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viernes, 15 de agosto de 2014

España en deflación: el país del mundo en el que más bajan los precios



Según información de Datos Macro, que ofrece los IPC de los países con las economías más relevantes (65), España es el país en el que más han bajado los precios a lo largo de 2014, con – 1,2, el siguiente es Grecia con -1,1 que lleva todo el año en deflación.

Los precios tienen dos componentes, el costo real y los impuestos, desde hace dos años en España no han dejado de subir los impuestos y al mismo tiempo tampoco han dejado de bajar los precios. Cierto es que en el último mes España ha crecido un 0,6 %, pero con una carga impositiva muy superior a la que existían cuando el gobierno de Mariano Rajoy llegó a La Moncloa.

Crecer bajando los precios, en realidad no es crecer, es devaluar el precio de los productos y servicios, a pesar de que los impuestos se han elevado. En realidad, el crecimiento de España es una gran operación de maquillaje, un crecimiento espúreo, que no proviene del crecimiento de la demanda externa sobre nuestros productos, que también ha disminuido en los últimos meses, ni tampoco del crecimiento del consumo o demanda interna que no deja de menguar.

Vender más a menor precio reduce los ingresos que reciben los productores de bienes y servicios, pero también los impuestos que reciben las entidades gubernamentales.

España camina directamente hacia la deflación y el gobierno sigue de vacaciones, menos mal que la oposición hace lo mismo y los medios de comunicación también. En septiembre nos enteraremos de que este país ha entrado en deflación, eso con un poco de suerte

Enrique Suárez

martes, 12 de agosto de 2014

Podemos, el mejor aliado en la recuperación de la Casta



Lamentablemente, se confirman las expectativas que expuse en algún artículo anterior, en las que sugería que la presencia de Podemos en el escenario de la política española sería un balón de oxígeno para que la casta se recobrara de sus horas más bajas. Las teorías de Pareto se confirman también en esta ocasión, no hay nada como ofrecer la posibilidad de un modelo extremo y radical a la atención pública, para que los electores abracen el cielo que le tienen prometido los que habitualmente han detentado el poder, es decir, los principales partidos de la casta, el PSOE y el PP.

Así se confirma en las últimas encuestas que han aparecido, la del CIS y la de El País. Si bien en las pasadas elecciones europeas los dos principales partidos, PSOE y PP, obtuvieron un 49,06 % de los votos emitidos, en la encuesta del CIS de julio ya habían ascendido hasta el 51,02 % y en la de Metroscopia, sobre 5.400 entrevistas acumuladas en junio, julio, publicada ayer por El País, PSOE y PP ya obtendrían entre ambos, un 64 % de los votos emitidos. En El País lo atribuyen a la llegada de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE,  pero más bien es por el retorno de los votantes tradicionales del PSOE, tras haber castigado a su partido en las pasadas Elecciones Europeas.

La progresión inversa de PODEMOS más Izquierda Plural va desde el 17,96 % de votos que obtuvieron en las Elecciones Europeas, hasta el 15,6 % que les concede la encuesta de Metroscopia. Se confirma también que el crecimiento de Podemos es fundamentalmente a expensas de la reducción de apoyos en la Izquierda Plural.

Las elecciones europeas han sido tradicionalmente un escenario donde los votantes han decidido experimentar con el apoyo a nuevas formaciones políticas o quedarse en casa y no votar por ninguna. Así lo indica la presencia histórica de partidos como el GIL o Ruiz Mateos en el Parlamento Europeo y las abstenciones, o la decreciente participación que en las dos últimas elecciones ronda el 43 % a nivel europeo y un poco más a nivel  español. Lo que permite la presencia de formaciones que con mayor participación, algo habitual en otros procesos electorales, no la obtendrían debido a la Regla d´Hondt, el fraccionamiento de las circunscripciones y los dinteles establecidos para obtener representación.

Podemos obtuvo en realidad un 3,41 % de todos los votos posibles en las pasadas Elecciones Europeas, por un 22 % que obtuvieron el PSOE y el PP en su conjunto. A pesar del estruendo mediático y social, de su atracción sorprendente por la opinión pública, las posibilidades de un triunfo electoral de Podemos en unas eventuales Elecciones Generales no son ni remotas,  exactamente son nulas.

