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miércoles, 2 de julio de 2014

El divorcio entre el poder y la política



Recientemente, el Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman, sociólogo perenne, nos hablaba de la disgregación existente entre el poder y la política en la época actual, una condición que se encuentra presente en la raíz de los problemas representativos vigentes.

Una sociedad intercomunicada como la del siglo XXI abjura cada día más de una intermediación entre sus deseos y voluntad y los hechos de poder establecidos por los representantes políticos que forman los órganos de decisión. Realmente Poder y Política, al contrario de lo que la mayoría de la gente pueda pensar no son términos que se encuentren en correlación absoluta, sino relativa y parcial, en todas las comunidades democráticas de las sociedades avanzadas. 

Quizás el factor más importante para que tal cosa ocurra ha sido el paulatino secuestro de la democracia por el poder político, en particular, por las instituciones representativas reconocidas como partidos políticos. Los partidos políticos son intermediarios entre la voluntad popular y el ejercicio del poder, pero también son organizaciones de poder en sí mismas, en la mayoría de las ocasiones ajenas a la democracia, que sólo sirve de envoltorio a las decisiones de autoridad que provienen de sus respectivas direcciones políticas.

En la Antigua Grecia, origen de la democracia, no estaban permitidos los partidos políticos porque se consideraban instrumentos de presión sectaria que buscaban esencialmente sus propios intereses y la acumulación de privilegios para sus miembros,  ajenos a los intereses generales de los ciudadanos.

La relación entre política y poder ha sufrido aproximaciones y alejamientos a lo largo de la historia, mientras Platón y Aristóteles consideraban que la política consistía en encontrar la mejor forma de Gobierno (poder) que facilitara la felicidad a los ciudadanos, en la Edad Media, Nicolás Maquiavelo consideró que el fin de la política era el logro del poder y su perpetuación en él. Aquí surge la disgregación, porque desde entonces poder y política corresponden a epistemes diferentes, el poder se mide en términos de acumulación de recursos, mientras que la política lo hace en términos de convicción a los ciudadanos. En los albores de la ilustración la política se conforma en torno a dos grandes ideas fuerza, la voluntad general de Rousseau y el contrato social entre gobernados y gobernantes, y la aparición del Estado de Hobbes, con la condición de súbditos para los ciudadanos y la de soberano para el Rey. También aparece la división de poderes, ejecutivo, legislativo y judicial (Montesquieu) y las diversas funciones del Estado (Locke).

El Poder se asocia desde entonces al Estado y la política se convierte en intermediario entre la sociedad civil  y el Estado. Mientras que los partidos políticos inician el despojo político de la sociedad civil, desposeyéndola de cualquier otro poder que su soberanía o función legitimadora. La democracia se convierte en despotismo, el gobierno del pueblo y para el pueblo, pero sin el pueblo.

En busca de la isocracia

Como Max Weber, Robert Michels y Gaetano Mosca, nos explican, entre otros muchos como el poder se va acumulando en unas determinadas élites administrativas que acotan todas las funciones del Estado, surge de esta forma una emulación de casta poderosa que se apropia de todos los órganos de poder y las instituciones desde las que se ejerce y arrebata a los ciudadanos cualquier decisión sobre su destino. Los ciudadanos sólo pueden votar desde entonces por aquellos que deciden desde las jefaturas de los partidos, para que hagan lo que les prometen hacer y que evidentemente no hacen. La política a su vez se va cerrando exclusivamente a la representación política ejercida desde los partidos políticos, quedando los ciudadanos desterrados de tomar decisiones sobre sus vidas, obras y futuro, que sólo quedan en manos de los políticos.

La democracia secuestrada por los partidos políticos se convierte en un magnífico instrumento de poder, cuando en su origen había sido precisamente lo contrario, un instrumento de control del poder y su acumulación en un grupo reducido de personas, que hacen las leyes para su propio autocontrol, toman las decisiones para su aforamiento y limitan el ejercicio de la justicia en función de sus intereses.

