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jueves, 21 de febrero de 2013

¿Qué hora es?: la hora de despertar



«No tiene sentido decir que los hombres son iguales ante la ley, cuando es la ley mantenedora de su desigualdad»  Ramiro de Maeztu


Los materialismos simplifican demasiado al ser humano,  considero que el materialismo económico del capitalismo, el materialismo político del asociacionismo partidario y la lucha por el poder, el materialismo cultural que sustituye el arte por el diseño, y el materialismo tecnológico que convierte a los seres humanos en instrumentales a un propósito casi religioso de modernidad, no son más que formas de ahormar a los seres humanos a las condiciones que exige el poder para su perpetuación.  

Las masas humanas, que magníficamente describió Ortega y Gasset, necesitan ser conducidas hacia los rediles de la historia alejados de cualquier oportunidad de liberación, en un mundo perfecto para los intereses de los poderosos. Los cauces son establecidos y organizados, sino por los detentadores del poder, sí por el sistema organizativo que les acoge y al que sirven. La burocracia, el despotismo y el autoritarismo, cada día orientan más nuestro destino hacia la desposesión, en sus diversas formas: un pensamiento correcto, una economía sostenible, una cultura asequible, y una tecnología inmanente orientada al estar y no al ser. Que lejos estamos de aquella frase de Amado Nervo que decía: "el hombre es el arquitecto de su propio destino".

Recuerdo un relato breve de Cortazar, “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj”, que dice así:
“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj."
Relato que se continúa con otro: "Instrucciones para dar cuerda a un reloj"
"Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. 

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa."
Creo que Cortazar tiene razón, nosotros somos los regalados al sistema que vive de devorar nuestra existencia, poco a poco, mientras nos sentimos los reyes de la creación porque podemos cambiar de canal en la televisión con el mando a distancia o hablar con un ciudadano que está a diez mil kilómetros por internet. Lo importante ya no es que hacemos con nuestras vidas, sino a que propósitos sirven.

Creo que en este sistema es peligroso preguntarse cuantas de las cosas que creemos poseer nos pertenecen, porque muy pocas han sido procuradas por nosotros mismos. Mejor no preguntarlo. Sin duda hay algo de alienación, anomia y marasmo en este mundo “perfecto” en el que nos ha tocado vivir. Mejor será que no lo descubramos, así podremos seguir viviendo felices, mientras nos lo permita el tiempo en el que nos vayamos consumiendo.

Algun día descubriremos que nuestra representación útil para las necesidades del sistema es mucho más importante que nuestra condición humana; el sistema y no nosotros, es el que al fin y al cabo, determina quien es un parado, quien un trabajador, quien un rico heredero, quien un sindicalista liberado o quien un político corrupto.

Algunos decían hace años que la alienación provenía del trabajo, hoy en día las cosas han cambiado porque lo que conduce a la alienación es el paro, sin embargo los que deciden siguen impartiendo su doctrina como si nada hubiera cambiado. Tal vez sea hora de cambiarlos a ellos.
Enrique Suárez

viernes, 26 de octubre de 2012

El imperio de la grey



"Estamos durmiendo sobre un volcán... Un viento de revolución nos golpea, la tormenta está en el horizonte" Alexis de Tocqueville

Aunque en principio pudiera parecerlo, no pretendo con este artículo hacer propaganda  a la autora de moda, la escritora británica Erica Leonard (E.L. James),  que ha alcanzado un éxito sin precedentes con el “porno-seller” más vendido de los últimos tiempos, la trilogía “Cincuenta sombras de Grey” que, según cuentan los que entienden de estas cosas, está llamado a superar en lectores y lectoras, a las aventuras del  mismo Harry Potter, de su compatriota J.K. Rowling.  Algunos expertos opinan que esta obra es una secuela evolutiva de la saga “Crepúsculo” de Stephanie Meyer que causó gran impacto entre los adolescentes de medio mundo en los últimos años, sin embargo, otros opinan que estamos ante un fenómeno similar al de la escritora asturiana Corín Tellado que tanto éxito adquirió en la España franquista, adaptado a los tiempos de postmodernidad que estamos viviendo.

Tal vez otro día les ofrezca  una interpretación personal de los singulares fenómenos literarios que acontecen en los últimos tiempos, pero hoy prefiero deambular por los derroteros de la sociología, tan asolada por las desolaciones reiteradas que nos sorprenden en el discurrir cotidiano; desde una perspectiva personal e intransferible, me atrevo a sugerir que todos estos grandes éxitos literarios de los últimos tiempos, en realidad no son algo diferente a lo acontecido en otras épocas, sino una forma de escaparse al tiempo y el espacio que nos ha tocado vivir, que por supuesto incluye los polivalentes mundos virtuales. Las épocas difíciles siempre nos han brindado excelentes joyas literarias, parece que los escritores tuvieran entre sus funciones sociales hacernos pensar en mundos diferentes a los que nos corresponde vivir, sólo hay que recordar la obra de Tolkien “El Señor de los Anillos” o “Las Crónicas de Narnia” de C.S. Lewis escritas en la Inglaterra bombardeada en la Segunda Guerra Mundial. Parece que cuanto más difícil es la vida, más se estimula, posiblemente como protesta,  la imaginación y fantasía de algunos autores literarios.

Las masas rebeladas

Sin más preámbulos, abordo el tema del que me interesa hablarles en esta ocasión, bajo el título de este artículo: “El imperio de la grey” para referirme a un fenómeno sociológico que acontece en los últimos tiempos en España y posiblemente en otros países occidentales. Me refiero a la imposición que nos ofrece el rebaño en la cultura, algo observado con antelación meritoria por nuestro filósofo más reconocido, José Ortega y Gasset en su magnífica  obra: “La rebelión de las masas”, en la que anuncia la llegada del nuevo Mesías colectivo de los consumidores voraces de lo existente, sin capacidad de reposición alguna. Esa masa, dispuesta a imponer su criterio de fundamentalismo democrático (algo sobre lo que ha escrito el filósofo español vivo más relevante, Gustavo Bueno) sobre cualquier razón minoritaria, habitualmente caracterizada como obsoleta, sino anacrónica.

