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jueves, 23 de diciembre de 2010

La leyenda del leonés errante



Las crónicas refieren lo acontecido en aquellos tiempos, corría el mes de marzo de 2004 en una España harta de sí misma, que un buen día lloró desconosolada porque unos trenes de cercanías hirieron su futuro en los alrededores de la capital, dejando 200 muertos desparramados por los andenes y las vías. Aquel Gobierno de Aznar atribuyó a ETA, en primera instancia, la vesania, pero resultó que habían sido Al Qaeda, en compañía de un exminero asturiano diagnosticado de esquizofrenia, los causantes del genocidio, al menos es lo que se deduce de lo que se juzgó, otra cosa es que lo que se juzgara fuera todo lo que ocurrió.

Rubalcaba, por aquellas fechas, bien relacionado con sus topos, soltó el agitprop del pásalo y la frase memorable de “necesitamos un gobierno que no nos mienta”, para abrir las calles a los oclócratas enlobados, dispuestos al asalto de las instituciones. La jugada convirtió a un neófito paladín del buenismo adanista más ambicioso, en Presidente de Gobierno por castigo a la osadía de Aznar de cambiar a código anglosajón nuestro eje de relaciones internacionales.

Los socialistas del PSOE, que salían de perdedores en las encuestas triunfaron en las elecciones, comenzando una auténtica epopeya revolucionaria en la ilusión de que habían tomado el poder al asalto, aliándose de forma sobrevenida con los terroristas que pretendían y lograron, de forma criminal, cambiar el destino de nuestro país. Las instituciones se llenaron de fanáticos, y se inició la transformación más chabacana y degenerada de la historia de nuestro país; España, se instrumentalizó en discutida y discutible, para servir a los intereses de apropiación indebida de la alianza nacional-socialista y la exclusión, en forma de cordón sanitario, del principal partido de la oposición, el Partido Popular de Mariano Rajoy.

Mientras funcionaron con los ahorros acumulados en forma de superavit, la deuda saneada y los 2,3 millones de parados no se notó demasiado la ineptitud de los gobernantes, que vivieron días de vino y rosas, creando procesos de paz con los criminales de ETA, despreciando a sus víctimas, al tiempo que la soberbia del líder planetario de las cejas circunflejas nos llevaba a los españoles a la vanguardia internacional creando una Alianza de Civilizaciones, birlándole al descuido la idea a Alí Jamenei, el opositor iraní.

En aras de un supuesto progreso, la vieja y cerrada España se llenó de inmigrantes con una política de puertas abiertas que ha llevado su presencia hasta el 15 % de la población (unos 6-7 millones de colonos provenientes de Marruecos, Rumanía e Iberoamérica). Ciertamente, España siempre fue tierra de paso, y la inmigración no es en principio negativa para la economía de un país, porque se mueve por el mundo a la búsqueda de oportunidades para su supervivencia. Peor es para la economía de nuestro país, la clase parásita de los autóctonos afincados en los pesebres gubernamentales de PERs, proyectos sindicales y subsidios.

En la España de aquellos tiempos descubrimos que los españoles éramos unos insensatos criminales que nos intoxicábamos con todo lo que teníamos a mano: alcohól, tabaco o hamburguesas, que conducíamos borrachos y vivíamos felices en nuestra inconsciencia. Supimos que el aborto para niñas de 16 años era progreso, que los homosexuales podían casarse y que los machos españoles eran, sin excepción, unos potenciales asesinos. Todavía nadie nos ha contado desde el Gobierno que la tasa de feminicidios española es una de las más bajas de Europa, junto con la de Portugal e Irlanda, pero esto no ha impedido que se concedieran ingentes cantidades de dinero para dotar de sueldo a todas las feministas del país, encargadas de adoctrinar a la incivilizada población española en su doctrina fanática.

Tras la primera legislatura del cejismo que defendía la alegría con su corte de bufones apesebrados, descubrimos que España sería el único país de la OCDE que no tendría crisis económica, exclusivamente para tras el engaño al electorado y el de Solbes a Pizarro en la televisión, el PSOE, tras una auténtica estafa electoral a los ciudadanos, accediera de nuevo al Gobierno. En tan solo dos años, la España inmune a la ruina, se convirtió en el país más atenazado de Europa por la crisis económica, el déficit, la deuda y el desempleo, desde el Gobierno se reaccióno demasiado tarde, cuando el país estaba anegado de deuda y paro, y tras haber repartido dinero a espuertas entre todos los ayuntamientos y hecho donaciones millonarias a las causas más variopintas, exclusivamente en el ámbito de las creencias del socialismo. Llegó la sentencia del Estatut del PSOE (Leire Pajín) y resultó que era inconstitucional, el propio Parlamento español había dado por bueno un adefesio ilegal a instancias de Zapatero gracias a la alianza de la oclocracia nacional-socialista y la exclusión del PP.

El Estado de Derecho se fue al carajo en la primera legislatura, al igual que la Constitución y los derechos fundamentales de los españoles, el Fiscal General del Estado se convirtió en Fiscal General del Gobierno, incluso con asistencia al Consejo de Ministros, lográndose un secuestro de la justicia por la política impropio de una democracia. El legado de Zapatero incluirá por primera vez una pérdida de derechos sociales, una subida extravagante de impuestos, un secuestro de la vida privada de los españoles y un adoctrinamiento insoportable en las verdades del socialismo y el pensamiento políticamente correcto.
Hoy España está hecha una mierda gracias al PSOE, los sindicatos, los nacionalistas, la oposición del PP que no supo librarse del atenazamiento y once millones de españoles que hoy saben que ir a votar con alegría siguiendo los engaños de los políticos les puede llevar a la situación más penosa y decrépita de sus vidas, con un futuro hipotecado para los veinte próximos años.

