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lunes, 6 de agosto de 2012

Español, a pesar de todo


Tenía ganas, desde hace tiempo, de escribir este artículo y he pensado que ya ha llegado el momento. ¿Os dais cuenta ahora de lo qué es España?, pues eso es lo que, precisamente nos contaron los últimos intelectuales que fueron capaces de formar una generación, los del 98 y los del 27 y también los socialistas de la Institución Libre de Enseñanza, junto con los liberales que se exiliaron y luego regresaron, hubo algunos que jamás volvieron. España es este engendro, donde el ¡viva la madre que nos parió! nos cruje el sentido y expande nuestra alma.

Quizás sea de los pocos españoles que disfrutó, amargamente, eso sí, cuando un imbécil proponía que iba a crear pleno empleo en este país y se marchaba ocho años después dejando más de cinco millones y medio de parados; pero también cuando alguien decía que no iba a subir impuestos para ganar unas elecciones y seis meses después ya no le quedaba ninguno por subir. O cuando un representante de la selección española de Hockey dice que juega bajo la bandera de España porque no le queda más remedio, o un digno representante del crimen y la extorsión nos da lecciones morales desde la cárcel donde reposa su enfermedad terrorista.

Sí, ésto es lo que nos advirtieron Unamuno y Quevedo, Cervantes y Ortega y Gasset, Dionisio Ridruejo y Fernando de los Ríos, Miguel Hernández y Galdós. Cuidado que España y su idea matan, son peligrosas para la salud, que esta tierra es hostil y sus mandatarios siguen en la Edad Media, sin evolucionar siquiera, atrapados en una maldición mágica. Cuidado con los gigantes que son molinos y hormigoneras. Cuidado con el poderoso caballero que es Don Dinero. Rezad españoles por vuestros pecados, a Dios, a Alá, a Lenin, a Adam Smith.

No os quejéis del rey, todos serán mejores que Fernando VII o Pedro I el Cruel; tampoco lo hagáis de sus mandatarios sino recordad a los conde-duques y a Godoy; disimulad cuando veáis que os roban en nombre del Estado, de España, de la igualdad, de la libertad, del sueño o de la razón; soportad estoicamente la mezquindad y la miseria porque son inherentes a vuestra condición, ser español, es una maldita condición humana que no lleva arreglo desde hace siglos gracias al egoísmo compartido de los que mandan y los que obedecen. Con Franco vivíamos mejor, con el Euro nos íbamos a salvar, con Zapatero teníamos motivos para creer, con Rajoy estábamos seguros de que el cambio estaba cerca. ¡Quía!, todo es demagogia y desconsuelo, sinsentido y sinrazón, marasmo y molicie, esperpento y hecatombe.

España es lo que queda tras el nihilismo, tras la orgía, tras la vida y la muerte, los catalanes enfrentados con los valencianos mientras los baleares miran desde el balcón; los vascos con todos los demás y a pesar de todo tan cerca de los riojanos y los navarros y los cántabros; los asturianos y gallegos a su bola y distinguiéndose; Castilla y Aragón lamiendo sus heridas, porque alguien les roba; Andalucía esquilmada, Extremadura perdida, Murcia olvidada y Canarias, a mitad de camino hacia algún lado. Ceuta y Melilla, plazas africanas, donde el árabe será lengua oficial como recuerdo de nuestro origen mezclado, porque esto es un crisol de lenguas y de razas, de valores e ilusiones, de ideas y de malas ideas.

España es un milagro, un “survival”, una pasión, un cuento, una locura, una fe, una esperanza y una epopeya, una elegía y un pleonasmo, arbitraria y cruel, estoica y universal, hedonista y humana. El ejemplo para Europa y el mundo de lo que no debe ser una nación, y al mismo tiempo el modelo para los europeos y habitantes del orbe de lo que es la libertad desenfrenada y el delirio de poder.