Que nadie les toque, que se caen solos

El tratamiento con guante de seda a la nueva formación política por parte de los partidos habituales que se han repartido el poder, no es por otra razón más que por que les beneficia por varios motivos, mientras la gente habla de Podemos, no habla de la corrupción política del PSOE y el PP, mientras miran la luna que les muestran los medios de comunicación al servicio del poder, se olvidan del dedo mediático que la señala. Si Podemos supusiera una amenaza real para que el PSOE y el PP perdieran su posición privilegiada en el reparto de poder que se distribuyen en España, estoy seguro de que este partido habría sido abortado antes de su nacimiento, cuando en realidad ha ocurrido lo contrario, fue cultivado con esmero y cariño por las principales cadenas de televisión y los medios de comunicación tradicionales, habitualmente dependientes de los partidos de la Casta,  un hecho insólito y sospechoso sin precedentes.

A la Casta siempre le han interesado partidos esperanza, como Podemos, IU, Ciutadans o UPyD, que ofrezcan una alternativa de cambio en el poder que mantengan a los electores en el redil de las urnas, siempre que estas formaciones no amenacen su hegemonía.

En los grandes partidos políticos de este país, ni tampoco en los pequeños que compiten por implantar su mensaje nuevo, desconocen que Podemos todavía tiene que enfrentarse a sí mismo para consolidarse como una formación política cohesionada.

Precisamente el fanatismo de sus seguidores, unido a su grado de desconfianza con la política de la Casta, será el elemento que ocasionará su propia autodestrucción, el día que algunos constaten que lo que se decide en los círculos, no se traslada a las decisiones políticas de Podemos.

El amargo sabor del éxito a costa de denigrar a los demás

El furibundo éxito de la formación política de Pablo Iglesias es una amenaza para su consolidación y los medios por los que lo ha conseguido, las promesas, las redes sociales, las denuncias de los demás, y las propuestas radicales, son las trampas que se ha tendido a sí mismo, porque una cosa es triunfar en democracia y otra trasladar las decisiones democráticas a la acción política, por mucha unificación de doctrina que se realice, sólo es cuestión de tiempo que surjan discrepantes y discrepancias, que utilizarán los mismos recursos que usó Podemos para enfrentarse a la casta, para enfrentarse a los propios líderes de Podemos cuando no den satisfacción a los anhelos de todos sus seguidores.

Eso explica mejor que otras alternativas el respeto que pide Jose Bono por Podemos, la anuencia de intervenciones hostiles por parte del PP, la no beligerancia de la Izquierda Plural, junto al desdén de todas las formaciones por entrar a valorar las propuestas de Podemos. Sorprende que todas estas formaciones que habitualmente se degüellan verbalmente entre sí, hayan respetado de forma exquisita la presencia de la formación de Pablo Iglesias, más que sorprender, es fascinante. 

También explica que Pablo Iglesias se haya curado en salud, advirtiendo que puede haber gente en los círculos de Podemos ajena a los valores de Pablo Iglesias,  como si los valores de Podemos no emergieran de los círculos de Podemos y no de Pablo Iglesias, algo que no tiene mucho sentido en un líder que se representa como un adalid de la democracia:  los valores de Podemos serán los que la gente disponga en los círculos de Podemos, no los que Pablo Iglesias tenga en su cabeza, incluida la coleta.

Concluyo con un comentario sobre Max Weber, autor de El Político y el Científico, este autor fundamenta el ejercicio de la política en la ética, que proviene de dos elementos claves: la convicción y al responsabilidad, origen y tragedia de la política en la medida que son dos polos entre los que debe moverse de forma equilibrada la acción política, ambos extremos se necesitan y se repelen mutuamente. Un político sin convicciones es, sencillamente, un oportunista, un profesional de la manipulación y un vendedor de humo, pero un político sin conciencia de su responsabilidad, perdido en su mundo neurótico de utopías irrealizables, es un ídolo hueco. Hallar el camino posible entre Escila y Caribdis, constituye la marca del buen político “posibilista” y, a la vez, transformador.


