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sábado, 25 de mayo de 2013

En el nombre de las palabras



Durante la última semana, hemos asistido los españoles a una nueva entrega de las ceremonias de la confusión urdidas por la casta para entretenernos mientras sigue sin resolver la crisis acontecida por su soberbia egoísta,  que hoy  estamos pagando entre todos,  menos los que la forman, unos con su vida y otros con su futuro.

De nada han servido las advertencias de Michel Foucault, Noam Chomsky, Hayek, Revel o Milosz. Cautela con el lenguaje nos recomendaron, porque si por convención nos permite la comunicación, con inquina y estulticia se puede convertir en el arma más poderosa contra el sentido común.

La apropiación del lenguaje ha sido siempre la primera cota a tomar por los adoctrinadores, siempre presuntos totalitarios dispuestos a imponer su percepción e interpretación de la realidad para crear un mundo a su medida. El español, ha perdido con la casta sus propiedades semánticas, para convertirse en una herramienta de distracción masiva.

Ocurrió con el PSOE durante las pasadas legislaturas y acontece con el PP en el presente gobierno. Eso es lo que ha venido a recordarnos José María Aznar, pontífice del pasado de esplendor que convirtió este país en una empresa de construcción, pero también lo que nos ha ocultado el dicharachero José Luis Rodríguez Zapatero una vez más, tras su retórica de pedir permiso para seguir embaucándonos con sus delirios mesiánicos y su gestión de reparto de bienes entre colegas y afines.

Que inmensa felicidad deben sentir ambos al contemplar la extraña deriva de sus formaciones políticas sin ellos como líderes y leyenda, sin darse cuenta siquiera de que lo que ocurre hoy en el PSOE y el PP, es precisamente su obra más acabada. Aznar pecó de soberbia y Zapatero de estupidez, así tienen sus partidos y así tenemos el país gracias a sus partidos.

Tratan de ocultar con palabras sus errores y equivocaciones, en el caso de Aznar, el hacernos más ricos sin merecerlo, consintiendo una red de corrupción, fraude y evasión fiscal a su sombra, donde gorrinos y gorrones se pusieron morados; y en el caso de Zapatero, el hacernos más pobres para poder seguir teniendo electorado, mientras repartía el dinero común, entre todos los que le hacían la ola, convirtiendo el sector público en un pesebre para los cerdos. Hace años consideré que la crisis en España no era similar al resto de las crisis europeas, por mucho que se empeñen en convencernos de ello desde los sanedrines respectivos de la casta. 

La crisis en España se ha cebado en las clases más desfavorecidas, fundamentalmente los jóvenes, como en ningún otro país, gracias al embaucamiento del PSOE, que nunca más volverá a levantar cabeza electoral y posiblemente concluya en desaparición. Pero eso ha ocurrido gracias a la oposición inexistente del PP que felizmente llegó al gobierno bajo el burka que le impusieron sus adversarios, convirtiendo la derecha en la mano tonta, mientras la mano izquierda se lo llevaba todo.

Al fin y al cabo, los españoles tenemos en el poder a la casta que hemos elegido, para regresar al antiguo régimen de señores y vasallos. Mariano Rajoy ha dicho que va a seguir haciendo lo mismo, es decir, seguir hundiéndonos, porque según él, está cumpliendo con su deber, que más bien es nuestro deber, durante los últimos tres años nos seguimos endeudando en más de 120.000 millones de euros anuales, con un déficit que supera el 10 %, con 6,2 millones de parados y pagando la tasa de impuestos más elevada de Europa para mantener a la casta y sus siervos viviendo sin problemas, mientras todos los españoles cada día las pasamos más putas para sobrevivir.

No, no es igual la crisis de España que la de otros países, aquí los de la casta se han pasado de frenada ante el abismo que les espera. Confiar nuestro futuro en esta gente, es como encargarle a un estafador que nos lleve la contabilidad y nos ingrese el sueldo en el banco. Para hacérnoslo mirar.

Enrique Suárez



jueves, 23 de mayo de 2013

El PP antiliberal de Mariano Rajoy




La entrevista realizada por Gloria Lomana a José María Aznar el pasado martes en Antena 3, ha levantado ampollas entre las huestes estatalistas y estacionarias de Mariano Rajoy, que sigue empeñado en un acto de soberbia que raya con la estupidez, en que su política es la única posible para sacar a este país de la crisis. Será la única posible que se le ocurre a él y su legión de edecanes, que habiendo llegado al poder prometiendo bajar impuestos han logrado implantar una política socialista que ni siquiera Zapatero se hubiera atrevido a imponer. 