Sí, he denunciado con anterioridad esta actitud en otros artículos, como: “Presentismo y Adanismo:los males de nuestro tiempo” (hablando de dos características singulares de esta época), “el riesgo de pensar” (recomendando la iconoclasia en tiempos de veneración por la iconografía),  “Desmoralismo:la doctrina de nuestros días” (mostrando el adoctrinamiento en el melancólico y apesadumbrado nihilismo de nuestra sociedad ante el devenir que acontece). En realidad, creo que todas estas propuestas siguen la estela del pensamiento del sociólogo Zygmunt Bauman, que ha elaborado una obra pletórica de atribulado pesimismo sobre los acontecimientos que se están produciendo  en los comienzos de la revolución tecnológica que ha favorecido la comunicación de las masas rebeladas, dispuestas a tomar el poder a golpe de ratón en las pantallas de sus ordenadores. 

Más que de “vidas líquidas” (sin vínculos tradicionales con las personas próximas y las reglas establecidas por la historia, paradójicamente, hoy es más fácil la comunicación a miles de kilómetros que a medio metro), creo que bien podríamos hablar de vidas liquidadas, o mejor dicho, disueltas en la masa colectiva y amorfa. Los individuos dejan de ser protagonistas de la historia para dar paso a un nuevo Zeitgeist que se establece en su reducción a elementos clasificados por el poder en alguna categoría: usuarios, contribuyentes, votantes, ciudadanos, consumidores, según el escenario de su evaluación que convenga a los detentadores.  Sin duda, la mirmecología (ciencia que estudia la vida de las hormigas), creo que es un paradigma epistemológico de gran futuro en estos tiempos. Habrá que volver a leer “La vida las hormigas y las abejas” de Maurice Maeterlinck para comprender el papel que nos corresponde en los páramos desolados de la razón democrática que nos aguardan en un futuro inmediato, antes de pasar a la utopía de “Un mundo feliz” de Aldoux Huxley, que sin duda es un magnífico retrato de lo que algunos pretenden.

Un mundo infeliz

Pero quizás lo que más me preocupe de lo que acontece en la evolución de las sociedades occidentales es la dicotomía que se está produciendo hacia una sociedad dual, en la que los desposeídos de todo estarán condenados a vivir junto a los poseedores de los recursos. Creo que el mundo camina por senderos de desigualdad extrema e injusticia, no en vano en todos los países avanzados está creciendo la proporción de ciudadanos empobrecidos, condenados a la miseria de por vida. Simplemente hay que echarle un vistazo a España, para ver que seis millones de parados (25 % de la población activa) están orientados hacia un mundo de pobreza y desolación en el que ya residen un 25 % de los españoles. Pero el peligro que acecha a nuestra sociedad proviene esencialmente de una juventud condenada a la dependencia (un 55 % de desempleo joven no es una banalidad), desesperanzada en sus objetivos, pues ni por la vía del estudio, ni la del trabajo pueden liberarse de la esclavitud que les espera, si no deciden emigrar a otros lares más afortunados, pero al mismo tiempo, si deciden hacerlo, se abre un nuevo dilema, pues las generaciones que se vayan jubilando en el futuro no podrán recibir una pensión después de haber dedicado su vida a trabajar, lo que supone una estafa social en toda regla organizada por el Estado.
  
Quizá sea hora de reflexionar, se han cometido demasiados errores por los políticos que han guiado nuestro destino, que además no han sido reconocidos en ánimo de lograr su impunidad, pero es hora de acusar a los depredadores de lo público, habitualmente con una pretensión de colectivizar hasta el aire que respiramos, y es hora de hacerlo sin miramientos, porque gracias a su intento de imposición del “imperio de la grey” en aras de cambiar las reglas de juego para favorecer sus posiciones, sus corrupciones y su detentación de poder, lo que han hecho es liberarse del “imperio de la ley” que debe prevalecer para todos en una democracia.

Va siendo hora de condenar al ostracismo y escarnio a todos los que han intentado suplantar la ley para imponer el imperio de su grey, con el único objetivo de implantar su despotismo social, su tiranía colectiva, su oclocracia y su demagogia, desde la más despiadada propaganda y censura, desde la asfixia de toda libertad que no sea la que a ellos les favorezca, aunque sea perjudicando a los demás. Es hora de que el socialismo de todos los partidos, ese progresismo retrógrado del pensamiento políticamente correcto,  rinda cuentas ante los españoles y se dejen de cuentos:  de la lechera, de Pedro y los lobos o  de Peter Pan. La vida de los demás no puede ser el escenario devastado de sus ocurrencias, aunque pregonen, desaforados, sus magníficas intenciones.

Enrique Suárez

domingo, 12 de febrero de 2012

Aquí yace lo que fue


"En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color, del cristal con que se mira" Ramón de Campoamor

Quizá sean las prisas de los tiempos que vivimos, tal vez la profusión de mensajes con que nos asedian cada día, pero sin duda las nuevas tecnologías están influyendo en nuestras vidas y mutando nuestras costumbres; reduciendo los mensajes que se transmiten, estableciendo nuevos códigos de comunicación que recortan las formas del lenguaje hasta su mínima expresión semántica. Los más jóvenes participan de la brevedad comunicacional mientras que los más viejos la aborrecen.

Hay un fenómeno que no se ha estudiado demasiado en nuestros días, que consiste en la hegemonía de la reducción semiótica sobre la carcasa sintáctica de los conceptos que se definen por las palabras. Pareciera que las palabras se van quedando escasas como elementos de comunicación; por eso, tal vez, está surgiendo un nuevo concepto de lenguaje, que mezcla una imagen con una frase breve, a veces con una contradicción entre ambos y en otras ocasiones, con una ratificación, creando un impacto cultural, un “meme” que se transmite con facilidad y se capta rápidamente. Un ejemplo es la imagen que abre este artículo.

Desde una perspectiva comunicacional, dicen que una imagen vale más que mil palabras, aunque no estoy muy de acuerdo con este lema mediático, pero hay que reconocer que la gente en estos tiempos prefiere una imagen a mil palabras, posiblemente porque requiera menos esfuerzo un vistazo que una lectura sosegada y reflexiva. Sin embargo, a mí me parece que este hábito social empobrece la comunicación, más que favorecerla.

