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sábado, 5 de marzo de 2011

Foro Asturias: Transparencia

Restaurante La Campana - Pruvia - LLanera - Asturias

Algo está cambiando en la política española y ese cambio se inicia en Asturias, como en tantas otras ocasiones. Hoy, se celebra el Restaurante La Campana de Pruvia (Llanera), el Congreso Constituyente de Foro Asturias, el partido que apoya a Francisco Álvarez Cascos y lo promueve a la candidatura a la Presidencia del Principado de Asturias, el próximo 22 de mayo.

A la convocatoria están llamados 6987 afiliados (la convocatoria más numerosa de un Congreso Político en la historia de España) que podrán ejercer su derecho al voto de forma directa. Foro Asturias está cambiando muchas cosas en la política española, una más es su transparencia, porque cualquier ciudadanos podrá seguir el I Congreso de Foro Asturias por televisión desde cualquier lugar de España y del mundo, gracias al trabajo de ECTV. Gracias a la Comisión Organizadora. Gracias a los afiliados de Foro Asturias y gracias a todos los asturianos y españoles que sigan con atención el magnífico debut de Foro Asturias.

Aquí tienen ustedes el enlace para realizar el seguimiento en directo del Congreso, con la oportunidad de realizar comentarios en directo por medio de Facebook. Esto sí es Transparencia.



miércoles, 2 de marzo de 2011

Nihilismo energético sostenible

"La enegía mental ni se crea ni se destruye, se transforma en resultados provechosos para todos si lo permiten las circunstancias, y no lo impiden los políticos ineptos"

Ojalá fuera una broma, no lo es. Recientemente, el candidato del PSOE a la Presidencia del Principado de Asturias, Javier Fernández, ingeniero de profesión y secretario general de la FSA, al que gusta intitularse de “candidato sin prisas” (pero sin pausas) ha hecho unas declaraciones patognomónicas del futuro que nos espera a los asturianos como por desgracia alcance el poder, estas han sido: “la mejor energía es la que no se consume”, ni más, ni menos, y se ha quedado tan feliz, convirtiéndose en un nuevo profeta del apostolado del cambio climático, en una Asturias que cada día tiene menos consumo de energía industrial.

Evidentemente la frase no es suya, la patente es del exdirector del CENER, Centro Nacional de Energías Renovables, Juan Omarzábal, ingeniero químico, postulado en el año 2009 por el Gobierno Español para dirigir el IRENA, que es la Agencia Internacional de Energías Renovables. Aunque fue desplazado, por 63 votos contra 60, por la candidata francesa Hélène Pelosse, cuyo currículum es realmente magnífico, que abandonó el cargo 15 meses después, y que es partidaria de establecer impuestos sobre el carbón en vez de subvenciones a su producción y consumo como se ha venido solicitando de forma continuada desde la minería asturiana, cuando su país, Francia, es el principal productor de energía nuclear en Europa, y por supuesto exportador de energía a España. Evidentemente, en otros países saben defender mejor que en España sus intereses nacionales.

Según la web de la ONU: “El objetivo de IRENA es contribuir a mejorar e impulsar la transferencia de tecnología y conocimiento en energías renovables a través de sus actividades, ofreciendo apoyo práctico a sus países miembros que permita identificar los mecanismos más adecuados al respecto, no solo en materia de implantación tecnológica, sino también al mantenimiento sostenible de dichas aplicaciones a largo plazo. De esta manera, se pretende impulsar el abandono de los combustibles fósiles, incluido el gas”.

El último que apague la luz

La actitud filosófica de los profetas del cambio climático, tiene como objetivo el regreso al paraiso ofrecido por Rousseau en la parábola del buen salvaje, el viaje interestelar a la Pandora de Avatar, la imposición de la ecoteología como religión suprema. Al fondo y a la izquierda, siempre nos acabaremos encontrando con una actitud nihilista, una deconstrucción civilizatoria, ofreciendo un progreso que en realidad tiene la pretensión de trasladarnos de nuevo a las cavernas y a las antorchas, pero con muchos impuestos.