¿Pero quién puede negar que gracias a Zapatero los españoles hemos logrado entender los entresijos de la política?. Si no hubiera sido por su obra imperecedera la mayoría de los españoles todavía seguiríamos pensando que los políticos se ocupan de procurarnos bienestar en vez de malestar, que el servicio público prevalecería sobre la esquilmación de lo público. Nunca con anterioridad, los españoles hemos tenido una conciencia más diáfana sobre la impagada labor de los representantes públicos, muchos con ingresos más elevados que los controladores aéreos y con derechos aristocráticos en el ámbito político, económico, social y jurídico.

Mientras tanto el PSOE espera que las elecciones lo salven con una derrota purificadora para quedar exentos de los destrozos ocasionados e inmunes a la exigencia de cualquier responsabilidad por parte de los ciudadanos a los que han conducido a la ruina, a las cotas más bajas de credibilidad política, y a la extraña sensación de que sus representantes políticos miran más por sus intereses personales que por los de sus representados.

El PSOE es un gran barco de velas negras que navega por el océano de la opinión pública con una tripulación de cadáveres políticos guiados por el leonés errante hasta los confines del olvido. Posiblemente nunca más vuelva a gobernar España una vez que salga del poder, cuando se derrumbe el aparato de propaganda y medios de comunicación que ha proyectado sus mentiras, muchos españoles se van a echar las manos a la cabeza y van a exigir responsabilidades civiles y penales a los gobernantes más ineptos de la historia de España. En el PSOE lo saben y no están dispuestos a abandonar el magnífico modus vivendi que han mantenido durante los últimos seis años, explotando a los españoles, para hacer coincidir la realidad con su fanatismo. Si fueron capaces de llenar de mierda tóxica la política de este país, cuando no peligraban sus poltronas, ¿qué no serán capaces de hacer cuándo vean que pueden engrosar las listas del paro, porque para lo único que sirven es para jodernos la vida desde la política?.

Pero sin duda será mucho mejor enviar al paro a los políticos socialistas que han arruinado este país, mucho más que los Gobiernos británicos, franceses, alemanes, holandeses, daneses, noruegos, suecos o italianos han hecho con los suyos, que enviar al paro a la mitad de los españoles porque el leonés errante siga en el Gobierno. Socialismo en el poder, paro, ruina, ignorancia , miseria, y mucha propaganda, era de esperar. ¿Pero qué se habrán creído que son estos soberbios fundamentalistas de sí mismos?. Y todavía, entre todos ellos, nadie ha pedido disculpas siquiera.

Biante de Priena

miércoles, 22 de diciembre de 2010

"En busca de la Civilidad Política", por Francisco Álvarez Cascos


Discurso pronunciado por el autor, al recibir el Premio a la Trayectoria Política 2011 concedido por sufragio secreto por el PP del distrito de Salamanca de Madrid (16-12-2011)

La palabra gratitud es la primera que tengo guardada cuidadosamente desde el día que vuestro presidente, Iñigo Henríquez de Luna, me dio la noticia por teléfono del resultado de la votación secreta ...que celebrasteis en la Junta del Distrito para conceder el Premio a la Trayectoria Política que forma parte de vuestra mejor tradición navideña.

Me honra especialmente compartir vuestras distinciones con otros militantes cuyos valores personales admiro: la condición de parlamentario brillante de David Pérez y la eficacia infatigable de Carmen Gomez Olivares. Los dos tiene en común una virtud imprescindible en el éxito del Partido Popular: el espíritu de trabajo que caracteriza la trayectoria de los dos, con el que me identifico y con el que me siento especialmente de poder recibir el mío en su compañía.

En política, más que en ningún otro campo, es verdad la sentencia “machadiana” de “se hace camino al andar”. La trayectoria es el resultado de ese caminar, para mí ya largo, desde el día que decidí afiliarme a Reforma Democrática. Me tocó desempeñar muchas responsabilidades honrosísimas, desde la de concejal a vicepresidente del gobierno, pasando por la secretaría general del partido. Por eso, después de tanto tiempo vivido, pienso que es muy acertada la frase que incluye Esperanza Aguirre , en su libro “Discursos para la Libertad”, citando al revolucionario americano Patrick Henry: “solo tengo una lámpara para guiar mi camino, que es la linterna de la experiencia”. En política, la pareja perfecta del sentido común, que como decía Descartes, “es la cosa mejor repartida del mundo”, es la experiencia. Sin sentido común y sin experiencia, la política carece de fundamentos sólidos.

Por eso mismo, la política no es un destino que escoge un ciudadano para pasar una temporada y que abandona cuando lo cree oportuno. En la política estamos siempre acumulando consciente o inconscientemente experiencia, y en ella nos mantenemos de forma permanente. Quejarse de un bache, protestar del colegio o reclamar justicia es estar inmerso en política. Un ciudadano puede implicarse más o menos en la solución de los problemas. Pero vivir en sociedad es estar en política aunque alguna o muchas personas se empeñen en decir que “yo no soy político”; paradójicamente, esas personas suelen ser las más exigentes o las más preocupadas por la política.

