby relativamente organizado que trata de implantar el socialismo en los Estados Unidos de América, sin prisa, pero sin pausa. Mientras los movimientos de la derecha republicana como el Tea Party se muestran abiertamente en sus manifestaciones, este grupo actúa de forma sinuosa tratando de controlar la opinión pública desde los medios de comunicación y diversas plataformas organizadas.

Utilizando los recursos de la retórica, la propaganda, la manipulación de la información, la censura y la intoxicación han logrado imponer entre los sectores menos formados y los menos expertos (desinformados, jóvenes, desarraigados, inmigrantes, desempleados habituales y algunos aventureros) la especie de que la redistribución de la riqueza, a la larga, es la mejor forma de evitar conflictos sociales, aunque se creen diversos problemas en los comienzos de su implantación. Expertos en comunicación diseñan las estrategias de proselitismo, considerando que el socialismo es la única opción moral, y que los valores tradicionales de los norteamericanos, los descritos magníficamente por Alexis de Tocqueville en su día, en La Democracia en América, están devaluados, son anticuados y resultan inservibles para los tiempos actuales. Así la competitividad, la superación personal, la cultura de la libertad, el esfuerzo personal y la ambición emprendedora en búsqueda de la felicidad personal, son elementos nocivos para la convivencia.

Desde las posiciones de la izquierda norteamericana se habla de moralidad, del bien y del mal con facilidad, considerando que las opciones colectivas son la únicas válidas para el futuro, el socialismo es imprescindible. Los derechos están antes que los deberes, y el Estado debe convertirse a medio plazo en el sustituto de la Divina Providencia. ¿Y quién paga los gastos?. Eso es lo que menos importa, en este recreo social que pretenden implantar los activistas del progreso: lo pagarán los que trabajan, que tendrán que trabajar cada día más para mantener cada día a más personas sin trabajar con más derechos y prestaciones públicas, y si no llega, siempre se puede incrementar la deuda o enajenar el patrimonio público, lo importante es satisfacer las necesidades y deseos de los ciudadanos, sobretodo de los más desafortunados, los que menos han hecho por sí mismos, los que pudiendo trabajar se acogen a subsidios y los que están dispuestos a votar por aquellos que les ofrezcan la vida más fácil con el mínimo esfuerzo, porque en realidad, es la mejor forma de asegurarse un futuro triunfo electoral permanente.

El argumento clave de Brooks quer recorre las páginas de su libro La Batalla, no es otro que la libre empresa, el mercado y el capitalismo, no son, a pesar de lo que traten de imponer sus detractores, más que una evolución del humanismo, que pretende que los seres humanos, en libertad, se puedan desarrollar en plenitud, sin límites impuestos por doctrinas materialistas falaces, que lo único que pretenden es derribar el sistema norteamericano fundamentado en el derecho inalienable de cada ser humano a buscar su felicidad, siempre que respete las leyes y pague sus impuestos.

La libre empresa no es, por tanto, una alternativa económica, sino una condición de identidad que nos procura significado y soberanía, nos concede poder individual y nos permite mantenernos independientes, en un ámbito de pluralidad, un antídoto contra la servidumbre al mismo mercado y al Estado, máximas representaciones del poder.

Brooks argumenta que es la Izquierda la que es totalmente materialista, porque asume que redistribuyendo el dinero puede redistribuir la felicidad, sin embargo lo que se ha visto a lo largo de la historia es que toda intención de redistribución por parte del Estado siempre ha conducido a la miseria, porque el dinero recibido que no ha sido ganado enferma la cultura del esfuerzo y la actividad creativa emprendedora, que son los verdaderos caminos a la felicidad, tanto individual como colectiva.

El engaño está servido para los espíritus menos críticos y adocenados, porque si se premia no hacer nada igual que trabajar denodadamente, quien trabaja más cada día lo hará menos y quien no trabaja, seguirá sin trabajar. La idea de la redistibución por motivos de moralidad pública, es posiblemente la más perniciosa contra los valores occidentales, y además resulta extraordinariamente injusta: ¿Qué tiene de justo tomar el dinero ganado por una persona y dárselo a alguien que no se ha esforzado lo más mínimo por obtenerlo? ¿Qué tiene de justo que les paguen lo mismo a dos personas, una que trabaja todo lo que puede y otra que no trabaja, aunque pueda? ¿Hasta que punto las prácticas de redistribución indiscriminadas no fomentan el parasitismo social?.

De la propaganda sólo comen los que la hacen, mientras que todos los demás la pagan. Quizás mañana, de seguir así, sea necesario abolir la ópera, cerrar las universidades, enajenar el patrimonio público, homegeneizar todo pensamiento y limitarse a ser lo que el Estado decida, como en la ucronía descrita por Aldous Huxley en Un mundo feliz o la utopía de 1984 o La Rebelión en la Granja de Orwell. Cuba es un espejo para los Estados Unidos que pretende la coalición del 30 %.

La obra de Brooks nos recuerda las de autores que han considerado el socialismo como la doctrina política más perniciosa, desde Alexis de Tocqueville, (que decía que era incompatible con la democracia), hasta Ayn Rand, Hayek, Arendt o Milosz.

(*)Brooks es una figura reputada y de gran prestigio en el panorama económico mundial como presidente del American Enterprise Institute -el think tank conservador más importante de Estados Unidos-. Además, sus tesis han tenido buen calado en el discurso del Partido Popular en nuestro país. El ex presidente del Gobierno José María Aznar, que escribe el prólogo, se inspiró en él para crear FAES.