El Pablo Iglesias que promete se tendrá que enfrentar al Pablo Iglesias que cumple, el que ofrece 650 euros para todo el mundo, tendrá que convencer a sus seguidores de que los 7.000 que el cobra como eurodiputado no los desea, ni los necesita;  el que ha vendido una utopía para acabar con la casta, tendrá que demostrar que una vez que se ha transformado en lo que detesta no se ha olvidado de que su objetivo es acabar con lo que le ha transformado en un elegido de los dioses a costa de los que esperan que no sea uno más que les haya embaucado, y por último, y quizás lo más difícil, que él sirve a los demás y no se sirve de los demás, ante los más devastados por el poder.

Creo que va a necesitar algo más que un buen equipo de propaganda y agitación en esta ocasión, los medios de comunicación le van a servir de poco cuando se enfrente a las miradas expectantes de sus apasionados seguidores.

Enrique Suárez

viernes, 8 de agosto de 2014

La decadencia de Occidente

Cuando Oswald Spengler publicó su obra magna entre los años 1918 y 1923, sobre la evolución de las culturas y civilizaciones  a lo largo de la historia, estableció como conclusión que el final de la cultura occidental, tal como se la conocía, estaba próximo. 

La Primera Guerra Mundial había concluido y en Rusia se había cambiado de régimen un año antes, tras la Revolución de Octubre Posteriormente aconteció la Segunda Guerra Mundial  y como consecuencia la política de bloques, el bloque occidental y el bloque soviético dividieron Europa. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, también sucumbió el Telón de Acero y algunos países de la Europa del Este, que habían pertenecido al imperio ruso, cambiaron de bando, uniéndose a la Unión Europea. Los países que formaban Yugoeslavia están en proceso de integración y Ucrania está en guerra desde hace unos meses por querer su integración en la zona occidental del país, aunque no así en la oriental. También ha pedido su integración Turquía.

Si desde los aspectos, político, territorial, tecnológico se puede decir que Occidente se encuentra en franca expansión, hay que decir también que desde los aspectos económicos, sociales y culturales está en franca recesión y decadencia. 

Cómo se muestra en el mapa de Datos Macro que se ofrece al inicio del artículo y que muestra el elevado endeudamiento de las naciones del llamado primer mundo, pues más del 90 % de la deuda pública mundial se origina en los países occidentales –incluyendo Japón-, mientras que los países acreedores posiblemente sean Rusia, China y algunos países musulmanes, que son los que menos deuda pública acumulan, junto con algunas grandes corporaciones internacionales más difíciles de identificar.

Hace algunos años se denunció que la globalización no era un buen negocio para Occidente, abrir el mercado mundial a 3.000 millones de personas que producen mucho más de lo que consumen, para que otros consuman mucho más de lo que producen, nos lleva con el paso del tiempo al endeudamiento, que ahora se trata de sofocar la austeridad y las restricciones crediticias. Pero también nos ha llevado a la deslocalización de la mayoría de grandes multinacionales occidentales que hoy producen en lejanos países a precios competitivos, pero habiendo creado en muchos países occidentales elevadas bolsas de paro, déficit,  deuda, una parsimoniosa decadencia y a una reducción de consumo que se está observando con la deflación rampante que eleva su sombra sobre las economías occidentales. En algunos países del sur de Europa está ocasionando un auténtico estrago social y económico. 

La salida liberal de la crisis

España, sirva de ejemplo, ha devaluado las condiciones vitales de sus ciudadanos de forma extravagante, no sólo con una de las tasas de paro más elevada del mundo, sino con un estrangulamiento paulatino de aquellos que tienen la fortuna de conservar su trabajo, que hoy trabajan mucho más para cobrar menos de lo que cobraban hace siete años en relación a lo que cobran en otros países. Grecia, Portugal, Italia e Irlanda, junto con otros países del extinto Telón de Acero, también están pagando los platos rotos de la globalización.

Los recientes acuerdos económicos establecidos entre China y Rusia, con la adhesión de Kazajistan o Bielorusia  van camino de crear una comunidad económica, que competirá sin duda con los países occidentales. La respuesta de Rusia ante las sanciones de la UE por su apoyo a las milicias del Este ucraniano no se ha hecho esperar. Sin ser una cifra importante, 600 millones de euros, es una advertencia de que los intercambios comerciales entre Rusia y la UE pueden reducirse. El choque de civilizaciones anunciado por Samuel Huntington, se ha convertido en realidad en un choque de intereses.

