desde 2.006 en Internet

Mostrando entradas con la etiqueta Movimiento Democrático. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Movimiento Democrático. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de noviembre de 2010

En las elecciones catalanas, VOTA Movimiento Democrático de España (MDE)


Hemos llegado a la conclusión de que es la mejor alternativa entre todas las que se ofrecen porque esta formación política no se presenta a las elecciones catalanas, así al menos ustedes no serán responsables de lo que ocurra a partir de ahora en el lupanar político catalán, ni tendrán que ver como sus representantes políticos les defraudan de forma continuada.

Pero también se librarán de esa forma de tener que elegir entre nacionalistas, no nacionalistas, socialistas, conservadores, folclóricos, comunistas verticales, republicanos accidentales y otras gentes de buen vivir a su costa. Movimiento Democrático de España (MDE) es un antipartido en proceso de creación, que pretende desbancar del poder algún día a todos los estafadores que quieren su voto exclusivamente para hacer lo que les dé la gana a ellos con él y no lo que ustedes realmente desean, ha decidido autoexcluirse de este proceso electoral.

Movimiento Democrático de España, en un acto de patriotismo, ha decidido no presentarse a las elecciones al Parlament catalán por respeto a los electores catalanes, a su inteligencia y sentido común, a su cartera, a su historia, a su vida, a sus ilusiones y sus esperanzas. No se dan las condiciones democráticas que permitan a una formación política normal, respetuosa con los ciudadanos, la libertad, la democracia, las leyes y la Constitución Española, presentarse a un espectáculo de vodevil como el que se ha organizado en la maltrecha comunidad catalana, donde votar por cualquiera de los que se presentan es extraordinariamente arriesgado.

Estuvimos durante cierto tiempo reflexionando sobre si recomendar a nuestros seguidores que votaran por Ciudadanos en Blanco, en blanco, nulo o se quedaran en sus casas, quizás la alternativa menos perjudicial sea Ciudadanos en Blanco, así que si hay alguien que decida arriesgarse y participar en este festival electoral, por lo menos que no se pille los dedos votando a candidaturas que para lo único que servirán es para mantener el más de lo mismo con reparto diferente. También pensamos recomendar el apoyo a Laporta, para degenerar aún más el sistema a ver si revienta, e incluso al CORI para convertir el Parlament en lo que realmente es, o el partido Pirates, pero tras un largo proceso de reflexión hemos llegado a la conclusión de que participar en estas elecciones de cualquier forma sería aceptar que este esperpento recuerda a una democracia, algo que es una absoluta falacia.

Así que nos hemos decidido por la opción menos perjudicial de todas, votar por un partido que no se presenta a estas elecciones, como expresión de protesta y exigencia de respeto a los políticos, el procedimiento es sencillo, se acude al colegio electoral, como MDE es un partido que no está en la oferta de papeletas, se acude a la mesa electoral y se solicita con educación al Presidente o vocales la papeleta correspondiente, y tras largo debate entre los miembros del directorio, informarán al elector de que ese partido no se presenta, generando cierta incertidumbre entre la mesa y los interventores de los partidos correspondientes, momento en el que el votante, podrá acudir a la mesa donde se encuentran las papeletas, coger la primera que le parezca, tachar la lista ofertada y por la parte de atrás de la papeleta, escribir con rotulador rojo, mi voto es para Movimiento Democrático de España, o en su defecto, MDE, de forma abreviada, a continuación deposita la papeleta en el sobre y acude a la urna con su DNI, para que el presidente cante el “vota” correspondiente y todos los que allí están se afanen en tachar su nombre, mientras piensan para sus adentros: otro más para el cesto.

Su voto será posteriormente declarado nulo, pero en el acta de la mesa tendrán que hacer constar los motivos, algo que nunca sabremos es cuantos de los votos nulos se corresponden con MDE, el partido que no se presentaba a las elecciones catalanas, pero tampoco importa demasiado, si este bodrio fuera una democracia sería otra cosa, pero en estas condiciones que más da.

Durante los próximos cuatro años les aseguramos grandes satisfacciones cuando comprueben que todos los que han votado por alguna candidatura se cabrean y despotrican contra sus elegidos, ustedes tan contentos, sabiendo que con su voto no se ha contribuido a que se siga reproduciendo la estupidez. Evidentemente, si no tienen interés en contemplar las caras de los guardianes del régimen y ese aire de suficiencia con que le mirarán cuando le digan que Movimiento Democrático de España no está entre las candidaturas disponibles, también se pueden quedar en casa y abstenerse directamente, pero les aseguramos que ver la cara del Presidente de la mesa y la de todos los asistentes mirándoles como si fueran bichos raros cuando RECLAMEN LO INEXISTENTE serán inolvidables. ¿Qué mejor forma de regresar a la realidad y la normalidad que abandonar definitivamente los territorios virtuales de la estupidez política?

Por respeto a sí mismos, voten MDE, el partido que no se presenta a las elecciones autonómicas de Cataluña. Sus hijos y nietos se lo agradecerán algún día.

Enrique Suárez
Movimiento Democrático

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Brotes verdes en la luna


Es necesario romper la monotonía tediosa de la política española y hacerlo cuanto antes, el Parlamento se ha convertido en una alegoría de La Noria o Sálvame de Luxe, pero eso no significa que la política se haya aproximado a los ciudadanos, sino más bien que los usurpadores se han adueñado del poder y como ya están más vistos que el Nodo durante el franquismo, ahora se dedican a brindarnos un espectáculo digno de augustos teloneros de Gabi, Fofó y Miliki.

Digo usurpadores, digo bien, porque los prohombres (y las promujeres, supongo) elegidos/as en las urnas, no pueden recibir sus buenos sueldos en estos páramos del paro, mientras actúan con intrusismo, y desplazan a honestos profesionaleas del circo de su trabajo, tratando de superarlos con descaro. Así no se resuelve el paro, amigos míos, más bien al contrario, con tanta impostura política a este paso dejarán sin trabajo a todos los que se dedican al noble arte circense.

En fin, es necesario dejar de reirnos de las solemnes tonterías que nos ofrecen los políticos convencionales, porque a este paso nos vamos a terminar jubilando a los cien años, si llegamos. Así que va siendo hora de hacer propuestas racionales, sobrias, rigurosas y necesarias.

La mayoría de los españoles consideramos que la partitocracia española ha muerto de éxito (conduciéndonos al más estrepetitoso de los fracasos como sociedad), tanta tensión y crispación no pueden ser buenas, cuando además no resultan gratuitas, sino que promueven onerosas subidas de impuestos, congelaciones de pensiones, incremento de la deuda hasta cifras de rango astronómico, al tiempo que se reducen los salarios de funcionarios y consecuentemente, de todos los demás. No se puede soportar tanta inmundicia cuando en este país hay un 21 % de paro, lo que equivale, sin maquillajes, a prácticamente cinco millones de parados, mientras tenemos las mismas posibilidades de recuperación que las de que aparezcan brotes verdes en la luna.

La partitocracia ha comenzado su ocaso ineludible y nada, ni nadie, podrá detenerlo. No se puede admitir en una democracia del siglo XXI que unos aficionados a lo ajeno se gasten nuestro dinero con la alegría de afortunados millonarios de la lotería, sin rendir cuentas a nadie, más que a sí mismos;, mientras los españoles, cada día, vamos teniendo menos libertad, derechos, servicios y bienestar proporcionado por el Estado y todos ellos más privilegios.

Los partidos políticos españoles son estructuras arcaicas del siglo XIX que tenían sentido cuando existía el sufragio censitario y el analfabetismo de los ciudadanos alcanzaba el 80 %, pero absolutamente impropias de una sociedad comunicada de forma inmediata, con ciudadanos que saben leer y escribir en su inmensa mayoría, y que comprueban cada día absortos la tomadura de pelo a que les someten sus representantes públicos.

Necesitamos superar la decadencia y la improvisación, las falsas tensiones, las distancias artificiales entre los deseos comunes de los españolesy la interpretación partidista de las necesidades de los ciudadanos, exclusivamente para promover la propaganda orientada a las cofradías electorales correspondientes de estos degenerados arribistas, con menos vergüenza que desconocimientos.

Ante tanta desazón partidaria acabaremos como Salomón, partiendo España por la mitad como si fuera la India descolonizada, una España progresista y nacionalista periférica y una España tradicional, y cada uno que se vaya a vivir donde le plazca, al menos sería una solución para dejarnos de hacer el pingüino y así todos felices, que no acabo yo de entender porque la gente tiene que vivir a disgusto en un país libre. Así que nada de Estatutos, una línea que parta de Santander llegando hasta Cádiz, pasando por Madrid, y cada uno que se inscriba donde le parezca. Las Canarias y Baleares se pueden dejar para los no adscritos con estatuto de Estado Libre Asociado. Vale más dos países felices que una nación atormentada, la emulación de Chipre es nuestro destino.

También se puede sugerir otra alternativa que es la creación de un antipartido político, es decir, un partido que supere los enfrentamientos partidarios y se ocupe de la defensa de los intereses generales y comunes de los españoles. Verán ustedes, lo de resolver el paro o la crisis económica creo que nos interesa a todos por igual, menos a los representantes de los partidos políticos. Que en nuestro país el idioma oficial del Estado sea el español es algo que conviene a todos los españoles e hispanoamericanos, aunque saque de quicio a los nacionalistas. Que no haya corrupción económica, que la justicia sea independiente, que los ciudadanos tengan derecho a no sufrir a sus representantes públicos y reciban unos mínimos de bienestar, al tiempo que los políticos cobren su sueldo por trabajar por mejorar la sociedad y no por destrozarla, son cosas que pueden recibir la confianza de una inmensa mayoría de españoles y españolas. Verán ustedes, cuando salimos de la estupidez del espectáculo que nos brindan nuestros inanes representantes públicos, descubrimos que hay muchísimas cosas que nos interesan prácticamente a casi todos los españoles, pero que no pueden promoverse porque a los partidos políticos les interesa vendernos que su oferta es mejor que la de su adversario, porque si lo consiguen, podrán acceder al poder y repartirse más tajada pública que sus rivales, esa es en realidad la única ambición que les mueve.