Es difícil que una imagen pueda comunicar las emociones de un poema o la reflexión duradera de un aforismo que ha sobrevivido el paso del tiempo. No es cierto que las palabras sean menos auténticas que las imágenes, y sin embargo todo el mundo prefiere un impacto visual a una reflexión epistemológica.

Las imágenes también son engañosas, pueden confundirnos, no es cierto que la representación icónica de una imagen siempre sea auténtica, tampoco que esté más próxima a la realidad que su descripción literal. Algunos cuadros de Magritte, Escher, Erson, Dalí, El Bosco, Brueghel o Archimboldo nos muestran los errores de nuestras observaciones, nos inducen a sospechar de lo que vemos o miramos, tanto como Nietzsche, Marx o Freud de la realidad en la que vivimos. La realidad que contemplamos no es a veces tan auténtica como nos parece. Eso lo saben los magos de la publicidad y la propaganda, los manipuladores de nuestra conciencia.

Está claro que todos los mensajes a los que accedemos necesitan interpretación y para eso es imprescindible un criterio con cierta dosis de escepticismo y crítica, percibir no es todo, es necesario sentir y conocer para aprehender y comprender la realidad y aún reflexionar sobre lo percibido.

Sin embargo, el empaquetado para el consumo de los impactos culturales en sus envoltorios sencillos y atractivos, tiene sus ventajas e inconvenientes, por una parte permite su tránsito y tráfico con facilidad, lo que permite su acceso a la sociedad de masas, mientras que por otra parte, permite señalar una puerta al conocimiento y las sensaciones que, voluntariamente, pueden seguir explorándose. Al final es cultura en movimiento, es decir comunicación que permite que este mundo globalizado comparta elementos para entenderse y eso, sin duda, es mejor que el silencio o la ausencia de comunicación.

La simplificación en la comunicación no es algo malo, pero puede conducirnos al error, tanto como la complejidad. Lo sencillo, sin duda, es a veces, más complicado de lo que parece. Sin embargo muchas de las cosas que han prevalecido en nuestra cultura provienen de formatos sencillos, como los aforismos que hicieron famoso a Erasmo de Rotterdam o Hipócrates, las frases breves que nos dejaron la mayoría de los pensadores y personajes de nuestra historia, e incluso la paremiología, con refranes y proverbios que forman parte del acervo cultural producido por el sentido común a través de numerosas generaciones.

Sin embargo, no debemos caer en la reducción obligatoria a la que parecen empujarnos los tiempos y las modas, porque la navaja de Ockham, utilizada con desmesura, también puede acabar con más de lo necesario, hasta concluir en el epitafio de nuestra cultura: aquí yace lo que fue. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, pero lo malo, si breve, dos veces bueno, también; lo breve no es mejor que lo complejo o prolijo, es, sencillamente diferente, otra forma de comunicarnos, pero no la única, ni la más útil, ni la que más o mejor información contiene o transmite, ni la más hermosa, ni la más humana. Tal vez sea la más práctica en algunos canales que tienden a la comunicación telegráfica, pero no por ello son inútiles las demás formas de transmitir lo que somos, pensamos o sentimos, queremos o necesitamos, deseamos o aplaudimos.

La condición humana no se puede reducir a un SMS o un Tweet, aunque, seguramente, a los que tratan interesadamente de controlar nuestras vidas en su propio beneficio y provecho, de indexarnos y clasificarnos para ofrecernos lo que deseamos o necesitamos, les resultaría muy grato.

Enrique Suárez

domingo, 5 de febrero de 2012

Razón y Comunicación en tiempos de crisis (reflexiones muy personales)

James Ensor (1860-1949)


"El hombre es un ser social cuya inteligencia necesita para excitarse el rumor de la colmena" Santiago Ramón y Cajal

De la razón hemos pasado a la sinrazón de... todas las razones son posibles, es decir, la comunicación. La comunicación nada tiene que ver con la razón, más bien es su contrario; cuanta más comunicación existe también existe más ruido y más confusión, mas distracción y dilación en la toma de decisiones, más atoramiento, más anegación, más molicie, más vacío, y más deshumanización.

No toda la información que se comunica en nuestros tiempos es correcta, es decir, cierta, sujeta a realidad; más bien ocurre lo contrario, la mayor parte de las cosas que se comunican son falsas, quien transmite errores por ignorancia, hace tanto daño como quien los trasmite por insidia.

Sin embargo asistimos a una cruel paradoja, si seleccionamos la información que se comunica y despreciamos otra que se queda sin comunicar, ¿no atentamos entonces contra la libertad de expresión?. ¿Por qué criterio vamos a seleccionar la información que se transmite, por su verdad, por su idoneidad, por su valor adaptativo, por su validez racional, por su necesidad social...?. Al fin y al cabo, criterios fundamentados en alguna creencia particular o mayoritaria. ¿Acaso no es verdad para unos lo que no lo es para otros?.

¿No viven en verdades diferentes el banquero que hace un préstamo hipotecario y el desahuciado que no ha podido pagarlo? ¿No viven en realidades distintas el parado de larga duración y el broker financiero? ¿No hay diferencia entre la realidad que perciben los ciudadanos y la que deben resolver los políticos?.

Contra la razón

La razón está en decadencia, por que la libertad de pensar o conocer, el “cógito ergo sum” cartesiano, se ha sustituido por el “me comunico, luego existo” de nuestros tiempos. La comunicación ha desplazado a la razón como valor prioritario, haciéndonos caer en la trampa materialista del capitalismo y el leninismo. ¿Pensar para qué?. ¿Acaso se necesita pensar para existir?. No, no es necesario, el mercado solo necesita que nos consumamos consumiendo, el Estado solo necesita que nos consumamos pagando impuestos. Es decir, si solo podemos ser consumidores, y en algunos casos productores, en otros ni eso, ¿para qué necesitamos pensar?, menuda pérdida de tiempo: carpe diem. Al fin y al cabo, Estados y Mercados han logrado el ganado humano que necesitan para sus propósitos, dócil ante los miedos que nos inoculan en vena, adoctrinado en el “desmoralismo”, cautivo y rendido ante las estrategias de los poderosos.

