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miércoles, 8 de septiembre de 2010

¿En nombre de la democracia o amparados por ella?


Hay mucho crápula que menta la democracia para cometer las más bajas acciones en su nombre. La democracia se convierte en demagogia cuando sobrepasa el marco establecido por la ley, pero como va a cumplirse la ley si los que las hacen son los que menos las cumplen o mejor dicho, los que mejor las incumplen. Es sorprendente que desde la Justicia no haya nadie que diga ni haga nada, ante lo que está aconteciendo, más que en el limbo de la independencia perdida de los tiempos de Alfonso Guerra, la Justicia española vive ahora en franca dependencia del poder político que la chulea a su antojo, hasta prostituirla en su ceguera para convertir sus excesos en ejemplo de rigor democrático, aunque se pasen la Constitución por el forro de las gónadas.

La oclocracia, esa tiranía simbiótica del poder con las muchedumbres más zafias y denigradas, ha sustituido al embrión democrático en el que vivíamos en España. Hoy se menta la democracia para que un tarugo defienda lo indefendible, mienta sin descanso o se ría de sus prójimos en sus propias narices. ¡Oiga que esto es democracia!, se oye decir a los mayores impostores que la democracia ha tenido en su historia, ¿quiere que le llame facha y le condene al ostracismo?, pues a callar, a aceptar lo que hay porque es lo único posible y de paso vuelva a besarme el culo.

Vivimos estúpidos tiempos de decadencia, en que cualquier imbécil que se beneficia de su representación de los demás, alcanza plena impunidad a sus diatribas y crímenes contra la razón, con solo mencionar la palabra democracia. Parece mentira, pero la democracia tendría que presentar una denuncia por malos tratos de los políticos, a ver si alguno terminaba en la cárcel de forma preventiva, porque los acémilas que dicen representarnos no dejan de violarla constantemente, y supongo que la democracia española no tenga voluntad de meretriz, aunque los que apelan a ella la han convertido en su puta de referencia.

¿Cuantos criminales contra la razón y el sentido común hay en la política española que se amparan en la democracia para cometer sus crímenes sociales? Esta colección de demagogos que tenemos en el escenario de la representación política española nunca fueron demócratas, ni lo son, ni lo serán, son un engendro del poder que nada tiene que ver con la voluntad del pueblo, unos aprovechados que utilizan la democracia en su beneficio para obtener privilegios, que nunca hubieran soñado antes de instalarse en la política. La democracia se ha convertido en una depravada forma de dominio del pueblo por los políticos, en una miserable forma de explotación, en una coartada del poder para oprimir a los ciudadanos, que pagan la fiesta con sus impuestos y los recortes en su bienestar, para que los afortunados mancebos del poder sigan disfrutando de la vida, mientras los que los han elegido cada día estemos peor.

Sin embargo la gente se está hartando, el malestar se está haciendo sustancia, antes de convertirse en esencia. Creo que los políticos están recorriendo los últimos pasos de su calvario antes de ser crucificados, porque no se han dado cuenta de que la democracia es el gobierno del pueblo, no el dominio del pueblo, que es como lo entienden los demagogos, que campan con la brutalidad de los ignorantes con poder por los páramos de la patria, porque aún no se han enterado que gobernar es hacer lo que el pueblo quiera, no lo que quieran ellos, eso es mandar, hay que ser burros para pretender convertir la democracia en un lupanar en el que a los españoles y las españolas nos vayan dando por el culo, según les parezca.

Se acerca el final de su desafuero, de su locura de poder, de su vesania paleta, están sentados sobre un volcán que humea y pronto entrará en erupción, porque no se han dado cuenta que convirtiendo la democracia en un arma de opresión contra el pueblo, se les agota la coartada que les permitía sus privilegios. El siguiente capítulo será la venganza del pueblo contra los sinvergüenzas que les representan, que el pueblo cuando se pone bruto, también sabe recobrar el ojo por el ojo y el diente por el diente. Lo peor, es que tanto han manipulado la democracia, que vamos a tener que reinventarla cuando apartemos del poder a todos estos mangantes desenfrenados, y todo comenzará por una revolución sencilla que consistirá en llamar a las cosas por su nombre, al político que roba se le llamará ladrón, al que engaña mentiroso, al que se aprovecha aprovechado y al que es idiota se le llamará idiota.

