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martes, 10 de junio de 2014

Algunas precisiones semánticas sobre la identidad española





"Creo que la política no se hace con sentimientos sino con virtudes, y como no tenemos éstas, poco adelantamos."  Benito Pérez Galdós

En los épicos tiempos de elogio a la memez y la estulticia (no son sinónimos, porque el estúpido, además de tonto es necio) que nos corresponden vivir a las cohortes de españoles que pagamos impuestos, para sufragar las vidas y obras de esta degenerada representación política que nos hemos concedido, según nuestros representantes democráticamente y según la mayoría de españoles que no les hemos brindado nuestro apoyo (58 %) en las últimas elecciones, en prodigio de demagogia, desfachatez e impostura; se puede decir alto y claro, que en este país no cabe un tonto más, a los que teníamos antes formando el elenco de la casta se acaban de sumar ahora los aspirantes a sustituirlos a cualquier precio, en los que no son pocos aquellos que defienden la celebración de un referéndum inconstitucional, y por lo tanto, antidemocrático, para elegir entre República y Monarquía, cuando de nada serviría por ser ilegítimo e ilegal, tanto como el propuesto por los catalanistas para la secesión de Cataluña. 

En una democracia no se puede votar todo lo que se le ocurra a los aventureros con cuota de micrófono, poder y atención pública, sólo se puede votar lo que permite la ley y para cambiar de sistema de Estado, es imprescindible, no sólamente necesario hacer una nueva Constitución. El oportunismo y la improvisación de "los que no estaban de acuerdo" siempre nos ha traido, desde hace siglos, mucha sangre, quebrantos y miseria, a los españoles que nos hemos ido sucediendo a lo largo del tiempo.

Una sucesión de catastróficas desdichas


Sin duda, entre los más avezados, están los catalanistas que, inventándose  motivos para la secesión y la panoplia inepta que acompaña a su discurso, se han olvidado de que el origen de todas sus discrepancias con las instituciones españolas provienen de un problema dinástico, cuando apoyaron a la muerte de Carlos II la continuidad de los Hagsburgo, frente a la imposición por Luis XIV, el “Rey sol”, de su nieto Felipe de Anjou, que pasaría, tras la victoria correspondiente del ejército español y la derrota de los sublevados, no sólo catalanes, a ser el primero de la dinastía borbónica en España, afianzado legítimamente por el Tratado de Utrecht. Si Rafael Casanova, un patriota español y defensor de las aspiraciones legitimistas del Archiduque Carlos (que con el tiempo llegó a ser emperador de Alemania), levantara la cabeza se moría de vergüenza, ante el elenco degenerativo que dice hoy representar los intereses de Cataluña. Navarros y vascos mantienen hoy sus fueros por financiar a Felipe V, esta guerra ocasionó 1.250.000 muertos en Europa, más de medio millón en Francia, por tanto fue un conflicto europeo y no español.


Otros aventureros son los nacionalistas vascos, su conflicto con las instituciones españolas, fundamentalmente la Corona, son más recientes y se remontan al siglo XIX por una disputa entre los Borbones, cuando el legítimo sucesor al trono por la ley sálica vigente, Carlos María de Isidro, disputó con su hermano Fernando VII por la Corona de España, algo que por la pragmática sanción que se sacó de la manga, le concedió el trono a su hija, Isabel II. Si el  “tío Tomás” (Zumalacárregui) viera el despropósito de los últimos cincuenta años en su País Vasco querido, se suicidaba ante tanta impostura, miseria y depravación. Y no digo nada de aquellos que entonaban el Oriamendi antes de dejarse la vida en la batalla. Las guerras carlistas y la guerra civil que las sucedió, se saldaron con 400.000 muertos, en esta ocasión todos españoles.


Los nacionalismos en España son la farsa mejor urdida, desde que los fanáticos republicanos, de la segunda, que no de la primera, trataron de crear en España una colonia soviética, algo que no les pareció bien ni siquiera a los comunistas rusos, poco dispuestos a imperialismos a distancia y siempre ocupados de imponer orden en su tierra. Lo de Franco, fue otra degeneración y despropósito, reacción correspondiente a la degeneración anterior del poder y a las intrigas y propagandas urdidas para desestabilizar la Segunda República, por la luchas de poder entre los propios republicanos. La aventura de unos y otros le costó a este país 400.000 muertos españoles y cuarenta años de dictadura.


