Magnífica demostración de que aquellas comunidades con más empleados públicos son más pobres que aquellas con menos empleados públicos. El problema de España es que cada día hay más empleados públicos en relación a la población activa. En algunas comunidades como Extremadura hay un empleado público de cada tres trabajadores. Aproximadamente, los empleados públicos directos en España son 3 millones, pudiéndose añadir 2 millones más indirectos, de aquellas empresas que trabajan prácticamente de forma exclusiva para la administración pública. Entre empleos públicos directos e indirectos, aproximadamente 5 millones de trabajadores españoles lo hacen a expensas de las administraciones públicas, esto supone un 30,67 % de trabajadores españoles que reciben sus salarios del Estado.
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lunes, 7 de abril de 2014
¿Por qué las regiones europeas con más empleados públicos son más pobres?
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domingo, 6 de abril de 2014
Adelgazar el poder de los impostores con una austera dieta electoral
Hace mucho tiempo que he convertido en
vocación pública mi cruzada personal contra los políticos españoles, contra los
partidos que los congregan, contra la inmunidad e impunidad que se conceden
ante los delitos y corrupciones con las que se benefician
No hago con ello, algo
diferente de lo que hicieron otros que me precedieron en la lucha contra
opresión del poder desde hace siglos. Ralph Dahrendorf concedió la denominación
de “erasmistas” para aquellos “guardianes de la democracia y la libertad” que
se oponen a la farsa representativa, a las imposiciones del poder, a las
censuras e intoxicaciones mediáticas, a las servidumbres de la justicia al
poder, a los simulacros de impostura de las manifestaciones que tratan de usurpar
la representación del pueblo y a todas aquellas argucias, trampas, y miserias,
de las que los que detentan el poder hacen uso y abuso, para mantener al pueblo
en subsidio de su estupidez, en larga y penosa peregrinación hacia el totalitarismo.
“Ecrasez l´infame”
(aplastad al infame), recomendaba Voltaire como acto de repudio público de
todos aquellos que simulaban ser salvadores y eran verdugos, sin embargo, una
vez más ha sido Tom Paine el que nos concedió una revelación de sentido común:
“La mayor amenaza a nuestra democracia
no viene de aquellos que abiertamente se oponen a nosotros, sino de aquellos
que lo hacen en silencio junto a nosotros”. Ciertamente es así, la democracia
no evita que sus enemigos se instalen en ella para destruirla, como podemos
comprobar cada día en la evolución de la política española, su proceder siempre
es el mismo, primero anular la libertad de los demás, y luego implantar su
versión propia de la moral que ampara sus intereses.
Lo
hemos visto en Cataluña con la deriva secesionista de sus instituciones
representativas, pero también en Euskadi con la reinvención del lenguaje para
denominar a los criminales hombres de paz, olvidando sus crímenes. Pero también
en los páramos desolados de higiene en los asuntos públicos de Valencia o
Andalucía.
Lo
hemos constatado en las ofertas saduceas del PSOE o el PP, ambos obstinados en
revelarnos que su visión del mundo es la única posible, ambos con sus
mitologías particulares, ambos en la representación inolvidable de su impostura
y su farsa, y en la impunidad que se conceden con aforamientos y Fiscales
Generales del Estado que actúan como brazos ejecutores del poder político en el
poder judicial, precisamente para hacer lo contrario de lo que está en sus
obligaciones: tapar la corrupción, en vez de perseguirla.
La
connivencia entre el poder político y el poder judicial en España, elimina
cualquier atisbo de democracia en nuestra organización del Estado, lo podemos
comprobar en la designación de los miembros de las más altas instancias
jurídicas: Tribunal de Cuentas, Tribunal Constitucional, Consejo General del
Poder Judicial.
Si
ayer se denunció cualquier posibilidad ontológica o formal de existencia de
democracia en nuestro país, hoy vamos a hacerlo sobre sus contenidos,
fundamentados en los motivos para creer.
