MONTESQUIEU DESCUARTIZADO
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lunes, 12 de noviembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
Testimonios inolvidables para una España imposible (04)
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jueves, 8 de noviembre de 2012
Testimonios inolvidables para una España imposible (01)
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jueves, 26 de abril de 2012
Tres mil entradas para no encontrar una salida
España es un problema sin solución, estamos hechos a golpes de enfrentamiento; si algo caracteriza a nuestro país es la oposición dialéctica sin establecer síntesis alguna. En España, lo que permanece es aquello que no se alcanza a destruir, todo lo demás es asequible a la demolición. Somos la tierra y el pueblo del conflicto permanente, sin embargo, algo hemos avanzado: ya no hay dos Españas, hay cientos de ellas, cada día más, lo que incrementa nuestra diversidad hasta tal punto que hace imposible cualquier cohesión que sea duradera. España es el país en el que sólo podemos vivir los españoles, aunque tampoco lo comprendamos demasiado, nos hemos acostumbrado a que no haya acuerdo alguno para salir adelante, para no volver atrás nos aferramos a no seguir adelante. Estamos estancados, pero no solo económicamente o políticamente, sino mentalmente, conductualmente, realmente.
Ningún país de Europa tiene acumulados más conflictos abiertos, algo que se ha incrementado extraordinariamente en los últimos años. Somos incapaces de elegir una opción compartida que sea buena para todos, algo que en otros países hacen cada día, a nosotros nos resulta imposible.
Pero realmente, a pesar de ese enfrentamiento permanente entre todos los españoles, además de complejos e inmadureces, histerias y delirios, contumacias y cerrazones, si fuéramos juzgados por un observador externo por las noticias que publican cada día los medios de comunicación, parecería que estamos al borde de la guerra total, y sin embargo, la sangre no llega al río. Tampoco se ve tanta conflictividad en la gente por las calles o en actos públicos, hay discusiones y grescas, pero posiblemente no tantas como se esperaría que hubiera.
Lo que nos indica que la “conflictividad real” no es tan extravagante, como la que se deriva de la ausencia de cualquier acuerdo entre posiciones políticas, sociales, filosóficas y culturales. Ocurre como en el fútbol, hoy más de media España está triste porque ni el Madrid, ni el Barsa jugarán la Copa de Europa. Al fin y al cabo, eso es malo para todos, al menos para los que les gusta el fútbol, sin embargo los seguidores del Barsa se alegrarán de la derrota del Madrid y los del Madrid se alegrarán de la derrota del Barsa, peor hubiera sido…
Esta entrada hace el número 3.000 en este blog, desde que hace seis años fue creado por unos cuantos amigos España no acaba de encontrar la salida del túnel en el que entró tras los acontecimientos del 11-M, se puede decir que hemos sido testigos de la evolución de nuestro país durante este tiempo. Lo que ha hecho el PSOE, lo que han hecho los nacionalistas, lo que ha hecho el PP y los demás partidos políticos. Pero también de lo que no se ha hecho para recobrar un camino común y compartido, y ahora, cuando nos enfrentamos a la peor crisis económica en la que hemos vivido la mayoría de los españoles, comprobamos que haber perdido el horizonte, haber jugado a la política experimental, haber disuelto el concepto de Nación unitaria, y no establecer acuerdos políticos permanentes es la razón más poderosa de nuestra extravagante deriva.
Quizás sean pecados de inmadurez, porque la situación de España es la misma –en muchos ámbitos- que la de una pareja que quiere divorciarse pero no encuentra la forma de hacerlo, porque no se ponen de acuerdo ni para separarse, ni para seguir unidos, ni para cualquier otra opción. Así que siguen viviendo juntos, cada día más desesperados, cada día con más problemas, cada día con más dificultades, cada día odiándose más, pero sin mover un dedo para que disminuya el conflicto, que ha terminado convirtiéndose en la razón más poderosa que guía sus vidas: acabar con el otro como sea, vencer o morir en el intento. ¿No es esta conducta un prodigio de irracionalidad?
Sin duda lo es, una invitación a la reflexión y por supuesto a la tolerancia, todavía nadie se ha dado cuenta de que en esta batalla eterna no puede haber vencedores y a lo más que se puede aspirar es a que los daños no sean tan letales que acaben con ambas partes al mismo tiempo, entre otras razones, porque los que no están en la batalla, los que realmente deberían ser los adversarios de todos, aprovechan esta coyuntura infernal para debilitarnos cada día más hasta convertirnos en esclavos de sus intereses.
Con lo sencillo que sería ponernos de acuerdo apelando a que nuestro conflicto y todas las disputas en las que andamos provienen de un problema de comunicación, no de la condición de las partes o las personas que las representan. Nadie se ha parado a pensar en este país que todos los problemas que tenemos se derivan de que no hablamos el mismo idioma y manejamos los mismos conceptos. Es imposible que dos se pongan de acuerdo para subir a la cima de una montaña, cuando uno dice que hay que hacerlo por el sur y otro por el norte, y se empeñan dogmáticamente en que el otro es el que se equivoca. Somos un país demasiado dogmático, ese es nuestro problema, todos los conflictos que existen en España provienen del desconocimiento de que todas las cosas son relativas a la percepción e interpretación de los observadores.
Seguiremos eternamente congelados en el tiempo, mientras los demás países avanzan, gracias a que mientras unos dicen que para que este autobús pueda avanzar hacia el futuro lo que se necesitan son ruedas, mientras que otros dicen que lo imprescindible es la gasolina, y aún otros un conductor experto, cuando otros se empeñan en que si no se tiene un mapa es imposible iniciar la ruta. Y eso sin entrar en como se sientan los pasajeros en el viaje, cuanto equipaje se les permite y si pueden cantar o no cantar en el trayecto. En España hace muchos años que consideramos que la libertad consiste en opinar libremente sobre lo que ocurre, no nos damos cuenta de que la libertad precisamente consiste en hacer que no ocurra lo que no deseamos que acontezca. Del dicho al hecho hay mucho trecho.
Esa es la realidad de España, la de seguir discutiendo eternamente, mientras los demás autobuses de nuestro entorno ya nos sacan cientos de kilómetros de ventaja. Pero si al menos nos hace felices no ponernos de acuerdo, para que no jueguen ni el Barsa ni el Madrid la Copa de Europa, pues que se le va a hacer, que la jueguen el Bayern y el Chelsea, así sufriremos menos, al menos tendremos el consuelo de que "nuestros rivales" tampoco disfrutarán. No hay país en el mundo en que los rivales internos sean de mayor rango que los externos, así nos va.
Enrique Suárez
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domingo, 22 de enero de 2012
Desmoralismo, la doctrina de nuestros días

La moral fue siempre una cuestión importante en los siglos pasados, por tanto, es lógico que en nuestro tiempo de “presentismos” y “adanismos” no lo sea. El moralismo, dice el diccionario de la RAE, que es la exaltación y defensa de los valores morales, no dice nada del Des-moralismo, aunque si existe el término desmoralizar, que significa corromper las costumbres con malos ejemplos o doctrinas perniciosas y también es sinónimo de desalentar.
Por mucho que les rechine a los adoctrinadores, a lo largo de la historia humana siempre ha habido una moral, unos valores determinados que se ensalzaban, unas tradiciones que se respetaban, unas costumbres que se aplaudían. Al contrario de lo que piensan los innovadores, esa actitud provenía de un intercambio entre el poder y el pueblo, porque el poder siempre ha tratado de imponer su moral, pero el pueblo siempre ha tenido la suya, compartida y asumida por la inmensa mayoría.
La moral del poder es el pensamiento políticamente correcto de los tiempos, que se establece desde las instituciones y los medios para adoctrinar a las masas a conveniencia de los detentadores, sin embargo, la moral del pueblo es la que guía la conducta de la inmensa mayoría de la gente. Habitualmente no suele coincidir con la que se trata de establecer desde el poder exactamente, salvo en los regímenes totalitarios. La moral del poder se representa en la iconografía de los que deciden el curso de la vida de los demás, pero la moral del pueblo, más bien se define, en su resistencia a esa imposición. Aconteciendo un efecto paradójico al promovido por los adoctrinadores, que precisamente se traduce en un rechazo del adoctrinamiento.
Actualmente estamos viviendo en una época de “desmoralismo” y desmoralización, que no es la primera de la historia de España, sino la enésima y por eso, tal vez, la más acabada y definida. La fe más reiterada es la de que lo que ocurre no tiene solución, y la creencia en que toda alternativa para resolver lo que pasa nos traerá sangre, sudor y lágrimas, las palabras que están en la calle son: lo peor está por venir.
Ningún gobierno desde el franquismo se había atrevido a tanto como las huestes de Zapatero en la instrucción de las masas a su doctrina. En este país hubo algún momento en las pasadas legislaturas en el que no ser socialista era considerado por los oclócratas como enemistad con la democracia, cuando en realidad el rechazo de la impostura era una exaltación de la libertad ante el ultraje continuado a la moral del pueblo por la moral del poder. Si al menos durante este tiempo hubiera habido una resistencia intelectual, política, social o cultural por parte de quienes se oponían a semejante barbaridad, no estaríamos como estamos, pero como el tancredismo de perfil de Mariano Rajoy causó furor, con tal de que la secta socialista no colocara la etiqueta de fachas a todos los que se le oponían, nos quedamos entre la opresión socialista y el vacío moral más existencialista.
Ahora que el invento del PSOE, para alimentar a sus huestes de descamisados con rolex se ha desmoronado y que el PP se ha hecho una radiografía de la neurona liberal que le queda, nos encontramos ante una situación peligrosa, porque la moral es necesaria para que una sociedad salga adelante, la de los socialistas se ha mostrado como el engaño que era, pero la de los conservadores ni está ni se la espera, no vaya a ser que vayan a decir algo de su talante. Hasta los nacionalistas, moralistas donde los haya, se han callado, esperando a ver quien defiende España para ir contra ellos, porque no se puede luchar contra molinos que son gigantes.
Mientras tanto los españoles disfrutando del espectáculo que nos brindan nuestros representantes políticos, pagando a precio de oro la chapuza a que nos someten y pensando que la cosa ya no lleva remedio. El “desmoralismo” está viviendo sus tiempos dorados y los “desmoralistas profesionales” hacen su agosto, contándonos que no hay solución posible a ninguno de nuestros problemas públicos, hemos pasado del pensamiento viruta de algún hijo de su madre, al pensamiento anémona, existir como se pueda hasta que no se pueda existir más y mientras tanto no hacer nada más que alimentarse, no moverse y esperar tiempos mejores. ¡Vaya panorama!
Pero no se confíen ustedes, los que detentan el poder saben que la desmoralización vuelve más dócil y obediente al pueblo que tratan de dominar, un poco más de lo que lo estuvieron con los anteriores...; a ver si va a ser una estrategia lo de meternos miedo con el futuro para seguir haciendo lo que les dé la gana con el presente sin rendir cuentas ni a dios, ni al diablo, ni al pueblo que les votó en las elecciones.
Ustedes no se resignen, por si acaso...que igual es una estrategia del poder para que nos olvidemos de que de todo lo acontecido hay responsables, unos por armar la marimorena con sus ocurrencias y otros por no exigirles responsabilidades por haberla armado.
Enrique Suárez
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lunes, 9 de enero de 2012
El puro de Rajoy

No se piensen ustedes que voy a hablar de la pureza del Presidente de Gobierno ¡que más quisiera!, no después del Congreso de Valencia y el pucherazo boicot contra Álvarez Cascos; no, voy a hablar del puro de Rajoy, habitualmente un habano Cohibas de 15 euros el viaje. Los puros habanos son los mejores, dicen. A Rajoy le gusta fumar puros y meter puros a los españoles. Parece que le agrada vernos apurados, sí.
Rajoy es un mediocre sujeto que sustituye a otro mediocre sujeto en La Moncloa, por el turno de oficio y estropicio. La democracia de poco sirve en estas circunstancias, Zapatero también fumaba, pero lo hacía en la intimidad para que no cundiera el mal ejemplo (ya saben ustedes, la hipocresía habitual en el PSOE). Ambos producen mucho humo, y nada más que humo, después de habernos quemado a los españoles, en eso también se parecen. Esto parece la maldición de la kakistocracia.
A mí lo que menos me gusta de los puros de Rajoy es que los pagamos los españoles, no es bueno mantener los vicios con fondos ajenos, debería saberlo el señor Presidente. Pagamos los puros que se fuma y los puros que nos mete, mintiendo para llegar a ser Presidente. ¿Cómo se puede ser tan nefasto para subir los impuestos a una semana de ser nombrado Presidente, tras haber dicho el último día de campaña que no subiría los impuestos para ganar las elecciones?
Realmente, hay que ser un poco lelo al tomar medidas económicas tan precipitadas cuando los tiburones de los mercados y las agencias de calificación están mirando. Y además ser poco espabilado, algo que intuimos los españoles, si era de libro: se llega al Gobierno, se actúa con firmeza, se reduce el gasto en todo lo posible, se envía un mensaje positivo diciendo que las cosas están mal, pero no tan mal como se pensaba y poco a poco, con el paso de los meses y cuando haya cedido la atención sobre España se van subiendo los impuestos paulatinamente, sin que se note y sin asfixiar a los españoles con sus chorradas, imponiendo el miedo como un burka, reduciendo el consumo en fiestas navideñas –cuando los comercios y la hostelería de este país hacen caja- y poniendo cara de sonrisa, en un discurso a los españoles tranquilizador, para que recobren la confianza y la esperanza en su Gobierno. De esa forma dar la imagen de que en España las cosas funcionan con normalidad, movilizar la economía, y recuperar la confianza de los inversores extranjeros. Los pocos que quedaban, han salido huyendo con el "asustado" Rajoy.