Les cuento esas cosas, porque tengo la sospecha de que nadie va a hacerlo. Todos estos conflictos bélicos le costaron la vida a más de millón y medio de españoles muertos, por los líos de los Borbones y los de los rojos contra los nacionales. Pero es importante decir, por lo que expondré a continuación, es que todos los que murieron fueron españoles y así se consideraban, los nacionalistas vascos y catalanes que murieron en la última guerra civil española, fueron una minoría, porque el peso de la guerra fue llevado por los comunistas y anarquistas, y en el bando nacional no había nacionalistas, había militares proclives a alguna suerte de fascismo, emergente en varias naciones europeas por la época. Pero todos eran españoles, los rojos y los nacionales.


Patriotismo no es nacionalismo


Y ahora voy al meollo de la cuestión, ¿cómo se puede ser tan imbécil para decir que existe un nacionalismo español, cuando la identidad española proviene de todos los españoles que se dejaron su sangre por defender en los últimos 300 años, unas causas u otras, pero siempre en el ámbito de España?


¿Se imaginan ustedes decirle a Hollande que es una nacionalista francés,  a Obama que es un nacionalista norteamericano o a Putin que es un nacionalista ruso, por defender a sus respectivas naciones? Lo más fascinante es que aquellos que no distinguen lo nomotético de lo idiográfico, se permiten dar lecciones a todos los demás sobre su atribulado papanatismo adanista, pensando que sólo por vivir en una democracia, tienen derecho a decir lo que les plazca y todo el mundo la obligación de aplaudirles


Para los "ilustrados" cultivados por el poder de turno en la inmersión y la LOGSE, les diré que cuando alguien defiende una nación constituida históricamente y reconocida internacionalmente, el término preciso para el concepto es el de patriota y no se habla de nacionalismo, sino de patriotismo, que es el amor a la patria y el sentimiento y conducta del patriota, para definir una cuestión de identidad y legitimidad sobrevenidas e imbrincadas. 


En España nunca ha habido nacionalistas españoles más que en 1808 cuando Napoleón decidió invadir este país y los padres de la primera Constitución española legitimaron que el único soberano de España como nación, poder enfrentado al absoluto de monarcas (o Repúblicas), era el pueblo español; esto acontecía en 1812, y hasta que el General Riego no obligó al rey Fernando VII a sancionarla vivimos en precariedad institucional, algo que a los tres años le costó la vida, cuando fue condenado a muerte por el felón Fernando VII. 

Rafael del Riego  arrastrado en un serón camino del patíbulo (1823)

Desde 1820, los únicos soberanos de la nación española somos el pueblo español, una entidad cambiante a lo largo del tiempo, porque se va sucediendo esta condición en todos los españoles con derecho a voto de cada época, pasando de padres a hijos y de estos a los nietos, exactamente igual que la Corona, por una cuestión muy sencilla, cuando se hizo la primera Constitución nuestros aliados eran los ingleses. que estaban realmente preocupados por los recientes acontecimientos ocurridos en el país vecino con la Revolución Francesa, y si nuestra primera Constitución hubiera sido republicana nos hubieran mandado a paseo y hoy, posiblemente,  seguiríamos hablando francés en este país.


En cuanto a los “episodios nacionales” defendidos desde el franquismo, nada que ver con la defensa de la nación, sino con los intereses de las fuerzas reaccionarias de este país, enfrentados a las fuerzas insurgentes que querían tomar el poder, y de hecho lo hicieron, contra la Constitución y contra la República, al asalto, derrocando estos últimos cualquier orden en la Segunda República y haciéndose y haciéndonos el harakiri, provocando la sublevación de los militares, que tomaron la decisión de dar un Golpe de Estado, nada infrecuente en nuestro país, pues en los últimos doscientos años, en grado de tentativa o consumación, se han producido más de 230, lo que nos ofrece más de uno por año, por si hubiera alguna duda en que en este país se ha cambiado de régimen con la vesania oportuna de los distintos actores, pero siempre bajo la misma condición, la de españoles.