La
política en España es el arte de prometer lo que no se va a cumplir e incumplir
lo que se ha prometido. Si alguien se dedicara a analizar lo que se ha ofrecido
en los proyectos electorales y lo que se ha conseguido en los hechos
gubernamentales, podría comprobar que todo es una farsa, una mentira, un
atentado contra cualquier razón, lógica o sentido común. Sólo hay que recordar
la frase del Presidente Mariano Rajoy: “me siento satisfecho de haber cumplido
con mi deber, aunque no haya cumplido con mi programa”, es decir, se siente satisfecho
de haber embaucado a los españoles y se queda tan fresco.
Pero
quizás la mejor forma de desenmascarar a los farsantes de todos los partidos
sea la apelación al padre de la dialéctica, Hegel, cuando pronunció aquella
magnífica frase: “la lechuza de Minerva extiende sus alas al anochecer”,
invitándonos a pensar que todas las benévolas propuestas de mejorar el futuro
se olvidan de resolver los problemas del presente.
Sean
los derechos sociales defendidos por el PSOE, sea la austeridad del Estado defendida
por el PP, no resuelven los problemas de los cinco millones de parados, de la
desorbitada deuda pública que tenemos, del déficit del Estado que proviene de
la inflación de empleados públicos que tenemos en este país, único sector en el
que ha crecido el empleo en un 25 % mientras que el desempleo se iba hasta el
25 % en la población general. No se puede admitir que en España tengamos dos o
tres empleados públicos para resolver los mismos problemas que en Alemania
resuelve uno solo.
Quizás
haya llegado la hora de que los españoles reflexionen y lo hagan con serenidad,
prudencia y perseverancia, porque todas las promesas realizadas e incumplidas
por los políticos, en sus grandes revelaciones electorales, convierten el
escenario de la política española en un ámbito religioso donde el paraíso
siempre se traslada a la utopía que alcanzan los buenos votantes que confían en
ellos, siempre en el más allá, mientras en el más acá, sufren la inmisericorde
estupidez de aquellos que han elegido para amargarles la vida.
Es
hora de desconfiar en los políticos (de todos los partidos), tanto como hasta ahora habíamos confiado
en ellos. Es hora de adelgazar su poder, imponiéndoles una dieta electoral
adecuada, fundamentalmente por salud pública.
Enrique
Suárez
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sábado, 5 de abril de 2014
¿Hay democracia en España o seguimos en el "atado y bien atado"?
En este país
inmerso en la ignorancia política desde hace doscientos años la gente sigue
confundiendo la democracia con la demagogia. La mayoría de los españoles se
consideran demócratas, sin saber siquiera que es la democracia. Muchos se
consideran españoles sin saber nada de la nación española y otros se consideran
socialistas, defensores del Estado y de lo público, sin tener otro conocimiento
sobre el socialismo que lo que han visto por la televisión.
Si me lo
permiten, quiero felicitar a la casta política española por haber logrado
tomarnos el pelo durante dos siglos y posiblemente seguir haciéndolo durante
los próximos doscientos años. Es el destino de los pueblos que ven la
televisión y jamás abren un libro, la ignorancia se paga con el paro, la miseria,
la pérdida de libertad, la desigualdad, la corrupción y la esclavitud. De eso
no es responsable la casta, sino los ciudadanos de este país en su infinita
ingenuidad e irresponsabilidad.
Verán
ustedes, como diría Don Mariano, el 99 % de los españoles piensa que la
democracia es una forma ecuánime de distribución del poder, pero desconocen todo, absolutamente todo, sobre ella, porque no se han molestado en enterarse y
viven en el mito de la democracia que les han contado los partidos políticos,
para seguir defendiendo su pesebre.
