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jueves, 10 de enero de 2013

Algunas falacias económicas del socialismo



"La gente empieza a darse cuenta de que el aparato del gobierno es costoso. Lo que aún no ven es que el peso recae sobre ellos." Frédéric Bastiat

Han sido muchos años de lavado de cerebro socialista los que se han soportado en las economías occidentales. Primero con las maravillas del socialismo real, que terminó hundiendo todos los países del Telón de Acero en la miseria, más tarde con las socialdemocracias nórdicas que actualmente han derivado hacia el liberalismo conservador, como Alemania, y por último, con la necesaria búsqueda de la justicia social en el capitalismo como contrapeso de la codicia depredadora.

Friedrich A. Hayek, nos recuerda en su ensayo titulado “El atavismo de la justicia social” que mientras la creencia en la justicia social rija la acción política, el proceso deberá aproximarse cada vez más a un sistema totalitario, desmintiendo que tal pretensión sea un avance civilizatorio, sino más bien un extravagante retroceso a sociedades tribales organizadas en la redistribución de la escasez. 

A partir de esta premisa, podemos ir desmontando algunas de las falacias más incrustadas en la mentalidad de los ciudadanos occidentales tras un siglo de propaganda ininterrumpida.


1)    A lo largo de la historia de la humanidad jamás se ha resuelto la pobreza plenamente en ningún país del mundo, tampoco en “los paraísos socialistas” abanderados de la justicia social. Algunas de las economías más deprimidas del mundo son las que han vivido bajo paradigma socialista desde hace décadas y en ellas se encuentran las bolsas de marginación y pobreza más extendidas.
2)    Disminuir el número de ricos o la riqueza de los que ya lo son no disminuye el número de pobres, sino al contrario, se ha observado a lo largo del tiempo que cuanta mayor es la riqueza de los países, y cuantos más ricos tienen, cuanto mayores son sus rentas per cápita, menos pobres existen y menos extendida es la pobreza, como ejemplo tenemos lugares como Alemania, Dinamarca, Luxemburgo, Suiza, Singapur o los Emiratos Árabes.

3)    Una de las falacias más socorridas del paradigma socialista es la de que los pobres y los ricos se distribuyen una riqueza fija e inamovible, por tanto, cuantos más ricos hay, más pobres se producen. Evidentemente si se fuerza a la decadencia y la recesión se consigue ese objetivo, que la riqueza no crezca y entonces se produce una profecía autocumplida: los ricos le quitan el pan a los pobres. No ocurre así cuando los países siguen una tasa de enriquecimiento progresiva, es decir, cuando los países crecen y no se empobrecen sin fin, cuando se producen más ricos, también, casualmente, se producen menos pobres. En los modelos planificados se producen cada vez menos ricos, pero también más pobres. Riqueza y pobreza no son términos opuestos, sino correlacionados inversamente. Si crece la riqueza, disminuye la pobreza, pero si la riqueza disminuye, aumenta la pobreza.
4)    En ningún lugar del planeta se ha producido una situación en la que hayan dejado de existir los ricos, en las economías intervenidas por el Estado, socialistas y comunistas,  a lo que más se ha llegado es a sustituir los ricos depuestos por una casta relacionada con el aparato de los partidos políticos que habían tomado el poder, como actualmente ocurre en China.
5)    Definitivamente la deseable “justicia social”, que en realidad es un concepto vacío de contenido (Hayek), es un magnífico motivo para creer, como el cielo de los cristianos o el “jannat al-na’im” (jardín de las delicias) de los musulmanes. Aquel lugar al que van los justos tras su muerte, pero lo que se dice en vida, a seguir sufriendo.

La conclusión es que la justicia social está llamada a formar parte del friso de los motivos para creer que han llevado el mundo hacia el retraso, la pobreza,  la miseria y el retroceso.

La gente parece olvidarse de algo muy importante y es que en esta vida todo lo que se le concede a alguien sin merecérselo se le arrebata a alguien que se lo ha ganado con el sudor de su frente, mereciéndoselo; por eso cuanta más intervención redistributiva se haga desde los Estados más injusticias reales se crean en nombre de la justicia social. 