Desde mi experiencia, me atrevo a aconsejar a todo el mundo que es bueno siempre la máxima cercanía a los asuntos públicos, para evitar las distorsiones más típicas de la distancia como son los espejismos, unas ilusiones que se desvanecen con la proximidad de la imagen real. La cercanía evita a los ciudadanos las falsas ilusiones. La cercanía no compromete sino que permite escoger a cada uno mayor o menor responsabilidad en lo que sucede cada día. Hace seis años decidí apartarme de la primera línea de las responsabilidades públicas, pero nunca he dejado de estar en política ni de sentirme comprometido con ella, ni de sentir el efecto enriquecedor de la experiencia aunque no haya desempeñado cargo público alguno en los últimos seis años. La forma de vivir cambia algo. Por ejemplo, antes tenía que ojear todos los días la prensa por la mañana con mucho detenimiento y en cambio otras lecturas que me interesaban como distracción las tenía que leer muy rápido. Ahora, al contrario, ojeo la prensa diaria más deprisa y puedo recrearme en otras publicaciones con más sosiego.

Entre ellas, hace muy pocos días, me interesó mucho el discurso del Nóbel de Literatura Vargas Llosa en Estocolmo. En su intervención dedicó unos párrafos a “la historia feliz” de la transición española “un ejemplo de cómo, cuando la sensatez y la racionalidad política prevalecen y los adversarios políticos aparcan el sectarismo a favor del bien común, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo mágico”. Su reflexión me trajo a la memoria que la historia emocionante de nuestros treinta y cinco años de democracia, que coinciden con los años de mi dedicación intensa a la política, historia en la que cada uno de nosotros tuvo y tiene un trocito de protagonismo y otro trocito de responsabilidad, presenta en los últimos años una deriva que cada vez nos ofrece nuevos rasgos preocupantes y que nos aleja de las virtudes colectivas de la transición que elogiaba Vargas Llosa.

En la sociedad española, además del desencanto que produce nuestra crisis económica, cunde la sensación de deterioro de los niveles de convivencia, preocupación anterior y más profunda, que nada tiene que ver con los altibajos normales entre los sinsabores y las alegrías del sistema de democrático de representación y de alternancias, sino más bien con la degradación de las bases éticas , que se suponen previas al propio sistema. Los límites de los comportamientos en virtud de los cuales el rival, el competidor, es un adversario pero nunca un enemigo se están rebasando con demasiada frecuencia. Parece que ganar unas elecciones da derecho a exterminar al rival más que el deber de respetar al adversario perdedor. Parece que en interés del gobierno, el estado de derecho se puede torcer y retorcer para justificar cualquier conducta, como si el fin justificara los medios. Los que vivisteis nuestros años de travesía del desierto en AP para sobrevivir como fuerza política, luego los de afianzamiento del PP como alternativa y finalmente los del éxito como gobierno con José María Aznar al frente ¿recordáis alguna etapa de una mayoría intolerante abusando de los medios del estado para utilizarlos tan sectariamente en su afán de controlarlo todo en la sociedad? ¿Recordáis alguna etapa de un ejecutivo fracasado dedicado a la propaganda y a la descalificación para anular a la oposición como titular del derecho al control y a la presentación de alternativas?

En un libro cuya lectura sosegada os recomiendo porque nos ayuda a analizar estos conflictos, titulado “El malestar de la democracia”, el sociólogo español Víctor Pérez Díaz describe y apela a la necesidad de desarrollar una contratendencia basada en el ejercicio de la civilidad política, que a mí me parece de organización urgente. El protagonismo de esta contratendencia basada en la civilidad políti...ca solo puede corresponder en estos tiempos al Partido Popular, en una tarea paralela y no menos exigente que la tarea de ofrecer una alternativa creíble para sacar a España de la crisis. Tenemos que asumir el liderazgo del movimiento de la civilidad política por obligación y, además, por devoción, desde el momento mismo que, como proclaman nuestros estatutos desde nuestra fundación como partido político, somos el partido que sitúa a la persona como eje de nuestra acción política, lo que equivale a subrayar nuestro compromiso con los valores del respeto a los demás, para establecer un estilo de cómo debemos tratamos unos a otros, como ciudadanos fuera del partido, y como compañeros dentro, rechazando las descalificaciones, los menosprecios y los insultos como arma de eliminación de los enemigos. Empezando por dar ejemplo nosotros, tendremos la mayor legitimidad para denunciar los desafueros de nuestros adversarios.

La degradación de la convivencia en España se está convirtiendo, además, en el caldo de cultivo del descrédito de la política, de tal forma que comienza a extenderse la fórmula mágistral de la “despolitización” para solucionar los más variados problemas, aplicada con la varita mágica de estigmatizar a todo aquel que haya desempeñado responsabilidades públicas. La última conquista de esta fórmula magistral la podéis encontrar a diario en los ríos de tinta de la reforma de nuestras Cajas de Ahorros. ¡”Hay que despolitizarlas”! ¡”Fuera los políticos”! reclaman una y otra vez unos supuestos expertos independientes. ¿Quiénes son esos políticos tan perversos? ¿No estarán interesados los que lanzan esas acusaciones en que la sociedad mire hacia otra parte para encontrar chivos expiatorios de la crisis financiera?.

