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martes, 10 de junio de 2014

Algunas precisiones semánticas sobre la identidad española





"Creo que la política no se hace con sentimientos sino con virtudes, y como no tenemos éstas, poco adelantamos."  Benito Pérez Galdós

En los épicos tiempos de elogio a la memez y la estulticia (no son sinónimos, porque el estúpido, además de tonto es necio) que nos corresponden vivir a las cohortes de españoles que pagamos impuestos, para sufragar las vidas y obras de esta degenerada representación política que nos hemos concedido, según nuestros representantes democráticamente y según la mayoría de españoles que no les hemos brindado nuestro apoyo (58 %) en las últimas elecciones, en prodigio de demagogia, desfachatez e impostura; se puede decir alto y claro, que en este país no cabe un tonto más, a los que teníamos antes formando el elenco de la casta se acaban de sumar ahora los aspirantes a sustituirlos a cualquier precio, en los que no son pocos aquellos que defienden la celebración de un referéndum inconstitucional, y por lo tanto, antidemocrático, para elegir entre República y Monarquía, cuando de nada serviría por ser ilegítimo e ilegal, tanto como el propuesto por los catalanistas para la secesión de Cataluña. 

En una democracia no se puede votar todo lo que se le ocurra a los aventureros con cuota de micrófono, poder y atención pública, sólo se puede votar lo que permite la ley y para cambiar de sistema de Estado, es imprescindible, no sólamente necesario hacer una nueva Constitución. El oportunismo y la improvisación de "los que no estaban de acuerdo" siempre nos ha traido, desde hace siglos, mucha sangre, quebrantos y miseria, a los españoles que nos hemos ido sucediendo a lo largo del tiempo.

Una sucesión de catastróficas desdichas


Sin duda, entre los más avezados, están los catalanistas que, inventándose  motivos para la secesión y la panoplia inepta que acompaña a su discurso, se han olvidado de que el origen de todas sus discrepancias con las instituciones españolas provienen de un problema dinástico, cuando apoyaron a la muerte de Carlos II la continuidad de los Hagsburgo, frente a la imposición por Luis XIV, el “Rey sol”, de su nieto Felipe de Anjou, que pasaría, tras la victoria correspondiente del ejército español y la derrota de los sublevados, no sólo catalanes, a ser el primero de la dinastía borbónica en España, afianzado legítimamente por el Tratado de Utrecht. Si Rafael Casanova, un patriota español y defensor de las aspiraciones legitimistas del Archiduque Carlos (que con el tiempo llegó a ser emperador de Alemania), levantara la cabeza se moría de vergüenza, ante el elenco degenerativo que dice hoy representar los intereses de Cataluña. Navarros y vascos mantienen hoy sus fueros por financiar a Felipe V, esta guerra ocasionó 1.250.000 muertos en Europa, más de medio millón en Francia, por tanto fue un conflicto europeo y no español.


Otros aventureros son los nacionalistas vascos, su conflicto con las instituciones españolas, fundamentalmente la Corona, son más recientes y se remontan al siglo XIX por una disputa entre los Borbones, cuando el legítimo sucesor al trono por la ley sálica vigente, Carlos María de Isidro, disputó con su hermano Fernando VII por la Corona de España, algo que por la pragmática sanción que se sacó de la manga, le concedió el trono a su hija, Isabel II. Si el  “tío Tomás” (Zumalacárregui) viera el despropósito de los últimos cincuenta años en su País Vasco querido, se suicidaba ante tanta impostura, miseria y depravación. Y no digo nada de aquellos que entonaban el Oriamendi antes de dejarse la vida en la batalla. Las guerras carlistas y la guerra civil que las sucedió, se saldaron con 400.000 muertos, en esta ocasión todos españoles.


Los nacionalismos en España son la farsa mejor urdida, desde que los fanáticos republicanos, de la segunda, que no de la primera, trataron de crear en España una colonia soviética, algo que no les pareció bien ni siquiera a los comunistas rusos, poco dispuestos a imperialismos a distancia y siempre ocupados de imponer orden en su tierra. Lo de Franco, fue otra degeneración y despropósito, reacción correspondiente a la degeneración anterior del poder y a las intrigas y propagandas urdidas para desestabilizar la Segunda República, por la luchas de poder entre los propios republicanos. La aventura de unos y otros le costó a este país 400.000 muertos españoles y cuarenta años de dictadura.