Enrique Suárez

domingo, 5 de junio de 2011

La afilada navaja de Ockham II


Una fecha, el 11-M del 2004. A partir de esta fecha el rumbo de España cambia totalmente y siete años después de este criminal acto, los españoles no sabemos toda la verdad y queremos saberla, estamos obligados a conocerla, por muchas sentencias que conozcamos, no sabemos quien o quienes fueron de verdad sus autores intelectuales. Alguien tuvo mucha prisa en destruir las pruebas, limpiar con acetona los trenes donde estallaron los explosivos y destruirlos, para continuar en la actualidad, sin saber que manos ocultas se encargaron de ocultar la verdad.

La Verdad de la Política

miércoles, 24 de junio de 2009

Dos nuevas aportaciones a Textos Ciudadanos


Hace tiempo que teníamos olvidado nuestro blog más ilustrado, Textos Ciudadanos, es hora de continuar la biblioteca de pensamiento y política que iniciamos en su día, con dos obras singulares

El discurso de John Galt, de Ayn Rand, un extracto de 40 páginas en español del libro litúrgico del movimiento objetivista, La Rebelión de Atlas, que se añade a otras obras de la autora rusa nacionalizada norteamericana, como ¿Qué es el capitalismo?

La segunda obra que hemos elegido, es el discurso de 5 paginas de Bertrand Russell titulado: "Nuestra Ética Sexual".

Deseamos que los disfruteis.

jueves, 11 de junio de 2009

Lenguas y Normalización en España


BIBLIOGRAFÍA PARA NACIONALISTAS – I:

Lenguas y Normalización en España


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· Cuando inicié la redacción de los textos de la serie “Lingüística para Nacionalistas” (todos colgados aquí, en Ciudadanos en la Red), pensé también en la pertinencia y la funcionalidad de una “Bibliografía para Nacionalistas”, que sirviera para iluminar, cual lenguas de fuego de Pentecostés, las mentes nacionalistas y no nacionalistas.


· En diciembre de 2007, redacté una reseña (también colgada aquí) sobre el último libro de A. Boadella, Adiós Cataluña. Crónicas de amor y de guerra, como introito a esta “Bibliografía para Nacionalistas”. Hoy retomo el proyecto para presentar el último libro de J.C. Herreras, Catedrático de Filología Hispánica en la Universidad Paris Diderot – Paris 7, titulado Lenguas y Normalización en España (*).


· En esta obra, como explicita el título de la misma, el Prof. Herreras analiza el proceso de “normalización” lingüística, que se inició en España con la “Transición” y que todavía está en curso. La cuestión lingüística de la España de hoy es un problema de cotidiana actualidad y no deja a nadie indiferente: despierta fuertes emociones, se ha convertido en instrumento de poder y de lucha política y se presta fácilmente a la demagogia y a la confusión, asevera el Prof. Herreras en la introducción, citando al Presidente del Senado, Ángel Rojo. Para abordar esta problemática, el Prof. Herreras estructura su obra en tres partes.


· En la primera parte (“I. Las lenguas autonómicas antes de la Constitución de 1978”), el Prof. Herreras hace una incursión en el pasado para describir, en un primer momento, el punto de partida de la diversidad lingüística actual de la Península Ibérica. Él la sitúa en la colonización romana y en la llegada posterior de los bárbaros y, en el 711, de los árabes. Este último hecho fraccionó la romanización y la homogeneización lingüística de Hispania y explica la distribución geográfica actual de las distintas lenguas peninsulares, fruto de la Reconquista, que avanza a partir de diferentes focos de resistencia del norte de la Península.


· Luego, en un segundo momento de esta primera parte, el Prof. Herreras describe diacrónicamente (desde la Reconquista hasta el Régimen Franquista) los avatares por los que han ido pasando las distintas lenguas peninsulares tanto “en la sociedad en general” como en “el sistema educativo”. Este panorama histórico le permite poner los puntos sobre las íes y desenmascarar la visión fabulada, partidista e interesada de la historiografía nacionalista periférica. Para muestra un botón: a pesar de lo que afirma ésta, el castellano ha gozado tradicionalmente de una supremacía casi absoluta sobre las otras lenguas peninsulares y esto no fue fruto ni del intervensionismos del Estado, ni de la utilización de normativas y métodos coercitivos. Además, los Decretos de Nueva Planta (s. XVIII), que representan el primer intento de restricción lingüística, fueron algo más simbólico (o declaración de principios) que efectivo, porque el Estado no disponía en ese momento de los medios para exigir su cumplimeineto. Otra cosa fueron las medidas discriminatorias tomadas durante los s. XIX y XX.


· En la segunda parte (“II. Las lenguas autonómicas después de la Constitución de 1978”), que es la más extensa, el Prof. Herreras describe los procesos de “normalización lingüística” en las distintas CC. AA. con dos lenguas oficiales. Estos procesos tienen su apoyatura legal en la Constitución de 1978 y en los diferentes Estatutos de Autonomía y se han ido desarrollando a ritmos diferentes, según las lenguas y las CC. AA. implicadas. Fundándose en minuciosos y diversificados datos estadísticos, el Prof. Herreras entra de lleno en el estudio de la normalización (conocimiento y uso de las diferentes lenguas autonómicas, a lo largo de 25 años) en distintos espacios: vida social; Administración e instituciones; medios de comunicación y sector cultural; y en el sistema educativo no universitario y universitario.