Prácticamente esa es la democracia que disfrutamos hoy en día, una mezcla de demagogia y despotismo, una farsa, una pantomima,  donde ha desaparecido la isocracia (igualdad entre gobernantes y gobernados), la isonomia (igualdad ante las leyes) y la isegoría (igualdad entre todos los ciudadanos para hablar a la asamblea). No puede haber democracia cuando todos los elegibles surgen desde el poder y sólo pueden ser ratificados o no, por los electores, porque el sufragio universal, libre y directo deviene en alguna forma de sufragio censitario, donde sólo aquellos que forman parte de los partidos políticos y reciben la bendición del poder de sus jefes pueden ser elegibles y aquellos que los alzan al poder sólo pueden decidir sobre lo que ya han decidido otros desde el poder.

La única cuestión a dirimir en un futuro inmediato, es cuánto tiempo le queda de vida a este sistema democrático degradado desde el poder, en el que siempre los mismos van cambiando de manos el poder, y los privilegios y beneficios que le acompañan, ante la atónita mirada de aquellos que sólo tenemos como función cívica pagarles el espectáculo para que se sigan riendo de nosotros, acusándonos de no ser buenos ciudadanos si no aceptamos su usurpación, impostura y detentación como la única opción posible de representación política. Creo que va siendo hora de civilizar al poder político, porque la representación política podía ser válida en sociedades analfabetas e incomunicadas, pero es un auténtico anacronismo en sociedades intercomunicadas de forma instantánea y con numerosos ciudadanos que tienen posiblemente mayor formación intelectual y recursos, que aquellos que les representan.

Enrique Suárez

lunes, 30 de junio de 2014

La pobreza infantil incrementa la propaganda en España



"El periodismo consiste esencialmente en decir 'lord Jones ha muerto' a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo." Gilbert Keith Chesterton

Durante los últimos meses estamos asistiendo en este país a una campaña insólita, sin precedentes, sobre el grave problema de la pobreza infantil, siendo el enésimo ejemplo de intoxicación a que nos somete un sector político de este país, coincidiendo con el auge de las posiciones más extremas (IU, Podemos) y moderadas (UPyD, C´s) de la izquierda y la decadencia del PSOE.

Sin duda, el resultado obtenido por el PSOE en las pasadas elecciones europeas en las que perdió un 40 % de sus apoyos electorales, al igual que el PP, dejando sus votos en 3,5 millones, más la crisis interna en la que vive con la dimisión de su secretario general y también el del PSC, haya abierto expectativas de “asalto al poder” para las opciones más radicales, que se han lanzado a la conquista de la opinión pública en una cruzada singular y sin precedentes.

Les recomiendo encarecidamente para estos tiempos la lectura de un escrito político de Frèdèric Bastiat: "Lo que se ve y lo que no se ve", y en particular su “paradigma del cristalero”, que les relato a continuación de forma breve. Había en cierta ciudad francesa un cristalero que se había quedado sin trabajo debido a la escasa quiebra de cristales en los últimos tiempos, de tal forma que un día decidió cambiar esa situación, por las noches se embozaba y bien provisto de piedras, salía a la calle dispuesto a romper los cristales de sus vecinos al descuido, teniendo así, asegurado el trabajo al día siguiente, su negocio desde entonces fue floreciente.

Desmontando una intoxicación

Tal vez les sorprenda, o tal vez no, lo que les contaré a continuación, la pobreza infantil en España más o menos se ha mantenido igual desde 1994 hasta ahora, es decir, desde 1994 que logró descender por primera vez del 24 %, nunca ha vuelto a hacerlo, durante los últimos veinte años este país ha tenido un elevada tasa de pobreza infantil mantenida con gobiernos del PSOE y del PP, según datos de UNICEF. A mediados de 2013, según datos de la Presidenta de  UNICEF, la pobreza infantil había alcanzado el 27 %, sin embargo los titulares sobre el tema se han multiplicado por 100 desde entonces. ¿A qué se debe esta circunstancia?



Evidentemente, lo que está claro es que durante el gobierno anterior los pastores de la opinión pública se dedicaron a ocultar este dato a los españoles, aunque en este blog se denunció en 2007, gobernando el PSOE, que la pobreza infantil había alcanzado en España el 25 %, a nadie pareció importarle demasiado. Entonces no tocaba. Sin embargo ahora si toca, los niños pasando hambre es un buen cartel para agredir al gobierno y confundir a la opinión pública insistiendo en que todo va mucho peor, lo que posiblemente sea cierto, pero no en el caso de la pobreza infantil, que si va algo peor, no mucho peor, partiendo de que siempre fue mal desde hace veinte años. Cabe entonces hacerse una pregunta: Cui Prodest?

