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martes, 15 de julio de 2014

Preparando el golpe de Estado del 9 de noviembre de 2014

«Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora>> Karl Marx

Napoleón acabó con las instituciones revolucionarias francesas en el año 1799, un 18 brumario (9 de noviembre, precisamente el día que coincide con la convocatoria de referendum en Cataluña) para dar lugar al imperio y la invasión de Europa. 

Menos conocido fue el Golpe de Estado que aconteció en Francia cincuenta años después, perfectamente urdido y diseñado por Luis Bonaparte, reuniendo al lumpen proletariado de la  política de una Francia nostálgica e imperial, en un simulacro de revolución inexistente, utilizando una parodia para convencer a los franceses del apoyo que no tenía, mediante círculos organizados, en el que se reunía a los enemigos del orden vigente, en un proyecto de asalto al poder. 

Parece que en España se está forjando una convergencia intercoletaria para tomarnos el pelo a todos los españoles, entre las aspiraciones de un instruido en las artes del embaucamiento revolucionario de pacotilla, que emula al descendiente de Napoleón, junto a la ambición de un Catilina catalán que abusa de nuestra paciencia, y con un Nerón en el poder que disfruta pacientemente viendo como arde España, tocando la lira y leyendo El Marca.

 La fecha para la convergencia entre las aspiraciones secesionistas de Artur Mas y Oriol Junqueras, y las revolucionarias de Pablo Iglesias y su troupe, posiblemente sea una fecha tan señalada como el 18 brumario, 9 de noviembre de 2014, día del referendum de Cataluña y también aniversario de la noche de los critales rotos de los nazis y también de la caída del Muro de Berlín, y dejándolo en su datación anglosajona, 9/11, sería el atentado de las Torres Gemelas en Nueva York, pero el 9 de septiembre también se celebra la Diada en Cataluña. Lo que acontezca en España entre el 11/9 y el 9/11 va a ser un episodio histórico con toda seguridad.

En la historia de este mundo hay casualidades y causalidades, yo no creo en las casualidades en política, ni que Pablo Iglesias naciera el mismo día que el socialista que fundó el PSOE me parece una casualidad. 

Alguien tan poco sospechoso de conversión como Karl Marx lo describe así en el capítulo V de "El 18 brumario de Luis Bonaparte", dado su interés para comprender lo que está aconteciendo en España se reproduce a continuación un párrafo en el que se relata lo acontecido:

"Cuando la Asamblea Nacional volvió a reunirse en noviembre de 1850, parecía inevitable que estallase, en vez de sus escaramuzas anteriores con el presidente, una gran lucha implacable, una lucha a vida o muerte entre dos poderes. 

Lo mismo que en 1849, durante las vacaciones parlamentarias de este año, el partido del orden se había dispersado en sus distintas fracciones, cada cual ocupada con sus propias intrigas restauradoras, a los que la muerte de Luis Felipe daba nuevo pábulo. El rey de los legitimistas, Enrique V, había llegado incluso a nombrar un ministerio formal, que residía en París y del que formaban parte miembros de la comisión permanente, Bonaparte quedaba, pues, autorizado para emprender a su vez giras por los departamentos franceses y dejar escapar, recatada o abiertamente, según el estado de ánimo de la ciudad a la que regalaba con su presencia, sus propios planes de restauración, reclutando votos para sí. En estas giras, que el gran Moniteur oficial y los pequeños «monitores» privados de Bonaparte, tenían, naturalmente, que celebrar como cruzadas triunfales, le acompañaban constantemente afiliados de la Sociedad del 10 de Diciembre

Esta sociedad data del año 1849. Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y en general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora.