· En la última parte (“III. Balance de 25 años de normalización lingüística”), el Prof. Herreras propone una síntesis de los resultados obtenidos por la normalización, tanto en la “sociedad en general” como en el “sistema educativo”. El Prof. Herreras constata que se ha producido un incremento significativo de las competencias lingüísticas (hablar, entender, leer y escribir) en la lengua regional de los ciudadanos de las diferentes CC. AA. con dos lenguas oficiales. Y estos progresos se producen en distintos sectores de la sociedad: Parlamentos regionales, Administraciones autonómicas, medios de comunicación social (TV, radios, edición de libros, prensa), así como en el sector cultural (teatro, cine, doblaje y subtitulado de películas). Por lo que respecta al “sistema educativo”, se ha pasado, según el Prof. Herreras, de una “fase de extensión” (generalización de la enseñanza de las lenguas autonómicas a todos los alumnos, en aplicación de los “decretos de bilingüismo”) a una “fase de intensión” (enseñanza en lengua autonómica, en aplicación de las “leyes de normalización”); y, desde hace algunos años, hay intentos para poner en marcha una “fase de exportación” (difusión de las lenguas autonómicas tanto en las CC. AA. hispanohablantes de España como en Europa).


· Ahora bien, los logros conseguidos no deben ser, precisa el Prof. Herreras, los árboles que nos impidan ver los efectos negativos de las normalizaciones lingüísticas, en particular, en el sistema educativo. En efecto, puntualiza el Prof. Herreras, son muchos los que “comienzan a manifestar cada vez más reticencias hacia una normalización desmesurada, cuyo objetivo no es el de favorecer un verdadero bilingüismo, sino la imposición de un monolingüismo reductor en todos los sentidos” (p. 374). Y esto es un fraude, un engaño, y una incoherencia.


· Esta obra del Prof. Herreras interesa a todos aquellos responsables o irresponsables que están ocupados y/o preocupados por la gestión lingüística de las sociedades multilingües (profesores, sindicatos, partidos políticos, administradores y cargos públicos, organismos europeos, etc.). Pero sobre todo, interesa a los que tienen que soportar las políticas de normalización lingüística (alumnos, padres, empleados, empresarios, escritores, artistas, creadores y un largo etcétera, es decir, ciudadanos, como los de Ciudadanos en la Red).


© Manuel I. Cabezas González
Profesor Titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada
Universidad Autónoma de Barcelona
Tel. 93 581 14 10
Fax. 93 581 20 01
9 de junio de 2009

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(*) José Carlos Herreras, Lenguas y Normalización en España, Madrid, Gredos, 2006, 390 páginas (ISBN 84-249-2854-7).
http://www.editorialgredos.com/jose-carlos-herreras_autor-2477-es.html

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Nacionalistas y otros fantasmas



"Nacionalistas y otros fantasmas" es el nuevo libro de la Resistencia antiZP, solicítalo en tu librería (precio 15 euros).

LA RESISTENCIA ANTIZP

viernes, 26 de septiembre de 2008

El Exterminador, por Alpheus Hyatt Verril

Era un magnífico ejemplar de su especie: translúcido, blanco, de rápidos movimientos, con una facultad casi misteriosa para descubrir a su presa e invariablemente triunfante sobre sus enemigos naturales. Pero su rasgo más sobresaliente era su insaciable apetito.

Para matar era tan cruel e indiscriminado como la comadreja o el hurón, pero a diferencia de ellos, que mataban por matar, el Exterminador jamás actuaba así. Cayese sobre lo que cayese, lo devoraba al instante. Habría sido fascinante contemplarlo en esa actividad. Se lanzaba con precipitación sobre su presa, inmóvil durante un breve instante, un aparente titubeo, un leve temblor en su cuerpo... y todo había terminado; el desafortunado ser que había estado moviéndose en su modo acostumbrado, sin sospechar el peligro, había desaparecido por completo, y el Exterminador, con avidez, se apresuraba en busca de una nueva víctima. Se movía constantemente en un flujo invariable de líquido, en absoluta oscuridad: de ahí que sus ojos no le fueran necesarios, y estuviera enteramente guiado más bien por el instinto o la naturaleza que por las facultades que conocemos.

No se hallaba solo. Otros de su especie pululaban a su alrededor, y la corriente estaba atestada por un número incalculable de otros organismos: objetos redondeados de color rojizo que se movían lentamente, culebreantes criaturas semejantes a renacuajos, cuerpos de forma estrellada, gráciles y tenues objetos dotados de vida; criaturas globulares, cosas informes cambiando constantemente de configuración al moverse o más bien nadar; seres diminutos, casi invisibles; organismos filiformes, serpentinos o semejantes a anguilas, e innumerables otras formas. El Exterminador atravesaba la atestada y cálida corriente al azar, aunque siempre con un propósito definido: matar y devorar.

Por algún misterioso e inexplicable mecanismo, reconocía a los amigos y podía distinguir inequívocamente a los enemigos. Evitaba las muchedumbres rojizas: sabía que no había que molestarlas, e incluso en las ocasiones, como a menudo sucedía, en que se veía rodeado, cercado, casi ahogado por verdaderas hordas de aquellos seres, empujado por ellos, permaneció imperturbable, sin efectuar intento alguno de devorarlos o dañarlos. Pero los demás, las criaturas serpenteantes, globulares, angulares, radiantes y semejantes a barras, los organismos rápidamente contorsionantes, parecidos a renacuajos... eran distintos. Entre ellos ejercía una rápida y terrible destrucción. Sin embargo, aun aquí ejercía una sorprendente discriminación. Pasaba ante algunos sin hacerles el menor daño, mientras que atacaba, destrozaba y devoraba a otros con indescriptible ferocidad.