Pero al mismo tiempo, con el exterminio de la razón, desaparece la crítica, y por tanto el individualismo, origen de la libertad y cualquier opción de rebeldía ante lo existente se difumina hasta su desaparición. El “no pensar” está de moda, quien menos piensa, menos se preocupa y menos sufre, pero también deja de saber ocuparse de sus propios problemas, y espera que los demás se los acaben resolviendo. Así vamos viendo cada día más gente condenada a la supervivencia en mínimos para toda su existencia, jóvenes perdidos sin horizonte alguno, viejos abandonados, parejas disueltas, padres que aborrecen a sus hijos e hijos que aborrecen a sus padres.

Disolución del ser humano y disolución de sus relaciones, por lo tanto de la identidad y el significado voluntario que cada uno a sí mismo se concede, de esta forma somos convertidos en masa, unidades de la misma masa, cosificados, deshumanizados, gotas de agua en el río de la vida sin posibilidad de abandonar la corriente que nos arrastra hacia el profundo océano de nuestra desaparición. Nos vamos deshaciendo, disolviendo, desvinculando de todo y de todos, y al mismo tiempo, nos falta razón para ser, sólo podemos estar, existir, sin ninguna opción de cambio o liberación.

Estoy convencido de que todo esta marasmo alienante desaparecerá el día que alguien sea capaz de plantear la salida del laberinto, que no es otra que la razón, razón sí, la aritmética de la vida humana es la razón, sin ella es imposible cualquier operación, más allá de la supervivencia. Y comunicación, por supuesto, pero discerniendo lo valioso de lo espurio, lo necesario del divertimento, lo fundamental de lo accesorio, lo importante de lo que no lo es. No debemos reducir la comunicación, algo que iría contra la libertad de expresión, sino seleccionarla exhaustivamente, para poder percibir la realidad tal como es y no convertida en lo que quieren presentarnos. Hay que eliminar el ruido de la comunicación, para sintonizar lo que realmente necesitamos de la comunicación, lo que nos interesa, lo que nos resulta útil y práctico, lo que nos permite avanzar. Como cuando se gira el dial de un transistor para escuchar con nitidez el programa que nos gusta, cada uno que elija en libertad el que quiera, pero que no se quede escuchando ninguno, o el ruido que producen todos. La comunicación al servicio de la razón, no la razón al servicio de la comunicación. Antes de decir hay que pensar, tras escuchar también, no vale con decir y escuchar sin pensar, sin reflexionar, sin comprender.

Comunicarse es transmitir información, no ruido. La información válida para nuestras vidas puede ser racional, emocional o incluso metafísica, pero debe ser alguna, porque no somos capaces de procesar la realidad de forma holista, sino secuencial. No estamos preparados para sentir al mismo tiempo que pensamos, ni para pensar al mismo tiempo que sentimos, o sentimos o pensamos, pero ambas cosas no pueden mezclarse, ni deben mezclarse. Nadie puede sentir la belleza de un amanecer en toda su profundidad cuando debe resolver un problema matemático con urgencia, pero podemos hacer ambas cosas, aunque no al mismo tiempo.

Sí hay salida

Necesitamos romper las cadenas con que tratan de cautivarnos, reduciendo el ser humano a un objeto, una cosa, un cliente o un ciudadano, un usuario o un contribuyente, un votante o un creyente, hay que zaherirse de la opresión que tratan de imponernos, agotando con el ruido de la comunicación inútil, el tiempo que necesitamos para conocernos y conocer a los demás y al mismo tiempo, el mundo en el que vivimos; para sentir, para emocionarnos o dedicarnos a lo que nos produzca bienestar y felicidad. No podemos olvidarnos de que nadie regala nada, el recreo que nos están concediendo desde el poder nos condena a la esclavitud de mañana. No nos están regalando la comunicación, nos están secuestrando la capacidad de razonar.

Hay que regresar a Aristóteles, cuando dijo que el ser humano era un zoón logikon, un ser que piensa, un animal racional y además, como consecuencia, un zoón politikón, un ser que se relaciona, un animal social. Debemos abandonar el engaño al que nos están sometiendo desde todos los enclaves del poder político, económico, cultural o tecnológico. No existe el ser humano siendo exclusivamente animal social, para que el ser humano se convierta en un animal social, es imprescindible previamente ser un animal racional. Hay animales sociales que no son racionales, las abejas, las hormigas, los monos, o las sardinas, pero no por ello son humanos, no tienen desarrollada una razón individual, porque "su razón" responde exclusivamente a algo parecido a un instinto colectivo. El ser humano no puede renunciar a su razón, ni por su comunicación, ni por su asociación con otros seres humanos, porque si renuncia a su razón, deja de ser humano, libre y pierde su capacidad para cambiar él mismo y su mundo, condenándose a su propia autodestrucción. Sin razón sólo somos animales, sociales o asociales, no nos podemos hacernos seres humanos en los otros, sino en nosotros mismos.

La única forma de salir de esta crisis es la recuperación de la racionalidad en el ser humano, si es posible individual y reflexiva, compartida después con otros que hayan hecho el mismo recorrido. La única revolución posible es la de cada uno en la conquista de su libertad. No hay soluciones colectivas, toda solución colectiva está urdida desde el poder y establecida contra la libertad del ser humano.

Enrique Suárez

miércoles, 11 de enero de 2012

Homo Cassus



Hombre de Vitruvio - Leonardo da Vinci

"El hombre es la medida de todas las cosas, tanto de las que son, como de las que no son" Protágoras de Abdera


¿Qué está ocurriendo en nuestra avanzada sociedad Occidental del siglo XXI?, es una pregunta que muchos se hacen en la intimidad pero también sobre la que, cada día, se debate con más frecuencia.

No es mi intención dar una respuesta completa a esta pregunta, algo que excede mis pretensiones, sino ofrecer algunas ideas sobre lo que está ocurriendo, manifestando mi opinión al respecto. Pienso que en las sociedades avanzadas (en las no avanzadas esto es una costumbre) el ser humano está siendo despojado de su esencia, de su libertad, de su pensamiento, de sus emociones, de su identidad y de su propio significado, con la intención de promover un homo cassus (“hombre vaciado”), más apto para el consumo de todo aquello que se le quiera imponer, hasta su expolio.

Las vidas de los seres humanos son los terrenos de cultivo en los que el poder, en todas sus formas, siembra su voluntad e intención, desde que nacemos hasta que nos morimos. Nos hemos convertido en huertos para otros, paulatinamente, de forma desapercibida.