Los países occidentales están obligados a dar un salto cualitativo y evolutivo en sus estructuras sociales, económicas y políticas, pero también en sus condiciones tecnológicas y culturales. Si Occidente dispone todavía de una ventaja comparativa con respecto al resto del mundo, es sin duda el capital humano, las ventajas materiales se han ido reduciendo y los diferenciales en rentas también, pero las estructuras políticas, habitualmente conservadoras, están impidiendo el desarrollo occidental.


La mentalidad de los europeos se ha ido transformando durante los últimos años, desde la iniciativa y liderazgo en la creación de riqueza, hasta el mantenimiento del estatus alcanzado, lo que posiblemente traiga en los próximos años una regresión y una pérdida de bienestar, gracias a que los Estados que conforman los países occidentales han ido adquiriendo más deuda de la que pueden asimilar. El ejemplo de Japón que presenta la segunda deuda más elevada del mundo y lleva 25 años de recesión y deflación debería hacernos reflexionar. Occidente sólo tiene una oportunidad para salir de la decadencia a la que está abocada y no es otra más que la de poner en acción el capital humano con el que cuenta en un ámbito económico atractivo y políticamente poco intervenido, con una reducción de los gastos públicos considerable. 

El problema de Occidente actualmente ya no es de índole económica, pues los créditos están asequibles, sino de crisis de creatividad para hacer lo que siempre hizo, superar los estados anteriores. El mayor problema al que se enfrentan los países que viven en el ámbito occidental es precisamente el capitalismo por su condición deudora con las grandes economías no occidentales, y los problemas del capitalismo se resuelven con más capitalismo, no reduciendo las oportunidades y creando dificultades para que los ciudadanos de los países occidentales hagan lo que siempre han hecho y les ha ido suficientemente bien a lo largo de la historia, para tener la mayor población del planeta que disfruta de las mejores condiciones vitales, cualquier veleidad providencial acometida por las naciones occidentales terminará siendo un pesado lastre que no se podrá asumir.

Occidente sólo tiene una salida para superar su crisis, que no es otra que recurrir a las iniciativas liberales que relancen la economía, la creatividad y la competencia. El camino de servidumbre de Hayek sólo nos puede conducir al infierno, y los adversarios de la primacía occidental están dispuestos a ayudarnos a que lo consigamos cuanto antes.

Enrique Suárez

jueves, 7 de agosto de 2014

¿Por qué se odia a los ricos en España?





"La riqueza es un poder usurpado por la minoría para obligar a la mayoría a trabajar en su provecho."Percy B. Shelley

Los ricos, los más afortunados, no han sido vistos tradicionalmente con buenos ojos en España. Se ha especulado que esta cuestión está relacionada con la tradicional envidia de los españoles, el principal pecado capital que nos caracterizaba según Fernando Díaz Plaja, allá por los años setenta.  También con la pereza del envidioso o la soberbia del envidiado. Y por supuesto entre las teorías más novedosas están las que apelan al igualitarismo como dogma en la raíz de la inquina a los que acumulan riqueza.

Aunque no estoy de acuerdo con las opciones anteriores, creo que el odio a los ricos en España no proviene tanto de una pasión desaforada por el deseo de las posesiones de los demás, como estableció Séneca en su día, sino de algo más prosaico: la forma de obtener esas riquezas. En un país en el que todos los días nos despertamos con casos de corrupción de la casta política y por destacar uno en particular, los treinta años de Jordi Pujol y su estirpe en el latrocinio de los bienes públicos, no es extraño que se tenga especial animadversión a los ricos.

Creo que deberíamos adaptar el estereotipo de la inquina a los más afortunados a las circunstancias que vivimos en este país, cuando el segundo problema que preocupa a los españoles es la corrupción y el fraude y el cuarto, los partidos políticos. No creo que los españoles odien más que en otros países a los que se hacen ricos, pero sí odian más, porque se dan, a los que se hacen ricos haciendo a los demás pobres.