Cuando nuestros tercios andan por Afganistán tratando de convertir a los afganos en demócratas, algo imposible, no se puede ser demócrata por decreto, me pregunto cómo vamos a ser demócratas los españoles si no sabemos, ni queremos ser otra cosa que lo que somos, un pueblo desquiciado, cainita, aventurero y mágico, la eclosión del infierno en la Tierra y al mismo tiempo, del Cielo, el Paraíso perdido y jamás encontrado. El jardín de las Hespérides, la patria de Eris, la Atlántida olvidada. La Historia nos pesa demasiado y al mismo tiempo, le pesamos demasiado a la Historia.

Cómo no iba a decir Ortega y Gasset, siendo español: yo soy yo y mis circunstancias, esas circunstancias que te atrapan, que te impiden, que te facilitan, que te matan y te resucitan cada día; como no iba a decir Campoamor aquello de: en este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira, antes de que los europeos descubrieran “el relativismo”; como no iba a decir Machado: caminante no hay camino, se hace camino al andar; como no iba a espetarle a Lenin, Fernando de los Ríos, socialista, aquello de: ¿y qué hacemos con la libertad? Y como no iba a sobrevivir Franco cuarenta años de dictadura diciendo que él no se metía en política. Algunos, ignorantes donde los haya, se piensan que Franco fue el único militar que tomó el poder en España, sin recordar que todos los espadones dieron más de 200 golpes de Estado entre 1812 y la actualidad, cuando ya teníamos una Constitución, Franco fue el producto evolucionado de una larga tradición hispana: el autoritarismo; ¿y qué vemos hoy en los partidos políticos más que su secuela heredada?, si todos son franquistas de forma y contenido, hasta los que más abjuran le deben su posición al tío Paco.

En fin, no hablo de la justicia que me repugna, vendida al poder; tampoco de los medios de comunicación, pesebres de reptiles; ni de los sindicatos, dictadores que construyen con parados su imperio; ni por supuesto de las taifas autonómicas, de las plazas notorias, ni de los páramos de la patria y de las mentes de esta epístola inacabada que busca amor y encuentra odio. La ignorancia, sólo en España es decidida, no saber, no querer saber, saber ¿para qué?, si de nada sirve, aquí todos somos creyentes y para de contar; aquí vivimos todos como podemos, como ratas o como dioses, según corresponda al guión, somos los últimos supervivientes de una incivilizada alegoría.

¿Cómo no van a querer imponernos en Europa un correctivo, una sanción, una ley que ponga orden en este lupanar, a nosotros, a los italianos que tal se andan, a los griegos, a los portugueses, a los irlandeses, precisamente los pueblos sobre los que se ha creado Europa, porque los demás han estado protegidos gracias a que nosotros detuvimos las invasiones musulmanas, persas, bárbaras, y romanas? Sigo diciendo que no lo entienden, no comprenden que en los países periféricos se vive el día a día, sin pensar en el mañana, porque somos cazadores recolectores agregados, que nunca creyeron en el Estado y que cuando esquilmábamos nuestra tierra, nos íbamos a conquistar el mundo, que es lo que nos va a quedar otra vez y dentro de mil años seguiremos discutiendo sobre el sexo de los ángeles, que es lo que nos toca.

¿Civilizar a los españoles?, me hace reír, no saben que eso es imposible, antes convertimos al planeta a la fe en la tortilla de patata y el tinto de verano, que otra cosa no sabremos, pero vivir, hasta bajo una bota europea somos capaces de construir nuestros sueños, a pesar de la miseria inagotable de nuestra realidad; pues sí, yo me quedo, a pesar de todo, aunque solo sea para cagarme en los muertos de los hijos de puta que nos han hundido,otra vez; y después, ya veremos. Yo soy español, español, español.... ¿pasa algo?

Enrique Suárez

sábado, 11 de febrero de 2012

Democracia y teatro en la política europea



¡Que no sabrán los helenos de la política, que la inventaron!. Asistimos cada día a la tensión que proviene de la vieja Grecia. Europa no ha mirado tanto a la tierra de Pericles desde hace dos mil años. El problema es que mira sin ver, algo muy propio de las anteojeras que se han creado a propósito para la ocasión. Grecia se hace mirar, recordando que está ahí, siendo el Occidente más oriental de Europa. También Italia, España y Portugal, incluso Irlanda se hacen mirar. ¿Qué sería Europa sin los países que han formado sus cimientos más ancestrales en el pasado?.