Pues no, Rajoy decide fumarse un puro, esconderse, no dar la cara, desaparecer hasta febrero y dejar a sus lacayos que administren los pecados del zapaterismo como una santa inquisición retroactiva, dirigida por Sor Aya, la hermana coraje del Gobierno. Ese es Rajoy en estado puro, un hombre que fuma mientras el país que gobierna no sabe si echarse a la calle ya o esperar al mes que viene que hará menos frío.
¿De verdad que alguien tiene la esperanza de que el fumador de puros resuelva los problemas de España y los españoles? Dicen que no se quiere desgastar, pues como siga por ese camino un día se va a encontrar el puro que le vamos a montar los españoles, y ese no va a poder fumárselo. ¡Que hartos estamos en este país de tanto memo!. Estamos en apuros, pero pronto pasaremos a las depuraciones, esa es la pura realidad que se avecina.
Enrique Suárez
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sábado, 7 de enero de 2012
El Estado soy yo, y también tú, que lo pagamos

"Quienquiera que ponga su mano sobre mí para gobernarme es un usurpador y un tirano y le declaro mi enemigo." Pierre Joseph Proudhon
A los ciudadanos se nos olvida con frecuencia que todo lo que se hace desde la política lo pagamos nosotros. Cuando se abren más de 4.000 empresas públicas, de las que ni siquiera hay relación fidedigna, muchas de ellas con la indispensable colaboración de los amigos del inaugurador, el apoyo a las empresas afines al partido y la contratación de los hijos, sobrinos y primos segundos del familiar que se lo recuerda al inaugurador, todo eso lo pagamos los españoles, cada español, todos juntos.
No hay nada que iguale más a los españoles que pagar impuestos, pagamos las chorradas de los que se han ido y pagaremos las chorradas de los que han venido, incluso pagaremos las de los que vendrán. Este es el artículo más importante de la Constitución Española, el que más se respeta por todos los políticos, conservadores, socialistas y nacionalistas están de acuerdo en una cosa: los españoles, sea cual sea su condición, están obligados a pagar nuestras ocurrencias. Tanto en Cataluña, como en Canarias, Galicia o Murcia, no hay diferencias territoriales, ni históricas, ni culturales.
Pagar impuestos es un factor de cohesión en España. ¿Pero por qué pagamos?, pues pagamos porque hay costumbre, para eso luego nos lo devuelven en servicios públicos, en infraestructuras, en estados de bienestar, y en alguna tontería que se les ocurra por improvisación. No hay problema alguno desde la autopista última hasta la propaganda del tabaco, todo absolutamente todo, es pagado por este digno y civilizado pueblo español.
Sea la economía sostenible o insostenible, la única ley que funciona con todos los Gobiernos es la de que cada día pagamos más impuestos –parece que somos ya el primer país de Europa por cargas fiscales- y cada vez tenemos menos recursos propios. Los socialistas se han encargado de hacer el Estado enorme a la medida de las ocurrencias del ingeniero de la Alianza de Civilizaciones, y los populares no han mostrado ninguna intención clara de reducirlo, porque saben que cuanto más Estado haya, más poder acumulan, más dinero se reparten y más ocurrencias pueden hacer. Los nacionalistas, como siempre, con tal de que sea para casa, y eso pueda diferenciar sus territorios con los demás, embajadas y conciertos, lo que sea necesario para mostrar que a pesar de todo, España les sigue robando.
Lo que más me sorprende es que el Estado lo pagamos los ciudadanos, cada uno y todos juntos, y no somos capaces de decirles basta a tanta estupidez, usura y estafa pública a los políticos, esos bienhechores que dicen representarnos, con las neuronas tocadas por el cetro del poder que les concedemos en las urnas, deciden si nos tenemos que apretar más el cinturón para que ellos cada día vivan mejor a costa nuestra. Y si nos quejamos, entonces es que no somos demócratas, verán ustedes, lo que no somos es idiotas, al menos tan idiotas como ustedes que pretenden seguir disfrutando de sus privilegios a costa de nuestros perjuicios, que nos quedemos callados y encima aplaudamos sus ocurrencias.
Tal vez haya llegado el momento de decirles, de uno en uno o todos juntos: "oiga no, se están equivocando ustedes, el Estado soy yo que lo pago, y ustedes unos empleados contratados para hacer bien las cosas y si las hacen mal a la puta calle, como los cinco millones de españoles que ya no pueden pagar impuestos al Estado, porque a ustedes les ha dado la gana de que se queden sin trabajo por su negligencia y estupidez."
Enrique Suárez
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miércoles, 8 de junio de 2011
Algunas propuestas para salir de la crisis política y económica en España

1) Conocer la auténtica realidad de nuestra situación política, económica y social, tras la propaganda e intoxiaciones sin fin a la que hemos sometidos desde la política, la opinión pública española desconoce por completo lo que está ocurriendo, absolutamente enmascarado por los que han gobernado. Es imprescindible realizar una gran auditoría independiente del Estado, que no se limite exclusivamente a la cuestión económica, sino que se ocupe desde las grandes cifras hasta los pequeños detalles. La realidad maquillada que nos han ofrecido no es la realidad, sino su enmascaramiento hipócrita.
2) Exigir responsabilidades política, civiles y penales, a los que han gobernado a su antojo desde el sectarismo más infame, a los que han puesto sus intereses personales y de sus colectivos, por encima de los intereses generales. Político que se demuestre que ha actuado con negligencia o insidia, o con abuso de poder o intereses personales, debe ser juzgado por ello y apartado de la política para siempre. El dinero público es de los ciudadanos, no de los que lo administran a su antojo como si no fuera de nadie. Hay que erradicar el fraude público en España.
3) Establecer un criterio de ecuanimidad informativa en los medios de comunicación, avalado por todos los partidos políticos, los medios y los ciudadanos, que tenga por primer objetivo que toda información fraudulenta e interesada que se expanda desde un medio de comunicación, tendrá corresponsabilidad legal. La propaganda interesada establecida desde la políica en una democaracia es lo mismo que la coerción de un estado totalitario, como nos recordaba Noam Chomsky. No se puede mentir a los ciudadanos, para limitar el libre ejercicio de su ciudadanía con manipulaciones, exijamos profesionalidad a los medios de comunicación y que abandonen definitivamente la política de pesebres y subvenciones públicas.
4) En cuarto lugar es imprescindible eliminar lo inútil, lo superfluo, las veleidades de los caciques de turno que abusan de su poder, lo que nos va a traer más problemas que soluciones. La crisis económica nos traerá sin duda una crisis política, porque la gente se ha dado cuenta de que la política es un negocio, con fondos públicos, para que unos vivan bien a costa de otros que viven cada día peor.
5) Es imprescindible elevar lo valioso al lugar que le corresponde, para desplazar de una vez los obstáculos del bienestar, porque ya está bien de que los zoquetes con carnet, sin mérito, sin criterio, y con mucha suerte, ocupen los puestos de mayor responsabilidad en nuestra sociedad, impidiendo que los mejores –mucho más jóvenes, más formados, y más esclavizados-, sigan bajo sus órdenes, como si esto fuera el Ejército de Salvación. ¿Quién va a respetar a un comisario político, que además ha demostrado ser un inútil?. Lo valioso no es lo que se decide desde el poder, sino desde el pueblo.
En este país teníamos la juventud mejor formada y peor pagada de nuestra historia, gracias al socialismo que ha disminuido las diferencias económicas entre los que sacan castañas del fuego y los que se las comen, en un acto de injusticia social sin precedentes.
En España el mercado laboral tiene una grave enfermedad que se llama sindicalismo, que asocia gratuitamente pobreza con justicia y riqueza con injusticia, lo privado con el robo y lo público con la generosidad. Como en ningún país de nuestro entorno los sindicatos juegan un papel tan siniestro, hay que tenerlos en cuenta a la hora de contabilizar los parados, porque su política genuina es la de esclavizar a los más jóvenes y blindar a los más favorecidos por su trabajo. En este país han crecido como setas los liberados sindicales gracias al PSOE y la anuencia del PP ausente. Y eso debe cambiar.
6) El Estado Providencia debe desaparecer, porque además de no servir para nada –bueno, para que los políticos de izquierdas y los sindicalistas hagan su agosto, sí sirve-, ni ha conseguido reducir la pobreza, que ha crecido hasta el 21 % de la población, desde el 19 % que había en 2004, ni ha conseguido ninguna de las paradisiacas maravillas que ofrece, todo son buenas palabras y dinero para repartir entre los que hacen el reparto.
7) España debe ser una y no una entelequia, que es a lo que la ha llevado el PSOE. Debe haber algunas cosas que no pueden estar en manos de las autonomías –educación, sanidad, justicia, bienestar- si las autonomías las utilizan para obtener ventajas diferenciales, y no un bienestar común. La mayoría de los servicios públicos deben despolitizarse, o terminarán siendo gestionadas desde planteamientos privados y privativos, cosa que la mayoría de los españoles no deseamos.
8) Nuestra sociedad para ser más justa debe premiar lo que se lo merece y no lo que nos lastra de forma interesada y nos perjudica a todos. El socialismo ha destruido la cultura del esfuerzo en nuestro país, para instaurar la cultura del subsidio. El ataque furibundo contra todas la cultura tradicional española que nos ha traído hasta aquí, con el fin de sembrar nuevos códigos y codificaciones culturales, para cosechar apoyos electorales en el futuro, es un auténtico cáncer que debemos erradicar de nuestra sociedad por la cuenta que nos tiene.
9) Es imprescindible y urgente despolitizar la vida de los ciudadanos y la sociedad. Es inadmisible que en este país para cualquier cosa haya que acudir a la política para poder hacer algo, como empresa, como trabajo, o como innovación. La política del PSOE subvenciona lo inane, lo que favorece a sus lobbys sociales, contra el sentido común, la razón y la lógica. Derrocha los bienes públicos, no en lo que nos beneficia, sino en lo que perjudica a la mayoría de ciudadanos. Convierte en gratuito lo que no lo es. Nos engaña, para afianzar su cuota electoral, y miente mucho más cada día que pasa aumentando el problema. Ahora en las obras públicas se pone el cartel de “aquí se hará” y recogen bártulos. El PSOE ha reducido la política exclusivamente a una dictadura de la propaganda.
10) Por último, hay que establecer una reforma constitucional, en cuanto sea posible, que permita resolver los graves problemas que se han mostrado en las últimas legislaturas, cuando una panda de iluminados se han atrincherado en el poder, con el único fin de perpetuarse, aunque para ello hayan tenido que convertir este país en la economía más destrozada de Europa, con la mayor tasa de paro occidental, y con el porvenir más negro que un tunel a media noche.
Evidentemente, con la única finalidad de la filosofía de cuanto peor mejor, cuanto más oprimidos y asfixiados estén los españoles, más probabilidades de que voten por partido de izquierda. Han destrozado el país, sin reconocerlo, para culpar a los que vengan detrás de lo que han sido responsables. Esa ingeniería social con interés político lleva a empobrecer a la gente sin fin, para luego echarle la culpa a los demás de su pobreza, creando un problema, para el que más tarde nos ofrecerán una magnífica solución. El cultivo de esclavos electorales que practica la izquierda debe concluir en España. Por supuesto, esa reforma constitucional no debe ser votada en bloque, sino en referendum, por artículos. Es hora de que los ciudadanos elijamos por nosotros mismos, nuestro contrato social.
Enrique Suárez
2) Exigir responsabilidades política, civiles y penales, a los que han gobernado a su antojo desde el sectarismo más infame, a los que han puesto sus intereses personales y de sus colectivos, por encima de los intereses generales. Político que se demuestre que ha actuado con negligencia o insidia, o con abuso de poder o intereses personales, debe ser juzgado por ello y apartado de la política para siempre. El dinero público es de los ciudadanos, no de los que lo administran a su antojo como si no fuera de nadie. Hay que erradicar el fraude público en España.
3) Establecer un criterio de ecuanimidad informativa en los medios de comunicación, avalado por todos los partidos políticos, los medios y los ciudadanos, que tenga por primer objetivo que toda información fraudulenta e interesada que se expanda desde un medio de comunicación, tendrá corresponsabilidad legal. La propaganda interesada establecida desde la políica en una democaracia es lo mismo que la coerción de un estado totalitario, como nos recordaba Noam Chomsky. No se puede mentir a los ciudadanos, para limitar el libre ejercicio de su ciudadanía con manipulaciones, exijamos profesionalidad a los medios de comunicación y que abandonen definitivamente la política de pesebres y subvenciones públicas.
4) En cuarto lugar es imprescindible eliminar lo inútil, lo superfluo, las veleidades de los caciques de turno que abusan de su poder, lo que nos va a traer más problemas que soluciones. La crisis económica nos traerá sin duda una crisis política, porque la gente se ha dado cuenta de que la política es un negocio, con fondos públicos, para que unos vivan bien a costa de otros que viven cada día peor.
5) Es imprescindible elevar lo valioso al lugar que le corresponde, para desplazar de una vez los obstáculos del bienestar, porque ya está bien de que los zoquetes con carnet, sin mérito, sin criterio, y con mucha suerte, ocupen los puestos de mayor responsabilidad en nuestra sociedad, impidiendo que los mejores –mucho más jóvenes, más formados, y más esclavizados-, sigan bajo sus órdenes, como si esto fuera el Ejército de Salvación. ¿Quién va a respetar a un comisario político, que además ha demostrado ser un inútil?. Lo valioso no es lo que se decide desde el poder, sino desde el pueblo.
En este país teníamos la juventud mejor formada y peor pagada de nuestra historia, gracias al socialismo que ha disminuido las diferencias económicas entre los que sacan castañas del fuego y los que se las comen, en un acto de injusticia social sin precedentes.