El socialismo, en el ejercicio de su laicismo furibundo, necesita una nueva creencia más allá del bienestar social con el que ha acabado en España, al lograr 4,8 millones de parados, un déficit del 10 % anual, y una deuda que terminarán de pagar nuestros tataranietos, lo social ha sido un fracaso del PSOE, así que hay que buscar otro cuento de la lechera. Este nuevo mito que se propone desde el socialismo es el regreso a Gaia, al Paraiso Terrenal, sin máquinas, sin trabajadores, sin civilización, sin principios, sin fines, en plena irracionalismo diletante.

Que tremenda y extravagante falacia a las que nos somete el PSOE en Asturias, donde la energía, en todas las categorías, es más cara que en el resto de las comunidades, donde se ha perdido recientemente una inversión de Iberdrola de 460 millones de euros, donde una compañía petrolera británica, LGO, ha dicho textualmente que planea ahora, buscar nuevas bolsas en Cantabria, Asturias y País Vasco, al tiempo que manifiesta su sorpresa ante el desconocimiento de la opinión pública española sobre el potencial energético del norte

También se le ha olvidado que Asturias es la comunidad española en la que más han subido los precios en el último mes, fundamentalmente por las subidas de la electricidad y los alimentos

Si la energía es un problema, la forma de resolverlo que se le ocurre a Javier Fernández y los apóstoles del cambio climático, es precisamente dejar de consumirla, apoyando los postulados de "la energía sin fin" que nos sale mucho más cara que la convencional, pero en un prodigio de incongruencia e incoherencia sin precedentes, para un profesional que debería tener conocimientos sobre la cuestión energéticas, acusa al PP de no querer proteger el carbón asturiano, cuando desde el PSOE se ha realizado el discurso más extravagante en contra de los combustibles fósiles y la energía nuclear y exclusivamente a favor de las energías renovables.

Javier Fernández defiende al mismo tiempo, en una finta contradictoria, el carbón y su contrario, que son las energías renovables. Ahora toca defender el carbón desde la propaganda porque hay elecciones, cuando pasen estas seguro que regresa a la defensa numantina de las energías renovables que es el programa energético máximo del PSOE a nivel nacional.

Sin duda el futuro energético de Asturias pasa en primer lugar por dejar de consumir productos nocivos para su supervivencia como son el PSOE y el PP. La mejor política energética nefasta es la que deja de consumirse, porque consumiendo las tonterías que nos ofrecen los políticos del PP y el PSOE en Asturias, los asturianos estamos condenados a consumirnos, pero además, quemados como una tea de tantas barbaridades informativas tóxicas como nos ofrecen, absolutamente imposibles de consumir sin alcanzar obligatoriamente la estupidez.

Verán ustedes, olvídense de políticas energéticas, porque el único plan que tienen tanto el PSOE como el PP para España y en Asturias es promover el uso de las energías que proporcionen más impuestos, el medio ambiente les importa exactamente un comino, lo importante es que sistema energético puede proporcionar más impuestos, es decir, de que forma se puede esquilmar mejor a los ciudadanos de forma desapercibida, criminalizándolos como sea de sus desmanes en el consumo, cuando nuestros representantes públicos son absolutamente incapaces de generar otras ideas que reducir la velocidad en las autovías a 110 Km/hora con afán recaudatorio, crear energías renovables subvencionadas que cuesten más caras y por lo tanto proporcionen más impuestos al Estado, renovar el parque móvil a vehículos eléctricos porque son incapaces de exportar los que aquí se producen y peinar el alumbrado nacional con bombillas de bajo consumo que aún no se han instalado en ningún país occidental.

