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lunes, 7 de julio de 2014

Cien libros para el siglo XXI (020)







Discurso Preliminar a la Constitución de 1812. Agustín Argüelles (020)

En esta ocasión no quiero ser ecuánime, porque considero al liberal asturiano D. Agustín Argüelles la figura más importante de la política española en los últimos doscientos años, entre otras muchos motivos por haber sido el principal artífice para  que los españoles seamos hoy soberanos de la nación española.

Cuentan que D. Agustín, hombre discreto, sobrio y templado, de verbo inolvidable y ademanes exquisitos, salió extraordinariamente atribulado del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz prorrumpiendo estas palabras para la historia: “españoles, ya tenéis una nación”,  estos hechos acontecían un 19 de marzo de 1812. Los españoles teníamos una nación por entonces, pero de España sólo quedaba Cádiz libre, estábamos en la vorágine de la guerra de la independencia contra los franceses, las tropas napoleónicas que habían invadido nuestro país, para iniciar la dinastía bonapartista en España. No sin antes haber sido traicionados por Carlos IV, Fernando VII y Godoy firmando el Estatuto de Bayona, con la felonía de que el sucesor legítimo, había pedido la adopción de Napoleón para no perder sus privilegios.

Muchos son los que han reflexionado sobre las razones para no haber propuesto un sistema de estado republicano en vez de monárquico, los conservadores dijeron que para evitar la resistencia de los absolutistas moderados, la nobleza y el clero, pero más bien la razón debió ser que los británicos, que a la sazón eran nuestros aliados, no hubieran visto con buenos ojos otro experimento republicano en la Europa de comienzos del siglo XIX. Por eso nuestra primera Constitución nació con altar y trono, pero con una nación soberana que residía en el pueblo español.

Y no fue hasta 1820, cuando otro asturiano, el general D. Rafael del Riego tras pronunciar su proclama en Cabezas de San Juan, logró que el felón Fernando VII sancionara la Constitución, único requisito para que lograra plena vigencia. Sin embargo, tras el trienio liberal, el mismo general que fue aclamado por someter al Rey y hacer definitivamente a los españoles soberanos de su nación, fue vituperado por el gentío, llevado en un serón a la horca en la Plaza de la Cebada, donde fue colgado el 7 de noviembre de 1823, tras una campaña de difamación urdida por Fernando VII, poco antes de que una alianza europea formada por los cien mil hijos de San Luis, derrocara al gobierno liberal, permitiendo la llegada de la década ominosa donde los liberales fueron perseguidos, vilipendiados, encarcelados, deportados y ajusticiados.

D. Agustín se exilió en Londres, y no regreso a España hasta la muerte del déspota Fernando VII en 1834. Fue elegido diputado por Asturias y Baldomero Espartero, tras haberle derrotado en Las Cortes para acometer la regencia de España, no tuvo mejor idea que elegirlo como preceptor de la hija de Fernando VII, que posteriormente sería reina con el nombre de Isabel II, dando lugar esta elección a las guerras carlistas por “la pragmática sanción” que anulaba la ley sálica que daba preferencia a los varones vivos sobre las mujeres.


De este tiempo es la anécdota que, en mi criterio, mejor refleja y con más donosura el talante de D. Agustín, varios meses después de haber sido designado preceptor de Isabel II, escribió al Presidente del Gobierno para recordarle que él no era de alta cuna y que nadie se había acordado de asignarle un sueldo, a lo que  su  interlocutor, no recuerdo si Mendizabal o Istúriz, respondió: “pero D. Agustín, ¿cómo no lo dijo usted antes?, le asignamos 180.000 reales de pensión”, pocos días después, el Presidente del Consejo de Ministros recibió una breve carta que decía: “muy agradecido por su diligencia, pero tras hacer los cálculos pertinentes, creo que con 90.000 reales que es la mitad de su asignación podré arreglarme, dedique usted la diferencia a alguna de las muchas causas que este país tiene pendientes”. Creo que es el único caso en la historia de España en que un político decidió bajarse por sí mismo el sueldo a la mitad de lo que le habían asignado.

