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sábado, 9 de febrero de 2013

Introducción al castismo español


"Es una ilusión esperar que el despotismo esté del lado de las buenas causas" Ludwig von Mises


En realidad, el castismo es una fórmula soterrada y oculta que existe en nuestra sociedad como vestigio de las fórmulas estamentales de distribución del poder del antiguo régimen, preliminares en nuestro país a  la Constitución de 1812, que sin embargo se mantuvieron vigentes a lo largo de la historia reciente, evolucionando y adaptándose con los tiempos a nuevas representaciones. El sufragio censitario, permitía votar exclusivamente a determinado grupo de electores; a finales del siglo XIX se estableció el Pacto del Pardo, entre Cánovas y Sagasta, por el que se alternaban en el poder conservadores y liberales, contra la voluntad del pueblo; durante el franquismo, sólo se podía ser representante político por los tercios correspondientes; y desde que llegó la democracia, tras la experiencia inicial de UCD, sólo dos partidos han gobernado este país: el PSOE y el PP, todo lo bueno y malo que ha ocurrido en este país se debe a la suma de ambos, desde hace treinta años. En algunos lugares, se ha añadido la particularidad de los nacionalismos y en otros, a los comunistas de Izquierda Unida o a los federalistas de UPyD.

A pesar de que el término castismo no aparece en el DRAE, si lo hace el término casta para referirse a la estratificación social en relación al poder, fundamentalmente en la India, pero también en otras sociedades sin Estado. Sin embargo, en otras lenguas como el inglés o el portugués, (más relacionadas con la India en el pasado), sí es reconocida.

Las castas políticas han sido descritas por la sociología como aquellos grupos de población de acceso a la representación política, estancos y endogámicos, que detentan el poder, con sectarismo, patronazgo y nepotismo. En España, los partidos políticos son un buen ejemplo de lo que es una casta, linajes de carnet, clanes de expolio.

El castismo establece una segregación original entre los miembros que conforman una sociedad para acceder poder y se caracteriza por la práctica imposibilidad de que alguien que no pertenezca a la casta y sea aceptado por ella, pueda alcanzar alguna posición de representación pública, sea política, social o sindical. Para pertenecer a la casta hay que aceptar el código implícito de que uno pierde su propia identidad para transformarse en elemento de un grupo cuya engrandecimiento y perpetuación prevalece sobre cualquier otro objetivo.

La democracia en España sólo es una fórmula de ratificación en las urnas de la decisión de las castas políticas, porque los españoles no pueden elegir otros representantes que aquellos que deciden las cúpulas de los partidos políticos. De esa forma, el atado y bien atado de Franco, permanece vigente en nuestra maltrecha democracia: sólo pueden acceder al poder, aquellos que el propio poder ha determinado, con el beneplácito de unos electores que les conceden su confianza a unas formaciones políticas, con unos representantes seleccionados desde el poder.

Evidentemente, la fórmula de distribución real de poder en España, se asemeja más a un sistema autoritario, estamental y jerárquico que a algo que recuerde a la democracia, que es el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Nuestro sistema de vasallaje remeda a una behetría, que era una fórmula de elección de amo en las sociedades serviles previas a la democracia.

El castismo español es, políticamente,  una forma de despotismo (gobierno para el pueblo pero sin el pueblo) disfrazada de democracia que atraviesa en estos momentos los estertores de su próxima y segura agonía; pero socialmente, es una estafa pública que se viene cometiendo con los españoles desde 1978. 

Sobre los engaños del castismo español, se construye nuestro destino, tantas posibilidades tiene hoy un ciudadano español de acceder libremente al poder, como tenía un siervo en el siglo XVIII de hacerse miembro de la aristocracia. 

Prometo seguir escribiendo sobre la cuestión y desentrañando los entresijos de esta farsa, hasta que este régimen de oprobio y desmesura que impera en nuestro país sea derrocado y los españoles podamos acceder, por fin, a una auténtica democracia.

Enrique Suárez

jueves, 10 de enero de 2013

Algunas falacias económicas del socialismo



"La gente empieza a darse cuenta de que el aparato del gobierno es costoso. Lo que aún no ven es que el peso recae sobre ellos." Frédéric Bastiat

Han sido muchos años de lavado de cerebro socialista los que se han soportado en las economías occidentales. Primero con las maravillas del socialismo real, que terminó hundiendo todos los países del Telón de Acero en la miseria, más tarde con las socialdemocracias nórdicas que actualmente han derivado hacia el liberalismo conservador, como Alemania, y por último, con la necesaria búsqueda de la justicia social en el capitalismo como contrapeso de la codicia depredadora.

Friedrich A. Hayek, nos recuerda en su ensayo titulado El atavismo de la justicia social que mientras la creencia en la justicia social rija la acción política, el proceso deberá aproximarse cada vez más a un sistema totalitario, desmintiendo que tal pretensión sea un avance civilizatorio, sino más bien un extravagante retroceso a sociedades tribales organizadas en la redistribución de la escasez. 

A partir de esta premisa, podemos ir desmontando algunas de las falacias más incrustadas en la mentalidad de los ciudadanos occidentales tras un siglo de propaganda ininterrumpida.