Sin duda estas cosas han ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, el ejemplo son todas las formas de totalitarismo de las que todavía hay suficientes caso en este mundo, pero la diferencia con la devaluación humana de los regímenes totalitarios, es que al menos unos pocos (la disidencia), tomaban conciencia de lo que estaba ocurriendo y se rebelaban. Hoy, sin embargo, la gente acepta su destino con la misma resignación que los esclavos de Roma asumían su libertad perdida.

El siguiente paso que se avecina será la clasificación (o indexación) de los seres humanos por categorías, posiblemente algo más sofisticadas que las ofrecidas por Aldoux Huxley en su distopía “Un Mundo Feliz”, eso permitirá que el poder, en todas sus formas, nos pueda hacer el ataúd vital a la medida de sus intereses y necesidades.

Los principales enemigos de la humanidad en estos momentos son los poderes políticos y económicos, apoyados por los poderes cultural, científico y tecnológico. Los poderes políticos han conformado un nuevo Leviathan (Estado) que vive de las esperanzas baldías de sus súbditos convertidos en anónima sociedad. Los poderes económicos, han convertido la mano invisible de Adam Smith en una zarpa que cada día nos malhiere con sus agresiones ininterrumpidas. La cultura, la ciencia y la tecnología son instrumentales a sus propósitos, la reunión de todos los poderes forman, en su conjunto, la nueva religión de nuestros días.

Nosotros quedamos convertidos en usuarios, consumidores, contribuyentes, clientes, votantes, espectadores, y en definitiva, en súbditos de las necesidades de nuestra propia obra, porque el Estado y el mercado es una creación humana, que ha sido secuestrada por el poder en todas sus formas para implantar su orden. Vivir en este sistema nos ofrece seguridad, a cambio de entregar nuestra libertad a sus necesidades. Del hombre solo interesa al poder su cosificación, su materialización, su utilidad a sus propósitos, a eso lo denomina objetividad.

Una de las estrategias del sistema para defenderse de cualquier agresión ha sido convertir la democracia y la opinión pública en hechos cuantitativos, en los que prevalecen siempre las evaluaciones de la mayoría (y sus manipulaciones), es decir, de la sociedad de masas, a las opiniones y criterios individuales. Así que si nueve equivocados promueven una decisión errónea y un acertado manifiesta su opinión en contra, sencillamente se vota y prevalece lo cuantitativo y falaz, sobre lo cualitativo y veraz. De eso se encargan los que tienen interés en que las cosas sigan igual.

Otra estrategia es la de impedir que se pueda visibilizar cualquier alternativa a lo existente, fundamentalmente gracias a la distracción impuesta a la sociedad de masas, pero ofrecida como un logro, un auténtico avance para la humanidad. Así hoy que disponemos de más canales de televisión, más periódicos y más emisoras de radio, es precisamente cuando menos se ve la televisión, menos se leen los diarios, y menos se escuchan las emisoras de radio. Tal es el grado de intoxicación que el incremento de la oferta ha producido una disminución de la demanda.

Hay otros muchos elementos que influyen negativamente en la evolución humana para lograr zafarse de todas sus parasitaciones, como son la selección negativa de los representantes políticos designados por las cúpulas partidarias y confirmadas por una sociedad de masas irresponsable; la manipulación de la información a que nos someten los medios de comunicación de masas creando la ilusión de que solo existe lo que sale en los periódicos; la ausencia de una intelectualidad beligerante con la molicie a que somos sometidos los ciudadanos, siempre connivente con el pensamiento cautivo y el adoctrinamiento en lo existente como lo único posible.

La obra concluye con un ser humano despojado o vaciado (“homo cassus”) que ha dejado de pensar, de sentir y de hacer algo diferente a lo que le han asignado, que se ha olvidado de su esencia, que ha perdido su conciencia, esperando que algún poder le conceda identidad y significado, lo que le ofrecerá un mundo de seguridad artificiosa que no proviene de su propia libertad, sino de su pérdida. Un ser humano abonado con miedo e incertidumbre, cada día más vulnerable a las falsas promesas y a la creencia de que su participación, con fe y esfuerzo, y su colaboración en el buen funcionamiento del sistema, acabará librándole de la esclavitud a que le someten los que han secuestrado su voluntad, esperanzas y sueños. Sólo la confianza en nosotros os devolverá la libertad, repiten sin descanso los que se la han arrebatado.

Nunca fuimos tan libres para elegir ser esclavos del poder en todas sus formas. Más que un nuevo orden mundial, lo que necesitamos es un nuevo orden mental y una voluntad plena de libertad para romper la jaula en la que tratan de introducirnos, sino vamos a perder todo lo que se ha conquistado a lo largo de la historia de la humanidad, en no demasiado tiempo. Es hora de hacer una revolución en nuestras conciencias para cambiar de paradigma, no es en la calle donde se conquista la libertad, sino rompiendo las cárceles mentales en las que van pasando nuestras vidas sin hacer nada para cambiar realmente lo que nos oprime y expolia, desde la más insana y contumaz tiranía: la de los hechos sobrevenidos de una entidad anónima e intangible.

Enrique Suárez

domingo, 1 de enero de 2012

La sociedad distraída

"El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y desapareció la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago" Woody Allen

Quizás el término distracción sea el que mejor define la sociedad española de comienzos del siglo XXI, realmente somos una sociedad distraída, en el amplio rango del concepto. Sin embargo, al mismo tiempo somos una sociedad excesivamente atenta a las circunstancias externas en las que se desarrolla nuestra vida, las condiciones en las que vivimos; mucho más que a nuestra propia vida y a las circunstancias internas que realmente la determinan, nuestras posibilidades, de las que habitualmente nos olvidamos.

Posiblemente, estemos viviendo una época que anuncia un cambio, un salto cualitativo, hacia delante o hacia atrás, eso no lo sabemos todavía. En estos momentos, en nuestro país, se está produciendo un combate entre dos modelos bien diferentes de sociedad, por una parte la sociedad que promueve más distracción y por otra parte la que promueve menos distracción. Parece que nos están obligando a decidir si nos hacemos definitivamente hedonistas o estoicos, de forma obligatoria; pero más bien, dadas las circunstancias, lo que se está produciendo es una fractura entre una juventud condenada al ocio y el hedonismo, aunque no sea por su voluntad, y una madurez y vejez condenadas al estoicismo, aunque tampoco sea por su decisión. Si utilizamos la variable trabajo, también podemos distinguir entre una sociedad que cada día trabaja más para vivir peor y una sociedad que no puede trabajar aunque lo desee, condenada a ocupar su tiempo en "distraerse" de su penosa situación.