Y los experimentos del laboratorio de la Alianza de los Apagones y el no consumo de energía, y al que consuma se va a enterar de lo que va a pagar de impuestos, lo seguimos pagando los españoles, cada vez menos, porque nos van dejando el espacio laboral con más bajas que la guerra de Verdún. ¿Hasta cuándo soportaremos tanta mendacidad irresponsable e indigencia intelectual insostenible?.

Creo que lo primero que tenemos que hacer es renovar en Asturias a nuestro políticos por exceso de consumo de nuestras energías para nada, para que cada vez estemos peor.

Asturias tendrá una política energética rigurosa y beneficiosa para todos los asturianos cuando Francisco Álvarez Cascos y Foro Asturias gobiernen el Principado, mientras tanto seguiremos escuchando las mayores barbaridades pronunciadas por los pontífices del regreso al pasado más oscuro, eso sí, con muchos más impuestos que deterioren nuestra calidad de vida, pero ellos lo hacen pensando fundamentalmente en nuestro bien, según nos dicen.

Biante de Priena

domingo, 27 de febrero de 2011

Del Puñaín al Congresón. Foro Asturias convoca el congreso político más numeroso en la historia de España


Hace prácticamente un mes no existía nada de lo que hoy existe en la política asturiana, me refiero a Foro Asturias, por supuesto, el partido de Francisco Álvarez Cascos, que en este tiempo ha logrado que 6987 asturianos se afilien a su proyecto, lo que supone una media de 350 miembros por día laborable, en tan solo 20 días casi 7000 asturianos están con Foro Asturias y Francisco Álvarez Cascos.

Atrás quedan las actitudes soberbias de los detractores, como la de la candidata del PP, Isabel Pérez Espinosa, que dijo en su día, que los que abandonarán el PP tras las huellas de Francisco Álvarez Cascos serían “un puñaín, un puñaín muy pequeño”, seguramente que hoy ha cambiado de opinión, cuando ha visto que en numerosas corporaciones y la Junta General del Principado se han producido fugas masivas de cargos electos, así como de numerosos militantes de su partido, que no se conforman con el amparo de las siglas que tanto le satisface. Esteban González Pons, en su visita a Asturias llegó a amenazar a los asturianos de que no participarían del apoyo estatal si no votaban al PP o al PSOE, pero alcanzó el mayor de los ridículos cuando se atrevió a decir que el PP pactaría antes con el PSOE que con Foro Asturias, en caso de que lo necesitara para gobernar.

También la expuesta por Javier Fernández, candidato del PSOE, en una deleznable campaña de desprestigio, acusa a Francisco Álvarez Cascos de tener “una lamentable concepción de la política, acusándole de grandonismo "aún no ha constituido un partido político y ya demuestra que es de esa gente que piensa que el tremendismo proporciona buenos resultados electorales", e incluso diciendo que “lo prefiere como rival porque suscita en el electorado de izquierdas un absoluto rechazo, que incluso desata odios políticos que movilizarían a sus votantes; aunque desde el PSOE también se ha tratado de denigrar a Foro Asturias, “por su aroma de derecha dura”, incluso hasta inducir con hipocresía y de forma socarrona a que Cascos se atreviera a presentarse a las elecciones.

Francisco Álvarez Cascos, sin inmutarse, sigue adelante sin entrar en grandes conflictos con sus adversarios políticos, mostrando en todo momento su civismo y excelencia política, algo que delata que son ellos los que tienen que mostrar si cuentan con el apoyo de los asturianos. El candidato in pectore de Foro Asturias a la Presidencia del Principado está realizando una campaña muy grata a los asturianos que va visitando en sus localidades para traerles la buena nueva de su proyecto de futuro, que requiere recobrar el orgullo de ser asturianos. Por ahora ya ha recorrido más de 15 concejos de los 78 que conforman Asturias y en todos ha tenido una acogida entusiasta con asistencia de varios cientos de vecinos.

