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martes, 10 de marzo de 2009

Mañana es 11-M y Suárez Trashorras sigue siendo el principal condenado

Independientemente de la resurrección del tema en la que el diario El Mundo ha entrado a saco –anunciábamos hace unas semanas que Pedro J. se abanicaba con un sobre azul-, como preludio del libro del abogado José María de Pablo, que apoyándose en informes policiales y judiciales, sostiene que existe una “cuarta trama” que tenía "influencias en las Fuerzas de Seguridad del Estado y gran interés en la victoria del PSOE", considero que es necesario fijar la atención en el caso de Suárez Trashorras, que fue condenado como autor del brutal atentado que nos ocupa a una sentencia de 34.715 años de prisión.

Recientemente, el principal condenado del 11-M, ha hecho unas declaraciones al diario El Comercio en las que dice que es víctima de una conspiración. Un complot donde todos los detalles estaban medidos al milímetro y que sólo necesitaba un títere que pagara los platos rotos. Ese papel, afirma, lo ha interpretado él en esta película. Al mismo tiempo afirma que, lo ocurrido en el piso de Leganés no fue un suicidio colectivo, sino unos asesinatos premeditados. Y se queja de que Abdelmajib Bouchar, 'El Gamo', el marroquí huido del piso, uno de los condenados por el atentado, haya sido sancionado con una pena menor a pesar de estar ligado a la célula yihadista .

No es la primera vez que el minero asturiano esquizofrénico, habla de conspiración, el 13 de noviembre de 2006, Trashorras llega a decir en una entrevista realizada por el diario El Mundo que es “víctima de un golpe de Estado encubierto tras un grupo de musulmanes”, que posteriormente es transcrita por la Cadena SER como diciendo que mientras El Mundo pague él inculpado es capaz de contar la guerra civil, cuando en realidad se está refiriendo a uno de sus colaboradores.

Los defensores de que la sentencia del 11-M ha dejado las cosas suficientemente claras, abominan de las declaraciones de José Emilio Suárez Trashorras, por no decir que son las de un loco, pero si loco estaba al ser condenado, loco sigue estando ahora, porque la esquizofrenia paranoide que tiene diagnosticada y por la que ha sido declarado minusválido por el Estado (65 %) y por lo que recibe una pensión, no tiene actualmente curación.

La esquizofrenia paranoide constatada es una enfermedad que se considera eximente de forma habitual, pero en el caso de Suárez Trashorras sólo se consideró como atenuante parcial, al establecerse que en el momento de los hechos el condenado tenía plena conciencia y sabía lo que hacía, considerándose que estaba provisionalmente “curado”, cuando esta enfermedad no tiene cura desde el propio criterio del Estado, porque sino no se le habría concedido una pensión (?).

En el juicio, las declaraciones de los peritos de la defensa lo expresaron con cclaridad: el profesor Bobes –Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo- y el psiquiatra que le atendió durante años, el Doctor Morán, fueron contundentes. El primero dijo que no había ninguna duda de que el examinado era un enfermo mental grave, incapaz de planear siquiera las cosas que le afectan a él gravemente, indicando además que diversas instituciones, desde la Consejería de Salud asturiana hasta el Servicio Militar, le habían considerado incapaz en virtud de esta afección en distintas épocas de su vida, para añadir a continuación que desde su criterio, no sabía cual era su estado cuando se involucró en la venta de la dinamita, pero su voluntad estaría afectada de forma moderada o grave. El segundo, que fue su psiquiatra durante años, apuntó que en diciembre de 2003, la capacidad cognitiva y volitiva de Suárez Trashorras se encontraba anulada en muchas ocasiones". Añadiéndose al caso el agravante de la politoxicomanía constatada en aquella época.

Los expertos médico-forenses especificaron que a pesar de estar diagnosticado de esquizofrenia paranoide y trastorno bipolar de la personalidad consideran que era conocedor de los actos que realizaba y tenía voluntad de ejecutarlos en el momento en que se produjo el análisis psiquiátrico, en septiembre de 2005. Pero los expertos médicos forenses que hacen la peritación, reconocen que no son especialistas en psiquiatría, aunque si funcionarios del Ministerio de Justicia. Por qué razón el Ministerio Fiscal no presentó psiquiatras como peritos en el caso más importante de la psiquiatría penal española en los últimos años, es algo que resulta inexplicable. ¿Es más válido el criterio de dos forenses que el de dos especialistas en psiquiatría en este caso?.