En una sociedad con cinco millones de parados es importante que la gente esté distraída, porque esa es la mejor forma de que desatienda lo que realmente le concierne sobre su presente y futuro, pero también, esto le permite que pueda disfrutar del ocio obligado a que ha sido conducida, fundamentalmente por aquellos que consideraron unilateralmente, que nuestra sociedad era demasiado triste y aburrida, tratando de cambiar sus principios, valores y los criterios en la que estaba sustentada, para hacerla más alegre y divertida ("la defensa de la alegría" nos ha costado cinco millones de parados, un déficit del 8 %, una recesión, y una deuda galopante que amenaza nuesta permanencia en el euro), es decir, más distraída.

Aunque casualmente, esto ha permitido que algunos, quizás demasiados, hayan podido “distraer” buena parte de nuestros recursos públicos, además de socavar la moral compartida que pueda cuestionar su comportamiento.

Los seres humanos nos distraemos con facilidad, porque mantener la atención y alcanzar concentración requiere un considerable esfuerzo, tanto como actividad ordenada y disciplinada, como por la orientación a objetivos diferidos y no recompensas inmediata; pero también requiere un “sacrificio” al ocupar el tiempo en algo que realmente nos satisface menos que hacer otras cosas. El ocio prevalece como más atractivo frente al trabajo, el esfuerzo y la dedicación, en todas las sociedades

Aunque tal vez, la realidad no sea tampoco como la exponemos, porque posiblemente la distracción de nuestra sociedad no sea una consecuencia de los tiempos, sino una causa de los mismos. El impacto de las nuevas tecnologías en las sociedades avanzadas, la presión al consumo de ocio del mercado y la consolidación de un Estado Providencia (que algunos denominan “Estado del Bienestar), también han contribuido, sin duda, a crear esta configuración de la realidad.

Evidentemente, quien más se distrae, se habitúa a hacerlo, y al mismo tiempo pierde los hábitos relacionados con la responsabilidad y el esfuerzo que requieren actividades más penosas, como el estudio o el trabajo; así la capacidad de orientar nuestra actividad a objetivos de promoción personal o rendimiento laboral se va haciendo cada día más escuálida, en cierta forma nos hacemos más distraídos e inadaptados para los requerimientos que nos exigen las circunstancias, más perezosos y vagos. Esto se puede confirmar con la productividad de los inmigrantes en nuestro país que multiplica por dos o tres a la de los autóctonos, porque no se han dormido en los laureles y tampoco podrían hacerlo si quieren sobrevivir en mejores circunstancias.

Lo que realmente queda claro, es que desde las instancias que gobiernan el Estado en todos sus niveles no hay interés alguno por cambiar esta situación social que atravesamos, no se sabe si provocada de forma interesada o inercial con los tiempos, o tal vez ambas cosas. Y al mismo tiempo, estamos comprobando que correlaciona con unas circunstancias peores para todos, salvo para los políticos, que mantienen sus privilegios, al tiempo que en los ciudadanos se incrementan los perjuicios, tanto en los que trabajan como en los que no lo hacen, en los jóvenes y en los mayores, en las mujeres y en los hombres, en los habitantes de las ciudades o del campo, en los que más ganan y a los que viven de los subsidios, en los que trabajan y en los pensionistas.

No creo que debamos sentarnos a esperar a ver que ocurre, porque cuanto más tiempo sigamos con la misma hoja de ruta más nos costará regresar a la razón; ciertamente necesitamos una revolución, pero no con manifestaciones en las calles, sino en nuestro interior, en nuestra conciencia, tratando de mejorar nuestros recursos y buscando, personalmente, las vías que nos permitan salir del marasmo en el que estamos. Quizás lo único que necesitemos sea dejar de distraernos tanto, seleccionar correctamente los recursos de los que disponemos, abandonar para siempre la cultura de la dependencia y recobrar la cultura de la responsabilidad; y trabajar, aunque sea para encontrar trabajo.

Distraerse mucho y bien, hoy es prácticamente gratis, pero lo que resulta realmente injusto es que cada día muchos se puedan distraer menos de lo que necesitan, para que otros se puedan distraer más de lo que desean. De seguir así, los que trabajan cada día rendirán menos, porque no es justo que tengan que reducir sus distracciones hasta la inanición, para que otros vivan en la distracción hasta la saciedad, que posiblemente ni desean, ni han elegido.

El problema es que quien tiene que decidir como se resuelven estas circunstancias en las que vivimos los ciudadanos, es decir, los políticos, no las están atravesando, porque a ellos para nada les afecta la crisis en sus vidas. Así que mientras los políticos puedan vivir sin cambiar su sistema de vida, con crisis o sin crisis, no creo que hagan nada para resolver los problemas de los ciudadanos que no han sabido ser tan listos como ellos para librarse de la quema que se avecinaba, y por último, quiero añadir algo más, tal vez no sea que no quieran, sino que no sepan, porque dada la selección negativa en la que se ha desarrollado la evolución de la vida política en España en la última década, dudo que la cohorte del cejado o del barbado, de la talla para afrontar los graves problemas que tenemos en este país.

Así que ciudadanos, a moverse por lo nuestro, a controlar los gastos públicos y a tratar de limitar las nimiedades y las equivocaciones de los políticos que se han convertido en una casta de parásitos sociales a costa de la distracción “inocente” de los ciudadanos. Al final, pase lo que pase, de lo que estoy seguro es que cuanto más tardemos en hacerlo más cara nos saldrá la factura, que la vamos a pagar entre todos, menos los políticos, porque a ellos no les afectan los tiempos, ni las evaluaciones, ni los resultados, ni las consecuencias de sus errores y estupideces, porque son la nueva aristocracia y nosotros estamos condenados a servirles, como si fueran nuestros amos.