La
democracia surgió en Atenas hace 2.500 años aproximadamente, pero no para
distribuir el poder de forma ecuánime desde las urnas, eso sólo es una función
instrumental de la democracia, que es la única que conoce la gente; muy pocos
conocen, porque no se lo han contado y no se han ocupado de saberlo, que la
democracia surge en Atenas para controlar el poder, para limitar el poder de
los más afortunados, los más notables y los más ungidos por los dioses, para
impedir la formación de castas, sectas, lobbys y partidos. Los partidos estaban
prohibidos en la democracia clásica, porque los ciudadanos se representaban a
sí mismos o por medio de los que elegían entre ellos por sorteo, en muchas
ocasiones.
Las primeras
Constituciones, la de Solón (creando una Timocracia), la de Clístenes (creando una Democracia incipiente) se ocupaban de impedir que los
poderosos acabaran con los recursos de los que menos tenían, impidiendo que
acumularan deudas que no podían pagar los campesinos, limitando las formas de
esclavitud a los extranjeros, concediendo a todos los ciudadanos (no a las
mujeres) el mismo poder con su voto para elegir a sus representaciones
políticas.
En la
democracia griega había isocracia, que es la igualdad entre gobernantes y
gobernados, no había 10.000 aforados que terminan forrados, sino isonomia,
igualdad ante las leyes de todos los ciudadanos e isegoría, igualdad en la
librtad de expresión, no limitar la libertad de expresión a los miembros de una
casta, secta o partido, partidos, todos los ciudadanos podían hablar en la
asamblea, los medios de comunicación no existían por entonces.
En España,
desde el atado y bien atado de Franco, se decidió establecer un modelo de
isogonía (igualdad de todos para intervenir en las administraciones públicas), pero en este caso referido y limitado a
las instituciones que conocemos como partidos políticos, usurpándose de esa
forma la igualdad entre gobernantes y gobernados, la isocracia. Los partidos
políticos se convierten de esta forma, en una nueva aristocracia, que representa sus intereses
contra los de los gobernados, estableciendo una controversia artificial entre
ellos para entretenimiento de los futuros electores que deben decidir entre las
opciones que les ofrecen. Pero se perdió para siempre la igualdad entre gobernantes y gobernados, la isocracia, que es el fundamento de todo sistema democrático.
De esta
forma el espacio público de opinión pierde la isegoría, porque sólo pueden
expresarse aquellos que hablan en nombre de un partido político y pierde la
isonomia, porque no hay igualdad ante las leyes de los gobernantes y
gobernados, con fórmulas como el aforamiento, y la utilización de los recursos
concedidos por los ciudadanos para boicotear y bloquear la justicia cuando
trata de condenarles, se ha perdido también la diké, que es la justicia, porque
los que acaban juzgando a los políticos, son precisamente los jueces que los
políticos han colocado, repartiéndose los puestos de poder en el CGPJ, en el
Tribunal Constitucional, en el Tribunal de Cuentas y en la mayoría de las
instituciones jurídicas, como la figura del Fiscal General del Estado,
encargado de vigilar la corrupción y que sólo es el bombero que apaga todas las
imputaciones a políticos y representantes del poder en este país.
Por eso
españoles, siento desilusionaros, en España no vivimos en una democracia, sino
en un simulacro que proviene del franquismo, el atado y bien atado del poder.
Los griegos de hace 2.500 años no hubieran consentido semejante tomadura de
pelo, semejante farsa representativa del poder, semejante ignominia a la que
los de la casta y sus acólitos consideran democracia, y que muy pocos españoles (cada vez menos), sabemos que es una depravación, una profanación, una injuria a la democracia, un vulgar, detentador e irracional despotismo, y ni siquiera, ilustrado.
Enrique
Suárez
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viernes, 4 de abril de 2014
Un español menos legitima a la casta
La soberanía de la nación española reside en el pueblo español
CE 1978 Art. 1.2. "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado."
No necesitamos nada más para comenzar una insurrección contra los usurpadores que detentan el poder y que ya sólo se representan a sí mismos en todos los partidos.