Necesitamos un tsunami de realidad, fundamentalmente en el lenguaje, pero también en los hechos, para salir del océano de intoxicación y demagogia en el que nos han instalado nuestros representantes políticos.

Biante de Priena

martes, 7 de septiembre de 2010

Que Gundisalvo nos salve

Corría el año 1977 y surgió en escena una película que nos advertía a los españoles sobre lo que se nos venía encima. Antonio Ferrandis daba vida a un personaje, Don José Ufarte un político adhesivo, fundador del partido político Concordia Democrática del Estado Español. Pedro Lazaga dirigió esta desternillante parodia de la íntima vida de los políticos, que en los tiempos actuales ha sido sobrepasada con creces.

Nadie por entonces pensaba que la política iba a caer tan bajo, pero comparado con lo que hoy acontece, Gundisalvo, hombre campechano y con ideas, un poco pillín, y siempre barriendo para su casa, podría ser un candidato con muchas posibilidades para representar al pueblo español en el Parlamento. Al menos, Gundisalvo era humano, no como los mármoles que habitan los parlamentos en la actualidad. ¿Por qué ahora no se harán películas que satiricen la política? ¿A nadie se le ha ocurrido hacer una peli sobre Zapatero? El principal problema sería que no recibiría subvenciones, y sin subvenciones ya se sabe que no se hacen películas en España.

Hoy me he enterado de que mi admirado Arturo Pérez-Reverte ha decidido abandonar la presidencia de la Comisión para la celebración del bicentenario del nacimiento de la nación española en Cádiz, con motivo de la promulgación de nuestra primera Constitución en 1812, conocida como la Pepa, por haberse aprobado el 19 de marzo, día de San José.

Posiblemente, sin Agustín Argüelles entre nosotros, no haya nadie que pueda brindarle a Cádiz la gloria que podría pergeñar el autor de la novela “El Asedio” (un homenaje señero a la tacita de plata) y tantos otros relatos épicos, que han permitido que no nos olvidemos de que ser español sí es un hecho diferencial constatado por la realidad histórica y no una tribulación delirante de algunos enajenados sin tratamiento.

Dice el concejal Juan José Ortiz que tratará de que el escritor descubridor de Alatriste (en las novelas, hay personajes que se descubren y otros que se inventan) reconsidere su decisión, motivada por el acoso sin cuartel, nunca mejor dicho “el asedio” al que ha sido sometido por el concejal de IU Sebastián Terrada Galán y otros concejales del PSOE, como Rafael Román, alias "Franquito"(por su parecido con el dictador) , ex consejero de Cultura de la Junta de Andalucía y poder fáctico en el Cádiz socialista desde hace treinta años, porque la izquierda no quiere más memorias históricas que la suya, faltaría más, y dentro de poco descubriremos que más de la mitad de los padres de la patria española eran homosexuales, que realmente lo más importante fue lo que realizaron las feministas que por entonces no existían, que los españoles desde el pacifismo y la rendición lograron expulsar definitivamente a los franceses y que el pueblo, en realidad, más que contra Napoleón se rebeló contra Franco, que era en realidad el auténtico seudónimo de Fernando VII. Algo así, más o menos, será lo que pretenden contarnos los diseñadores de la realidad histórica de las izquierdas gaditanas.

Sirva de ejemplo para contemplar la miseria de lo que ocurre en este país, alguien que representa a menos de 25.000 gaditanos ha logrado que los demás gaditanos, gracias a su silencio o desinterés, vayan a quedarse privados del mejor comisario para los actos del bicentenario, como demostró serlo en la exposición de los actos del 2 de Mayo en la capital española. ¿Es suficiente criterio el haber sido elegido como concejal por CA-IU en Cádiz para decidir quién no debe ser el comisario del bicentenario? ¿Qué criterio más que el de los votos ilumina al “verdugo del escritor”?. ¿Qué conocimientos y criterio sobre la historia de Cádiz tiene el ínclito intruso oclócrata de los 25.000 votos, Sebastián Torrada Galán? ¿Cuántos lectores de El Asedio habrá en Cádiz que se estarán acordando de sus antepasados?