Protegerse de los depredadores que viven en la impunidad

En este caso el odio a los ricos en España es una actitud defensiva, más que agresiva, cuando en este país hay miles de casos de corrupción política, sindical, empresarial, que tradicionalmente son juzgados con guante de seda y resultan impunes en numerosas ocasiones; odiar a los ricos se ha convertido en un deporte nacional, tras los Gürtell, los Pujol y los EREs, sin importarles a los políticos de todos los partidos el daño que están haciendo a este país con sus corrupciones y fraudes, al igual que con sus engaños.

En cierta ocasión entrevisté en una emisora de radio a un compañero de Gregorio Marañón, psicoanalista, del que no recuerdo el nombre, que había dedicado su vida a estudiar la envidia y que me contó una anécdota singular comparando a los americanos con los españoles. En las tierras del Tio Sam un director de una empresa sale de su fábrica de Detroit y dos trabajadores en la puerta mantienen la siguiente conversación, uno le dice al otro:

-         Ves a Mr. Smith, pues dentro de veinte años, yo estaré como él
Entre risas, su interlocutor le responde:
-          ¡Que así sea!
La misma situación se produce en Barcelona, por la misma época, los años setenta, y dos trabajadores en la puerta mantienen la siguiente conversación:
-         Ves al hijo puta de Pérez, pues dentro de veinte años, estará como nosotros.
A lo que su compañero responde entre risas:
-         ¡Que así sea!

Literariamente resulta atractiva la hipótesis, pero creo que se aleja de la realidad, al menos en los tiempos actuales. Los españoles no odian a los ricos por envidia, aunque algún caso habrá , sino por su desmesura, por su expropiación y su expolio, habitualmente de la cosa pública, que al fin y al cabo si es de los que pierden sus servicios públicos, derechos e infraestructuras, para que otros incrementen sus beneficios y privilegios. 

Pluto, el dios de la riqueza griego, fue cegado por Zeus para que no favoreciera selectivamente a la gente, y así lograra numerosos admiradores y adeptos que hicieran peligrar su primacía olímpica, como nos relata Aristófanes en su tragedia. En este país, unos cuantos aprovechados han secuestrado los recursos públicos en su propio interés, convirtiendo a Pluto en su mascota. Es interesante recurrir a los griegos cuando se habla de costumbres, porque los griegos fueron los alemanes de hace 2.500 años que conceptualizaron las cosas de la política para que la democracia pudiera salir adelante. 

Pocos saben que el origen de la democracia se forjó precisamente para limitar el poder a los poderosos y la riqueza a los afortunados, allá por la época de Clístenes,  para que no existiera desigualdad de partida entre los ciudadanos de Atenas. Los griegos, que desconocían el concepto de pecado, sí tenían una falta incívica que para ellos era execrable: la hibris o desmesura de los ambiciosos, que hoy haría estragos en la política española si se recobrara para nuestra maltrecha democracia. Creso, a la sazón, un Jordi Pujol de la época, fue despojado de todas sus riquezas por Némesis quedando en la más infausta de las miserias.

Abandonemos las pasiones y vayamos a los hechos

Pero abandonando la lírica de las emociones la explicación del odio a los ricos en nuestro país resulta mucho más prosaica cuando se consultan las estadísticas de Eurostat y se comprueba que en España sólo un 20 % consideran que los ricos se merecen su riqueza, siendo nuestro país el cuarto que más odio muestra por los plutócratas que se sirven de nuestra democracia para cubrir sus ambiciones y avaricias. Sólo hay tres países de la OCDE que los odian más que nosotros, en los que todavía hay más corrupción posiblemente: Rusia, Turquía y Grecia.



Algún día tendremos que darnos cuenta de que en España hay un auténtico “tapón” de afortunados adherido de forma parasitaria a la cosa pública, que están recogiendo las iras de los despojados, somos el país con más empleados públicos no funcionarios de la OCDE, y este estamento de corruptibles no ha dejado de crecer durante los últimos diez años, mientras todos los sectores laborales crecían en paro. Sin embargo en número de funcionarios somos el cuarto país de la Unión Europea por la cola. Lo que quiere decir que en España el enchufe sigue siendo la forma más fácil de alcanzar un trabajo. Evidentemente esa actitud por parte del poder político con 5,5 millones de parados, y un 55 % de jóvenes en paro –la segunda tasa más elevada de Europa 28 tras Grecia- explica mucho mejor que otra variable el odio ancestral a los ricos que existe en este país.