Como el Rey Pelayo dijo en su día, los asturianos rehusamos doblegarnos, en esta ocasión, a la connivencia de los grandes partidos que han llevado la comunidad a la situación social, política y económica más precaria de su historia reciente.

El proyecto de Francisco Álvarez Cascos y Foro Asturias promete convertirse en una auténtica epopeya, en primer lugar porque pocos políticos lograrían en España llevar a su afiliación en estos tiempos a 7000 ciudadanos en tan solo un mes. El próximo sábado 5 de marzo se celebrará en la localidad de Pruvia, en el centro de Asturias el primer congreso de la formación política que con toda probabilidad nombrará a Francisco Álvarez Cascos como su candidato a la Presidencia del Principado de Asturias. El hecho en sí, en tan solo un mes, es un éxito político sin precedentes, pero lo que resulta extraordinariamente asombroso y digno de reseña es que al I Congreso de Foro Asturias está convocado el mayor número de asistentes en la historia política española de la democracia reciente. Ningún partido político nacional realizó jamás una convocatoria como la que se ha hecho de Foro Asturias, en la que todos sus miembros están convocados para la elección directa de su Presidente y candidato a las elecciones autonómicas del próximo mes de mayo.

El congreso más numeroso del que se tiene constancia fue el 37 Congreso del PSOE del año 2008, en el que estaba prevista la asistencia de más de 5.000 personas, contando con invitados y periodistas, con un rango nacional. Al Congreso de Foro Asturias están convocados 6987 militantes más periodistas e invitados, exclusivamente en el ámbito de la comunidad asturiana que tiene poco más de un millón de habitantes. Y eso que somos tan solo poco más del 2 % de la población española (en una estimación proporcional de rango nacional, equivaldría ¡a más de 300.000 miembros!).

Jamás en la historia de España, y posiblemente de Europa, un partido político había convocado tantos afiliados a un Congreso, así que del puñaín hemos pasado directamente al Congresón, tan solo en un mes. Lo que nos muestra que cuando un político sintoniza con los ciudadanos es capaz de alcanzar los mayores logros. Y esto sin la ayuda que reciben los rivales de la inmensa mayoría de los medios de comunicación de la comunidad asturiana, siempre dispuestos a bailarle el agua a los partidos que están en el poder.

¿Alguien alberga alguna duda sobre que lo que está ocurriendo en Asturias con Francisco Álvarez Cascos y Foro Asturias alcanza rango de hazaña y epopeya?. La última cruzada por recobrar el civismo y la responsabilidad política se avecina....los asturianos lo sabemos.

Enrique Suárez

Profetas e impostores


Si los conceptos no están claros no se pueden hacer teorías consistentes y posiblemente ese sea el principal problema epistemológico de la política española actual. La ignorancia de los políticos que nos representan es ofensiva, una auténtica infamia para el sentido común y la inteligencia de los ciudadanos.

La sociedad de masas, la eclosión mediática, la decadencia intelectual y el burka del talante, han conducido a muchos compatriotas a la extraña conclusión de que son libres porque pueden cambiar de canal de televisión con el mando a distancia, o porque pueden hablar, en tiempo real, con un taiwanés o taiwanesa desde Villaconejos por el Messenger. Otra cosa es el paro, la deuda, el déficit y la cochambre en la representación pública.

La impostura en política se manifiesta en nuestro país más que en ninguna otra profesión , donde hay gente como Basagoiti, González Pons o Pérez-Espinosa que se han convertido en socialistas de palabra y discurso, para arengar a los ciudadanos contra la epopeya de Francisco Alvarez Cascos que se avecina. Las siglas son más importantes que las personas, las organizaciones son más importantes que los personalismos, y alguna otra tontería que no encaja en un partido que no sea socialista, porque defender algo por encima de las personas, que no sea la justicia, representa la insidia de la memez, que es la más perniciosa de todas. Que ceguera más enorme la de los iluminados por las alas de la gaviota, antaño de la libertad.