1)    A lo largo de la historia de la humanidad jamás se ha resuelto la pobreza plenamente en ningún país del mundo, tampoco en “los paraísos socialistas” abanderados de la justicia social. Algunas de las economías más deprimidas del mundo son las que han vivido bajo paradigma socialista desde hace décadas y en ellas se encuentran las bolsas de marginación y pobreza más extendidas.
2)    Disminuir el número de ricos o la riqueza de los que ya lo son no disminuye el número de pobres, sino al contrario, se ha observado a lo largo del tiempo que cuanta mayor es la riqueza de los países, y cuantos más ricos tienen, cuanto mayores son sus rentas per cápita, menos pobres existen y menos extendida es la pobreza, como ejemplo tenemos lugares como Alemania, Dinamarca, Luxemburgo, Suiza, Singapur o los Emiratos Árabes.

3)    Una de las falacias más socorridas del paradigma socialista es la de que los pobres y los ricos se distribuyen una riqueza fija e inamovible, por tanto, cuantos más ricos hay, más pobres se producen. Evidentemente si se fuerza a la decadencia y la recesión se consigue ese objetivo, que la riqueza no crezca y entonces se produce una profecía autocumplida: los ricos le quitan el pan a los pobres. No ocurre así cuando los países siguen una tasa de enriquecimiento progresiva, es decir, cuando los países crecen y no se empobrecen sin fin, cuando se producen más ricos, también, casualmente, se producen menos pobres. En los modelos planificados se producen cada vez menos ricos, pero también más pobres. Riqueza y pobreza no son términos opuestos, sino correlacionados inversamente. Si crece la riqueza, disminuye la pobreza, pero si la riqueza disminuye, aumenta la pobreza.
4)    En ningún lugar del planeta se ha producido una situación en la que hayan dejado de existir los ricos, en las economías intervenidas por el Estado, socialistas y comunistas,  a lo que más se ha llegado es a sustituir los ricos depuestos por una casta relacionada con el aparato de los partidos políticos que habían tomado el poder, como actualmente ocurre en China.
5)    Definitivamente la deseable “justicia social”, que en realidad es un concepto vacío de contenido (Hayek), es un magnífico motivo para creer, como el cielo de los cristianos o el “jannat al-na’im” (jardín de las delicias) de los musulmanes. Aquel lugar al que van los justos tras su muerte, pero lo que se dice en vida, a seguir sufriendo.

La conclusión es que la justicia social está llamada a formar parte del friso de los motivos para creer que han llevado el mundo hacia el retraso, la pobreza,  la miseria y el retroceso.

La gente parece olvidarse de algo muy importante y es que en esta vida todo lo que se le concede a alguien sin merecérselo se le arrebata a alguien que se lo ha ganado con el sudor de su frente, mereciéndoselo; por eso cuanta más intervención redistributiva se haga desde los Estados más injusticias reales se crean en nombre de la justicia social. 

La mejor forma de crear pobres es cultivando la pobreza desde el Estado y regando el no hacer de unos con el hacer de otros, que cada vez tienen que hacer más para recibir menos (más impuestos). A este paso, llegará un día en que nadie hará nada, porque es tremendamente injusto que se explote a los trabajadores para mantener a los que no trabajan, ese día habremos alcanzado la plena justicia social, el cielo cristiano y el jardín de las delicias musulmán: todos seremos políticos a sueldo del Estado, que nos ganaremos honestamente la vida criticando a los ricos, a los pobres y a los hacen algo por levantar el país y a los que no hacen nada. 

¿Acaso los desalmados que aún tienen la inmensa fortuna de tener un trabajo en España no lo hacen porque son unos egoístas que no se conforman con los 450 euros que obtendrían si no hicieran nada, por lo menos hasta que duren? Desde luego, no sé a dónde vamos a llegar con tanto insolidario que pretende obtener con el sudor de su frente las lentejas que se come y con tanto condenado a recibir la limosna del Estado para poder seguir comiendo.

Enrique Suárez

martes, 16 de octubre de 2012

La tuerta justicia española





“La peor forma de injusticia es la justicia simulada” Platón

Cada día somos más los españoles que compartimos acuerdo en que la casta política de este país se ha organizado un auténtico negocio desde el poder, para que sus cofrades puedan vivir magníficamente, independientemente de la repercusión que ocasionen sus despropósitos sobre los sufridos súbditos (nada de soberanos, ni ciudadanos) que los soportamos.

Los partidos políticos, se han convertido en empresas mercantiles que utilizan la ideología y propaganda como mercancía de sus intenciones y deseos, que finalmente, cuando alcanzan el poder, terminan convirtiendo sus pretendidas obras en algo diferente a lo que han prometido antes de las elecciones, sino en lo contrario de lo que han ofrecido, algo cada vez más frecuente. Lo extraordinario es que el engaño de esta aristocracia siga funcionando cuando pronuncian la palabra mágica: democracia.

Así tenemos que en nombre de la democracia, auténticos estafadores públicos, implicados en numerosos procesos de corrupción, cohecho y prevaricación, se intitulan de guardianes y garantes de la legalidad vigente, cuando no en valedores indispensables del cumplimiento constitucional, siendo los primeros que incumplen nuestra Carta Magna, la maltratan y olvidan, vulneran las leyes y resultan inmunes a la justicia, que como mucho llega a imputarlos, pero pocas veces a condenarlos.  Lo que también resulta extraordinario es que los medios de comunicación no denuncien, señalen y persigan a los políticos corruptos hasta las puertas de los juzgados donde rindan cuentas de sus delitos, como ocurre en otros países civilizados. 

