Lamentablemente,
en España se ha abierto la veda de los pardillos electorales, así que no es
extraño que los cazadores salgan a los medios de comunicación y las redes
sociales con sus intoxicaciones y chorradas a ver cuántos panolis se llevan al
coto de las siglas que representan, habitualmente unas organizaciones mafiosas
que se vienen denominando erróneamente como partidos políticos.
Alguien
debería recordarle a los talibanes del pleonasmo que en este país cada uno
puede creer en lo que le venga en gana, pero al igual que ellos se lo permiten
a sí mismos, deberían concederle a los demás la misma condición, no es
obligatorio, todavía, creer en imbecilidades, ni tampoco en imbéciles. Que si
bien la libertad de expresión es un derecho, la de impresión es un acto de
violencia, fundamentalmente cuando es en contra de la voluntad manifiesta de los
interlocutores.
Mal
vamos si la patulea de hechiceros que se acantonan en las hordas
propagandistas, se dedican a pensar que los escenarios de comunicación
existentes en este país son centros de reeducación camboyanos, gulags o
cementerios de cualquier idea que no sea la suya. Hay gente que se aprovecha de
la democracia sin ser demócrata, para imponer precisamente su demolición, como
quien no quiere la cosa y se quedan tan frescos.
Algo
tan sencillo de comprender, cada día resulta más difícil en estos páramos de la
ignorancia irredenta que nos ha tocado vivir, en los que cualquier aguerrido
pazguato nos invita a abrazar su fe como la única que nos concederá salvación
en el más acá y en el más allá, sea con chatarra chavista, altermundismos de
todo a un euro, o aventuras diseñadas desde alguna sociedad de beneficencia de
las que denunciaba Karl Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte. Esto se está
llenando de decembristas y “sans culottes” buscando un Robespierre con coleta
que ponga orden y subvenciones para todos.
¿Y al
otro lado del destino que tenemos?, pues una casta de impresentables que
pretenden volver a presentarse a las elecciones sin haber rendido cuenta de sus
delitos y sus desmanes, perdonándose a sí mismos las responsabilidades del
desfalco de las cajas de ahorros, los ERES, los hechos diferenciales de
llevarse la pasta de todos a Suiza y las concesiones corruptas a empresarios de
pesebre, que supuestamente hicieron rico a Bárcenas y alguno más del PP.
Claro
que es cierto que en este país hay una colección de garrulos que se dedicaron a
hacer de la democracia su cortijo, abusando de su poder para concederse
privilegios a costa de los perjuicios que ocasionaron a los ciudadanos de este
país que, embaucados, confiaron en sus programas y promesas; son los princeps inter pares, que ejercieron el
despotismo, negando sin interrupción que ellos o sus compañeros son unos
crápulas con el mismo desparpajo que los actuales gobernantes griegos nos
invitan a ser idiotas. ¿Pero de qué va esta patulea de chorizos que tendría que
estar en la cárcel?
Sin
duda lo más inefable de todo este crimen contra la razón es que todavía haya petimetres con ínfulas de pretores morales, dispuestos a convencernos de que
con estos mimbres se puede alcanzar algo parecido a una democracia con acudir a
las urnas cuando manden y votar por quienes ellos nos indiquen.
Es fascinante
la jeta que se gastan entre todos los partidarios para sostener un régimen corrupto,
anacrónico, desprestigiado, inútil y estúpido, que solo beneficia a los que
mandan y perjudica a todos los que deben obedecer sus ocurrencias, de las que no rinden cuentas ni a dios, ni al diablo, ni a los que se las pagamos. ¿De qué grotesco escenario de los tiempos ha salido esta tragicomedia con aroma de sainete y farsa?
Con esta
corte de los milagros lo mejor que nos puede ocurrir es que nos invadan los
extraterrestres, aunque sea con intenciones perversas, seguramente que por
inexpertos, nos causarían menos daño que todo este enjambre depredador de parásitos.
¿Cómo se puede ser tan soberbio para pensar que la mejor
forma que tenemos los españoles de resolver nuestros problemas es regresar al
tercermundismo (versión colectiva, de todos iguales o versión cacicato, de
todos desiguales), del que tanto tiempo, esfuerzos, sufrimiento y vidas les costó a
nuestros antepasados superarlo?
¿Nos quieren hacer idiotas exclusivamente para que sus delirios
sean posibles y puedan seguir disfrutando de los privilegios inmerecidos que se
han concedido a nuestra costa hasta ahora?. Pues el futuro está en nuestras manos, no en sus urnas.
Alguien debía recordar estas cosas en estos tiempos y hoy me ha
tocado a mí.
Enrique
Suárez