La cruzada de los propagandistas anónimos

En este apartado entramos en el mundo de las conjeturas, pero ofreceré algunas hipótesis:

Alguna ONG, como por ejemplo “Save the Children” ha estado dirigida por expertos en comunicación afines al Presidente del Gobierno anterior, en 2007 como José Miguel Contreras, Consejero Delegado de La Sexta de 2006 a 2012, uno de “los brujos visitadores” que denunció Cebrián en el asalto al imperio mediático de PRISA, por parte de la ambiciosa izquierda caviar, que posiblemente esté tras la invención del fenómeno de Pablo Iglesias, como se denunció en este blog recientemente, con interés de promover la candidatura de Carme Chacón por el PSOE en las próximas elecciones generales.

Por otra parte está la lucha de los trabajadores del sector público y social por su puesto de trabajo, ante la amenaza de amortizar las plazas innecesarias en la próxima ley del PP. Lo cierto es que el sector público, ha sido el único en el que ha crecido el empleo a lo largo de toda lacrisis, pues si bien se ha pasado de 3,2 millones, a 2,85, en realidad esto se debe a que se han externalizado buena parte de estos puestos de trabajo a empresas públicas o parapúblicas, a cargo de fondos del Estado. Recientemente la UGT agradecía al gobierno, mantener en el sector público los puestos de trabajo “no necesarios” adquiridos de forma "irregular". Que nadie se olvide que España ocupa el puesto número cuatro por la cola en el porcentaje de funcionarios y sin embargo tiene la mayor tasa de empleados públicos de Europa por población activa con trabajo. En Extremadura, por ejemplo, uno de cada tres trabajadores es un empleado público.

Y por último está el abandono de la opinión pública del Gobierno y del PP, que ha hecho mutis por el foro en responder a estas intoxicaciones para no enzarzarse en una lucha sin fin por la razón,  pues en la vieja escuela de propaganda de Arriola, el sociólogo de cabecera del PP desde hace veinte años, se sabe que la psicología del rumor es espuma que desaparece el día que se presentan los datos correctos sobre lo que ocurre, dejando crecer los bulos, para así deslegitimar a las fuentes cuando el momento sea preciso. De esta forma no se habla de otras cosas que podrían ser más perjudiciales para el gobierno, al Gobierno le interesa que haya muchas intoxicaciones, así no se habla de los problemas reales y la opinión pública sigue distraída.

Lo que está claro es que la opinión pública española cada día está más manipulada e inerme –los medios de comunicación se venden al mejor postor- ante las intoxicaciones y la propaganda, que fluye por las redes sociales sin fin, más que nada porque hay mucha gente dispuesta a hacerla fluir, posiblemente en defensa de sus propios intereses. Ya saben ustedes que Joseph Goebbels, el asesor de propaganda nazi, decía que una mentira repetida mil veces se acababa convirtiendo en una verdad.

Les recomiendo que a partir de ahora no se crean nada que no esté contrastado por diversas fuentes y datos oficiales o de credibilidad consistente,  y cuando se trate de un análisis sincrónico de los hechos actuales, no se olviden de hacer una comparación con los hechos diacrónicos de los últimos veinte años, porque seguramente se llevarán una sorpresa. No se crean nada, háganme caso, Zapatero llegó al poder ofreciendo pleno empleo y se fue dejando la tasa de paro más elevada de la historia de España y Rajoy llegó diciendo que iba a bajar los impuestos y todavía no han dejado de subir.

Enrique Suárez


viernes, 27 de junio de 2014

UGT felicita al PP por mantener a los empleados públicos innecesarios y colocados de forma irregular

Sí, a mí me ocurrió lo mismo, también volví a leer la noticia, hasta... tres veces, pero al final comprobé que no me engañaban mis ojos: era cierta.
"La Federación de Servicios Públicos de UGT (FSP-UGT) ha celebrado este viernes que el PP, "por una vez atendiera a razones" y procediera a retirar dos de sus enmiendas en el Senado al proyecto de Ley de racionalización del sector público, con las que pretendía modificar el Estatuto Básico del Empleado Público y abrir la puerta a AMORTIZAR puestos de trabajo NO CONSIDERADOS NECESARIOS cuando han sido cubiertos de manera IRREGULAR"
Parece ser que al menos 50.000 empleados públicos están en esta condición (?)