Desconozco el curriculum del pontífice comunista, porque solo consta que es funcionario de la diputación de Cádiz y que ha trabajado en drogodependencias, en internet no figura el puesto que ha ocupado, pero eso sí, busquen su nombre en internet y descubrirán que los cargos por designación política, en consejos, direcciones, asesoramientos y otros ámbitos institucionales, varias decenas, supongo que habrá sido evaluada su presencia por todos sus votantes en cada caso, pues ellos le han concedido el beneplácito, democráticamente, de recibir tan meritorios privilegios. Por cierto, sobre la historia de Cádiz, hecho de su mano, nada de nada. Pero es el que decide, por la gracia de las urnas, no por las urnas de Grecia, que no es lo mismo.

Desgraciadamente, Cádiz vive en un carnaval político permanente y los gaditanos lo permiten. ¿Qué esperan los gaditanos para recoger firmas en la plaza del ayuntamiento y nombrar a Pérez-Reverte comisario por aclamación popular?. Lo que más me cisca es que se salgan con la suya unos indigentes intelectuales que dicen representar al pueblo y lo único que hacen es patrocinar a sus sectas desde hace tres décadas, mientras viven del momio.

Lo dicho, visto como está el asunto, mejor será que nos gobierne Gundisalvo, que al menos sabe hasta donde puede robarnos, porque es un profesional de la política.

Biante de Priena

Los políticos españoles asombran al mundo


En un solo folio,  presento una propuesta para resolver los problemas que tenemos los españoles en relación a la desconfianza que nos ofrecen los políticos. Supongamos que mañana mismo, los políticos españoles mostraran su solidaridad con los ciudadanos en estos tiempos difíciles que estamos atravesando. ¿Se imaginan ustedes que decidieran por unanimidad en todas las instituciones que ocupan bajarse el sueldo a la mitad? Sería fascinante, una medida ejemplar para recobrar la credibilidad ante los ojos de sus representados.

Inmediatamente después, ante los rumores de que para lo único que acceden a la política es para obtener privilegios económicos y sociales, tras creación de una página en internet para tal propósito y de forma voluntaria, todos los políticos que así lo decidieran podrían presentar sus declaraciones de la renta y patrimoniales, así como la de sus cónyuges e hijos a su cargo, durante los últimos años, y por supuesto, su curriculum laboral anterior a su entrada en la política para comprobar que el acceso a la representación pública no ha supuesto un excesivo enriquecimiento en comparación con los trabajos que tenían antes de ocupar un cargo público.

De la misma forma, todos los cargos políticos de libre designación, siguiendo el ejemplo de los que les han nombrado, también de forma voluntaria, podrían hacer lo mismo que sus patrocinadores. También podrían hacerlo los sindicalistas, especialmente los liberados, los representantes de colectivos que reciban dinero del Estado y todos aquellos que ocuparan un puesto de representación que no provenga de las vías legítimas de las que cualquier español dispone para acceder a la administración pública.

En cuanto al Estado, para que los ciudadanos puedan comprobar que la administración del dinero público es escrupulosamente rigurosa, honesta y eficaz, el INE debería habilitar un espacio en internet, para que todos los ciudadanos pudieran comprobar cuando lo quisieran en que se han gastado los dinero públicos, de qué forma se han gastado y quienes han sido las empresas que se han beneficiado de sus negocios con el Estado, y en su defecto los nombres de las personas que las dirigen.

Con unas medidas tan simples, accesibles y barata, los españoles posiblemente volveríamos a confiar en la clase política española que se ha convertido en aristocracia de facto, cuando se les ha olvidado a nuestros representantes que estamos viviendo en una democracia. Sabiendo que es lo que ocurre con el dinero público, los ciudadanos seguramente volveríamos a creer en los políticos.

No es necesario que todos lo hagan, con que los que no tienen nada que ocultar lo hicieran, sabríamos en quienes podríamos depositar nuestra confianza. Los demás, poco a poco, serían apartados de la política y de la ostentación de cualquier puesto de trabajo público de origen político. Sería una magnífica forma de resolver todos los problemas de credibilidad que nos asolan a los españoles sobre la utilización de los recursos públicos y como los gestionan nuestros representantes políticos.