 Este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpemproletariado, que sólo en éste encuentra reproducidos en masa los intereses, que él personalmente persigue, que reconoce en esta hez, desecho y escoria de todas las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans phrase. Viejo roué ladino, concibe la vida histórica de los pueblos y los grandes actos de Gobierno y de Estado como una comedia, en el sentido más vulgar de la palabra, como una mascarada, en que los grandes disfraces y los frases y gestos no son más que la careta para ocultar lo más mezquino y miserable. Así, en su expedición a Estrasburgo, el buitre suizo amaestrado desempeñó el papel de águila napoleónica. Para su incursión en Boulogne, embute a unos cuantos lacayos de Londres en uniformes franceses. Ellos representan el ejército. En su Sociedad del 10 de Diciembre, reunió a 10.000 miserables del lumpen, que habían de representar al pueblo, como Nick Bottom representaba el león. En un momento en que la misma burguesía representaba la comedia más completa, pero con la mayor seriedad del mundo, sin faltar a ninguna de las pedantescas condiciones de la etiqueta dramática francesa, y ella misma obraba a medias engañada y a medias convencida de la solemnidad de sus acciones y representaciones dramáticas, tenía que vencer por fuerza el aventurero que tomase lisa y llanamente la comedia como tal comedia. Sólo después de eliminar a su solemne adversario, cuando él mismo toma en serio su papel imperial y cree representar, con su careta napoleónica, al auténtico Napoleón, sólo entonces es víctima de su propia concepción del mundo, el payaso serio que ya no toma a la historia universal por una comedia, sino su comedia por la historia universal.

 Lo que para los obreros socialistas habían sido los talleres nacionales y para los republicanos burgueses los gardes mobiles, era para Bonaparte la Sociedad del 10 de Diciembre: la fuerza combativa de partido propia de él. Las secciones de esa sociedad, enviadas por grupos a las estaciones debían improvisarle en sus viajes un público, representar el entusiasmo popular, gritar Vive l'Empereur!, insultar y apalear a los republicanos, naturalmente bajo la protección de la policía. En sus viajes de regreso a París, debían formar la vanguardia, adelantarse a las contramanifestaciones o dispersarlas. La Sociedad del 10 de Diciembre le pertenecía a él, era su obra, su idea más primitiva. Todo lo demás de que se apropia se lo da la fuerza de las circunstancias, en todos sus hechos actúan por él las circunstancias o se limita a copiarlo de los hechos de otros; pero Bonaparte que se presenta en público, ante los ciudadanos, con las frases oficiales del orden, la religión, la familia, la propiedad, y detrás de él la sociedad secreta de los Schuftele y los Spielberg, la sociedad del desorden, la prostitución y el robo, es el propio Bonaparte como autor original, y la historia de la Sociedad del 10 de Diciembre es su propia historia. 

Se había dado el caso de que representantes del pueblo pertenecientes al partido del orden habían sido apaleados por los decembristas. Más aún. El comisario de policía, Yon, adscrito a la Asamblea Nacional y encargado de la vigilancia de su seguridad, denunció a la comisión permanente, basándose en el testimonio de un tal Alais, que una sección de decembristas había acordado asesinar al general Changarnier y a Dupin, presidente de la Asamblea Nacional, estando ya elegidos los individuos encargados de ejecutar este acuerdo. Se comprenderá el terror del señor Dupin. Parecía inevitable una investigación parlamentaria sobre la Sociedad del 10 de Diciembre, es decir, la profanación del mundo secreto bonapartista. Por eso, precisamente, Bonaparte disolvió prudentemente su sociedad, claro está que sólo sobre el papel, pues todavía a fines de 1851, el prefecto de policía Carlier, en una extensa memoria, intentaba en vano moverle a disolver realmente a los decembristas. 

La Sociedad del 10 de Diciembre había de seguir siendo el ejército privado de Bonaparte mientras éste no consigue convertir el ejército público en una Sociedad del 10 de Diciembre. Bonaparte hizo la primera tentativa encaminada a esto poco después de suspenderse las sesiones de la Asamblea Nacional, y la hizo con el dinero que acababa de arrancarle a ésta. Como fatalista que es, abriga la convicción de que hay ciertos poderes superiores, a los que el hombre y sobre todo el soldado no se puede resistir. Entre estos poderes incluye, en primer término, los cigarros y el champagne, las aves frías y el salchichón adobado con ajo. 