Una noticia como esta en un país que ronda los seis millones de parados es realmente espeluznante por tres motivos:

1) se reconoce que hay empleados públicos innecesarios colocados de forma irregular, en las administraciones públicas, es decir ENCHUFADOS, más o menos 50.000, cuyo sueldo pagamos los españoles todos los meses.

2) UGT defiende a los "enchufados" sin recato alguno

3) El PP acepta que sigan ahí mientras los españoles les pagamos el sueldo todos los meses con la asfixia a que nos somete el Gobierno con sus impuestos y el incremento paulatino de la deuda pública. Por tanto reconoce que hay empleados públicos enchufados y no hace nada para despedirlos.

En algunos lugares están comenzando a salir LISTAS DE LA VERGÜENZA de empleados públicos enchufados, y que casualidad, resulta que muchos son de la UGT. A ver si va animando la cosa. Sólo en la Junta de Andalucía, el juez declaró ilegal en 2013, el contrato de más de 2.000 enchufados

La noticia se puede leer aquí procurada por Europa Press

Enrique Suárez


Entre el despotismo de los chorizos y el totalitarismo benefactor con coleta





Desde hace unos meses, se está produciendo en este país un fenómeno singular y sugerente: el asalto a la democracia por parte de los totalitarios de los partidos radicales de extrema izquierda y nacionalistas de la kale borroka, dispuestos a mostrarnos sus afinidades y veleidades, en un desfile del orgullo macarra, sin precedentes históricos.

Cuando en un país europeo en pleno siglo XXI, las soflamas y proclamas de los totalitarios no resultan estridentes y contestadas de inmediato por los demócratas, es síntoma de que la libertad de expresión ha alcanzado su apogeo, en este país hay gente que piensa que haber recibido unos millones de votos les permite imponer su voluntad por la gracia de una coleta. Los movimientos mesiánicos siempre tienen mal pronóstico en las democracias y son más propios de regímenes fanáticos o folclóricos. Un programa de “amor al tercermundismo” para alcanzar la suprema felicidad social, no es precisamente lo que este país necesita para superar la crisis.

Cierto es que la casta de impresentables que existe en este país viviendo de la representación política difícilmente puede exigir moralidad a los demás cuando ha vivido en la corrupción, el desfalco, la perversión y la insania, cuando ha comprado por subvenciones  medios de comunicación para que repitan su eco, cuando tiene a la justicia domesticada y sometida a su servicio, cuando utiliza las instituciones en su propio interés y beneficio, cuando ha dejado de servir al pueblo, para servirse de él, no puede exigir lo que no da, reclamar lo que no ofrece.

Pero los españoles, que en inmensa mayoría estamos tan hartos de la casta de los impresentables,  como de las opciones radicales que justifican la violencia siempre que sea en interés de sus intereses, mientras todos viven de nosotros, no creo que soportemos demasiado tiempo la impunidad de la casta que no ha reconocido sus delitos y purgado sus responsabilidades, ni las protestas de los totalitarios que tratan de hacer su agosto en la confusión existente. Todo tiene un límite y creo que estamos a punto de rebasarlo, que eso es lo que buscan en realidad los totalitarios para cultivar el clima que más favorece a sus pretensiones. A ambas opciones, se les olvida que su guerra es un conflicto de una minoría, pues en las pasadas elecciones todos los partidos recibieron solamente un 42 % de apoyos electorales, la mayoría de los españoles no acudieron a las urnas, y esperan en estoico silencio que se destruyan o se aniquilen políticamente los partidarios de cualquier opción política, para regenerar el sistema y desparasitarlo de depredadores. 

Sin embargo hay síntomas que muestran la grieta que está apareciendo en nuestra democracia, y que sin duda serán el inicio de una nueva etapa en la representación política de este país.

La degeneración que no cesa

Uno de ellos ha sido, que  un camarero que se ha atrevido a denunciar al líder de Podemos por su afinidad con la dictadura venezolana, abandona su trabajo para no perjudicar a su empresa después de cuatro años en la misma, tras haber recibido amenazas y coerciones. Que unido a las declaraciones del líder de Podemos, justificando los crímenes terroristas de ETA porque tienen una explicación política, pone los pelos de punta, hasta los de las pelucas. 