Las razones que explican los razonamientos jurídicos para considerar una esquizofrenia paranoide como eximente se pueden leer en Porticolegal, dejando bien claro que la carga de la prueba debe recaer en la demostración de que el enfermo es imputable, y no solo que tenga que demostrar su defensa su inimputabilidad. En caso de duda, el principio de “in dubio pro reo” favorece la consideración más favorable al enjuiciado, cosa que no ocurrió en este caso, a pesar de haber sido expresada abiertamente por los psiquiatras de la defensa, los únicos peritos con criterio y formación suficiente para determinar lo ocurrido.

En noviembre de 2007 publicamos un artículo en este blog, en el que consideramos que lo que estaba ocurriendo en el caso de Suárez Trashorras era una auténtica barbaridad jurídica desde una perspectiva psiquiátrica. El propio implicado, denunciaba que en la cárcel de Soto del Real no recibía ni atención psiquiátrica, ni medicación.

Posteriormente, el letrado Gerardo Turiel, que llevaba el caso, falleció de un infarto de miocardio. Y el Tribunal Supremo consideró que no había lugar al recurso interpuesto por Suárez Trashorras.

Resulta singular que en la mayoría de los casos penales en que un esquizofrénico paranoide está implicado, acaba siendo reconocido como inimputable por la justicia, pero en el caso de Suárez Trashorras no podía ser, a falta de otros imputados, alguien tenía que pagar por lo ocurrido, y se le aplicó el artículo 28 del Código Penal considerándolo autor, y no el artículo 29 por el que sería declarado cómplice. ¿Pero cómplice de quién?. Se necesitaban “autores materiales” para cerrar el caso, y no podía atribuirse exclusivamente a unos musulmanes que se habían suicidado.

Evidentemente, aunque quede clara la autoría de la venta de la dinamita, declarar que un esquizofrénico paranoide que: “es incapaz de planear siquiera las cosas que le afectan a él gravemente” (sic), es autor del atentado del 11-M, y por lo tanto responsable, porque debería saber que la dinamita puede ser utilizada para cometer un atentado, es un magnífico brindis al sol o la luna. Por la misma razón, todos los que vendan un arma como un cuchillo o una pistola de forma ilegal, son autores de los asesinatos que con ellas puedan cometerse.

Autor sería si hubiera planificado el atentado, si hubiera participado en su ejecución, o si hubiera vendido la dinamita con la intención –por su parte y no la de otros- de cometer el atentado, cosas que nunca se probaron y que resultan muy difíciles de probar dada su enfermedad, por lo tanto no puede atribuírsele más que complicidad en el caso, y de haber sido cualquier otra la situación, así habría sido.

El propio Enrique Bacigalupo del Tribunal Supremo, considera que: “El estado de esquizofrenia significa, una perturbación tan incalculable e inaccesible que siempre está justificado declarar la inimputabilidad del autor”

En la segunda edición del “Código Penal comentado y con jurisprudencia” que coordina Luis Rodríguez Ramos, en su página 75 se dice: “la esquizofrenia paranoide viene siendo considerada como una eximente completa por constituir una enfermedad mental de carácter permanente...sufriendo los sujetos que la padecen alucinaciones e ideas delirantes, pero para valorar la responsabilidad penal no sólo es preciso atender al examen psiquiátrico, si no la forma en que los síndromes diagnosticados afectan a la personalidad o elemento psicológico”.

Haber declarado inimputable a Suárez Trashorras hubiera supuesto un proceso de confusión aún mayor con la sentencia del caso 11-M. Pero haberlo considerado autor, con una atenuante analógica , y no con una eximente incompleta, supone decir que el acusado tenía conservadas sus funciones cognitivas y volitivas y sabía perfectamente lo que hacía, lo que viene a significar que alguien con una esquizofrenia paranoide, se curó provisionalmente para cometer el delito, y luego regresó de nuevo a su enfermedad, algo que realmente resulta imposible desde un punto de vista psiquiátrico o psicológico.