Las personas son siempre el sujeto de la política, las personas diferenciadas, con identidad propia, que respetan las instituciones y deben ser respetadas por ellas. Un político es igual que un ciudadano, no se puede elevar a los políticos a costa de demoler a los ciudadanos. La sociedad de masas no es una entidad amorfa, sino un agregado de personas con identidad, libertad, responsabilidad, derechos y deberes. La trampa postmodernista de la deshumanización de la política (y por ende, de la ciudadanía), es la mejor forma de eludir responsabilidades ante los electores, porque si algo indeseable ocurre, la responsabilidad será de los clones que se reproducen en las organizaciones, no de fulano o mengano. ¡Qué barbaridad!

La proeza de Alvarez Cascos es humanizar de nuevo la realidad política, algo parecido a lo ocurrido en el Renacimiento con el arte y la cultura, o en el Romanticismo con las personas. Los políticos españoles actuales se han hecho un zumo con la colección de ciudadanos que formamos este país, para extraer el valor añadido de la sociedad de masas. Las legislaciones impuestas remedan a las establecidas en la Unión Soviética, en las que desde un Comité Central se establecían los límites de la realidad, algo que termina asfixiando la libertad, y consecuentemente la vida. Aquí nos ponen la vida a 110, por nuestro bien, y se quedan tan frescos.

Cascos ha hablado de cruzada en Cangas de Onís, de recobrar los valores humanos, del civismo, de la “areté” política, los códigos de conducta que aseguran la nobleza de actitudes en quienes representan a los demás, pero al mismo tiempo su discurso se establece contra los charlatanes, contra los impostores, contra los trepas, contra los sinvergüenzas que aspiran a representar a los demás sin reunir méritos para ello, sin ofrecer nada, porque nada pueden ofrecer, al bienestar de los demás, más que su intención de alzarse en privilegios que no les corresponde, expoliando a sus prójimos.

Alvarez Cascos nos habla de la impostura de los que viven de la política, no de los que viven para la política, de los buscavidas en comparación con los estadistas, que piensan en términos de generaciones y no de salvar su culo en el instante dejando la deuda de sus errores a sus descendientes, en un acto de mendacidad que alcanza cotas de genocidio saturnino.

Claro que es tiempo de profetas, no de charlatanes, Alvarez Cascos lo sabe, por eso nos habla a los asturianos como Moisés habló a su pueblo de una Tierra Prometida, en esta ocasión más allá en el tiempo, a partir del próximo 22 de mayo, por eso nos induce a un éxodo para abandonar la mezquindad y decadencia política en la que nos encontramos, para dejar atrás la esclavitud, el expolio, y el despojo al que nos someten los que nos representan mal en su propio interés y beneficio.

Que magnífica alegoría primaveral para Asturias. Moisés, el profeta de las grandes religiones monoteístas (las ideologías se han convertido en creencias), salvando a su pueblo de los mezquinos que se aprovechan de él. Decía Mircea Eliade que la historia humana siempre se acaba reproduciendo en el mito del eterno retorno, la historia de la humanidad se reedita sin fin, porque los seres humanos somos siempre humanos, por mucho grado de sofisticación tecnológica o cultural que nos acompañe en el contexto. Tal vez tenga razón.

Moisés comprendió el mensaje de una zarza que le nombró, que le concedió significado, tal vez Cascos haya sentido la misma llamada en su interior al contemplar el enzarzado escenario de la política española , para emprender la de liberación de su pueblo asturiano oprimido por una legión de impostores que se arremolinan ante el duerno del despropósito incoercible.