Por eso, en los salones del Elíseo, empieza obsequiando a los oficiales y suboficiales con cigarros y champagne, aves frías y salchichón adobado con ajo. El 3 de octubre repite esta maniobra con las masas de tropa en la revista de St. Maur, y el 10 de octubre vuelve a repetirla en una escala todavía mayor en la revista militar de Story. El tío se acordaba de las campañas de Alejandro en Asia, el sobrino se acuerda de las cruzadas triunfales de Baco en las mismas tierras. Alejandro era, ciertamente, un semidiós, pero Baco un dios completo. Y, además, el dios tutelar de la Sociedad del 10 de Diciembre."


Pobre nación trabajadora, como decía Karl Marx, caer en manos de unos desaprensivos ambiciosos que tratan de asaltar el poder engañando a la gente.

Enrique Suárez




Cuando los totalitarios dan lecciones de democracia


Cada día estoy más perplejo con la deriva de los asuntos políticos de este país, a la falta de respeto habitual de los políticos de la casta con las instituciones democráticas y el pueblo español, se suman ahora las lecciones de democracia de los totalitarios líderes de Podemos.

Sin duda algo no debe funcionar bien en la cabeza de los representantes del poder en este país, sean partidarios de una casta casposa o un champú anticaspa. A mí, todo esto me parece una extraordinaria tomadura de pelo. ¿Hemos elegido los españoles que nos representen así?, los que han votado por alguna formación política deberían hacérselo mirar, porque son cómplices y responsables de lo que está ocurriendo.

Si extraordinario resulta que desde los grandes partidos políticos representados en el poder todavía no se haya pedido disculpas a los españoles por sus delitos y crímenes en la usurpación del poder que han ejercido permanentemente durante los últimos años, también resulta extravagante que la justicia española no haya llevado a la cárcel a 10.000 miembros de los partidos políticos españoles implicados en casos de corrupción, y no menos alucinante que haya comunidades como Cataluña en la que algunos políticos incumpliendo la Constitución Española de 1978 se propongan enaltecer el secesionismo con el dinero público de los españoles, por no recordar el bochornoso espectáculo de ver a los discípulos de ETA dando lecciones de democracia desde el Parlamento Vasco.

En este país, cuando las cosas están mal, todavía se pueden poner peor, y ahora tenemos una formación política en la que sus líderes, que se declaran partidarios de la república bolivariana de Venezuela, han colaborado para crear una casta política en el país de Hugo Chávez que tiene contra las cuerdas al pueblo con las más elevadas tasas de criminalidad, miseria y corrupción del continente,  al mismo tiempo se presentan como redentores de la casta política española, y lo más sorprendente es que reciben 1,2 millones de votos, un 3,41 % del electorado y parece que son la inmensa mayoría de los españoles no representados, aproximadamente un 58 % que no votaron por ningún partido en las pasadas elecciones europeas (ni por la Casta, ni por Podemos), y como no salen en la tele tanto como Pablo Iglesias o Mariano Rajoy, parece que no existen.

Mientras tanto los partidos que conforman la casta en este país se felicitan por la presencia de Podemos, en el PP no mueven ni una ceja, viendo cómo se van a destrozar en los próximos meses todas las izquierdas representadas en este país, el PSOE, IU, Podemos y los nacionalistas de izquierdas, muchos de ellos afines a Podemos.

En el PSOE, su recién elegido Secretario General, Pedro Sánchez no ha esperado ni un día para arremeter contra Podemos diciendo que su programa económico nos llevaría de nuevo a la Gran Depresión del 29 y no pasará una semana antes de que se produzca el choque de trenes, o más bien de un tren contra un carro que pasaba por allí. Que gran ocasión va a tener el nuevo líder del PSOE para apartarse de Zapatero, el nacionalismo y los "totalitarismos benefactores" al mismo tiempo.

Y sin haberlo pedido, los españoles, la inmensa mayoría de los españoles que no hemos votado por ningún partido político en las pasadas Elecciones Europeas (58 %, recuerdo), seguiremos asistiendo al espectáculo de lucha por el poder de todos aquellos a los que les hemos dado la espalda, por no hacer nada por resolver nuestros problemas reales, por ocupar la democracia con sus ambiciones y corrupciones, por montarse un circo a nuestra costa en el que los gladiadores políticos entretienen al personal, mientras casi seis millones de parados y sus hijos, siguen siendo pasto de las fieras de la miseria, en un expolio genocida al que, desde el poder, denominan crisis, y desde el pueblo,  despojo. 