Otro episodio que anuncia cambios es la jubilación honorable y onerosa de una imputada por organizar presuntamente la trama de corrupción en la Junta de Andalucía con partidos y sindicatos, con una fianza de 30 millones de euros, imputada por numerosos delitos, se permita decir que va a pedir su ingreso en la inspección de Hacienda. Otro ha sido la denuncia de la guardia civil, por parte del secretario general de la UGT por detener a los corruptos que habitaban en su sindicato, que se suman a los más de 150 imputados por el asunto de los EREs, que parece haber sido una organización mafiosa creada al albur de la Junta de Andalucía.

Por último, la imputación de la infanta, señora de Urdangarín, repelida de inmediato por el fiscal anticorrupción del caso, que pretende acusar al juez imputador de prevaricación, cierra el círculo. Al igual que haber descubierto que tras un pufo de más de 50.000 millones de euros, todavía no hay ningún directivo de las Cajas de Ahorros en la cárcel y seguimos sin saber dónde está el dinero. Y no quiero olvidarme de una noticia que me ha llamado la atención, que el Tribunal de Cuentas, encargado de vigilar la corrupción política de este país parece que es una gran familia.

Son pequeños detalles que indican el rebosamiento de la paciencia y tolerancia de los españoles, que en su mayoría hemos dejado de confiar en las instituciones de este país y fundamentalmente en sus ocupantes colocados por los partidos políticos en sus direcciones.

Creo que en España se vive en los últimos tiempos un clima de crispación política exacerbado, que se suma a la crisis económica que ha asolado este país. Sin duda estamos en una época de transición entre un régimen que ha perdió cualquier capacidad de regeneración y se ha convertido en reaccionario, y al otro lado todos los que están dispuestos a llevarnos a los gulags de la miseria, como única alternativa.

A mí no me representan ni unos, ni otros, al contrario, ambas opciones me expolian, como a la inmensa mayoría de los españoles que no reciben más que el despojo continuado por parte de la casta, prodigio de mezquindades,  mientras sus novedosos  opositores están dispuestos a condenarnos al totalitarismo por la gracia de una coleta.

Entre el despotismo de unos y el totalitarismo de otros, todavía existe algo que se llama democracia, en la que sobran todos los impostores y usurpadores que nos van a salvar del abismo, sin darse cuenta que son ellos los que precisamente nos arrastran a él; a ver si concluye pronto el estropicio y podemos pasar página sobre este magnífico y es espectacular episodio que nos conceden los hunos y los “hotros”. España no debería pagar a traidores, ni a los chorizos, ni a los cenizos.

Enrique Suárez

lunes, 23 de junio de 2014

Hacia la normalidad política en España






"¿Cuál es el mejor gobierno? El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos." Goethe

Tras los enésimos intentos desestabilizadores que han acontecido, protagonizados por los partidarios de la república, las izquierdas y los nacionalistas, que proponían un referéndum inconstitucional, la sucesión en la Jefatura del Estado se ha producido con absoluta normalidad. Tras la abdicación de su padre, hoy tenemos nuevo Rey, Felipe VI, que viene dispuesto a garantizar el tránsito hacia la normalidad institucional, resquebrajada por la crisis, la corrupción y la desconfianza del pueblo español (83 % en la última encuesta del CIS) en sus representantes políticos.

En una estructura de poder como la que existe en España, organizada con la misma verticalidad que en el franquismo, aunque disfrazada de democracia, resultan interesantes las palabras del nuevo monarca, hablando sin complejos de nuestro país, al que todos los parásitos que aspiran a sucederse a sí mismos en el poder eternamente, tratan de humillar sin interrupción.

El comienzo de la normalidad política en España se produjo el 25 de mayo, con la celebración de las elecciones europeas, en las que los principales partidos de Gobierno del Estado perdieron en su conjunto más de cinco millones de votos y los apartidarios que no acudieron a las urnas o votaron blanco y nulo, superaron el 58 %. Incluso con la presencia novedosa de un partido asambleario y supuestamente enfrentado a los demás por la lucha del poder, es necesario recordar que todos los partidos políticos de este país han sido apoyados en las últimas elecciones por un 42 % de españoles, ahí cabe todo el PSOE, todo el PP, los nacionalistas, Podemos y todas las representaciones partidarias sobredimensionadas en su presencia pública por la propaganda de los medios de comunicación, que se han olvidado que la mayoría de españoles no han acudido a las urnas y por tanto no se sienten representados por los partidarios y sus luchas de poder. Al fin y al cabo, españoles somos todos, los partidarios y los apartidarios, algo que olvidan los partidarios, que son minoría.