Pues ya saben ustedes, tenemos dos alternativas, una dividir el país dejando una parte para la defensa de lo social antes que la libertad, los derechos sindicales primero, la política de Estado Providencia y la improvisación multicultural sin fin, con todos los idiomas que les plazca, y la otra con los valores tradicionales, las privatizaciones, el español como único idioma, el respeto a las costumbres, la historia, y la libertad, la tradición cristiana y el orden primero. Siempre con la posibilidad de que el que no esté a su gusto tras una primera decisión, pueda solicitar su cambio de nacionalidad al otro lado. Así veremos en realidad si tenían razón el PSOE y los nacionalistas o la tenía el PP españolazo. Los parados y la deuda los podríamos repartir a medias.

La otra alternativa es crear una antipartido político, es decir, un partido de los intereses comunes de los españoles, que defienda lo que han dejado de defender los demás, es decir la razón, la libertad y la igualdad de los españoles en un marco de bienestar compartido, con la aspiración general de mejorar nuestras circunstancias y no de que se deteriores sin fin gracias a nuestros eximios representantes. Eso es lo que precisamente pretendemos hacer en Movimiento Democrático de España, porque sólo creando una opción que se enfrente a tanta estupidez podremos los españoles y las españolas salir adelante, aunque será complicado de cualquier forma.

Al que quiera asociarse a esta formación incipiente, antes de que en la luna salgan los prometidos brotes verdes que hayan plantado los que se están poniendo morados, lo puede hacer aquí. y en su defecto, vayamos cogiendo el serrucho a ver por donde partimos la patria, porque aquí ya no hay quien viva.

Enrique Suárez
Movimiento Democrático de España

sábado, 6 de noviembre de 2010

Movimiento Democrático de España: un antipartido político para el siglo XXI (y 2)


"Dejemos de ser partidarios, derribando el muro de los partidos políticos que nos separa artificialmente, porque las cosas que nos unen a los ciudadanos españoles son muchas más que las que nos distancian, la distancia entre nosotros se crea de forma artificiosa e interesada.

Los partidos políticos son exclusivamente una representación del poder que nos asfixia (demagogia), no de los electores que han votado por ellos (democracia), es la hora de la libertad, salgamos definitivamente de la hipnosis: creemos un antipartido político, una forma de representación política construida desde la libertad y no desde el poder autoritario".


El destino que aguarda a los españoles es incierto, estamos pagando un elevado precio por nuestra incongruencia política, por la incoherencia de permitir la vulneración de las leyes que nos hemos concedido. El naufragio de nuestra economía no es accidental, sino producto de la contumacia y el despropósito más inanes. Las instituciones políticas españolas han alcanzado la cota más elevada de descrédito de nuestra historia democrática.

Cuando aún analizamos las causas de lo acontecido, no podemos ni imaginarnos las terribles consecuencias que nos deparará el futuro. No solo hemos perdido el tren de la historia europea para las generaciones productivas, sino que hemos condenado a la más infame de las servidumbres a nuestros hijos: la de vivir hipotecados, para pagar los errores de los que detentaron el poder, porque sus padres no tuvieron agallas para enfrentarse a la opresión y la tiranía de los detentadores, pero también a la decadencia inevitable de los derechos conquistados por nuestros padres.

Que el tiempo sea juez de los crímenes contra la razón que se han cometido, no podemos detenernos en buscar responsables, porque todos los que nos han representado lo son, los que han gobernado por hacerlo mal, los que han opositado por no saber impedirlo. Es hora de mirar a lo lejos, de apartarnos de la miseria de lo cotidiano, urdida en el interés de apropiación del poder por unos y por otros, mediante la propaganda y el engaño de los ciudadanos.

En nuestro país no ha fallado la democracia, han triunfado sus usurpadores, que no es lo mismo. La democracia ha sido secuestrada por los partidos políticos, que se han convertido de facto en “un partido único”, que se reparte el poder entre las distintas marcas políticas, con la connivencia de los ciudadanos que acuden a las urnas para ratificar un contrato de servidumbre con sus amos.

Es necesario trascender el momento partidario de la política, porque cuando lo partidario fracasa en la conquista del bienestar para todos, coacciona la libertad, crea desigualdad, siembra intolerancia y se soporta exclusivamente sobre la propaganda y no sobre los hechos, lo partidario sobra en la escena política, es necesario por tanto, crear lo antipartidario, la antítesis de lo existente, es decir algo que se fundamente en lo común, en lo compartido, en los intereses generales, lo que sea bueno para todos, no malo para la inmensa mayoría y bueno para unos pocos privilegiados.

Madison nos mostró en The Federal Papers que la única forma de someter al poder de las facciones en una democracia es crear una alternativa simétrica a lo existente, es decir una facción antipartido (un partido antipartidario que promueva los intereses generales de los ciudadanos españoles), por eso es necesaria la creación urgente de un antipartido que se enfrente a las reglas de juego antidemocráticas asumidas por todos los partidos políticos con representación en España.

Es necesario recobrar la plenitud de la democracia, creando una alternativa a lo existente, pasando directamente a la acción política. Debemos comprometernos porque lo que existe es el producto de nuestra ausencia de compromiso, porque hemos dejado de creer en la política como instrumento válido para resolver nuestros problemas en democracia. Debemos recuperar la confianza en la política, en la democracia y hacerlo desde la libertad.

En primer lugar sometiendo a nuestros representantes políticos al estricto cumplimiento de la ley, civilizando al poder político, pero antes de hacerlo debemos civilizarnos a nosotros mismos asumiendo un papel responsable en la política, debemos crear un cambio de paradigma en las relaciones entre los ciudadanos y los políticos, un nuevo contrato social, y para lograr ese objetivo es imprescindible organizar una auténtica Revolución Cívica

Movimiento Democrático de España: la alternativa imprescindible

Ahora mismo disponemos de una opción política alternativa a lo existente en Movimiento Democrático de España, un proyecto inacabado y abierto, en el que los ciudadanos pueden comprometerse para crear un futuro diferente a lo existente. Contamos con los recursos necesarios para comenzar, unos ciudadanos nos hemos reunido con el objetivo de crear una plataforma suficiente para acoger un amplio abanico de discrepancias cívicas, luchando por las libertades civiles, contra la opresión incesante del poder, exigiendo nuestros derechos constitucionales y teniendo como objetivo que cada ciudadano se represente políticamente a sí mismo.

Los promotores de Movimiento Democrático de España solo hemos plantado la semilla del futuro, pero ahora necesitamos que todos nos ayudéis a cultivarla y protegerla de los seguros ataques de los rivales. No podemos ofrecer más que trabajo en un clima de objetivos compartidos. Queremos libertad, queremos que se respete nuestra condición de españoles, queremos que no se conculquen y pisoteen nuestros derechos, si compartes estos objetivos, cumples con los requisitos necesarios para incorporarte a Movimiento Democrático de España. Entre todos vamos a crear un futuro diferente, es hora de volver a creer en la política, participando en ella de forma activa y controlando directamente todo por todos, dentro de nuestra formación política.

Las propuestas que debatimos son numerosas, entre nuestros ambiciosos objetivos se encuentran los siguientes:

1. Democracia real y participativa, con elecciones internas fundamentadas en las listas abiertas. Elección directa por la asamblea de todos los órganos políticos y económicos del partido, así como todos nuestros representantes.

2. Organización de Estatutos de forma abierta y colectiva. Se ha creado un wikiestatuto en el que todos podremos proponer y votar democráticamente todas las reglas de las que nos dotemos. Rigor en su cumplimiento, por lo que se habilitará un Comité de Garantías Independiente, como órgano supremo en conflictos entre otros órganos representativos. Creación de órganos de control intermedio supervisados por el máximo órgano jurídico del partido (Comité de Garantías), y la asamblea general.

3. Gestión transparente, visible para todos los afiliados de forma permanente, tanto a nivel político como económico. Creación de una comisión dependiente del Comité de Garantías que presente un informe trimestral al partido, que es la reunión asamblearia de todos sus afiliados.

4. Desjerarquización del partido. Restricción de los personalismos de los representantes. Organización no presidencialista. Horizontalidad en las decisiones políticas. Fomentar la relación directa entre todos los militantes y sus representantes. Un representante de MDE es un comisionado, un delegado de todos sus militantes, no una persona designada por ninguna jerarquía.

5. Enaltecimiento de libertad de expresión y acción plenas como garantía de futuro, y como clima imprescindible para que cada uno de nosotros pueda ofrecer lo mejor de sí mismo al proyecto político del partido. Sin libertad no puede haber futuro.

6. Manifestación clara y definitiva de que somos ciudadanos y no políticos, somos ciudadanos que ejercen acciones políticas, no políticos con intereses ciudadanos. Los representantes políticos de MDE no dejarán de ser ciudadanos, pues su paso por la política será provisional, por eso es necesario que no abandonen su actividad laboral anterior, bien solicitando una excedencia o bien contando con la ayuda de todos para lograr hacer su trabajo sin convertirse en un profesional de la política. El periodo de representación no será más de un año, dejando paso al siguiente de la lista pasado ese tiempo, así en cada legislatura de cuatro años, los representantes para cada cargo serán cuatro en vez de uno. Cuanto menos tiempo se represente, menos posibilidades de corrupción.

7. Integración de las diversas pluralidades ideológicas compatibles con nuestro ideario, en un ambiente de tolerancia y positivismo, que permita aplicar las soluciones más racionales a los problemas de nuestra sociedad, provengan éstas de cualquier posición del espectro político. Lo bueno para todos no tiene ideología.

8. Aspiramos a la tranversalidad política, haciendo converger las propuestas de cambio con las conservadoras, nuestra función es conservar lo que nos han legado y promover lo mejor para los que vengan detrás. No queremos alternativas sucesivas, queremos libertad e igualdad aquí y ahora, siempre en el ámbito de la justicia. Queremos ser una alternativa válida para todas las ideologías y para todos los ciudadanos, sin construir un Estado Providencia ni un Capitalismo descerebrado.

9. Propuesta de erradicación de los sectarismos religiosos, políticos, sociales, o económicos como garantía de igualdad política de los ciudadanos. Exclusión progresiva de los integrismos dogmáticos en nuestro país, sean religiosos, políticos, sociales, lingüísticos o territoriales. Laicidada activa, que no persecución de las creencias. Invitación a la tolerancia y la cooperación de los ciudadanos en los proyectos políticos, sociales, y culturales de interés general.