No es por tanto la envidia de los desposeídos la razón que mejor explica el odio a los más afortunados, sino la injusticia en la consecución de su riqueza, la patente política que limita los que viven con todas las comodidades y los que sufren todas las incomodidades, para que los primeros puedan seguir manteniendo e incrementando sus privilegios. 

Y es que la riqueza en este país se ha reducido tanto para la inmensa mayoría, que hoy por hoy se pueden considerar ricos a los que tienen un trabajo estable, fundamentalmente en la cosa pública, cuando otros más jóvenes y posiblemente mejor cualificados, tienen que hacer las maletas para ganarse la vida fuera de su país.

Esa inequidad paleta de restringir el bienestar en función de la adscripción política, familiar o sectaria, es posiblemente el mayor cáncer de nuestra economía y la mayor afrenta a la paz social que existe en este país. No es la envidia de los despojados la que explica el odio a los ricos en España, sino la insidia de los despojadores que han sido bendecidos por el dedo de alguien.

Enrique Suárez
      

miércoles, 6 de agosto de 2014

La corrupción, el fraude y los partidos políticos como causas del paro y la crisis económica .

 

Tal vez pase desapercibida para la mayoría de los lectores la cuestión más importante de la que nos informa el CIS a lo largo del tiempo: una extraordinaria estabilidad de los datos.

El CIS mide la preocupación de una muestra de españoles representativa sobre las cuestiones que más interesan a los ciudadanos. Los temas que más preocupan a los españoles durante los últimos siete meses son los siguientes:


Paro:   76,8 -  82,3 %

Corrupción y Fraude:   35,7 – 44,2

Economía: 28 – 30,5

Partidos Políticos: 24,2 – 28
Como se ha expuesto, llama la atención la estabilidad de las evaluaciones durante los últimos siete meses. Sin embargo, algo que pasa desapercibido para la mayoría de los lectores es una cuestión importante, que entre las cuatro preocupaciones de los españoles, dos se sitúan en el ámbito de las causas y dos en el ámbito de las consecuencias. El día que los encuestados se den cuenta, creo que los datos cambiarán de forma significativa.

Evidentemente los problemas del paro y la economía, tienen como causa aquellos relacionados con la corrupción y el fraude y los partidos políticos. Que haya más paro o mayor crisis económica no produce corrupción, fraude o fallo de representación política, sino más bien al contrario.

Quizás no sea una forma muy precisa de demostrar el origen de la crisis en este país, pero nos puede servir de estimación, sobre lo que está pasando, si el paro y la crisis económica son el origen de la mayoría de los problemas sociales y económicos, está claro que las causas están relacionadas con la corrupción, el fraude, y la impostura de los partidos políticos. La estabilidad en los datos a lo largo del tiempo, indica que los españoles han llegado a la conclusión o están a punto de hacerlo, que los problemas económicos y sociales de este país tienen como única causa la impostura de los partidos políticos, su corrupción y su fraude. Deberían tomar buena nota aquellos que viven de decirnos que nos van a arreglar la existencia y al mismo tiempo no dejan de destrozárnosla. 

La inmensa mayoría de los españoles está a punto de darse cuenta de que todo lo relacionado con la política no es solución a sus problemas sociales y económicos, sino el origen de todos ellos. 

Un incendio no se apaga con gasolina y una crisis no se acaba usando el dinero público para que algunos utilicen la democracia para el fraude y la corrupción. En este país, lo acontecido con el señor Jordi Pujol durante los últimos treinta años no es una rareza, es la costumbre, el hábito de los representantes públicos de todos los partidos con los recursos procurados por los ciudadanos para mantener el sistema, por eso los políticos de todos los partidos permanecen mudos tratando de pasar desapercibidos, no vaya a ser que alguien les pida a ellos cuentas de lo que se han llevado con sus cuentos. Ese silencio cómplice con lo acontecido en el caso Pujol, es la mayor prueba incriminatoria de su connivencia, complicidad y latrocinio.  

Enrique Suárez

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