Sin tener acceso a ningún documento confidencial he recortado en la prensa las crónicas de algunos de los ejemplos más sonados en el mundo entero que han llenado protagonizado la crisis:

-En EE UU las sociedades hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae; los bancos Indy Mac, Lehman Brothers, Bear Sterns y Merryl Linch; y la aseguradora AIG

-En el Reino Unido los bancos Northern Rock, Royal Bank of Scotland, Lloyds y HBOS.

-En Alemania los bancos Hypo Real State, Dredner Bank, Commerz Bank, West Deusche Landesbank.

-En Belgica y Holanda el banco Fortis.

He buscado peligrosos políticos entre los responsables y no encontré ninguno. Tampoco leí que la respuesta a sus colosales crisis se resuelva en esos países con la fórmula mágica de la “despolitización” de los bancos, sencillamente porque no estaban en ellos. Es verdad que en España tenemos un caso sonado en Caja Castilla La Mancha, y no me parece justo que la excepción se use como ejemplo generalizado .

Vista la realidad de la crisis y sus orígenes, ¿No será más ajustado a la realidad solucionar los problemas luchando contra la incompetencia y contra la frescura? Me niego a aceptar los estigmas que tratan de colocar a los políticos en la picota, o de inhabilitar a quienes hemos dedicado parte de nuestra vida a servir a los intereses generales para desempeñar responsabilidades en la vida civil. Esto no puede hacerlo el partido del gobierno porque no tiene credibilidad. Pero no tiene credibilidad, no por culpa de estar en política sus miembros, sino por llevar a las máximas responsabilidades políticas a equipos de incompetentes, que son los que provocan los escándalos y los fracasos.

Tenemos que reivindicar desde el Partido Popular la honorabilidad de la actividad política en España, y explicar a los españoles que nuestros problemas se solucionan estimulando el mérito, reconociendo el prestigio, fomentando la excelencia, estimulando la competencia, ensalzando la coherencia, o valorando la experiencia, y no con frases de aliño ni frases magistrales sobre la “despolitización” más propias de otros regímenes de triste recuerdo.

Al agradecer vuestro afecto y vuestra generosidad, quiero finalizar mis palabras brindando por el éxito del Partido Popular. Un deseo de éxito que nos obliga a asumir el liderazgo del movimiento de regeneración de la civilidad política y a reivindicar el mérito y la competencia en el servicio público, por necesidad nacional y por vocación fundacional, para devolver a la democracia, frente al malestar provocado por estos seis años de pésimos gobiernos sufridos, la patente de bienestar que reclaman y merecen los españoles.

Muchas gracias.

Francisco Álvarez Cascos

martes, 21 de diciembre de 2010

Quo vadis? PP


Decía Lord Acton que los problemas de la democracia se resuelven con más democracia, Mariano Rajoy, sin embargo, considera que la crisis que su partido atraviesa en Asturias, se resolverá con una solución estatutaria, cuando todos sabemos en este país que el recurso de acogerse a los reglamentos en los partidos políticos es una forma de decir que los órganos de poder harán lo que bien les parezca, aunque sea contra la voluntad de la mayoría de sus representados. Mal comenzamos el viaje hacia la gloria electoral que se anticipa en Génova.

Creo que en la dirección nacional del PP se está cometiendo un grave error con Cascos, pero también con el planteamiento estratégico ante las próximas elecciones, porque lo que dicen las encuestas con el apoyo masivo que ofrecen al PP, no es más que una forma de mostrar la sanción a la que los electores someten al PSOE, que ha tenido que hundir prácticamente el país para que el PP de Mariano Rajoy descolle en las encuestas. A buenas horas mangas verdes.

Fundamentar el triunfo en los errores del adversario y no en los aciertos propios, creo que es una barbaridad, incluso en una situación extravagante como la que estamos viviendo actualmente en España. Que el rival haya logrado un desastre no asegura que la inercia conceda un triunfo al Partido Popular, aunque el diferencial electoral sea el más abundante de los últimos años. En estos momentos el triunfo del PP viene establecido por la abstención de los socialistas que se han visto defraudados por el PSOE y el voto masivo al PP de los votantes no socialistas que están hartos del PSOE, pero el PP de Mariano Rajoy ni es capaz de extaer votos de la abstención, ni es capaz de trasvasar votos del PSOE al PP. Luego su triunfo es harto precario y volátil, y está más fundamenta en la crisis económica y su inane manejo por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que por la oferta clara y precisa de una alternativa por parte del PP, prueba de ello es que hasta ahora, sin apenas ejercer una oferta alternativa atractiva, se ha elevado considerablemente en las encuestas.