10. Oposición radical contra los nacionalismos y el terrorismo, con políticas activas, continuas y permanentes. Énfasis en el Constitucionalismo. Especialización de la acción en relación a los diversos problemas presentados en cada lugar y momento. Expansión nacional de nuestro partido de forma inmediata. Expansión plena del mensaje de Movimiento Democrático de España.

11. Lucha radical contra la corrupción política y económica cada día más afianzadas en nuestra sociedad. Honestidad radical en nuestras acciones políticas. Control riguroso de los flujos económicos relacionados con la administración pública y los recursos administrados desde la política. Al igual que promoción desde el Estado de un control coherente y congruente de las actividades privadas, bajo el marco común de la ley. Defensa de la igualdad real de las personas en el acceso a los recursos necesarios para su bienestar.

12. Programas políticos realistas elaborados por todos, al respecto una iniciativa novedosa será la creación de un wikiPrograma en el que todos los asociados (y posiblemente todos los ciudadanos, si es posible, puedan hacer sus propuestas). También se crearán grupos especializados con el ánimo de presentar una oferta política coherente a la sociedad española, relacionada con sus auténticas necesidades. Política fundamentada en las demandas ciudadanas, y no en las ofertas interesadas de los partidos políticos.

13. Sensibilidad máxima con los problemas que padecen los más atenazados y hostigados por la desequilibrada organización política y económica de nuestra sociedad. Consolidación prioritaria del estado de bienestar, cada día más maltrecho. Las personas están por encima de las ideas. El ser humano antes que su obra. Atención especial recibirá el problema más grave que afronta nuestro país: el desempleo. Desde el Estado no se subvencionarán ni partidos políticos, ni sindicatos, ni organizaciones sociales que solo sirven para que sus miembros se aprovechen del dinero público en su propio beneficio. Sí se financiarán proyectos reales de erradicación de la pobreza y la marginación, pero tutelados por funcionarios públicos.

14. Establecer una pedagogía política, mostrando a los ciudadanos los límites reales de su libertad, sus derechos y sus deberes, estableciendo un compromiso de intercambio permanente con la sociedad. Fomentar una cultura común y compartida por todos los ciudadanos, coherente con nuestra realidad histórica, social, y política, que integre todas las idiosincrasias particulares presentes en nuestro país. Todos únicos, todos ciudadanos, en un país europeo del siglo XXI: España.

15. Y para concluir, que la fortuna nos sonría, debemos ser capaces de romper la monotonía política en que vivimos con un mensaje nuevo que despierte la conciencia de los ciudadanos y les invite al compromiso en la participación activa por la defensa de sus intereses, como auténticos propietarios del poder político y no como siervos de unos espabilados usurpadores, que han tomado la política con el único objetivo de incrementar sus privilegios, aunque sea al precio de perjudicarnos a todos.

Seguro que hay muchas más cosas que ofrecer y que afrontar, porque todo ésto solo es el comienzo. Movimiento Democrático de España saldrá adelante, y lo hará más deprisa cuanto más seamos y más nos impliquemos en la tarea de su creación. Es hora de abandonar las palabras y pasar a la acción. Aquí tenemos una propuesta política alternativa. Contamos con todos para llevarla a buen fin.

Enrique Suárez
Movimiento Democrático de España

Si quieres asociarte a Movimiento Democrático de España puedes hacerlo aquí

Voces Contra el Tenebrismo


No sólo contra el terrorismo, la concentración que esta mañana se celebra en la Plaza de Colón de Madrid también es contra los abusos de poder y los excesos cometidos en la manipulación de la información. Contra un Gobierno que nos miente, también en la cuestión del terrorismo, y una oposición que se calla, porque aspira a heredar el poder, sin hacer nada.

La concentración convocada por VCT, Libertad Digital, esRadio y numerosas asociaciones no mantenidas por el Gobierno, es una reunión de la sociedad civil española en libertad, contra el adoctrinamiento instituido desde el poder.

No solo en homenaje a la memoria de las víctimas, sino de forma preventiva ante la connivencia de un Gobierno con el terrorismo, contra un Presidente de Gobierno que llegó al poder gracias al terrorismo y que piensa permanecer en el poder gracias al terrorismo, contra un Gobierno que accede a mantener como interlocutores a unos criminales organizados, hoy ETA, ayer Al Qaeda, mañana quien sabe.

No solo ante el silencio de una oposición que está más interesada en alcanzar el poder que en defender la dignidad destrozada de los españoles. No solo contra todos los que les acompañan, incluidos los que defienden las reglas que ellos imponen como marco absoluto de nuestras libertades.

Hay razones para reunirse hoy en la Plaza de Colón de Madrid, contra la tiranía, contra la estupidez, contra la ignominia, contra la absoluta falta de respeto de los que detentan el poder contra los que se lo concedemos, porque todavía, algunos seguimos siendo libres, no somos sus siervos, sino un pueblo soberano que se representa a sí mismo y no necesita su permiso para pensar correctamente, porque tiene su propia opinión sobre lo que está ocurriendo en España.

Enrique Suárez
Movimiento Democrático

viernes, 5 de noviembre de 2010

Movimiento Democrático de España: una antipartido político para el siglo XXI (I)


La distorsión del sistema democrático español, como tantas veces ha denunciado Antonio García Trevijano, tiene su origen en la organización política transicional sin ruptura entre un régimen dictatorial y una democracia supuestamente liberal y social, que derivó en una Constitución consensuada por una comisión constituyente formada por representantes de partidos políticos no legitimados , y que recibió el aval del pueblo español en 1978, un pueblo insuficientemente formado políticamente para comprender la responsabilidad que entrañaba su asunción.

La Constitución Española de 1978 es un instrumento legitimado de facto, pero no de iure, por el pueblo español, pues ha sido un producto del poder y no de la libertad. El pueblo ratificó en referendum una Constitución que no garantiza límites al poder ejecutivo, porque se estableció desde un principio autoritario, lo que ha permitido que los distintos gobiernos se hayan ido apropiando de los mecanismos de control de su gestión política. La Constitución Española de 1978 no garantiza restricciones al Gobierno, porque fue establecida con la finalidad censitaria de recortar la posibilidad de elección política de los ciudadanos a lo ofrecido exclusivamente por los partidos políticos.

De esta forma, el poder ejecutivo se ha ido apropiando de la separación de poderes, estableciendo su jerarquía sobre el poder legislativo y el poder judicial, que al añadir la financiación pública de los medios de comunicación y el reparto de áreas de poder comunicacional desde un sectarismo infame, ha terminado convirtiendo el sistema político español en un embrión presidencialista y totalitario, que vulnera de facto los principios constitucionales, sin que ninguna institución del Estado quede fuera del poder gubernamental, llegando a controlar sus propios mecanismos institucionales de control y reduciendo la función de oposición a la de testificación y protesta, sin capacidad alguna de corrección de las deriva autoritarias.

Los ciudadanos españoles sólo tenemos derecho a escoger entre las ofertas partidarias, no a elegir libremente entre las posibles alternativas de representación o a representarnos directamente. Los distintos artefactos establecidos por los partidos políticos alejan nuestra democracia de cualquier posibilidad de representación que no sea la legitimada, pues mediante subvenciones estatales con fondos públicos y las distintas artimañas del poder (requisitos legales para adquirir posibilidad de representación política, umbral electoral, efectos circunscripción, regla proporcional de distribución de escaños –Sistema D´Hondt-, el sistema de listas cerradas) han acotado la posibilidad de representación política a las grandes formaciones partidarias, excluyendo cualquier posibilidad ajena a un sistema partitocrático que se regenera y autoperpetúa.

El incremento del nivel cultural de los españoles, las nuevas tecnologías de la comunicación y la posibilidad de acceder a inagotables fuentes de información, así como el acceso al intercambio continuado de información autoproducida por los ciudadanos, por medio de blogs, foros y redes sociales, junto a la contemplación del espectáculo permanente de los desmanes, errores y fiascos de nuestros representantes políticos, ha originado un sentimiento crítico en los ciudadanos españoles que demanda nuevas formas de representación política que trasciendan el ámbito del más de lo mismo de la representación política, en la que unos candidatos elegidos por los partidos políticos, son ratificados por los ciudadanos en las urnas y no elegidos directamente. Esta coyuntura convierte la democracia española, de hecho, en una oligocracia restringida al partidarismo en la que se usurpa discretamente la voluntad soberana de los ciudadanos.

La política en España ha degenerado en logomaquia, los conceptos se han vaciado de contenido, la Constitución se ha convertido en un instrumento de control de los ciudadanos, pero no así de los políticos que campan con su poderío como señores feudales cuando su representación solo les concede función de servicio público, limitada a su promesa constitucional que vulneran permanente, sin que nada, ni nadie tenga poder para reprender su despropósito, esto explica el elevado rango de corrupción de nuestro país, la sustitución de la democracia por sus formas degeneradas de oclocracia y tiranía, y el fiasco electoral partidario que convierte en behetría y demagogia lo que habría de ser un proceso democrático genuino que convirtiera los votos de los electores en candidatos elegidos directamente por el pueblo, y no en edecanes de la jerarquía partidaria, propuestos y designados por los partidos políticos; la deriva paulatinamente decadente de los representantes políticos, nos ha terminado arrojando a un bodrio representacional, a un vertedero de incongruencias, más propio de una fiesta infantil de cumpleaños, de un reality show, que del rigor concerniente a una nación soberana de ciudadanos libres e iguales.

Los ciudadanos españoles exigen nuevas formas de representación pública. La política debe dejar de ser una actividad de oprobio y desmesura y recobrar su auténtica condición, que es cumplir las leyes y la voluntad general de los ciudadanos, y no convertir a los ciudadanos en siervos de nuevos señores feudales disfrazados de representantes democráticos, que favorecen a sus partidarios y perjudican a todos los demás, en una auténtica locura de poder inaceptable.

Enrique Suárez
Movimiento Democrático

lunes, 4 de octubre de 2010

Partidarios y partisanos


Ha llegado la hora del enfrentamiento, queridos lectores y lectoras. España tiene que fragmentarse una vez más, no queda otra. Nos lo jugamos todo, pasado, presente y futuro. No se puede seguir así.