CE 1978 Art. 1.2. "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado."
No necesitamos nada más para comenzar una insurrección contra los usurpadores que detentan el poder y que ya sólo se representan a sí mismos en todos los partidos.
La nación es la fuente de la legitimación del Estado, y su
soberanía no está en la Corona, ni en el Parlamento, ni en el Gobierno o
todos los gobiernos. Sin la legitimación
de los españoles en su conjunto, como pueblo español, las instituciones
del Estado no se pueden sostener en una democracia, ni en un Estado de
Derecho. La
condición de soberano no es arbitraria, como ciudadanos somos súbditos
del Estado y debemos someternos a las instituciones, es sólo desde
nuestra condición soberana, la del pueblo español en su conjunto, desde
la que legítimamente y legalmente, podemos exigir que el Estado se
someta a la voluntad del pueblo.
¿Cómo enfrentarnos a la casta? por medio de un agregado de voluntades contra la impostura del poder en que nos hacen vivir. Para eso somos pocos, pero somos suficientes para comenzar, no hacen falta revoluciones, ni actos violentos, para romper el contrato social, sólo es necesario algo tan sencillo como retirarles la legitimación, no en las urnas que manejan a su antojo, sino desde ahora mismo. Una campaña cívica de apostasía política en un sistema demagógico impuesto por el poder, que hace tiempo que ha dejado de ser una democracia, es algo sencillo y demoledor. Con cada firmante, hay un español menos representado en la farsa de los detentadores.
Un texto sencillo, miles de firmas, el sistema se resquebrajará tarde o temprano, podemos hacerlo y podemos lograrlo, todos trabajando en la misma dirección, con SENTIDO COMÚN y podemos hacerlo ahora, sólo hace falta que comencemos y ya nadie lo detendrá; tenemos las redes sociales a nuestra disposición y después las calles, para recoger firmas. El texto puede ser el siguiente:
"En mi condición de español, soberano de la nación española, manifiesto mi expresa desconfianza en todos aquellos que dicen representarme desde las instituciones políticas, utilizando la democracia en su provecho y en contra de los ciudadanos. No les concedo legitimación alguna para lo que están haciendo.
A mí ¡NO ME
REPRESENTAN!"
SÓLO ES EMPEZAR Y SERÁ SU FIN, LA REACCIÓN EN CADENA SERÁ IMPARABLE, SE HA ABIERTO UN GRUPO EN FACEBOOK CON TAL PROPÓSITO
Campaña Cívica: Un español menos legitima La Casta
El símbolo de la campaña puede ser el de BORRADO, y todo aquel que quiera puede ponerlo como señal de identidad y apoyo a la campaña.
SÓLO ES EMPEZAR Y SERÁ SU FIN, LA REACCIÓN EN CADENA SERÁ IMPARABLE, SE HA ABIERTO UN GRUPO EN FACEBOOK CON TAL PROPÓSITO
Campaña Cívica: Un español menos legitima La Casta
El símbolo de la campaña puede ser el de BORRADO, y todo aquel que quiera puede ponerlo como señal de identidad y apoyo a la campaña.
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miércoles, 2 de abril de 2014
Depleciones europeas
A poco más de un mes para las próximas Elecciones Europeas y
tras la debacle de participación en las elecciones municipales francesas del
pasado domingo, en las que el socialismo de Hollande ha sido derrotado,
arreglando el roto con un par de inmigrantes integrados de origen español, en
la presidencia del gobierno y en la alcaldía de la capital, para mermar el
discurso xenófobo de su posible rival a la presidencia, Marie Le Pen.
El panorama es desolador para la casta de todos los partidos
que conforman el elenco español de la usurpación y la desmesura irresponsable.
Más aún en una situación de incertidumbre económica que se avecina, cuando el
Presidente del Banco Central Europe, Draghi, ha advertido de que Europa no
entrará en deflación.
