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sábado, 25 de abril de 2015

YO VETO






Hay diversos tipos de votantes en una democracia, los que votan por aquellos que quieren convencerlos de  que son mejores que los contrarios, más afines a su condición, los que votan para que no gane el contrario, por lo que le ha dicho que le va a hacer el que considera más propio, los que votan por lo que votaron sus padres, los que votan en contra de lo que votaron sus padres, los que votan con alegría porque votar es la fiesta de la democracia (expolio singular en España), los que votan por el partido de aquel señor tan majo que les hizo un favor y en contra de aquel sinvergüenza que les puso una multa. 


En un país que proviene de una dictadura en la que los que ayer estaban por la gracia de Dios pasaron al día siguiente a estar en el poder por la gracia de algún desgraciado, es normal que ocurran estas cosas, en primer lugar porque los políticos españoles nunca fueron demócratas, los partidos en los que se agregaban eran sectarios y las leyes que establecían para blindar sus privilegios eran la forma democrática del derecho de pernada feudal, sin contar con la diversidad autonómica, un invento, que ha hundido este país para siempre, porque sencillamente ha consistido en descentralizar el trinque, donde ayer había un trincadero hoy hay 17 y dos ciudades autónomas.


La cuestión es que llegados a este punto de la historia de España, tenemos un problema Robledo de Chavela, ¿cómo bajamos del pedestal a la patulea cutre que se ha alzado con el poder de este país para expoliarnos en nombre de la democracia y a su pesar?


Votando en blanco para nada sirve con unos miserables con parche en el ojo, y bandera pirata que se han instalado en el Parlamento, el voto nulo se lo pasan por el arco del triunfo y les importa una higa, y la abstención, es un fenómeno curioso, desaparece de forma inmediata cuando se produce en una consigna celebrada por todos los medios de comunicación del pesebre del poder. Por ejemplo, poca gente sabe que en las pasadas elecciones europeas, los votos a todos los partidos fueron muchos menos que las abstenciones, voto en blanco y nulo.


Se lo voy a explicar con más detalle para que lo entiendan, de un censo electoral aproximado de 35, 5 millones (otro datos que desaparece rápidamente), TODOS LOS PARTIDOS recibieron 15,9 millones de votos, mientras 19,3 millones de españoles votaron en blanco o se abstuvieron, 0,3 millones votaron nulo. De esta forma tenemos que todos los partidos recibieron un 44,8 % de apoyo electoral, mientras que la mayoría de posibles votantes no votó por ninguno, es decir 55,2 %. Esto quiere decir que esta representación política está legitimada de facto, aunque no de iure, que para eso la voluntad popular se secuestra arteramente para que no se note la miseria de la representación degradada que tenemos.


Pero no para ahí la mezquindad, verán ustedes, representados, realmente representados, no son el 44,8 % de los electores, sino muchos menos, porque los “votos efectivo” según el sistema establecido sólo son aquellos que se han concedido a formaciones que obtienen representación, es decir,  se lo voy a describir con detalle, el PP y el PSOE habrían obtenido cada uno poco más del 10 % del electorado real como apoyo, y todos los demás partidos representados, incluido Podemos (que obtiene un 3 % del electorado), IU, UPyD, C´s, etc, no llegarían al 13 % en total, por lo que llegamos a la conclusión de que sólo el 33 % de los votos han sido efectivos en su representación, un tercio de los votantes han decidido en este sistema por los 2/3 no representados que no ha confiado en ninguno y lo siguen denominando democracia los que obtienen representación, la mayoría lo llamamos DESPOTISMO o DICTADURA PARTIDARIA que es un nombre que se ajusta más a la realidad. En la Antigua Grecia, los partidos políticos estaban prohibidos, si el bueno de Pericles levantara la cabeza y viera lo que han hecho los partidos griegos, con Grecia y con la democracia, se moría de desolación y melancolía.


¿Y cómo salir del secuestro a que estamos sometidos los españoles por los partidos políticos representados, fiel emulación de los tercios de las cortes franquistas, por no decir de los tercios estamentales del pasado?, pues la cosa está difícil, más que nada porque los electores españoles no quieren complicarse la vida y con votar contra el que les cae peor, por el que les cae menos mal, porque bien no cae ninguno, pues ya lo resuelven.