Y todos los de su especie hacían también lo mismo. Eran como una horda de voraces tiburones en un mar rebosante de cabaIlas. Parecían obsesionados por el consuntivo deseo de destruir, y eran a veces tan expeditivos y metódicos que durante largos períodos la corriente siempre fluyente que habitaban quedaba totalmente desierta de presas.

Sin embargo, ni el Exterminador ni sus congéneres parecían sufrir entonces por falta de sustento. Eran capaces de permanecer largo tiempo sin alimento y surcaban, o mejor dicho nadaban por sus dominios lentamente, tan satisfechos al parecer como cuando estaban celebrando una verdadera orgía de matanzas. y hasta cuando la corriente no arrastraba presa alguna al alcance del Exterminador o sus iguales, nunca intentaban dañar o molestar a las siempre presentes formas rojas, ni a los innumerables organismos más pequeños, a los cuales parecían considerar como amigos. De hecho, de haber sido posible interpretar sus sensaciones, se habría observado que estaban mucho más contentos, mucho más satisfechos cuando no había enemigos sobre los que lanzarse que cuando el río borboteaba con su presa natural y se presentaba el incesante impulso de matar, matar, matar...

Y de pronto, la corriente en la que se movía el Exterminador se volvía incómodamente caliente, lo cual hacía que él y sus congéneres despertaran a una renovada actividad en busca de espacio, pero que producía la muerte a muchos de aquellos salvajes seres. Y, siempre siguiendo a estas bajas, las hordas de enemigos aumentaban rápidamente, hasta que el Exterminador hallaba casi imposible el diezmarlas. A veces, también, la corriente fluía lenta y débilmente, y una especie de letargia asaltaba al Exterminador. A menudo, en tales ocasiones, flotaba más que nadaba, con sus fuerzas menguadas y casi apagada su codiciosa apetencia de matar.

Pero siempre, luego, ocurría el cambio: la corriente adquiría un peculiar sabor amargo, e innumerable número de enemigos del Exterminador morían y desaparecían, mientras el propio Exterminador se veía poseído de una súbita e inusitada fuerza y caía vorazmente sobre los restantes enemigos. En tales ocasiones, el número de sus congéneres aumentaba siempre de una manera misteriosa, como lo hacía también el de los seres rojos. Parecían salir de ninguna parte, más y más, hasta que la corriente se encontraba atiborrada de ellos.

El tiempo no existía para el Exterminador. No sabía nada de distancias, ni de días, ni de noches. Únicamente era susceptible a los cambios de temperatura de la corriente donde siempre había vivido, y a la presencia o ausencia de sus enemigos y aliados. Aun cuando quizá se percatara de que la corriente llevaba un curso irregular, de que discurría a través de al parecer interminables túneles, que se retorcían y giraban y se extendían en ramales proyectados en innumerables direcciones formando un laberinto de corrientes más pequeñas, no sabía nada de por dónde circulaban sus cursos, ni de sus fuentes o límites, sino que nadaba o más bien derivaba al azar por todos los lugares. No había duda de que en alguna parte, en el interior de los cientos de túneles y ramificaciones, había otras bestias tan grandes, tan poderosas y tan insaciablemente destructoras como él mismo. Pero como él era ciego y no poseía el sentido del oído ni otros de los que permiten a formas de vida más elevadas observar y juzgar sus alrededores, no se percataba en absoluto de la proximidad de tales compañeros. Y así fue el único de su especie en sobrevivir el indeseado acontecimiento que ocurrió eventualmente, y por cuyo hecho merecía ser llamado con el nombre de Exterminador.

Durante un período desacostumbradamente dilatado, la corriente en el túnel había sido molestamente cálida, y había abundado en una incalculable cantidad de enemigos que, atacando a las formas rojas, las habían diezmado. Se había experimentado también una desastrosa disminución en los congéneres del Exterminador, y él y los pocos supervivientes se habían visto obligados a esforzarse al máximo para evitar ser dominados. Y a pesar de ello las hordas de enemigos culebreantes, danzantes, zigzagueantes, parecían aumentar con mayor rapidez de la que eran muertos y devorados. Comenzaba a parecer como si su ejército fuera a vencer, y vencidos el Exterminador y sus congéneres, destruidos, aniquilados por completo, repentinamente la lenta y cálida corriente cobró un extraño sabor acre y picante. Casi al mismo tiempo descendió la temperatura, aumentó el caudal y disminuyeron las enjambreantes huestes de innumerables formas extrañas, como si estuvieran expuestas a un ataque por gas. Y casi instantáneamente también aparecieron como de ninguna parte nuevos congéneres del Exterminador, y se lanzaron vorazmente sobre los supervivientes enemigos.

En un espacio de tiempo sorprendentemente breve, las vengativas criaturas blancas exterminaron prácticamente a sus multitudinarios enemigos. Un enorme número de organismos rojizos colmaban ahora la corriente, y el Exterminador seguía abalanzándose acá y allá buscando probables presas. En los remolinos y túneles menores tropezó con algunas, destrozándolas y engulléndolas casi al momento. Guiado por algún inexplicable poder o fuerza, surcó a lo largo de un angosto túnel. Se dio cuenta de pronto que tenía ante él a un grupo de tres seres filiformes, sus más mortales enemigos... y se precipitó a la caza. Alcanzaba ya a uno, estaba a punto de apresarlo, cuando ocurrió un terrible cataclismo. La pared del túnel se hundió, se produjo una gran grieta, ya través de ella se desbordó la contenida corriente.
Arrastrado desvalidamente por ella, el Exterminador remolineaba locamente en la abertura. Pero su única obsesión, una devoradora ansia de matar, superó todo su terror, todas sus demás sensaciones. Mientras el líquido elemento lo precipitaba hacia no sabía dónde, asió al culebreante enemigo y lo engulló vivo. En el mismo instante los otros dos los arrastraba la precipitada corriente. Con un esfuerzo supremo, se lanzó sobre el más próximo, y mientras aquél desaparecía en su estómago fue arrastrado desde la eterna obscuridad a la cegadora luz.