Pueden seguir debatiendo sobre quien es mejor o peor en su pugna hipócrita, a este paso, como sigan así, se quedarán sin pueblo al que representar y descubriremos que en realidad, sólo se representan a sí mismos (que es lo que tratan de ocultar). No sería extraño que se acabará cerrando el teatro democrático de este país por falta de público, porque esta compañía teatral formada por el elenco más depravado de nuestra democracia, que vive de nuestros impuestos que nunca le parecen suficientes y gobierna sin responsabilidades de forma inmunda e inmune, con una oposición siempre cómplice, aburre ya a la mayoría de los españoles representando siempre la misma obra: quítate tú, para ponerme yo.

Con lo fácil que sería hacer un sorteo en el que participaran todos los españoles mayores de edad, donde el español más afortunado fuera elegido Presidente del Gobierno y luego decidiera quienes le acompañaban para gobernarnos, lo que nos íbamos a ahorrar en gilipolleces y lo rápido que saldríamos de la crisis, en la que tan confortablemente siguen discutiendo los que la crean, para vivir a nuestra costa.

Enrique Suárez



jueves, 10 de julio de 2014

El asalto al poder de las hordas posibilistas

"Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes" Maximilien Robespierre


Han llegado, como estaba previsto. Fueron incubadas como “el huevo de la serpiente” por los muñidores de la deconstrucción interesada de este país “discutido y discutible”, algunos dicen que fue política de tierra quemada con la intención de perpetuarse en el poder y mantener en el pesebre a sus amados hijos y nietos, sin embargo, otros consideran que sólo fue una cuestión de inepcia gubernamental y opositora, en un momento económico complicado.

Al contrario de lo que algunos desconocen, la casta no es un hallazgo del fruto de la inteligencia de una cabeza con cola de caballo, sino una conceptualización del poder acaparado por unas élites cenutrias, definida en Italia durante el año 2007 por Rizzo y Estella, de la que a los pocos meses se dio cuenta en este blog. Por mucho que he buscado no he visto ningún artículo político hablando de la casta escrito por alguno de los líderes de Podemos, de lo que se deduce que para ellos es una especie de “muñeco de paja” para orientar a las multitudes hacia los que detentan el poder.

En el año 2010, advertimos a nuestros lectores de que en España se caminaba hacia la oclocracia, esa degeneración de la democracia descrita por Polibio que consiste en las muchedumbres usurpadoras de la voluntad del pueblo guiadas por un líder mesiánico ahíto de populismo, porque la oclocracia subvierte el orden democrático, las reglas del juego, la muchedumbre no es el pueblo, es una parte del pueblo que se considera a sí misma legitimada de soberanía y representación del poder popular y que trata de someter a su criterio a todas las instituciones que ejercen el poder legítimamente.

Podemos se encuentra en la clasificación política de los partidos acaparadores  (catch-all-party) que renuncian a los principios para alcanzar el poder. La ideología no es importante a pesar de lo que parezca, al igual que la democracia, es un instrumento útil al propósito de alcanzar el poder prometiendo lo imposible, normalmente sólo se habla de la ideología de los demás, que ha conducido al fracaso y la miseria. Es importante para ello instalar la idea de miseria en la gente, siempre originada en la mezquindad o la ineptitud de los adversarios.

Es necesario un buen lema, da igual que ya haya sido utilizado, pero ha tenido que demostrar su éxito, el “yes we can” (Podemos) de Obama podía servir, también un líder que resulte conocido y quien mejor que Pablo Iglesias, sosias del fundador del PSOE, para crear más contradicciones y atracciones. Pero sin duda el elemento fundamental para el triunfo de un partido acaparador como Podemos es el simulacro, descrito por el sociólogo Baudrillard, un simulacro de revolución, de democracia asamblearia, de apocalipsis, de lo que sea necesario, y por supuesto propaganda, la más zafia de las posibles que consiste en soflamas gratas a los oidos de los despojados más ignorantes, los demás son malos, nosotros buenos, el que nos critica es un miserable fascista y el que nos halaga una buena persona. Todos nos han robado desde el poder, pero nosotros somos el brazo del pueblo vengador que viene a cobrarse lo que le adeudan: un piso, un trabajo, un subsidio, una vida parásita gratis por haber nacido. Hay que exterminar a los ricos y si es necesario, cualquier residuo de riqueza, más vale morir sentado en un plató de televisión que vivir de rodillas.