Hay una pequeña posibilidad de cambiar las cosas, pero claro este artículo tendría que recorrer las redes sociales más que un selfie de Mariano Rajoy en un WC, cosa que veo difícil, porque los ciudadanos de este país tienen escaso compromiso con la auténtica democracia y prefieren que lo que han jodido los del PSOE, el PP y los nacionalistas, se lo resuelvan los de Podemos, Ciudadanos, o cualquier otro arribista, sin saber siquiera como van a hacerlo, pero bueno, igual esta idea tiene éxito dentro de 100 años y a su autor le recuerdan con una placa en la tumba que diga: aquí yace aquel imbécil que se quiso cargar la dictadura partidaria en España.


Yo lo propongo y ustedes hagan lo que bien les parezca, mi propuesta consiste en VETAR A LOS DE SIEMPRE, votando por aquellos que nunca han sacado nada, y a ver si hay suerte. Es decir prohibido terminantemente votar a aquellos que en las encuestas puedan obteneralgún escaño (PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos, nacionalistas, otros), de los demás pueden elegir ustedes al que bien les parezca, en este país hay un 85 % de españoles que se consideran no representados por ninguno de los que están ejerciendo el simulacro de representar la farsa y el expolio de nuestra democracia.


¿Qué ocurriría si no tuviéramos en los parlamentos, autonomías y ayuntamientos mayorías de casta o de plasta?, pues seguramente que cuanto menor poder tuvieran los que se han corrompido y nos han esquilmado, mejor nos iría, se les vendría abajo el kiosko y el negocio, la democracia respiraría con normalidad tras la asfixia a la que ha sido sometida por los herederos de Franco, que son todos los partidos políticos que han gobernado este país y saldríamos de la dictadura 2.0 que los partidos políticos han ejercido en este país en los últimos cuarenta años y viviríamos con mucha mayor diversidad en la represetación política, que sin ser garantía democrática, al menos es garantía anti-casta. 

Sería inteligente que los partidos políticos que nunca salen representados, se acogieran a una propuesta común, por ejemplo: la independencia del poder judicial, la retirada de privilegios y aforamientos de la casta, o la promesa de que si llegan al poder conceden la mitad de su sueldo a un fondo público para ayuda a los ciudadanos aplastados por el poder, en una fundación pública y transparente, de apoyo permanente a las víctimas del despotismo.

Por probar que no quede …. Y que haya suerte.


Enrique Suárez




miércoles, 15 de abril de 2015

Sin Partidos





Cada día son más numerosos los ciudadanos que se preguntan cómo superar la situación de degeneración política que se vive en  este país y que ha sido organizada por la delincuencia o la negligencia de los diversos partidos políticos que se arrogan la representación de los españoles, cuando en realidad sólo representan a aquellos ciudadanos que les han votado, que en las últimas elecciones europeas, por ejemplo, fueron minoría, en relación a los que no acudieron a las urnas, votaron en blanco o nulo.

En cualquier democracia, un sistema político representativo debería quedar deslegitimado en el momento en que fueran más los ciudadanos que no lo apoyaran, que aquellos que confían en las diversas siglas. Pero no ocurre así, derogando de facto el principio representativo de los partidos políticos que ya no pueden considerarse el gobierno del pueblo en una democracia, sino el gobierno de aquella minoría que representan entre todos. La mayoría de los ciudadanos no están representados por ninguno, pero son anulados como si no pagaran impuestos o no fueran ciudadanos, por no querer apoyar obligatoriamente aquello que detestan y abominan.

Sin embargo es difícil cambiar la realidad representativa de un país, en el que se han creado numerosas barreras electorales para encauzar la democracia hacia los intereses de los partidos, alejándolos de los intereses y la voluntad de los ciudadanos que deciden no apoyarles, y que como se está viendo, si no son mayoría, algún día próximo lo serán.

Durante años he seguido la política de este país a través de diversos partidos políticos, llegando a la conclusión de que no existe en España actualmente ningún partido que se pueda considerar democrático, cuando las listas electorales son establecidas por las cúpulas de los partidos y no democráticamente por los militantes. Quedando a los ciudadanos reducido el derecho a elegir a sus representantes políticos de forma restringida en  la elección de siglas, es decir, entre partidos. ¿Se imagina alguien que se pudiera hacer una lista abierta con los candidatos que se presentaran en distintos partidos políticos? ¿no ayudaría, esa forma de elección, a reducir los intereses partidarios y hacer prevalecer los intereses generales? Hay países más democráticos que el nuestro, en los que se eligen representantes políticos en formas mucho más democráticas que en España.