En España hay dos grupos diferenciados, los que apuestan por salvar el sistema político actual convertido en un régimen demagógico y los que aspiramos a cambiarlo por completo, para que el poder nunca más pueda seguir oprimiéndonos, porque el poder somos nosotros, los ciudadanos, no los políticos que nos representan mal y sus seguidores, los partidarios, que les apoyan y se benefician de alguna forma de su presencia en el poder.

Cuando los españoles no estamos de acuerdo con la impostura del poder, siempre hacemos lo mismo, nos emboscamos, en el sentido que Ernst Jünger concedió al término, convirtiéndonos en guerrilleros, en partisanos. La guerrilla es un descubrimiento español de la lucha del pueblo contra los poderosos. Han hecho que los españoles nos olvidemos de tantas cosas con las memorias históricas construidas desde el poder.

Los partisanos emergen siempre que está en peligro la libertad, que la opresión de un invasor interno o externo ejerciendo su tiranía se hace con el poder. No hay que llamar a los partisanos, siempre brotan y acuden donde se les necesita. Nadie les convoca, saben cuándo tienen que abandonar los caminos vigilados desde el poder, cuándo tienen que dejar de creer en lo que existe, cuándo tienen que enfrentarse al poder. Los partisanos son las flores que brotan del pueblo para devolver a la realidad a su colorido natural, todas diferentes, todas independientes. Los partisanos surgen con el abono de la mierda que los políticos nos dejan cuando pasan la máquina de poder sobre nuestras vidas.

España se va a dividir nuevamente, no entre partidarios seguidores del PSOE o el PP, o de cualquier otro partido (eso es lo que fomenta el poder y lo tiene muy bien organizado), sino entre partidarios de lo que existe y partisanos, que somos partidarios de todo lo que nos han usurpado el poder y los partidarios, de lo que nos une como españoles soberanos y ciudadanos libres, de los intereses generales (y no partidarios). Cada uno y cada una, tendrán que decidir por sí mismos a que facción se adhieren, la de los partidarios de que todo siga igual cambiando el PSOE por el PP en las próximas elecciones o la de los partidarios de que todo cambie evitando que sigamos atrapados en el más de lo mismo, cambiándole la carcasa al régimen de corrupción y latrocinio en el que nos tienen secuestrados los políticos.

Los partisanos, solos o agrupados, formamos la RESISTENCIA LIBRE al poder y del poder, que ejercen sus representantes, que al final son los nuevos amos que los que han votado nos han concedido. No hay en España una protesta de ciudadanos libres, sino de siervos o vasallos ante el aplastamiento de sus amos, los políticos.

¿Dónde están los partisanos? Es fácil encontrarlos, solo hay que buscarlos, estamos por todas partes. ¿Te vienes o te quedas? Tú eliges si sigues siendo partidario al servicio del poder de turno o te decides a convertirte en partisano y te enfrentas al poder demagógico y a sus partidarios. Verás, aunque pudiéramos hacerlo, nosotros no vamos a conducir por ti, eres libre de estrellarte contra la realidad como te dé la gana, pero luego no te quejes, ni pretendas que te subvencionemos toda la vida por haberte equivocado. A lo hecho, pecho, bastante es que tengamos que estar jodidos en este país, porque una inmensa mayoría de ciudadanos soberanos se comporten como siervos y no se enteren de lo que está ocurriendo.

Saludos partisanos queridos compatriotas

Biante de Priena

domingo, 26 de septiembre de 2010

Libertades Civiles y Derechos Humanos


Ante la opresión progresiva y paulatina que el poder va ejerciendo sobre los ciudadanos, de la que los representantes políticos afincados en los partidos convencionales detraen sus privilegios y beneficios, se hace cada día más necesaria una respuesta emergente desde la sociedad civil.

En España no tenemos representación de la sociedad civil porque tenemos en su lugar representación de una sociedad política y partidaria. Fundamentalmente porque desde el poder político se ha impuesto un totalitarismo discreto que lo invade todo, no hay organización civil en España que no reciba subvenciones y ayudas del Estado, representado en sus diversas instituciones. Esta dependencia de las organizaciones que aspiran a representar a la sociedad civil, son perversiones de su propósito. Los sindicatos, por ejemplo, son sucursales del Estado, que reciben mucho más del Estado que de sus feligreses. Algunas ONGs tienen a veces menos seguidores que miembros con sueldo, gracias a las subvenciones y ayudas públicas que reciben. Los representantes de la cultura que favorecen los interese del Gobierno, beneficiándose de sus ayudas, viven del pesebre, mientras se instalan en la queja de que nadie adquiere sus productos, pero como se intitulan “artistas” todo el mundo debe adorarles, aunque la producción cultural española sea absolutamente patética, sobretodo cuando está protegida y promovida por el Estado, como es el caso de la industria del cine, o producciones editoriales que nadie atiende y que solo sirven para dar de comer a los promotores de la cultura gubernamental.

El Estado en España, ejerce de esa forma su totalitarismo también en la representación de la sociedad civil, no hay mejor forma de no tener adversario que ocupar los lugares de reacción civil con gente partidaria de la política gubernamental. ¿Quién ha escuchado jamás una crítica solemne del Gobierno a sindicatos, ONGs o artistas de la ceja?. Estas entidades son a la vez siervos y guardianes de los intereses gubernamentales, de perpetuación en el poder de los mismos u otros, pero siempre para seguir haciendo más de lo mismo. La entropía del sistema resulta ahora mismo insoportable, y está a punto de estallar, o lo hace de una forma organizada, paulatina y racional, o nos estallará de forma violenta e impredecible en nuestras propias narices. No se puede seguir toleranto tanta torpeza política.

La sociedad civil de seres humanos libres

A muchos se les llena la boca hablando de que en España no hay sociedad civil libre de prebendas del Estado, pero a la hora de avanzar sobre este lodazal se cuidan muy mucho de no transgredir las reglas que permiten la perpetuación de lo que existe, convertido en el más de lo mismo. Son los que tratan de resolver la putrefacción del problema con pequeñas modificaciones desde dentro, que no pongan en riesgo la concentración de poder en el Estado, dirigido por el Gobierno de turno. Son los jacobinos, los que consideran que el ser humano no existe como individuo sino exclusivamente como entidad ciudadana y social. Son los socialistas que viendo que todo lo que existe es un desastre tratan de salvar a las instituciones de la obra representada por los actores institucionales. Son los conservadores que temen a la libertad y tratan de regresar, sin hacer cambios, a un pasado magnificado por la mitología, como si el pasado no fuera origen del desastroso presente y el aterrador futuro. Son los nacionalistas que solo velan por sus intereses particulares, incapaces de comprender que los mismos están contenidos en los intereses generales de todos los ciudadanos.

Todos ellos son partidarios de sus intereses egoístas, que se oponen a los intereses egoístas de otros como ellos. Todos los partidarios de facciones políticas son iguales, idénticos, aspiran a tener el poder para implantar su modelo y beneficiar a los suyos, alcanzando privilegios que no pueden obtener por si mismos, y que pretenden obtener a costa de los demás. Los partidarios son explotadores gregarios y colectivos en nombre de una idea. ¿Pero quién defiende los intereses generales y comunes frente a los intereses partidarios?: absolutamente nadie.

De esta coyuntura surge la idea de antipartido, formado por defensores de los intereses generales y comunes. Es una absoluta falacia que un partido pueda defender los intereses generales y comunes porque siempre representará una interpretación sesgada que le favorezca de los mismos, siempre será partidario de una opción particular. Un antipartido, al contrario, tendrá partidarios de los intereses generales y comunes, poniendo límites al poder, incrementando las libertades civiles, defendiendo los derechos de todos y no de los feligreses de su iglesia o secta, con un poder conferido y delegado desde la libertad individual de sus miembros, agregado democráticamente desde abajo y no impuesto despóticamente desde arriba, de una forma autoritaria. El nosotros debe ser un resultado, una consecuencia de haber compartido un objetivo, no el origen de nada, no la causa interferida de la realidad.

Quizás haya llegado la hora de dejar de luchar entre izquierdas y derechas, entre liberales y socialistas, entre catalanes o vascos y españoles, para establecer una unión de principios, valores y criterios compartidos, porque a la gente le da igual que la representan mal, la estafen y la opriman desde el poder los de izquierdas, los de derechas, o los nacionalista, lo que la gente quiere es que no la estafen ni la representen mal, en nombre de una idea política, sea la que sea. Quizás haya llegado la hora de derribar el “Muro de Berlín” en la sociedad española, que separa artificialmente a ciudadanos que sufren los mismos problemas, la misma opresión desde el poder y los mismos privilegios políticos de cualquiera que les represente. Quizás haya llegado de superar las ideologías enfrentadas en el maniqueismo tradicional para sublimar la ideología, compartiendo objetivos comunes.

Es necesario comprender que la sociedad partidaria ha muerto, la civilización occidental exige un avance más allá de la restringida exclusivamente a los partidos políticos y sus secuelas sociales. La sociedad partidaria concluye cuando se comprende que ninguna de las opciones que pretenden la representación de los ciudadanos va a ser mejor que la otra, es hora de que superemos el modelo secuencial de alternativas de gobierno, avanzando supuestamente en lo social y destruyendo lo económico cuando están los socialistas y avanzando en lo económico y desatendiendo lo social cuando están los conservadores. Es necesaria una alternativa que avance en lo social y lo económico al mismo tiempo, que supere el maniqueísmo tradicional que tenga como vocación la libertad y no la opresión del poder, que tenga como objetivo la restricción de los privilegios de los representantes políticos y el control y la limitación civil de los desmanes del Gobierno, de cualquier color. Es necesario cambiar para avanzar. La sociedad partidaria es una facción conservadora, establecida de forma autoritaria desde el poder con la intención de mantener atrapada a la población representada en una hipnosis permanente, para seguir repartiéndose beneficios entre los que obtienen privilegios de la existencia de este sistema.