Pero sin duda, lo más extravagante de lo que ocurre concierne a nuestro sistema judicial que, presumiblemente dice ser independiente, en un Estado de Derecho que soporta sus prácticas habituales con los ciudadanos pero no con los políticos; es esperpéntico ver a los fiscales y jueces haciendo omisión de servicio a su función, mirando para otro lado ante la barbarie orgiástica de despilfarros y desmanes que nos han concedido el elenco que conforma la aristocracia política en los últimos años. ¿No es acaso esa actitud una peligrosa negligencia del poder judicial que pone en peligro todo el sistema político y la convivencia armónica entre los ciudadanos? ¿Dónde está ese Fiscal General del Estado que tiene entre sus funciones y mandato velar por el interés público de los españoles

En fin, habrá que recordar las palabras de Herbert Spencer para comprender la gran responsabilidad que ha tenido y tiene el mutismo ausente de la justicia española en todo lo que acontece en este país: “Todo delito no castigado engendra una familia de delitos”

Sin duda, los magistrados españoles son los valedores de este régimen de opresión, corrupción y molicie en el que estamos condenados a vivir los españoles. Sin la complicidad de las principales autoridades judiciales de este país y de una inmensa mayoría de los 4.000 jueces y 4.000 fiscales españoles, esto jamás hubiera sido posible. ¿Me pregunto a que dioses de la justicia se encomendarán cuando le impongan cinco  años de cárcel a un ladrón por robar un coche con violencia, mientras saben que por la calle andan miles de políticos que han robado millones de euros esperando a presentarse a las próximas elecciones,  para seguir seguir aforados o aforrados?. Hay que tener mucho estómago para impartir justicia inicua en este país, entre aquellos que cobran todos los meses por mirar para otro lado, mientras este sistema de opereta bufa se va a la mierda. 

Más propio de una tiranía despótica parece nuestro sistema judicial que sanciona severamente al ciudadano que delinque una vez y exime de toda responsabilidad a los corruptos que lo hacen desde el poder de forma continuada, convirtiendo la tradición de trincar en oficio. Parece que ser político en este país concede patente de corso o bula de impunidad a los afortunados, pero tal vez la cosa sea más sencilla y menos épica: los jueces dependen de lo que decidan los políticos, por eso sirven al poder, no al pueblo que les paga el sueldo. 

La justicia que tenemos en España está tuerta, no ve del ojo público, sólo ve del privado. Es ciega a los delitos políticos y económicos que se cometen desde el poder, pero no a los que se cometen fuera del poder o contra el poder. Es una justicia propia de una tiranía, aunque políticos, medios y jueces, se empeñen en convencernos de que vivimos en una democracia, yo cada día tengo más dudas al respecto.

¿Para qué sirven las leyes, con jueces que no ven lo que no quieren ver, porque se juegan su carrera política en la justicia, claudicando en sus obligaciones al poner sus intereses personales por delante de los que corresponden a su oficio? ¿Quién va a controlar (y juzgar) a la justicia española, si los políticos viven magníficamente en su invidencia selectiva?

Enrique Suárez

martes, 2 de octubre de 2012

Traducción al español de "Els Segadors" (himno de Cataluña)


Traducción al español del himno de Cataluña

¿Sabéis lo qué quieren hacer los catalanes con los españoles cuando cantan su himno?


¿Es compatible la letra de "Els Segadors" (himno de Cataluña) con la Constitución Española de 1978, el Tratado de la Unión Europea y la Carta de los Derechos Humanos de la ONU?


Artur Mas, el pararrayos catalán




"Una nación es un RESULTADO, no un propósito" Max Weber    

Las dotes de gran estadista del President del Govern catalán, junto al asesoramiento de sus más ilustres colaboradores, no han impedido que cometa el mayor error político de la historia de las relaciones de la comunidad que preside con el resto de España. Viaje delirante a ninguna parte se podría titular la aventura del sucesor de Companys, aquel personaje que dio un golpe de Estado contra la República Española y acabó en el penal del Puerto de Santa María.

Hay varias razones que inducen a pensar que la farsa del independentismo catalán, tiene segundas y terceras lecturas, y que es una huida hacia delante sin mucho sentido ni razón. La situación debe ser grave cuando han decidido acelerar el esperpento.  Las razones que van a impedir que Cataluña sea una nación independiente están establecidas de antemano y además no resultan baladís.

En primer lugar, está la cuestión política, legal y legítima,  a pesar del Golpe de Estado encubierto que protagonizaron al alimón los del PSOE con los nacionalistas catalanes, con aquella aprobación del Estatut (incluso en el Parlamento Español, manda narices), es de recorrido limitado, aunque para probar su fuerza y poder, se sigue aplicando en Cataluña como si el Tribunal Constitucional no hubiera revocado 14 de sus artículos, en un prodigio de ilegitimidad con la Constitución Española (aprobada en su día por el 90 % de los catalanes), mientras el Gobierno de España sigue mirando hacia Portugal. No obstante la Constitución Española establece con claridad lo que es una nacionalidad y sus limitaciones y la imposibilidad de que ninguna comunidad española se haga independiente, sino es con la concurrencia del pueblo español favorable en referéndum. Por cierto, el Estatut Catalán sólo fue votado por el 49,4 % de los catalanes y aprobado por un 79 % de los que acudieron a votar –en total menos del 36 % de todos los catalanes con derecho a voto)