Les cuento esas cosas, porque tengo la sospecha de que nadie va a hacerlo. Todos estos conflictos bélicos le costaron la vida a más de millón y medio de españoles muertos, por los líos de los Borbones y los de los rojos contra los nacionales. Pero es importante decir, por lo que expondré a continuación, es que todos los que murieron fueron españoles y así se consideraban, los nacionalistas vascos y catalanes que murieron en la última guerra civil española, fueron una minoría, porque el peso de la guerra fue llevado por los comunistas y anarquistas, y en el bando nacional no había nacionalistas, había militares proclives a alguna suerte de fascismo, emergente en varias naciones europeas por la época. Pero todos eran españoles, los rojos y los nacionales.


Patriotismo no es nacionalismo


Y ahora voy al meollo de la cuestión, ¿cómo se puede ser tan imbécil para decir que existe un nacionalismo español, cuando la identidad española proviene de todos los españoles que se dejaron su sangre por defender en los últimos 300 años, unas causas u otras, pero siempre en el ámbito de España?


¿Se imaginan ustedes decirle a Hollande que es una nacionalista francés,  a Obama que es un nacionalista norteamericano o a Putin que es un nacionalista ruso, por defender a sus respectivas naciones? Lo más fascinante es que aquellos que no distinguen lo nomotético de lo idiográfico, se permiten dar lecciones a todos los demás sobre su atribulado papanatismo adanista, pensando que sólo por vivir en una democracia, tienen derecho a decir lo que les plazca y todo el mundo la obligación de aplaudirles


Para los "ilustrados" cultivados por el poder de turno en la inmersión y la LOGSE, les diré que cuando alguien defiende una nación constituida históricamente y reconocida internacionalmente, el término preciso para el concepto es el de patriota y no se habla de nacionalismo, sino de patriotismo, que es el amor a la patria y el sentimiento y conducta del patriota, para definir una cuestión de identidad y legitimidad sobrevenidas e imbrincadas. 


En España nunca ha habido nacionalistas españoles más que en 1808 cuando Napoleón decidió invadir este país y los padres de la primera Constitución española legitimaron que el único soberano de España como nación, poder enfrentado al absoluto de monarcas (o Repúblicas), era el pueblo español; esto acontecía en 1812, y hasta que el General Riego no obligó al rey Fernando VII a sancionarla vivimos en precariedad institucional, algo que a los tres años le costó la vida, cuando fue condenado a muerte por el felón Fernando VII. 

Rafael del Riego  arrastrado en un serón camino del patíbulo (1823)

Desde 1820, los únicos soberanos de la nación española somos el pueblo español, una entidad cambiante a lo largo del tiempo, porque se va sucediendo esta condición en todos los españoles con derecho a voto de cada época, pasando de padres a hijos y de estos a los nietos, exactamente igual que la Corona, por una cuestión muy sencilla, cuando se hizo la primera Constitución nuestros aliados eran los ingleses. que estaban realmente preocupados por los recientes acontecimientos ocurridos en el país vecino con la Revolución Francesa, y si nuestra primera Constitución hubiera sido republicana nos hubieran mandado a paseo y hoy, posiblemente,  seguiríamos hablando francés en este país.


En cuanto a los “episodios nacionales” defendidos desde el franquismo, nada que ver con la defensa de la nación, sino con los intereses de las fuerzas reaccionarias de este país, enfrentados a las fuerzas insurgentes que querían tomar el poder, y de hecho lo hicieron, contra la Constitución y contra la República, al asalto, derrocando estos últimos cualquier orden en la Segunda República y haciéndose y haciéndonos el harakiri, provocando la sublevación de los militares, que tomaron la decisión de dar un Golpe de Estado, nada infrecuente en nuestro país, pues en los últimos doscientos años, en grado de tentativa o consumación, se han producido más de 230, lo que nos ofrece más de uno por año, por si hubiera alguna duda en que en este país se ha cambiado de régimen con la vesania oportuna de los distintos actores, pero siempre bajo la misma condición, la de españoles.


