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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Adios, UPyD

Hoy iba a responder la chorrada que ha escrito el esteta, pero tras reflexionar un rato, he llegado a la conclusión de que no merece la pena, ¿pa qué?.

El Congreso de la secta ha concluido, con su lideresa aclamada por una legión de palmeros que han provocado una ruptura con las fuentes de luz de la democracia, la libertad, y la justicia que acabará con ellos, terminarán ciegos ante la oscuridad que se avecina

Y como no quiero dedicar ni un minuto más de mi precioso tiempo a algo que no tiene sentido, a partir de hoy y hasta el próximo año, el Blog de Ciudadanos en la Red se declara en huelga de silencio sobre la formación magenta, hagan lo que hagan y digan lo que digan, solo recibirán silencio.

Comienza su condena al ostracismo, su lento peregrinaje hacia la agonía. No hay nada peor para un político que el más absoluto desprecio de los seres humanos libres que creen en la democracia.


Que el blog más crítico de este engendro se imponga silencio, es un signo de que quien domina la realidad no es quien quiere, sino quien puede. Les libero de mi crítica y me libero de contemplar el estropicio que han hecho estos ignorantes que se creen hábiles, porque detentan el poder para procurar un renacimiento del estalinismo, ¡en pleno siglo XXI!. No tienen ni pudor, ni vergüenza, ni dignidad, ni una brizna de inteligencia. Menuda banda de delincuentes políticos.

El próximo año ya veremos lo que hacemos, pero hasta entonces que con su pan se lo coman.

Sic Transit Gloria

martes, 24 de noviembre de 2009

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña

El reglamento supremo que los catalanistas y socialistas están utilizando en su territorio para imponer una dictadura nacional socialista a los españoles residentes en aquel lugar, parece ser que está condenado a extinción en un breve periodo de tiempo. Una vez más, asistimos al espectáculo de ignorancia política que regula nuestra convivencia en los últimos años, la égida de Rodríguez Zapatero, que será recordada como el último Episodio Nacional de Don Benito Pérez Galdós, toca a su fin. Una sentencia desfavorable supondrá la guillotina para el régimen que el denostado cejudo nos ha impuesto a los españoles.

Verán ustedes, ahora que estamos al borde de la victoria, quiero hacerles una confesión, el nacionalismo es un invento para trincar de las cuentas públicas, al igual que el socialismo, para que ignorantes cualificados como el President Montilla digan tonterías como que: “Cataluña no admitirá una sentencia desfavorable”, auténtico canto del cisne de la era de barbarie política a la que hemos asistido.

Nunca me cansaré de decir que la Constitución de 1978 no incluye el derecho de autodeterminación entre sus artículos, sino el artículo 14 que aún sin el 1.2, serviría para derribar la memez nacional socialista. Pero aún así, las decisiones sobre España las tomamos los españoles, no los catalanes, y lo que pretenden los catalanistas es tomar una decisión sobre España, encubierta con que sólo afecta a Cataluña, pero como Cataluña forma parte de España, no ha lugar, no tienen potestad, ni mucho sentido común, al tratar de introducirnos de rondón el negocio catalán al que llaman nación

Nadie sabrá jamás lo que se han esforzado los catalanistas para lograr su propósito, tanto de forma expresa como encubierta, al igual que nadie sabrá jamás lo que han robado del erario público, porque los casos Millet y Pretoria son una ínfima colina de iceberg, de lo que realmente ha ocurrido.

Que Cataluña se aproxime al 20 % de paro y al 6 % de deficit es el resultado político de la lucha nacionalista, que en realidad nada tenía que ver con valores, principios o cuestiones históricas, sino con que era la única forma de colocar a todos los estafadores públicos en la mejor posición posible. Las cárceles españolas esperan a muchos políticos, porque en nuestro país ha ocurrido algo similar, que les explicaré otro día. Estos políticos –todos sin excepción- nos han arruinado a los españoles y es hora de que rindan cuentas ante la justicia. Cuanto más tiempo sigan en el poder más nos seguirán arruinando.