En segundo lugar, tenemos la apurada situación económica de Cataluña, la comunidad más endeudada de España, con uno de los mayores déficits públicos y unas responsabilidades con la  deuda que se acercan al 40  % de su presupuesto. La deuda catalana hace tiempo que está considerada por las agencias de calificación como bonos basura. Ciertamente ahora se percibe el exceso de gasto que ha supuesto crear el escenario de una nación para los catalanes y que no ha sido menor del 25 % delos ingresos totales de la Generalitat a fecha actual, al haberse reducido los recursos ingresados. Crear una nueva nación sale por un ojo de la cara, algo que tiene que mermar los servicios que reciben los catalanes con seguridad, y además, no se caracterizan precisamente en esta tierra por aplaudir los despilfarros. Una Cataluña independiente es inviable desde una perspectiva económica, porque los delirios no cotizan, y las alucinaciones no sirven para pagar sueldos. Precisamente entre un 20 y 25 % de caída del PIB se estima que le costaría a Cataluña la independencia, algo de lo que no se recuperaría durante décadas.

En tercer lugar está la cuestión demográfica, una condición que suele olvidarse en Cataluña habitualmente y que oculta la xenofobia catalanista con los ciudadanos de origen español. Poca gente conoce en Cataluña que los treinta primeros apellidos en las cuatro provincias catalanas son de origen español, pero sin embargo esto no se ve representado en los políticos y gobernantes catalanes, que gozan todos de ilustres apellidos rimbonbantes con muchas íes internodales. El Apartheid catalán es discreto, no como el sudafricano, pero por mucho que se empeñen los catalanistas, de los 7,5 millones de habitantes que tiene Cataluña, los ciudadanos de origen catalán apenas llegan a los 3 millones (menos de un 40 %, posiblemente muchos de los que aprobaron el Estatut). En una Cataluña independiente, los ciudadanos de origen español, como no decidan cambiarles los apellidos, estarían estigmatizados de antemano, ellos, sus hijos y sus nietos.

Podría continuar con otras cuestiones, pero por ahora, estas son suficientes, las posibilidades de que Cataluña se declare independiente de España son absolutamente nulas. Por eso no se comprende como Artur Mas ha tenido la ocurrencia, precisamente en una época de crisis como la que atravesamos, cuando en tiempos de crisis no se aconsejan lisis, sino todo lo contrario. 

Lo que va a lograr el President de aquí al 25 de noviembre es que todos los desmanes de Cataluña salgan a la luz, todas las injusticias que se han cometido con los ciudadanos de origen español en Cataluña, todas las xenofobias paletas y todas las barbaridades reunidas, porque está claro que aunque el Gobierno mire para otro lado –exactamente igual que hizo Felipe V- los españoles no vamos a hacerlo, y Artur Mas no se ha dado cuenta de que el 80 % de la actividad económica de Cataluña proviene de su relación comercial con el resto de España. El señor Lara ha lanzado un aviso, pero me parece que el PIB catalán va a comenzar a descender de forma desapercibida en los próximos meses, algo que hará que su deuda siga creciendo sin interrupción. En una España civilizada no hacen falta armas para detener las barbaridades (¿pero de qué va este tío?), sencillamente hay que hacer un consumo diferencial (en correspondencia con el hecho diferencial catalán)



¿De verdad hay algún catalán con la cabeza sobre los hombros, que no se dé cuenta de que esta aventura es absolutamente imposible? ¿Cuánto les va a costar a los catalanes que el President Artur Mas se convierta en el pararrayos de la ira de los españoles en una situación de crisis como la que estamos viviendo? Y encima, perdonándonos la vida, desde su magnanimidad inefable (pero ¿con cuántas toneladas de soberbia se alimentó este personaje?). Creo que alguien se ha lanzado a la piscina sin mirar cuanto cubría el agua. 

Me parece que lo de Artur Mas es la única alegría que ha tenido Mariano Rajoy desde que ha llegado al gobierno, la verdad que hay que ser un poco torpe para convertirse en  un pararrayos providencial en medio de una tormenta como la que estamos viviendo.

lunes, 1 de octubre de 2012

El valor social añadido



"El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo" Frédéric Bastiat.


Mucha gente se pregunta por el origen de la subida de impuestos, los recortes y el vete tú a saber, si tendrá más relación la cosa con el contador de nubes que dejó España como tierra quemada, con el fumador de puros que es una auténtica calamidad o, tal vez, con la prima de riesgo, los banqueros sin escrúpulos y las oportunidades de rescate que pastorea Ángela Merkel.

Pues lamento decir que todos se equivocan, todos nuestros males correlacionan directamente con el incremento del valor social añadido, ya, ya sé que será la primera vez que lo leen,  pero no es extraño en un país donde la censura y la intoxicación sustituyen a la información.

El valor social añadido fue descubierto hace más de doscientos años por un economista liberal francés, cosa rara, pero entre los franceses jacobinos también hubo liberales, en otro tiempo, claro. No lo denominó de esa forma, pero me he permitido actualizar la terminología a nuestro tiempo.

El valor social añadido es como la gallina de los huevos de oro de los gandules que viven de los demás, los “projimadores”, desde la política, desde los sindicatos, desde la CEOE, desde un empleo público en el que los han enchufado, desde el dolce far niente, pero cobrando. El bueno de Bastiat, que también es célebre por diseñar el modelo de funcionamiento al que se acoge la política española: la hipótesis del cristalero – cristalero que por las noches se dedica, embozado, a cargarse los cristales de sus vecinos, para tener trabajo al día siguiente y mostrar la necesidad de su presencia en el barrio (se podría aplicar a cualquier sindicalista con el paro)-, nos relató en un pequeño opúsculo -40 páginas, les dejo enlace- titulado lo que se ve y lo que no se ve, el origen de todos nuestros problemas.