Instantáneamente, la corriente cesó de fluir. El líquido se estancó y los innumerables seres rojos que rodeaban al Exterminador se arracimaron como para prestarse mutuo apoyo. En algún lugar próximo, el Exterminador sintió la presencia del último miembro superviviente del trío que había estado persiguiendo cuando ocurrió la catástrofe. Pero en el denso líquido estancado, obstruido por los seres rojos, no podía moverse libremente. Pugnó por alcanzar a aquel enemigo restante, pero fue en vano. Se sintió sofocado, cada vez más débil. y estaba solo. De todos sus compañeros, él era el único que había sido arrastrado a través de la grieta del túnel que durante tanto tiempo había sido su morada.

De pronto se sintió alzado, arrastrado hacia arriba junto con algunos seres rojizos y una pequeña porción de su elemento nativo. Luego fue arrojado con los demás y, al caer, sintió correr nueva vida por su interior, al percatarse de que su enemigo hereditario –aquel ser filiforme– se hallaba muy próximo, que aún podía abalanzarse sobre él y destruirlo.

En el siguiente instante, un objeto pesado cayó sobre él, y se sintió aprisionado allí, con su gran enemigo a una distancia infinitesimal de su cuerpo, pero desesperadamente fuera de su alcance. Le recorrió un demencial deseo de venganza. Estaba perdiendo fuerzas rápidamente. Los seres rojos que le rodeaban estaban inertes, sin movimiento; únicamente él y aquel ente filiforme mostraban aún señales de vida. y el líquido se estaba espesando con rapidez. Repentinamente, durante una fracción de segundo, se sintió libre. Con un espasmódico movimiento final alcanzó a su enemigo y, triunfante al fin, quedó convertido en una cosa inmóvil e inerte.

–¡Es extraño! –murmuró una voz humana al examinar su poseedor a través del microscopio la gota de sangre en la plaquita de vidrio–. Hace un momento podría haber jurado que capté el vislumbre de un bacilo, pero ahora no hay la menor huella de él.

–Esa nueva fórmula que inyectamos produjo un efecto casi milagroso –observó una segunda voz.

–Sí –convino la primera–. La crisis ha pasado, el paciente se encuentra fuera de peligro. Ni un simple bacilo en esta muestra. Jamás lo hubiera creído posible.

Ninguno de los doctores se daría cuenta jamás de la parte que había desempeñado el Exterminador. Para ellos era, simplemente, un blanco corpúsculo yaciendo muerto en la gota de sangre que se secaba rápidamente sobre la plaquita de vidrio.


Alpheus Hyatt Verril (1931)

miércoles, 27 de febrero de 2008

Apocalipsis Z

Apocalipsis Z es una novela que comenzó a escribirse en internet, Manel Loureiro, un joven abogado pontevedrés, es su autor. El relato, que comenzó a publicarse en Internet en enero de 2006 pronto alcanzó una amplia difusión a través de toda la esfera hispanohablante. A día de hoy más de 543.000 personas (mayoritariamente españolas) ya han leído en la red la versión preliminar de Apocalipsis Z y el número sigue creciendo día a día.

Crónica en español de la llegada de los NO MUERTOS. El significado de Z es la abreviatura de Zombie. A continuación les dejamos una sinopsis de la novela.


El protagonista, un abogado (cuyo nombre no se menciona a lo largo de todo el relato, ya que siempre escribe en primera persona), asiste perplejo al principio y preocupado después al goteo de noticias sobre la enfermedad a través de los medios de comunicación. A medida que pasan los días las noticias son más contradictorias y confusas y pronto la histeria comienza a apoderarse de la sociedad. Las iniciativas políticas se entrecruzan con las decisiones militares y pronto la censura cae sobre los medios de comunicación, dando paso a una interminable hilera de rumores. El abogado es testigo de cómo todo aquello que daba por sentado (suministro de luz, agua, comunicaciones, etc…) va desapareciendo poco a poco a medida que el país va cayendo bajo los efectos de la plaga.

Finalmente, cuando la enfermedad alcanza su pequeña ciudad ya es demasiado tarde para huir. Aterrado, descubre que los propios infectados, en un estado entre la vida y la muerte, son la principal amenaza para los supervivientes. Rodeado en su propio domicilio, y con la única compañía de su mascota, el abogado, sin ningún tipo de habilidades ni conocimientos especiales ha de urdir un plan para salvar su vida.

Solo, atemorizado y sin recursos en medio del derrumbe total de la sociedad, el protagonista pronto tendrá que emplear todo su ingenio para sobrevivir en medio del mundo de pesadilla que le rodea…

Página de Apocalipsis Z (pueden leerse gratis las primeras 59 páginas).

Aquí pueden comprar la novela

Ciudadanos en la Red: "Sólo la realidad puede superar a la fantasía".

viernes, 8 de febrero de 2008

Rosa Díez: "Defender la libertad siempre merece la pena."