Los hechos están a la vista, si con Zapatero nos endeudamos en su último año de Gobierno en 120.000 millones de euros, con Rajoy llevamos dos años endeudándonos al mismo ritmo, mientras en el PP presumen de haber contenido el descalabro, cuando en realidad seguimos descalabrándonos al mismo ritmo que con el PSOE.

Mariano Rajoy ha convertido su partido en algo parecido a una socialdemocracia de derechas, donde las estructuras del Estado y las administraciones públicas resultan intocables en su configuración, prefiriendo esquilmar a todos los españoles antes que reducir el Estado que nos sobra, la paz social que está consiguiendo, posiblemente pactada en secreto con sindicatos y PSOE, nos está saliendo a los españoles por un empobrecimiento del 20 %, un millón de parados más, un déficit que no se reduce, una deuda que no deja de crecer y además con más impuestos, tasas, recortes y encarecimiento de los servicios prestados por el Estado y las administraciones públicas, y la reducción de su calidad.

Subir los impuestos, precisamente lo contrario de lo que prometió en su campaña electoral para triunfar en las elecciones, no es precisamente una política liberal, sino socialdemócrata. También es socialdemócrata hacer que el Estado acumule más poder, nacionalizar bancos quebrados, y renunciar a la defensa de la Nación como elemento de cohesión entre los españoles. Las únicas medidas de derechas que trata de imponer el PP son una ley de educación más dogmática y una ley del aborto que restringe las posibilidades existentes en la época de Aznar.

Hasta ahora no se ha encauzado ninguno de los problemas que realmente interesan a los españoles y que se resumen en cinco: instituciones, corrupción, deuda, déficit y paro, ni se espera que se resuelvan.

Por eso no es de extrañar que desde los sectores más liberales del PP surjan voces discrepantes de alto nivel, Esperanza Aguirre hace unos días y José María Aznar ayer mismo, (aunque su programa político ya lo manifestó en 2008, sin que nadie en el PP se haya enterado todavía de su existencia)  para recordar que de la crisis se saldrá cuando se bajen impuestos y no cuando se suban que es lo que no ha dejado de hacer el Gobierno de Mariano Rajoy.

Tal parece que al Presidente del Gobierno le han diseñado el programa de acción desde lejanos lugares y que gobierna al dictado de los acreedores del BCE a los que adeudamos 400.000 millones de euros. La trayectoria de Mariano Rajoy ha pasado de Tancredo expectante en la oposición a Rodríguez Zapatero, a títere europeo bajo las faldas de Ángela Merkel.

Realmente cabe hacerse una pregunta, ¿está cualificado un presidente ausente como Mariano Rajoy para lograr que los españoles salgamos de la crisis algún día? Parece ser que ese ha sido el mensaje último de José María Aznar, al contemplar como su sucesor en la presidencia del PP puede dejarnos aún peor de lo que hizo su sucesor en la presidencia del Gobierno. 

Lo que ha venido a decir el expresidente, es que Mariano Rajoy no tiene su confianza, para sacar de la crisis este país con las acciones políticas que ha elegido, que es exactamente lo mismo que pensamos la inmensa mayoría de los españoles, y que está dispuesto a regresar a la política activa antes de que el “heredero” que él mismo eligió, traspase con sus erráticas políticas, devastadoras y acomplejadas, la delgada línea roja que hundiría a este país, a sus habitantes y por supuesto, a su propio partido, para siempre.

La cuestión que está sobre la mesa ya no es si hay o no hay crisis en el PP, sino cuándo acontecerá la noche de los cuchillos largos en el partido de la gaviota transformada en pingüino.

Enrique Suárez

domingo, 2 de diciembre de 2012

El imperio de la casta inicia su decadencia en España


"Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado" Voltaire

Al contrario de lo que muchos puedan pensar y algunos comienzan a manifestar públicamente, no creo que en España sobre la política, más bien, lo que estamos atravesando en estos momentos, es el desolado desierto de su ausencia. Eso es lo que nos han dicho, precisamente, dos ex-presidentes de Gobierno hoy mismo: José María Aznar, en una prolija entrevista concedida a El Mundo; –se percibe que tenía ganas de hablar-, y Felipe González, en una reunión de su partido, en la que “ha reñido paternalmente” a sus compañeros por el bochornoso espectáculo que han protagonizado en los últimos años en nombre del socialismo –olvidándose que él fue despojado del poder por un asunto tan turbio como el del GAL y unas operaciones de corrupción que nunca se justificaron.