No obstante, como dudo que desde los partidos políticos surja en alguna ocasión alguna fórmula que abogue realmente por la democracia, en contra de sus intereses sectarios, voy a proponer una forma de llevar este país a la democracia sin partidos políticos, para hacerlo posible sólo se requiere el compromiso de ciudadanos independientes, hartos de seguir manteniendo un sistema que abusa de su poder en nombre de la democracia.

El modelo que propongo está fundamentado en un movimiento que surgió en España en el siglo XIX y que se conoció como Juntismo, en aquella ocasión, ante la invasión napoleónica se crearon juntas locales en este país en la mayoría de los ayuntamientos, que a su vez se agregaron para elegir representantes provinciales posteriormente.

Esta propuesta es democrática y ataja de raíz el problema de la representación política en la impostura de los partidos políticos.  La expongo con brevedad a continuación.


1)      Reunión de ciudadanos dispuestos a cambiar las cosas, que serán agrupados en una lista cada uno con un número asignado según su inscripción.
2)      Creación de agrupación electoral, que se presentará a las elecciones correspondientes, municipales, autonómicas o generales
3)      Para evitar elecciones arbitrarias, la lista de la agrupación electoral estará formada por sorteo entre todos los ciudadanos que se hayan inscrito en el proceso, desde el primero al último de sus miembros.
4)      Con el fin de evitar la adscripción a los órganos representativos, a los dos años los electos abandonarán sus cargos representativos y darán paso al mismo número de aquellos que les suceden en las listas. De esta forma, los elegidos al comienzo de la legislatura, no serán los mismos que la concluyan.
5)      Para control y seguimiento del proceso, promoción y desarrollo de este modelo, y evaluación de propuestas se creará una Junta local de la misma forma y procedimiento que se ha explicado anteriormente, que tendrá entre sus funciones las que decidan en asamblea los miembros de esta opción política en relación a sus diversos representantes. La asamblea de inscritos será convocada cada seis meses para que determine el funcionamiento operativo de representantes políticos y representantes electorales.



Evidentemente no es la única fórmula que se puede establecer para eludir la representación política partidaria en este país, pero es una de las posibles que pueden ser viables, efectivas y eficaces.

Se ha creado un grupo en facebook para aquellos que estén interesados en esta propuesta 


Enrique Suárez

miércoles, 8 de abril de 2015

Signos de cambio en la política española




"Desde la aparición del Estado constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del líder político en Occidente." Max Weber

He decidido escribir menos y observar más, el interesante espectáculo que está aconteciendo desde hace unas semanas en ese gran escenario teatral que es la política española. La teoría general de sistemas de Von Bertalanffy es sin duda aplicable en este caso, porque en todo sistema cerrado, también en los de poder, la entropía va creciendo hasta que hace que todo estalle. LLevo años esperando esta implosión y de verdad que la estoy disfrutando.

El sistema cerrado de la democracia española dominado por castas capitales se ha roto definitivamente con la irrupción de partidos disgregadores como Podemos, o acaparadores como Ciudadanos, que vienen para quedarse, aunque pronto se verán conflictos también en estas formaciones, la ambición de poder las mantendrá unidas durante un tiempo. Algo que no han logrado Rosa Díez y su secretario Gorriarán, cuando hoy mismo en el partido magenta de Asturias se ha elevado a rebelión lo que hasta ahora eran disgregaciones puntuales. Algo que se veía venir desde hace tiempo.

En el PSOE el conflicto existente entre la dirección federal y las diversas taifas de Andalucía o Cataluña, con la marcha de Rubalcaba se ha acrecentado. Carme Chacón se prepara para presentarse de mesiánica lideresa salvadora, con la ayuda de Susana Díaz, para desplazar a Pedro Sánchez. Los resultados de Andalucía organizados sobre una población cautiva en el pesebrismo eterno, acrítico con la corrupción que se ha vivido en esa comunidad, más que un indicador de fortaleza, lo es de debilidad. Otros lo fueron la destitución de Tomás Gómez, la marcha de Pere Navarro, la reunión de Bono y Zapatero con Pablo Iglesias, demasiado dividido está el partido.