La cuestión nacionalista


Nos queda la cuestión nacionalista, hoy pregonada desde Cataluña y el País Vasco, pero también desde Canarias, Baleares, Galicia o Andalucía.


Los nacionalismos sin Estado, son movimientos políticos residuales que provienen de los estertores del siglo XIX en Europa, nada que ver con una historia inventada de comunidades independientes previas, porque en este país, ha habido en muchos lugares comunidades independientes históricamente, por mencionar algunas, Asturias, Aragón, Granada, Navarra, León, Castilla, Valencia, entre otras, pero nunca ha habido una segregación ni de Cataluña, ni del País Vasco, ni por supuesto de Galicia (salvo que nos remontemos a los suevos), con algo que se parezca a una nacionalidad efectiva, hasta la Constitución de 1978, y menos con una secesión, prueba de ello es que el Golpe de Estado dado por Companys en Cataluña fue sofocado por el ejército de le Segunda República


Desde una perspectiva rigurosa, las "comunidades históricas" reconocidas en la actual Constitución, resulta que son, precisamente, las que menos historia independiente tienen entre las españolas, las más retrasadas en cuanto a mostrar su distinción del resto de las españolas, pero sin embargo las que han obtenido beneficios y privilegio para sus instituciones y ciudadanos, con una discriminación positiva evidente a lo largo de los  36 años que llevamos de supuesta democracia, gracias a los artilugios inconstitucionales que se inventaron los padres de la actual Constitución para no desagradar a nadie. 



Lo curioso es que las comunidades que realmente fueron independientes, Navarra, con una amplia historia de reino propio  que viene desde la batalla de las Navas de Tolosa, y foco de la legitimista rebelión carlista en el siglo XIX, o Asturias, dos veces independiente en los últimos dos siglos, una vez en 1808 para defender España y otra en 1934, por insurrección contra la República, hicieron el viaje al revés, hacia la unión con los demás españoles,  y no será por falta de historia independiente, porque desde los romanos, siempre ha existido en los pequeños paises del norte, una voluntad de no aceptar imposiciones de los invasores, de los reyes o del Estado. No obstante, desde que hay democracia o algo que se le parezca, y particularmente en lo que se refiere a Asturias, sólo ha visto declinar su singularidad, al mismo tiempo que sus ambiciones secesionistas prácticamente no han existido.

El diccionario de la RAE define nacionalismo con tres acepciones:

nacionalismo.

1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.

2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.

3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

La primera queda descartada para las “comunidades históricas” españolas porque nunca fueron naciones hasta ahora, sólo podría ser utilizada por aquellas comunidades que fueron naciones, reinos o entidades independientes, y por supuesto, aunque me parece extravagante (considero que patriotismo es más adecuado), en el caso de la nación española que si está constituida históricamente de forma legítima, la segunda es un ideología y la tercera una aspiración.


Contra los hechos diferenciales se sobreponen los hechos comunes, avalados por la historia, la legitimidad, las Constituciones de los últimos 200 años,  la ratificación histórica y las diversas instituciones, así como por la sangre derramada por todos los españoles de los distintos bandos en sus conflictos civiles, a lo largo de la historia, y también por los votos, cuando fue posible;  porque mal que les pese a algunos, tan español era Rafael Casanova, como Tomás Zumalacárregui (ambos, grandes patriotas españoles), y tan español era Azaña como Franco, y por supuesto tan españoles fueron los que murieron por defender una causa o su contraria. Esta es la versión que nunca les contarán a los jóvenes españoles, fundamentalmente a los que algunos espabilados utilizan como carne de cañón histórica para perpetuarse en el poder defendiendo sus peregrinas pretensiones, siempre acompañadas de beneficios y privilegios, diferenciales.


Porque si todos se han dispuesto a defender su particular historia, es hora de que alguien diga, alto y claro, que es el momento preciso de rendir homenaje los liberales que hicieron y proclamaron la primera Constitución Española en 1812 para que todos pudiéramos expresar en libertad nuestro parecer y con los que los españoles de cualquier época posterior mantenemos deuda histórica, por haber convertido a este pueblo en único soberano de la nación española, ante tantos mequetrefes que sólo miran por sus particulares intereses egoístas y sectarios. 