Moisés recibió las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí, que analogía magnífica cuando nos habla de recobrar la civilidad política, de civilizar a los representantes públicos sometiéndoles, como al resto de los ciudadanos, al imperio de la Ley. Cuando Moisés descendió de las alturas del Monte Sinaí, (algo que recuerda el descenso de Cascos desde las cumbres de la política de Génova, tras haber sido todo en su partido) , se encontró a su pueblo adorando el becerro de oro por influencia de los que solo querían extraer lo material de la existencia, aunque fuera en perjuicio de sus semejantes. Los que lideraban la plutocracia fueron eliminados, como serán apartados de la vida pública todos los corruptos e impostores en un futuro próximo.

Por último, Moisés guió a su pueblo hacia la Tierra Prometida atravesando el Mar Rojo (que extraña coincidencia, si se compara con el espacio público en España) , para lo que fue necesario abrir un paso entre sus aguas dejándolas a izquierda y derecha, haciendo un camino de centro que permitiera el paso de su pueblo hacia el futuro. Los hebreos de aquella generación (Cascos ya tiene siete mil seguidores oficiales en Foro Asturias) vagaron cuarenta años por el desierto, muchos no llegaron a la Tierra Prometida, pero lo hicieron sus hijos, una generación libre que cambió el curso de la historia.

Moisés jamás llegó a la Tierra Prometida, ni muchos de los que lo acompañaron, pero sí lo hicieron sus descendientes que jamás volvieron a perder su identidad y han luchado con denuedo durante milenios por mantener su libertad. Claro que estamos en tiempos de profecía, de profecía autocumplida, de las profecías que son sueños que se acaban convirtiendo en realidad.

Esto es lo que nunca podrán comprender los que consideran que las siglas, las organizaciones, o las entelequias sociales son más importantes que las personas, que los seres humanos libres y sus proezas, cuando se proponen trascender.

Enrique Suárez

jueves, 24 de febrero de 2011

Civismo en la España del siglo XXI


Poco se habla de la condición que nos convierte en ciudadanos, porque parece que ser ciudadano se ha convertido en una condición pasiva y no activa. Grave error, ser ciudadano no es una condición hereditaria, sino adquirida. Nos hacemos ciudadanos cada día, desde que nacemos hasta que nos vamos. Ser ciudadano es un resultado, antes que un propósito, una elección, una decisión, no una asignación, ni una designación, porque no proviene de los criterios clasificatorios del poder, sino del reconocimiento de nuestros homólogos, de su respeto. La autoridad no nos hace ciudadanos, somos los ciudadanos los que debemos hacer la autoridad. Los ciudadanos hacemos la sociedad y el Estado, no es la sociedad, ni el Estado, ni el poder, lo que nos hace ciudadanos.

Un ser humano que nace en España (o adquiere la nacionalidad española) es uno de los 46 millones de españoles que se reparten de forma alícuota y equitativa la soberanía de la nación española. Eso nos ofrece la máxima condición de igualdad, porque todos los españoles somos iguales en relación a nuestra soberanía. Pero la ciudadanía es una condición adquirida siempre, hay buenos y malos ciudadanos, ciudadanos responsables e irresponsables, ciudadanos que cumplen con las leyes y otros que las incumplen. El criterio que determina la condición ciudadana es precisamente el civismo. Hay un error insidioso que se repite sin fin en la cultura española, lo que nos hace iguales a los españoles es nuestra condición soberana, ningún español puede ser más que otro en relación a su nación, pero la ciudadanía es una condición que nos hace diferentes, porque hay buenos ciudadanos y malos ciudadanos, al igual que hay buenos políticos y malos políticos.