Exactamente Rosa, y seguro que también "Merece la pena. Una vida dedidacada a la política", el libro que presentas en Madrid el próximo 14 de febrero, es una elegante forma de narrar alguans de tus vivencias en el PSOE. Creo que la verdad contada desde dentro puede ser un acicate importante en lo que queda hasta las elecciones.

Por lo que alguien me ha dicho, hay puños que salen de las hojas como verdades.
Espero a tenerlo entre mis manos para disfrutarlo con tranquilidad, tal vez en esta obra se encuentren algunas de las claves que desconocemos sobre lo que ha ocurrido en España durante los últimos años.

La frase de Rosa Díez: "Defender la libertad siempre merece la pena" ha sido extraída del wikiquote.

jueves, 17 de enero de 2008

¿Libertad o coacción?: políticas lingüísticas y nacionalismos en España

Cuando en el mundo las lenguas dejan de ser fronteras culturales, gracias a los avances tecnológicos y los recursos de traslación idiomática, los nuevos señores feudales del "naciotráfico" quieren defender sus parcelas de poder utilizando las murallas lingüísticas y los ejercitos propagandísticos. Es lógico, su supervivencia política depende de lo bien que logren implantar su doctrina. Pero la realidad es solo una, y se llama España. Lo venimos diciendo desde hace tiempo en las páginas de nuestro blog: vuelve España, y regresa con fuerza y honor.

La violencia lingüística ha alcanzado su culminación con los gobiernos naciotraficantes de la coalición estalinista nazi del tripartit en Cataluña. Es una verguenza ver como se reunen los fascistas a la mesa del reparto de dividendos, con sueldos que sobrepasan los 200.000 euros anuales (incluidas parejas), con el unico cometido de asegurar el condumio aunque para ellos tengan que reducir a cenizas lo existente y convertir el ámbito de convivencia en un estercolero.

Tras varios años de opresión, los del PP se han enterado de lo que ocurre y han reaccionado, ¡ya era hora!. Matizando preelectoralmente una declaración de intenciones sobre las lenguas y los nacionalismos: no se puede tolerar que en España se prohiba el español, nuestro idioma. El presidente Aznar ha auspiciado el acontecimiento desde la FAES que preside, cada día se le ve con más ganas de intervenir en la política española.

El libro titulado "Libertad o coacción: políticas lingüísticas y nacionalismos en España" coordinado por Xavier Pericay, es la consecuencia de una larga serie de seminarios que se han venido realizando durante el último año sobre el tema. Han participado en los mismos algunos reflexivos españoles como: Aurelio Arteta, Xosé María Dobarro, Santiago González, Eduardo Jordá, Jon Juaristi, Amando de Miguel, Agustí Pérez Folqués y Valentí Puig entre otros.

Nos felicitamos por la publicación de la obra, pero también por el retorno a la normalidad política del PP; lamentablemente para algunos, pronto se abrirá la veda de nuestros hijos, que podrán decir alto y claro España, con Ñ.

El libro de 303 páginas, se puede descargar completo en el siguiente
enlace de la FAES, en formato pdf.

Enhorabuena a los autores y a los españoles

Seguimiento de la noticia en Ciudadanos en la Prensa


Ciudadanos en la Red

domingo, 16 de diciembre de 2007

Los 70 de Federico

Mi intención era evocar mi lectura de La Ciudad que fue, Barcelona Años 70, de Federico Jiménez Losantos. Pero como siempre con los best-sellers, terminan imponiéndose sobre la obra misma comentarios y reflexiones de gente más o menos cercana al autor o al objeto de su libro-recuerdo.

En Ciudadanos en la Prensa encontrará el lector una interesante ilustración del interés despertado por esta autobiografía, pues de eso se trata en realidad, mal que lo niegue FJL. Recomiendo particularmente el lúcido y equilibrado artículo de Pepe García Domínguez.
Probablemente después de esta cita poco quede por añadir, sólo leer la obra, muy bien escrita desde la sinceridad y el sentimiento, y disfrutar de las fotografías:

"Pero lo más probable es que aquella Barcelona que se aferra al recuerdo del autor y esta otra que lo quiere olvidar porque que no se atreve a reconocerse en sus memorias sean, en realidad, la misma. Lo que distingue a un verdadero escritor de, por ejemplo, un periodista es esa capacidad para fijar en el tiempo y absolver del olvido los instantes efímeros que nacen indefectiblemente condenados a desaparecer. Y la Barcelona generosa, alucinógena y libertaria de los 70, si alguna vez existió, estaba llamada a ser flor de un día, de un bella mañana de primavera que duraría justo los diez años que Losantos cree haber vivido en ella; gozoso y fugaz paréntesis en que sería tierra de nadie, cuando el viejo poder franquista ya se había extinguido y el clon nacionalista que lo habría de heredar en formas y fondo aún estaba por llegar."

Algo no tan diferente ha expresado Arcadi Espada, quien lleva escribiendo varios días sobre Jiménez Losantos, sobre ese libro y, de forma bastante enigmática, sobre implícitos para mí imposibles de descifrar. Pero hay algo más. En una mezcla falsamente distanciada, y en realidad convulsiva, de halagos y de puyas a veces mezquinas contra el autor, más que contra lo que escribe, Espada nos expone sin querer su angustia propia e irresuelta frente a los años setenta, a "su" Barcelona de entonces y probablemente al recuerdo de lo que era, pensaba y decía.

Abro aquí un inciso para deshacerme de una vez de lo que yo opino acerca de La Ciudad que fue. A quienes son reacios a reflexiones entre psicológicas y literarias sobre la función del recuerdo de sí, les recomiendo que obvien los próximos cinco párrafos y vayan directamente a la parte final de este artículo, donde volveré a interesarme por la sorprendente flaqueza de un Espada amargado y a la defensiva.