Ofrezco mi voto a aquel político que se atreva a ser el primero en mostrar una absoluta transparencia, si tengo que confiar en alguien, lo menos que puedo hacer es saber que rango de honestidad le caracteriza, y por supuesto, si lo que obtiene del Estado es justo en relación a lo que ofrece a la Sociedad, por sus méritos, trabajo y esfuerzo, al igual que cualquier otro ciudadano español tiene que mostrar su adecuación para los trabajos que ocupa a lo largo de su vida.

Biante de Priena

lunes, 6 de septiembre de 2010

Cien libros para el siglo XXI (014)


"El Científico y el Político" (1904) - Max weber (1864-1920) - (014)


Recobramos la colección de libros para el Siglo XXI de Ciudadanos en la Red con una obra singular, posiblemente una de las más sinceras escritas por un auténtico analista independiente de la realidad, hoy hablaremos de Max Weber y su obra El político y el Científico (1904), obra breve pero intensa en la que el autor alemán disecciona con maestría los entresijos del poder, no apelando a su descripción formal, sino a sus auténticos contenidos, Weber, como un cirujano, nos muestra las vísceras de la condición humana de los políticos, algo que amplía en una de sus últimas conferencias La Política como Profesión (1919).

Pasaron varias décadas para que otro autor independiente, Michel Foucault nos hablara, todavía con más pasión si cabe, sobre la dominación de los seres humanos por el poder en todas sus formas.

Max Weber nació en Érfurt en 1864 y falleció en Munich en 1920. Fue un auténtico heterodoxo, que contribuyó desde una perspectiva ecuánime a la construcción de las ciencias sociales. El autor alemán era científico antes que ideólogo y por supuesto empírico antes que idealista, sin embargo huyó del positivismo, creando una posición singular entre los pensadores sociales, sin llegar a consolidarse en una escuela propia.

Estudió Derecho en Heidelberg y posteriormente Historia Medieval, ejerció como abogado, posteriormente se doctoró para pasar a ser profesor universitario de Economía en Friburgo y Heidelberg, más tarde se hizo editor, escribió sobre numerosos temas sociales y también se dedicó a dar conferencias por Europa y Estados Unidos.

Como reconoce su mujer en una biografía póstuma, aunque Weber es conocido fundamentalmente por sus escritos económicos, La Ética protestante y el Espíritu del Capitalismo (1903), sus estudios sobre la burocracia y la administración pública, y sus estudios de sociología, a los que dedicó más empeño, sobre todo en los últimos años de su vida, cuando fue profesor en Viena y Munich de las primeras asignaturas de sociología.

La auténtica vocación de Max Weber fue la política, tratando de fundar en 1812 en Alemania el primer partido político transversal, tratando de unir a liberales y socialdemócratas, proyecto que acabó fracasando por la desconfianza de los liberales hacia los principios revolucionarios de los socialdemócratas, y su empeño en interpretar la democracia desde el agrupamiento sectario y no desde la individualidad.

Weber fundamenta el ejercicio de política en la ética, que proviene de dos elementos claves: la convicción y la responsabilidad, origen y tragedia de la política, en la medida de que son polos entre los que debe moverse de forma equilibrada la acción política, ambos extremos se necesitan y se repelen mutuamente. Un político sin convicciones es, sencillamente un oportunista, un profesional de la manipulación y un vendedor de humo. Pero un político sin conciencia de su responsabilidad, perdido en su mundo neurótico de utopías irrealizables, conduce a la derrota segura. Hallar el camino eficaz entre Escila y Caribdis constituye la marca del buen político posibilista y, a la vez, transformador.

Weber participó activamente en la política alemana, tanto en su función de consultor para la firma del Tratado de Versalles, como diseñando el borrador de la futura Constitución de la República de Weimar, incluyendo el artículo 48, que aunque tenía como finalidad apartar al comunismo del gobierno alemán, sirvió a Hitler en su día para declarar la Ley Marcial y erigirse en dictador.