Y son cosas como éstas, las que hacen dudar a los españoles sobre lo ocurrido realmente el 11-M, y sobre la plenitud y exhaustividad de la sentencia, puesto que indican que la justicia no se comportó de forma imparcial y ecuánime en este caso, como hubiera ocurrido en cualquier otro en el que se diera la circunstancia de que un esquizofrénico paranoide facilitara las herramientas, que luego otros utilizarían para cometer un atentado.


Erasmo de Salinas

lunes, 9 de marzo de 2009

Abajo los de arriba

Decía el escritor francés André Gide, que el mundo podía dividirse en dos categorías de personas en relación a su posicionamiento ante el devenir de los tiempos: los crustáceos y los sutiles; los primeros, empeñados en seguir viviendo según normas caducadas, mientras los sutiles tratan de adaptar las normas al tiempo en el que viven. Nada dejó escrito sobre el “ultrasutilismo” (modernismo, progresismo), que representa ese afán innovador que invade nuestro país, que más recuerda al nihilismo que a la sublimación, por su puesta en escena que nos trae a la memoria los desaguisados y ademanes de “El Incorruptible”.

Triunfar en unas elecciones democráticas, concede a los elegidos la facultad de cambiar algunas cosas en la sociedad, algunas leyes en la política, algunas cuestiones culturales. Hasta ahora había sido así en España. Pero para cualquier ciudadano occidental, resulta inaceptable que, tras un triunfo electoral, el mandatario elegido por su pueblo se convierta de pronto en Luis XIV, aquel que decía que el Estado era él, o en su sucesor Napoleón, que trató de convertir Europa a su causa de progreso, imponiendo un afrancesamiento de la realidad, por la razón o por las armas, que es otra forma de razonar. Estas actitudes, que imponen reglas de relación y convivencia de forma radical, se conoce en política como despotismo y denota muy poco respeto por el criterio propio y la libertad de los gobernados. Si se fundamenta en el conocimiento, se le puede añadir el adjetivo de ilustrado, pero si se fundamenta en el desconocimiento y la mendacidad, deriva en una simple forma de tiranía.

El mandato representacional tiene límites, que el ocupante actual de La Moncloa desconoce –tras demostrar su incapacidad para gobernar por los errores cometidos- con alegría. Todos los Presidentes de Gobierno españoles, incluido el Felipe González del cambio, respetaron el aserto de restricción del poder y trataron de ceñirse a la Constitución. La aceleración intempestiva con que Rodríguez Zapatero pretende elevar nuestra sociedad a las cotas de su delirio, excede todos los criterios de mesura y sobrecoge por sus excesos. Bien parece que, en vez de pretender transformar la realidad que es lo que sugiere cuando habla, quisiera derribar lo existente, para utilizar los escombros de las ruinas y el solar resultante, en la construcción de un cenotafio para su gloria pretérita con alguna empresa constructora amistosa.

Cuando las crónicas se hagan historia

Estoy seguro de que cuando pase suficiente tiempo para que las crónicas se transformen en historia, habrá muchas más páginas dedicadas a sus destrozos que a sus logros. Porque en realidad, sin entrar en una cuestión valorativa de la bondad de sus aportaciones, analizando exclusivamente el proceso de transformación social que ha impuesto, la política de Zapatero reúne en la habilidad que le caracteriza, lo peor del Antiguo Régimen y lo peor del periodo revolucionario que acabó con él. Nadie en la historia occidental ha sido capaz de reunir tantos errores en un periodo legislativo y sucederse a sí mismo; quien no terminó en la guillotina, lo hizo en el exilio de una isla distante. Y esa es la grandeza de la política de Zapatero, que mide con cada decisión la paciencia de los ciudadanos ante sus barbaridades políticas, como en la época convulsa que dio lugar a la aparición de los “termidorianos”.

La política de Zapatero recuerda a los comics de superhéroes, que apelando a una condición propia inusitada, transformaban el mundo a su alrededor. Pero Zapatero no es un superhéroe, aunque estoy seguro de que le encantaría serlo. Como tampoco lo es Garzón, el Fouché necesario de cualquier representación teatral de la política. Y ésto tiene como consecuencia que, en vez de concluir sus hazañas en prodigio o maravilla, terminen en chapuza y ridículo para vergüenza del autor y sarcasmo de la audiencia.