Podemos es el hijo putativo más querido de José Luis Rodríguez Zapatero en la transición o traición que hizo a sus propios compañeros de partido a su mayor gloria, disculpando los asesinatos de ETA, dándole alas al independentismo catalán, creando una  sociedad de beneficencia a costa de incrementar el paro hasta los seis millones, la deuda pública en medio billón de euros y el déficit público hasta el 11,5 %, colocando a más de medio millón de personas en el pesebre público, sometiendo a los medios de comunicación con licencias y subvenciones que le favorecieran, convirtiendo en títeres a los jueces y fiscales al servicio del poder, creando una ética de la impostura y una moral saducea al servicio de sus intereses. Depauperando a la sociedad española, despojándola de derechos y recursos, e incluso de identidad y principios de cohesión, para poder implantar su modelo existencial desde el totalitarismo más impertinente e insidioso. Aunque todo apoyado desde la complicidad y la negligencia de un señor que se pasó leyendo El Marca durante años, ejerciendo de don Tancredo, mientras arrasaban el país en nombre de la igualdad, creando desigualdad entre territorios, ciudadanos, trabajadores, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Nada en la política española ocurre por casualidad.

Ahora las hordas paulistas agrupadas en una formación política que lo mismo brinda por Hugo Chávez que persigue a los periodistas que no le gustan, están dispuestas a asaltar el poder, sin importarles las leyes ni las costumbres, en una impunidad que remeda los procesos revolucionarios;  su objetivo es desalojar a la casta para crear una nueva nomenklatura en la que aquellos que opinen de forma diferente sean exterminados políticamente desde la coacción, la coerción y el matonismo. 

Marx les resulta ajeno, Lenin anacrónico, quizás reserven alguna simpatía por Stalin, pero realmente quien es su profeta es Trosky, el que decía que había que caminar separados para golpear juntos, al que no le importaba nada más que el poder y para ello consideraba lícito cualquier medio incluida la agitación de las masas y la violencia. Lo extraño es que todavía oculten su condición totalitaria a los españoles y que los españoles contemplen un engendro que recuerda a un híbrido entre el nazismo y el estalinismo como si fuera una alternativa para resolver los problemas de este país; creo que entre los atribulados seguidores del partido de Pablo Iglesias, a los que Marx incluiría sin duda en el lumpen-proletariado inútil y ambicioso,  resulta extraordinario encontrar un demócrata auténtico que considere que el imperio de la ley prevalece sobre la decisión de los votos.

Sólo hay que recordar las palabras que dedicaba su mentor suizo, el filósofo postmoderno Zizek, sobre la libertad de expresión (promoviendo la censura) para predecir el mundo que nos esperaría si alguna vez esta patulea de impresentables totalitarios, que consideran sus ocurrencias un dogma y se sienten imbuidos de un protagonismo histórico,  alcanzaran, por casualidad, el poder. Antonio Elorza, recientemente, ha definido con claridad con quien nos estamos jugando los españoles la democracia, la libertad y el futuro, en esta ocasión creo que se ha quedado corto, más que una posible solucion a los problemas que presenta nuestra maltrecha democracia, es sencillamente una amenaza dispuesta a su exterminio.

Enrique Suárez

lunes, 7 de julio de 2014

Cien libros para el siglo XXI (020)







Discurso Preliminar a la Constitución de 1812. Agustín Argüelles (020)

En esta ocasión no quiero ser ecuánime, porque considero al liberal asturiano D. Agustín Argüelles la figura más importante de la política española en los últimos doscientos años, entre otras muchos motivos por haber sido el principal artífice para  que los españoles seamos hoy soberanos de la nación española.