En España el mercado laboral tiene una grave enfermedad que se llama sindicalismo, que asocia gratuitamente pobreza con justicia y riqueza con injusticia, lo privado con el robo y lo público con la generosidad. Como en ningún país de nuestro entorno los sindicatos juegan un papel tan siniestro, hay que tenerlos en cuenta a la hora de contabilizar los parados, porque su política genuina es la de esclavizar a los más jóvenes y blindar a los más favorecidos por su trabajo. En este país han crecido como setas los liberados sindicales gracias al PSOE y la anuencia del PP ausente. Y eso debe cambiar.
6) El Estado Providencia debe desaparecer, porque además de no servir para nada –bueno, para que los políticos de izquierdas y los sindicalistas hagan su agosto, sí sirve-, ni ha conseguido reducir la pobreza, que ha crecido hasta el 21 % de la población, desde el 19 % que había en 2004, ni ha conseguido ninguna de las paradisiacas maravillas que ofrece, todo son buenas palabras y dinero para repartir entre los que hacen el reparto.
7) España debe ser una y no una entelequia, que es a lo que la ha llevado el PSOE. Debe haber algunas cosas que no pueden estar en manos de las autonomías –educación, sanidad, justicia, bienestar- si las autonomías las utilizan para obtener ventajas diferenciales, y no un bienestar común. La mayoría de los servicios públicos deben despolitizarse, o terminarán siendo gestionadas desde planteamientos privados y privativos, cosa que la mayoría de los españoles no deseamos.
8) Nuestra sociedad para ser más justa debe premiar lo que se lo merece y no lo que nos lastra de forma interesada y nos perjudica a todos. El socialismo ha destruido la cultura del esfuerzo en nuestro país, para instaurar la cultura del subsidio. El ataque furibundo contra todas la cultura tradicional española que nos ha traído hasta aquí, con el fin de sembrar nuevos códigos y codificaciones culturales, para cosechar apoyos electorales en el futuro, es un auténtico cáncer que debemos erradicar de nuestra sociedad por la cuenta que nos tiene.
9) Es imprescindible y urgente despolitizar la vida de los ciudadanos y la sociedad. Es inadmisible que en este país para cualquier cosa haya que acudir a la política para poder hacer algo, como empresa, como trabajo, o como innovación. La política del PSOE subvenciona lo inane, lo que favorece a sus lobbys sociales, contra el sentido común, la razón y la lógica. Derrocha los bienes públicos, no en lo que nos beneficia, sino en lo que perjudica a la mayoría de ciudadanos. Convierte en gratuito lo que no lo es. Nos engaña, para afianzar su cuota electoral, y miente mucho más cada día que pasa aumentando el problema. Ahora en las obras públicas se pone el cartel de “aquí se hará” y recogen bártulos. El PSOE ha reducido la política exclusivamente a una dictadura de la propaganda.
10) Por último, hay que establecer una reforma constitucional, en cuanto sea posible, que permita resolver los graves problemas que se han mostrado en las últimas legislaturas, cuando una panda de iluminados se han atrincherado en el poder, con el único fin de perpetuarse, aunque para ello hayan tenido que convertir este país en la economía más destrozada de Europa, con la mayor tasa de paro occidental, y con el porvenir más negro que un tunel a media noche.
Evidentemente, con la única finalidad de la filosofía de cuanto peor mejor, cuanto más oprimidos y asfixiados estén los españoles, más probabilidades de que voten por partido de izquierda. Han destrozado el país, sin reconocerlo, para culpar a los que vengan detrás de lo que han sido responsables. Esa ingeniería social con interés político lleva a empobrecer a la gente sin fin, para luego echarle la culpa a los demás de su pobreza, creando un problema, para el que más tarde nos ofrecerán una magnífica solución. El cultivo de esclavos electorales que practica la izquierda debe concluir en España. Por supuesto, esa reforma constitucional no debe ser votada en bloque, sino en referendum, por artículos. Es hora de que los ciudadanos elijamos por nosotros mismos, nuestro contrato social.
Enrique Suárez
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lunes, 30 de mayo de 2011
Mariano Rajoy, no tienes ni puta idea de lo que es el orgullo de ser asturianos
Cada día me sorprende más el papanatismo de Mariano Rajoy, ahora se deja decir, que cuando Cascos se mostró disponible para ser el Presidente del Principado de Asturias por el partido en el que había militado durante 34 años, todavía tenía su ficha en Madrid, sólo le ha faltado decir que Cascos es madrileño de nacimiento. En fin, Rajoy cada día decepcionas a más españoles, y una vez que Zapatero se aparte de los focos del escenario público, algo que ocurrirá en breve, la intensidad de la luz pública, en su heliotropismo contumaz, va a destrozar al “Ícaro de Pontevedra”, porque desde el PSOE largarán la especie de ¿qué ha hecho Rajoy, esa recreación del tancredismo expectante, para ser Presidente del Gobierno de España?
Si no fuera gallego, se le podría perdonar lo que ha dicho, pero siéndolo, no se puede. El Presidente del PP debería saber que la condición asturiana, al igual que la gallega, no se adquiere por el lugar de nacimiento, sino por el vínculo a nuestra tierra. No es más asturiano quien nace en Oviedo, que quien nace en Buenos Aires, México, Hamburgo o Bruselas, siendo hijo o nieto de asturianos. Ni siquiera hay que nacer en Asturias para ser asturiano, porque los asturianos no somos segregacionistas, al contrario, desde que hay crónicas escritas (hace más de 2.000 años) somos acogedores con los que vienen, siempre que respeten nuestra libertad y nuestras costumbres.
Nunca ha habido xenofobia en Asturias, con razones para haberla, como cuando en el Avilés de los años sesenta sólo 1/3 de su población era de origen avilesino y 2/3 de otros lugares de Asturias o de España, al final nos arreglamos; porque los asturianos nos hemos movido por el mundo, venciendo nuestra condición de aislamiento y somos extraordinariamente cosmopolitas. Nadie en Asturias desdeña lo ajeno, aunque todos presumamos de lo propio. Ambas cosas son compatibles.
En Asturias nunca han medrado los nacionalismos, porque los asturianos nos sabemos españoles sin complejos, aquí se dice: Asturias es España y lo demás tierra conquistada. Y ciertamente es así, el concepto de comunidad integrada con el resto de las comunidades españolas surge en Asturias antes que en ningún otro lugar y si la unidad de la nación se resiente, en Asturias nos enfrentamos a quien sea, porque buena parte de la historia de España nace en Asturias.
Rajoy no tiene idea de la historia de Asturias, hasta en siete ocasiones Asturias se ha levantado contra los opresores que han tratado de cambiar su destino, desde fuera, en todas ellas tuvo repercusiones en España, lo que aquí hicimos. La invicta Asturias siempre ha sido la última frontera contra la opresión, el inexpugnable territorio tras las montañas, en el que un puñado de asturianos rechazaban doblegarse y se enfrentaban a los invasores, hasta la muerte si era neceario, porque aquí sabemos que la vida sin libertad no es vida.
La primera ocasión, en la noche de los tiempos, hace milenios, fue con la resistencia de los celtas y castreños a las invasiones de los ligures del norte de Italia. Hasta aquí llegaron y no pasaron.
La segunda, en la que la mayoría del pueblo astur fue exterminado, fue contra los romanos: Asturias fue el último lugar por conquistar de la Europa Continental por el Imperio Romano. El mismo emperador Augusto tuvo que desplazarse hasta Astorga para someter a la gente que poblaba estas tierras.
En el año 718, Asturias fue el lugar donde se resistió a las invasiones musulmanas y la Batalla de Covadonga fue el inicio de una monarquía asturiana con afán de reconquista, el último foco de resistencia y el origen de una España cristiana y occidental, con la fundación de su monarquía. No pudo ser una simple refriega, lo que terminó siendo un alineamiento con el orden occidental, cristiano y europeo.
En la época de Enrique II de Trastámara, heredero del Conde de Noreña, Asturias fue el último reducto de la España cristiana que se enfrentó a la vesania de su hermanastro, Pedro I el Cruel, al que derrotó definitivamente en la batalla de los Campos de Montiel, provocando un cambio de dinastía y orden, en los destinos de España.
El 9 de mayo de 1808, cuando se tardaba 15 días en llegar desde Madrid a Asturias, sólo siete días después del alzamiento de los madrileños contra la invasión francesa, los asturianos enviaron embajador a Londres, comenzaron a crear juntas locales, declararon la guerra a Napoleón, y decidieron gestionar sus propios asuntos frente al pequeño corso. En 1812, en Cádiz, se promulgó la primera constitución española, en buena parte, gracias a la participación de los ilustrados liberales asturianos. En 1820 fue sancionada porque el General Riego sometió al felón Fernando VII al orden constitucional, algo que le costó la vida tres años después.
En octubre de 1934, Asturias se levantó contra la República, en una revolución sin precedentes, declarándose independiente de los destinos del Gobierno de Madrid, algo que intentaron en otros lugares de España, pero que sólo en Asturias se materializó. El mismo general Franco sofocó la revuelta a distancia, por medio del General López Ochoa (y el abuelo de Rodríguez Zapatero). Sin embargo, dos años después, Asturias permaneció leal a la República cuando el general Franco decidió alzarse contra el orden establecido y el desorden existente. Durante la dictadura posterior, Asturias fue el lugar de España donde hubo más enfrentamientos contra el poder franquista, desde los maquis que se echaron al monte, hasta “la huelgona del 62”. En Asturias se configuraron las opciones políticas que se enfrentaron al régimen franquista desde la clandestinidad.
La séptima ocasión en que Asturias se ha levantado, ha sido el pasado domingo, 22 de mayo, cuando los asturianos han concedido con sus votos el triunfo en las elecciones a Francisco Álvarez Cascos y a su partido Foro Asturias, en tan solo cinco meses de existencia, por delante del PP y del PSOE al mismo tiempo, contra la campaña más infame de estos partidos en el desprestigio del candidato ineludible, contra viento y marea, contra la mayoría de los medios de comunicación, sin apenas recursos, con un puñado de indignados asturianos, a pico y pala, a tres turnos, y con un Francisco Álvarez Cascos que ye más asturiano que la boina de Pinón, que ha recorrido 60.000 kilómetros en esta campaña y realizado más de 120 actos electorales y muchos más, no electorales, para recoger el apoyo de sus paisanos.
La semana pasada, tras conocerse el resultado electoral, Fernando Alonso decidió cambiar su domicilio fiscal de Suiza a Asturias, ayer David Villa, paseaba su asturianía con orgullo envuelto en su bandera azul con la cruz de la victoria, en el Camp Nou, tras haber obtenido el barsa su cuarta copa continental. Hoy Rafael Fernández Tomás, hijo del primer presidente socialista de Asturias en la actual democracia, nieto del último presidente asturiano de la República, se ha afiliado a Foro Asturias, tras que un indigente intelectual de la FSA dijera que Foro Asturias representaba "la entrada de la extrema derecha" en España.
Y tú, Rajoy, que tuviste que traer autobuses de León, Valladolid y Palencia, para rellenar el mismo auditorio, en el que se quedaron 1000 personas en el hall, por no haber ya espacio posible, cuando Cascos cerró la campaña, nos vienes a instruir, una vez más, a los asturianos y asturianas sobre el pensamiento políticamente correcto. Perdona, ¿pero no tienes sentido del ridículo?, ¿te ha contagiado Zapatero la estupidez? Por cierto, Zapatero también tuvo que traer autobuses de otros lugares fuera de Asturias, para rellenar su acto central.
Mariano Rajoy, a pesar de ser gallego, tú no entiendes Asturias, nosotros no somos como en otros lugares de España que juegan a ser naciones para sacar tajada, al contrario nosotros somos españoles y nos han condenado a la dependencia porque quieren someternos, lo mismo hizo Franco, que el PP, que el PSOE, pero también nos rebelamos contra el “sometimiento féliz”, sabemos que lo que no depende de nosotros mismos no sirve.
No se puede ser asturiano sin amar la libertad hasta enfrentarse con los opresores, tanto si te quitan como si te dan, eso es lo que define a nuestro pueblo, la independencia, pero no la sedición y para eso no hay que nacer asturiano, hay que sentir, sencillamente, que somos diferentes, y eso se logra amando Asturias. Te dejo con Melendi, sigue aprendiendo, marianín, que te queda todavía mucho para que en esta tierra te recibamos con los brazos abiertos.
Te lo vuelvo a repetir Mariano, Asturias será tu talón de Aquiles, trátanos sin respeto, como estás haciendo y terminarás tus últimos días como Napoleón en Santa Helena, en un pazo de las Rias Baixas, maldiciendo Asturias, porque fue el origen de los errores que malograron tus ambiciones. Sin acritud, por ahora.
Enrique Suárez
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domingo, 29 de mayo de 2011
Los acampados en el poder son los que sobran

"Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final, pase lo que pase. Uno raras veces vence, pero alguna vez vence”. Harper Lee, 1960 (frase recordada por Francisco Álvarez Cascos el 2-01-2011)
A una semana de la debacle electoral del PSOE, y el triunfo consecuente del PP, más por los errores de su adversario que por sus propios méritos, las cosas siguen igual. En el PSOE, se siguen disputando quien hace las listas electorales, porque ahora se avecinan tiempos difíciles y su poder va a resultar muy mermado. No hay suficientes puestos en la política, o derivados de la política, para todos y ese es su principal problema. Nada que ver con la democracia. Nombrar a Rubalcaba a dedo, desde la cúpula socialista, algo que ya se conocía al día siguiente del adiós de Zapatero, más que una novedad, es una ratificación demagógica del más de lo mismo.
En el PSOE no se están dando cuenta de que muchos de los que están acampados en las plazas de España ayer fueron sus votantes y se sienten defraudados, además de indignados. No les falta razón, aunque tampoco les sobra en su deriva cínica a lo Diógenes de Sínope, al reivindicar cambios radicales en la política española. Todavía no se sabe en qué parará la revolución ciudadana de las acampadas, porque en estos momentos se fragua quien la representará.