En este país la mayoría de la gente comprende que al PSOE de Rodríguez Zapatero lo ha derrotado su lucha ineficaz contra la crisis económica, al igual que sus enormes pifias, despilfarros y aventuras planetarias, pero que nadie se equivoque, el PSOE no ha sido todavía derrotado políticamente por el PP, que no ha sabido, ni parece que vaya a intentarlo siquiera, desmontar su artificio propagandístico que ha ofrecido engaños o ilusiones en vez de hechos. Sigo insistiendo que la derrota del PSOE no le corresponde al PP, sino a sí mismo contra la crisis económica. En el momento en que se produzca una ligera mejoría de la situación económica, el PSOE comenzará a recortar diferencias con el PP en las encuestas de forma acelerada, porque contra lo único que tiene que enfrentarse es contra la ausencia de confianza de los que le han mostrado su apoyo y no contra el PP. En esta ocasión, los resultados del PSOE dependen de sí mismo, mientras que los del PP están condicionados por lo que le ocurra al PSOE, es decir son dependientes del rival, y por lo tanto de las circunstancias, si bien es cierto que se muestran muy desfavorables.

Sin embargo, el PSOE va a realizar la campaña más imaginativa de su historia, porque a malos tiempos buena cara y lo mismo que defendió ayer la alegría, lo harán con el mismo desparpajo con la tristeza. Al fin y al cabo, ha distribuido más dinero de todos los españoles en sus pesebres clientelares que ningún otro partido ha hecho en la historia de la democracia, y no se les olvidará recordárselo a sus electores puerta por puerta, apoyados por los sindicatos y los colectivos afines, y cacareado urbi et orbe por los medios de comunicación del régimen. El PSOE sacrificará a Zapatero y sacará a sus pesos pesados del armario para acometer los comicios de mayo. Posiblemente el candidato para las elecciones generales ya esté previsto y no será ni Bono, ni Rubalcaba, sino Almunia, el comisario de la competencia de la Unión Europea.

La dirección del PP está cometiendo un grave error al rechazar a Álvarez Cascos como candidato a la Presidencia del Principado de Asturias, por diversas y numerosas razones, pero fundamentalmente porque ha indicado cual es el canal para que el PP triunfe en estas elecciones por sí mismo, sin esperar a ver que ocurre con su rival, y no es otro que la regeneración democrática. Precisamente lo que ha mostrado con su ejemplo, la popularidad, la confianza en los electores, la seguridad que proporciona en los ciudadanos la eficacia de los gobiernos de José María Aznar, que logró reducir deuda, déficit y desempleo hasta lograr introducirnos en el euro en la primera hornada, cuando en Europa nadie apostaba por ello.

En vez de apostar por la seguridad en la gestión económica que ofrecieron los gobiernos del PP, alguien ha tenido la ocurrencia de iniciar una alternativa experimental fundamentada en un centrismo de diseño, ornamentado por una generación neófita de líderes sin carisma, ni atractivo personal propio. Parece mentira que a estas alturas de la película los asesores de Rajoy no se hayan dado cuenta aún de que si los electores del PSOE votan por las ideas y los programas, considerando que cualquiera, hasta Zapatero, puede representar al socialismo, los electores del PP votan por personas que hayan mantenido firmeza en sus acciones políticas, que tengan detrás un curriculum de eficacia demostrada y que ofrezcan garantías de seguridad de que su situación vital mejorará o al menos no empeorará. Si un elector del PSOE puede votar por cualquiera que decida su partido sin importarle demasiado si es un sabio o un inepto, sino si es solidario y buena gente, los electores del PP quieren ser representados por los mejores, y si es posible, por los que hayan demostrado ser eficaces, con criterio propio y que puedan afrontar cualquier dificultad, ofreciendo confianza a sus electores. Sin duda el perfil de Francisco Álvarez Cascos es el modelo, no asumirlo como el mejor candidato para Asturias va a ser el talón de Aquilés del PP para las próximas elecciones en el Principado, porque la abstención del PP va a ser equivalente a la del PSOE y este partido terminará triunfando en las elecciones, pero a nivel nacional, la ausencia de Cascos, también ocasionará una quiebra en la confianza en el PP, que no tendrá repercusiones donde el voto esté consolidado, pero si las tendrá donde esté en disputa con el PSOE.

Las próximas elecciones municipales y autonómicas serán ganadas por los partidos que presenten candidatos que ofrezcan más confianza sobre sus resultados, aquellos que sean capaces de implementar garantías de seguridad a los electores. Y mientras el PSOE apostará por candidatos reconocidos por su trayectoria, en el PP se van a dedicar a resolver su particular complejo de Edipo, en un giro adanista, tratando de romper cualquier vínculo con el pasado, para que no se note mucho que son de derechas, en una operación de camuflaje centrista que pocos llegarán a creerse, porque el centrismo no se puede disimular, se manifiesta en cada gesto y acción y no simplemente en los motivos para creer.

Creo que el PP se equivoca al seguir la estrategia del rival, repitiendo su última jugada, emulando su conducta, como nos indican las teorías del dilema del prisionero de Axelrod, porque esa era la jugada para triunfar en las pasadas elecciones, pero no en las próximas. Como decía André Gide en este mundo hay dos categorías de personas, unas son los crustáceos, que se empeñan en aplcar las mismas reglas a situaciones que han cambiado con el paso del tiempo, y otras los sutiles, que se adaptan a los nuevos tiempos cambiando sus reglas para adaptarse.