Enrique Suárez

miércoles, 21 de septiembre de 2011

La misteriosa heráldica española del País Vasco


Acabo de leer que la cofradía de Bildu no asistirá a la inauguración del Basque Culinary Center por los Príncipes de Asturias, porque según dicen son: “el símbolo de la negación de este pueblo”, cuando alguien se arroga, como en este caso, la representación de un pueblo en una democracia, tal vez no haya entendido que la democracia es la representación del gobierno del pueblo, no la representación del pueblo, que no es lo mismo, la rueda, que su mecanismo.

Si un partido que gobierna en minoría, gracias al apoyo cómplice de sus “supuestos” adversarios se declara representante del pueblo por haber obtenido una mayoría en unas elecciones, se supone que el lehendakari que gobierna en Euskadi con el apoyo del PP también será representante del pueblo vasco. Mejor se dejarían de chanzas y grandilocuencias y podrían decir que los Príncipes de Asturias son el símbolo de que Bildu-ETA no se salga con la suya, lo que sería más acertado. Fundamentalmente porque el nacionalismo secesionista vasco tiene un grave problema, o no sabe a quien representa, o se cree que representa lo que no representa.

En Euskadi, para sorpresa del respetable, cuando se consulta la presencia de apellidos de los vizcainos, donostiarras y alaveses, resulta que, en Bizkaia los 30 primeros apellidos son los siguientes: García, Fernández, González, López, Rodríguez, Pérez, Martínez, Martin, Sánchez, Gómez, Ruiz, Alonso, Bilbao, Alvarez, Gutierrez, Hernández, Díez, Jiménez, Díaz, Vázquez, Muñoz, Blanco, Uriarte, Ortega, Aguirre, Peña, Ortiz, Iglesias y Domínguez.

En Gipuzkoa varían un poco, per los 30 primeros apellidos de sus residentes son los siguientes: García, González, Rodríguez, Fernández, Sánchez, Pérez, Martínez, López, Martín, Gómez, Hernández, Garmendia, Larrañaga, Alonso, Jiménez, Ruiz, Alvarez, Aguirre, Alberdi, Echevarría, Etxseberría, Mendizabal, Aramburu, Lasa, Zabala, Gutierrez, Muñoz, Moreno, Díaz y Blanco

En Araba/Alava, también cambian las cosas ciertamente, los 30 primeros apellidos por frecuencia son los siguientes: García, Fernández, Martínez, González, Pérez, López, Rodríguez, Sanchez, Gómez, Martín, Jiménez, Ruiz, Alonso, Hernández, Díaz, Alvarez, Gutierrez, Moreno, Muñoz, Gil, Blanco, Aguirre, Salazar, Díez, Ortiz, Ramos, Ibáñez, Dominguez, Saez y Ortega.

Resulta extraordinariamente extraño, que los García, Fernández, y González de Euskadi, por haber nacido en esta tierra, sean diferentes a los García, Fernández, y González nacidos en Madrid, Barcelona, La Coruña, Almería, o Badajoz.

Como decía Max Weber, una nación siempre es un resultado, no un propósito, lo que viene a decirnos que para que algo sea posible no basta con proponérselo y mantener a la población sumergida en la ignorancia correspondiente con un burka con los colores de la ikurriña, sino que es el pueblo el que debe decidir en libertad, condición inexistente en Euskadi desde hace muchas décadas..

Euskadi, como mucho y como poco, es un país con unas diferencias culturales, como cualquier otra de las comunidades españolas, pero su población es tan indistinta y homogénea a las demás como la de cualquier otra comunidad española. Ante la realidad no caben mitologías, ni engaños, ni baladronadas. El día que todos los españoles residentes en Euskadi puedan manifestarse en libertad y no bajo la coerción de la amenaza implícita y la sospecha de pureza de sangre, que en España se acabó con los Reyes Católicos, hace quinientos años, creo que las cosas cambiarán considerablemente. Tal vez, entonces, podramos descubrir que los que impiden la expresión en libertad del pueblo vasco no son los Príncipes de Asturias, sino los seguidores de Bildu-ETA.

Una cosa es lo que se deja ver desde la política y se muestra con intención y otra muy diferente, la realidad que se oculta con insidia.

Fuente: INE

Enrique Suárez

viernes, 17 de junio de 2011

Riccardo Muti, L´Italia sempre...



El director de orquesta italiano, Riccardo Muti, soprendió a todos con su regañina a Silvio Berlusconi en mitad de la ópera 'Nabucco'. La protesta de Muti contra el gobierno de Berlusconi, además de civilizada tiene un peso enorme viniendo del gran director, quien es Cavaliere di Gran Croce OMRI y recientemente recipiendario del Premio Príncipe de Asturias de las Artes.

Después de una efusiva solicitud de un bis del 'Va, pensiero' de Verdi -que simboliza todavía hoy para el pueblo italiano la rebelión contra la opresión de los Habsburgo y el inicio de la unidad de la Italia moderna- en el Teatro de la Ópera de Roma, Riccardo Muti, se dirigió al público para criticar la situación política que vive Italia para afirmar que "el arte y la cultura italianos son la mejor seña de identidad del país y si no se les cuida y protege, el resultado final solo puede ser el de acabar con una Italia convertida en patria bella e perduta"

El público ovacionó la intervención, y el director invitó a repetir el simbólico coro y a que el público acompañara la interpretación. En pie, todos cantaban emotivamente y como uno solo el "Va, pensiero" mientras, en el palco, el primer ministro contemplaba sin saber muy bien qué hacer ante el clamor popular.



miércoles, 4 de mayo de 2011

Naufraguismo: una nueva civilización está surgiendo


"El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor". Giordano Bruno

Tras la máscara del progreso se encuentra una de las mayores expoliaciones del ser humano. En nombre de la sociedad, esa entelequia que adora el socialismo, se han cometido numerosos crímenes contra la razón y contra los seres humanos. Pero también se han cometido en otras épocas en nombre del cristianismo o en la época actual en nombre del islamismo o del judaismo. Las religiones orientales son más ecuánimes, juzgan los hechos y no los pensamientos.

En nombre del Estado se han cometido numerosas locuras y se cometen actualmente en países como China o Cuba, pero no menos en nombre del Mercado, del capitalismo y de la depredación por parte de las élites. En la dominación de unos seres humanos por otros se atenta contra la libertad y los derechos de las agrupaciones humanas que las conforman. Hay en este mundo, sin duda, una moral depredadora que favorece la destrucción, la opresión y la mezquindad del ser humano, que se traduce en sus obras, parece que estamos condenados a que nada pueda permanecer tras miles de años de experimentos.