Si se hace desde la libertad, puede salir adelante, si se hace contra la libertad, no tiene ningún futuro. Desde la libertad solo puede condensarse en una alternativa política radical que se enfrente a lo existente, lo habíamos anunciado el año pasado en este blog: la creación de un antipartido político, una facción política que se enfrente a todas las existentes, con un programa breve pero intenso. La alternativa de masas, social, que pretende imponer su visión del mundo por decreto oclocrático no tiene ningún futuro, si el socialismo ha fracasado en el experimento desde el poder, peor aún se podría organizar desde la calle.
Rajoy sigue sin enterarse de lo que está ocurriendo y en estos momentos es tan peligroso para recobrar la salud política de este país como el Presidente que no se acaba de ir. El PP ha triunfado a pesar de Rajoy, al igual que el PSOE ha fracasado gracias a Zapatero. Ambos partidos sufren una impresionante crisis de liderazgo, sin precedentes. Zapatero se va, dice, pero Rajoy, piensa que se queda, cuando ni se está dando cuenta de que Zapatero le arrastrará con él, porque si el Presidente del Gobierno ha sido el responsable fundamental de la crisis total que estamos viviendo en España, Rajoy es el responsable de no haberle detenido, de no haber corregido sus excesos, siendo el Jefe de la Oposición. Nadie le va a perdonar que desde su tancredismo expectante, haya permitido que España haya sido asolada por el progresismo de Zapatero y sus huestes, que nos han traído la mayor crisis institucional de nuestra historia democrática.
España necesita un cambio en su relación entre políticos y ciudadanos, esa es la revolución que compartimos la mayoría de los españoles, unos tomando las plazas y otros las urnas, ese es el mensaje que ha emitido el pueblo con claridad. La gente está harta de que en nombre de unas siglas haya unos ciudadanos que, por dedicarse a la política, se conviertan en una nueva aristocracia que recibe todos los privilegios, mientras el pueblo que les ha alzado a la representación pública recibe todos los perjuicios. No se enteran de que la época de la representación censitaria, con listas organizadas desde las cúpulas de los partidos y no desde sus bases se ha acabado. La democracia no puede ser un instrumento para que unos aprovechados exploten y expolien al pueblo. No se trata de cambiar las formas en los representantes políticos, sino los contenidos, y lo terminarán haciendo, a la fuerza, si no son capaces de hacerlo de forma inteligente y voluntaria.
En Asturias se ha producido un fenómeno insólito, un indignado con la política española, proveniente de su mismo seno, viendo el desastre que se avecina ha establecido una nueva relación (en realidad, una relación auténtica y real) con los ciudadanos asturianos, más allá de las etiquetas ideológicas y los códigos trasnochados. Ni el PSOE, ni el PP se han enterado de lo acontecido, y Francisco Álvarez Cascos ha triunfado en las elecciones autonómicas, contra ambos, gracias a su portentoso esfuerzo y la confianza de sus paisanos. La relación que Francisco Álvarez Cascos ha establecido con sus electores, rompe con la indignante representación política a que están siendo sometidos por el PSOE, el PP y los demás partidos políticos.
Con un singular discurso de regeneración política, haciendo alarde de que la representación política está al servicio del pueblo y no para servirse del pueblo, ha triunfado en las elecciones, volviendo a los cimientos de la democracia española. Álvarez Cascos es un obrero de la política, un auténtico trabajador serrano, que ha recorrido Asturias varias veces, llevando su mensaje, como un buhonero, a los lugares más recónditos de Asturias. En tan solo cinco meses, con un puñado de ilusionados seguidores, ha logrado obtener más diputados autonómicos que el PSOE o el PP, 158 ediles y representación en 60 de los 78 concejos que conforman Asturias, con posibilidades de gobernar en Gijón y de decidir quién gobierna en Oviedo.
La FSA no ha encajado su derrota y trata de enmascararla atribuyendo a Foro Asturias la representación de la extrema derecha en España (y a los 175.000 asturianos que lo han hecho posible) o echando la culpa a los trabajadores de correos de su derrota. No reconocen sus errores. Ni una dimisión. En el PP asturiano, que fue el responsable junto a la cúpula de Génova de que Cascos se saliera del partido en el que había militado 34 años, tampoco han encajado la derrota. No reconocen sus errores. Ni una dimisión.
No reconocen sus errores por una sencilla razón, en la que los seguidores de Foro Asturias compartimos criterio de protesta con los indignados acampados por las plazas de España: su representación política es ficticia, no es real. Los partidos políticos convencionales han degenerado por completo hacia una alegoría del antiguo régimen, mientras sean las cúpulas las que elijan a los representantes políticos y no las bases de los partidos, todo será un engaño a la democracia. Ni Rajoy, ni Zapatero, ni Rubalcaba, ni Cascos siquiera, pueden decidir mejor que todos aquellos que trabajan por una idea. Sin democracia, los partidos políticos se convierten en empresas políticas que se dedican al negocio de conceder privilegios a aquellos que posiblemente menos se lo merezcan. Esa es la lección de los acampados y la de Álvarez Cascos, con dos discursos extraordinariamente convergentes, uno desde la política de Foro Asturias y otro desde las plazas públicas convertidas en foros, que sin respeto, sin rigor, sin honestidad, sin justicia, sin libertad, sin igualdad de oportunidades y sin democracia todo lo demás cae.
Rajoy se está pensando si concede su apoyo a Cascos en Asturias, en Foro Asturias nos estamos pensando si expandimos la idea de la nueva forma de hacer política a toda España, porque es el momento más adecuado de la historia para que cambien realmente las cosas. Seguiremos pensando, a ver que nos depara el destino. Mientras tanto, regresamos al comienzo de nuestra epopeya: ¡a verlas venir!.
Enrique Suárez
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jueves, 26 de mayo de 2011
El cultivo de la indignación

España está indignada, se siente en las plazas, en las urnas, en el PSOE, en las colas del INEM, en Sol, en los empresarios, en los funcionarios, en los pensionistas, en Telefónica. ¿Quién no está indignado en España?, habría que preguntarse. Una vez que sabemos que el país, en general, está indignado sería interesante averiguar con quien está indignado en particular.
Quizás el candidato con más posibilidades para recoger la mayor cuota de indignación nacional, sea el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a la vista de los resultados que ha obtenido su partido, el PSOE, en las elecciones del 22 de mayo. En realidad, menos el 15 % de los españoles que le apoyan a ultranza en las encuestas del CIS, todos los demás estamos indignados con el ente que habita en La Moncloa, hasta ayer mismo todos menos el PSOE, pero tras el batacazo electoral se han unido a la indignación y lo han hecho con vehemencia con un enfrentamiento entre gobierno y partido que no se recuerda en su historia desde lo del GAL y Felipe González.
Hace tres años, en un artículo titulado El Síndrome de China se preveía que algo así iba a ocurrir en España, cuando José Luis Rodríguez Zapatero triunfó en las elecciones generales, porque el día que la realidad alcanzara a los que engañaron a los españoles para triunfar en unas elecciones negando la crisis, ofreciendo lo imposible y creando un poquito de tensión, se iba a armar gorda. El resultado de la política experimental, consentida por el PSOE, mal opositada por el PP, parasitada por los nacionalismos, ha conducido al final a lo que se esperaba, a la debacle nacional, con cinco millones de parados, un endeudamiento galopante, la gente en las calles y el vuelco en las urnas.
Durante siete años hemos vivido en España bajo la hipnosis urdida por las huestes socialistas, empeñadas en demostrar la cuadratura del círculo, cuando trataban de demostrar que el bienestar social dependía de los deseos y no de las posibilidades, de la voluntad y no de la inteligencia, del “tira pal ante” y no del rigor en la gestión, la austeridad en el gasto y el esfuerzo en alcanzar los objetivos. Siempre he pensado que si en vez del PSOE estuviera gobernando el PP y hubiera ocurrido lo mismo, La Moncloa ya hubiera desaparecido, pero como la izquierda de este país tiene patente de iluminación democrática, pues ahí tenemos a los socialistas tratando de convencernos de que la crisis no es para tanto y que los cinco millones de parados es una consecuencia de la presión del capitalismo sobre nuestra sólida economía, es decir, el mismo mantra que llevan repitiendo años.
El PSOE posiblemente desaparezca, gracias a Zapatero (también lo advertimos en su día), porque ha tratado de abrir tanto las fauces para acapararlo todo que se ha quedado con la mandíbula bloqueada en un trismus y la foto le sale con apariencia de tiburón ballena hambriento. En realidad al PSOE de socialismo le queda el recuerdo, y se ha convertido en los últimos años en una agencia de intereses y expoliación pública, un peligro para la convivencia pacífica entre los ciudadanos españoles. Tanta violencia como ha ejercido sobre este país en nombre del progresismo no podía quedar impune, al final la gente se ha dado cuenta de que tanto progresismo sólo incrementaba su poder en provecho del socialismo y que no se podía seguir más allá, dando pasos hacia el abismo de abandonar la condición de españoles para acogerse a la proclama moral de la última república soviética de Europa. En fin, parece que la gente, al final, se ha dado cuenta del engaño.
Pero eliminar a Zapatero y el PSOE de nuestra realidad no va a resolver nuestros problemas, aunque por lo menos vamos a lograr que no sigan creciendo sin fin. El legado que nos va a dejar el PSOE es terrorífico, se han cargado la estructura económica, política, social, cultural e institucional que teníamos en España. El buenismo nos ha resultado pésimo. Hoy tenemos más problemas económicos, políticos, sociales, laborales, institucionales, personales y colectivos, que en los últimos 35 años de democracia. Todo lo acontecido no puede ser casual, sino causal, es decir, promovido con intención y voluntad. No es fruto de la negligencia sino de la imprudencia temeraria y la ambición extrema de una caterva de ineptos que han pretendido demostrar que el mundo se equivoca resolviendo los problemas, mientras ellos tienen razón creándolos, porque las políticas de valor añadido del malestar, la tensión y la crispación, han sobrepasado los límites de la asfixia ciudadana.
Que nadie se equivoque, el PSOE ha cultivado la indignación en España con celo y excelencia, porque en su objetivo estaba sembrar el caos, si no podían resolver los problemas que se presentaban. Soberbia, egoísmo, mezquindad, ignorancia, prepotencia, chulería e indiferencia por el destino al que nos remitían han sido los fertilizantes con los que el PSOE ha cultivado de forma perseverante la indignación en España. Evidentemente ayudados por la inepcia de la oposición y la anuencia de los ciudadanos, que le han dejado hacer las mayores barbaridades pensando que algún día ocurriría un milagro que resolviera el desastre.
A pesar de que el ocupante de La Moncloa no reciba mi simpatía, de nada sirve ahora lamentarse de lo acontecido, ni condenarlo a la hoguera del linchamiento de la opinión pública como chivo expiatorio, a lo que él siempre estaría dispuesto, para redimirnos de nuestros pecados con su espíritu de sacrificio magnánimo. Ya darán buena cuenta de él sus compañeros ahora que van a tener que volver a trabajar a pie de obra y abandonar las prebendas del poder. Apartados Zapatero y el PSOE del poder, seguiremos teniendo los mismos problemas al día siguiente. Así, que en este caso, con acabar con la causa de nuestros problemas no los resolvemos, porque al final tendremos otros con los que vengan.
Sin embargo si tenemos que agradecerle a Zapatero algo antes de que se vaya, y es que nunca tantos españoles se han dado cuenta de que la política no proporciona soluciones a nuestros problemas, sino que los incrementa, sobre todo cuando la representación está fundamentada en los motivos para creer y no en las condiciones de la realidad. Quizás esta experiencia haya servido a los españoles para aprender la lección de que no se puede votar con el corazón, ni creyendo lo que nos dicen los políticos desde la propaganda interesada, porque al final los errores de los ineptos los acabamos pagando todos.
A los indignados que hoy se reúnen en las plazas de España, reclamando pan a los chorizos que les han representado en la política, querría enviarles ánimo y decirles como Punset que no paren, pero eso sería volver a repetir los mismos errores, porque la mayoría ya están parados y lo que deben hacer es parar de estar en el paro, es decir, trabajar. Que despierten del largo sueño hipnótico en el que les han cultivado desde la política es el mejor consejo que puede dárseles. Si el problema es la política, que formen un partido político y triunfen en las elecciones para demostrarnos a todos que sus razones son mejor que las de los demás, los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, decía Lord Acton, están perdiendo el tiempo, las elecciones generales serán pronto, que se olviden de que los demás les resuelvan sus problemas, que creen un partido político con todos los objetivos que se proponen y que se presenten a las elecciones, pero claro, como han sido cultivados en el aborregamiento del Estado Providencia no harán nada para sacarse las castañas del fuego y esperarán a que sean los demás los que les den trabajo, una vivienda, seguridad social gratuita y una pensión vitalicia por haber nacido en el país de los milagros.
Si no les gusta lo existente que se enfrenten a ello, pero claro en un país en que la gente confunde la libertad con los derechos eso es pedir mucho. El nombre del partido ya lo tienen, se pueden llamar INDIGNADOS y elegir entre los suyos a los que mejor les representen, una vez que obtengan la mayoría parlamentaria, pueden promover un cambio Constitucional y convertir España en lo que bien les parezca. Eso de hacer una insurrección cívica para que sean otros los que les resuelvan sus problemas, pudiendo hacerlo ellos mismos, es el colmo de la dependencia y el ancilaje. Mi pregunta es la siguiente, ¿cómo van a conseguir lo que se proponen sin cambiar el sistema? ¿Cómo van a conseguirlo en una democracia sin triunfar en unas elecciones?, ¿cómo van a conseguir cambiar la realidad que no les gusta si permiten que otros sean los que representan sus intereses? ¿Cómo van a dar lecciones a los demás de lo que debe hacerse cuando ellos no están dispuestos a mostrarnos el camino con su ejemplo y esfuerzo?. Yo también les animo, que no paren hasta tomar el Parlamento, pero en las urnas, como los demás, no con la coacción y la coerción de que su verdad es mayor que la de los demás, porque eso hay que demostrarlo en las urnas y no en las calles protestando contra lo que sale de las urnas y no les agrada. Mientras sigan plantados en las plazas, pocos frutos van a lograr, de los que han cultivado su indignación, en esas condiciones, más que indignados podrían denominarse cultivados por los políticos españoles.