En Estados Unidos, desde hace muchos años hay organizaciones no gubernamentales, mantenidas exclusivamente con los fondos de sus asociados que se oponen a la sociedad partidaria. Un ejemplo clásico es la American Civil Liberties Union (ACLU), la organización civil con más seguidores en los Estados Unidos, con más de medio millón de seguidores. Entre los fenómenos recientes tenemos el Movimiento Tea Party, con una orientación al control fiscal de los representantes políticos y del gobierno desde una interpretación conservadora de la realidad.

Libertades Civiles y Derechos Humanos

Las libertades civiles, un concepto de origen británico fundamentado en la Carta Magna de 1215, establecen los límites en los que el Poder, bien desde el Estado o desde su uso por el Gobierno correspondiente, pueden interferir en la vida de los ciudadanos, considerados como entidades indivuales con derecho inherente a una vida privada. Las libertades civiles son ontológicamente previas a los derechos civiles, que regulan su existencia. Las libertades civiles se vinculan con la condición soberana de los ciudadanos, mientras que los derechos civiles son el resultado de la cohesión de los individuos en una sociedad con un Estado, es decir, como ciudadanos. En los países occidentales, fundamentalmente en todos los que no son de área anglosajona, las Constituciones han disuelto las libertades civiles en derechos fundamentales, con la ingenua idea de que va a ser el Estado el que va a proteger las libertades civiles, cuando en realidad es su mayor fuente de opresión. Las libertades civiles se exigen desde la sociedad civil que se autodetermina, no desde el Estado que trata de anular la condición soberana de los ciudadanos. Las libertades civiles emergen de la libertad para contraponerse al poder.

Los derechos humanos, un concepto mucho más reconocido por los españoles y europeos, son un límite que el poder se impone a sí mismo, en representación de los ciudadanos. Una autolimitación en la que todos los Estados firmantes de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, propuesta desde la Asamblea General de las Naciones Unidas, por la que los Estados firmantes se comprometen a respetar los derechos correspondientes. Pero los Derechos Humanos no es una conquista de los seres humanos, sino una concesión del poder, he ahí su extraordinaria diferencia.

En un mundo perfecto Libertades Civiles y Derechos Humanos habrían de coincidir, pero esa realidad habitualmente no existe. El tener un Derecho no es garantía de una Libertad, hay muchos derechos constitucionales que son sencillamente papel mojado (derecho al trabajo, derecho a una vivienda digna, derecho a una educación apolítica), en último extremo, por ejemplo, tener derecho a la vida no significa siquiera tener la libertad de nacer, de alcanzar la vida, controversia que se establece en el tema del aborto. Una tremenda contradicción de nuestra sociedad es ver como la muerte de los animales es regulada por leyes, mientras la vida de los seres humanos es limitada por leyes. No entraré en la polémica del aborto, que excede el objetivo de este artículo, y que considero que es mejor que sea regulado a que no lo esté, pero es un caso extremo en el que el ejercicio de un derecho de un ser humano puede impedir la libertad de un ser humano de llegar a serlo.

En España está surgiendo en estos momentos una organización civil, de estructura liberal y objetivos civiles, sociales, políticos y culturales, que tiene la pretensión de defender los intereses generales de los ciudadanos españoles, desde las Libertades Civiles en oposición a los intereses partidarios representados por los partidos políticos convencionales, desde el Poder. Esa organización pretende difundir en nuestro país el concepto de Libertades Civiles, que no pueden estar exclusivamente protegidas y defendidas, y de hecho no lo están, por la presencia de derechos constitucionales fundamentales que se incumplen o derechos humanos que se desatienden, ni que pueden ser represantados por nadie de forma indirecta, pues afectan a cada uno y a todos los ciudadanos al mismo tiempo. Las Libertades Civiles se defienden siempre desde el agregado de individuales, no desde su conglomerado social. Las libertades civiles son precisamente los instrumentos para defender el cumplimiento de los derechos por parte del Estado y del Gobierno. Es la exigencia de justicia de la sociedad, conformada como individuos soberanos con derechos ciudadanos. Sin una participación numerosa de los ciudadanos hartos de los convencionalismos políticos y el más de lo mismo, esta organización no podrá alcanzar sus numerosos objetivos en la gestión de nuestra democracia en libertad, bajo el paraguas común de la Constitución.

Esa organización no tiene aún nombre, ni lo necesita, pero tiene futuro ante la opresión que viene y emergerá en el momento que corresponda.

Biante de Priena

martes, 14 de septiembre de 2010

Motivos para no creer


Cuando hace años leí La Democracia en América de Alexis de Tocqueville, me llamó poderosamente la atención la diferencia radical que establecía entre los norteamericanos y los europeos al evaluar el Estado. Los europeos consideran al Estado un sucesor natural del Dios cristiano, representación del poder absoluto, gracias a los jacobinos y socialistas que nunca se han atrevido a superar el complejo de Edipo acabando con el Padre autoritario, de lo que se deriva una actitud de servilismo y sumisión, que enmascaran con la apelación a la decisión colectiva, como si no estuviera suficientemente claro que todas las decisiones colectivas son un derivado de la irresponsabilidad más infantil, porque supongo que en el PSOE nadie habrá decidido que estemos en la ruina y tengamos cinco millones de parados en una asamblea, por poner un ejemplo.

El dinero público no es de nadie, se gobierna con buenas intenciones pero si las cosas salen mal la culpa siempre es de los demás. En realidad el problema es más grave, porque una oligarquía partidaria toma las decisiones y luego, posteriormente las somete a juicio de los que eligen, para ratificarlas. La España actual es un ejemplo claro de lo que expongo.

Los norteamericanos al contrario, nunca han tenido una representación del Estado Providencia como tenemos los europeos, más bien consideran que el Estado es un mal necesario porque es el único con capacidad de recortar su libertad. Si en Estados Unidos se produce una avería en una comunidad aislada, los vecinos la resuelven y luego le pasan la factura al Estado, que por supuesto les termina abonando su tiempo invertido y los materiales que hayan utilizado. Algo parecido en la España actual, permitiría que la avería que fastidiaba a todo el mundo estuviera el tiempo que fuera necesario hasta que el Estado decidiera resolverla, concitando las quejas de todos los vecinos, que cruzados de brazos esperarían a que les resolvieran los problemas, cuando si decidieran ponerse a ello lo tendrían arreglado en unas horas. Pero en Europa hay conciencia de que lo público depende del Estado y la Sociedad es un sujeto pasivo que no tiene capacidad alguna de resolver sus problemas, otra consecuencia del infantilismo jacobino, que concede al Estado la exclusividad del poder y por lo tanto de la acción pública.

Las fraternidades de izquierdas y también las cofradías conservadoras, funcionan en nuestro país con el rigor de las órdenes religiosas, con una jerarquía establecida en las decisiones que recuerda al funcionamiento de un monasterio. En realidad lo que se ha producido en nuestro país es un sincretismo político-religioso, porque el poder político ha desplazado al religioso para ocupar su lugar en el ámbito de las creencias. Motivos para creer y promesas en un más allá paradisiaco les permite a nuestros políticos vendernos humo, apoyándose en nuestras creencias, pero no en la realidad de los hechos consumados. Pura mitología al servicio del poder. Hasta que los ciudadanos españoles, y también todos los europeos no se den cuenta de que el Estado y las instituciones es la nueva religión dogmática en la que estamos viviendo, con sus mandamientos y pecados, con sus arbitrariedades y dogmas, nada habrá que hacer.

En España se necesita un antipartido político que se enfrente desde los hechos a los mitos y los engaños con los que se embauca a los ciudadanos cada día en la política, tanto desde la izquierda como desde la derecha, en esa competición maniquea que tienen algunos por convertirse en el dios cuatrianal por potestad de las urnas y sus estrafalario proselitismo.

Es hora de que surja una facción política que se enfrente a todos los partidos políticos en democracia, mostrando sus patrañas, denunciando sus corrupciones, enfrentándose a sus opresiones, y a su tiránica administración del poder. Ese antipartido sólo puede ser liberal, con una mirada clara a lo que hicieron los norteamericanos para liberarse del yugo estatal, pero también recordando que en España fue el lugar donde surgió la primera opción liberal en este mundo, que se anteponía al poder en defensa permanente de la libertad. ¿Quién ha dicho que el Estado beneficia a la Sociedad?. ¿Y si resultara que utilizado de forma despótica e ignorante, como está ocurriendo en la actualidad, nos acabara perjudicando a todos?

El Estado debe estar al servicio de los ciudadanos, no los ciudadanos al servicio del Estado, porque en ese caso nos estamos enfrentando a una perversión de la democracia que ha derivado en una organización totalitaria del poder, todos los poderes son uno y todos los que se anteponen a ellos también, como ejemplo es el caso de los sindicatos, que organizan una huelga a la medida del PSOE, o incluso ETA, que presenta un armisticio para favorecer los intereses del Gobierno. Por no hablar de la Justicia, que tiene en el Fiscal General del Gobierno la máxima representación de la connivencia entre poderes ejecutivo y judicial, algo que se refuerza con la elección política de los principales órganos de dirección de la Justicia y los más altos Tribunales.

Una sociedad sin contrapoderes es una sociedad inerme, indefensa, ante la opresión del Estado. Creo que cada día vamos acumulando más motivos para dejar de creer, si hace un año teníamos muchos, hoy sin duda tenemos muchos más. Nuestros problemas tienen mucho más que ver con nuestra capacidad de seguir creyendo las mentiras de los partidos políticos que con todas las meteduras de pata de nuestros gobernantes y representantes de la oposición. El problema no son ellos, los políticos, sino nosotros ,, los ciudadanos, que no sabemos ejercer el poder que nos corresponde como soberanos y ciudadanos, porque nos han instruido durante décadas en la pasividad, el consumismo y la indefensión.

El día que dejemos de creer en ellos, España dejará de tener problemas y se pondrá en marcha hacia las auténticas soluciones y no los apaños para que los mismos sigan arriba y los mismos sigan abajo, como en la Edad Media.