Con un 75 % de españoles que rechazan tanto al PSOE como al
PP en los últimos estudios del CIS, con una casta política que es considerada
el cuarto problema de este país y autora del segundo, la corrupción, creo que
las próximas elecciones continentales deberían denominarse depleciones
europeas, porque los votos es la sangre del poder en la democracia y en esta
ocasión, la hemorragia en las urnas va a resultar inolvidable.
Por un lado, tenemos a Elena Valenciano, una inflacionaria de méritos propios que se ha ofrecido para recibir el varapalo que va a concederle
el electorado socialista, pero asegurarse así un sueldo amplio durante los
próximos cinco años, porque tal como están las cosas, pueden venir mal dadas.
Al otro lado tenemos un candidato fantasma en el PP, posiblemente un trapacero
como Arias Cañete, configurador de pucherazos y confeso obeso a base de yogures caducados y duchas frías, aunque no sería de extrañar un impacto sorpresa, para movilizar conciencias.
Tan mal debe estar la cosa, que Cayo Lara, el que estuvo y no
estuvo en las marchas del 22-M, y que no condena la violencia de los que
pretendían convertirnos en la Cuba o la Venezuela de Europa, ha denunciado que
tras las elecciones europeas se formará un gobierno de concentración formadopor el PSOE y el PP, porque al parecer es de las cosas que se encarga el ínclito
e inefable expresidente Zapatero en los últimos tiempos.
A Rosa Díez se le ha caído la máscara de quitarle votos a la derecha y con la izquierda no creo que baile ni sola, cuando ha protestado por
la interpretación del himno nacional en el funeral de Estado de Adolfo Suárez,
como si el finado fuera un exconcejal franquista de Retortillo del Palancar. Creo que Vox y Ciudadanos le van a hacer un agujero negro en las aspiraciones de su formación política.
No hay nada para recordar en esta patulea de impresentables
que se quieren hacer nido en Europa para cobrar 10.000 euros al mes con dietas.
Creo que estas depleciones europeas vamos a asistir a la
apoteosis del esperpento nacional, los resultados son imprevisibles, por mucho
que el diario de cabecera de Rajoy se saque encuestas sobre el triunfo de la
izquierda más violenta. Acudir a votar en estas condiciones por cualquier
partido político es el mayor atentado a la democracia que pueda ejercer un
ciudadano español. Ya alertamos de la cuestión hace cinco años, pero en aquella ocasión no se hizo mucho caso, a ver si en ésta hay más suerte.
¿Votar?, ¿para qué?, como diría Lenin, se puede votar en una democracia, pero
es inútil hacerlo en un despotismo, que además ya quisiera ser ilustrado. Y lo
que cada día más españoles teman es que se configure en la Junta Electoral
Central alguna forma de pucherazo a la venezolana, inflando los asistentes a
las urnas, para que no se aprecie miseria.
Deberíamos solicitar observadores de otros países más serios
a los próximos comicios europeos, porque en las condiciones en que van a
celebrarse, dudo mucho que no llenen las urnas de papeletas preparadas para el
acontecimiento. Al fin y al cabo, si en la Junta Electoral Central colocada por
la casta es donde hacen el recuento final de los votos, ¿quién iba a enterarse?
Si hay más de un 40 % de participación, piensen ustedes que
han dado el pucherazo, al fin y al cabo, ¿para qué sirve la democracia en
España, más que para que se repartan el poder en los partidos de espaldas del
pueblo y contra él, en los últimos diez años?, desde el atentado del 11-M. ¿No esperaban el PSOE y el PP más de un 60 % de abstención en 2009 y luego no pasó nada?. Las urnas del milagro de la democracia se volverán a llenar de votos, lo que nunca sabremos es si serán los que han depositado los votantes o los que han depositado los votados, esta democracia en la que vivimos siempre nos acaba sorprendiendo.
Enrique Suárez
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