Así que menos quejarse de los que les han defraudado y a trabajar y esforzarse por lo que quieren conseguir, a ver si los demás tenemos que renunciar a esta cochambrosa democracia que tenemos, para que ellos puedan dormir a pierna suelta imponiéndonos su versión de la vida y el mundo, como unos dictadores del tres al cuarto. Hace seis meses proponíamos desde este blog una hoja de ruta para la insurrección cívica, sigue vigente, con una buena campaña pueden triunfar en las elecciones, como cualquiera que se presente a ellas, no vamos a cambiar ahora las reglas para que puedan jugar los que no se sienten cómodos con ellas, eso ya lo hicieron los socialistas durante los últimos siete años, desde el poder, y la experiencia ha sido espantosa, como para repetirla ahora desde la calle.
Aunque tengo la sospecha de que no lo harán, de que no formarán un partido político que se llame INDIGNADOS o como les dé la gana, a buena hora se lo iban a permitir desde el PSOE e IU.... y desde el PP y los nacionalistas.
Biante de Priena
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domingo, 22 de mayo de 2011
La revelación de los indignados

Quizás haya que elevar el nível, es lo que ha hecho Manuel I. Cabezas en un comentario de otro artículo de este blog cuando dice que las concentraciones en la Plaza de Cataluña de Barcelona se parecen más a un zoco árabe que a un ágora griega y se pregunta: ¿quién puede debatir en estas condiciones?. También lo ha hecho Federico Jiménez Losantos al responderle a su hijo, David Jiménez Torres sobre su discreto apoyo a los asentamientos, a la toma del centro urbano de las principales ciudadades españolas como si se tratara de nuevas bastillas. Por mi parte he tratado de hablar con mi hija de 22 años sobre la cuestión, sin llegar a un acuerdo. ¿Estamos, entonces, ante un choque generacional?. Ojalá fuera así, pero no lo es.
La incomunicación ha crecido últimamente demasiado entra padres e hijos en España, por varias razones: hay menos tiempo para dialogar, las nuevas tecnologías nos han atrapado, y desde el Gobierno se ha fomentado la segregación familiar entre padres e hijos, en un divide y vencerás propio de los modelos de coerción estalinistas. En fin, ya queda menos para soportar tanta inmundicia.
La gran diferencia entra los jóvenes y los mayores siempre es la misma, el mundo que los jóvenes se encuentran ha sido construido por sus padres, los jóvenes hayan más defectos que virtudes en su percepción utópica e idealista de la realidad y los mayores, se conforman con lo existente porque cuando ellos eran jóvenes, todavía estaba peor y ha costado mucho esfuerzo construir lo que realmente existe, con sus defectos y sus virtudes. Las sociedades evolucionan precisamente por eso, porque la ambición, la fuerza, el entusiasmo de las generaciones más jóvenes, se va perdiendo en las pretéritas, por eso se decía que los rebeldes a los 20 años terminan siendo conservadores a los 40 años. Será verdad. Siempre ha sido penosa la labor de los hijos que se empeñan en convencer a sus padres de cómo se hacen los hijos. Envejecer es hacerse tolerante, ecuánime y pragmático.
Pero ciertamente, algo de razón no les falta a los reunidos, pero evidentemente, no tienen toda la razón, al menos desde mi criterio: tienen razón en que el sistema político español es un auténtico desastre, pero no tienen razón en pensar que eso es un problema de la democracia o del sistema, sino de las personas que lo han ocupado. Los coches no cometen infracciones, son los conductores los que las cometene. También tienen razón en decir que no se pude soportar un país con un 50 % de parados jóvens y cinco millones de parados en total, pero no la tienen cuando el 50 % de los jóvenes que sí trabajan, posiblemente se estén moliendo hasta la explotación, mientras ellos están ejerciendo de revolucionarios. ¿Qué dirá un joven que curra como un desgraciado, paga sus impuestos y tiene miedo a perder su trabajo por la crisis, de aquellos que se va a reunir con sus amigos a la acampada, para protestar y otras cosas?. Sin duda tienen razón en protestar, pero no la tienen en hacerlo en la jornada de reflexión, vulnerando una orden, de la Junta Electoral Central, máxima autoridad en periodo electoral en los países democráticos, con la anuencia del Gobierno. Así que vayamos por partes, hay muchas cosas en las que tienen razón, pero hay otras muchas en las que no la tienen. La democracia consiste precisamente en eso, en que todas las razones se puedan manifestar en libertad, pero siempre que se respete la ley. Incluso también pueden tener razón cuando dicen que si los políticos no respetan la ley por qué razón deberían hacerlo ellos. Ciertamente es así, pero en ese caso que denuncien a los políticos, con nombre y apellidos y no al sistema o la democracia.
Nada como regresar a los clásicos para saber lo que está ocurriendo, y por qué no decirlo, cuando desde este blog llevamos diciendo desde hace cinco años que una rebelión contra la aristocracia política de este país es imprescindible, no vamos a retractarnos ahora. Como le he dicho a Epi, otro de nuestros contertulios habituales: no seamos quijotes, viendo gigantes revolucionarios que deseamos donde sólo hay molinos partidarios en campaña electoral. No confundamos nuestras ilusiones con la realidad, porque eso nos llevaría, sin duda, al delirio.
Lo que está ocurriendo en las movilizaciones sociales que recorren España tiene mucho más que ver con los procedimientos habituales de una oclocracia, que con una rebelión democrática, con una revolución civil. Aristóteles nos dijo hace 2300 años que había tres degeneraciones de la democracia: la oclocracia, o gobierno de las muchedumbres, la oligarquía, gobierno de los privilegiados, la tiranía, gobierno del autócrata. En España, desgraciadamente, tenemos las tres en estos momentos, pero la que requiere nuestro interés en relación al tema es la oclocracia, una muchedumbre que trata de coartar, coaccionar, y ejercer coerción sobre el pueblo, bien de forma pacífica o violenta, para alcanzar un propósito determinado en las urnas, ante unas elecciones. Algo similar a lo que ocurrió tras el atentado del 11-M, que nos trajo los siete años en Pandora que hemos vivido, gracias a los que han gobernado y hecho oposición.
Varios artículos se escribieron en este blog, a lo largo del año pasado (1, 2, 3, 4) sobre el peligro que teníamos en España de entrar en una oclocracia, ante la deriva adanista y mesiánica del iluminado de La Moncloa. La opresión ejercida por el Gobierno español sobre los ciudadanos, su violencia moral, su insustancialidad estúpida, acompañado de una oposición que le ha hecho la ola, conduciría inexorablemente a una explosión social como la que estamos viviendo. No puedo pensar que si desde un humilde blog, se pudo predecir lo que iba a acontecer, desde el Gobierno del PSOE y la oposición del PP más nacionalistas, no se pudo hacer lo mismo. No me lo creo, soy escéptico, más bien pienso que desde el Gobierno se ha llegado a asfixiar la sociedad hasta que han logrado el propósito que pretendían: el estallido social, prueba de ello es que no han hecho nada por evitarlo, reducirlo o encauzarlo, sino que más bien parecen encantados y poco les falta para aplaudir.
En fin, no dudo de la buena voluntad de muchos de los que se han reunido en las plazas españolas, pero tampoco de quien está pilotando la revuelta de forma coactiva y discreta: el Gobierno, el PSOE, IU, los sindicatos, los colectivos apesebrados y los grupos de poder social de la izquierda española. En política las cosas no ocurren nunca por casualidad y todo lo que no tiene explicación tiene intención. ¿Cómo se puede hacer una protesta contra lo que ocurre sin denunciar a los que lo han provocado?. ¿Cómo es posible que cuando el gobierno del PSOE ha llevado a este país a una situación de quiebra por sus desmanes, los responsables sean los políticos en general y no los del PSOE en particular?. ¿Cómo se puede pedir pan a los chorizos, sin reclamar una Auditoría General del Estado para saber quienes han sido los chorizos?. ¿Cómo se puede consentir que el Gobierno que ha enviado al paro a tantos jóvenes salga indemne del desastre que ha organizado?. ¿Por qué la acampada es en Sol y no en La Moncloa?, ¿por qué no se hace en ambos lugares al mismo tiempo?.
Soy incrédulo con los movimientos sociales de masas, no así con los movimientos cívicos que defienden la libertad, a los que respeto, apoyo y promuevo, pero desconfío de las muchedumbres, de la masa amorfa sin capitalización ni organización, sin fundamento en una alternativa clara, que de forma genérica exigen a los demás que hagan algo para resolver sus problemas. No se puede hacer una revolución sin hablar de la libertad, porque toda revolución denuncia una opresión y unos opresores, no se pide que se aflojen las cinchas que esclavizan al pueblo, van directamente contra los que las han impuesto. Sin embargo, esta revolución respeta al Gobierno socialista que ha destrozado este país y trata de que pase el tiempo hasta que abandone el poder, para congregar todas sus fuerzas contra los gobiernos que surjan del PP.
Es tan fácil de comprender, mientras miramos las concentraciones, se nos olvida quien está en el poder y su legado; si además, mañana se vota, mejor que mejor para el Gobierno, todavía habrá algunos que, por miedo o ingenuidad, termine votando por sus secuestradores: se denomina síndrome de Estocolmo a la conducta de comprender al que nos hace daño y defenderlo, porque como les han apoyado en su indignación...se olvidarán de que han sido, ellos, precisamente los que les han indignado. Dejá vu.
Si se quiere saber el Qui Prodest? (¿a quién beneficia?) de "las revoluciones" es muy sencillo: a los que pierden las elecciones. Nadie se ha parado a pensar que donde el PP está gobernando repite en todas las encuestas, mientras que donde el PSOE ha gobernado, perderá las elecciones según indican las encuestas. ¿A qué tiene miedo el PSOE? ¿Tal vez a qué se descubra todo lo que han robado durante los últimos siete años? ¿Para eso urden, una vez más, una campaña de enmascaramiento?.
Si los jóvenes españoles quieren hacer una revolución que prescindan de las manipulaciones a que les están sometiendo y que se atrevan con una revolución de verdad, organizada desde el Liberalismo Revolucionario, por qué no hay otra, (además es de tradición española) pero eso exige respetar las reglas y no vulnerarlas, eso requiere diferenciar y discriminar entre los criminales a los que se condena y las víctimas, eso es una revolución civil desde la libertad y no una revolución social de masas, pastoreadas por los que ni saben gobernar, ni saben respetar la ley, ni saben respetar la libertad, ni saben lo que es perder, democráticamente, unas elecciones. Si no se corta de raíz el engaño, lo que hoy son manifestaciones pacíficas con el PSOE en los gobiernos autonómicos y municipales, mañana serán violentas cuando el PSOE haya perdido el poder.
Enrique Suárez
La incomunicación ha crecido últimamente demasiado entra padres e hijos en España, por varias razones: hay menos tiempo para dialogar, las nuevas tecnologías nos han atrapado, y desde el Gobierno se ha fomentado la segregación familiar entre padres e hijos, en un divide y vencerás propio de los modelos de coerción estalinistas. En fin, ya queda menos para soportar tanta inmundicia.
La gran diferencia entra los jóvenes y los mayores siempre es la misma, el mundo que los jóvenes se encuentran ha sido construido por sus padres, los jóvenes hayan más defectos que virtudes en su percepción utópica e idealista de la realidad y los mayores, se conforman con lo existente porque cuando ellos eran jóvenes, todavía estaba peor y ha costado mucho esfuerzo construir lo que realmente existe, con sus defectos y sus virtudes. Las sociedades evolucionan precisamente por eso, porque la ambición, la fuerza, el entusiasmo de las generaciones más jóvenes, se va perdiendo en las pretéritas, por eso se decía que los rebeldes a los 20 años terminan siendo conservadores a los 40 años. Será verdad. Siempre ha sido penosa la labor de los hijos que se empeñan en convencer a sus padres de cómo se hacen los hijos. Envejecer es hacerse tolerante, ecuánime y pragmático.
Pero ciertamente, algo de razón no les falta a los reunidos, pero evidentemente, no tienen toda la razón, al menos desde mi criterio: tienen razón en que el sistema político español es un auténtico desastre, pero no tienen razón en pensar que eso es un problema de la democracia o del sistema, sino de las personas que lo han ocupado. Los coches no cometen infracciones, son los conductores los que las cometene. También tienen razón en decir que no se pude soportar un país con un 50 % de parados jóvens y cinco millones de parados en total, pero no la tienen cuando el 50 % de los jóvenes que sí trabajan, posiblemente se estén moliendo hasta la explotación, mientras ellos están ejerciendo de revolucionarios. ¿Qué dirá un joven que curra como un desgraciado, paga sus impuestos y tiene miedo a perder su trabajo por la crisis, de aquellos que se va a reunir con sus amigos a la acampada, para protestar y otras cosas?. Sin duda tienen razón en protestar, pero no la tienen en hacerlo en la jornada de reflexión, vulnerando una orden, de la Junta Electoral Central, máxima autoridad en periodo electoral en los países democráticos, con la anuencia del Gobierno. Así que vayamos por partes, hay muchas cosas en las que tienen razón, pero hay otras muchas en las que no la tienen. La democracia consiste precisamente en eso, en que todas las razones se puedan manifestar en libertad, pero siempre que se respete la ley. Incluso también pueden tener razón cuando dicen que si los políticos no respetan la ley por qué razón deberían hacerlo ellos. Ciertamente es así, pero en ese caso que denuncien a los políticos, con nombre y apellidos y no al sistema o la democracia.