La trayectoria de FJL no puede entenderse sin su formación intelectual en torno a la literatura española y al psicoanálisis . Lo primero le instaló en un mundo estético y conceptual por el que siente una profunda y coherente admiración, salvándole así del desengaño y de la infelicidad. Lo segundo le llevó a fundar Diwan, a crear y participar en tertulias de intelectuales y artistas, a adentrarse en el arte contemporáneo (la pintura abstracta en particular) y, naturalmente, a meterse en política, como todos los jóvenes de su circunstancia. Meterse en política sólo podía tomar dos formas: ser un franquista sincero o cínico, como Gallardón o Cebrián, o pasar por el Pecé, el único partido, la única organización disponible para canalizar, en aquellos años, los afanes de resistencia, de civismo, de regeneración de una generación ilusionada y ávida de conocimientos y de cambio.

La experiencia de diez años en Barcelona se interrumpió para el Señor Jiménez Losantos de forma abrupta y violenta, aunque no sorpresiva. Se cumplieron las amenazas que se habían ido cerniendo sobre él, y en circunstancias que el relato sigue a mi juicio sin aclarar del todo (pero es una cuestión que no trataré hoy), los terroristas de Terra Lliure le mutilaron y estuvieron a punto de matarle. Experiencia, para él (no para los suyos, felizmente) bastante peor que la muerte misma, pues pasó en unas horas por el miedo a que le asesinaran, a que liquidaran a una amiga que andaba por allí (¿por casualidad?), por el ritual del terror frío y protocolario, y por el dolor insoportable de una herida precisamente no mortal.

Esta invitación bárbara al destierro fue fielmente obedecida por FJL. Empezó para él, probablemente, un largo túnel lacaniano de reconstrucción de sí, facilitado quizás por un conocimiento técnico y agudo de las herramientas de la introspección freudiana, lo que de forma paradójica le habrá llevado, intuyo, por una trayectoria laberíntica de recuperación de sí más compleja todavía, más ardua y más dolorosa.

El primer resultado visible por los demás es este libro, veinticinco años después. Como sabemos quienes nos hemos metido, con mayor o menor fe, desencanto o escepticismo, en los meandros de la exploración psicoanalítica, el uso de conceptos heurísticos en el relato de (su) vida indica que la autobiografía asumida o disimulada no es más que un relato-pantalla destinado a sustituir otro, anterior y sin aceptar. La función protectora de la escritura sólo es eficaz mediante la desnudez, y su dilación más real e imponente cuando se supone, como en este caso, que por fin se ha dicho todo.
El problema es el de siempre, sin resolver por Dalí, Buñuel, Breton o Eluard, a pesar de unas vidas completamente dedicadas a ello: la distancia insalvable entre el sueño transformado en imágenes y el sueño plasmado en las palabras, o, dicho de otra forma, entre el sueño y el dolor. La llave que no encontró ni siquiera Saura (en Elisa vida mía o en Cría Cuervos): salir de la incompetencia del lenguaje para significar algo más que los impedimentos de la palabra.

En los estereotipos y las objetivaciones del discurso, y eso es, ni más ni menos, "La ciudad que fue", se plasman de forma codificada, sólo para iniciados, las líneas de división y de ruptura de quien se expresa. Lacan entendía que el psicoanálisis, finalmente, es la asunción por el sujeto de su historia, construida por la palabra dirigida a un tercero. De esa forma, el que habla, o en este caso escribe, es desposeído de esa parte de sí mismo, convenciéndose por fin de que esa parte de sí sólo ha sido creada e imaginada, contraria a la certidumbre deseada. Buscarse significa en última instancia reconstruirse para los demás, y enfrentarse, después del largo recorrido, a una nueva identidad efímera, ya alejada de sí y perteneciente, inevitablemente, a otros.

En las torpes elucubraciones que preceden no hay nada que Arcadi Espada pueda ignorar. Su respuesta es reincidente, no consigue cerrar comillas y vuelve día tras día, en su blog, sobre La ciudad que fue, introduciendo incluso consideraciones indignas de él, como alusiones al dinero que le aportará este libro a su autor, o indirectas sin remate final acerca de Losantos, muy alejadas del litigio. En un discurso propio de un hermano envidioso o frustrado, con ecos de Caín víctima del resplandor de Abel, intenta torpemente afear el embellecido recuerdo de la Barcelona que compartieron. A una reconstrucción ficticia, sentimental e idealizada, la de FJL, opone la alternativa en negativo, el lado oscuro, tan ficticio y reinventado como el de su rival, pues eso es Losantos para Espada: un rival que le roba su Barcelona dormida y se adelanta a él, tal vez, despertando dolores secretos, guardados y hasta olvidados.

Dante Pombo de Alvear

domingo, 9 de diciembre de 2007

El Nuevo Huevo De Boadella: “Adiós Cataluña. Crónicas De Amor Y De Guerra”

Hace algunas semanas, leí una reseña sobre el libro de Brand Blanton, “Honestidad Radical”, publicada en el Magazine de El Mundo, nº 424. En su libro, B. Blanton pone de manifiesto y denuncia la tiranía de los discursos políticamente correctos así como los cálculos politiqueros-politicastros de los que están siempre dispuestos a ir con la mentira o las medias verdades por delante y a establecer filtros entre nuestro cerebro y nuestra boca. En dicha reseña, se hacía referencia a Albert Boadella como uno de los adalides de la “honestidad radical”, honestidad que le ha causado, desde hace 25 años, muchos problemas personales y profesionales e incluso, como él dice, “la muerte civil”.