España siempre ha sido, históricamente, la patria de los conflictos y las reconciliaciones entre sus habitantes, ninguna nación del mundo ha superado tantas confrontaciones continuadas, entre los que dicen una cosa y la contraria. Parece que ser español no es una condición que admite la paz, más bien creo que hay muchos que desde el poder se benefician de que estemos permanentemente en conflicto, que es la mejor forma de que no les exijamos que rindan cuentas por lo que han hecho o dejado de hacer, eso sí que es español, que nos engañen desde el poder sin interrupción, para expoliarnos después, porque nosotros, los españoles de todas las épocas,  hemos puesto el dinero y los muertos, para que su imposición pudiera realizarse, porque todos los poderes en la historia de nuestro país, no son más que consecuencia de una imposición, unas veces con más engaños y otras con menos engaños. 

Van siendo necesarios muchos cambios en la política de este país, pero la razón nos ha debido acostumbrar a que sean sosegados y en libertad. Ser español nunca ha sido fácil; precisamente, la convivencia en conflicto ha sido una constante en nuestra historia por diversos motivos, porque siempre se acaban encontrando si se buscan, pero eso en lo único que ha beneficiado a los españoles es en haberles retrasado permanentemente un par de siglos, hasta comienzos del siglo XIX, viviendo y reviviendo décadas ominosas, porque todos los poderes reaccionarios o sus réplicas insurgentes, interesados en conservar o procurarse privilegios, se han empeñado en que nunca vayamos con el siglo como los demás europeos, sino con uno o dos por detrás.


Enrique Suárez

miércoles, 30 de octubre de 2013

El Estado contra la Nación


La mayoría del Parlamento español ratifica la soberanía constitucional de los españoles sobre España

Disculpen, pero no he entendido bien la propuesta de UPyD, el partido de Rosa Díez, resulta que tras 35 años de haber sido aprobada la Constitución actual por los españoles, el Parlamento español somete a la voluntad de los diputados si los españoles estamos en nuestro derecho de decidir sobre el porvenir de la nación española como únicos representantes posibles de su soberanía.

Lo que sí hemos comprobado con esta propuesta, insisto, sin demasiado sentido, más que el de retratar cuantos diputados cobran sus sueldos todos los meses por ir contra la Constitución española vigente, que en este país se puede representar en el Congreso de Diputados a los españoles, sin estar de acuerdo con la Constitución española, lo que posiblemente en cualquier otro país sería motivo de asombro, en España no lleva ni dos líneas de los diarios, estamos tan acostumbrados a la ilegitimidad y al impunidad, que ya no nos sorprende absolutamente nada, pero es curioso saber que todos los analfabetos que han votado en contra de la propuesta de Rosa Díez, para ser diputados han tenido que prometer que respetarían y harían respetar la Constitución. Fundamentalmente porque si no lo hacen no pueden ser diputados y cobrar todos los meses.

Es cierto que en este país la incultura política es intensa e inmensa, por ejemplo ayer mismo el periodista Iñaki Gabilondo decía que había que apartar a las víctimas de su influencia en la aplicación de las leyes en nombre de la “justicia democrática”. Lo que viene al caso para explicarle a este señor que la democracia existe precisamente porque hay justicia, por eso los diputados nacionales están obligados a prometer la Constitución antes de poder ejercer como tales, pues aunque recibiera alguno 46 millones de votos, como no prometiera respetar y hacer respetar la Constitución, aunque fuera por imperativo legal, como hacían los de Herri Batasuna, no pueden ejercer como diputados.

Lo que sorprende en este país de despropósitos es que haya habido 60 diputados inconstitucionales en la votación que hoy se ha realizado, algo que han ocultado los principales diarios nacionales, y que gracias a Cantabria 24 horas.com, he logrado enterarme, ¿y quienes han sido?, pues el elenco nacionalista que tenemos instalado en el Congreso por los votos de los españoles, pero contra la Constitución española: CIU, PSC, Izquierda Plural, PNV, Amaiur, ERC, Coalición Canaria y Compromis, no es baladí la cuestión, pues un 17,15 % de los representantes en el Congreso deberían devolver de inmediato su acta de diputado, que están ocupando ilegítimamente, pero seguramente los 275 que ha votado a favor de que el derecho a decidir sobre España es de los españoles (PSOE sin PSC, PP, UPyD y Foro), un 78,5 % de los diputados, no les pedirán tal cosa. Como no ha habido abstenciones, parece que los 15 diputados que han faltado a la votación estarían de vacaciones.