La vieja Europa, en realidad es la Europa del Sur, si hoy existe una configuración cultural denominada Occidente se debe, fundamentalmente, a los países mencionados, que hoy conviven con otros de origen más calvinista, trabajadores organizados y disciplinados, que al fin y al cabo son los que cortan el bacalao: Alemania, Francia, Reino Unido, los países nórdicos y prácticamente los demás europeos, sin contar los del Este. Lo que ha venido denominándose la Europa del Norte.

Norte contra Sur, otra vez. En realidad, dos formas de entender la vida que confrontan con la realidad de distinta manera, una planificando el futuro para evitar imprevistos y otra, planificando la supervivencia cotidiana. Mientras no se resuelva esta frontera mental que nos separa y distingue, Europa tiene mal pronóstico.

Quizá sea hora de recordar que la política, al menos como se entiende en Occidente, surgió en Grecia. Y que sus primeras manifestaciones literarias se hicieron desde el teatro, de la mano de Eurípides, Aristófanes y Sófocles. Sus primeros cantos fueron poemas que mezclaron dioses con hombres y titanes. La mitología dio paso al logos cuando los griegos comprendieron que además de elevar plegarias a Zeus para que lloviera era aconsejable construir presas y aljibes por si acaso no escuchaba, ocupado en otras cosas, sus oraciones.

La política, tiene más semejanza con el teatro que con otra actividad humana cualquiera, es un juego de simulaciones y roles que se desempeña con genuina ambición de persuadir y convencer a los espectadores de que lo que está ocurriendo en el escenario es una representación emocionante y emocionada de la realidad. Algo de lo que nos habló Nietzsche cuando describió la tragedia de la deriva humana entre lo dionisiaco y lo apolíneo. La representación de máscaras (“hypócritas”) convierte en un carnaval el escenario, en el que los actores (políticos) se elevan sobre los coturnos (presencia permanente en nuestras vidas), por medio de los “megáfonos” (medios de comunicación) y sus disfraces variopintos, para redimirnos a todos en su catarsis de los males que nos asolan y asedian.

La representación política que tenemos en España y en otros países europeos, fundamentalmente del sur, en realidad representa más una obra de teatro de los políticos que los deseos y anhelos de los ciudadanos. Al contrario, la representación política de los países europeos del Norte si está relacionada con la democracia y el gobierno del pueblo, mucho menos con la representación teatral que someten los políticos del sur de Europa a los ciudadanos.

Y todos los conflictos, entre la Europa septentrional y meridional provienen de esta singular clave que explica que la democracia no es entendida de la misma forma por los ciudadanos de Hamburgo, Essex o Reims, que por los de Cádiz, Tarento o Kavala. Los del norte hacen de la política un instrumento para organizar sus vidas de la mejor forma posible, los del sur estamos condenados a asistir al espectáculo teatral que nos brindan los representantes políticos que nos hemos concedido, que nada tiene que ver con la democracia, sino con la demagogia más esperpéntica y aparatosa.

Mientras no sepamos convertir a los políticos de los países del sur de Europa en políticos como los que se conceden los ciudadanos del norte del continente, en nuestros empleados y limitar sus funciones al servicio público, estamos condenados a seguir asistiendo a ese magnífico espectáculo que nos brindan desde su hipocresía, subidos a sus coturnos y con sus bien amados megáfonos. Viven de ello, son los que tienen la capacidad de decidir que continúe el espectáculo; no tienen ninguna vocación de cambiar, así que tenemos teatro para rato. Ellos controlan nuestra vida desde el escenario, porque no asistimos, más que con engaño, a la representación de su obra pletórica de patetismo y sarcasmo. Como dijo Jean De la Bruyerre: "La vida es una tragedia para los que sienten, y una comedia para los que piensan." Es el carnaval de nuestros días.

