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domingo, 22 de febrero de 2015

Entre el desdén y la misericordia


Lamentablemente, en España se ha abierto la veda de los pardillos electorales, así que no es extraño que los cazadores salgan a los medios de comunicación y las redes sociales con sus intoxicaciones y chorradas a ver cuántos panolis se llevan al coto de las siglas que representan, habitualmente unas organizaciones mafiosas que se vienen denominando erróneamente como partidos políticos.

Alguien debería recordarle a los talibanes del pleonasmo que en este país cada uno puede creer en lo que le venga en gana, pero al igual que ellos se lo permiten a sí mismos, deberían concederle a los demás la misma condición, no es obligatorio, todavía, creer en imbecilidades, ni tampoco en imbéciles. Que si bien la libertad de expresión es un derecho, la de impresión es un acto de violencia, fundamentalmente cuando es en contra de la voluntad manifiesta de los interlocutores.

Mal vamos si la patulea de hechiceros que se acantonan en las hordas propagandistas, se dedican a pensar que los escenarios de comunicación existentes en este país son centros de reeducación camboyanos, gulags o cementerios de cualquier idea que no sea la suya. Hay gente que se aprovecha de la democracia sin ser demócrata, para imponer precisamente su demolición, como quien no quiere la cosa y se quedan tan frescos.

Algo tan sencillo de comprender, cada día resulta más difícil en estos páramos de la ignorancia irredenta que nos ha tocado vivir, en los que cualquier aguerrido pazguato nos invita a abrazar su fe como la única que nos concederá salvación en el más acá y en el más allá, sea con chatarra chavista, altermundismos de todo a un euro, o aventuras diseñadas desde alguna sociedad de beneficencia de las que denunciaba Karl Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte. Esto se está llenando de decembristas y “sans culottes” buscando un Robespierre con coleta que ponga orden y subvenciones para todos.

¿Y al otro lado del destino que tenemos?, pues una casta de impresentables que pretenden volver a presentarse a las elecciones sin haber rendido cuenta de sus delitos y sus desmanes, perdonándose a sí mismos las responsabilidades del desfalco de las cajas de ahorros, los ERES, los hechos diferenciales de llevarse la pasta de todos a Suiza y las concesiones corruptas a empresarios de pesebre, que supuestamente hicieron rico a Bárcenas y alguno más del PP.

Claro que es cierto que en este país hay una colección de garrulos que se dedicaron a hacer de la democracia su cortijo, abusando de su poder para concederse privilegios a costa de los perjuicios que ocasionaron a los ciudadanos de este país que, embaucados, confiaron en sus programas y promesas; son los princeps inter pares, que ejercieron el despotismo, negando sin interrupción que ellos o sus compañeros son unos crápulas con el mismo desparpajo que los actuales gobernantes griegos nos invitan a ser idiotas. ¿Pero de qué va esta patulea de chorizos que tendría que estar en la cárcel?

Sin duda lo más inefable de todo este crimen contra la razón es que todavía haya petimetres con ínfulas de pretores morales, dispuestos a convencernos de que con estos mimbres se puede alcanzar algo parecido a una democracia con acudir a las urnas cuando manden y votar por quienes ellos nos indiquen.

Es fascinante la jeta que se gastan entre todos los partidarios para sostener un régimen corrupto, anacrónico, desprestigiado, inútil y estúpido, que solo beneficia a los que mandan y perjudica a todos los que deben obedecer sus ocurrencias, de las que no rinden cuentas ni a dios, ni al diablo, ni a los que se las pagamos. ¿De qué grotesco escenario de los tiempos ha salido esta tragicomedia con aroma de sainete y farsa?

Con esta corte de los milagros lo mejor que nos puede ocurrir es que nos invadan los extraterrestres, aunque sea con intenciones perversas, seguramente que por inexpertos, nos causarían menos daño que todo este enjambre depredador de parásitos.

¿Cómo se puede ser tan soberbio para  pensar que la mejor forma que tenemos los españoles de resolver nuestros problemas es regresar al tercermundismo (versión colectiva, de todos iguales o versión cacicato, de todos desiguales), del que tanto tiempo, esfuerzos, sufrimiento y vidas les costó a nuestros antepasados superarlo?

¿Nos quieren hacer idiotas exclusivamente para que sus delirios sean posibles y puedan seguir disfrutando de los privilegios inmerecidos que se han concedido a nuestra costa hasta ahora?. Pues el futuro está en nuestras manos, no en sus urnas.

Alguien debía recordar estas cosas en estos tiempos y hoy me ha tocado a mí.

Enrique Suárez




jueves, 30 de octubre de 2014

Del Estado del Bienestar al Tercermundismo





Recuerdo a un presidente del Gobierno que llegó a este país defendiendo el progreso y aniquiló el Estado del Bienestar en siete años y recuerdo a otro que llegó a La Moncloa diciendo que iba a bajar impuestos y ha conseguido en menos de dos años que nunca hayan subido más. La moraleja de lo anterior es sencilla, no creas a los presidentes del gobierno españoles, siempre mienten y de sus mentiras se derivan las mentiras y la corrupción de todos los lameculos que conforman la jerarquía piramidal que los sostiene. 

Cierto es que a todos ellos una parte de la gente de este país les ha dado su apoyo en las urnas,  porque todavía hay una minoría que considera que no votar es fascista, y hay que votar por cualquiera, si no te gusta uno, que sea otro, pero votar es ser demócrata; esa consideración es tan simple y estúpida como considerarse un pájaro por ir en avión de Madrid a Sevilla, al fin y al cabo, los pájaros vuelan, lo que no quiere decir que todo lo que vuele sean pájaros, los murciélagos también vuelan y son mamíferos.