Biante de Priena

lunes, 13 de septiembre de 2010

Fósiles políticos


Partidarios

Nos vamos acercando a un cambio de paradigma social, los avances culturales están transformando despacio la sociedad de masas concebida por el poder en una sociedad de seres humanos libres concebida por los ciudadanos; esos seres humanos que quieren recobrar su integridad, identidad, y libertad, para dejar de ser carne de cañón en la explotación de todos los poderes y los grupos privilegiados que expolian la sociedad. Las nuevas tecnologías que permiten la información y la comunicación instantáneas y el hartazgo inconcebible de las nefastas y nefandas acciones de los políticos, auténticos indigentes intelectuales, más propios del siglo XIX que del siglo XXI, va fraguando el metal que acabará con los funambulismos de la posibilidad y la rentabilidad propia de la representación pública.

La próxima etapa de la civilización occidental no será entre partidarios de las izquierdas y partidarios de las derechas, algo absolutamente superado menos por los telediarios que difunden la información que sostiene a los tiranos alzados por sus partidarios en el poder, en diversas formas de oclocracia y behetría. El conflicto del siglo XXI será entre partidarios y ciudadanos libres.

El poder se apoya en sus partidarios, sean de izquierdas, derechas o nacionalistas. Unas veces triunfan unos y otras otros. El triunfo siempre proviene más de la propaganda y la manipulación de la información que de los alcances logrados, siempre son promesas lo que guían el discurso de los podersos, más que constatación del cumplimiento de las promesas anteriores. Los partidarios son fieles de una doctrina dogmática que considera que su ideología es la única verdadera, la única que transforma el mundo en su interés, la única que realmente merece la pena. Los partidarios son victimas de los engaños de los políticos, que siempre reinciden en su error, configurando la democracia como un instrumento que deteriora permanentemente la vida social armónica, equilibrada. Muchos de los políticos que repreentan a los ciudadanos partidarios, serían incapaces siquiera de ser presidentes de su comunidad de vecinos, sin armar algún grave conflicto, creando problemas sin cesar.

Ciudadanos Libres

Sin embargo, cada día son más ciudadanos los que se declaran no partidarios, es decir libres de la esclavitud de tener que defender la ideología que apoyan sus familias, amigos o compañeros de trabajo, cada día son más los rebeldes que piensan por sí mismos lo que les conviene y deciden en consecuencia, sin mirar a otro lado que a sus intereses personales, que acumulados conforman el interés general de la sociedad.

El único problema al que se enfrentan estos ciudadanos libres es su configuración operativa, pues doscientos años de partidos políticos y cincuenta años de opresión informativa permanente no permiten liberarse de lo existente con facilidad. Pero es fácil detectarlos en una conversación rápidamente, los ciudadanos libres son los que consideran que da igual que gobierne un partido que otro, porque a la larga ellos saldrán perjudicados, la democracia no puede quedar restringida a la elección del que menos daño se espera que nos haga.

Estos ciudadanos están conformando de forma espontánea un antipartido político, que en resumen es una nueva facción que busca su participación en la política superando los modelos de organización política existentes, una facción que se enfrentará a todos los partidos políticos por igual, evitando caer en la trampa del maniqueismo de preferencia de la menos mala de las alternativas.

La revolución del poder ciudadano

Es difícil establecer cuanto tiempo tardarán en configurarse las facciones no partidarias conformadas por ciudadanos libres, en las que la autoridad provenga de la horizontalidad en los criterios en la decisión democrática directa y no de la jerarquización de las decisiones conformada en el autoritarismo partidario, sea colectivo o individual. Los partidos políticos han comenzado su agonía. El futuro se escribirá desde la individualidad y la libertad. ¿Por qué razón van a representarnos otros si somos capaces de representarnos a nosotros mismos?. La libertad avanza más cada día para abrir las puertas de nuestras cárceles mentales, mientras que el poder, en su representación partidaria, se atrinchera en el más de lo mismo, mostrando su incapacidad de evolucionar y ofrecer el cambio que la sociedad demanda.

Al contrario que lo ocurrido en las revoluciones de finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, ahora no será necesario ejercer la violencia para apartar a los absolutistas dogmáticos del poder, sencillamente con dejar de atenderlos se desvanecerán, porque es nuestra atención, y no su esencia, lo que les mantiene vivos. Vamos hacia el poder ciudadano, que será un poder colectivo que se representará a sí mismo, un poder soberano, configurado en la unión de los ciudadanos contra el poder y los partidarios de que las cosas sigan igual que hasta ahora.

El mejor partido político es el partido político muerto, si nadie está en posesión de la verdad, los políticos tampoco lo están con sus dogmas y doctrinas, son un vestigio del pasado que reciben su energía del poder y no de los ciudadanos representados. El parte meteorológico de la historia anuncia vientos huracanados de libertad que van a arrasar con todo lo inútil e inservible. Sólo permanecerá lo auténtico y los partidos políticos son la apoteosis de la hipocresía y el embaucamiento, son dinosaurios burocráticos y sectarios al comienzo de su extinción. Estamos en el mismo inicio de una nueva era, una nueva etapa de la civilización en libertad, que convertirá en fósiles las actuales estructuras de poder y a los que viven de ellas y de nosotros.

Biante de Priena

viernes, 3 de septiembre de 2010

¿Quién no conoce a Zapatero?


Pues aunque ustedes no se lo puedan creer, cuando Zapatero salió elegido en 2004, un 9,5 de los españoles no lo conocían, a Rajoy no lo conocía un 10,5 % de los españoles. El grado de desconocimiento de los políticos españoles es pavoroso y es motivo de estudio y análisis. Evidentemente, lo que ni siquiera se conoce es difícil juzgarlo y más aún cambiarlo si resulta necesario.

En el actual Gobierno hay tres ministras que no son conocidas ni por un tercio de los ciudadanos, la de investigación, la de vivienda y la de cultura. Ocho ministros no son conocidos ni por la mitad de la población, las tres anteriores y los de igualdad, justicia, agricultura, educación e industria. Sólo hay cinco ministros conocidos por más del 70 % de la población, el de interior, la vicepresidenta primera, el de exteriores, el vicepresidente tercero, y la de defensa.

Está claro que en este país la gente no vota por las personas, sino por los partidos políticos, y fundamentalmente por las ideas que dicen representar. Pero resulta extraordinario que en plena era de la comunicación, con la oferta informativa más importante de la historia; con el mayor número de periódicos, emisoras de radio, canales de televisión, a lo que se debe sumar internet, un 17,4 de los españoles no conozca a la inmanente Maria Teresa Fernández de la Vega, tras seis años como vicepresidenta.

Sin embargo en las últimas elecciones generales acudieron a votar un 73 % de los ciudadanos, un elevado nivel de participación, que no se corresponde con el conocimiento posterior de lo que han votado, porque ni siquiera se ocupan de saber los ministros que están gobernando.

¿Por qué vota la gente?

Hay una razón fundamental, los españoles tras los cuarenta años de dictadura franquista, recibieron la democracia como el aire fresco que necesitaba este país, pero hoy la desilusión con los políticos españoles es enorme, sin embargo la gente sigue votando de una forma irracional, más por sentimientos enfrentados, porque en este país la gente vota al PP para que no gane el PSOE y al PSOE para que no triunfe el PP. Los políticos lo saben y en vez de hacer una gestión positiva de sus hechos –algo imposible- se han especializado en la denuncia de los hechos de los rivales, incluso de las cosas que dicen los rivales, ya ni siquiera de los hechos.

Los políticos y sus edecanes nos dirán que el desconocimiento de los ministros es una prueba de la confianza en el sistema y de normalidad democrática, porque cuando la gente confía en su Gobierno se despreocupa de quienes lo conforman, evidentemente esa es una de sus magníficas falacias, porque si bien cuando el PSOE alcanzó el Gobierno en 2004 casi un 50 % de los ciudadanos confiaban en como estaban haciendo las cosas, hoy esa cifra ha pasado al 7,9 %. Si añadimos que hoy sólo un 19,3 % de los españoles confía en como está haciendo las cosas el Presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, más bien la explicación sería la contraria: el desinterés por la extrema desconfianza.

Pero si la gente tiene una extrema desconfianza en los políticos, ¿por qué cuando llegan las elecciones acude a votar masivamente?. La única explicación plausible es por qué los ciudadanos creen en la democracia, aunque no crea en los políticos que les representan, a los que siguen votando de forma mecánica, fundamentalmente para que los que no les caen bien no triunfen en las elecciones.

Por eso la estrategia del PSOE desde hace años es denostar al PP, con el miedo a la derecha, con la organización de campañas de denuncia de su corrupción, cuando la del PSOE es posiblemente cien veces mayor. El PSOE ha sabido convertir al PP en el heredero directo del franquismo ante los ojos de una ciudadanía pasiva que no se ocupa de la política, porque piensa que lo único que debe elegir es que manden los menos malos, porque la gente no vota por los hechos de los políticos, si fuera así, sólo con un dato, el PSOE no volvería a triunfar en unas elecciones nunca jamás, porque con Aznar el paro llegó a bajar de los dos millones de personas, un 8,9 % de la población en edad de trabajar, y con José Luis Rodríguez Zapatero vamos por los 4,5 millones de parados, el 20,3 % de la población laboral, cuando en su día prometió pleno empleo, y posiblemente de los 2,5 millones de nuevos parados que ha logrado bajo sus gobiernos la inmensa mayoría son votantes del PSOE.

El voto racional

En España el voto racional, no cautivo por uno de los dos grandes partidos es aproximadamente de tres millones de electores, que son los que deciden si gobierna el PP o el PSOE, mientras que el resto de votantes siguen apoyando a los mismos que apoyaron sus padres o sus abuelos. Sin duda esos tres millones de electores son los que están más atentos a la realidad política, son los que en su día confiaron en el PSOE y hoy se sienten defraudados, pero todavía no acaban de ver razones suficientes para depositar su confianza en el PP. El resto de los votantes son conservadores de izquierdas o de derechas, van a seguir votando a los mismos que han votado siempre hasta que se mueran. Nadie desde la política convencional se ocuparan de que las cosas cambien, y para que surja una nueva opción esos tres millones de electores deberían unirse en el objetivo de cambiar la realidad política de este país, no votando ni por el PP, ni por el PSOE, ¿pero cómo van a dejar de hacerlo con la responsabilidad de saber lo que está ocurriendo en la política española y permitir que siga gobernando el PSOE que ha dejado el país en la ruina?.