Dos formas diferentes de exponer que se inicia una nueva etapa en la política española, cuando el presidente de honor del PP se permite decir: “vivimos uno de los momentos más desalentadores de toda la historia de la Transición: por primera vez en democracia, los políticos se han convertido en un problema grave para el país”. Algo parecido ha acontecido en la reunión que han mantenido los dirigentes y militantes del PSOE, para celebrar la victoria de su partido hace treinta años, en la que Felipe González ha recriminado que actualmente no haya debate en las ejecutivas del PSOE, y pidiendo que en su partido no haya un debate de ideas, sino alguna idea que se ponga sobre la mesa y se debata sobre ella, denunciando la precaria situación interna que se vive en su formación política. Hasta Rodríguez Zapatero, en una intervención sorpresa, resucitado de la ultratumba del olvido, requirió: “una España de más entendimientos, una democracia que se legitime día a día y un partido que mantenga los afectos, la lealtad y la unidad compañeros” y con esa habilidad que le caracteriza, podemos concluir que sabe que su legado –aunque no lo reconozca públicamente- ha sido una España sin entendimiento, una democracia agotada y un partido desunido, enfrentado y agonizante

Todas estas intervenciones son síntomas de desentendimiento con aquello que está ocurriendo, en el caso de Aznar y González, han expuesto sus discursos institucionalmente, mientras que en el de Zapatero, ha pedido su exculpación, sin pedirla, ante sus compañeros, algo muy propio de sus vaivenes insustanciales No en vano, hoy ha salido una encuesta en en la que un 60 % de los propios votantes del PP rechazan la política desarrollada Mariano Rajoy –al que votaron-, mientras que en el caso de Rubalcaba, hasta un 83 % de sus votantes, rechazan su política de oposición. En la última encuesta del CIS, un 27 % de los ciudadanos consultados consideraban que la política era el tercer problema de este país, sin darse cuenta de que el paro y la crisis económica que consideran primer y segundo problema, sin duda son, en buena parte, consecuencia de los errores de los políticos de todos los partidos.

 Recientemente, Artur Mas se ha visto expuesto a la voluntad del pueblo, cosechando el mayor de los fracasos que pudiera prever, contra todos los resultados que habían sido preconcebidos por las encuestas. Y el señor Rafael Ribó, Sindic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) se ha permitido decir que la mayoría de los políticos son honestos y que deshonestos son unos pocos –no se sabe en que categoría se incluye a sí mismo tras haber realizado 50 viajes por todo el mundo durante los últimos dos años a costa del erario público-. Cataluña, en estas cuestiones también tiene sus hechos diferenciales, y si no los tiene, será necesario inventarlos para justificar los desmadres diferenciales

A pesar de que no sea buena noticia que hayamos alcanzado en este país el mayor grado de desprestigio de la casta política de todos los partidos en los últimos 35 años, he de reconocer que, tras seis años ininterrumpidos de denuncia sobre lo que estaba ocurriendo con el poder político en España, siento una agradable satisfacción, algo así como el deber cumplido. Hace seis años, me propuse mostrar a mis compatriotas la indecencia, degeneración, perversión, codicia y egoísmo de que hacían gala los políticos españoles y ahora me invade la perplejidad, cuando tres ex-presidentes de Gobierno, han decidido reconocerlo públicamente y el mismo día. Han elegido el mismo día para hacer el obituario de la casta política española, de la que ellos, por supuesto, también han formado y forman parte. Sin duda, algo ha comenzado a cambiar en la casta política española, pero ahora es el momento de no hacer ni la más mínima cesión, mis queridos compatriotas, es hora de que rindan cuentas –todas las cuentas- y se dejen de cuentos para siempre.

Lo digo para que nadie se me anticipe, los partidos políticos españoles, tal como los hemos conocido hasta ahora,  están muertos y todavía no se han enterado; lo único que queda es depositarlos en el cenotafio del olvido y pasar página sobre este luctuoso hecho que nos ha traído la mayor crisis institucional, política y económica que jamás hemos vivido los españoles a lo largo de la transición, cuando desde una ingenuidad que raya en la estupidez, hemos consentido, con nuestros votos, que hayan decidido empeorar el;destino de nuestras vidas y las de nuestros hijos, exclusivamente para salvarse a sí mismos de la propia degeneración que ellos habían creado, en plena impunidad ilegítima, frívola e irresponsable


 Enrique Suárez

lunes, 23 de enero de 2012

Apología del Sentido Común


Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos y va a ser cierto. Sin Sentido Común, los Estados Unidos no se hubieran emancipado de la Corona Británica y hoy, tendríamos a Rubalcaba en La Moncloa, no es que tener a Rajoy sea un alarde de Sentido Común, pero algo es algo.