Se lo explico de forma abreviada, quien quiera saber más que lea el librito, imagínense que un comerciante con 1.000 euros quiere invertir en hacer una acequia en un campo de su propiedad del que viven muchos campesinos de forma miserable, si encarga directamente ese trabajo al contratista, le saldría por 900 euros, todavía le sobrarían 100 euros, sin embargo, como vive en un país civilizado, se ve obligado a  solicitar permisos, paga tasas, impuestos, corrupciones, diseños, y cuando compra el material tiene que pagar los impuestos y a su vez, los precios elevados de una economía de estado (y empresarios apesebrados por el valor social añadido) que no resulta competitiva

Resultado: el proyecto de acequia se queda sin hacer, porque la final le saldría por 10.000 euros y solo disponía de 1.000 euros y todos los demás se quedan sin los 1.000 euros que podrían haber aliviado, de hacerse productivos en la acequia, las miserias inveteradas de los campesinos e incrementado las ganancias del comerciante y en general de toda la sociedad. El diferencial entre los 900 euros que le costaría la acequia en una economía de mercado y los 10.000 euros que le costaría en una economía intervenida por el Estado, es, precisamente, el valor social añadido, del que vive mucha gente, haciendo que hace, aunque en realidad, nada productivo, más que para ellos, porque ellos sí se benefician, mientras el resto de la sociedad sale perjudicada.

El problema al que nos enfrentamos es que ante la inflación social –todos los parásitos públicos y privados que viven sin pegar palo al agua- la economía se acaba deteniendo y el comerciante se guarda los 1.000 euros por si vienen mal dadas, pero los campesinos siguen en la miseria, mientras que los trabajadores públicos siguen viviendo magníficamente y además con menos trabajo cada día porque ya no va quedando nada que hacer.

El valor social añadido es interesante, porque permite vivir a muchos mangantes de los que no lo son, fíjense ustedes que de los  1.000 euros que no se invirtieron, si se hubieran invertido en un sistema como el español, tendríamos que los ministros podrían comer mejor, los sindicalistas seguir en la lucha, los empleados públicos enchufados mantener su trabajo, los corruptos repartirse dividendos, los políticos hacer cohechos y prevaricaciones, los periodistas comiendo del pesebre, los jueces de mirar a otro lado y los banqueros sacando tajada con todos ellos, como el comerciante no mueve los mil euros todos corren el riesgo de irse a la mierda, y así está bien, tanta avaricia acaba rompiendo el saco.

El único valor social añadido que tenemos en es te país es el de mantener a los miserables que viven de nosotros a cuerpo de rey, porque aquellos que, supuestamente, eran los destinatarios de los beneficios sociales, cada día están pasándolas peor, porque está claro, los que están en el poder viviendo del momio son los últimos en abandonar el barco y en dejar recibir sus inmerecidos beneficios: hay que echarlos de lo público como a las ratas.

Y ahora coges un carrito y lo paseas por alguna manifa de esas que tanto les gustan a los "projimadores" antes de que acaben con todo.

Enrique Suárez

Comienza el APARTHEID catalán


Comienza el APARTHEID catalán

Sieg Heil Arthur aus dem Rest von Spanien

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domingo, 31 de octubre de 2010

La falacia del igualitarismo


Quizás el igualitarismo haya sido la doctrina moral más provechosa para las políticas de izquierdas, tanto como el amor fraterno para el cristianismo, o tal vez, la grandeza de Alá para los musulmanes. Ciertamente las creencias siguen tejiendo la urdimbre que permite la dominación de los seres humanos y su segregación en dos clases: los poderosos y los desposeídos.

El igualitarismo es una estrategia política urdida con la intención de recabar apoyos en la democracia de masas entre los sectores menos cultos y más oprimidos. La demostración de que la búsqueda de la igualdad es una utopía irrealizable, es que nunca ha existido en este mundo, a pesar de que en su nombre se haya oprimido, despojado y aplastado a millones de ciudadanos desde el comunismo o el fascismo, pero en tono menor, como una lluvia fina que todo lo inunda, desde la socialdemocracia y las doctrinas conservadoras.

Hace unos meses escribí un artículo titulado: “igualitarismo no es igualdad”, hoy quiero avanzar aún más sobre lo escrito, a partir de las adquisiciones ideológica recogidas durante los últimos meses, fundamentalmente provenientes de pensadores liberales, pero también de socialistas utópicos y radicales.

Los liberales solo aceptamos una igualdad, la de todos ante la ley, mientras que los socialistas pretenden utilizar la ley para producir una supuesta igualdad y los conservadores para mantener una sutil desigualdad. Todo tiene que ver con las propiedades, no de los medios de producción como sugería Marx, sino de los recursos. Los conservadores heredan el trabajo acumulado de las generaciones anteriores y pretenden perpetuarlo con el trabajo ajeno, los socialdemócratas adquieren sus privilegios y propiedades del trabajo, y tienen la pretensión de mantener su adscripción reciente por medio del trabajo ajeno, de aquellos que les apoyan y esperan beneficios inmediatos.

La socialdemocracia produce desigualdad, como las doctrinas conservadoras tienden a mantenerla, porque ambas utilizan la coacción y el apoderamiento del Estado para desarrollar una supuesta justicia social, en beneficio, según indica su propaganda, de las clases más desposeídas para los socialdemócratas y de las menos privilegiadas por los conservadores.