La situación es otra, la gente está harta de los políticos, como muy bien ha indicado Álvarez Cascos con su propuesta de civilizar el poder político, ese es el mensaje que hará cambiar las voluntades de los electores de este país en estos momentos, lo que también puede denominarse como ruptura del escenario, pasando página sobre lo acontecido con el PSOE y ofreciendo un modelo nuevo de contrato social entre políticos y ciudadanos, ofreciendo una mayor participación de los ciudadanos en la vida política. Creo que en Génova no lo acaban de entender, estas elecciones se ganarán desde la mezcla de los políticos con el pueblo, como ha hecho Cascos, regresando al pueblo para que lo elija desde un contacto directo con sus seguidores como viene haciendo y no desde la distancia y la distinción entre ciudadanos y sus representantes políticos, manifestando que los estatutos distinguen al que puede estar en política del que la sufre. Estas elecciones se ganan saliendo de los partidos políticos y mezclándose con el pueblo, eso en el PP lo saben hacer muy pocos como Francisco Álvarez Cascos, levantando pasiones entre sus seguidores, mientras que en el PSOE lo saben hacer todos. Como el PP no se baje del autobús estamos perdidos, porque volverá a triunfar el PSOE a poco que suba la bolsa y se produzca una reducción ínfima en las cifras del desempleo, la deuda y el déficit, algo que ya tienen previsto anunciarnos desde el PSOE para finales de marzo, con las reservas de recursos públicos que están acumulando para provocarlo justo antes de las elecciones. El día después de las elecciones será demasiado tarde para reflexionar.

Enrique Suárez

lunes, 20 de diciembre de 2010

Crisis Económica, Estado del Malestar y Leire Pajín


El Estado del Bienestar keynesiano se ha ido para siempre, ahora viviremos en sus ruinas. El Gobierno socialista de España ha comenzado a recortar los derechos sociales de forma tímida pero inevitable. Es hora de hacer balance de lo que debemos a los Gobiernos de Rodríguez Zapatero de los últimos seis años, a su imprevisión y a sus numerosas improvisaciones, también a los que eligieron al PSOE les corresponde parte de la responsabilidad, no porque el PP hubiera evitado la crisis, pero al menos no nos hubiera mentido con tanto desparpajo y soberbia como lo han hecho los socialistas, tratando de enmascarar con propaganda la realidad. Posiblemente tampoco se hubiera despilfarrado con la derecha tanto como se ha hecho con el socialismo para defender la alegría y la alianza de civilizaciones, para crear pesebres clientelares con la única intención de promoverse a la perpetuación en el poder.

Las más graves consecuencias de las contumaces políticas gubernamentales en el ámbito social son el desempleo, la deuda y el déficit. La “triple D” que como Espada de Damocles pende sobre nuestro destino. Hace más de dos años en este blog denunciamos que estábamos entrando en una situación de estanflación técnica, que trataba de regularse por medio de medidas de ingeniería financiera: incrementando el gasto público, fundamentalmente con planes E que se han mostrado absolutamente inútiles y que solo han servido para retrasar la debacle; también socorriendo desde el Estado a las entidades financieras privadas, y privatizando las Cajas de Ahorro, la mayoría al borde de la quiebra por haber soportado económicamente proyectos políticos de dudoso interés y necesidad.

Realmente lo que ha ocurrido en nuestro país es que las cosas se han hecho muy mal, porque partiendo de una situación óptima en 2004 con superávit económico, una deuda saneada y 2,3 millones de parados una política orientada por una inusitada mendacidad nos ha conducido a una situación extraordinariamente precaria. La violencia de los gobiernos de Rodríguez Zapatero sobre el bienestar de los españoles y sus vidas privadas ha sido la más cruenta y perjudicial de todos los gobiernos que hemos tenido en la democracia. Su mayor delito ha sido el engaño más artero, la negación de la realidad, con el único objetivo de afianzarse en el poder. Las encuestas conceden actualmente al PSOE un 30.5 % de los votos en unas elecciones generales, si decidiéramos pasarle a este partido la factura electoral por todo lo que ha hecho mal lo más justo sería que no obtuviera ni un 10 % de los parlamentarios, por habernos llevado al mayor Estado de Malestar de nuestra reciente historia, cuando en los demás países de la Unión Europea la incidencia de la política ha sido muchísimo menor que en el nuestro y cuando ya están saliendo de la crisis, a nosotros nos queda más de una década, perdida, exclusivamente por el fanatismo paleto de unos irresponsables.

Pero quizás el efecto más pernicioso de la crisis no haya que vincularlo al ámbito social, sino al nivel humano. Los británicos hace tiempo que distinguen el bienestar social (welfare) del bienestar individual (wellbeing). La política realmente tiene capacidad de acabar con la vida de los seres humanos como ha denunciado el año pasado la Dra. Margarita Chang, directora de la Organización Mundial de la Salud. En los países desarrollados la crisis económica hará que los ciudadanos pierdan bienestar, calidad de vida, niveles de salud, su trabajo, sus propiedades y ahorros, pero en los países no desarrollados, la crisis económica provocara muertes, muchas muertes, porque donde se está al límite de la supervivencia cualquier desliz puede conducir a la pérdida de la vida. Advertía también del deterioro que esto ocasionaría sobra la salud mental de los ciudadanos, algo que resultará indeleble e irrecuperable.