La mejor forma de crear pobres es cultivando la pobreza desde el Estado y regando el no hacer de unos con el hacer de otros, que cada vez tienen que hacer más para recibir menos (más impuestos). A este paso, llegará un día en que nadie hará nada, porque es tremendamente injusto que se explote a los trabajadores para mantener a los que no trabajan, ese día habremos alcanzado la plena justicia social, el cielo cristiano y el jardín de las delicias musulmán: todos seremos políticos a sueldo del Estado, que nos ganaremos honestamente la vida criticando a los ricos, a los pobres y a los hacen algo por levantar el país y a los que no hacen nada. 

¿Acaso los desalmados que aún tienen la inmensa fortuna de tener un trabajo en España no lo hacen porque son unos egoístas que no se conforman con los 450 euros que obtendrían si no hicieran nada, por lo menos hasta que duren? Desde luego, no sé a dónde vamos a llegar con tanto insolidario que pretende obtener con el sudor de su frente las lentejas que se come y con tanto condenado a recibir la limosna del Estado para poder seguir comiendo.

Enrique Suárez

domingo, 31 de octubre de 2010

La falacia del igualitarismo


Quizás el igualitarismo haya sido la doctrina moral más provechosa para las políticas de izquierdas, tanto como el amor fraterno para el cristianismo, o tal vez, la grandeza de Alá para los musulmanes. Ciertamente las creencias siguen tejiendo la urdimbre que permite la dominación de los seres humanos y su segregación en dos clases: los poderosos y los desposeídos.

El igualitarismo es una estrategia política urdida con la intención de recabar apoyos en la democracia de masas entre los sectores menos cultos y más oprimidos. La demostración de que la búsqueda de la igualdad es una utopía irrealizable, es que nunca ha existido en este mundo, a pesar de que en su nombre se haya oprimido, despojado y aplastado a millones de ciudadanos desde el comunismo o el fascismo, pero en tono menor, como una lluvia fina que todo lo inunda, desde la socialdemocracia y las doctrinas conservadoras.

Hace unos meses escribí un artículo titulado: “igualitarismo no es igualdad”, hoy quiero avanzar aún más sobre lo escrito, a partir de las adquisiciones ideológica recogidas durante los últimos meses, fundamentalmente provenientes de pensadores liberales, pero también de socialistas utópicos y radicales.

Los liberales solo aceptamos una igualdad, la de todos ante la ley, mientras que los socialistas pretenden utilizar la ley para producir una supuesta igualdad y los conservadores para mantener una sutil desigualdad. Todo tiene que ver con las propiedades, no de los medios de producción como sugería Marx, sino de los recursos. Los conservadores heredan el trabajo acumulado de las generaciones anteriores y pretenden perpetuarlo con el trabajo ajeno, los socialdemócratas adquieren sus privilegios y propiedades del trabajo, y tienen la pretensión de mantener su adscripción reciente por medio del trabajo ajeno, de aquellos que les apoyan y esperan beneficios inmediatos.

La socialdemocracia produce desigualdad, como las doctrinas conservadoras tienden a mantenerla, porque ambas utilizan la coacción y el apoderamiento del Estado para desarrollar una supuesta justicia social, en beneficio, según indica su propaganda, de las clases más desposeídas para los socialdemócratas y de las menos privilegiadas por los conservadores.

Sin embargo lo único que pretenden ambas doctrinas es mantener el establishment y el status quo de los poderosos. Realmente los detentadotes del poder no cambian, siguen siendo los mismos, al igual que los desposeídos. En los últimos seis años ha crecido la pobreza en España con gobiernos socialistas, pero también la riqueza de los que más tienen, a los que se han añadido algunos socialistas como José Bono, entre otros muchos, mientras que la inmensa mayoría de los españoles hemos comprobado como nuestra calidad de vida se ha deteriorado y el Estado de Bienestar está comenzando a deteriorarse paulatinamente.

Los españoles somos iguales ante la ley, el artículo 14 de nuestra Constitución así lo indica, sin embargo hoy la desigualdad entre los españoles es mucho mayor, gracias a que el PSOE ha necesitado de los apoyos nacionalistas para seguir gobernando y el PP no ha sabido o no ha querido hacer una oposición rigurosa.