Sin embargo, analizando la realidad con inteligencia, si esos tres millones de ciudadanos votaran por un antipartido político, por una opción que se enfrentara a la forma de hacer política en este país sería la única forma de librarnos del maniqueismo eterno, rompiendo la inercia que favorece la alternancia en el más de lo mismo. Hay otra fórmula que permitiría el cambio: convencer a los frustrados abstencionistas, un 27 % de los electores españoles, de que hay una opción que merece la pena, porque lo que está claro es que ninguna de las existentes les convence, pero quien sabe si un antipartido político radical en sus acciones y que se enfrentara a todo lo que existe no lograría concitar su atención y hacerles regresar a las urnas.

De todas formas es prácticamente imposible cambiar la realidad política en este país y mucho menos sin el esfuerzo responsable de mucha gente que se comprometiera en ese propósito, porque para que una opción política nueva aterrizara en el Parlamento Español, deberían reunirse todas las fuerzas en una opción concreta. No obstante la situación de catástrofe política y económica a la que nos han llevado los actuales gobernantes, puede remover a sus electorados cautivos y llevarlos a votar algo diferente a lo que votaron sus abuelos, posiblemente estemos aproximándonos al momento histórico en el que los ciudadanos votarán por primera vez rompiendo con su inercia habitual, por eso es necesario perfilar una oferta política que pueda representarlos y que sirva como alternativa a lo existente, aunque no queda demasiado tiempo, en seis meses no se puede cambiar una realidad de 35 años, aunque también es cierto que la gente nunca estuvo tan harta de los políticos y sus engaños.

Los cambios del mañana se cultivan hoy

En las próximas elecciones generales se va a producir por primera vez en muchos años una oportunidad para que no triunfen en las eleccioens ni el PP, ni el PSOE, ni siquiera los nacionalistas. La gente no vota a las personas, está harta de los partidos convencionales y está comenzando a despertar de su creencia en las ideologías, porque se ha visto que la única ideología del PSOE y el PP es la conquista del poder para alcanzar sus privilegios para sus legiones de allegados.

La gente quiere algo diferente a lo que existe, está pidiendo, aunque aún no lo sabe, un antipartido político formado por ciudadanos, no por políticos, que hable su propio idioma. Lástima que UPyD y Ciutadans sean más de lo mismo, idénticos como dos gotas de agua al resto de los partidos políticos, porque habrían sido una buena opción de cambio, pero la soberbia y la ignorancia de sus líderes impidión que fuera posible, por eso hay que pensar en una nueva alternativa, un antipartido político que se enfrente a los partidos convencionales y en el que se reunan todas las opciones críticas existentes, da igual que provengan de la izquierda, que de la derecha, que del nacionalismo o el altermundismo. Una gran coalición antipartidaria, de todos los que nos hemos sentido defraudados por los partidos políticos convencionales.

Movimiento Democrático puede ser el núcleo de ese proyecto antipartidario, en el que los ciudadanos defiendan sus intereses sin necesidad de apelar a una ideología determinada, cautiva, inamovible. Un antipartido que defienda la democracia haciendo democracia, que defienda la libertad actuando en libertad, que busque la justicia cumpliendo sus reglas, que sea transparente, tolerante y abierto, antifanático y antidogmático, que le pueda devolver a la política su auténtico significado: hacer la vida más fácil y agradable a los ciudadanos y no cada día más complicada y difícil. Depende de todos y cada uno de nosotros que se haga realidad.

Biante de Priena

jueves, 2 de septiembre de 2010

Creando un antipartido político ( y 04, por ahora)


Hagamos recapitulación de los artículos anteriores, en el primero hacía una declaración que debía ser la democracia, en el segundo considerá la situación actual en las democracias del sur de Europa, de las que España es paradigma, y en la tercera, apelando a Madison, denuncié cual era la situación de todos nuestros males: la presencia de los partidarios de "un partido único" con múltiples facetas y la ausencia de un contrapoder, creo que esto justifica la creación de un antipartido político, lo que a la mayoría de los lectores les puede sonar a extraño, acostumbrados como están a recibir sólo la información que elude cualquier alternativa a lo existente.

En la cuarta entrega abordaré el problema fundamental, como convencer a mis compatriotas de que todos los partidos políticos son idénticos, que en realidad conforman un partido único que es exclusivamente una representación del poder y no de nuestra voluntad soberana, de los ciudadanos a los que representa. No quiero con ello, aunque me dan ganas, acusar a todos los políticos de deshonestidad, seguro que hay muchos honestos, que incluso se dejan la vida en la obra y reciben menos de lo que entregan, pero también hay muchos que se aprovechan de su condición de representante público y los que son honestos no dicen nada, consintiendo el estado de corrupción y despropósito en el que estamos viviendo.

La pregunta clave es la siguiente: ¿qué puedo hacer, yo, ciudadano medio, asqueado de la política por el espectáculo al que estamos asistiendo, para cambiar esta miserable realidad?.

Queridos lectores, aquí estamos en páramos ignotos, yo soy uno más, no tengo ni puñetera idea, pero quiero pensar que el poder siempre ha tratado de oprimir y los seres humanos hemos logrado, poco a poco,a lo largo de la historia, zaherirnos de su opresión, porque si no yo no podría estar escribiendo ahora mismo estas palabras para publicarlas posterioremente en un blog.

Mi propuesta es crear un antipartido político, que se contraponga a todos los existentes, un contrapoder necesario e imprescindible, porque los partidos políticos se han apropiado del poder y lo utilizan en su interés, antes que en el de los ciudadanos que lo representan. La clave del proceso es regresar a la democracia, si alguna vez la hubo. Los partidos políticos representan sus propios intereses y no los de los ciudadanos que eligen a sus representantes públicos en las urnas. Siguiendo las enseñanzas de Madison, debemos crear una nueva facción que se oponga a todas las existentes, pero que no participe de sus mismas reglas, es decir un antipartido político, en el que no haya partidarios, sino ciudadanos libres y responsables que tomen decisiones y se comprometan con ellas, sin llegar a convertirse en políticos al uso, que terminen atrapados en las redes del poder. Hasta aquí el largo preámbulo, vamos a sus aplicaciones, a las acciones que alumbren su existencia.

Sé que es una locura, pero la única fórmula que veo para afrontar ese objetivo es la confianza, primero en nosotros mismos, sabiendo que somos capaces de intentarlo al menos, pero también es necesario una organización o muchas que lo hagan posible. ¿Pero quién va a estar dispuesto a hacer algo por los demás que le ocasione innumerables molestias sin recibir nada a cambio?. En una sociedad en la que el dinero es el único Dios, eso resulta prácticamente imposible. Sin recursos, tanto materiales como humanos, pocas cosas se pueden hacer. Estamos condenados a vivir en una situación de potencia que nunca alcanza el acto, es decir, de impotencia en realidad.

Vivimos en una sociedad de masas, de seres a a los que se ha desposeído de su identidad, acogotada por la cultura de la imagen y la propaganda, con unos medios de comunicación que viven de la reiteración de la misma noticia sin reflexión propia; el poder se disfraza de su mejor cara para vendernos la especie de que está haciendo todo lo que puede por nosotros y no puede hacer más. Pero las pensiones se congelan, suben los impuestos y cada día hay más gente que se va al paro o pierde su casa por no poder pagar la hipoteca.

Para participar en el juego de la política hay que alcanzar una cuota de existencia pública y eso resulta penoso y además es postergado y anulado por los medios de comunicación, más interesados en mantener el conflicto en lo existente, que en aventurarse por nuevos caminos. La sociedad está secuestrada y paga su rescate cada día con un deterioro de sus condiciones vitales y su malestar paulatino.

Todos esperamos que las cosas se resuelvan por sí mismas, pero eso no va a ocurrir, porque el poder siempre busca perpetuarse y alejar a los ciudadanos de su condición de libertad. Vivimos enajenados por el poder, nos han adoctrinado en que nuestro papel en la democracia ser resume en acudir cada cuatro años a las urnas y posteriormente vivir de una forma pasiva y servil ante lo que aconteca, nos han convertido en sociedad, en consumidores, en contribuyentes, en electores, en usuarios, en clientes, pero al mismo tiempo estamos dejando de ser humanos, con capacidad de autodefinirnos y decidir nuestro destino.

Aquí creo que está la clave del asunto, debemos desclasificarnos en todos los epígrafes en que la sociedad y el Estado nos ha convertido, debemos recobrar nuestra identidad propia, volver a ser nosotros mismos, liberándonos de todas las etiquetas asignadas con que el poder nos encadena y somete.

Verán ustedes, yo soy un ciudadano, español, demócrata y libre, que quiere vivir en paz consigo mismo y con los demás, de su trabajo y no del alpiste del Estado para que todo siga igual, creyendo que vivimos en el mejor mundo de los posibles, cuando estamos encerrados en una jaula del poder como si fuéramos periquitos, cada día con más limitaciones pero también teniendo que sacrificarnos más exclusivamente para poder seguir sobreviviendo. Quiero decidir sobre lo que me conviene o no me conviene, pero quiero hacerlo por mi mismo y no por medio de otros que me representen, bien, mal o cómo les dé la gana. La representación política en una sociedad avanzada, con ciudadanos que no somos analafabetos, con acceso a una comunicación inmediata y funcionarios suficientes para trasladar nuestras decisiones a la realidad, es sincerament un anacronismo propio de la época de nuestros bisabuelos, el último reducto de la opresión señorial del Antiguo Régimen.

Debemos dejar de creer en esta pantomiama de “democracia” para recrear la Democracia auténtica, pero para ello sólo podemos hacerlo si nos unimos, ahora mismo conozco dos lugares, aunque hay muchos más en los que se está estableciendo un debate interesante sobre estas cuestiones, uno es Movimiento Democrático, asociación a la que pertenezco, y otro es el MCRC, a la que no pertenezco, pero que tiene mi confianza en que también busca como objetivo cambiar esta miserable realidad de la política en España.