Se acabó el cuento, es hora de que los españoles, les digamos a toda esta legión de vampiros que el día está a punto de llegar, deben regresar al ataud o al armario, que decidan libremente donde prefieren pasar la eternidad que les espera.

Enrique Suárez Retuerta

Mikel Buesa analiza la realidad de UPyD



Con Cesar Vidal, en Libertad Digital

La conciencia nacional de Rosa Díez

Don Luis María Ansón, disculpe usted, pero no puedo compartir las palabras laudatorias que hoy nos ha ofrecido el editorial del diario digital “El Imparcial” que usted preside, bajo el título: “Rosa Díez, la UPyD y la conciencia nacional”, porque no tienen ningún sentido.

Rosa Díez no tiene conciencia nacional, que más quisiéramos los españoles que fuera así, pero desgraciadamente no lo es. La lideresa incuestionable de UPyD dice muchas cosas que no se pueden sustentar sobre sus hechos; quiero recordarle que a la cuestión de la conciencia nacional, Rosa Díez, ha llegado de forma tardía y posiblemente más motivada por intereses electorales que por otras razones o sentimientos más inherentes a la conciencia nacional española. En realidad, cuando Rosa Díez comenzó con su proyecto personalista, la UPyD, no defendía la nación española, sino el Estado Unitario, pero ahora ya ni siquiera defiende tal cosa, sino el Estado fragmentado que nos ofrece el federalismo, al igual que el ideario de su antiguo partido el PSOE y los nacionalismos secesionistas.

No sé si usted sabrá, creo que no, que el partido de Rosa Díez en su Congreso del pasado fin de semana ha realizado diversas modificaciones en su ideario, una de las más importantes es que ya no defiende la unidad social, política, y administrativa de la nación española, sino un Estado Federal de Intensidad Media Cooperativo,(eso sí, de una forma muy discreta para que no repercuta electoralmente en su partido), que es una ocurrencia de su valido Carlos Martínez Gorriarán, que nos ha dado a conocer en su blog en cinco capítulos, ciertamente estridentes por su voluntarismo desinformado y su pontificación espúrea.

Señor Ansón, le hacía a usted mejor informado, nunca le consideré un simple opinador político, sino un periodista con criterio y juicio mensurados, buen conocedor de la realidad. Veo que no es así. No sé si el editorial laudatorio de Super Rosa lo habrá escrito usted, o el director del diario que usted preside, supongo que al menos lo habrá leído, y si no dice nada al respecto, también supongo que le brindará su apoyo, por eso dirijo a usted estas palabras.

Sí, es cierto que Rosa Díez defiende una nación de ciudadanos, al igual que el ideólogo Francesc de Carreras que modificó el ideario original de Ciutadans, provocando la escisión del partido que todavía dirige Albert Rivera, en su estado más ruinoso. También es cierto que esa ha sido la vieja aspiración de la izquierda tradicional española más jacobina desde que en 1812 los liberales propusieron precisamente que la soberanía nacional, no era exclusivamente de los ciudadanos, sino del pueblo español que no es lo mismo, y que en las 9 constituciones que se han sancionado desde entonces el criterio liberal ha permanecido vigente hasta la Constitución actual de 1978 .

El artículo 1.2 de la Constitución Española dice textualmente:

La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado

Verá usted, señor Ansón, el pueblo español es el conjunto de todos los ciudadanos españoles, no los ciudadanos españoles simplemente, sino el conjunto de todos los ciudadanos españoles, que no es lo mismo; cada español no es soberano más que cuando forma parte del pueblo español, así que su soberanía no deviene de su condición de ciudadano, sino de su condición de español. Los ciudadanos de este país somos soberanos porque formamos parte del pueblo español, no por nuestra condición civil, algo que los socialistas y nacionalistas no acaban de comprender.