La cuestión es la siguiente, cada día veo sesudos análisis de “los sabios del momento" amargándonos el día, diciéndonos que la crisis es compleja, laberíntica, de ámbito internacional y que está entreverada con nuestra forma de vida en esta postmodernidad que traga todo, por lo tanto resultará muy difícil salir de ella. También es cierto que la mayoría de los discursos al respecto, se repiten por imitación, porque unos van copiando a otros y es más difícil encontrar una idea original en tantos ríos de tinta que agua en Marte.

Verán ustedes, todo es mucho más sencillo, pero como no se quiere reconocer lo que ha ocurrido, porque todos los representantes políticos son responsables, nos largan la especie del “desmoralismo”, ya saben ustedes: "nosotros hacemos todo lo que está en nuestras manos pero no es suficiente, los imponderables, la pertinaz sequía...". Cada día estoy más convencido de que lo que no es suficiente es la capacidad que tienen nuestros representantes políticos para resolver nuestros problemas y lo que ocurre, es que ahora se está mostrando su absoluta inutilidad y que utilizan la democracia como un trampolín, para colocar en lo más alto a los que no se merecían tal honor. Y los españoles, como borregos, vamos aplaudiendo al que dice que la recesión para 2012, va a ser solo del 1,5 % sobre PIB y no del 1,7 % como anuncia el FMI, y al que nos ofrece 400.000 parados más en este año en vez de medio millón.

Tirando de regla y cartabón a mí me sale una línea trazada que indica que el primer objetivo para resolver un problema, sea el que sea, es identificar a sus causantes, a los autores intelectuales de la hecatombe, y tras un análisis factorial de andar por casa a mí me sale que en nuestro país no son otros que los políticos, tanto los del PSOE, como los del PP, como los del resto de los partidos de la legislatura anterior, a ver si vamos eliminando la especie expandida por la izquierda de su origen en las finanzas internacionales y las finanzas nacionales, y la expandida por la derecha de la ausencia de una reforma laboral y los excesivos costes sociales, porque ambas tendrán su importancia, pero la responsabilidad última es de los políticos, gobierno y oposición anteriores, unos por hacer mal y otros por no hacer nada y guardar silencio (para ganar las elecciones).

Nos han dejado a los pies de los caballos. Ni finanzas, ni cuchipandas laborales, en la pasada legislatura el Gobierno fue el más entrometido en la vida de los ciudadanos, un poco más y nos hace cantar la Internacional a coro; así que no valen disculpas, los del PSOE no supieron, nos estafaron, nos embaucaron, nos tomaron el pelo y los del PP y los demás no hicieron nada para impedirlo. Así que responsables máximos los políticos, que ahora tratan de taparse mutuamente, como si fueran una casta de privilegiados en un país de esclavos.

Y lo que vale para el PSOE, vale para el PP reciente de Mariano Rajoy que ha tardado una semana en bajar el poder adquisitivo de los españoles un 10 %, vía impuestos (habiendo prometido para ganar las elecciones que no los subiría), como presente de buena voluntad a Ángela Merkel y nuestros acreedores, para adquirir credibilidad (de la que carece absolutamente) en los mercados internacionales. La respuesta ha sido inmediata, S&P nos ha bajado la deuda dos peldaños y el pontevedrés impertérrito ha tenido los bemoles de decir que era una herencia del pasado, cuando Sarkozy, habiendo bajado un escalón a Francia, convocó inmediatamente un gabinete de crisis y Mariano, mientras tanto, aprendiendiendo a contar nubes. Así no podemos salir de la crisis, con estos impresentables es imposible.

Asturias Patria Querida

Pero para los que desconozcan lo que ocurre, les recomiendo que se fijen en Asturias, donde se está viendo el mejor ejemplo del contubernio de la estupidez en la que se han liado los del duerno (ya saben ustedes, el lugar donde comen los cerdos, por la izquierda y la derecha, indistintamente).