Sin embargo, como español y soberano, me gustaría realizar unas pequeñas precisiones. ¿Quiénes son los diputados españoles para evaluar si mi derecho a decidir y el de todos mis compatriotas sigue estando vigente o no? ¿Ahora estamos en la República Francesa donde los diputados de la Asamblea tienen soberanía compartida con el pueblo francés? ¿Puede el Congreso de los Diputados español votar sobre la condición soberana de los españoles sobre la nación española?, evidentemente sí, por lo que se ha visto, pero además sin mencionar a la nación española, sino reduciendo su evaluación al derecho a decidir. Es decir, hoy, gracias al Congreso de Diputados y la propuesta de Rosa Díez los españoles tenemos ratificado por el Congreso de Diputados nuestro derecho a decidir, eso sí, gracias a los votos de los  que así lo han decidido y no gracias a la Constitución que hemos aprobado.

Conociendo el percal de La Casta, me parece que nos acaban de colar una nueva filigrana legal, por la puerta de atrás, porque de nuestro derecho soberano a decidir sobre el destino de la nación española indelegable e irrepresentable, hemos pasado a tener una concesión ratificada por el Congreso de Diputados, que es una representación de los poderes del Estado, junto al Gobierno y el Poder Judicial.

Quiero recordar, por último, a los 350 garrulos que nos representan en el Congreso de Diputados, incluidos o a los ausentes el artículo 1.2 de la Constitución española de 1978 que dice textualmente: 

     1.2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Pues a partir de hoy este artículo queda derogado de nuestra Constitución gracias a la propuesta de Rosa Díez, que nos ha birlado la soberanía al descuido a todos los españoles sobre la nación española, por no saber leer, exactamente igual que el resto de sus 349 compañeros en el Congreso, tanto los que han votado como los que no,  porque resulta que después de la votación de hoy ha quedado exactamente al revés, más o menos así.

“Los poderes del Estado deciden sobre la soberanía nacional, que hasta el 29 de octubre de 2013 y la propuesta de Rosa Díez, dirimida por 350 diputados tarugos,  residía en el pueblo español”.

Pero lo más fascinante de todo es que de los 350 diputados que hoy representan a los ciudadanos españoles, porque la soberanía nacional sigue siendo representada por cada uno de nosotros como únicos soberanos, no se le ha ocurrido que esa cuestión, la del derecho a decidir, no compete al Congreso de los Diputados, sino a la nación española, es decir a todos los españoles en referendum.

La próxima vez que haya elecciones, además de exigirles el compromiso expreso de cumplir y hacer cumplir la Constitución, deberían hacerles un examen de lectura, porque es inconcebible que tengamos 350 analfabetos representándonos en el Congreso de Diputados, así nos va.

Con lo fácil que es distinguir Nación como representación del pueblo español, de Estado como representación del poder de la Casta, representado por 350 tarugos que vulneran la misma ley que les permite representarnos, y se quedan tan frescos.

Enrique Suárez

jueves, 17 de octubre de 2013

Nacionalelismo catalanista




Si no fueran tan lelos los catalanistas, se darían cuenta de que sus motivos no son más prevalentes que los de los madrileñistas, asturianistas, andalucistas, galleguistas, castellanistas o murcianistas. Tan extravagante es su simplismo racional que consideran que los deseos se pueden convertir en hechos por la magia de las subjetividades diferenciales, sin saber aquello que dijo Max Weber: "una nación siempre es un resultado, nunca un propósito."

Se les llena la boca con algo que han denominado “derecho a decidir”, que en realidad es el derecho a decidir por todos los demás, sin haberles consultado siquiera. Se intitulan de demócratas para ejercer una tiranía camboyana que remeda al kmer rojo sobre los sufridos contribuyentes españoles de la comunidad catalana. Dicen que defienden la libertad, y es cierto, la libertad de hacer lo que le salga de las narices, sin respetar una Constitución que fue aprobada por el 90 % de los catalanes, sin respetar la libertad de aquellos que no piensan como ellos. Consideran justas sus reivindicaciones, cuando en realidad suponen la injusticia soberbia de aquellos que deciden contar lo que les deben los demás, sin pagar a sus acreedores.