El presidente Zapatero y su corte de “cejeros” desconocen lo que es España, pero saben perfectamente cómo utilizar la propaganda para convencer a los españoles de la bondad de sus intenciones, para gobernar para el pueblo pero sin el pueblo.
Cuando nos acercamos a los 4 millones de parados, el Gobierno habla de políticas sociales de apoyo a los trabajadores; cuando hay una oportunidad histórica de cambiar las políticas fósiles del nacionalismo en Euskadi, Patxi López nos dice que en su Gobierno habrá representantes de la sensibilidad nacionalista –teniendo en cuenta que los apoyos que le permitirán ser Lehendakari son los del PP-. Ante la crisis sin precedentes que nos asola, Zapatero dijo que no sería para tanto porque España era el país occidental mejor preparado para afrontarla, hoy podemos comprobar que somos el único país occidental, absolutamente desarmado y rendido, sin una sola idea para resolver nuestra situación en su gobierno.

Antes de la estampida

Al Presidente del Gobierno sabemos que le gusta la tensión, que la gente le critique, porque así obliga a los que le apoyan a ensalzarle y cohesionarse aún más su alrededor, esto denota el profundo desprecio que tiene por los ciudadanos, especialmente por sus seguidores, a los que considera una masa informe de cuerpos sin cerebro dispuestos a acompañarle al mismo infierno si lo reclama. Esa actitud mesiánica de convertir al gobierno en cerebro colectivo de una masa ciudadana, tan característica de los soñadores más inmaduros y de los tiranos, anuncia ineludiblemente el comienzo de su final.

Aunque es cierto que a la masa se la estimula con bajas intenciones, como se puede comprobar en los programas televisados de nuestra época, que la envidia no es sana y hay muchos que disfruta cuando ven a los “privilegiados” –en muchas ocasiones con todo el merecimiento- cayendo en la misma poza de miseria de los que por falta de criterio propio son incapaces de librarse de su fortuna y culpan a las circunstancias de su mala suerte. Hay muchos ciudadanos que votan a Zapatero porque en realidad odian a sus jefes o a sus vecinos, y esa es la España que estimula este malandrín, la de los bajos instintos, la formada por aquellos que incapaces de ascender por sus propios medios en la vida, para zafarse de la mezquindad que la inunda, disfrutan contemplando como los que han ascendido en la escala social lo han hecho “ con trampas y malas artes”.

El camaleonismo de Zapatero es meritorio, porque perteneciendo a la élite de una capital de provincia española, parece que estuvo toda su vida trabajando en una mina, una obra o un restaurante. Por eso a muchos españoles que le han votado, les parece uno de los suyos, cuando en realidad es un profesional de la comunicación y la propaganda más zafia, que les ha vendido un cuento, ofreciéndoles cambiar su realidad miserable sin esfuerzo alguno, sin mérito, sin motivaciones por el solo hecho de votarle. Su foto finish es la de alguien que prometiendo pleno empleo al concluir la presente legislatura, ha conseguido que el país que representa haya alcanzado las cotas de paro más elevadas de Europa, y las más elevadas en la historia reciente de nuestro país.

Por qué el progresismo de Zapatero se rige por el principio fundamental del socialismo, que consiste en utilizar el poder para colocar a los suyos desde el sectarismo más inicuo, mientras que se muestran los pecados de los “supuestos usurpadores” que han mantenido hasta entonces el bienestar de todos. Su revolución ha consistido en negar la sociedad que se fundamenta en el reconocimiento de los privilegios y de las sanciones cuando son merecidos, para conceder beneficios y prebendas a los que no han hecho nada más que mirarse el ombligo, malgastar su existencia y quejarse de su mala fortuna.


España no es ésto

Ese es el hecho diferencial de la crisis que tenemos en España, que en las estructuras de gestión hay inútiles apoyados de forma sectaria, que han desplazado de las decisiones a quienes tenían criterio para la acción y la gestión eficaz, y que en sus huestes electorales reúne a la inmensa mayoría de los españoles que no han dado palo al agua en su vida, pero han cumplido con lealtad con acudir a las urnas cada cuatro años –ese es su trabajo más importante-, para apoyar a la humana providencia del Estado benefactor que les procurara asistencia miserable hasta la siguiente legislatura, en forma de trabajos sociales, ayudas regulares, y lo que sea necesario, convirtiéndolos en ganado estabulado.