Enrique Suárez

domingo, 5 de febrero de 2012

Razón y Comunicación en tiempos de crisis (reflexiones muy personales)

James Ensor (1860-1949)


"El hombre es un ser social cuya inteligencia necesita para excitarse el rumor de la colmena" Santiago Ramón y Cajal

De la razón hemos pasado a la sinrazón de... todas las razones son posibles, es decir, la comunicación. La comunicación nada tiene que ver con la razón, más bien es su contrario; cuanta más comunicación existe también existe más ruido y más confusión, mas distracción y dilación en la toma de decisiones, más atoramiento, más anegación, más molicie, más vacío, y más deshumanización.

No toda la información que se comunica en nuestros tiempos es correcta, es decir, cierta, sujeta a realidad; más bien ocurre lo contrario, la mayor parte de las cosas que se comunican son falsas, quien transmite errores por ignorancia, hace tanto daño como quien los trasmite por insidia.

Sin embargo asistimos a una cruel paradoja, si seleccionamos la información que se comunica y despreciamos otra que se queda sin comunicar, ¿no atentamos entonces contra la libertad de expresión?. ¿Por qué criterio vamos a seleccionar la información que se transmite, por su verdad, por su idoneidad, por su valor adaptativo, por su validez racional, por su necesidad social...?. Al fin y al cabo, criterios fundamentados en alguna creencia particular o mayoritaria. ¿Acaso no es verdad para unos lo que no lo es para otros?.

¿No viven en verdades diferentes el banquero que hace un préstamo hipotecario y el desahuciado que no ha podido pagarlo? ¿No viven en realidades distintas el parado de larga duración y el broker financiero? ¿No hay diferencia entre la realidad que perciben los ciudadanos y la que deben resolver los políticos?.

Contra la razón

La razón está en decadencia, por que la libertad de pensar o conocer, el “cógito ergo sum” cartesiano, se ha sustituido por el “me comunico, luego existo” de nuestros tiempos. La comunicación ha desplazado a la razón como valor prioritario, haciéndonos caer en la trampa materialista del capitalismo y el leninismo. ¿Pensar para qué?. ¿Acaso se necesita pensar para existir?. No, no es necesario, el mercado solo necesita que nos consumamos consumiendo, el Estado solo necesita que nos consumamos pagando impuestos. Es decir, si solo podemos ser consumidores, y en algunos casos productores, en otros ni eso, ¿para qué necesitamos pensar?, menuda pérdida de tiempo: carpe diem. Al fin y al cabo, Estados y Mercados han logrado el ganado humano que necesitan para sus propósitos, dócil ante los miedos que nos inoculan en vena, adoctrinado en el “desmoralismo”, cautivo y rendido ante las estrategias de los poderosos.

Pero al mismo tiempo, con el exterminio de la razón, desaparece la crítica, y por tanto el individualismo, origen de la libertad y cualquier opción de rebeldía ante lo existente se difumina hasta su desaparición. El “no pensar” está de moda, quien menos piensa, menos se preocupa y menos sufre, pero también deja de saber ocuparse de sus propios problemas, y espera que los demás se los acaben resolviendo. Así vamos viendo cada día más gente condenada a la supervivencia en mínimos para toda su existencia, jóvenes perdidos sin horizonte alguno, viejos abandonados, parejas disueltas, padres que aborrecen a sus hijos e hijos que aborrecen a sus padres.

Disolución del ser humano y disolución de sus relaciones, por lo tanto de la identidad y el significado voluntario que cada uno a sí mismo se concede, de esta forma somos convertidos en masa, unidades de la misma masa, cosificados, deshumanizados, gotas de agua en el río de la vida sin posibilidad de abandonar la corriente que nos arrastra hacia el profundo océano de nuestra desaparición. Nos vamos deshaciendo, disolviendo, desvinculando de todo y de todos, y al mismo tiempo, nos falta razón para ser, sólo podemos estar, existir, sin ninguna opción de cambio o liberación.