Cataluña o Catalunya, si lo prefieren, está quebrada, gracias a los nacionalsocialistas del 3 % que gobernaron en la época del PSC-ERC-ICV, y gracias a los nacionalelistas de CIU-ERC que gobiernan actualmente. La deuda pública catalana se ha disparado en 2012 hasta los 50.000 millones de euros, el 25 % de su PIB autonómico, a la que hay que sumar 200.000 millones de euros que le corresponden de la deuda pública española. El negocio está claro, consiste en hacerse independientes y dejar sin pagar los 200.000 millones de deuda pública española que les corresponden, porque todo el mundo sabe que Espanya ens roba, sobre todo entre los nacionalsocialistas de PSC-ERC-ICV del pasado y los nacionalelistas de CIU-ERC del presente. Cataluña tiene 3.660.000 trabajadores activos, un 22,4 % de los trabajadores españoles. En una hipotética independencia cada uno tendría que pagar antes de irse a los demás españoles, solamente 54.664 euros. Como evidentemente una cosa es votar y otra pagar, algo que en Cataluña se dirime con esmero, seguramente no estarían por la labor de soltar la pasta de la soberanía emancipatoria, por lo tanto el pufo iría a deuda catalana. 

Ahora bien, 250.000 millones de euros de deuda para Cataluña suponen aproximadamente el 125 % de su PIB, si ahora tienen dificultades con una deuda del 25 %, imagínense ustedes con cinco veces más, y sin el Espanya ens roba.

Supongo que al salir del euro y la Unión Europea, esta deuda tendría que ser adquirida por otros países, pues imagínense ustedes que tras la independencia, España comprara la deuda catalana íntegramente. ¿Qué ocurriría entonces?, pues sencillamente que Cataluña habría alcanzado una independencia política sin una independencia económica, y su dependencia económica de España sería extrema, tanto que la metrópolis podría decidir embargar las instituciones de la colonia económica con el apoyo del FMI y el BCE, eso sin considerar quien iba a pagar las pensiones de los catalanes, así como todas las ayudas y subvenciones a más de un millón de parados que existen en la comunidad secesionista.

Fíjense ustedes hasta donde llega el nacionalelismo que los garrulos de los partidos políticos catalanistas no le han contado a los catalanes en que va a consistir el negocio del derecho a decidir con pelos y señales, ni siquiera les han dicho que para lograr la independencia tendrían que pagar durante muchas décadas el doble de impuestos que pagan ahora.

Estoy deseando que pongan fecha al referéndum, menudo negocio que vamos a hacer los demás españoles con la independencia de Cataluña, cuando les dejen peor que a Grecia sus representantes políticos, ya no podrán decir lo de Espanya ens roba, entonces dirán, Espanya ens mata de fam, pero entonces no tendrá remedio y además será verdad.

Enrique Suárez

martes, 15 de octubre de 2013

El despotismo de los partidos políticos y la disociación cívica de los españoles



En la partitocracia española se producen crueles paradojas rayanas en la impertinencia, una de las más interesantes es que todos los partidos políticos españoles son doctrinarios y excluyentes, otra es que son extraordinariamente dogmáticos (y también fanáticos) y por último,  que comparten el  patrón vertical de los  partidos socialistas en el proceso de decisión, con un aparato en la cúpula, unos cargos intermedios y unas bases, en todo aquello relacionado con la administración de sus recursos materiales y humanos. En otras democracias más avanzadas no todos los partidos políticos son así, ni siquiera los partidos socialistas mucho más abiertos a los ciudadanos, a la libertad y a la democracia, que los ejemplares patrios. 

Otra paradoja de las formaciones políticas españolas, es que en más de 35 años de democracia, no han sido capaces de evolucionar, sino más bien de involucionar. Sin duda en España no se produce la isocracia de los griegos, que hacía iguales a gobernantes y gobernados, ni tampoco una independencia de la justicia, tutelada por los gobiernos de turno, ni tampoco una isonomia, porque los políticos tienen códigos propios ajenos a la legislación común, ni por supuesto una isegoría, que es la oportunidad que tenían los ciudadanos griegos de expresarse en la asamblea. En realidad, la democracia en España es más bien una opción tutelada que representativa y recuerda más al despotismo que a un sistema equitativo y justo, en la relación entre gobernantes y gobernados. 