Así el igualitarismo permite que los funcionarios del Estado cobren cantidades que varían en un 50 % su sueldo si están en una comunidad autonómica o en otra, las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo y se ha producido un desequilibrio insoportable entre los jóvenes que disfrutan de un 50 % de paro y los adultos que tienen que trabajar un 50 % más para ganar lo mismo. Hay instituciones en España que se han creado con el objetivo de imponer la desigualdad jurídica desde el Estado, como el instituto de la mujer o el fenecido ministerio de igualdad. Hay políticos sin formación que cobran de sueldo lo que en la administración pública se corresponde con funcionarios de carrera con seis trienios, que tuvieron que obtener su trabajo por oposición tras haber dedicado muchos años a la adquisición de conocimientos que les permitiera su acceso a la función pública. Hasta los más pobres son diferentes, ser pobre en una autonomía pequeña permite acceder a más ayudas que en una autonomía grande, y para colmo de los colmos, un factor de igualación como el idioma español ha sido excluido constitucionalmente de algunas comunidades autónomas con marchamo totalitario.

Pero quizás la mayor desigualdad es la que crea el Estado concediendo 426 euros como impuestos sociales negativos, a muchos que son improductivos (y piensan seguir siéndolo), mientras que hay ciudadanos en este país que para obtener poco más de sueldo tienen que dedicar muchas horas de trabajo y pagar impuestos para que sus colegas subsidiados puedan seguir disfrutando de la miseria organizada por el Estado, gracias a un Gobierno absolutamente incapacitado por los hechos.

Hay muchas otras desigualdades que se han producido en España durante los últimos seis años, para que vivamos en una sociedad menos equitativa y justa que antes de gobernar el PSOE, donde la injusticia y la inequidad se establece por ley. Pero el mayor problema que tenemos que afrontar los españoles es la descomunal deuda que hemos adquirido, que supera el 400 % entre la pública y la privada, el déficit galopante que traspasa el 12 % enjugado con subidas de impuestos y recortes sociales, condiciones que nos alejan del bienestar y abren un futuro muy negro para los españoles, de esta generación y las siguientes. Al final con el cuento del igualitarismo lo que hemos conseguido es convertirnos en un país atormentado por las deudas y la amenaza inmanente de ruina, donde el consumo no deja de reducirse, y la producción está absolutamente estancada, en una situación técnica de estanflación, disimulada y encubierta con las inversiones públicas más descerebradas.

Este panorama desolador tiene responsables, que son todos aquellos que han abogado desde la política por mantenerla y no enmendarla, y también por aquellos que debían haber frenado tanta estupidez y no han sabido hacerlo, habiendo fracasado ambos en su función pública de servicio a los ciudadanos. No sé ustedes, pero por mi parte creo que la afrenta violenta que nos han hecho los políticos no puede resolverse con un cambio de gobierno para que los que vengan sigan sin resolver las cosas, acusando a los que se vayan del estropicio, mientras siguen disfrutando de los mismos privilegios que sus predecesores.

Necesitamos hacer un cambio fundamental en España, los ciudadanos no podemos admitir bajo ningún concepto que los autores del descalabro (unos por sus excesos y otros por sus defectos) queden exentos de responsabilidad sencillamente con la celebración de elecciones y el cambio de collar. Es hora de exigir responsabilidades, no exclusivamente políticas, sino jurídicas, civiles y penales a los políticos españoles. Quien ha decidido desde la política algo que vulnere la Constitución Española debe responder por ello ante los tribunales, porque ha traicionado su mandato y ha vulnerado su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución, porque a la larga la Constitución se ha convertido en un instrumento para someter a los ciudadanos y no para controlar a los políticos en sus excesos y defectos.

La mayor desigualdad que hay en España es entre ciudadanos y políticos, es hora de que exijamos a los políticos responsabilidades por haber incumplido el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, que dice textualmente:
“Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”
Hasta que no logremos que los políticos sean iguales que los demás ciudadanos, viviremos en una tiranía, aunque sea por la defensa del igualitarismo o la justicia universal. Está claro que si hay igualdad ante la ley, no es necesario el igualitarismo, y si no la hay es que la Constitución Española no se está cumpliendo, que es un problema que requiere soluciones legales, y no políticas o morales.

Biante de Priena

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