Y usted, que es un hombre ilustrado, también sabrá que la condición de ciudadano no proviene de la nación, porque nada tiene que ver con ella, sino del Estado. Creo que nunca he escuchado, más que a algún bárbaro jacobino hablar de ciudadanos de la nación, porque eso es un despropósito, además de un error, al igual que hablar de la fantasía de una nación de ciudadanos. El predicado del sujeto ciudadanos es el Estado, mientras que el predicado del sujeto españoles es España (no como Estado, sino como nación). La condición de nación determina que los ciudadanos devienen de súbditos en soberanos, algo que nada tiene que ver con el Estado que no entiende de propiedad de la estructura, de la anatomía española, sino del funcionamiento de las administración e instituciones, es decir, de su fisiología pública.

Pero ya sabe usted que desde el socialismo siempre se ha negado la existencia de la nación –concepto discutido y discutible, según Zapatero-, porque es el último escollo para someter a un pueblo soberano a sus intereses partidistas y convertirnos en súbditos de su creencia o la de sus aliados nacionalistas. Rosa Díez, como buena socialista que es, propone exactamente lo mismo, pero de una forma artera, insidiosa y fraudulenta.

Porque el discurso de Rosa Díez, señor Ansón, es el enmascaramiento más perfeccionado del socialismo español, una auténtica obra de arte para convencer al electorado de sus buenas intenciones para la nación española, para los ciudadanos, para el futuro de este país, pero cuando se analiza en profundidad, es un tremendo engaño, una enrevesada estafa pública. Lo que entiende Rosa Díez por España, nada tiene que ver con lo que dice nuestra Constitución que es España, por eso su interés en cambiar la Constitución por otros motivos, para derribar la última frontera de la soberanía nacional de los ciudadanos que conformamos en conjunto el pueblo español, y así convencernos de la necesidad de abdicación de nuestra propiedad y dominio sobre la nación, para hacernos súbditos del Estado fragmentado y federal que propone desde su partido.

Rosa Díez tiene la misma conciencia nacional que Rodríguez Zapatero, no en vano ambos representan las dos caras del socialismo español, Rosa Díez, la tradicional, con un fuerte estado centralista aunque replicado en las autonomías y la novedosa, con un estado débil fragmentado, diverso, disperso, irracional, e inconstitucional, que ilumina Rodríguez Zapatero. Ninguno de los dos defiende la nación española, más bien al contrario, lo que promueven es su disolución y fragmentación.

Creo que en ulteriores ocasiones debería estar usted más atento a las cosas que se escriben en ese magnífico diario que usted preside y que tiene por cabecera el nombre de “El Imparcial”. Sigo con atención sus intervenciones en otros medios y hasta hoy nunca había contemplado una metedura de pata semejante en algo de lo que usted es responsable, no sé si de forma directa o indirecta, pero como se dice habitualmente, hasta el mejor escribano hace un borrón.


Enrique Suárez Retuerta

domingo, 22 de noviembre de 2009

Cien libros para el siglo XXI (010)


La Ciudad de Dios (413-426) - Agustín de Hipona (010)

No se puede comprender el mensaje de Agustín de Hipona sin imaginarlo incrustado en la época en que el autor escribió los 22 tomos de La Ciudad de Dios (De Civitate Dei contra paganos). Obra de senectud y reflexión, provocada por la Caída del Imperio Romano y el Saco bárbaro de Roma por Alarico I.

Esta obra puede decirse que abre la oscuridad política de la Edad Media en Occidente, en la que todo conocimiento quedó sometido a la revelación, pues era la fe y no la razón, la que debería guiar la vida de los mortales para alcanzar algún día la inmortalidad tras su final

Casi mil años pasaron entre la publicación de esta obra y el Renacimiento y la Reforma del cristianismo provocado por el Cisma de Occidente, previo fue el de Oriente, pero Agustín fue un autor valorado por los cristianos de todas las épocas, de todos los cristianos. Privó del conocimiento a la mayoría de ellos con un analfabetismo del que solo se podía librar quien elegía el clero o nacía en la nobleza. Es la servidumbra natural de los humanos a quienes detentan el poder, quizás el peor legado de San Agustin, pero gracias a esta fórmula inhumana la civilización occidental se salvó de la barbarie, y sirvió para concentrar el conocimiento durante siglos en los monasterios, privando a los simples mortales de su acceso al mismo.