Evidentemente está claro quién va a pagar la crisis en España, los que trabajan, los que se esfuerzan, los que cumplen, los que luchan por mejorar su vida, y los que han sufrido para alcanzar su bienestar. Y también está claro quienes se van a beneficiar de ella, los que han trincado, los que no han dado palo al agua, los que maldicen su existencia, los que piensan que otros están mejor que ellos gracias exclusivamente a la fortuna, y que consideran que la igualdad es que no haya nadie que disfrute de privilegios aunque se los merezca. Ese justicialismo inepto que caracteriza el discurso de personajes como Chávez, Castro, o Morales, es el que nos espera a los españoles.

Nunca llovió que no escampara

Sin duda, el final de Zapatero correlacionará con el declive económico y laboral de nuestro país, con la tremenda injusticia de premiar a los más ineptos y castigar a los que se esfuerzan; será triste ver en los próximos años como nuestros hijos no podrán alcanzar las cotas de bienestar que nosotros hemos logrado por mucho que se esfuercen, gracias a la mendacidad de unos inefables sin sustancia, beneficiados por la insólita estupidez de sus propias víctimas, y elevados a la gloria desde la más absoluta miseria mental y la propaganda, que ha vendido los frutos del progreso, cuando en realidad sembraba las semillas de la recesión.

Pero por mucho daño que nos haga la crisis económica, aún será mayor el que nos hará la “reeducación miserable” a que nos ha sometido el elenco gubernamental, en la que siguiendo el principio marxista de que de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad, ha buscado convertirnos en una sociedad uniforme, patética y quebrada mentalmente.

La cuestión definitiva para los españoles ya no será si esforzarse o no esforzarse por mejorar su vida y consecuentemente las de los demás, sino algo mucho más sutil: esforzarse, ¿para qué?, porque para mantener inútiles, incapaces y vagos, beneficiándose del esfuerzo ajeno por su propia negligencia va a esforzarse otro.
Probablemente la democracia sea un cuento para explotarte, así que vamos a disfrutar de la vida, que estoy absolutamente seguro de que los que saben esforzarse, también sabrán recoger lo mejor de la vida si trabajan menos y disfrutan más.

Vamos a darle la vuelta a la tostada. Que inventen ellos, que hagan empresas ellos, que creen riqueza ellos, que produzcan cultura ellos, y que creen puestos de trabajo sociales ellos y por supuesto, que defiendan la España que les mantiene, ellos también, por la cuenta que les tiene, que otro país nunca les hubiera concedido tanto por tan poco como han hecho por él y por lo mucho que han hecho contra él.

La venganza de los creadores, de los que creen en sí mismos, de los que se esfuerzan siempre termina aplastando la pusilanimidad de los bondadosos creyentes que se benefician extraordinariamente de su soberana estupidez, y que son incapaces de gestionar sus propias vidas y esperan que el Estado les sostenga, en su dependencia inevitable.

A partir de ahora vienen tiempos difíciles, cada palo tendrá que aguantar su vela, y cuando alguien tenga problemas que acuda a su sindicato a quejarse, le escriba a Zapatero a La Moncloa para preguntar que hay de lo suyo, y que se harte de paciencia y esperanza. Bien está que se regule la ley del más fuerte, pero no para establecer la tiranía del más débil, que en muchas ocasiones coincide con los más aprovechados ventajistas.


Biante de Priena

domingo, 8 de marzo de 2009

La nación española, un concepto político liberal




Nuestro país, se ha hecho contra los partidos políticos mayoritarios. Contra los de izquierdas, que defendieron con denuedo las ventajas del socialismo real de la Unión Soviética, hasta su decadencia y descarrilamiento, y todavía simpatizan con aberraciones políticas como las existentes en Cuba y Venezuela, y los de la derecha, que defendieron el autoritarismo, la ley del mas fuerte, y la costumbre, teniendo en los nazis alemanes, y posteriormente en los norteamericanos imperialistas, sus principales referencias, evidentemente aderezados con el respeto a la tradición que proviene del Vaticano.