El pueblo de Madrid quería  a D. Agustín, tal vez por eso asistieron a su funeral más madrileños que lo hicieron a las exequias de algún monarca español un día de 1844. Como nos recuerda, Jorge Vilches, en su obituario, Corradi insistió en que había muerto "pobre, pobre, sin más riqueza que una conciencia intachable", aunque terminó con estas líneas becquerianas: "Le veo, sí, le veo levantarse de ese ataúd, y oigo una voz elocuente encomendar a nuestra custodia y defensa la gran obra de la libertad y de la independencia española"

Los españoles no le debemos a D. Agustín la libertad, siempre nos la deberemos a nosotros mismos, pero sí la soberanía del pueblo español sobre reyes y repúblicas,  y fundamentalmente sobre esos políticos que nunca comprendieron que, como establece la ley, nadie puede estar por encima del pueblo español, ningún poder, ninguna institución, ninguna ley, podrá estar jamás por encima del  pueblo español, que es el auténtico soberano y legitimador, desde entonces, de todo lo que acontece en el poder y la política de este país, doscientos años de soberanía siempre asediada por los poderosos.

Se adjuntan diversos enlaces al Discurso Preliminar a la Constitución de 1812 y algunas reseñas biográficas de Agustín Argüelles, sin duda el auténtico padre del constitucionalismo español.

Enrique Suárez
 





martes, 10 de junio de 2014

Algunas precisiones semánticas sobre la identidad española





"Creo que la política no se hace con sentimientos sino con virtudes, y como no tenemos éstas, poco adelantamos."  Benito Pérez Galdós

En los épicos tiempos de elogio a la memez y la estulticia (no son sinónimos, porque el estúpido, además de tonto es necio) que nos corresponden vivir a las cohortes de españoles que pagamos impuestos, para sufragar las vidas y obras de esta degenerada representación política que nos hemos concedido, según nuestros representantes democráticamente y según la mayoría de españoles que no les hemos brindado nuestro apoyo (58 %) en las últimas elecciones, en prodigio de demagogia, desfachatez e impostura; se puede decir alto y claro, que en este país no cabe un tonto más, a los que teníamos antes formando el elenco de la casta se acaban de sumar ahora los aspirantes a sustituirlos a cualquier precio, en los que no son pocos aquellos que defienden la celebración de un referéndum inconstitucional, y por lo tanto, antidemocrático, para elegir entre República y Monarquía, cuando de nada serviría por ser ilegítimo e ilegal, tanto como el propuesto por los catalanistas para la secesión de Cataluña. 

En una democracia no se puede votar todo lo que se le ocurra a los aventureros con cuota de micrófono, poder y atención pública, sólo se puede votar lo que permite la ley y para cambiar de sistema de Estado, es imprescindible, no sólamente necesario hacer una nueva Constitución. El oportunismo y la improvisación de "los que no estaban de acuerdo" siempre nos ha traido, desde hace siglos, mucha sangre, quebrantos y miseria, a los españoles que nos hemos ido sucediendo a lo largo del tiempo.

Una sucesión de catastróficas desdichas


Sin duda, entre los más avezados, están los catalanistas que, inventándose  motivos para la secesión y la panoplia inepta que acompaña a su discurso, se han olvidado de que el origen de todas sus discrepancias con las instituciones españolas provienen de un problema dinástico, cuando apoyaron a la muerte de Carlos II la continuidad de los Hagsburgo, frente a la imposición por Luis XIV, el “Rey sol”, de su nieto Felipe de Anjou, que pasaría, tras la victoria correspondiente del ejército español y la derrota de los sublevados, no sólo catalanes, a ser el primero de la dinastía borbónica en España, afianzado legítimamente por el Tratado de Utrecht. Si Rafael Casanova, un patriota español y defensor de las aspiraciones legitimistas del Archiduque Carlos (que con el tiempo llegó a ser emperador de Alemania), levantara la cabeza se moría de vergüenza, ante el elenco degenerativo que dice hoy representar los intereses de Cataluña. Navarros y vascos mantienen hoy sus fueros por financiar a Felipe V, esta guerra ocasionó 1.250.000 muertos en Europa, más de medio millón en Francia, por tanto fue un conflicto europeo y no español.