Francisco Álvarez Cascos, con un Gobierno en minoría, ha presentado unos presupuestos niquelados, tras el trabajo exhaustivo realizado por sus colaboradores, nadie podrá negarle a Cascos su capacidad de trabajo y rigor, algo reconocido por todo el país cuando fue Ministro de Fomento del Gobierno de España, pero hete aquí, que en Asturias Patria Querida, lo importante para la oposición es el derribo de todo lo que pueda decir Cascos, entre otras razones, porque como Cascos demuestre que las cosas se pueden hacer bien, demostrará al mismo tiempo que se han hecho mal en el pasado y esto no puede ser visto por los asturianos.

No se puede permitir bajo ningún concepto (y en esto están de acuerdo el PSOE-IU y el PP) que Cascos haga las cosas bien y obtenga más apoyos, así que no se les ha ocurrido otra cosa a los del gobierno anterior (PSOE-IU) y la oposición anterior (PP) que presentar enmiendas a la totalidad a los presupuestos presentados por FORO, en los de la izquierda tiene sentido, cualquier cosa que les ponga en entredicho les perjudica, pero en los del PP no tiene otro diagnóstico más que el de gilipollez extrema; porque no se están dando cuenta de que no le niegan los presupuestos a Cascos, sino al que fuera Secretario General de su partido, Vicepresidente de Gobierno con Aznar y el Ministro de Fomento que más hizo por Asturias y por España, lo que les conduce irremediablemente a la triste situación de negar su propia historia en un delirio imposible y una estupidez extrema, pero lo peor de todo, es que lo han hecho con la aprobación de Mariano Rajoy y el PP nacional.

Aznar, dile a tus compañeros que dejen de hacer el ridículo, que tu conoces a Cascos, hombre, y sabes como trabaja, que gracias a él fuiste presidente y conservas la vida; en la política todo es posible, pero no se puede ser tan miserable como están siendo tus compañeros de Asturias, que la gente lo ve y se nota demasiado la estupidez. En fin, ellos sabrán, ahora que han enterrado a Fraga, ya solo les queda "enterrar políticamente" a Cascos para crear la Nación de Ciudadanos... y que nadie pueda decir nada del nuevo "socialismo de derechas" en que se ha convertido el PP.

Con estos mimbres ¿díganme ustedes qué cesto puede hacerse?: un cesto para recoger las cabezas huecas que vayan cayendo por la guillotina de la opinión pública. No hay para más.

Los españoles saldremos de la crisis, de eso no tengo la menor duda, porque de todas las anteriores en nuestra historia hemos salido y esta no es la más complicada; lo que todavía no sé, es como saldrán los representantes políticos que los del pueblo español hemos subido al carro del poder, mientras tiramos de él cada día más devastados, cantando alegremente lo de ¡muerte a la nación y vivan las caenas!.

Enrique Suárez

miércoles, 29 de junio de 2011

"La Batalla" de Arthur C. Brooks


A todos los damnificados del socialismo

Arthur C. Brooks(*), considera que el nuevo eje de conflicto cultural, social y político en los Estados Unidos no gira sobre el racismo, las armas, el matrimonio gay o el aborto; sino entre una minoría socialista que busca la redistribución de la riqueza (la coalición del 30%) y una mayoría que apoya el libre mercado y la ética del trabajo (la mayoría del 70%).

A pesar de que la mayoría de los norteamericanos creen en la libre empresa y la libertad de mercado, la izquierda establece un dominio sobre una clase social diversa que va desde conocidos actores de Hollywood, hasta profesores de Universidad, pasando por periodistas, intelectuales, activistas y creadores de opinión a sueldo. Esta coalición ha funcionado como un lobby relativamente organizado que trata de implantar el socialismo en los Estados Unidos de América, sin prisa, pero sin pausa. Mientras los movimientos de la derecha republicana como el Tea Party se muestran abiertamente en sus manifestaciones, este grupo actúa de forma sinuosa tratando de controlar la opinión pública desde los medios de comunicación y diversas plataformas organizadas.

Utilizando los recursos de la retórica, la propaganda, la manipulación de la información, la censura y la intoxicación han logrado imponer entre los sectores menos formados y los menos expertos (desinformados, jóvenes, desarraigados, inmigrantes, desempleados habituales y algunos aventureros) la especie de que la redistribución de la riqueza, a la larga, es la mejor forma de evitar conflictos sociales, aunque se creen diversos problemas en los comienzos de su implantación. Expertos en comunicación diseñan las estrategias de proselitismo, considerando que el socialismo es la única opción moral, y que los valores tradicionales de los norteamericanos, los descritos magníficamente por Alexis de Tocqueville en su día, en La Democracia en América, están devaluados, son anticuados y resultan inservibles para los tiempos actuales. Así la competitividad, la superación personal, la cultura de la libertad, el esfuerzo personal y la ambición emprendedora en búsqueda de la felicidad personal, son elementos nocivos para la convivencia.