La soberanía ciudadana (o popular) es algo que proviene del ámbito republicano, los franceses son soberanos porque son ciudadanos, pero los españoles somos ciudadanos porque somos soberanos. La diferencia es muy importante, en Francia es el Estado jacobino el que concede la condición ciudadana, en España es la nación española –la reunión de todos los españoles, el pueblo español- la que lo establece, no el Estado, porque en nuestra Constitución queda extraordinariamente claro que somos los españoles los que constituimos el Estado español, no el Estado español el que constituye a los españoles. En nuestro caso, es la nación la que hace el Estado, no el Estado el que hace la nación, aunque a la inmensa mayoría de nuestros políticos, nacionalistas y no nacionalistas, se les haya olvidado para defender sus intereses

Tras este preámbulo estamos en condiciones de saber que es lo que nos hace ciudadanos a los españoles, que es prácticamente lo mismo que a cualquier ciudadano europeo, mientras que es la condición de soberanía la que nos distingue de los demás europeos y nos hace exactamente iguales a los demás españoles.

El civismo es el criterio que nos hace ciudadanos, que nos convierte en ciudadanos responsables, que nos otorga la condición colectiva que se ha diluido de forma extravagante en el concepto de sociedad. La sociedad es un ente abstracto mientras que la ciudadanía es una condición política que va en paralelo con la condición de los gobernantes y representantes públicos en el Estado. La ciudadanía ha sido usurpada por la designación social desde el poder, desde el Estado, los políticos han convertido a los ciudadanos en sociedad, para su administración homogénea desde el Estado, convirtiendo de forma desapercibida a los ciudadanos en súbditos y sometiendo su soberanía a a su poder omnímodo.

Recobrar la condición ciudadana, individual y colectiva, abjurando de la designación social, que considera a los ciudadanos como masa amorfa, es imprescindible para exigir rigor y responsabilidad a nuestros políticos. El civismo nos ofrece esa oportunidad, por eso es muy importante que cumpamos con los criterios de nuestra condición civil para que podamos exigir, no solo desde el contrato social, sino desde la potestad civil que se respeten nuestra libertad y derechos, que se administre la justicia con equidad y rigor, que los representantes públicos cumplan con sus obligaciones

Civismo es el conjunto de reglas compartidas que un colectivo humano se concede y exige a sus miembros para una convivencia armónica en común, pero también es la conducta pública que debe demandarse a los ciudadanos, conscientes de sus derechos y deberes, en relación a sus iguales en la colectividad y en relación a quienes administran el poder desde el Estado. El civismo no implica la participación en la actividad política, que puede darse o no darse según el grado de compromiso con las cuestiones públicas que cada uno decida.

Cifuentes Pérez, lo define así:"la construcción del concepto de ciudadano o ciudadana consciente de sus derechos y deberes, libre, crítico, responsable, participativo y solidario"

"El civismo designa un modo de comportamiento basado en actitudes de respeto y tolerancia activa hacia el ejercicio de los derechos y libertades de todos, aunque sean diferentes a nosotros en costumbres, moral o religión; el civismo tiene sentido en el marco del cumplimiento de las leyes en un Estado democrático y de derecho. En un contexto de tiranía, de despotismo o de dictadura el verdadero civismo adquiere la dimensión de la rebeldía cívica y de desobediencia civil. Ser ciudadano no es solamente tener los "buenos modales" que la burguesía preconiza como señal de buena convivencia y de orden social, porque esos buenos modales pueden servir de pretexto para encubrir una serie de injusticias que no interesa a los más poderosos descubrir ni eliminar"

Victoria Camps, sin embargo, prefiere añadirle la condición "social", considerando prácticamente que no puede existir un civismo que no sea social, algo que no se puede compartir, porque ambos términos no forman parte de la misma episteme, los ciudadanos pueden ser cívicos y sociales, esta reducción interesada puede conducirnos a numerosos equívocos. Lo civil o cívico es una cosa y lo social otra muy diferente, evidentemente para algunas ideologías como el socialismo que tiende habitualmente hacia la confusión terminológica, termina siendo lo mismo, que es la mejor forma de lograr que nadie se entere de lo que realmente es cívico y lo que es social. Desde una perspectiva liberal, política o simplemente democrática, lo cívico es un concepto y lo social, otro muy diferente.