Otros aventureros son los nacionalistas vascos, su conflicto con las instituciones españolas, fundamentalmente la Corona, son más recientes y se remontan al siglo XIX por una disputa entre los Borbones, cuando el legítimo sucesor al trono por la ley sálica vigente, Carlos María de Isidro, disputó con su hermano Fernando VII por la Corona de España, algo que por la pragmática sanción que se sacó de la manga, le concedió el trono a su hija, Isabel II. Si el  “tío Tomás” (Zumalacárregui) viera el despropósito de los últimos cincuenta años en su País Vasco querido, se suicidaba ante tanta impostura, miseria y depravación. Y no digo nada de aquellos que entonaban el Oriamendi antes de dejarse la vida en la batalla. Las guerras carlistas y la guerra civil que las sucedió, se saldaron con 400.000 muertos, en esta ocasión todos españoles.


Los nacionalismos en España son la farsa mejor urdida, desde que los fanáticos republicanos, de la segunda, que no de la primera, trataron de crear en España una colonia soviética, algo que no les pareció bien ni siquiera a los comunistas rusos, poco dispuestos a imperialismos a distancia y siempre ocupados de imponer orden en su tierra. Lo de Franco, fue otra degeneración y despropósito, reacción correspondiente a la degeneración anterior del poder y a las intrigas y propagandas urdidas para desestabilizar la Segunda República, por la luchas de poder entre los propios republicanos. La aventura de unos y otros le costó a este país 400.000 muertos españoles y cuarenta años de dictadura.


Les cuento esas cosas, porque tengo la sospecha de que nadie va a hacerlo. Todos estos conflictos bélicos le costaron la vida a más de millón y medio de españoles muertos, por los líos de los Borbones y los de los rojos contra los nacionales. Pero es importante decir, por lo que expondré a continuación, es que todos los que murieron fueron españoles y así se consideraban, los nacionalistas vascos y catalanes que murieron en la última guerra civil española, fueron una minoría, porque el peso de la guerra fue llevado por los comunistas y anarquistas, y en el bando nacional no había nacionalistas, había militares proclives a alguna suerte de fascismo, emergente en varias naciones europeas por la época. Pero todos eran españoles, los rojos y los nacionales.


Patriotismo no es nacionalismo


Y ahora voy al meollo de la cuestión, ¿cómo se puede ser tan imbécil para decir que existe un nacionalismo español, cuando la identidad española proviene de todos los españoles que se dejaron su sangre por defender en los últimos 300 años, unas causas u otras, pero siempre en el ámbito de España?


¿Se imaginan ustedes decirle a Hollande que es una nacionalista francés,  a Obama que es un nacionalista norteamericano o a Putin que es un nacionalista ruso, por defender a sus respectivas naciones? Lo más fascinante es que aquellos que no distinguen lo nomotético de lo idiográfico, se permiten dar lecciones a todos los demás sobre su atribulado papanatismo adanista, pensando que sólo por vivir en una democracia, tienen derecho a decir lo que les plazca y todo el mundo la obligación de aplaudirles


Para los "ilustrados" cultivados por el poder de turno en la inmersión y la LOGSE, les diré que cuando alguien defiende una nación constituida históricamente y reconocida internacionalmente, el término preciso para el concepto es el de patriota y no se habla de nacionalismo, sino de patriotismo, que es el amor a la patria y el sentimiento y conducta del patriota, para definir una cuestión de identidad y legitimidad sobrevenidas e imbrincadas. 


En España nunca ha habido nacionalistas españoles más que en 1808 cuando Napoleón decidió invadir este país y los padres de la primera Constitución española legitimaron que el único soberano de España como nación, poder enfrentado al absoluto de monarcas (o Repúblicas), era el pueblo español; esto acontecía en 1812, y hasta que el General Riego no obligó al rey Fernando VII a sancionarla vivimos en precariedad institucional, algo que a los tres años le costó la vida, cuando fue condenado a muerte por el felón Fernando VII. 

Rafael del Riego  arrastrado en un serón camino del patíbulo (1823)

Desde 1820, los únicos soberanos de la nación española somos el pueblo español, una entidad cambiante a lo largo del tiempo, porque se va sucediendo esta condición en todos los españoles con derecho a voto de cada época, pasando de padres a hijos y de estos a los nietos, exactamente igual que la Corona, por una cuestión muy sencilla, cuando se hizo la primera Constitución nuestros aliados eran los ingleses. que estaban realmente preocupados por los recientes acontecimientos ocurridos en el país vecino con la Revolución Francesa, y si nuestra primera Constitución hubiera sido republicana nos hubieran mandado a paseo y hoy, posiblemente,  seguiríamos hablando francés en este país.