Biografía

Max Weber (por Ramón Alcoberro)

Biografía de Max Weber (antroposmoderno)

Vida de Max Weber y enlaces diversos a su obra (biográfica)

Libro recomendado

El Político y el Científico


Biblioteca Ciudadanos en la Red - Cien libros para el siglo XXI

domingo, 5 de septiembre de 2010

Democracia fascista


La condición esencial del ser humano es dotarse a sí mismo de significado para alcanzar una identidad propia y definida. Es hora de que la humanidad avance de nuevo y abandone para siempre sus cárceles, impuestas por el poder en todas sus formas. La única condición imprescindible para que ese proceso se desarrolle es la libertad. Quien no se siente libre, siempre estará sometido en un escalón previo de la evolución, tratando de liberarse de su opresión.

La tiranía en el ejercicio del poder impide el desarrollo de los seres humanos. La representación política es la principal forma de dominio de los seres humanos en nuestros días, utilizando el abuso de poder en democracia como coartada. La democracia no es el gobierno del pueblo, frase que representa la inquina del poder, al contrario, es el sometimiento del pueblo, silenciando todas sus protestas. ¿Quién se atreve en estos tiempos a estar en contra de la democracia?

Pero la democracia no tiene exclusivamente su expresión en la partitocracia imperante, he ahí la falacia que permite el engaño. La democracia tiene múltiples formas de manifestarse, que nada tienen que ver con los partidos políticos como es el caso de los referenda en los que el pueblo expresa su voluntad directamente sin intermediarios o como aquellas cuestiones en que la democracia no está representada, sino que se expresa de forma directa.

La gran estrategia del poder es mantener la apariencia de que son los ciudadanos los que eligen a sus representantes políticos, cuando en realidad lo único que hacen los que acuden a las urnas es ratificar a los que han elegido los dirigentes de los partidos políticos. No hay elecciones libres en España, más bien una simulación de su existencia, que satisface a una inmensa mayoría de ciudadanos convertidos en súbditos de los “señores de los partidos políticos” que ejercen su dominio.

Verán ustedes, supongan que por una casualidad encontramos al ser humano más justo del planeta al que queremos convertir en nuestro Presidente del Gobierno. ¿Qué tendríamos que hacer para conseguirlo?, pues sencillamente vencer todas las resistencias del poder, en forma de reglamentos, legislaciones, plazos y decisiones de los que los partidos políticos han impuesto para que permitan o no permitan su participación.

Si aún lográramos el objetivo de presentar como candidato al ser humano más justo del planeta, tendríamos que resolver como hacer llegar a la gente su mensaje, porque los medios de comunicación, subvencionados por el poder, se encargarían de que eso no ocurriera, relegando su presencia en los mismos al lugar que decidieran sus competidores, perfectamente organizados para imponer su voluntad en contra de la de los ciudadanos.

Supongamos que al final, venciendo todas las dificultades, el ser humano más justo del planeta obtiene representación política, es decir voz pública, pues seguramente su discurso quedaría asfixiado entre los discursos de todos los demás, a los que tendría que enfrentarse, agotándose sin haber siquiera comenzado a exponer su pensamiento.

Los partidos políticos quieren que nos convenzamos que un sistema que pone todas las trabas e impide al ser humano más justo del planeta acceder a la representación pública es un sistema democrático, cuando en realidad lo que procura es que los más injustos, deshonestos y extravagantes accedan a la representación pública y al poder gracias a que se alían y organizan para perpetuarse en su posición de privilegio.

Una democracia que impide al ser humano más justo del planeta acceder al poder es una pantomima, un fiasco y un cuento que sólo sirve para que los más infames alcancen representación política y se repartan el poder entre ellos. Pero que no se le ocurra a nadie abjurar de este magnífico sistema de redistribución del poder siempre entre los mismos, porque se postula para el escarnio y mofa de todos los que le rodean, y alguno de los sinvergüenzas que cobran todos los meses del erario público por representar exclusivamente sus intereses y privilegios, todavía ser permitirá decir: pero cómo le hacen caso a ese facha.

Tengo la certeza de que en este país los auténticos fascistas son los que presumen de demócratas, ejerciendo el poder desde una auténtica tiranía.

Biante de Priena

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