Victoria Camps lo define así, en su deriva confusa hacia lo social, erradicando su fundamento en la libertad: "El concepto de civismo, como también el de virtudes cívicas, ha ido adquiriendo importancia en los últimos años debido a la necesidad creciente de poner de manifiesto el papel que el ciudadano debe desempeñar en las democracias liberales. El liberalismo, en el sentido más amplio de la palabra, es el régimen político que se ha impuesto, especialmente en el mundo occidental. Digo liberalismo en el sentido amplio, que incluye el reconocimiento no sólo de los derechos civiles, sino también de los derechos sociales, como la educación o la protección de la salud. Entendido de este modo, el liberalismo se caracteriza por el reconocimiento de dos valores fundamentales, la igualdad y la libertad, siendo este último el prioritario, dando por sentado, no obstante, que sin unas políticas mínimamente equitativas, el derecho individual a la libertad sólo es un derecho formal, lo que equivale a decir que es un engaño".

Dos formas diferentes de observar el mismo concepto, la primera desde la libertad, la segunda desde su negación. Siguiendo las enseñanzas de Victoria Camps, llegamos a la extravagante conclusión de que es el Estado (o bien la sociedad), el que concede la condición cívica, y no la elección en libertad de los ciudadanos y su decisión voluntaria, la que los convierte en ciudadanos. Deduciéndose entonces que la condición ciudadana debe ser obligatoria e impuesta y no voluntaria, elegida en libertad, y asumida en responsabilidad.

Algunas de las condiciones que constituyen y determinan el civismo son las siguientes:
1) Cumplimiento de las obligaciones dimanadas de las instituciones públicas en relación a los servicios que estas les procuran. Respeto a la Constitución, respeto a las leyes que conforman el Estado de Derecho.

2) Interés por los asuntos del Estado, por las cuestiones públicas, al menos en el mismo grado que por los asuntos particulares.

3) Conciencia de que se forma parte de una comunidad que debe ser construida por todos, no exclusivamente por los políticos, sino por los políticos y los ciudadanos.

4) Respeto a las instituciones a lo largo del tiempo, a los valores comunes y compartidos, a su cohesión, a su historia y a su futuro común, a los objetivos políticos democráticos establecidos por todos, a su consistencia y a su esencialidad.

5) Acuerdo de colaboración con los demás ciudadanos del país en aspectos compartidos, a pesar de las discrepancias ideológicas, políticas y económicas que existan entre ellas. El objetivo es la convergencia y no la divergencia.

6) Un objetivo permanente, compartido por todos, de mejorar la situación institucional, económica, política y social de todos los que conforman la comunidad. Lo común está por encima de las particularidades, que deben ser asumidas, siempre que no se desvíen del objetivo compartido por todos o al menos la inmensa mayoría.

7) El civismo exige tolerancia con los que discrepan de nosotros siempre que no traten de imponernos su versión de la realidad

8) El civismo se resume en un “ethos”, una ética para la vida y la convivencia, un respeto al prójimo y la exigencia de su respeto. El civismo requiere equidad y respeto por una justicia independiente del poder político

9) El civismo se adquiere por educación en unos valores, principios y creencias comunes, que deben respetar los particulares o los diferentes, sin tentación de erradicarlos.
Ser un buen ciudadano, requiere conocer en que consiste el civismo y cumplir con los criterios que lo definen, así como exigir a los demás que los cumplan igualmente, pero fundamentalmente una "conciencia cívica". Tal vez siendo mejores ciudadanos nos pongamos de acuerdo para exigir que los políticos que nos representan lo hagan de forma eficaz y rigurosa. Si no nos respetamos a nosotros mismos, difícilmente podremos exigir respeto de los demás. El civismo debería ser la condición inexcusable que deberíamos exigir todos los ciudadanos españoles a nuestros políticos.

Recobrar nuestra identidad ciudadana, nuestra condición cívica, es un auténtico acto revolucionario en la España del siglo XXI.

Enrique Suárez

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