En cuanto a los “episodios nacionales” defendidos desde el franquismo, nada que ver con la defensa de la nación, sino con los intereses de las fuerzas reaccionarias de este país, enfrentados a las fuerzas insurgentes que querían tomar el poder, y de hecho lo hicieron, contra la Constitución y contra la República, al asalto, derrocando estos últimos cualquier orden en la Segunda República y haciéndose y haciéndonos el harakiri, provocando la sublevación de los militares, que tomaron la decisión de dar un Golpe de Estado, nada infrecuente en nuestro país, pues en los últimos doscientos años, en grado de tentativa o consumación, se han producido más de 230, lo que nos ofrece más de uno por año, por si hubiera alguna duda en que en este país se ha cambiado de régimen con la vesania oportuna de los distintos actores, pero siempre bajo la misma condición, la de españoles.


La cuestión nacionalista


Nos queda la cuestión nacionalista, hoy pregonada desde Cataluña y el País Vasco, pero también desde Canarias, Baleares, Galicia o Andalucía.


Los nacionalismos sin Estado, son movimientos políticos residuales que provienen de los estertores del siglo XIX en Europa, nada que ver con una historia inventada de comunidades independientes previas, porque en este país, ha habido en muchos lugares comunidades independientes históricamente, por mencionar algunas, Asturias, Aragón, Granada, Navarra, León, Castilla, Valencia, entre otras, pero nunca ha habido una segregación ni de Cataluña, ni del País Vasco, ni por supuesto de Galicia (salvo que nos remontemos a los suevos), con algo que se parezca a una nacionalidad efectiva, hasta la Constitución de 1978, y menos con una secesión, prueba de ello es que el Golpe de Estado dado por Companys en Cataluña fue sofocado por el ejército de le Segunda República


Desde una perspectiva rigurosa, las "comunidades históricas" reconocidas en la actual Constitución, resulta que son, precisamente, las que menos historia independiente tienen entre las españolas, las más retrasadas en cuanto a mostrar su distinción del resto de las españolas, pero sin embargo las que han obtenido beneficios y privilegio para sus instituciones y ciudadanos, con una discriminación positiva evidente a lo largo de los  36 años que llevamos de supuesta democracia, gracias a los artilugios inconstitucionales que se inventaron los padres de la actual Constitución para no desagradar a nadie. 



Lo curioso es que las comunidades que realmente fueron independientes, Navarra, con una amplia historia de reino propio  que viene desde la batalla de las Navas de Tolosa, y foco de la legitimista rebelión carlista en el siglo XIX, o Asturias, dos veces independiente en los últimos dos siglos, una vez en 1808 para defender España y otra en 1934, por insurrección contra la República, hicieron el viaje al revés, hacia la unión con los demás españoles,  y no será por falta de historia independiente, porque desde los romanos, siempre ha existido en los pequeños paises del norte, una voluntad de no aceptar imposiciones de los invasores, de los reyes o del Estado. No obstante, desde que hay democracia o algo que se le parezca, y particularmente en lo que se refiere a Asturias, sólo ha visto declinar su singularidad, al mismo tiempo que sus ambiciones secesionistas prácticamente no han existido.

El diccionario de la RAE define nacionalismo con tres acepciones:

nacionalismo.

1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.

2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.

3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

La primera queda descartada para las “comunidades históricas” españolas porque nunca fueron naciones hasta ahora, sólo podría ser utilizada por aquellas comunidades que fueron naciones, reinos o entidades independientes, y por supuesto, aunque me parece extravagante (considero que patriotismo es más adecuado), en el caso de la nación española que si está constituida históricamente de forma legítima, la segunda es un ideología y la tercera una aspiración.


Contra los hechos diferenciales se sobreponen los hechos comunes, avalados por la historia, la legitimidad, las Constituciones de los últimos 200 años,  la ratificación histórica y las diversas instituciones, así como por la sangre derramada por todos los españoles de los distintos bandos en sus conflictos civiles, a lo largo de la historia, y también por los votos, cuando fue posible;  porque mal que les pese a algunos, tan español era Rafael Casanova, como Tomás Zumalacárregui (ambos, grandes patriotas españoles), y tan español era Azaña como Franco, y por supuesto tan españoles fueron los que murieron por defender una causa o su contraria. Esta es la versión que nunca les contarán a los jóvenes españoles, fundamentalmente a los que algunos espabilados utilizan como carne de cañón histórica para perpetuarse en el poder defendiendo sus peregrinas pretensiones, siempre acompañadas de beneficios y privilegios, diferenciales.