Sin embargo lo único que pretenden ambas doctrinas es mantener el establishment y el status quo de los poderosos. Realmente los detentadotes del poder no cambian, siguen siendo los mismos, al igual que los desposeídos. En los últimos seis años ha crecido la pobreza en España con gobiernos socialistas, pero también la riqueza de los que más tienen, a los que se han añadido algunos socialistas como José Bono, entre otros muchos, mientras que la inmensa mayoría de los españoles hemos comprobado como nuestra calidad de vida se ha deteriorado y el Estado de Bienestar está comenzando a deteriorarse paulatinamente.

Los españoles somos iguales ante la ley, el artículo 14 de nuestra Constitución así lo indica, sin embargo hoy la desigualdad entre los españoles es mucho mayor, gracias a que el PSOE ha necesitado de los apoyos nacionalistas para seguir gobernando y el PP no ha sabido o no ha querido hacer una oposición rigurosa.

Así el igualitarismo permite que los funcionarios del Estado cobren cantidades que varían en un 50 % su sueldo si están en una comunidad autonómica o en otra, las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo y se ha producido un desequilibrio insoportable entre los jóvenes que disfrutan de un 50 % de paro y los adultos que tienen que trabajar un 50 % más para ganar lo mismo. Hay instituciones en España que se han creado con el objetivo de imponer la desigualdad jurídica desde el Estado, como el instituto de la mujer o el fenecido ministerio de igualdad. Hay políticos sin formación que cobran de sueldo lo que en la administración pública se corresponde con funcionarios de carrera con seis trienios, que tuvieron que obtener su trabajo por oposición tras haber dedicado muchos años a la adquisición de conocimientos que les permitiera su acceso a la función pública. Hasta los más pobres son diferentes, ser pobre en una autonomía pequeña permite acceder a más ayudas que en una autonomía grande, y para colmo de los colmos, un factor de igualación como el idioma español ha sido excluido constitucionalmente de algunas comunidades autónomas con marchamo totalitario.

Pero quizás la mayor desigualdad es la que crea el Estado concediendo 426 euros como impuestos sociales negativos, a muchos que son improductivos (y piensan seguir siéndolo), mientras que hay ciudadanos en este país que para obtener poco más de sueldo tienen que dedicar muchas horas de trabajo y pagar impuestos para que sus colegas subsidiados puedan seguir disfrutando de la miseria organizada por el Estado, gracias a un Gobierno absolutamente incapacitado por los hechos.

Hay muchas otras desigualdades que se han producido en España durante los últimos seis años, para que vivamos en una sociedad menos equitativa y justa que antes de gobernar el PSOE, donde la injusticia y la inequidad se establece por ley. Pero el mayor problema que tenemos que afrontar los españoles es la descomunal deuda que hemos adquirido, que supera el 400 % entre la pública y la privada, el déficit galopante que traspasa el 12 % enjugado con subidas de impuestos y recortes sociales, condiciones que nos alejan del bienestar y abren un futuro muy negro para los españoles, de esta generación y las siguientes. Al final con el cuento del igualitarismo lo que hemos conseguido es convertirnos en un país atormentado por las deudas y la amenaza inmanente de ruina, donde el consumo no deja de reducirse, y la producción está absolutamente estancada, en una situación técnica de estanflación, disimulada y encubierta con las inversiones públicas más descerebradas.

Este panorama desolador tiene responsables, que son todos aquellos que han abogado desde la política por mantenerla y no enmendarla, y también por aquellos que debían haber frenado tanta estupidez y no han sabido hacerlo, habiendo fracasado ambos en su función pública de servicio a los ciudadanos. No sé ustedes, pero por mi parte creo que la afrenta violenta que nos han hecho los políticos no puede resolverse con un cambio de gobierno para que los que vengan sigan sin resolver las cosas, acusando a los que se vayan del estropicio, mientras siguen disfrutando de los mismos privilegios que sus predecesores.

Necesitamos hacer un cambio fundamental en España, los ciudadanos no podemos admitir bajo ningún concepto que los autores del descalabro (unos por sus excesos y otros por sus defectos) queden exentos de responsabilidad sencillamente con la celebración de elecciones y el cambio de collar. Es hora de exigir responsabilidades, no exclusivamente políticas, sino jurídicas, civiles y penales a los políticos españoles. Quien ha decidido desde la política algo que vulnere la Constitución Española debe responder por ello ante los tribunales, porque ha traicionado su mandato y ha vulnerado su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución, porque a la larga la Constitución se ha convertido en un instrumento para someter a los ciudadanos y no para controlar a los políticos en sus excesos y defectos.

La mayor desigualdad que hay en España es entre ciudadanos y políticos, es hora de que exijamos a los políticos responsabilidades por haber incumplido el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, que dice textualmente:
“Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”
Hasta que no logremos que los políticos sean iguales que los demás ciudadanos, viviremos en una tiranía, aunque sea por la defensa del igualitarismo o la justicia universal. Está claro que si hay igualdad ante la ley, no es necesario el igualitarismo, y si no la hay es que la Constitución Española no se está cumpliendo, que es un problema que requiere soluciones legales, y no políticas o morales.

