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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Creando un antipartido político (01)


Hagamos una reflexión política: las cosas ocurren cuando son posibles, porque las cosas imposibles no pueden ocurrir. Imposible es que los partidos políticos convencionales evolucionen hacia la democracia cuando su objetivo máximo es conculcarla, imposible es que los partidos políticos convencionales evolucionen hacia la libertad porque su objetivo es la opresión de los ciudadanos a través del engaño y la propaganda. Noam Chomsky decía que la propaganda es en una democracia lo mismo que la coerción en un Estado totalitario. Por mi parte, me atrevo a decir que la propaganda es la coerción que transforma una democracia en un Estado totalitario.

Imposible también es que los partidos políticos convencionales evolucionen hacia la igualdad y la equidad, porque estan conformados de forma jerárquica, con principios autoritarios patriarcales. Se fundamentan en la concentración del poder y en la usurpación de la representación ciudadana para establecer privilegios para su grey, que resultan insoportables en una sociedad avanzada del siglo XXI. Los partidos convencionales convierten a los políticos en señores y a los ciudadanos en sus vasallos, olvidando que los ciudadanos somos los soberanos de nuestra realidad.

También es imposible que un partido político convencional y en general todos ellos, evolucionen hacia el respeto por la justicia, porque en su inanidad su pretensión es la de acabar con la independencia del poder judicial y someterlo a los intereses de la política, algo que además de acabar con la democracia, les permite seguir por el camino de la corrupción y el nepotismo.

No es menos imposible que los partidos políticos convencionales sobrevivan en la transparencia, sino más bien lo contrario, en la ocultación y la opacidad realizan sus acciones, aunque con el envoltorio de que todo está expuesto a los ojos de los espectadores y la opinión pública, de lo que se encargan los medios de comunicación que viven en simbiosis con los partidos políticos y en parasitismo con la democracia y los ciudadanos. La transparecia es fundamental en la gestión de los recursos públicos que administran los partidos políticos convencionales con el único objetivo de perpetuarse en el poder, siendo secundario si su utilización beneficia o perjudica a los ciudadanos.

Y por último no es menos imposible que los partidos políticos convencionales dejen de utilizar la democracia en su interés y no en el de los ciudadanos, por medio de la acotación y concentración del poder en la organización de los procesos electorales, a los que los ciudadanos deben acudir para ratificar lo que han decidido y la única elección que se permite a los ciudadanos es la de elegir a unos para que los contrarios no salgan elegidos. Establecida la dialéctica del conflicto que favorece al maniqueismo, sólo queda acabar con la tolerancia, pues los votos se cultivan en la difamación, la negación del contrario y el sarcasmo, porque son un sucedáneo arcaico de los conflictos bélicos como puede ser el fútbol.

Decía al comienzo y reitero ahora que las cosas ocurren cuando son posibles, por eso ahora que la partitocracia a acorralado a la democracia asfixiando su existencia es necesario hacer una reflexión sobre la utilidad de los partidos políticos convencionales en pleno siglo de las comunicaciones inmediatas.

Los partidos políticos convencionales tuvieron su época álgida en la democracia del siglo XX, pero hoy, desgraciadamente, se han convertido en un obstáculo para el desarrollo de una convivencia óptima entre los ciudadanos y la búsqueda conjunta del bienestar. Los partidos políticos convencionales son un survival de otros tiempos que siguen presentes en nuestra realidad gracias a su detentación del poder, a sus organizaciones jerárquicas y burocráticas, a la propaganda, al apoyo de los medios de comunicación a su discurso ambivalente, y al aletargamiento de los ciudadanos, sometidos a un poder que deberían someter, porque la política debe estar al servicio de los ciudadanos y no a la inversa, los ciudadanos al servicio de la política.

Hoy los ciudadanos, erradicado el analfabetismo, tienen formación suficiente para decidir por sí mismos lo que les conviene, no necesitando la representación que les ofrecían a sus bisabuelos. Hoy las nuevas tecnologías permiten la comunicación inmediata, lo que favorece que los acuerdos puedan ser multitudinarios y no limitados a los los designados por los jefes de filas de los partidos políticos convencionales y asumidos estoicamente por sus representados.

Un antipartido político tiene como objetivo recobrar la plenitud de la democracia y no seguir sirviendo a la pantomima teatral que se establece en su nombre por los partidos políticos convencionales. Es hora de que la democracia evolucione y se adapte a las circunstancias de nuestro tiempo, en terminología actual es hora de que la democracia se renueve y supere la versión anticuada, agotada, y destrozada por los partidos políticos convencionales. Es hora de dar un paso hacia el futuro, sin olvidar el pasado. Es hora de que la política sea instrumental a nuestras necesidades y deseos y no que los ciudadanos seamos instrumentales a los deseos y necesidades de los partidos políticos convencionales. Ahora es posible... y necesario.

Biante de Priena

2 comentarios:

Anónimo dijo...

BRIANTE DE PRIENA,

· Tu teclado ha destilado una brillante y luminosa exposición teórica sobre los "partidos al uso" y sobre la necesidad de crear un "antipartido político".

· Como anuncias una continuación a tu reflexión, me imagino que citarás algunos ejemplos fallidos (porque son "partidos políticos al uso", disfrazados) de ese "partido político" o esos "antipartidos políticos", que deseas que vea(n) la luz.

· Concretamente, espero que cites como ejemplos fallidos, como "lobos con piel de cordero" a CIUDADANOS-PARTIDO DE LA CIUDADANÍA (C's), del despelotado Albert Rivera; y a UNIÓN PROGRESO Y DEMOCRACIA (UPyD) de la "cerda orwelliana", Rosa Díez. Son dos ejemplos de partidos camaleónicos, que funcionan como los partidos tradicionales y cuyos objetivos son los de sus liliputienses "cerdos orwellianos".

· Estos (C's y UPyD) no tienen nada que ver con el "ANTIPARTIDO POLÍTICO", cuyo nacimiento es absolutamente necesario. En este nuevo partido, "LO POLÍTICAMENTE CORRECTO, DEBERÍA SER LO POLÍTICAMENTE INCORRECTO" para los partidos tradicionales o las nuevas "granjas orwellianas" de C's y de UPyD.

M. I. Cabezas
SeguidoR de la doctrina de "HONESTIDAD RADICAL"

Ciudadano en la Red dijo...

Señor Cabezas y la honestidad radical su única luz. Bienvenido a la trinchera tras el estío!!

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