Porque si todos se han dispuesto a defender su particular historia, es hora de que alguien diga, alto y claro, que es el momento preciso de rendir homenaje los liberales que hicieron y proclamaron la primera Constitución Española en 1812 para que todos pudiéramos expresar en libertad nuestro parecer y con los que los españoles de cualquier época posterior mantenemos deuda histórica, por haber convertido a este pueblo en único soberano de la nación española, ante tantos mequetrefes que sólo miran por sus particulares intereses egoístas y sectarios. 

España siempre ha sido, históricamente, la patria de los conflictos y las reconciliaciones entre sus habitantes, ninguna nación del mundo ha superado tantas confrontaciones continuadas, entre los que dicen una cosa y la contraria. Parece que ser español no es una condición que admite la paz, más bien creo que hay muchos que desde el poder se benefician de que estemos permanentemente en conflicto, que es la mejor forma de que no les exijamos que rindan cuentas por lo que han hecho o dejado de hacer, eso sí que es español, que nos engañen desde el poder sin interrupción, para expoliarnos después, porque nosotros, los españoles de todas las épocas,  hemos puesto el dinero y los muertos, para que su imposición pudiera realizarse, porque todos los poderes en la historia de nuestro país, no son más que consecuencia de una imposición, unas veces con más engaños y otras con menos engaños. 

Van siendo necesarios muchos cambios en la política de este país, pero la razón nos ha debido acostumbrar a que sean sosegados y en libertad. Ser español nunca ha sido fácil; precisamente, la convivencia en conflicto ha sido una constante en nuestra historia por diversos motivos, porque siempre se acaban encontrando si se buscan, pero eso en lo único que ha beneficiado a los españoles es en haberles retrasado permanentemente un par de siglos, hasta comienzos del siglo XIX, viviendo y reviviendo décadas ominosas, porque todos los poderes reaccionarios o sus réplicas insurgentes, interesados en conservar o procurarse privilegios, se han empeñado en que nunca vayamos con el siglo como los demás europeos, sino con uno o dos por detrás.


Enrique Suárez

viernes, 30 de mayo de 2014

Carta de un liberal a Pablo Iglesias



"La mayor amenaza a nuestra democracia no viene de aquellos que abiertamente se oponen a nosotros, sino de aquellos que lo hacen en silencio junto a nosotros." Thomas Paine

Pues ya ves cómo están las cosas, no han pasado tres días desde que le partiste la cara a la casta con la izquierda y cinco puñetazos europeos y ya te has convertido en el chivo expiatorio de todos los problemas de este país. Sabrás, Pablo, que el poder en España es un coto cerrado de la casta desde hace siglos, que en este país todos los intentos de derrocar el régimen que se ríe de los ciudadanos desde el poder han resultado baldíos, fundamentalmente desde 1812 cuando unos cuantos liberales se empeñaron en crear una nación soberana que desplazara para siempre el poder absoluto del monarca. Algo que aquel felón que era Fernando VII no aceptó amablemente, a pesar de haber vendido su alma a Napoleón, rogándole que lo adoptara, traicionando a los españoles, mientras los españoles se dejaban las vidas por defender a su patria y su orden, ante los invasores. Desde Felipe V hasta Juan Carlos I, con la excepción de Carlos III, no ha habido un Borbón del que los españoles nos podamos sentir orgullosos.