Biante de Priena

viernes, 22 de octubre de 2010

Represión sexual en la España del siglo XXI


La construcción de la sexualidad que se establece desde las ideologías de izquierdas en la España del siglo XXI, (no distinta de la que se va imponiendo paulatinamente a nivel mundial) es simplemente tan burda como la que se hacía en el franquismo, carente de criterio, alejada de la realidad y absolutamente sesgada por las filias y las fobias de los representantes políticos que detentan el poder. Sin duda en España, hay hoy represión sexual, a pesar de que esta aseveración resulte contradictoria, trataré de exponer a continuación mis argumentos.

Las ideologías de la postmodernidad, guiadas por el feminismo y el homosexualismo más beligerantes, han fragmentado la sexualidad humana en sus supuestos componentes, fundamentalmente desde la antropología, estableciendo el paradigma de un continuo de transversalidad tanto en la orientación sexual como en las prácticas sexuales realizadas por los seres humanos. El sexo ha dejado de comprenderse como una característica exclusivamente biológica para aproximarse a una característica exclusivamente cultural.

Un armario para todos

De tal forma que los humanos ya no nos distinguiríamos en varones o hembras, sino en una especie de “humanes” (ni humanas, ni humanos) andróginos e indiferenciados. La identidad sexual ha dejado de ser cualitativa y objetiva para hacerse cuantitativa y subjetiva, y puede definirse de la siguiente forma: soy preferentemente varón pero no descarto ser hembra o viceversa. Evidentemente, la artefactación del proceso tiene como único objetivo el implantar la homosexualidad como una característica genuina del ser humano, que en realidad ha sido menos frecuente a lo largo de la historia gracias a la represión que el poder ha ejercido sobre la sexualidad humana. Fundamentándose en el relativismo (que es el único dogmatismo aceptado por la postmodernidad), se ha llegado a la conclusión de que el sexo es algo construido culturalmente y por lo tanto sometido a la represión del poder. Por lo que los defensores de la teoría relativista se han propusto implantar en la sociedad de la misma forma que el poder hizo en el pasado, los nuevos dogmas sociales sobre la sexualidad.

Las nuevas teorías represoras que tratan de implantar su modelo en la sociedad, fomentadas y abonadas por los gobiernos de Rodríguez Zapatero, inmanentes en los medios de comunicación, sobrealzadas hasta la histeria en su impacto en la opinión pública, relegan la heterosexualidad, orientación mayoritaria de la sociedad, a una de las muchas posibilidades existentes en el amplio abanico relativista que se establece sobre la sexualidad humana, lo que evidentemente es una nueva represión sexual.

Homosexualismo

Las celebraciones exaltadas de la homosexualidad como “El día del orgullo gay”, algo mucho más relacionado con el histrionismo que con la homosexualidad, se han convertido en una prueba de “normalización”. La condena por homofobia a cualquiera que se cuestione o critique la doctrina oficial, puede recibir una sanción social equivalente a la presunción de homosexualidad en el franquismo. El socialismo ha introducido a los heterosexuales en el armario de la represión, al igual que en el franquismo eran introducidos los homosexuales, todo con el objetivo de que los heterosexuales se permitan dudar de su orientación sexual si quieren alcanzar la categoría de adaptados a la era actual. Dentro de poco veremos que algún homosexual dice que ser heterosexual es facha.

La represión sexual en la España actual consiste precisamente en la cruzada organizada desde el poder socialista para que los españoles acepten la homosexualidad como algo “normal”, pero al mismo muestra su intención descarada de considerar la heterosexualidad como algo “subnormal”, no suficientemente adapatado a los tiempos. En este país tanto hombres como mujeres heterosexuales están siendo sometidos a una violencia inusitada desde el poder y los ámbitos culturales dominados por el poder, que resulta absolutamente inadmisible, porque además está creando muchos más problemas en las relaciones entre los seres humanos que los que trata de resolver, sin conseguirlo. Dentro de unos años descubriremos que quienes han sido absolutamente perjudicadas por estas políticas aberrantes, han sido precisamente las mujeres, porque han perdido su interpretación propia de la sexualidad, para someterse a la interpretación establecida desde el poder, con la intención de su captación electoral.

Precisamente la única anormalidad existente en la sociedad española en relación a la cuestión de la homosexualidad y la paridad sexual es la histérica política opresiva-represiva que se ha establecido desde los Gobiernos de Rodríguez Zapatero en los últimos seis años, precisamente por hacer pública y social, una condición que es privada y cultural. El socialismo es una doctrina dogmática que sólo considera como normal lo que resulta acorde con su ideología, no admite ninguna perspectiva más que la suya, y trata de imponer su “normalidad” en la sociedad, aunque sea de forma estridente, histérica o totalitaria, porque en realidad no lo hace con la intención de neutralizar criterios, sino de imponer la dominación de sus sesgos interpretativos y ganar votos con ello.

Ley de Violencia de Género

Pero no siendo suficiente con la implantación de la duda metódica sobre la orientación sexual en la sociedad, de forma convergente ha establecido un modelo perverso de disgregación en la heterosexualidad mayoritaria de este país, por medio de la Ley de Violencia de Género (cuando sólo hay un género, el humano), que prácticamente convierte en potenciales criminales a todos los varones y en potenciales víctimas a todas las hembras.

Para ello se ha servido de una tremenda falacia con tintes criminales que consiste en denunciar la intolerable e insoportable violencia de género que existe en nuestro país, por medio de la propaganda sin fin que se urde desde el Gobierno y las instituciones relacionadas con el fenecido Ministerio de Igualdad (que ha reducido de forma extravagante todas las desigualdades entre los españoles a “la cuestión generista”).