En el PP ayer Mariano Rajoy pidió unidad, en un partido que ha gobernado este país en la mayoría de sus ámbitos de forma hegemónica suena a discurso peronista. Sin duda, Mariano Rajoy está amortizado y no creo que sea el próximo candidato a las elecciones generales, entre otras cosas porque durante los años 2011-2015 ha dicho que iba a bajar los impuestos y no ha dejado de subirlos, sin tocar el gasto público para no crear conflictos con los de los distintos pesebres autonómicos de todos los partidos. Cospedal ha denunciado movimientos internos con el ánimo de desestabilizar el partido.

Alberto Garzón, líder postulante de IU dice que hay una conspiración en su propio partido que quiere arrebatarle su candidatura a las elecciones generales. Duran i Lleida, un día se va y otro no de la unión con la Convergencia de Artur Mas.  

 La interpretación sosegada de estos acontecimientos partidarios, junto con la preocupación intensiva de los españoles por la corrupción política, los pírricos resultados en el mercado del empleo, el incremento continuado de la deuda pública y la escasa celeridad de la justicia en resolver los muchísimos casos de corrupción y fraude políticos, conducen a la deslegitimación de los partidos políticos ante la opinión pública. El 83 % de los españoles según las últimas encuestas no confía en los partidos políticos. Recientemente en las elecciones departamentales francesas los votos a todos los partidos han sido menos que los no emitidos, blancos y nulos. En las elecciones europeas, el PSOE y el PP perdieron 5,2 millones de votos al alimón.

Pero sin duda el hecho más importante de todo lo acontecido es la rebelión interna y manifiesta en algunos partidos políticos que pronto se extenderá a todos. En ningún partido político español hay actualmente democracia, todos deberían ser erradicados siguiendo la ley de partidos, además de sus incumplimientos constitucionales diversos y sus aforamientos impresentables. La ausencia de isocracia, igualdad entre representantes y representados, deslegitima el proceso electoral español, en el que todo está “atado y bien atado” como con Franco. La demagogia y la propaganda, a la que tan afines son los medios de comunicación españoles que viven del pesebre público, ya no puede sostener tanta mendacidad.

Aunque algunos desde sus sanedrines y vértices piramidales hayan decidido amenazar a los españoles con los fuegos del infierno, ya no tienen credibilidad para ser atendidos. Vamos directamente hacia una segunda transición, el oficio de político será el de servicio público y no el de público a su servicio a partir de ahora y aunque traten de enmarañar la cuestión desde arriba, los de abajo no van a permitir que se juegen su futuro a caerle bien a los que ponen a los candidatos. La casta de todos los partidos, también la de Podemos, que nadie se equivoque, está acorralada por los ciudadanos españoles del siglo XXI, que no están dispuestos a seguir votando ladrones como rentistas de su destino. 

Esta pequeña revolución ha comenzado, el castillo de naipes se desmorona, al final ni habrá ruido, ni furia, sencillamente silencio, el silencio de los demócratas, que hasta ayer fueron inocentes corderos inmolados en el tiempo, que creían que con votar se hacía una democracia. 

Una democracia no se hace por los votos, se hace por cumplir los criterios que así la definen, que siguen siendo los mismos que hace 2500 años en Grecia: isegoria (libertad de hablar en la asamblea, hoy transferida a las redes sociales), isonomia (igualdad ante las leyes, nada de aforamientos) e isocracia (igualdad entre representantes y representados, nada de yo soy el que manda y vosotros los que votáis tenéis el deber de obedecerme, de los despotismos), por supuesto, siempre en un ámbito de Justicia (diké) independiente del poder político, económico y social. 

Otra circunstancia relevante (la extraigo del blog Sueldos Públicos), es que hay muchísima gente dependiendo de lo que decidan las respectivas castas, de sus partidos, para convertirse a su vez en casta y ante los vientos de cambio que se avecinan, se han puesto muy nerviosos.

  • Número Alcaldes elegibles: 8.192 (elecciones 2011: 8.116)
  • Número de concejales elegibles: 67.640 (elecciones 2011: 68.462)
  • Número de alcaldes pedáneos nombrados: 2.995 (elecciones 2011:3.304)
  • Número de diputados provinciales designados: 1.040 (mismo que elecciones 2011)
  • Censo electoral: 35.104.986 votantes (elecciones 2011: 34.681.888)

Como dije hace años, la casta se derrumbará el día que retumbe el silencio de los demócratas... y parece que ya se escucha a lo lejos.

Enrique Suárez

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