Para que tuviéramos una Constitución legítima pasaron ocho años todavía, hasta que en 1820, otro liberal, el General Riego decidió lanzar su proclama desde Cabezas de San Juan, negándose a partir con sus tropas para defender las tierras hispanas de América, lo que trajo como consecuencia que el Rey sancionara “La Pepa” y los españoles fuéramos definitivamente súbditos de nosotros mismos y al mismo tiempo, que las colonias americanas se rebelaran y declararan independientes, muchas de ellas gracias a los liberales que habitaban aquellas tierras. No duró mucho la alegría, porque en 1823, el pueblo que aclamó a Riego por imponer  Fernando VII la Constitución de 1812, venía a ser el mismo que aclamaba a Fernando VII por ahorcar a Riego en la Plaza de la Cebada de Madrid el 7 de noviembre de 1823. Luego vino un nuevo ejército invasor, formado por las potencias europeas, los cien mil hijos de San Luis, y le devolvieron al Rey el poder absoluto, para que se pasara la década ominosa cargándose a los liberales que habían hecho posible nuestra primera Constitución.

Desde entonces ocurrieron muchas cosas, pero siempre han sido una réplica de aquella década ominosa, las formas de suplantar la voluntad popular han sido numerosas, no hay nación en el mundo que haya tenido más de un golpe de Estado por año de media durante los dos últimos siglos, que haya visto pactos entre las facciones que detentan el poder, desde los Pactos del Pardo y el turnismo, hasta los actuales intentos de congregación que buscan grandes coaliciones entre los partidos que han gobernado este país durante los últimos 30 años; no hay país que haya tenido dos repúblicas, para regresar a la monarquía; que haya importado reyes  y que haya establecido dictaduras apoyadas por los partidos "democráticos" que detentaban el poder, la de Primo de Rivera por el PSOE y la de Franco con la Falange. Guerras numerosas, siempre dinásticas; los problemas del nacionalismo provienen de los conflictos de los Borbones por aferrarse al poder, contra la ley y no de las diferencias entre los españoles. Esto es algo que nunca nos contarán los nacionalistas, lo de Cataluña fue una lucha entre los Borbones y los Austrias, lo del País Vasco, entre los propios Borbones, la guerra civil una consecuencia de la dictadura de Primo de Rivera, que trajo como consecuencia la segunda república y que a su vez fue la razón que provocó la dictadura de Franco, hasta que Juan Carlos I, nuestro actual monarca se convirtió en su legítimo heredero y sucesor. Si te das cuenta los graves conflictos que han asolado a este pueblo siempre se han urdido desde el poder, por alguna facción que decidía perpetuarse contra la ley.

Te recuerdo la historia de este país, a grandes trazos, para que te des cuenta donde te has metido y lo difícil que es enfrentarse al poder en España, pues siempre ha estado en pocas manos, que han utilizado la democracia para imponer su voluntad cuando alcanzan el poder, para obligarnos a vivir en un conflicto irresoluble, porque la casta de este país vive magníficamente de crear problemas, no de buscar soluciones, de hacer lo contrario de lo que aconsejaría el sentido común y de oprimir y expoliar a los españoles sin interrupción, además de enfrentarnos de forma permanente. En realidad, la mayoría de los problemas que tenemos en este país provienen de los errores y las insidias de los que se acantonan en el poder con vocación de perpetuidad. Fíjate en la edad de los principales mandatarios de los partidos políticos españoles y los escasos jóvenes que tienen presencia en la política española. Por eso tu caso alcanza rango de extraordinaria proeza.

Aunque no comparto para nada tus propuestas bolivarianas para resolver los problemas de este país, que sólo los complicarían aún más, puedo decirte que tampoco comparto las acciones gubernamentales que los principales partidos corruptos de este país nos ofrecen desde los sucesivos gobiernos, interpretando la democracia desde el despotismo, es decir, la voluntad autoritaria de los usurpadores de la democracia. Creo que la libertad de los españoles corre tanto peligro con las cosas que se hacen desde el poder como desde las alternativas que se ofrecen desde los extremos radicales. Aunque no comparto el acoso que se está ejerciendo desde los medios y el poder sobre ti, para convertirte en el chivo expiatorio con efigie de diablo con coleta que viene a destrozar el mundo feliz que vivimos en este país, más que nada porque los ciudadanos de este país estamos hartos de los que mandan, por eso los principales partidos políticos se han dejado más de 5 millones de votos en estas elecciones en relación a las del 2009. Creo que algunos te están devolviendo la jugada, llegaste trepando por los medios y los medios te harán pagar el peaje que en su día te regalaron, porque esperaban que provocaras, no que obtuvieras cinco diputados europeos. Les ha salido mal la jugada y ahora se cobran los réditos. 