Ideológicamente, España es un concepto liberal, creado políticamente y jurídicamente por los liberales y aceptado por los demás a regañadientes. El concepto liberal de España se fundamenta en la cultura, que no en la tradición, y en el patrimonio de lo común y compartido como eje de fuerza. España es un concepto ilustrado, además de una nación o un Estado de Derecho, pero no es un nacionalismo como se empeñan en recrear los interesados en secesiones e independencias.

No puede ser un nacionalismo por la sencilla razón de que es un concepto liberal, y en la tradición liberal no hay cabida para los nacionalismos, por eso resulta extraño ver a partidos políticos como el PNV y Convergencia i Unió (sección Convergencia) incluidos en el Grupo Parlamentario Europeo de Liberales y Demócratas (ALDE).

En la tradición liberal la nación no se considera como último objetivo, sino la primera etapa para la conquista de la libertad. Ningún liberal pondrá jamás la nación por delante de la libertad, pero todos hablarán de nación como principio de libertad, como comienzo del Estado de Derecho.

Hay una gran contradicción entre el concepto de nación de los liberales y el concepto de nación de los nacionalistas, para los primeros la nación es un punto de partida para la construcción de un mundo mejor, para los nacionalistas es un punto de llegada y a partir de su consecución se abre el abismo de todas las posibilidades.

Un liberal no sacrifica la libertad, la igualdad o la justicia a la nación, un nacionalista sacrifica todo lo que sea necesario, e impone las reglas más inicuas para lograr su propósito, desde la opresión a la violencia, desde el sectarismo a la exclusión de los discrepantes.

Los liberales queremos una España fuerte, un marco común definido, porque sólo así consideramos posible el logro de mayores cotas de libertad, igualdad y justicia. Los liberales queremos que se respete la Constitución, porque sólo así nos libraremos de los que pretenden arrimar el áscua a sus respectivas sardinas. Los liberales sabemos que el bienestar se reparte mejor desde criterios comunes, que desde consideraciones particulares.

En épocas confusas como la actual, disponer de un marco definido de movimientos y unas reglas de comportamiento establecidas, es lo único que nos puede salvar de la catástrofe que se avecina para los que no tengan las cosas claras y no sepan en que equipo están jugando.

Por eso los principios liberales siempre han tenido buena aceptación entre los ciudadanos, porque es la única ideología no sectaria, la única que amenaza a la corrupción política y económica, y la única que está comprometida en la defensa de todos los españoles, y no exclusivamente de los que apoyan a una determinada formación política. No hay pesebres liberales, y eso tiene mucho que ver con la escasa defensa que se hace de los principios liberales desde los medios de comunicación, tan acostumbrados a la subvención. Tampoco hay injusticias liberales, ni opresiones liberales, ni privilegios liberales.

Los españoles siempre hemos sabido distinguir el trigo de la paja cuando ha llegado el momento. En los comienzos de la transición confiamos en Adolfo Suárez y aquella UCD imposible, más tarde, cuando el tren estaba en marcha, dejamos de confiar en la ideología liberal, que fue la única que logró algo prácticamente imposible desde entonces: poner a los españoles de acuerdo.

Hoy, en su enfermedad, Adolfo Suárez hace tiempo que ya no está entre nosotros, pero su espíritu liberal, el de un auténtico padre de la patria, también es el paradigma de un español de bien, y la memoria que él ha perdido es la memoria que atesoramos todos sus compatriotas; desde entonces, todos los que le continuaron en la representación colectiva, se han dedicado a barrer para su casa y crecer sus patrimonios personales y los de sus amigos.

Tal vez ahora, después de los años, los españoles estemos preparados para saber lo que realmente nos conviene, tras haber contemplado que es lo que hacen los no liberales cuando tienen el poder en sus manos; no se puede seguir esperando, ha llegado la hora de defender lo común ante todos los sectarismos, porque lo común es de todos y no admite fragmentación. La defensa de lo común es una cuestión liberal, porque se fundamenta en la justicia y no en el despotismo.