La cuestión nacionalista


Nos queda la cuestión nacionalista, hoy pregonada desde Cataluña y el País Vasco, pero también desde Canarias, Baleares, Galicia o Andalucía.


Los nacionalismos sin Estado, son movimientos políticos residuales que provienen de los estertores del siglo XIX en Europa, nada que ver con una historia inventada de comunidades independientes previas, porque en este país, ha habido en muchos lugares comunidades independientes históricamente, por mencionar algunas, Asturias, Aragón, Granada, Navarra, León, Castilla, Valencia, entre otras, pero nunca ha habido una segregación ni de Cataluña, ni del País Vasco, ni por supuesto de Galicia (salvo que nos remontemos a los suevos), con algo que se parezca a una nacionalidad efectiva, hasta la Constitución de 1978, y menos con una secesión, prueba de ello es que el Golpe de Estado dado por Companys en Cataluña fue sofocado por el ejército de le Segunda República


Desde una perspectiva rigurosa, las "comunidades históricas" reconocidas en la actual Constitución, resulta que son, precisamente, las que menos historia independiente tienen entre las españolas, las más retrasadas en cuanto a mostrar su distinción del resto de las españolas, pero sin embargo las que han obtenido beneficios y privilegio para sus instituciones y ciudadanos, con una discriminación positiva evidente a lo largo de los  36 años que llevamos de supuesta democracia, gracias a los artilugios inconstitucionales que se inventaron los padres de la actual Constitución para no desagradar a nadie. 



Lo curioso es que las comunidades que realmente fueron independientes, Navarra, con una amplia historia de reino propio  que viene desde la batalla de las Navas de Tolosa, y foco de la legitimista rebelión carlista en el siglo XIX, o Asturias, dos veces independiente en los últimos dos siglos, una vez en 1808 para defender España y otra en 1934, por insurrección contra la República, hicieron el viaje al revés, hacia la unión con los demás españoles,  y no será por falta de historia independiente, porque desde los romanos, siempre ha existido en los pequeños paises del norte, una voluntad de no aceptar imposiciones de los invasores, de los reyes o del Estado. No obstante, desde que hay democracia o algo que se le parezca, y particularmente en lo que se refiere a Asturias, sólo ha visto declinar su singularidad, al mismo tiempo que sus ambiciones secesionistas prácticamente no han existido.

El diccionario de la RAE define nacionalismo con tres acepciones:

nacionalismo.

1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.

2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.

3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

La primera queda descartada para las “comunidades históricas” españolas porque nunca fueron naciones hasta ahora, sólo podría ser utilizada por aquellas comunidades que fueron naciones, reinos o entidades independientes, y por supuesto, aunque me parece extravagante (considero que patriotismo es más adecuado), en el caso de la nación española que si está constituida históricamente de forma legítima, la segunda es un ideología y la tercera una aspiración.


Contra los hechos diferenciales se sobreponen los hechos comunes, avalados por la historia, la legitimidad, las Constituciones de los últimos 200 años,  la ratificación histórica y las diversas instituciones, así como por la sangre derramada por todos los españoles de los distintos bandos en sus conflictos civiles, a lo largo de la historia, y también por los votos, cuando fue posible;  porque mal que les pese a algunos, tan español era Rafael Casanova, como Tomás Zumalacárregui (ambos, grandes patriotas españoles), y tan español era Azaña como Franco, y por supuesto tan españoles fueron los que murieron por defender una causa o su contraria. Esta es la versión que nunca les contarán a los jóvenes españoles, fundamentalmente a los que algunos espabilados utilizan como carne de cañón histórica para perpetuarse en el poder defendiendo sus peregrinas pretensiones, siempre acompañadas de beneficios y privilegios, diferenciales.