Nada como regresar a los clásicos para saber lo que está ocurriendo, y por qué no decirlo, cuando desde este blog llevamos diciendo desde hace cinco años que una rebelión contra la aristocracia política de este país es imprescindible, no vamos a retractarnos ahora. Como le he dicho a Epi, otro de nuestros contertulios habituales: no seamos quijotes, viendo gigantes revolucionarios que deseamos donde sólo hay molinos partidarios en campaña electoral. No confundamos nuestras ilusiones con la realidad, porque eso nos llevaría, sin duda, al delirio.
Lo que está ocurriendo en las movilizaciones sociales que recorren España tiene mucho más que ver con los procedimientos habituales de una oclocracia, que con una rebelión democrática, con una revolución civil. Aristóteles nos dijo hace 2300 años que había tres degeneraciones de la democracia: la oclocracia, o gobierno de las muchedumbres, la oligarquía, gobierno de los privilegiados, la tiranía, gobierno del autócrata. En España, desgraciadamente, tenemos las tres en estos momentos, pero la que requiere nuestro interés en relación al tema es la oclocracia, una muchedumbre que trata de coartar, coaccionar, y ejercer coerción sobre el pueblo, bien de forma pacífica o violenta, para alcanzar un propósito determinado en las urnas, ante unas elecciones. Algo similar a lo que ocurrió tras el atentado del 11-M, que nos trajo los siete años en Pandora que hemos vivido, gracias a los que han gobernado y hecho oposición.
Varios artículos se escribieron en este blog, a lo largo del año pasado (1, 2, 3, 4) sobre el peligro que teníamos en España de entrar en una oclocracia, ante la deriva adanista y mesiánica del iluminado de La Moncloa. La opresión ejercida por el Gobierno español sobre los ciudadanos, su violencia moral, su insustancialidad estúpida, acompañado de una oposición que le ha hecho la ola, conduciría inexorablemente a una explosión social como la que estamos viviendo. No puedo pensar que si desde un humilde blog, se pudo predecir lo que iba a acontecer, desde el Gobierno del PSOE y la oposición del PP más nacionalistas, no se pudo hacer lo mismo. No me lo creo, soy escéptico, más bien pienso que desde el Gobierno se ha llegado a asfixiar la sociedad hasta que han logrado el propósito que pretendían: el estallido social, prueba de ello es que no han hecho nada por evitarlo, reducirlo o encauzarlo, sino que más bien parecen encantados y poco les falta para aplaudir.
En fin, no dudo de la buena voluntad de muchos de los que se han reunido en las plazas españolas, pero tampoco de quien está pilotando la revuelta de forma coactiva y discreta: el Gobierno, el PSOE, IU, los sindicatos, los colectivos apesebrados y los grupos de poder social de la izquierda española. En política las cosas no ocurren nunca por casualidad y todo lo que no tiene explicación tiene intención. ¿Cómo se puede hacer una protesta contra lo que ocurre sin denunciar a los que lo han provocado?. ¿Cómo es posible que cuando el gobierno del PSOE ha llevado a este país a una situación de quiebra por sus desmanes, los responsables sean los políticos en general y no los del PSOE en particular?. ¿Cómo se puede pedir pan a los chorizos, sin reclamar una Auditoría General del Estado para saber quienes han sido los chorizos?. ¿Cómo se puede consentir que el Gobierno que ha enviado al paro a tantos jóvenes salga indemne del desastre que ha organizado?. ¿Por qué la acampada es en Sol y no en La Moncloa?, ¿por qué no se hace en ambos lugares al mismo tiempo?.
Soy incrédulo con los movimientos sociales de masas, no así con los movimientos cívicos que defienden la libertad, a los que respeto, apoyo y promuevo, pero desconfío de las muchedumbres, de la masa amorfa sin capitalización ni organización, sin fundamento en una alternativa clara, que de forma genérica exigen a los demás que hagan algo para resolver sus problemas. No se puede hacer una revolución sin hablar de la libertad, porque toda revolución denuncia una opresión y unos opresores, no se pide que se aflojen las cinchas que esclavizan al pueblo, van directamente contra los que las han impuesto. Sin embargo, esta revolución respeta al Gobierno socialista que ha destrozado este país y trata de que pase el tiempo hasta que abandone el poder, para congregar todas sus fuerzas contra los gobiernos que surjan del PP.
Es tan fácil de comprender, mientras miramos las concentraciones, se nos olvida quien está en el poder y su legado; si además, mañana se vota, mejor que mejor para el Gobierno, todavía habrá algunos que, por miedo o ingenuidad, termine votando por sus secuestradores: se denomina síndrome de Estocolmo a la conducta de comprender al que nos hace daño y defenderlo, porque como les han apoyado en su indignación...se olvidarán de que han sido, ellos, precisamente los que les han indignado. Dejá vu.
Si se quiere saber el Qui Prodest? (¿a quién beneficia?) de "las revoluciones" es muy sencillo: a los que pierden las elecciones. Nadie se ha parado a pensar que donde el PP está gobernando repite en todas las encuestas, mientras que donde el PSOE ha gobernado, perderá las elecciones según indican las encuestas. ¿A qué tiene miedo el PSOE? ¿Tal vez a qué se descubra todo lo que han robado durante los últimos siete años? ¿Para eso urden, una vez más, una campaña de enmascaramiento?.
Si los jóvenes españoles quieren hacer una revolución que prescindan de las manipulaciones a que les están sometiendo y que se atrevan con una revolución de verdad, organizada desde el Liberalismo Revolucionario, por qué no hay otra, (además es de tradición española) pero eso exige respetar las reglas y no vulnerarlas, eso requiere diferenciar y discriminar entre los criminales a los que se condena y las víctimas, eso es una revolución civil desde la libertad y no una revolución social de masas, pastoreadas por los que ni saben gobernar, ni saben respetar la ley, ni saben respetar la libertad, ni saben lo que es perder, democráticamente, unas elecciones. Si no se corta de raíz el engaño, lo que hoy son manifestaciones pacíficas con el PSOE en los gobiernos autonómicos y municipales, mañana serán violentas cuando el PSOE haya perdido el poder.
Enrique Suárez
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martes, 19 de abril de 2011
El talento incómodo

"El mago hizo un gesto y despareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y despareció la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago". Woody Allen.
Una de las maravillas culturales que produce fascinación en estos tiempos farragosos que atravesamos en España, es la reinvención del talante, parecerá una tontería, pero no lo es. El talante forma parte de una estrategia urdida con insidia desde la propaganda más infame, con la única finalidad de desplazar al talento de la realidad pública. El talento debe ser invisible para no ofender a los que carecen de él. Reflexionar correctamente sobre los problemas y encontrar soluciones es digno de condena eterna. Para ser representante público hay que tener talante, y carecer de talento, a imagen y semejanza del gran líder mesiánico de La Moncloa, solo así se puede obtener un provechoso futuro.
La ausencia de talento de los gobernantes, explica mejor que la usura de los bancos o la mala leche de las compañías de evaluación de riesgos la crisis económica que vivimos en España. Gracias al talante tenemos cerca de 5 millones de parados, un país al borde de la quiebra, con un déficit galopante, una inflación no dinamizadora y una precariedad que asusta hasta a los niños. No se dice nada de la ímproba labor silenciosa y callada de los sindicatos mientras reciben cientos de millones de euros desde el Gobierno, bien de forma directa o por medio de los cursos subvencionados para parados, ERES, y otras tonterías sin importancia. Tampoco de todos los subvencionados pesebres que se han organizado para parásitos y advenedizos, en forma de colectivos para la defensa de las más estrambóticas singularidades culturales.
La clave es simple, por talante no se puede denominar a un estúpido, como estúpido, eso está mal visto, es políticamente incorrecto, pero tampoco a un genio, se le puede denominar genio, eso ofendería a la inmensa mayoría que no es estúpida ni genial, así que nos hemos quedado sin estúpidos ni genios gracias a un decreto cultural del Gobierno. Todo se debe entender desde el talante. Si Zapatero ha sido el presidente que ha creado más paro en España habiendo prometido alcanzar el pleno empleo para triunfar en unas elecciones, no ha mentido, se ha equivocado. Si Rubalcaba no sabe que ha pasado con el faisán, es que tiene mala memoria, tampoco se puede acordar de todo. Si a Rajoy ni está ni se le espera, hasta que lleguen las elecciones, es que no es la hora de ejercer oposición, porque eso estaría mal visto por los electores que ante todo, según el socialismo, valoran el talante como la cualidad humana más sublime, mientras estoicamente sufren y soportan la ausencia de talento en la gestión de las cosas públicas, y a veces esos pequeños deslices que, cualquier padre, haría por cualquier hijo, si tuviera ocasión.
Gracias al talante, los españoles hemos dejado de ser considerados como idiotas cuando soportamos los gobiernos más ineptos y mendaces de nuestra historia, simplemente somos estoicos, una población recia, que sabe encajar de forma magnífica las patadas al hígado de nuestro bienestar que nos conceden nuestros eximios representantes públicos. Ahora somos solidarios con el Gobierno, en vez de decir que estamos secuestrados en la decadencia más extenuante por los gobernantes. Aquí ni dios se equivoca, y como rectificar es de sabios, pero gracias al talante ya no hay sabios, si hay parados, debe ser una enfermedad periódica y natural del país; si hay déficit, posiblemente sea por culpa del cambio climático; si cada día nuestra deuda se incrementa, es porque el Gobierno vela por todos nosotros como si fuera la misma representación del Padre Estado, al tiempo que carga a las próximas generaciones con el pufo que va a dejar de legado. Un 45 % de paro juvenil es la desmotivación natural ante las numerosas oportunidades de ocio que tiene nuestra juventud adoctrinada, todos con dinero suficiente para divertirse, acceso a internet, móviles y mucho tiempo libre que pueden dedicar a contemplar los programas de televisión con más talante de nuestra historia. ¿Se puede ser más afortunado?
¿Pero qué es el talante?, pues un valor incrustado culturalmente por el socialismo en España con el único objetivo de desplazar al mérito y el talento de las oportunidades laborales, vamos, un auténtico robo, una apropiación indebida de los cargos públicos por reunir como méritos fundamentales el carnet del partido y la fortuna de la designación de los que mandan, porque gracias al talante, José Blanco puede ser ministro, aunque su talento para tal actividad esté aún por descubrir, al tiempo que Zapatero ha logrado llevar a este país a la ruina, aunque al final seguro que nos dirá en sus memorias que lo hizo por el bien de los ciudadanos y la búsqueda de las mayores cotas de bienestar. Con José Luis Rodríguez Zapatero, la realidad tiene la mala costumbre de equivocarse.
Pero lo del talante tiene su interpretación, el talante es un valor que se ocupa de las relaciones entre las personas, mientras desprecia la condición de las personas. Así un inepto y un genio que se relacionan de media dan un mediocre, gracias al talante, al inepto se le suple la ineptitud por compensación, y al genio se le retira la genialidad por lo mismo. Una sociedad mediocre, homogénea e igualitaria es lo que nos queda como resultado, porque en la mediocridad surgen las características determinantes para que alguien pueda votar por el talante y no por el talento a sus representantes públicos. El electorado para quien lo cultiva. Así tenemos políticos que son la leche del buen rollito, pero no tienen ni pajolera idea de lo que se traen entre manos cuando son nominados para gestinonar la cosa pública. La política del Gobierno es sencilla, destroza para construir y colocar a los tuyos desde el sectarismo más infame. El cristalero deshonesto que se pasa la noche rompiendo cristales a pedradas, para ser contratado por las mañanas para colocarlos de nuevo, tiene un floreciente negocio, como esa empresa estatal que es el PSOE.
El problema fundamental de la cultura del talante es que ha vaciado de talentos los lugares de decisión sobre asuntos públicos en las instituciones españolas, así nos va como nos va, con paz y amor, y cinco millones de parados con mucho talante. Hoy, en España, tener alguna cualidad especial es una condición peligrosa, porque a todo el que destaca en algo por si mismo, es sospechoso de haber traicionado a la mediocridad circundante, como en la época del jmer rojo en Camboya; en una sociedad mediocre y homogénea, no puede existir alguien con talento, y si se da esa extraña circunstancia, seguramente que no tiene talante, lo deseable por el poder socialista es talante y no talento. Así que lo que nos espera es contemplar como gracias al talante, España se hunde en la miseria, hemos perdido poder adquisitivo, nos han subido los impuestos, varios millones de ciudadanos se han quedado en el paro, la deuda que acumulamos la pagarán nuestros nietos y dentro de unos meses tendremos que ser rescatados por la Unión Europea antes de entrar en quiebra, con lo que nuestras circunstancias vitales aún empeorarán mucho más. Gracias al talante, solo pueden medrar los que establecen el criterio de excelencia social: reirse de los demás, mientras cobran lo que no se merecen.
Mientras tanto, en los demás países occidentales, que siguen funcionando como toda la vida, premiando el talento y el esfuerzo y no su ausencia con talante, siguen avanzando sin paro, sin crisis, y sin problemas. Nosotros, nos rezagamos, no sabemos cuando saldremos de la crisis y el paro se sigue incrementando, al mismo tiempo que la renta per capita de los españoles sigue decayendo, pero al menos tenemos talante y propaganda, ¿no es magnífico?. La envidia que nos tendrán en el resto de Europa al observar en paises más serios y rigurosos que el nuestro nuestro talante, los alemanes se morderán las uñas apesadumbrados mientras crecen al 3 % y nosotros decrecemos, los italianos abjurando de Berlusconi que no tiene talante ahí se sostienen y los franceses, con el xenófobo Sarkozy reducen desempleo cada mes, y los ingleses nos miran mal porque que más quisieran que tener nuestro talante. Somos la envidia de Occidente, a pesar de todo, que más da que tengamos crisis, paro, descrédito y desmesura, si tenemos talante, la cosa más importante de este mundo, según Zapatero (y los once millones de prosélitos de talante que nos lo trajeron).