Biante de Priena

sábado, 7 de marzo de 2009

Tayllerand y Fouché en la justicia española

Este ilustre personaje de los medios de comunicación que es Baltasar Garzón, que ha sustituido el Código Penal por las esencias de crónicas marcianas, parece que no va a recibir ninguna sanción por la misma razón que el Ministro de Justicia, Mariano Bermejo, ha tenido que presentar su dimisión ayudado por el ostracismo de sus compañeros.

De los dos personajes de la cacería, me quedo con Bermejo, a pesar de la repugnancia que me provoca su idealismo, pero tiene un matiz “anguiteño” de tentar al manso desde su posición incontrovertible, de arreglarse áticos y acudir a cacerías gratis total. Denota la soberbia del que sabe que se merece el premio, porque ha luchado contra el enemigo en todos los frentes y nadie puede echarle en cara que no ha hecho por el PSOE lo que fuera necesario, y poco le ha faltado para decir que ahora sus propios compañeros le denuncian por ilegal, cuando todos saben lo que ocurrió con el tercer grado de Mario Conde. Bermejo es un Tayllerand, siempre cae para volver a levantarse.

Garzón no, el juez permanece en el estrellato pase lo que pase, como Fouché, solo se aparta para regresar, pero siempre está en el candelero. De la judicatura a la política y de la política a la judicatura, en un vaivén que horrorizaría a Montesquieu. Pero algo tendrá cuando su rival Gómez de Líaño, al que acusó Garzón como testigo en el caso Sogecable, se deja decir lo siguiente:

"No veo ningún indicio racional para pensar que hay prevaricación en la actuación de Garzón", ha añadido el ex magistrado, que ha señalado que este tipo penal consiste en dictar resoluciones injustas a sabiendas de que lo son y que en la investigación "no hay resoluciones, el juez sólo busca los elementos necesarios para elevar sus exposiciones razonadas a los tribunales superiores".

Garzón, como Fouché, juega a ser imprescindible tanto para perseguir a ETA, como para perseguir al PP, según convenga al gobierno de turno. Se va de cacería con vestimenta recién estrenada con el Ministro de Justicia, una fiscal relevante y el Comisario Jefe de la Policía Judicial, ¿y qué hay de malo?. La gente se reúne con sus amigos, ¿por qué no iba a hacerlo Garzón?.

Tiene razón Gómez de Liaño al denunciar la inutilidad de las acusaciones del PP por prevaricación, porque su antiguo compañero es capaz de presentarse a las elecciones como número dos por Madrid, sabiendo que el número uno está en la picota, por si ocurre un milagro que le lleve a los altares.

Don Baltasar Garzón, al igual que Fouché, es capaz de pasearse entre la mierda y salir oliendo a Armani, todo el mundo sabe de sus artes y de sus partes, pero nadie puede demostrar que él haya tenido que ver en nada. A esta actitud respaldada por el poder de forma directa o indirecta, se le llamaba antiguamente patente de corso, y era la concesión de establecer acciones contra los enemigos de la causa, que concedían los poderosos a sus seguidores.

Garzón es un juez fiscal, que siempre actúa con intención política, que siempre defiende una causa, la misma, como el duque de Otranto, la de aquel buen vasallo que sirve al que se encuentre en el poder. Napoleón sabía que era así, y en su exilio último en Santa Helena se murió haciéndose una pregunta, si la causa de su caída había sido no tener en cuenta la capacidad de respuesta tendría España ante una invasión colonizadora o las manipulaciones de Tayllerand y Fouché.

Por qué estos personajes son supervivientes, y sin duda serán, los que acudan algún día a la tumba política de aquellos a quienes han servido con una gran corona de flores de plástico, en la que dirá con grandes letras doradas: tus amigos no te olvidan, posiblemente pagada con fondos públicos.

Biante de Priena

TELA_NIBEY_SE_RACUMANASIONS_001

Prenta un gïskyl o festa un flay esta noch y pas·sa un bonrat.



Sita fas un flay, a pantalla cumplerta.

ALASKAL, VACARISS Y FADARIC
http://www.youtube.com/watch?v=dSnQtv5bjyk
ESC par surti cuansa cabi al flay.

¡¡CA TIEMBLIN ALS "ROURES"!!

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