Hobbes decía que el hombre era un lobo para el hombre y Rousseau que era bueno por naturaleza, un pequeño salvaje que había que educar. Locke consideraba que veníamos a este mundo como una página en blanco. Blom dijo que si alguien le dejaba un recien nacido lo convertiría con la debida instrucción en un criminal o un santo.

El ser humano no es bueno ni malo a priori, la bondad o la maldad de sus actos proviene en la inmensa mayoría de los casos, no de su individualidad, ni de su egoismo, sino de su agrupación. Es la sociedad la que permite la construcción de la bondad o la maldad, fundamentalmente un producto de las relaciones de los seres humanos y de la esclavitud a sus producciones culturales. Somos lo que percibimos, y de lo que percibimos se deriva lo que hacemos, nuestra obras son nuestras jaulas. Cuando alguien decide tomar partido, comienza a establecer perjuicios contra los que han decidido tomar partido contrario, en muchas ocasiones empujados por las circunstancias. No comprender que no es el ser humano, sino las circunstancias y su relatividad las que determinan su conducta, nos conduce a uno de los más graves errores de la humanidad: tratar de corregir nuestros problemas en los seres humanos y no en las circunstancias que los determinan, la mayoría de los problemas humanos deben analizarse exclusivamente en su contexto particular y no admiten generalizaciones.

Pero no se debe caer en el determinismo materialista, una forma de totalitarismo. Los seres humanos somos unos animales complejos, plásticos, flexibles, adaptables, pero capaces de reiterar los mismos errores con tal de no cambiar lo que se ha demostrado que no resulta eficaz. La tradición y la costumbre, el miedo al sufrimiento, la búsqueda de seguridad y el conformismo nos acaban atrapando en una trampa de la que resulta difícil salir. Cada día se puede cambiar, pero la vida nos va sometiendo y acomodando en una inercia del más de lo mismo que se acaba convirtiendo en nuestra cárcel. Posiblemente cada día más, debido a que la comunicación, que en otras épocas jugaba el papel de corregir los errores, junto con el aprendizaje propio, ahora, no sólo contribuye a ayudarnos a resolver nuestros problemas, sino que posiblemente los incremente.

Ciertamente hay una enorme confusión, que se ha incrementado con el desarrollo de las nuevas tecnologías y la explosión de la comunicación. El ser humano está atormentado ante tanta información como recibe sin criterio para procesarla. Vivimos en un mundo que cada día ocasiona más tensión y estrés a los seres humanos. Pero al mismo tiempo, está provocando un rechazo del conocimiento, de la curiosidad por saber. Los más jóvenes viven en la fantasía de que todo está en Google o Yahoo, y es cierto, está todo en los grandes agregadores de información de internet, pero todo lo importante y lo inane, lo cierto y lo falso, lo contrastado y las supersticiones. La masificación del conocimiento ha traido su devaluación. Hoy cualquier puede encontrarse con la teoría de la relatividad a golpe de ratón, pero otra cosa es que llegue a comprenderla y que le resulte útil para algo.

No tenemos capacidad para procesar la información a la que tenemos acceso, lo que condenará el conocimiento a la especialización, a la división del todo en sus partes más ínfimas. El problema al que nos enfrentamos no es el de la Edad Media, del acceso al conocimiento limitado a sectores muy determinados, sino el procesamiento de la información. Cada día hay más conceptos nuevos que lo único que nos proporcionan son nuevos quebraderos de cabeza. Nada que decir sobre la magnífica oportunidad que nos brindan los tiempos para conocer la realidad, el mundo y a nosotros mismos. Pero algún día tendremos que detenernos y reflexionar sobre el proceso de conocer, porque de poco nos servirá vivir en un inmenso bosque en invierno si no tenemos un hacha para poder cortar leña y calentarnos con ella; al final, esta navegación sin rumbo, nos conducirá a una muerte por sed en medio del océano, por no saber como se filtra el agua para que sea potable. El exceso de información al que asistimos, precisamente no nos ofrece mayores posibilidades de dominio sobre nuestras circunstancias vitales y nuestra adaptación al mundo y a la convivencia con los demás, sino todo lo contrario, información que no somos capaces de procesar, información que se nos indigesta.

Quizás estemos asistiendo a la construcción de la Torre de Google, en la que al final cada uno terminará hablando su propia lengua o jerga, sin posiblidades de comunicarse con los demás. Confiemos en la naturaleza humana y en sus inmensas posibilidades para resolver sus frustraciones y conflictos; al contrario de lo que muchos piensan, no creo que el ser humano sea un animal social, la sociedad es un artificio, una entelequia, que sirve a quienes detentan el poder, al contrario que la cultura. Los seres humanos sí somos animales culturales, de eso no cabe la menor duda. La cultura nos hace diferentes y diversos, mientras que la sociedad trata de imponernos la igualdad, la homogeneidad, la etiquetación en contribuyentes, consumidores, ciudadanos, usuarios, clientes, de numerarnos e identificarnos, de forma violenta, contra nuestra propia naturaleza humana, no en nuestro interés, sino en beneficio de aquellos que tienen que ejercer control sobre nuestra libertad, que siempre serán aquellos que detentan el poder.

No obstante, hay que ser optimistas, hasta ahora han caído las más grandes civilizaciones y los seres humanos hemos seguido adelante, dejando atrás escombros y ruinas de lo que ayer considerábamos fundamental. Si hasta aquí hemos llegado destruyendo el ayer, para construir el mañana, sin duda seguiremos adelante, en un proceso dinámico inacabable. El mito de Sísifo es nuestro espejo. La vida de los seres humanos es una noria, y la de nuestra especie también. Lo que hoy está arriba, mañana estará abajo, menos los que se ocupan de detentar el poder, que siempre permanecen arriba, pase lo que pase... a los demás. Algún día, tal vez dentro de no mucho tiempo, seremos capaces de que el poder se administre por potestas, con una autoridad legitimada por los hechos y no por dominación autoritaria, obtenida desde la propaganda, que es la más perniciosa violencia contra los seres humanos.

Biante de Priena

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