Sin duda este engendro al que denominan democracia los que mandan, fue pergeñado por los mandatarios del franquismo que realizaron la transición, para mantener atado y bien atado el poder, concediendo permiso a los ciudadanos para que acudan a las urnas cada cuatro años y así muestren su complacencia con el sistema han diseñado aquellos que  mandan  sobre ellos, ejerciendo de nuevos amos. No hay que olvidarse que las elecciones no hacen una democracia, en Cuba, en la Unión Soviética, en la Alemania nazi e incluso en el franquismo, el pueblo acudía a las urnas con cierta frecuencia, para elegir entre aquello que le ofrecían, exactamente igual que en la supuesta democracia española.


Como los que regulan la condición y calidad de nuestra democracia, son los representantes de los partidos políticos, será difícil que algún día renuncien a sus intereses, beneficios y privilegios, por eso los españoles estamos obligados a elegir entre toda esta fanfarria de partidos no democráticos, porque ninguno lo es, que nos ofrecen una democracia tutelada, en la que no se puede elegir más que a los que han escogido en las cúpulas de los partidos. La ignorancia política de los españoles cultivada durante cuarenta años de franquismo y treinta y cinco de “supuesta” democracia por aquellos que viven del engaño, ha hecho el resto. La pereza intelectual de los españoles, tradicionalmente ahormada por los medios de comunicación más vendidos al poder de Occidente, ha sido imprescindible para envolver la realidad como le interesa al poder de turno.

Parece que las cosas están cambiando, porque no somos pocos los españoles que denunciamos sin descanso que todo esto tiene que ver tanto con la democracia como un balón de fútbol con la luna, pero todavía son muy escasas las manifestaciones efectivas al respecto, por parte de una casta periodística que en vez de denunciar que el sistema es insostenible por incumplir los criterios democráticos, prefiere ejercer la política del chisme, contándonos las vicisitudes del elenco cuando tiene la magnanimidad de dejarse ver por sus súbditos.

Hoy, precisamente, el expresidente Aznar ha hablado de soberanía en relación a la cuestión de la independencia catalana y su discurso ha resultado políticamente incorrecto, porque en este país desde el socialismo de todos los partidos (Hayek), los españoles hace mucho tiempo que no tenemos reconocida por nuestros representantes políticos la condición soberana que nos asigna la Constitución Española.

Una de las mayores barbaridades que he observado es decir a la expresidenta María Teresa Fernández de la Vega que el Parlamento era el representante de “la soberanía popular”, siendo España una nación, cuya Jefatura de Estado es una monarquía, cuando la soberanía popular es propia de las Repúblicas, pero no se quedó atrás la Secretaria General del PP, María Dolores de Cospedal, cuando dijo que el Parlamento era el representante de la soberanía del pueblo, cuando la soberanía es una condición intransferible e indelegable, que pertenece a cada español desde 1812 hasta ahora. Estos pequeños detalles, a los que se pueden añadir otras barbaridades como la de “nación discutida y discutible” de Zapatero, en la estulticia que le caracterizaba, porque eso le convertía en Presidente del Gobierno de “una nación discutida y discutible” (?), que haría reir a cualquiera de sus homólogos europeos; hasta las operaciones del PP de convertir España en una “nación de ciudadanos”, cuando la nación no admite otra condición que la de soberanos, siendo el Estado el que ofrece la condición de ciudadanos.

Pues que quieren ustedes, si la ignorancia política extrema es el paradigma en el que se desenvuelve la vida democrática en España, tanto de representantes como de representados, aderezado por adoctrinamiento, dogmatismo y socialismo para tapar las carencias, ¿cómo quieren que nos vayan las cosas en la política de este país?, si nos fueran bien, sería inmerecidamente y desde luego, tremendamente injusto. 

Seguramente nos irá aún mucho peor, que es lo que nos corresponde, dada nuestra tremenda insensatez, irracionalidad y estupidez.

Enrique Suárez  

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