Cuando José Ortega y Gasset anunció en La Rebelión de las Masas la decadencia que aconteció en la II Guerra Mundial y nuestra Guerra Civil, consideró que el hombre-masa era el niño mimado que había recibido lo que no le correspondía por su propio esfuerzo y que cuando dejaba de recibirlo siempre buscaba responsables en aquellos que no se lo concedían. Ayn Rand y Hayek también se ocuparon del tema.

La filosofía propia del Tercermundismo es muy simple, cualquier analfabeto puede llegar a comprenderla, cuando hay pobres es porque los ricos se han llevado lo suyo, sean otras personas u otros países. También es la filosofía de Podemos, en la que la ética de la irresponsabilidad compite con la ética de la intransigencia. En el Tercermundismo si alguien no trabaja, es por culpa del capitalismo, no porque los crápulas que estén en su gobierno no sean unos ineptos o unos depravados corruptos.

Ciertamente se puede decir que España ha perdido bienestar en su Estado, pero conserva buena parte de su Estado de Bienestar, pero también es cierto que se ha perdido poder adquisitivo con la crisis económica, el despilfarro del PSOE y la austeridad impostada del PP, que no ha reducido el gasto público, a pesar de ser más del que nos podemos permitir, por eso la deuda pública sigue creciendo a razón de más de 100.000 millones de euros al  año, nos han asfixiado a impuestos y han puesto tantas cargas sobre las empresas que se ha destruido más de un millón de puestos de trabajo en el periodo de gobierno de Rajoy, que se suman a los tres millones y medio que se perdieron con Zapatero.

Si la política económica del PSOE era tercermundista por el desfalco que ocasionó en los recursos públicos (el 90 % de los casos de corrupción que hoy estamos conociendo provienen de la época en que gobernaba Zapatero en España), la política social del PP también es tercermundista, no teniendo en cuenta los graves efectos de la crisis económica prolongada sobre los esquilmados y abrumados ciudadanos de este país.

Por tanto no es extravagante que en este país surja una opción política como Podemos que en su discronía y distopía, pretenda convertir a los españoles en bolivianos, sin tener en cuenta que los diez millones de bolivianos producen en su conjunto lo mismo que un millón de malagueños, y Evo Morales, reelecto presidente de Bolivia, renuncie a su indigenismo para abrazar la coleta de Pablo Iglesias, que fue su asesor, para hacerse con el poder en Bolivia.

Los más avispados lectores se habrán dado cuenta de que toda esta farsa representada es un simulacro, un “reality show” a gran escala, una parodia, que se han organizado entre los de la casta y los de Podemos para entretener al personal mientras se sigue sin dar soluciones a los problemas reales de este país, al igual que la independencia de Cataluña o la pantomima purista que se han montado en el PSOE, el rasgamiento de vestiduras de IU, CCOO y UGT, o la petición de perdón de Mariano Rajoy.

Embriaga de surrealismo el espectáculo político que nos brindan los que dicen representarnos y exclusivamente representan sus intereses, personales o sectarios. Y la memez alcanza el apogeo, cuando se plantea una encrucijada política entre elegir a los miembros de la casta en las urnas o como única alternativa, a los chicos de Pablo Iglesias, su coleta y su comunismo, y no hay más para los que organizan el cotarro. 

Verán ustedes, para mí es fácil la decisión, ni unos, ni otros, y creo que para el 58 % de los españoles que no acudieron a las urnas para votar por alguien en las pasadas elecciones europeas también está claro. La casta me recuerda la hyibris de Creso, que cegado por su desmesura lo acabó perdiendo todo, pero Podemos me recuerda a Ícaro, que con alas de cera quiso aproximarse al sol en un acto de insólita soberbia. 

Está claro que vivimos un presente-pasado, porque ambas opciones tienen tanto futuro de gobernar este país como posibilidades de que Franco resucite; un país no retrocede tan fácilmente “por su bien”, aunque no dejen de aconsejarlo hasta el hastío desde los medios de comunicación y propaganda aderezados con dinero público; creo que al final, este país saldará sus cuentas con los mafiosos que han ocupado, el poder político y financiero, la justicia y los medios de comunicación durante la última década, pero el lumpen que han dejado en las cunetas del camino, unos y otros, tiene tantas posibilidades de acceder al poder como Peter Pan de hacerse adulto, aunque es cierto que el eterno infante también sabe volar, como Ícaro, aunque sea en sus sueños.

El mayor problema que tenemos los españoles es ver como se pierde el tiempo sin resolver los problemas de este país, mientras nos ofrecen un magnífico espectáculo desde el poder, que por supuesto, vamos a pagar entre todos. Al final, la culpa de todo será de los ciudadanos de este país por no haberse enfrentado a tanto miserable a tiempo, porque como esperemos que se resuelvan las cosas con las medidas anticorrupción del PSOE de Pedro Sánchez, las disculpas del lector del Marca que es Mariano Rajoy o las ocurrencias de los líderes de Podemos, nos veremos secuestrados en las mazmorras decadentes de sus intereses en contra de los nuestros para las próximas décadas. La casta, Podemos y los demás, no se han enterado de que la política ya no es la mano de Dios en el poder y el destino de los seres humanos, que anticuados están y que poco les queda.

Enrique Suárez

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