Pues nada, aquí concluyen los episodios de la creación de un antipartido político, recomendando dos asociaciones en las que al menos se está produciendo un debate sobre la mezquina realidad política en la que estamos viviendo. Lo único que puede decir es que no pare la música, vamos a ver si entre todos somos capaces de crear una alternativa a lo existente, porque aunque no lo creamos, sólo depende de nosotros mismos, como decía Unamuno, quien confía en sí mismo no necesita que los demás confíen en él. Nos vemos y continuamos con la épica batalla de cómo podemos ser sociales sin dejar de ser nosotros mismos, lo que se explica muy fácil si en vez de un conglomerado de individuos informe, una masa, que es lo que le interesa al poder, consideramos que la sociedad debe ser un agregado de ciudadanos, con identidad propia, que saben que no pueden ser enajenados declarándolos partidarios de un poder único con muchas caras.

Ahí está la clave, en dejar de ser partidarios de todo lo que existe en la política actual, algo que nos enajena, para ser dueños de nuestro destino creando algo nuevo que se oponga a todo lo existente. Ahora depende de todos y cada uno de nosotros. Manos a la obra, porque la unión hace la fuerza.

Biante de Priena

Creando un antipartido político (03)

"Dejemos de ser partidarios, derribando el muro de los partidos políticos que nos separa artificialmente, porque las cosas que nos unen son muchas más que las que separan a los ciudadanos. Los partidos políticos son exclusivamente una representación del poder que nos asfixia, no de los electores que han votado por ellos, salgamos de la hipnosis".

Maldito gobierno

Quizás no sea bueno organizar las cosas con urgencia, pero es extraordinariamente absurdo mantener una paciencia infinita con los impresentables que se han acantonado en la fortaleza del poder para vivir magníficamente a costa de nuestros impuestos. La situación política que atravesamos en España es penosa, como decíamos ayer, con un 78,9 % de ciudadanos que desconfían de su Presidente de Gobierno, juicio en la que una mayoría de militantes socialistas coinciden. Aunque no lo creamos estamos viviendo una situación histórica, sin precedentes en la democracia española.

Porque el pueblo está siendo “malgobernado” contra su voluntad en una "democracia", sometido, acallado, oprimido, pero nada puede hacer para eludir la coerción del poder, más que esperar hasta la próxima convocatoria electoral para manifestar su descontento. Esta coyuntura es un anacronismo propio del Antiguo Régimen en el que había un poder absoluto con súbditos y siervos. Hoy, sin embargo, somos ciudadanos libres y soberanos y para poco nos sirve, gracias a que la oligarquía de facciones que son los partidos políticos, forman el entramado de poder que nos aherroja a su voluntad. La voluntad del pueblo no debería restringirse exclusivamente a los periodos electorales, a la conveniencia de los representantes políticos que se han convertido en señores feudales, pasándose la Constitución por el forro, administrando el poder de forma tiránica, para mantener sus privilegios en contra de los intereses generales.

Vivimos en un régimen de perversión de la democracia, una degeneración del “contrato social” que estableció Jean Jacques Rousseau en su día. En España ya no hay democracia, sólo oclocracia y behetría. La oclocracia es el gobierno de los tiranos que se apoyan en las muchedumbres a las que alimentan para permanecer en el poder. Las muchedumbres son instruidas y amaestradas por los sindicatos (alter ego del PSOE) para que hagan lo que le conviene a los gobernantes, y anestesiadas en la confusión por los medios de comunicación con propaganda de forma permanente. La behetría de forma resumida es la elección de amo a que tenían derecho los siervos en algunos lugares y en otros tiempos.


Maldita oposición

¿Y qué hace la oposición mientras tanto?, esperar a ver como su enemigo cae derribado sobre los españoles, sin hacer nada, porque en realidad lo único que les interesa es la conquista del poder y no la penosa situación que estamos atravesando y a la que nos han condenado entre todos lo políticos que se han elegido en las urnas. La oposición tampoco representa los intereses de los ciudadanos, sino los suyos propios.

La clave está en el poder y su apropiación indebida, el poder permite repartir los recursos públicos entre aquellos que a los que mandan bien les parezca, algo más propio de un régimen trasnochado que de una democracia avanzada. Los gobiernos se corrompen, pero para eludir el dedo acusador de la justicia, establecen una política clientelar entre los afines para que acallen cualquier crítica o reacción a la detentación y la usurpación. El pueblo español, formado por soberanos y ciudadanos, se ve entonces postergado de las decisiones porque los que viven a la sombra del poder han ocupado todos los espacios de resistencia y dirigen las críticas, que siempre serán amortiguadas en beneficio exclusivo de su supervivencia. Un ejemplo son los sindicatos, otro las asociaciones y colectivos, pero quizas el más paradigmático sea la creación de nuevos partidos políticos, como Ciutadans y UPyD que en realidad sirven de cinturón de hierro para proteger a los que administran el poder, con sus críticas para desahogo de los creyentes en que un cambio de partido por una convocatoria electoral sería suficiente para que cambiaran las cosas. Algo realmente imposible, porque el régimen oclocrático español, la behetría en la que vivimos está putrefacto y agotado. Cambiar los collares a los perros no impedirá que nos sigan mordiendo.

La hora de la verdad

Por eso es necesaria y urgente la creación de un antipartido político en España, que con los rastrojos en los que se ha quedado la Constitución Española tras las agresiones a que ha sido sometida por los políticos exija un cambio de régimen, desde una democracia autoritaria y limitada hasta una democracia real y definitiva. Aunque la gente se piense que estamos muy mal, realmente estamos muy bien, debemos dar las gracias a José Luis Rodríguez Zapatero por haberse cargado la gallina de los huevos de oro de la partitocracia española, tanto como a Fernando VII por sus felonías que permitieron que la realidad para los ciudadanos diera un salto cualitativo hacia la democracia y la libertad. Hoy los españoles estamos siendo testigos de primera fila de lo que es la política y sus miserias como nunca antes lo habíamos sido, ni en el franquismo, ni en el GAL, ni en el 11-M. Ahora es la ocasión para que las cosas cambien de forma definitiva en España y para siempre.

Un antipartido político tendrá siempre como objetivo eliminar la representación indirecta de los ciudadanos y la concentración de poder en manos de los nuevos señores feudales de las distintas siglas. Mostrar a los ciudadanos la auténtica realidad mafiosa de la política. Promover el abandono de los modelos autoritarios de poder, para fomentar la autoridad desde el respeto de los ciudadanos y no desde la imposición de los privilegiados. Y si es necesario, organizar la resistencia y la desobediencia civil ante la tiranía y opresión de los partidos políticos. Quizás no sea la única solución, porque un antipartido político exige a los ciudadanos un criterio propio y libre en sus decisiones, una responsabilidad política de la que hoy carecen, porque son tratados como niños pequeños por un poder paternal que les ofrece la solución a todos sus problemas, cuando en realidad es la fuente fundamental de todos ellos.

Un antipartido político exige que los ciudadanos renieguen de los partidos políticos para hacer política sin abandonar su condición de ciudadanos, es un reto a nuestra inteligencia, porque conquistar la democracia y la libertad siempre ha sido, es y será un producto de la lucha de los ciudadanos contra el poder que trata de oprimirlos y neutralizar todas sus aspiraciones. El gran engaño al que nos someten los partidos políticos es simular que defieneden cosas diferentes, haciéndonos PARTIDARIOSde sus opciones, por eso para crear un ANTIPARTIDO POLÍTICO hay que prescindir de los engaños a los que nos someten: el PP defendiendo la libertad y la buena administración, el PSOE defendiendo la igualdad y el equilibrio social, los Nacionalisas defendiendo su diferencia, y todos ellos acusando a los demás de los males de sus electores. Salgamos de esa patraña y embuste que nos enfrenta permanentemente, los ciudadanos españoles tenemos muchas más cosas en común de las que nos separan, pero los partidos políticos convencionales nos hacen vivir en la ilusión de que no es así.

Ahora o nunca

Debemos hacernos antipartidarios de todos ellos, esa es la esencia de un Antipartido Político, para podernos hacer partidarios de nosotros mismos y defender nuestros intereses directamente, sin representación. ¿Acaso no hay nada que nos interese a todos los españoles?, por supuesto que lo hay, todos queremos justicia, libertad, igualdad, democracia, transparencia y bienestar, y que dejen de engañarnos los aprovechados, pues es hora de ponerse de acuerdo.

Madison, el cuarto presidente de los Estados Unidos, lo expresó diciendo que si bien las facciones podrían operar en el detrimento de la sociedad, la solución no fue la prohibición de los grupos organizados ni la subordinación de éstos al Estado, sino el fomento de su proliferación. Cuando una facción se enfrenta a otras, según Madison, la pluralidad de los grupos ayudaría a asegurar que ningún sector de la sociedad domine al resto. Este concepto Madisoniano del pluralismo constituye un principio fundamental de la vida política estadounidense. Pero la realidad es que todos los partidos políticos y sus partidarios se han quedado sin oposición, por eso la necesidad de crear un antipartido político que se oponga a todos ellos para que la democracia vuelva a funcionar, en el supuesto de que algún día hubiera habido una democracia en España.

En España no hay diversos partidos políticos, ese es el engaño, todos forman un partido único con distintas caretas que representan un único interés, ellos, los políticos, arriba, como los nuevos señores, la nueva aristocracia política, y los ciudadanos abajo, como siervos, manteniéndoles, para que sigan viviendo a nuestra costa y además jodiéndonos la vida. Un antipartido político debe enfrentarse a todos ellos, para que haya al menos dos facciones, una que represente los intereses del poder y otra que represente los intereses de los ciudadanos que soportan los desmanes del poder.

Un antipartido político exige de antemano que cada ciudadano ocupe su puesto en la defensa de la libertad, la democracia y la justicia, que el pueblo español deje de ser un adolescente distraido para convertirse en un adulto con responsabilidad política. Dejemos de culpar a los demás de nuestros males de una puñetera vez, porque si los políticos hacen con nosotros lo que les da la gana, sin duda es por qué se lo consentimos.

No hay excusa, ni disculpa, ha llegado la hora de la verdad: acabamos con los partidos políticos convencionales o ellos acabarán con nuestro bienestar, más tarde con nuestro destino y el de nuestros hijos, y por último con nuestra vida. A los partidos políticos sólo les importa lograr el poder para disfrutar de sus privilegios, igual que ayer a los señores feudales, los ciudadanos somos una molesta circunstancia en su hoja de ruta.

Biante de Priena

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...