Estoy convencido de que todo esta marasmo alienante desaparecerá el día que alguien sea capaz de plantear la salida del laberinto, que no es otra que la razón, razón sí, la aritmética de la vida humana es la razón, sin ella es imposible cualquier operación, más allá de la supervivencia. Y comunicación, por supuesto, pero discerniendo lo valioso de lo espurio, lo necesario del divertimento, lo fundamental de lo accesorio, lo importante de lo que no lo es. No debemos reducir la comunicación, algo que iría contra la libertad de expresión, sino seleccionarla exhaustivamente, para poder percibir la realidad tal como es y no convertida en lo que quieren presentarnos. Hay que eliminar el ruido de la comunicación, para sintonizar lo que realmente necesitamos de la comunicación, lo que nos interesa, lo que nos resulta útil y práctico, lo que nos permite avanzar. Como cuando se gira el dial de un transistor para escuchar con nitidez el programa que nos gusta, cada uno que elija en libertad el que quiera, pero que no se quede escuchando ninguno, o el ruido que producen todos. La comunicación al servicio de la razón, no la razón al servicio de la comunicación. Antes de decir hay que pensar, tras escuchar también, no vale con decir y escuchar sin pensar, sin reflexionar, sin comprender.

Comunicarse es transmitir información, no ruido. La información válida para nuestras vidas puede ser racional, emocional o incluso metafísica, pero debe ser alguna, porque no somos capaces de procesar la realidad de forma holista, sino secuencial. No estamos preparados para sentir al mismo tiempo que pensamos, ni para pensar al mismo tiempo que sentimos, o sentimos o pensamos, pero ambas cosas no pueden mezclarse, ni deben mezclarse. Nadie puede sentir la belleza de un amanecer en toda su profundidad cuando debe resolver un problema matemático con urgencia, pero podemos hacer ambas cosas, aunque no al mismo tiempo.

Sí hay salida

Necesitamos romper las cadenas con que tratan de cautivarnos, reduciendo el ser humano a un objeto, una cosa, un cliente o un ciudadano, un usuario o un contribuyente, un votante o un creyente, hay que zaherirse de la opresión que tratan de imponernos, agotando con el ruido de la comunicación inútil, el tiempo que necesitamos para conocernos y conocer a los demás y al mismo tiempo, el mundo en el que vivimos; para sentir, para emocionarnos o dedicarnos a lo que nos produzca bienestar y felicidad. No podemos olvidarnos de que nadie regala nada, el recreo que nos están concediendo desde el poder nos condena a la esclavitud de mañana. No nos están regalando la comunicación, nos están secuestrando la capacidad de razonar.

Hay que regresar a Aristóteles, cuando dijo que el ser humano era un zoón logikon, un ser que piensa, un animal racional y además, como consecuencia, un zoón politikón, un ser que se relaciona, un animal social. Debemos abandonar el engaño al que nos están sometiendo desde todos los enclaves del poder político, económico, cultural o tecnológico. No existe el ser humano siendo exclusivamente animal social, para que el ser humano se convierta en un animal social, es imprescindible previamente ser un animal racional. Hay animales sociales que no son racionales, las abejas, las hormigas, los monos, o las sardinas, pero no por ello son humanos, no tienen desarrollada una razón individual, porque "su razón" responde exclusivamente a algo parecido a un instinto colectivo. El ser humano no puede renunciar a su razón, ni por su comunicación, ni por su asociación con otros seres humanos, porque si renuncia a su razón, deja de ser humano, libre y pierde su capacidad para cambiar él mismo y su mundo, condenándose a su propia autodestrucción. Sin razón sólo somos animales, sociales o asociales, no nos podemos hacernos seres humanos en los otros, sino en nosotros mismos.

La única forma de salir de esta crisis es la recuperación de la racionalidad en el ser humano, si es posible individual y reflexiva, compartida después con otros que hayan hecho el mismo recorrido. La única revolución posible es la de cada uno en la conquista de su libertad. No hay soluciones colectivas, toda solución colectiva está urdida desde el poder y establecida contra la libertad del ser humano.

Enrique Suárez

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