Cuentan que D. Agustín, hombre discreto, sobrio y templado, de verbo inolvidable y ademanes exquisitos, salió extraordinariamente atribulado del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz prorrumpiendo estas palabras para la historia: “españoles, ya tenéis una nación”,  estos hechos acontecían un 19 de marzo de 1812. Los españoles teníamos una nación por entonces, pero de España sólo quedaba Cádiz libre, estábamos en la vorágine de la guerra de la independencia contra los franceses, las tropas napoleónicas que habían invadido nuestro país, para iniciar la dinastía bonapartista en España. No sin antes haber sido traicionados por Carlos IV, Fernando VII y Godoy firmando el Estatuto de Bayona, con la felonía de que el sucesor legítimo, había pedido la adopción de Napoleón para no perder sus privilegios.

Muchos son los que han reflexionado sobre las razones para no haber propuesto un sistema de estado republicano en vez de monárquico, los conservadores dijeron que para evitar la resistencia de los absolutistas moderados, la nobleza y el clero, pero más bien la razón debió ser que los británicos, que a la sazón eran nuestros aliados, no hubieran visto con buenos ojos otro experimento republicano en la Europa de comienzos del siglo XIX. Por eso nuestra primera Constitución nació con altar y trono, pero con una nación soberana que residía en el pueblo español.

Y no fue hasta 1820, cuando otro asturiano, el general D. Rafael del Riego tras pronunciar su proclama en Cabezas de San Juan, logró que el felón Fernando VII sancionara la Constitución, único requisito para que lograra plena vigencia. Sin embargo, tras el trienio liberal, el mismo general que fue aclamado por someter al Rey y hacer definitivamente a los españoles soberanos de su nación, fue vituperado por el gentío, llevado en un serón a la horca en la Plaza de la Cebada, donde fue colgado el 7 de noviembre de 1823, tras una campaña de difamación urdida por Fernando VII, poco antes de que una alianza europea formada por los cien mil hijos de San Luis, derrocara al gobierno liberal, permitiendo la llegada de la década ominosa donde los liberales fueron perseguidos, vilipendiados, encarcelados, deportados y ajusticiados.

D. Agustín se exilió en Londres, y no regreso a España hasta la muerte del déspota Fernando VII en 1834. Fue elegido diputado por Asturias y Baldomero Espartero, tras haberle derrotado en Las Cortes para acometer la regencia de España, no tuvo mejor idea que elegirlo como preceptor de la hija de Fernando VII, que posteriormente sería reina con el nombre de Isabel II, dando lugar esta elección a las guerras carlistas por “la pragmática sanción” que anulaba la ley sálica que daba preferencia a los varones vivos sobre las mujeres.


De este tiempo es la anécdota que, en mi criterio, mejor refleja y con más donosura el talante de D. Agustín, varios meses después de haber sido designado preceptor de Isabel II, escribió al Presidente del Gobierno para recordarle que él no era de alta cuna y que nadie se había acordado de asignarle un sueldo, a lo que  su  interlocutor, no recuerdo si Mendizabal o Istúriz, respondió: “pero D. Agustín, ¿cómo no lo dijo usted antes?, le asignamos 180.000 reales de pensión”, pocos días después, el Presidente del Consejo de Ministros recibió una breve carta que decía: “muy agradecido por su diligencia, pero tras hacer los cálculos pertinentes, creo que con 90.000 reales que es la mitad de su asignación podré arreglarme, dedique usted la diferencia a alguna de las muchas causas que este país tiene pendientes”. Creo que es el único caso en la historia de España en que un político decidió bajarse por sí mismo el sueldo a la mitad de lo que le habían asignado.

El pueblo de Madrid quería  a D. Agustín, tal vez por eso asistieron a su funeral más madrileños que lo hicieron a las exequias de algún monarca español un día de 1844. Como nos recuerda, Jorge Vilches, en su obituario, Corradi insistió en que había muerto "pobre, pobre, sin más riqueza que una conciencia intachable", aunque terminó con estas líneas becquerianas: "Le veo, sí, le veo levantarse de ese ataúd, y oigo una voz elocuente encomendar a nuestra custodia y defensa la gran obra de la libertad y de la independencia española"

Los españoles no le debemos a D. Agustín la libertad, siempre nos la deberemos a nosotros mismos, pero sí la soberanía del pueblo español sobre reyes y repúblicas,  y fundamentalmente sobre esos políticos que nunca comprendieron que, como establece la ley, nadie puede estar por encima del pueblo español, ningún poder, ninguna institución, ninguna ley, podrá estar jamás por encima del  pueblo español, que es el auténtico soberano y legitimador, desde entonces, de todo lo que acontece en el poder y la política de este país, doscientos años de soberanía siempre asediada por los poderosos.