Porque si todos se han dispuesto a defender su particular historia, es hora de que alguien diga, alto y claro, que es el momento preciso de rendir homenaje los liberales que hicieron y proclamaron la primera Constitución Española en 1812 para que todos pudiéramos expresar en libertad nuestro parecer y con los que los españoles de cualquier época posterior mantenemos deuda histórica, por haber convertido a este pueblo en único soberano de la nación española, ante tantos mequetrefes que sólo miran por sus particulares intereses egoístas y sectarios. 

España siempre ha sido, históricamente, la patria de los conflictos y las reconciliaciones entre sus habitantes, ninguna nación del mundo ha superado tantas confrontaciones continuadas, entre los que dicen una cosa y la contraria. Parece que ser español no es una condición que admite la paz, más bien creo que hay muchos que desde el poder se benefician de que estemos permanentemente en conflicto, que es la mejor forma de que no les exijamos que rindan cuentas por lo que han hecho o dejado de hacer, eso sí que es español, que nos engañen desde el poder sin interrupción, para expoliarnos después, porque nosotros, los españoles de todas las épocas,  hemos puesto el dinero y los muertos, para que su imposición pudiera realizarse, porque todos los poderes en la historia de nuestro país, no son más que consecuencia de una imposición, unas veces con más engaños y otras con menos engaños. 

Van siendo necesarios muchos cambios en la política de este país, pero la razón nos ha debido acostumbrar a que sean sosegados y en libertad. Ser español nunca ha sido fácil; precisamente, la convivencia en conflicto ha sido una constante en nuestra historia por diversos motivos, porque siempre se acaban encontrando si se buscan, pero eso en lo único que ha beneficiado a los españoles es en haberles retrasado permanentemente un par de siglos, hasta comienzos del siglo XIX, viviendo y reviviendo décadas ominosas, porque todos los poderes reaccionarios o sus réplicas insurgentes, interesados en conservar o procurarse privilegios, se han empeñado en que nunca vayamos con el siglo como los demás europeos, sino con uno o dos por detrás.


Enrique Suárez

martes, 3 de junio de 2014

Adios a la Tercera Républica


No me cansaré de repetir que el poder y la política sólo tienen una relación parcial y relativa, aunque la mayoría de los ciudadanos piensen que es absoluta, no es así. El poder se ciñe siempre a la realidad, a lo que se hace,  mientras que la política puede deambular entre lo que se dice (la mayoría de las veces) o lo que se hace, en menos ocasiones.

Hoy ha abdicado Juan Carlos I tras 39 años de reinado, le sucederá en el trono su hijo Felipe, que reinará con el nombre de Felipe VI. A pesar de lo que algunos piensen estos hechos nada tienen que ver con la política, sino con el poder y el error que cometen algunos, pensando que debería hacerse un referéndum para decidir si el sistema de Estado es monarquía o república, es semejante a la pretensión inconstitucional de realizar un referéndum en Cataluña para establecer, la secesión de esta comunidad de la nación española.

Es necesario reseñar que ni los republicanos desde la calle, ni los secesionistas desde las instituciones autonómicas –que sólo son representativas del Estado y nada tienen que ver con la nación- carecen de la atribución legítima para convocar referenda. Los plebiscitos pueden ser decididos por el Gobierno en casos especiales, en los que sea necesario consultar directamente a la fuente original de legitimación del poder que en España es la nación, es decir la reunión de todos los españoles, del pueblo español. 

En España se han hecho diversos referenda, los más conocidos han sido para aprobar la Constitución de 1978 y el convocado para permanecer en la OTAN en 1986, hubo otro para aprobar la fallida Constitución Europea en 2005, que resultó vetada por Francia. 

La ignorancia de la inmensa mayoría de los que acuden a las convocatorias para reclamar un referéndum que dirima si el sistema de Estado que los españoles queremos es Monarquía o República, unido a la malevolencia de los agitadores que deberían saber que eso es ilegal e imposible en el actual sistema constitucional español, aunque les permita recolectar apoyos a sus causas engañando a la gente, puede derivar en la falsa idea de que el proceso sucesorio es ilegal, cuando en realidad lo ilegal es el procedimiento que proponen los que protestan.