Y lo mejor de todo, todavía no ha salido nadie del PSOE para pedirn disculpas a los españoles por lo que le ha hecho Zapatero a este país, amparado por sus siglas. Realmente debe ser innecesario, para que iban a hacerlo, si nos sobra talante. Cien años más tenía que gobernar el PSOE en España, se iban a enterar los demás europeos de lo que es hacer las cosas con talante, aquí no se necesitan talentos, estamos sobrados, los tenemos a casi todos en el paro, mientras en el Gobierno tenemos a la gente que tiene el mejor talante del mundo, así nos va. El día que el talante se exporte se van a enterar de lo que es invertir en futuro. Vaya empacho de talante que hemos pillado, no se nos va a quitar en décadas. A ver si por lo menos volvemos a ser idiotas, como toda la vida, cuando alguien nos tomaba el pelo, aunque nos quedemos sin talante.
Biante de Priena
PD: fractalio, aquí tampoco se habla de Cascos
Una de las maravillas culturales que produce fascinación en estos tiempos farragosos que atravesamos en España, es la reinvención del talante, parecerá una tontería, pero no lo es. El talante forma parte de una estrategia urdida con insidia desde la propaganda más infame, con la única finalidad de desplazar al talento de la realidad pública. El talento debe ser invisible para no ofender a los que carecen de él. Reflexionar correctamente sobre los problemas y encontrar soluciones es digno de condena eterna. Para ser representante público hay que tener talante, y carecer de talento, a imagen y semejanza del gran líder mesiánico de La Moncloa, solo así se puede obtener un provechoso futuro.
La ausencia de talento de los gobernantes, explica mejor que la usura de los bancos o la mala leche de las compañías de evaluación de riesgos la crisis económica que vivimos en España. Gracias al talante tenemos cerca de 5 millones de parados, un país al borde de la quiebra, con un déficit galopante, una inflación no dinamizadora y una precariedad que asusta hasta a los niños. No se dice nada de la ímproba labor silenciosa y callada de los sindicatos mientras reciben cientos de millones de euros desde el Gobierno, bien de forma directa o por medio de los cursos subvencionados para parados, ERES, y otras tonterías sin importancia. Tampoco de todos los subvencionados pesebres que se han organizado para parásitos y advenedizos, en forma de colectivos para la defensa de las más estrambóticas singularidades culturales.
La clave es simple, por talante no se puede denominar a un estúpido, como estúpido, eso está mal visto, es políticamente incorrecto, pero tampoco a un genio, se le puede denominar genio, eso ofendería a la inmensa mayoría que no es estúpida ni genial, así que nos hemos quedado sin estúpidos ni genios gracias a un decreto cultural del Gobierno. Todo se debe entender desde el talante. Si Zapatero ha sido el presidente que ha creado más paro en España habiendo prometido alcanzar el pleno empleo para triunfar en unas elecciones, no ha mentido, se ha equivocado. Si Rubalcaba no sabe que ha pasado con el faisán, es que tiene mala memoria, tampoco se puede acordar de todo. Si a Rajoy ni está ni se le espera, hasta que lleguen las elecciones, es que no es la hora de ejercer oposición, porque eso estaría mal visto por los electores que ante todo, según el socialismo, valoran el talante como la cualidad humana más sublime, mientras estoicamente sufren y soportan la ausencia de talento en la gestión de las cosas públicas, y a veces esos pequeños deslices que, cualquier padre, haría por cualquier hijo, si tuviera ocasión.
Gracias al talante, los españoles hemos dejado de ser considerados como idiotas cuando soportamos los gobiernos más ineptos y mendaces de nuestra historia, simplemente somos estoicos, una población recia, que sabe encajar de forma magnífica las patadas al hígado de nuestro bienestar que nos conceden nuestros eximios representantes públicos. Ahora somos solidarios con el Gobierno, en vez de decir que estamos secuestrados en la decadencia más extenuante por los gobernantes. Aquí ni dios se equivoca, y como rectificar es de sabios, pero gracias al talante ya no hay sabios, si hay parados, debe ser una enfermedad periódica y natural del país; si hay déficit, posiblemente sea por culpa del cambio climático; si cada día nuestra deuda se incrementa, es porque el Gobierno vela por todos nosotros como si fuera la misma representación del Padre Estado, al tiempo que carga a las próximas generaciones con el pufo que va a dejar de legado. Un 45 % de paro juvenil es la desmotivación natural ante las numerosas oportunidades de ocio que tiene nuestra juventud adoctrinada, todos con dinero suficiente para divertirse, acceso a internet, móviles y mucho tiempo libre que pueden dedicar a contemplar los programas de televisión con más talante de nuestra historia. ¿Se puede ser más afortunado?
¿Pero qué es el talante?, pues un valor incrustado culturalmente por el socialismo en España con el único objetivo de desplazar al mérito y el talento de las oportunidades laborales, vamos, un auténtico robo, una apropiación indebida de los cargos públicos por reunir como méritos fundamentales el carnet del partido y la fortuna de la designación de los que mandan, porque gracias al talante, José Blanco puede ser ministro, aunque su talento para tal actividad esté aún por descubrir, al tiempo que Zapatero ha logrado llevar a este país a la ruina, aunque al final seguro que nos dirá en sus memorias que lo hizo por el bien de los ciudadanos y la búsqueda de las mayores cotas de bienestar. Con José Luis Rodríguez Zapatero, la realidad tiene la mala costumbre de equivocarse.
Pero lo del talante tiene su interpretación, el talante es un valor que se ocupa de las relaciones entre las personas, mientras desprecia la condición de las personas. Así un inepto y un genio que se relacionan de media dan un mediocre, gracias al talante, al inepto se le suple la ineptitud por compensación, y al genio se le retira la genialidad por lo mismo. Una sociedad mediocre, homogénea e igualitaria es lo que nos queda como resultado, porque en la mediocridad surgen las características determinantes para que alguien pueda votar por el talante y no por el talento a sus representantes públicos. El electorado para quien lo cultiva. Así tenemos políticos que son la leche del buen rollito, pero no tienen ni pajolera idea de lo que se traen entre manos cuando son nominados para gestinonar la cosa pública. La política del Gobierno es sencilla, destroza para construir y colocar a los tuyos desde el sectarismo más infame. El cristalero deshonesto que se pasa la noche rompiendo cristales a pedradas, para ser contratado por las mañanas para colocarlos de nuevo, tiene un floreciente negocio, como esa empresa estatal que es el PSOE.
El problema fundamental de la cultura del talante es que ha vaciado de talentos los lugares de decisión sobre asuntos públicos en las instituciones españolas, así nos va como nos va, con paz y amor, y cinco millones de parados con mucho talante. Hoy, en España, tener alguna cualidad especial es una condición peligrosa, porque a todo el que destaca en algo por si mismo, es sospechoso de haber traicionado a la mediocridad circundante, como en la época del jmer rojo en Camboya; en una sociedad mediocre y homogénea, no puede existir alguien con talento, y si se da esa extraña circunstancia, seguramente que no tiene talante, lo deseable por el poder socialista es talante y no talento. Así que lo que nos espera es contemplar como gracias al talante, España se hunde en la miseria, hemos perdido poder adquisitivo, nos han subido los impuestos, varios millones de ciudadanos se han quedado en el paro, la deuda que acumulamos la pagarán nuestros nietos y dentro de unos meses tendremos que ser rescatados por la Unión Europea antes de entrar en quiebra, con lo que nuestras circunstancias vitales aún empeorarán mucho más. Gracias al talante, solo pueden medrar los que establecen el criterio de excelencia social: reirse de los demás, mientras cobran lo que no se merecen.
Mientras tanto, en los demás países occidentales, que siguen funcionando como toda la vida, premiando el talento y el esfuerzo y no su ausencia con talante, siguen avanzando sin paro, sin crisis, y sin problemas. Nosotros, nos rezagamos, no sabemos cuando saldremos de la crisis y el paro se sigue incrementando, al mismo tiempo que la renta per capita de los españoles sigue decayendo, pero al menos tenemos talante y propaganda, ¿no es magnífico?. La envidia que nos tendrán en el resto de Europa al observar en paises más serios y rigurosos que el nuestro nuestro talante, los alemanes se morderán las uñas apesadumbrados mientras crecen al 3 % y nosotros decrecemos, los italianos abjurando de Berlusconi que no tiene talante ahí se sostienen y los franceses, con el xenófobo Sarkozy reducen desempleo cada mes, y los ingleses nos miran mal porque que más quisieran que tener nuestro talante. Somos la envidia de Occidente, a pesar de todo, que más da que tengamos crisis, paro, descrédito y desmesura, si tenemos talante, la cosa más importante de este mundo, según Zapatero (y los once millones de prosélitos de talante que nos lo trajeron).
Y lo mejor de todo, todavía no ha salido nadie del PSOE para pedirn disculpas a los españoles por lo que le ha hecho Zapatero a este país, amparado por sus siglas. Realmente debe ser innecesario, para que iban a hacerlo, si nos sobra talante. Cien años más tenía que gobernar el PSOE en España, se iban a enterar los demás europeos de lo que es hacer las cosas con talante, aquí no se necesitan talentos, estamos sobrados, los tenemos a casi todos en el paro, mientras en el Gobierno tenemos a la gente que tiene el mejor talante del mundo, así nos va. El día que el talante se exporte se van a enterar de lo que es invertir en futuro. Vaya empacho de talante que hemos pillado, no se nos va a quitar en décadas. A ver si por lo menos volvemos a ser idiotas, como toda la vida, cuando alguien nos tomaba el pelo, aunque nos quedemos sin talante.
Biante de Priena
PD: fractalio, aquí tampoco se habla de Cascos
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miércoles, 5 de enero de 2011
¡A verlas venir!

Me fascina ver a la mayoría de los periodistas españoles (columnistas) desgranando juicios categóricos de sus atribuladas opiniones estereotipadas. A los periodistas españoles que se ocupan de la política les ocurre lo mismo que a los políticos, nos ofrecen brotes verdes de futuro de semillas que todavía no han germinado.
De todas las opiniones, sentencias y juicios que llevo recopilados sobre el denominado “caso Cascos” (que en realidad, en otro país más ecuánime, se denominaría el “caso Rajoy”, porque ha sido quien desde el poder ha decidido humillar a su anterior Secretario General, y cuando alguien determina algo, no se cita a las víctimas, sino a los que causan el daño, menos en política, claro) tal vez cuatro o cinco periodistas han hablado con criterio y fundamento, sin recurrir al perjuicio personal o a la bendición de los poderosos, transformando lo ocurrido en su versión particular de los hechos, para seguir recibiendo prebendas y parabienes.
El periodismo español que se ocupa de la política ha degenerado tanto como esta. Hay en el escenario de la opinión pública, personajes siniestros, aventureros, paranoicos, sectarios, inventores, insidiosos, polémicos, propagandistas, manipuladores y mentirosos, distribuidos proporcionalmente según filias y fobias, también hipocondrías, histerias y delirios. Siempre he defendido la libertad de expresión y denostado la libertad de impresión, no de las rotativas, sino de la manipulación de las informaciones, antes de ser empaquetada para su consumo irreflexivo por aquellos que presumen de estar bien informados y que en realidad están más intoxicados que una familia de campistas con una mayonesa caducada. Es lo que hay.
Entre los periodistas españoles los hay que dan su opinión y no aspiran a otra cosa, al menos son honestos, no tratan de engañar a nadie, pero los hay que se atribuyen el único criterio posible desde el dogmatismo más zafio, y se atreven a emitir juicios sobre los hechos, según su interpretación más fundamentada en su previa percepción deformada que en la complicación factual. Es un problema de objetivo desenfocado, que siempre nos conduce a las mismas escenas perfectas, maquilladas con palabras y ornamentadas con insinuaciones. La política es el arte de lo posible y el periodismo político el arte de que no se sepa lo que es la política.
Con lo sencillo que es ceñirse a los hechos para comprender lo que está ocurriendo: un simple caso de mobbing político, porque desde la dirección nacional del Partido Popular se ha decidido promocionar a dedo a alguien con menos recursos, experiencia y posibilidades para triunfar en unas elecciones en Asturias, rechazando a alguien que tenía asegurado su triunfo en las encuestas. ¿Por qué?, pues sencillamente porque Francisco Álvarez Cascos no es ganado doméstico y conserva su independencia de criterio intacta, al igual que sus principios indemnes, una honestidad demostrada y una experiencia política envidiada. ¿Se imaginan ustedes que un equipo de segunda B rechazara la oferta de Cristiano Ronaldo o Messi para jugar en su club?. Pues eso es lo que ha ocurrido en el Partido Popular, que si ahora no es el mejor momento, que si estamos renovando la plantilla, que si pero no, que no queremos ascender, ni ganar partidos, porque en Asturias siempre hemos perdido y ya no tenemos costumbre de triunfar en unas elecciones y menudo trabajo que nos ocasionaría, que pereza.
La reacción de Cascos, que ante todo no desconoce quien es, ni sus virtudes, ni sus defectos, que ahora está más ilusionado porque en el fondo es un romántico y lo que quiere es regresar a casa y dejar Asturias a la altura que le corresponde; tras treinta años continuados de molicie política, porque ya no aspira al poder (eso ya lo tuvo) sino a la gloria. Quiere que un paisano de este país que es Asturias le diga, “Casquinos, que grande yes”, y reirse con él, cuando vea que en el pueblo donde vive al final llegan las cosas buenas de la civilización y se quedan fuera las malas, porque Cascos lo ha hecho posible.