Se adjuntan diversos enlaces al Discurso Preliminar a la Constitución de 1812 y algunas reseñas biográficas de Agustín Argüelles, sin duda el auténtico padre del constitucionalismo español.

Enrique Suárez
 





sábado, 5 de julio de 2014

Reflexiones sobre la casta política: volver a empezar



"Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla" Napoleón Bonaparte

Recientemente, D. Antonio García-Trevijano, posiblemente el español vivo que más ha hecho por defender las ideas republicanas en este país, se refería a la tribu de Podemos y su líder Pablo Iglesias, como gentuza, desde el punto de vista intelectual. En mi criterio, más que gentuza, son una secuela del pensamiento del anterior Presidente de Gobierno, prodigio de “presentismo” y “adanismo”, que a fuerza de imponer su pensamiento político de una España discutida y discutible, acabó logrando su propósito, ayudados por el "desmoralismo" de su principal opositor, además de introducirnos en la crisis económica más importante que se recuerda en democracia, sin haberla reconocido siquiera. Los prodigios de la inepcia con poder, siempre son recordados por su nefasto legado.

Antes de que la marea de la estupidez política acabe con el poco sentido común que existe en este país, quiero hacer algunas precisiones que nos ayudarán a comprender mucho mejor lo que ocurre.

La casta como terminología adaptada a estos tiempos ha sido recobrada en los últimos años en los países del sur de Europa, que han sido, junto con Irlanda, los más castigados por la crisis económica. Es importante señalar en este momento que tanto Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda, son precisamente los países que históricamente han dado lugar a las instituciones más importantes de Europa y el mundo occidental.

Los primeros en hablar de la casta fueron los italianos Rizzo y Stella en un libro publicado en 2007 titulado “La Casta”, que algunos seguimos con interés y divulgamos en su momento entre los lectores hispanos. Luego vinieron otras obras como las de Francisco Rubiales: “Políticos, los nuevos amos” y Daniel Montero: “La casta: el increíble chollo de ser político en España”, posteriormente otros se fueron sumando, sin embargo no tengo constancia que ninguno de los líderes de Podemos haya escrito nada al respecto, previo a su utilización política como estandarte revolucionario para alcanzar poder.

De la Antigua Grecia al siglo XXI

Sin embargo, nadie hasta ahora ha hablado del origen de la casta política hasta donde tengo conocimiento, a pesar de que son muchos los que lo utilizan como arma arrojadiza contra el poder.

Personalmente, me fascina el escaso bagaje intelectual de políticos y periodistas españoles cuando hablan cada día de algo que desconocen, posiblemente no entiendan y además lo hacen como si fueran los más avezados conocedores de la terminología. El papanatismo siempre fue inmenso e intenso en este país.

Para comprender el concepto de casta, no sólo hay que recurrir a la estructura social de la India que segrega por interés político y sentir religioso a la sociedad en castas divididas desde el nacimiento, hasta ahí sólo nos quedaríamos en la metáfora.

Pero desde una perspectiva política nadie nos ha hablado hasta ahora, al menos no tengo conocimiento, de que la concepción de la casta como clase política se encuentra en las mismas raíces de la democracia en la Grecia Antigua. Precisamente la Timocracia u Oligarquía es el primer paso hacia la Democracia, Sólon estableció la primera Constitución de Atenas creando una casta, fundamentalmente para evitar una tiranía monárquica. Esto ocurrió en el siglo IV a de C, posteriormente Clístenes, que es el padre de la primera Constitución democrática, a pesar de la oposición de la oligarquía reinante, estableció la igualdad como principio fundamental entre los ciudadanos. Tres elementos se encuentran en el origen de la democracia, que al fin y al cabo, es una lucha contra la acumulación de poder en escasas manos, todos ellos establecidos desde un presupuesto de igualdad entre los ciudadanos: isocracia (igualdad entre gobernantes y gobernados), isonomia (igualdadad ante las leyes) e isegoría (igualdad en la libertad de expresión ante la asamblea).