“Para quienes amen a Dios, la principal lealtad debería ser para con la Ciudad de Dios, cuya ubicación final está en el reino celestial. La sociedad terrenal siempre será insegura y sujeta a cambios, debido a la naturaleza degradada del ser humano y su inclinación al pecado. Sin embargo, la Ciudad del mundo aún era necesaria, dado que era obligación de los gobernantes frenar los instintos depravados de los humanos pecadores, así como mantener la paz, la cual los cristianos necesitaban para vivir en el mundo. Por lo tanto, Agustín dio por sentado que el gobierno y la autoridad secular eran necesarios para la búsqueda de la verdadera vida cristiana sobre la Tierra; al plantear esto, proveyó una justificación para la autoridad política secular, la cual desempeñaría un importante papel en el pensamiento medieval (planeta sedna)”.

El obispo de Hipona es un planificador, ordena realidad tal como se imagina que debería ser si estuviera guiada por su fe en un orden divino. Desde un planteamiento que presupone la dialéctica enfrenta a la ciudad pagana, en la que las pasiones y la ignorancia guían a los seres humanos, con la ciudad divina, donde la búsqueda de la virtud y el conocimiento de la verdad ilumina el camino de los creyentes.

La filosofía deja de ser un fruto de la razón, para subyugarse a la revelación, la verdad deja de ser racional, para ser revelada. Es la fe la que mueve la realidad de los humanos, no la razón. Pero no toda fe es verdadera, sólo el cristianismo puede considerarse como tal.

Bajo el pabellón de la cruz se conquistaron países y se persiguió a los paganos, se abolieron las supersticiones y se negó cualquier poder que no fuera de origen divino, cualquier acción humana que no estuviera perfectamente regulada por la mano de Dios. Los monarcas y los nobles eran señores por la gracia de Dios, igual que los plebeyos eran plebeyos por la gracia de Dios. Desde el nacimiento todos los mortales estaban condenados a ocupar el lugar que les correspondía en herencia de la situación de sus ancestros. Los que nacían pobres morirían pobres –salvo extraña casualidad- y los que nacían ricos, morirían ricos –salvo extraña casualidad-.

La vida era instrumental a un propósito: alcanzar la gloria tras la muerte, y esta sólo podía alcanzarse cumpliendo con todas las leyes divinas y humanas. Y aún así, sirvió para separar la religión del Estado, porque la Nueva Jerusalem no era de este mundo.

Resulta extraño contemplar como 1600 años después todavía hay creyentes que consideran que el poder se obtiene por la gracia de Dios y no por la elección libre y democrática de los humanos. A ellos quiero dedicar esta obra, para que comprendan que la fe puede mover montañas, pero solo la razón puede evitar que nos caigan encima y nos aplasten como la obra de Agustín de Hipona por mil años. Hay obras que perduran no por sus enseñanzas, sino porque nos ofrecen un espejo en el que compararnos a lo largo del tiempo. La Ciudad de Dios es una de las obras más importantes, y posiblemente la columna vertebral de la historia de Occidente.

Una de sus enseñanzas más importantes de esta obra es la concepción negativa de la política (en el libro V), habitualmente sometida al poder sectario de los hombres, porque los políticos tratan de emular a Dios siendo pobres mortales. La política es buena para el progreso de la humanidad, pero los políticos son deleznables porque juegan a ser dioses con sus propios congéneres. Por eso el orden divino es para todos igual, todos hijos de Dios, por encima de sus poderes terrenales.

Referencias

Sobre la obra

Prólogo a la Ciudad de Dios

Comentarios

Resumen

Sobre el autor

La filosofía de Agustín de Hipona

Obras de San Agustín

Interesante obra sobre el cristianismo y el pensamiento político

Vida de San Agustín

San Agustín, filósofo y teólogo

La obra en internet

La ciudad de Dios (Iglesia reformada)

La ciudad de Dios (quedelibros)


La obra en papel

Editorial Porrúa 13 €


Editorial Tecnos 19,23 €


Vídeos

Vida de San Agustín
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Fe y Razón en San Agustín

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