Cascos quiere gestionar, administrar, construir un futuro mejor para Asturias y conoce a su gente, a sus paisanos (de país, concepto cultural y no político, que hay que explicarlo todo), y en Asturias ser paisano es tener palabra y mantenerla, por mucho que cambien las circunstancias, y quiere que los asturianos jóvenes no tengan que emigrar, que en Asturias mejore la natalidad, que es la última de las regiones europeas y se reduzca la tasa de dependencia, la mayor de Europa, con tres jubilados por cada dos trabajadores. "Cascos ye un paisano" se oye por el paisaje asturiano, con una profusión que dejaría sorprendido a todos los que no son de aquí, que aquí las noticias que nos importan no corren, vuelan.
Y estos cronistas de la realidad política, que parecen aficionados, no se dan cuenta de que quien es considerado un auténtico héroe para los asturianos, porque estuvo fuera, triunfó y regresa a casa, no puede permitir bajo ningún concepto que lo traten con desprecio, que lo humillen, que lo rechacen, porque, mira que son mastuerzos, no están rechazando al Cascos político, sino al Cascos más humano, al asturiano orgulloso, campechano, al “paisano” y con él a todos los asturianos, y eso en esta tierra es pecado, que si hieren a uno nos han herido a todos, y a Cascos le ha herido un gallego en Madrid, nada más y nada menos.
Mariano Rajoy, que hace mucho tiempo que dejo de ocuparse de estas cosas para pensar exclusivamente como su ambición, las continuas heridas en su orgullo, su menosprecio público, y su machacona denostación por los rivales (a los que desprecia en la intimidad), tanto en su partido como fuera de él, no podía permitir bajo ningún concepto que un Cascos triunfador, convertido en barón con mando en plaza, se interpusiera entre su posible próximo destino en La Moncloa, como indican las encuestas, que otra cosa será las urnas, sobretodo tras la galerna que se avecina para el crucero de recreo en que ha convertido a su partido.
Cascos, que es más listo que los ratones coloraos, ha jugado la baza que más nerviosos puede poner a los de la dirección nacional de su partido: la incertidumbre, que a diferencia de la gallega, en el caso asturiano es absolutamente reflexiva, impostada y socarrona. Como cuando alguien le pregunta a alguien algo que ya sabe, sólo para ver como se posiciona, eso también lo puede hacer un gallego, pero en un asturiano todavía es más ladino y sinuoso. Al asturiano no se le ve, tanto como al gallego, cuando juega a no jugar jugando, sin embargo todos los asturianos, hasta el de la aldea más remota comprende perfectamente lo que está haciendo Cascos y hasta aquí puedo leer.
Tanto es así, que algunos periodistas en su profunda incomprensión trasmontana han exclamado tras la última rueda de prensa. ¿Pero qué ha dicho?, si no ha dicho nada. ¿Se presenta o no se presenta?. ¿Va a fundar un partido regionalista, se va con otro partido, o se queda en su casa?. ¿Va a largar sobre el PP o va a quedarse callado?. ¿Cuenta con apoyos suficientes o simplemente se está columpiando?. Todas estas preguntas que desquician a los periodistas no asturianos, los asturianos ni se las plantean: todos saben que es lo que va a hacer Francisco Álvarez Cascos, que ahora mismo solo habla de recobrar el orgullo de ser asturiano, que mientras que a esto lo empujaron los suyos ahora será el último en abandonar y que sus seguidores no dejen de seguir utilizando el pico y la pala, que estamos de sextaferia.
Entonces Francisco, ¿qué vas a hacer?. Nada, estoy aquí, en Asturias a verlas venir. Y mientras Cascos se queda expectante, dejando a todos sus antiguos compañeros del PP al borde del infarto y a sus rivales del PSOE rezando para que no se presente, Cascos disfruta porque ahora el poder es suyo, la decisión es suya y todo comienza a moverse a su alrededor, porque los asturianos sabemos que Cascos está aquí, a verlas venir, que es lo mismo que decir que en este mundo traidor, nada es verdad, ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira....y dos huevos duros.
Creo que todo ha quedado suficientemente claro, recuerdo la agenda de Francisco Álvarez Cascos para mañana: RNE a las 8:00 horas, Onda Cero: 8:30 horas, entrevista con los lectores en El Mundo a las 12:00 horas, si hay tiempo igual hay otra rueda de prensa en Madrid, y las sorpresas que correspondan, que en Madrid Cascos es muy querido. Pues eso, a verlas venir... mientras todo se configura alrededor. ¿Ha dicho Cascos que va a presentarse? ¿Ha dicho que no va a presentarse?. ¿Y si triunfa en Asturias, sería capaz de expandir la operación al resto de España?. ¿Quién sabe? Y mientras otros no se sabe si suben o bajan..., igual se quedan hasta sin escalera. Y todo por no saber que ningún rival es despreciable y mucho menos si es asturiano y reclama a los suyos por haberle ofendido. Esto tiene mucho más de antropológico y cultural que de político, con el tiempo se verá.
Enrique Suárez
Plataforma de apoyo a Francisco Álvarez Cascos
De todas las opiniones, sentencias y juicios que llevo recopilados sobre el denominado “caso Cascos” (que en realidad, en otro país más ecuánime, se denominaría el “caso Rajoy”, porque ha sido quien desde el poder ha decidido humillar a su anterior Secretario General, y cuando alguien determina algo, no se cita a las víctimas, sino a los que causan el daño, menos en política, claro) tal vez cuatro o cinco periodistas han hablado con criterio y fundamento, sin recurrir al perjuicio personal o a la bendición de los poderosos, transformando lo ocurrido en su versión particular de los hechos, para seguir recibiendo prebendas y parabienes.
El periodismo español que se ocupa de la política ha degenerado tanto como esta. Hay en el escenario de la opinión pública, personajes siniestros, aventureros, paranoicos, sectarios, inventores, insidiosos, polémicos, propagandistas, manipuladores y mentirosos, distribuidos proporcionalmente según filias y fobias, también hipocondrías, histerias y delirios. Siempre he defendido la libertad de expresión y denostado la libertad de impresión, no de las rotativas, sino de la manipulación de las informaciones, antes de ser empaquetada para su consumo irreflexivo por aquellos que presumen de estar bien informados y que en realidad están más intoxicados que una familia de campistas con una mayonesa caducada. Es lo que hay.
Entre los periodistas españoles los hay que dan su opinión y no aspiran a otra cosa, al menos son honestos, no tratan de engañar a nadie, pero los hay que se atribuyen el único criterio posible desde el dogmatismo más zafio, y se atreven a emitir juicios sobre los hechos, según su interpretación más fundamentada en su previa percepción deformada que en la complicación factual. Es un problema de objetivo desenfocado, que siempre nos conduce a las mismas escenas perfectas, maquilladas con palabras y ornamentadas con insinuaciones. La política es el arte de lo posible y el periodismo político el arte de que no se sepa lo que es la política.
Con lo sencillo que es ceñirse a los hechos para comprender lo que está ocurriendo: un simple caso de mobbing político, porque desde la dirección nacional del Partido Popular se ha decidido promocionar a dedo a alguien con menos recursos, experiencia y posibilidades para triunfar en unas elecciones en Asturias, rechazando a alguien que tenía asegurado su triunfo en las encuestas. ¿Por qué?, pues sencillamente porque Francisco Álvarez Cascos no es ganado doméstico y conserva su independencia de criterio intacta, al igual que sus principios indemnes, una honestidad demostrada y una experiencia política envidiada. ¿Se imaginan ustedes que un equipo de segunda B rechazara la oferta de Cristiano Ronaldo o Messi para jugar en su club?. Pues eso es lo que ha ocurrido en el Partido Popular, que si ahora no es el mejor momento, que si estamos renovando la plantilla, que si pero no, que no queremos ascender, ni ganar partidos, porque en Asturias siempre hemos perdido y ya no tenemos costumbre de triunfar en unas elecciones y menudo trabajo que nos ocasionaría, que pereza.
La reacción de Cascos, que ante todo no desconoce quien es, ni sus virtudes, ni sus defectos, que ahora está más ilusionado porque en el fondo es un romántico y lo que quiere es regresar a casa y dejar Asturias a la altura que le corresponde; tras treinta años continuados de molicie política, porque ya no aspira al poder (eso ya lo tuvo) sino a la gloria. Quiere que un paisano de este país que es Asturias le diga, “Casquinos, que grande yes”, y reirse con él, cuando vea que en el pueblo donde vive al final llegan las cosas buenas de la civilización y se quedan fuera las malas, porque Cascos lo ha hecho posible.
Cascos quiere gestionar, administrar, construir un futuro mejor para Asturias y conoce a su gente, a sus paisanos (de país, concepto cultural y no político, que hay que explicarlo todo), y en Asturias ser paisano es tener palabra y mantenerla, por mucho que cambien las circunstancias, y quiere que los asturianos jóvenes no tengan que emigrar, que en Asturias mejore la natalidad, que es la última de las regiones europeas y se reduzca la tasa de dependencia, la mayor de Europa, con tres jubilados por cada dos trabajadores. "Cascos ye un paisano" se oye por el paisaje asturiano, con una profusión que dejaría sorprendido a todos los que no son de aquí, que aquí las noticias que nos importan no corren, vuelan.
Y estos cronistas de la realidad política, que parecen aficionados, no se dan cuenta de que quien es considerado un auténtico héroe para los asturianos, porque estuvo fuera, triunfó y regresa a casa, no puede permitir bajo ningún concepto que lo traten con desprecio, que lo humillen, que lo rechacen, porque, mira que son mastuerzos, no están rechazando al Cascos político, sino al Cascos más humano, al asturiano orgulloso, campechano, al “paisano” y con él a todos los asturianos, y eso en esta tierra es pecado, que si hieren a uno nos han herido a todos, y a Cascos le ha herido un gallego en Madrid, nada más y nada menos.
Mariano Rajoy, que hace mucho tiempo que dejo de ocuparse de estas cosas para pensar exclusivamente como su ambición, las continuas heridas en su orgullo, su menosprecio público, y su machacona denostación por los rivales (a los que desprecia en la intimidad), tanto en su partido como fuera de él, no podía permitir bajo ningún concepto que un Cascos triunfador, convertido en barón con mando en plaza, se interpusiera entre su posible próximo destino en La Moncloa, como indican las encuestas, que otra cosa será las urnas, sobretodo tras la galerna que se avecina para el crucero de recreo en que ha convertido a su partido.
Cascos, que es más listo que los ratones coloraos, ha jugado la baza que más nerviosos puede poner a los de la dirección nacional de su partido: la incertidumbre, que a diferencia de la gallega, en el caso asturiano es absolutamente reflexiva, impostada y socarrona. Como cuando alguien le pregunta a alguien algo que ya sabe, sólo para ver como se posiciona, eso también lo puede hacer un gallego, pero en un asturiano todavía es más ladino y sinuoso. Al asturiano no se le ve, tanto como al gallego, cuando juega a no jugar jugando, sin embargo todos los asturianos, hasta el de la aldea más remota comprende perfectamente lo que está haciendo Cascos y hasta aquí puedo leer.
Tanto es así, que algunos periodistas en su profunda incomprensión trasmontana han exclamado tras la última rueda de prensa. ¿Pero qué ha dicho?, si no ha dicho nada. ¿Se presenta o no se presenta?. ¿Va a fundar un partido regionalista, se va con otro partido, o se queda en su casa?. ¿Va a largar sobre el PP o va a quedarse callado?. ¿Cuenta con apoyos suficientes o simplemente se está columpiando?. Todas estas preguntas que desquician a los periodistas no asturianos, los asturianos ni se las plantean: todos saben que es lo que va a hacer Francisco Álvarez Cascos, que ahora mismo solo habla de recobrar el orgullo de ser asturiano, que mientras que a esto lo empujaron los suyos ahora será el último en abandonar y que sus seguidores no dejen de seguir utilizando el pico y la pala, que estamos de sextaferia.
Entonces Francisco, ¿qué vas a hacer?. Nada, estoy aquí, en Asturias a verlas venir. Y mientras Cascos se queda expectante, dejando a todos sus antiguos compañeros del PP al borde del infarto y a sus rivales del PSOE rezando para que no se presente, Cascos disfruta porque ahora el poder es suyo, la decisión es suya y todo comienza a moverse a su alrededor, porque los asturianos sabemos que Cascos está aquí, a verlas venir, que es lo mismo que decir que en este mundo traidor, nada es verdad, ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira....y dos huevos duros.
Creo que todo ha quedado suficientemente claro, recuerdo la agenda de Francisco Álvarez Cascos para mañana: RNE a las 8:00 horas, Onda Cero: 8:30 horas, entrevista con los lectores en El Mundo a las 12:00 horas, si hay tiempo igual hay otra rueda de prensa en Madrid, y las sorpresas que correspondan, que en Madrid Cascos es muy querido. Pues eso, a verlas venir... mientras todo se configura alrededor. ¿Ha dicho Cascos que va a presentarse? ¿Ha dicho que no va a presentarse?. ¿Y si triunfa en Asturias, sería capaz de expandir la operación al resto de España?. ¿Quién sabe? Y mientras otros no se sabe si suben o bajan..., igual se quedan hasta sin escalera. Y todo por no saber que ningún rival es despreciable y mucho menos si es asturiano y reclama a los suyos por haberle ofendido. Esto tiene mucho más de antropológico y cultural que de político, con el tiempo se verá.
Enrique Suárez
Plataforma de apoyo a Francisco Álvarez Cascos
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