Recientemente se quejaba la Ministra de Igualdad Bibiana Aído de la desaparición de su departamento, cuando solo suponía un 0,03 % del PIB, que en el año 2009 era de 1.117.624 millones de euros, por lo tanto el ministerio de igualdad se llevaba la bagatela de 335 millones de euros, aunque resulta esta cifra cuando en el año 2007 se llevaba más de 600 millones de euros y no creo que haya disminuido su aportación, sino al contrario, gracias al “profundo feminista” que habita La Moncloa.

Pues fíjense ustedes como será la manipulaciónd de la información en este país (y sirva de modelo y criterio, porque es idéntica en todos los ámbitos), que resulta que España es junto a Portugal, Italia e Irlanda uno de los países donde se producen menos asesinatos de mujeres por hombres, con una tasa de 3,5 muertes por millón, que si se desglosa se corresponde en un 2,2 % a población autóctona y un 14 % a población inmigrante. Algún bienpensado dirá que entonces la Ley ha sido eficaz, pues se engaña, porque esta cifra se mantiene constante desde cinco años antes a que existiera la citada Ley, que en realidad solo ha servido para crear alarma social entre los españoles y un deterioro en las relaciones de pareja y estructuras familiares de incalculables consecuencias.

La media de los países europeos de “violencia machista” es de 4,6 muertes de mujeres por millón, en Estados Unidos sobrepasa las 8 muertes por millón, Francia, Alemania y Reino Unido, sobrepasan la cifra media. Realmente el histerismo causado con la ley de violencia de género no correlaciona con la realidad, sino con la intención política de un Gobierno que considera que una pareja que se separa son dos unidades de consumo y una familia que se destroza consume más que una que permanece unida.

Tras las buenas intenciones del gobierno socialista se esconden haitualmente depravados intereses inconfesables, en realidad los mismo problemas de desigualdad que existían cuando el PSOE pasó al poder en el año 2004 siguen existiendo hoy en día, y no son otros que la desigualdad salarial de las mujeres en comparación con los hombres y el gravamen añadido que supone para las contrataciones laborales la condición de mujer, especialmente cuando deciden quedarse embarazadas. Al respecto, España es uno de los países que menos dinero dedica a la conciliación del trabajo de la mujer y su condición de madre, por contraposición a todo lo que dedica a propaganda, que es una de las cantidades más elevadas del mundo.

Política proabortista

Por último tenemos la política abortista del Gobierno, con una pedagogía absolutamente irresponsable de las relaciones sexuales entre adolescentes, convirtiendo el aborto en un derecho inalienable de las mujeres, cuando en realidad es una libertad conculcada de los embriones humanos. La regulación que se ha hecho del aborto en España por medio de la ley de plazos y toda la propaganda urdida para su aceptación como normalidad social, posiblemente sea la causa de que los españoles del futuro se tengan que jubilar a los 67 años por ahora, porque la tasa de fertilidad de las mujeres españolas es de las más bajas de Europa, y si España crece hoy es gracias a la fertilidad de las poblaciones inmigrantes. La recomendación gubernamental de las píldoras del día despúes, sin una política sanitaria orientada a la pedagogía de la utilzación de métodos anticonceptivos por los jóvenes, es algo insólito en los países europeos, fundamentalmente por su separación del ámbito de la salud para regularlo exclusivamente por criterios comerciales y políticos. Con una ministra de sanidad como Leire Pajín se alcanzará la apoteosis, cuando nos hable de las conjunciones interplanetarias entre extraterrestres y terrícolas.

Evidentemente en una sociedad avanzada del siglo XXI el aborto debe estar regulado de forma rigurosa, y considerarse necesariamente como una condición extraordinaria, que debe regularse por criterios adecuados y no por los del mercado y el consumo.

Por último, la perversión del lenguaje, del idioma español, establecido por los gobiernos socialistas es fascinante, creo recordar que fue Carrmen Romero, ex mujer de Felipe González la que comenzó a destrozar sin piedad alguna nuestra lengua, con aquel “jóvenes y jóvenas” concluyendo la serie de despropósitos con Bibiana Aído cuando dijo aquello de “miembros y miembras”. Ni el idioma español, patrimonio de los ciudadanos de este país se ha librado del asedio zafio de los socialistas, algo muy celebrado por sus alíados nacionalista empeñados en erradicar de sus territorios nuestro idioma.

Estos son mis argumentos para demostrar que en España, en pleno siglo XXI hay represión sexual, igual que en el franquismo, en aquella ocasión era por defecto y ahora es por exceso, un prodigio de desmesura. Porque la represión sexual no es exclusivamente la censura o la restricción de las prácticas sexuales, sino la imposición de las mismas por decreto ley, según los cánones establecidos por el poder de turno. Toda injerencia del poder en las relaciones sexuales de los ciudadanos es una forma de represión, en este caso por opresión y no por restricción como en el franquismo. Si dejamos que esta gente siga en el poder dentro de poco establecerán una ley de prácticas sexuales homologadas, nos cobrarán impuestos por echar un polvo y nos multarán cuando la líbido nos condicione al ayuntamiento fuera de lo establecido.

Decía Noam Chomsky que la propaganda en una democracia es idéntica a la coerción en un Estado totalitario. No sé si esta pesadilla me recuerda más las ucronías proféticas, como Un Mundo Féliz de Aldoux Huxley, o 1984 de George Orwell, o el callejón del gato de Valle Inclán.

Biante de Priena

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