En España no se puede hacer un referéndum para decidir si queremos una República o una Monarquía, porque la Constitución no lo ampara, lo que si puede hacerse en caso de que fuera convocado por el Gobierno es abrir un periodo de Libertad Constituyente y elaborar una nueva Constitución republicana, que entonces sí podría ser sometida a referéndum y si fuera aprobada por la mayoría de los españoles, entonces el sistema de Estado debería cambiar.

La izquierda más radical de este país en compañía de los nacionalismos más extremistas no tiene otros objetivos que cuestionar la legalidad existente, e incluso la fuente de legitimación original de este país que no es otra que la nación española, es decir el pueblo español reunido, que se expresa en referéndum cuando corresponde y no cuando le parece a los ilegales de turno. No hay ninguna vía legítima para convocar un referéndum que exclusivamente se ocupara del sistema de Estado, como no la hay para establecer la secesión de una autonomía o las cosas que se le hayan ocurrido a los iluminados electores. No es posible  que profesores de ciencia política como los incluidos en el partido político PODEMOS desconozcan esta cuestión, el artículo 92 de la Constitución Española de 1978, tampoco pienso que en IU no haya alguien que le diga a Cayo Lara que eso no es viable, ni por supuesto en todos los partidos nacionalistas radicales, que llevan años tratando de subvertir la Constitución. Por tanto, sabiendo que lo que piden es imposible legal y legítimamente, la única finalidad que pretenden es la agitación y propaganda para utilizar la causa de la república para atraer descontentos a sus formaciones, con un engaño bien urdido.

En la barbaridad que proponen los republicanos de todo a cien y las banderas tricolores, el Rey tendría que convocar un referendum para decidir el cambio de sistema de Estado, a instancias del Gobierno, (algo que no puede hacer con la actual Constitución, puesto que como Jefe de Estado no puede hacerlo por ley) y aún así,  en el hipotético caso de que se decidiera un cambio de sistema de Estado con los votos de la mayoría de los españoles, nos quedaríamos sin Constitución, porque la actual no serviría para nada. Es decir todo el Estado de Derecho se quedaría deslegitimado, la Constitución debería ser derogada, pero como el Rey ya no sería Jefe de Estado no habría nadie para hacerlo de forma legítima y entraríamos en un periodo de anarquía.  

No me extraña el cabreo que se ha pillado D. Antonio García-Trevijano, la voz más cualificada de este país para hablar de la República, autor de un libro imprescindible: “Teoría Pura de la República” y dirigente del Movimiento de los Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC), que lleva más de 45 años luchando para que España sea una República, ciscarse en todos los impostores y usurpadores, que utilizan la República como arma arrojadiza contra la Monarquía que detestan, sin importarles siquiera si eso es bueno o malo para la creación de una República en España. 

Flaco favor le hacen a la República, adhiriéndola a los presupuestos del comunismo, el socialismo bolivariano o el secesionismo en España, salvo que pretendan fortalecer a la Monarquía, simulando que quieren una República, porque lo que está claro es que los españoles no están dispuestos a renunciar a su libertad, para concederle a los que quieren reducírsela o quitársela, la oportunidad de que puedan hacer lo que bien les parezca, por muchos votos que obtengan, a esta gente se le ha olvidado que estamos en una democracia.

Los votos que puedan obtener sólo sirven para cumplir las leyes que existen, para cambiar las leyes tendrían que ser mayoría, y con las trampas, intoxicaciones y extorsiones a la libertad, en nombre de la democracia y a su pesar, no creo que lo logren jamás.  Por eso comprendo a D. Antonio García-Trevijano cuando dice que desde el punto de vista político, toda esta patulea republicana, son “gentuza”, advenedizos, farsantes, charlatanes, que utilizan la retórica para alcanzar el poder y los privilegios y beneficios que le acompañan, diciendo aquello que la gente quiere oir, aunque sepan que es imposible lo que proponen.