Quizás no te parezca bien a ti y a tus seguidores lo que voy a decir, pero tu aparición en escena, se debe más al descrédito de los que detentan el poder que a la atracción o afinidad por tus propuestas políticas. Sin los 18 millones de españoles que no hemos acudido a las urnas, tu presencia en el Parlamento Europeo, así como la de otras formaciones minoritarias, habría sido imposible, y a esos 18 millones de españoles no les convencieron ni las propuestas de los partidos que conforman la casta, ni las tuyas, porque no acudieron a votar. Cuando hay abstención, las opciones radicales tienen oportunidad de aparecer en escena, pero eso no quiere decir que la  mayoría de los españoles se hayan radicalizado, porque la mayoría silenciada y silenciosa de la abstención, precisamente ha abandonado su derecho a votar, dejando que todos los partidos políticos de este país sólo representen en realidad a un 42 % de los españoles que votaron por alguna opción política de las que se presentaban, es bueno recordar que el 58 % decidieron no votar por ninguna, porque posiblemente, ninguna les representa.

Lo que está claro es que con tu partido de diseño, acaparador, mediático, internáutico y espontáneo, le habéis dado un buen sustos a la casta y la habéis llevado al siglo XXI, y cambiado para siempre la forma de hacer campañas electorales en este país. Que el PSOE y el PP hayan perdido un 40 % de sus apoyos, 2,5 millones de votos cada uno, quedándose con una representatividad de poco más del 21 % del electorado entre ambos da para reflexionar ante próximas convocatorias electorales, en el PSOE ha dimitido su Secretario General, abriendo un conflicto en su partido de proporciones desconocidas y en el PP se ha comenzado a cuestionar la política de Arriola por primera vez en 30 años. 

Si me admites un consejo, tal como está la fortaleza del poder de destrozada tras estas elecciones sería buen momento para lanzar unos cuantos cañonazos de aviso en el asedio, y por supuesto aparcar los presupuestos ideológicos por el momento, buscando la unidad popular antes que la unidad de la izquierda, pero no restringida a las propuestas bolivarianas de tu programa, al fin y al cabo cuentas tan solo con 1,3 millones de seguidores luchando contra la casta, que debería ser el principal objetivo a derrocar, pero si abandonas provisionalmente tus propuestas más extremas y radicales, que no convencen a la mayoría de los españoles y levantas la bandera de la indignación cívica contra la política despótica, te aseguro que tendrías a millones de españoles detrás de ti para acabar con la casta corrupta que dice representarnos. 

No seas Quijote, no trates de derribar a los gigantes que nos muelen cada día, denuncia el sistema corrupto sin descanso desde la democracia y la libertad contra el despotismo que nos gobierna, que ya se verá después quien deciden los ciudadanos que debe asumir las riendas del poder en las urnas, hazle un guiño a los desencantados, sigue defendiendo aquello que crees, pero no utilices tus creencias para derribar a la casta, porque precisamente les estás haciendo un favor, al presentarte o dejar que te presenten como alternativa con un programa bolivariano, con esos sólo podrás llegar a representar a la izquierda si te sale bien, pero no servirá de nada, porque toda la izquierda se agregará contra ti para defender sus cotas de poder y la derecha te utilizará como el malvado totalitario que trata de someter a los españoles a un régimen similar al cubano, al venezolano o al norcoreano. No es el capitalismo el enemigo prioritario a derribar (algo que no vas a conseguir por mucho que te empeñes), sino la corrupción y el despotismo de la casta que gobierna en este país y nos representa, aprovechando la democracia, para imponer sus decisiones, que ofenden al sentido común en numerosas ocasiones.

La fortuna sonríe a los valientes,  pero sólo cuando se enfrentan a sus demonios particulares y los superan; no le des la espalda a la razón, la libertad y la democracia, porque la razón, la libertad y la democracia y aquellos que creemos en ellas, y que somos la inmensa mayoría, te daremos la espalda a ti. La historia de España no se escribe en la tapa de un yogur caducado, es bueno recordarlo y no olvidar que antes que tú, hubo muchos españoles que se dejaron su vida por traer la libertad a este país y nadie está dispuesto a renunciar a ella, tal vez esa sea la esencia auténtica de ser español: la voluntad de rebelarnos contra aquellos que tratan de imponernos sus creencias.

 Enrique Suárez

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