La crisis económica también es psicológica, además de social. Quizás el factor que más incide en la crisis psicológica que se ha producido en España es la absoluta falta de credibilidad que han atesorado los Gobiernos de Rodríguez Zapatero, que muy pocos (menos de un 20 %) le conceden capacidad para resolver los problemas que tenemos. Pero una vez más, en vez de establecer medidas preventivas con un plan anticipado, la ministra del ramo, Leire Pajín, se muestra absolutamente incapaz de hacer nada, fundamentalmente porque carece de los conocimientos necesarios, pero también porque desde su soberbia, y con una mezquina intencionalidad política, sólo alcanza a ocuparse de los temas que le interesan, como la violencia de género, cuando en las últimas semanas hemos visto como seis niños han perdido la vida a manos de sus padres en nuestro país (no menos de 60 en lo que va de año), pero no le interesa que se presente una estadística acumulada de infanticidios y parricidios, hasta ahí llega su miseria, porque, echaría por tierra su programa estrella sobre la inusitada criminalidad masculina en nuestro país, que en términos reales es la menor de Europa junto con Portugal e Irlanda, algo que nunca nos han dicho desde el Instituto de la Mujer. Se debería pedir la dimisión preventiva de la ministra de sanidad, antes de que haga más daño a los españoles y las españolas con su fanatismo iletrado.

Con políticos que tratan, como sea, de hacer coincidir la realidad con su ideología y no al revés, a España le esperan graves problemas en la salud psíquica de sus ciudadanos, pero también sobre la salud física, como se referirá a continuación. Estas son algunas hipótesis sobre lo que ocurrirá en nuestro país en los próximos meses-años, que alcanzará cotas de auténtica “epidemia social”.

Se elevarán las tasas de estrés (el 44 % tiene más estrés que hace dos años según un estudio de Pfizzer), esto ocasionará más fallecimientos por enfermedades cardiovasculares, debido a la subida de la tensión arterial, el colesterol y los factores favorecedores de estas patologías. También se producirá una disminución de los sistemas defensivos que incrementará las tasas de infecciones y posiblemente las cancerígenas.

Se elevará el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas, lo que hará que el estado recaude más impuestos pero también que se deteriore acumulativamente la salud de los ciudadanos.

Al tener menos poder adquisitivo, la alimentación de los españoles será de peor calidad, incrementando los productos más industriales con elevación de los niveles de grasas, lo que redundará en un incremento acumulado de problemas.

Se incrementarán los estados de ansiedad y angustia en la población, al igual que los de depresión y suicidio. La carga de acontecimientos vitales multiplicará los efectos perjudiciales. Se producirán numerosos trastornos del sueño y un incremento en el consumo de psicofármacos.

Por los mismos motivos se incrementarán los accidentes de circulación, al igual que los suicidios y los homicidios, en el caso de los suicidios masculinos en un estudio realizado en Japón, hasta el 67 % se asociaron a la pérdida de trabajo. Al igual que se produjo en la Gran Depresión de 1929 en Estados Unidos.

Se incrementará la agresividad y la criminalidad, consecuentemente la inseguridad, el desamparo y la indefensión, por lo que el estrés también aumentará y producirá numerosas patologías, tanto somáticas como psíquicas.

Debido al incremento de patologías de diverso tipo, se producirá un aumento considerable en la demanda sanitaria, que ya está extenuada por el crecimiento de población inmigrante sin haber incrementado el personal que atiende los servicios.

Esto ocasionará un deterioro en la atención recibida, que a su vez repercutirá de negativamente sobre la salud de los ciudadanos, que verán cómo se va mermando su estado de salud sin que el sistema sanitario pueda atenderlas de forma debida. La crisis económica también incidirá sobre las partidas dedicadas a la atención y asistencia de los ciudadanos, lo que también incidirá sobre los problemas de salud de los ciudadanos.

Ante un funesto panorama como el que se avecina para la salud de los ciudadanos de este país, en el ministerio de sanidad y otras cuantas cosas, tenemos a una señora que es socióloga, sin experiencia sanitaria alguna, que nombra “por qué le sale de los cojones” a una de sus subordinadas, que con una formación de auxiliar administrativo, está dispuesta a acometer el Plan Nacional Antidrogas.

Cuando dentro de un par de años veamos el desastre sin precedentes que se va a organizar en la sanidad española ya será demasiado tarde para muchas personas que habrán visto como su salud se ha deteriorado y no pocos habrán perdido hasta la vida, gracias a que la ineptitud con carnet vale más en estos tiempos que los conocimientos contrastados. Pero que nadie se extrañe, porque ante la crisis sanitaria que se avecina lo único que escucharemos es que se ha producido una pequeña desaceleración de la salud, pero que todo está controlado. ¿Pero cómo va a estar controlado si quien dirige el ministerio no tiene ni puñetera idea de lo que se debe controlar? ¿Pretenden acaso desde el Gobierno que volvamos a creer en los milagros?. Con la salud no se debe jugar nunca, ni siquiera en tiempos de crisis.

Biante de Priena

domingo, 19 de diciembre de 2010

Francisco Álvarez Cascos, el último cartucho de la razón


Si alguno de los que critica a Álvarez Cascos, tanto en el PSOE nacional y regional, como en el PP asturiano y también en el nacional, en forma de cobardes fuentes anónimas, hubiera hecho por el PP, por Asturias y por España la milésima parte de lo que él ha hecho, me quitaría el sombrero y le haría reverencias, pero no es así, para su desgracia. La infamia es lo que tienen los adversarios de Cascos y los medios de comunicación para divulgarla.