• Hace unos días, terminé la lectura y degustación del último huevo de Albert Boadella “Adiós Cataluña. Crónicas de amor y de guerra", complemento, ilustración y ejemplificación de la teoría de la “honestidad radical”. En este libro salmódico y gregoriano (por la alternancia de capítulos sobre su “amor” y de capítulos sobre su “guerra”), Boadella narra cómo se lanzó, ligero de equipaje y armado sólo con la espada de su verbo, hasta junio de 2007, contra los malandrines del nacionalismo catalán, pensando siempre en su Dulcinea de Jafre, Dolors, que ha sido y sigue siendo su reposo del guerrero, su “particular aosis catalán”. En efecto, escribe Boadella, “sentía, y siento, una enorme fascinación por hacer el amor y la guerra en justa armonía. [...] porque la salud me ha permitido combatir y amar sin tregua ni descanso”(p. 19).

• Según esta autobiografía de impetuoso guerrero y de fogoso amador, Boadella consigue “joindre l’utile à l’agréable”, en una simbiosis placentera, complementaria y fecunda. Y como guerrero, pero siempre espoleado y apoyado por el amor de su Dulcinea de Jafre, Boadella, sin miedo a las represalias y a las consecuencias desagradables de sus actos, lanza su guante al nacionalismo gobernante y galopante. E inicia una larga guerra, que dura ya más de 25 años, lanzándose, lanza lingüística en ristre, contra sus y nuestros particulares molinos de viento: el nacionalismo identitario, excluyente y xenófobo. Con sus hechos y no sólo con su verbo, Boadella se muestra como el arquetipo y la personificación de la “honestidad radical”, tanto en el amor como en la guerra, “tanto monta, monta tanto”, de la que habla B. Blanton.

• He aquí algunas perlas, en relación con los salmos gregorianos guerreros, que ilustran esta aseveración:

- “No se debe olvidar que, [...], lo más bello sigue siendo la verdad” (p. 53);
- Su plan de acción, escribe, consistía en “el ataque francotirador sin otra ortodoxia que mi propia intuición para escoger el objetivo” (p. 57);
- “Las nuevas circunstancias me planteaban un dilema: o bien optaba por volver a emigrar a otro territorio o me decidía a presentar batalla en pro de la supervivencia. Mi irrefrenable belicosidad me llevó a decidirme por lo segundo” (p. 106);
- “Las cosas iban quedando definitivamente claras; no me confundirían con los de su bando (el de la tribu nacionalista) y, aunque avistaba riesgos futuros, me sentía muy campante sin tibiezas ni fingimientos” (p. 108);
- “Para conseguir que emerja una verdad más profunda hay que entremeterse y forcejear bajo la cáscara superficial como lo han hecho los grandes artistas en cualquier disciplina” (p. 164-165);
- “Nuestro plan de combate pasaba por no dejar un solo ataque sin réplica. Pero siempre con gran cuidado de mantener un nivel estético, porque en el fragor de la lucha uno puede contaminarse fácilmente con la bajeza del enemigo y acabar en su misma tesitura” (p. 178);
- “Mi maestro J. M. Arrizabalaga, [...], me dijo una vez que una de las cosas más difíciles de la vida es saber escoger con precisión a los enemigos” (p. 238);
- “El eslogan daliniano ‘que se hable de mí aunque sea bien’ empezó a funcionar” (p. 242);
- “En nuestro país la cobardía personal de la gente adquiere popularmente reputación de sensatez” (p. 247);
- ...

• Entre los salmos relativos al amor, al ayuntamiento carnal y a la cohabitación, no puedo refrenar la tentación de añadir algunas joyas más:

- Hablando de su primera y última ruptura matrimonial, Boadella escribe: “Cuando nos separamos, lo hicimos a la antigua, o sea, sin ‘buen rollo’” (p. 39);
- En cierta época de su vida y antes de instalarse en el nirvana permanente con Dolors, Boadella confiesa que, “a pesar del apremio, nunca llegué a utilizar comodines de pago, porque en el fondo me costaba hacerme a la idea de no ser el primero en celebrar un cuerpo femenino” (p. 38);
- “Como decía un buen amigo: si quieres guerra, cásate y la tendrás en casa sin sacrificar vidas ajenas” (p. 76);
- ...

***

• Lectura recomendada y reconfortante para todo luchador y amador, sin tregua ni cuartel y hasta que el cuerpo aguante; y para los seguidores y practicantes de la “honestidad radical” o para aquellos que aún dudan si seguir o no el vía crucis de los “facta, non verba”. Con esta jeringuilla “boadellana”, los lectores nos inyectamos una dosis del virus de la honestidad radical, que nos inmunizará y protegerá contra las actitudes y comportamientos “politiqueros” y “gallináceos”, que nos impiden levantar el vuelo como seres humanos, como ciudadanos, como guerreros-amantes y como amantes-guerreros.

Notas:
• Albert Boadella, Adiós Cataluña. Crónicas de amor y de guerra, Espasa-Ensayo, Madrid (ya va por la tercera edición).
• Más información sobre el libro y las tesis de Brad Blanton en www.radicalhonesty.com

Nota C´s RED
Aprovechando el artículo de Don Manuel, os ofrecemos un extracto de la entrevista del Maestro con Sanchez Dragó en Tele Madrid el pasado 8 de diciembre.



Manuel I. Cabezas

Cerdanyola del Vallès (7.12.2007)

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