Enrique Suárez


sábado, 31 de mayo de 2014

Podemos desenmascararte, Pablo Iglesias


"Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos.” William Shakespeare


Había pensado que podías ser una alternativa a la política de la casta que nos asola, te había concedido quince días para que demostraras que no formabas parte de ella, lo de que fueras un soplo de libertad con las ideas que defiendes me costaba asumirlo, pero se ha acabado la tregua, Pablo Iglesias, en nombre de la democracia voy a denunciarte ante los ciudadanos de este país, porque sé lo que hiciste.

Comenzaré por algo que ha pasado desapercibido para los medios tras la victoria del nuevo partido  (o ha sido ocultado), tu participación en la elección de Sánchez Gordillo como portavoz nacional de CUT-BAI, en compañía de otros demócratas reconocidos de este país como son Xose Manuel Beiras, líder de ANOVA, David Fernández, líder de CUP, Sabino Cuadra, líder de AMAIUR, Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda, posiblemente subvencionado por Nicolás Maduro y antes por Hugo Chávez, y Diego Cañamero, líder del SAT, y de las marchas de la dignidad del 22-M. Tu presencia en esta foto nos muestra quienes son tus aliados.

Bajo el lema: “Andalucía no es España” se produjo vuestra reunión el 19 de enero de 2014 en Sevilla para fraguar la operación PODEMOS y luego vinieron Las Marchas de la Dignidad del 22-M, la movilización de las conciencias, la violencia organizada para crear ambiente, los “dos millones” de asistentes a la toma de Madrid, que al final fueron 50.000 según El País (algo que después atribuyó a la Delegación de Gobierno, que en realidad había dicho que eran 36.000 los asistentes), con sólo 2.000 peregrinos  que hicieron la marcha desde todos los lugares. Siguiendo las enseñanzas de Trotsky: “caminar separados y golpear juntos”, habéis logrado cinco eurodiputados, que representan los intereses de ETA, el independentismo catalán, el gallego, y además, el andaluz.

Pablo Iglesias, todo organizado con precisión estalinista, hasta los últimos detalles, para recoger la indignación de los españoles con la casta, y al mismo tiempo, para representar la protesta de este país, pero desde un simulacro de espontaneidad, al descuido, has logrado convencer a algunos cientos de miles de españoles pareciendo que habías salido de la misma nada, cuando todo estaba pergeñado, tramado, y subvencionado. 

Los medios de comunicación te auparon al estrellato, posiblemente sufragado con nuestros impuestos, a través de las formaciones que representas que reciben el dinero por su representación política, más la ayuda recibida de Venezuela, casualmente el país más corrupto de América, uno de los cinco más corruptos del mundo (fuente Transparency International), supongo que la campaña te habrá debido costar una pasta. Las redes sociales manipuladas por toda la gente que cobra del erario público en los partidos independentistas y secciones bolivarianas de la izquierda, organizadas por profesionales de la ciencia política que están en tu grupo, hizo el resto. La casta permisiva, con este chico de la coleta, que entretiene al personal mientras todos trincamos, supongo que habrá dicho: déjalo, que luego lo utilizaremos de chivo expiatorio y además nos trae votos que se quedarían en la abstención. El diseño mercadotécnico funcionó, enmascarado de Robin Hood mediático, para embaucar a los ingenuos que pensaban que apoyaban un cambio en la política de este país, y en realidad, venían a apoyar el más de lo mismo.

Pablo Iglesias, tus votos son los de AMAIUR, ANOVA, CUP y todas las facciones de la extrema izquierda de este país reunidas, has logrado congregar a lo mejor del totalitarismo bolivariano con lo mejor de los nacionalismos antiespañoles, convirtiendo en votantes a los más disidentes, creando una falsa esperanza de revolución, cuando todo sigue atado y bien atado. 

Te felicito por ello, ya eres el líder de lo que detestamos la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país, junto con la casta que nos ha masacrado, representas a los principales enemigos de la democracia, la libertad y la justicia,  ahora lo haces en Europa, para convertirte en portavoz de los antiespañoles, que utilizan la democracia para imponer sus sectarias aspiraciones contra la inmensa mayoría de los ciudadanos hartos de todos vuestros juegos y rapiñas, tanto como de los de la casta a la que decís que os enfrentáis (y que en realidad os cultiva, para institucionalizar la protesta), mientras los españoles, esquilmados, seguimos pagando la farsa política de todos vosotros.