Cascos es también “homo políticus” (y aunque no lo crean también “homo ludens”), cuando Robert Ardrey escribió hace unos años su obra: “La evolución del hombre. La hipótesis del cazador” dejó muy claro que el ser humano ha avanzado con el modelo cinegético, había que alimentarse y perfeccionar la búsqueda de recursos nutrientes, eso permitió que se creara una cultura, una división del trabajo, una forma de vida estructurada, alcanzando el progreso que permitió los avances sociales. Los cazadores y pescadores dependen de sí mismos y hacen que la sociedad avance; pero desgraciadamente a su lado van apareciendo parásitos de todos los tipos, fundamentalmente en las épocas de abundancia, que se dedican a esquilmar a los demás, a vivir del trabajo ajeno, a no hacer nada más que buscar su perpetuación en el poder y mantener sus privilegios, bien formando sindicatos o acantonándose en pequeñas agrupaciones políticas periféricas, o formando Gobiernos. Esta gente es incapaz de producir otra cosa que dolores de cabeza, miseria, problemas y dificultades, porque se les ha olvidado lo que somos los seres humanos, han perdido todo contacto con la realidad humana, con el contrato social establecido en la representación de los demás, pero se afanan por ofrecer nada para seguir viviendo cómodamente.

Cascos es político por naturaleza, cazador y pescador, y además estadista. Es un ser humano que por sus obras hemos conocido y no por sus destrozos como a muchos de sus detractores. Una de las cosas que me ha llamado la atención es que ha sido, precisamente por su integridad y su inflexibilidad con las cosas públicas, el político más denostado y criticado por sus adversarios, que evidentemente, no son solo del PSOE, sino también del PP. El General Secretario no admite cachondeos con el servicio público, lo considera un deber y un honor y no admite milongas y fantasías, engaños y gilipolleces, por eso precisamente, tiene tantos enemigos, porque en su vida se ha callado cuando ha visto que las cosas se hacen mal, pero tampoco cuando ha visto que se hacen bien. Cascos cree en sí mismo, no necesita engañar a los demás para alcanzar una condición ambicionada, precisamente quiere alcanzarla apartando a todos los que lo hacen, a los que ni dan trigo, ni paja, a los que no pueden ofrecer nada a la sociedad más que sus cuentas y gastos.

Una de las mejores formas de conocer a Francisco Álvarez Cascos es ver lo que dicen sus detractores de él. Por ejemplo en una página clásica de internet de título “los genoveses” en la que le han hecho una hagiografía sin pedírselo, esto es todo lo que pueden decir de él. Es fascinante comprobar cómo tras sacar toda la mierda que han podido, poco pueden decir, aunque eso sí, con muy mala leche. Esa prueba no la soporta ningún político de la España actual, ni en el PSOE, ni en el PP. Pero también resulta amargo ver el odio de sus rivales, habitualmente incompetentes declarados, incapaces de hacer nada por los demás, pero capaces de extraer todo lo que puedan de ellos como auténticos buitres, mostrando su vesania y saña al infamar a este asturiano de postín. Cuanta mezquindad y que bien redistribuida en esta España que se deshace porque sus políticos no han sabido impedir el desastre.

Al final, Cascos será candidato del PP por Asturias, porque de otra forma podría serlo de sí mismo por España, quien supo construir una idea puede volver a hacerlo que no se le olvide a nadie. En su idea está regresar a su pequeña patria para sacarla adelante, pero un cazador como Francisco Álvarez Cascos, si no puede cazar un jabalí, no tiene miedo a enfrentarse a la caza de un elefante. En el PP están despreciando actualmente a Cascos con una humillación sin precedentes en la política española, y él aguanta estoicamente por lealtad a su partido, pero que a nadie se le olvide que estamos hablando del personaje que hizo posible que de un pequeño partido con una escasa representación pública, el PP pasara a ser un partido que gobernara este país, Manuel Fraga y Francisco Álvarez Cascos hicieron posible que la derecha en este país estuviera representada a la altura de lo que se merece, contra viento y marea, y Aznar consolidó la obra y trajo a este país los mejores momentos económicos de su historia logrando llevar el paro hasta la cifra de los 2,3 millones, un auténtico éxito que hoy nadie le reconoce, pero también la economía a superávit y la deuda a la cifra más baja de su historia, por no hablar del rigor político que se vio en sus gobiernos, que comparado hoy con la estridencia y el ambiente tóxico y corrupto, que vivimos, que afecta a la vida política y a la vida ciudadana, con una violencia inusitada, es para ponerse a llorar.

Cascos está disponible para trabajar, como cinco millones de españoles, los españoles tendremos que decidir si apoyamos su sueño, que al fin y al cabo es el de la mayoría de todos los ciudadanos de este país o dejamos que los que han destruido nuestra convivencia, nuestro bienestar y nuestro futuro se salgan con la suya. Cascos será candidato del PP por Asturias, porque de no serlo, tal vez nos encontremos con alguna sorpresa desagradable para los que tratan de seguir viviendo del momio tranquilamente a costa de los españoles. Que a nadie se le olvida que el rechazo de Cascos supondría el triunfo de la propaganda, la infamia y la mezquindad de sus principales detractores. Por cierto, quien quiera enviar un mensaje de apoyo a Francisco Álvarez Cascos en su singular lucha contra los elementos puede hacerlo en el siguiente correo: cascoscandidato@gmail.com.

Enrique Suárez

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