Los romanos fueron en cierta forma una evolución de los griegos, su mayor aportación fue la de establecer la ley como principio fundamental, además de la igualdad que habían establecido los griegos. El imperio romano fue un imperio de la ley y una normalización de los principios políticos en todos los lugares de su imperio, creando las primeras instituciones de poder desde un centralismo original, esta cuestión también ha sido olvidada.

Por último, los españoles y portugueses son precisamente los que expandieron por primera vez un modelo unitario por el mundo, el poder de un rey, la creencia en una religión, sus respectivos idiomas y costumbres, la configuración burócrática de un Estado, creando un ámbito cultural compartido, algo que posteriormente también hicieron franceses, ingleses, holandeses y rusos. Las culturas orientales y musulmanas siguieron su propia evolución, ajena a los presupuestos occidentales hasta épocas recientes.


¿Qué es lo que ha ocurrido en Occidente?

Sencillamente que en algunos países, fundamentalmente los del sur de Europa, y particularmente en España, la tentación oligárquica de Solón ha alcanzado su plenitud, convirtiendo la democracia en un simulacro, que ha eliminado cualquier vestigio de isocracia entre gobernantes y gobernados, de isonomia, debido a los múltiples aforamientos y leyes barrera para impedir que nadie que no pertenezca a los partidos políticos existentes pueda alcanzar representación, y por supuesto de isegoría, elevando a los púlpitos de la opinión pública a la colección más decrépita de reaccionarios desde el franquismo, todos discípulos de Emilio Romero, aquel papista del poder, sea cual fuera su esencia. Tiene razón Pablo Iglesias al decir que la casta ha secuestrado la democracia.

Sin embargo cada país del sur de Europa tiene su particular historia, en España posiblemente el origen de la casta se encuentre en Manuel Godoy, reconocido Príncipe de la Paz y apodado “el choricero”, personaje de baja ralea y excesiva ambición, que no dudó en vender España a Napoleón llegado al momento, junto con el felón Fernando VII y el cornudo de su padre, alguien ha llegado a decir que Fernando VII más que hijo de Carlos IV parecía hijo de Godoy. En ese mismo instante, con la irrupción de la casta política en España, de la lumpen-élite, comenzó nuestra decadencia, a pesar de los denodados esfuerzos de los liberales que se enfrentaron a los absolutistas y legaron el máximo logro para los ciudadanos de este país: su condición de soberanos.

En conclusión, nada nuevo bajo el sol, ni siquiera la coleta de Pablo Iglesias, que se aleja demasiado de las virtudes atribuidas al buen demócrata por Tucídides cuando se refería a Pericles en su discurso funerario, pero también a la biografía de Agustín Argüelles, que al cambio fue nuestro Pericles.

En España, en el sur de Europa, seguimos en lo mismo de siempre, el poder y sus representantes se obstinan, hoy igual que hace 25 siglos a ser demócratas, para ello inventan partidos políticos (prohibidos en la Antigua Grecia), aforamientos (imposibles en la Antigua Grecia) y leyes segregadoras de la isocracia.

Son unos ilusos aquellos que piensan que en este país, o en los del sur de Europa, del poder o de Podemos puede provenir el regreso de la democracia, eso es absolutamente imposible, porque en los países del sur de Europa y especialmente en España, el poder político siempre ha sido enemigo acérrimo de la democracia, con Fernando VII, con Primo de Rivera, con Franco, con las Repúblicas, la primera y la segunda, y con todos los presidentes de la actual democracia, con la excepción discreta y limitada de Adolfo Suárez, que al menos fue capaz de lavarle la cara al régimen para darle apariencia de normalidad, para que la casta política recobrara en el tiempo, extrañamente sin mayor oposición de los ciudadanos, su afición al ejercicio del poder desde la tiranía en la que actualmente vivimos.

Enrique Suárez

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