Enhorabuena Pablo Iglesias, ya formas parte de la casta, porque en este país, nadie ha engañado a tanta gente en tan poco tiempo, desde que Felipe González nos dijo que había que entrar en la OTAN desde su antimilitarismo convencido, Zapatero que no había crisis y Rajoy, que iba a bajar los impuestos.

Enrique Suárez


lunes, 13 de mayo de 2013

¿Por qué se consiente un apartheid en Cataluña y el País Vasco?


Una de las cosas más curiosas de este país es que los españoles estemos expuestos a modelos de racismo discreto, impuestos por los nacionalismos más beligerantes de este país, sin que a nadie parezca importarle.

La demostración de la existencia de un Apartheid de ciudadanos españoles en Cataluña y País Vascos es sencilla. La expongo a continuación.

Mientras que la mayoría de los ciudadanos de las cuatro provincias catalanas y las tres vascas tienen apellidos de origen español, no ocurre así con los miembros de sus gobiernos que están plagados de apellidos catalanes y vascos, ni por supuesto tampoco con los altos cargos que ocupan las instituciones públicas de estas comunidades.

¿Por qué se consiente en la España del siglo XXI un apartheid en el País Vasco y Cataluña? Es una pregunta que deberíamos hacernos todos los españoles, los de País Vasco y Cataluña también.

Enrique Suárez

domingo, 21 de abril de 2013

Reflexiones sobre soberanía y autonomía



"Una nación es un resultado, nunca un propósito" Max Weber

Los problemas políticos que acucian el porvenir de la nación española no provienen de realidades disgregadoras o sensibilidades confrontadas, sino más bien de la ignorancia irredenta de los interlocutores que han establecido el mapa cognitivo de la realidad en función de sus emociones e intereses y no de la razón necesaria y suficiente, para alcanzar un lenguaje compartido. El error, la confusión, la mentira y las ilusiones han contribuido a crear un escenario imposible para el acuerdo y la superación de las disquisiciones. El problema entre España y Cataluña o España y el País Vasco, antes que cualquier motivación real, tiene un origen semántico.

Los nacionalismos catalán o vasco, tienen entre sus aspiraciones crear en Cataluña o Euskadi nuevas naciones, cometen un grave error de partida: para ser naciones, deben suprimir la existencia de la nación española y al mismo tiempo,  la pertenencia histórica de sus comunidades a la nación española. Si la segunda es extremadamente difícil, la primera es imposible sin el concurso de todos los españoles en un referendum.

En el ideario nacionalista catalán o vasco, ser españoles es una imposición obligada por la fuerza de una nación fuerte sobre naciones débiles, sin duda un colonialismo. Difícil aventura la que se proponen, cuando en la historia de España no hay espacio, ni tiempo desde hace muchos siglos en que Cataluña o Euskadi hayan sido algo diferente a lo que España representa. 

La pregunta que debemos hacernos los españoles es la siguiente, ¿si para catalanes y vascos ser españoles es una imposición, ¿qué sería entonces para los españoles dejar de serlo porque se les antojara a una minoría estridente formada por unos vendedores de humo y coacciones interesadas?. ¿Acaso ser vasco o catalán concede más derechos  que a cualquier otro español para poder determinar lo que los españoles debemos ser para que los secesionistas se sientan felices?

Por la misma razón, los gitanos, los rumanos, los ecuatorianos, los marroquíes  o los alemanes o ingleses que habitan en nuestro país, o cualquier comunidad del facebook, o los jugadores de petanca, o de mus, podrían declararse naciones independientes, posiblemente con muchos más motivos y crear un Estado plasmático implantado en ningún sitio, dentro de la confederación del País de Nunca Jamás que se quieren inventar los guionistas del futuro a la carta de sus privilegios. ¿O tienen acaso menos derecho cualquiera de ellos que los catalanes y vascos?

Enrique Suárez

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