Desde las posiciones de la izquierda norteamericana se habla de moralidad, del bien y del mal con facilidad, considerando que las opciones colectivas son la únicas válidas para el futuro, el socialismo es imprescindible. Los derechos están antes que los deberes, y el Estado debe convertirse a medio plazo en el sustituto de la Divina Providencia. ¿Y quién paga los gastos?. Eso es lo que menos importa, en este recreo social que pretenden implantar los activistas del progreso: lo pagarán los que trabajan, que tendrán que trabajar cada día más para mantener cada día a más personas sin trabajar con más derechos y prestaciones públicas, y si no llega, siempre se puede incrementar la deuda o enajenar el patrimonio público, lo importante es satisfacer las necesidades y deseos de los ciudadanos, sobretodo de los más desafortunados, los que menos han hecho por sí mismos, los que pudiendo trabajar se acogen a subsidios y los que están dispuestos a votar por aquellos que les ofrezcan la vida más fácil con el mínimo esfuerzo, porque en realidad, es la mejor forma de asegurarse un futuro triunfo electoral permanente.

El argumento clave de Brooks quer recorre las páginas de su libro La Batalla, no es otro que la libre empresa, el mercado y el capitalismo, no son, a pesar de lo que traten de imponer sus detractores, más que una evolución del humanismo, que pretende que los seres humanos, en libertad, se puedan desarrollar en plenitud, sin límites impuestos por doctrinas materialistas falaces, que lo único que pretenden es derribar el sistema norteamericano fundamentado en el derecho inalienable de cada ser humano a buscar su felicidad, siempre que respete las leyes y pague sus impuestos.

La libre empresa no es, por tanto, una alternativa económica, sino una condición de identidad que nos procura significado y soberanía, nos concede poder individual y nos permite mantenernos independientes, en un ámbito de pluralidad, un antídoto contra la servidumbre al mismo mercado y al Estado, máximas representaciones del poder.

Brooks argumenta que es la Izquierda la que es totalmente materialista, porque asume que redistribuyendo el dinero puede redistribuir la felicidad, sin embargo lo que se ha visto a lo largo de la historia es que toda intención de redistribución por parte del Estado siempre ha conducido a la miseria, porque el dinero recibido que no ha sido ganado enferma la cultura del esfuerzo y la actividad creativa emprendedora, que son los verdaderos caminos a la felicidad, tanto individual como colectiva.

El engaño está servido para los espíritus menos críticos y adocenados, porque si se premia no hacer nada igual que trabajar denodadamente, quien trabaja más cada día lo hará menos y quien no trabaja, seguirá sin trabajar. La idea de la redistibución por motivos de moralidad pública, es posiblemente la más perniciosa contra los valores occidentales, y además resulta extraordinariamente injusta: ¿Qué tiene de justo tomar el dinero ganado por una persona y dárselo a alguien que no se ha esforzado lo más mínimo por obtenerlo? ¿Qué tiene de justo que les paguen lo mismo a dos personas, una que trabaja todo lo que puede y otra que no trabaja, aunque pueda? ¿Hasta que punto las prácticas de redistribución indiscriminadas no fomentan el parasitismo social?.

De la propaganda sólo comen los que la hacen, mientras que todos los demás la pagan. Quizás mañana, de seguir así, sea necesario abolir la ópera, cerrar las universidades, enajenar el patrimonio público, homegeneizar todo pensamiento y limitarse a ser lo que el Estado decida, como en la ucronía descrita por Aldous Huxley en Un mundo feliz o la utopía de 1984 o La Rebelión en la Granja de Orwell. Cuba es un espejo para los Estados Unidos que pretende la coalición del 30 %.

La obra de Brooks nos recuerda las de autores que han considerado el socialismo como la doctrina política más perniciosa, desde Alexis de Tocqueville, (que decía que era incompatible con la democracia), hasta Ayn Rand, Hayek, Arendt o Milosz.

(*)Brooks es una figura reputada y de gran prestigio en el panorama económico mundial como presidente del American Enterprise Institute -el think tank conservador más importante de Estados Unidos-. Además, sus tesis han tenido buen calado en el discurso del Partido Popular en nuestro país. El ex presidente del Gobierno José María Aznar, que escribe el prólogo, se inspiró en él para crear FAES.

Enrique Suárez

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