La propaganda en una democracia debe ser excluida por ley

Son muchos los que dicen, posiblemente de forma interesada, que los abstencionistas son ajenos a la democracia, cuando posiblemente su respeto a la democracia sea lo que hace que se ausenten de las urnas. Hay protestas que salen todos los días en los periódicos, marchas de dignidad, de indignados, de secesionistas, de diversas plataformas y asociaciones, que en su conjunto no superan los 100.000 asistentes en un país de 46,5 millones de habitantes. Sin embargo se llevan buena parte de la información de los medios, porque siguen empeñadas en la escalada de despropósitos. Al mismo tiempo, 19 millones de españoles apartidarios, se han convertido en mayoría silenciosa y silenciada, que no merecen ni una línea en los diarios importantes.



La sobredimensión de la información política de las posiciones más extremas está tocando a su fin, así como la propaganda organizada por los partidos de izquierda y algunos nacionalistas, para minar la confianza de los españoles en sus instituciones políticas. Algo que se puede comprobar cada día en las redes sociales con miles de noticias, en su inmensa mayoría intoxicaciones o verdades a medias, que nos anticipan que este país está a punto de saltar por los aires de un momento a otro. En este país parece que la pobreza, el paro, la pérdida de poder adquisitivo,  la desigualdad social, y todos los problemas han comenzado con Rajoy, porque antes no existía ninguno, lo que en realidad es una farsa, la pobreza alcanzó su mayor porcentaje con Zapatero, y la desigualdad social que se había reducido con Aznar se ha vuelto a incrementar conlos que le sucedieron. Cierto es que con el Gobierno de Rajoy se han incrementando como nunca los impuestos -habiéndose comprometido a bajarlos en su programa- y los españoless hemos perdido más poder adquisitivo y más rápido con este Gobierno, que en los últimos 30 años.

Sin embargo, parece que se acaba el tiempo para las mentiras, para las exageraciones, para las intoxicaciones y para los cuentos chinos, que conforman la propaganda interesada, mal que les pese a los ruidosos insurrectos de las redes sociales, porque la economía española ha experimentado una ligera mejoría y eso es a lo que más temen aquellos que defienden los paradigmas estatalistas y colectivistas, los que nos hablan cada día de la quiebra del sistema público y de la destrucción del Estado del Bienestar.

 

Pero al contrario de lo que algunos piensen, creo que el Gobierno de Mariano Rajoy se ha equivocado de plano al gobernar de espaldas a los españoles desde el más puro despotismo, mientras les hacía crujir la vida con una de las cargas impositivas más importantes de la Unión Europea (evidentemente provocada por la política de tierra quemada de sus antecesores, que se fueron dejando el país en quiebra, con más de cinco millones de parados, un déficit público mayor del 11 %, y una deuda pública disparada e incoercible). La idea de hacer pagar a los españoles por los errores de Zapatero, me ha parecido absurda y peregrina, como me ha parecido nimia la imposición de un gasto del Estado que no nos podemos permitir, incluidos los más de medio millón de empleados públicos que nos sobran en relación a las ratios de otros países europeos.

No ha tenido sentido alguno salvar las Cajas de Ahorros quebradas por partidos políticos y agentes sociales organizados en mafias, a costa de recortar el bienestar de los españoles hasta un 30 % menos de su poder adquisitivo. La prima de riesgo es una cosa  y la prima de los getas que se han llevado el dinero de forma impune, una cosa muy diferente, y esto incluye a todos los partidos con poder, que ni siquiera han tenido la decencia de pedir disculpas a los españoles tras el estropicio organizado en función de su ineptitud y corrupción.

La casta debe abandonar sus hábitos despóticos, corruptos y miserables o en las próximas elecciones van a votarles sus familiares, amigos, enchufados  y beneficiados, que son varios millones por cierto. Pero eso no es motivo para que algunos ilusos se piensen que este país está a punto de caer en manos de los oportunistas de un frente de izquierdas secesionistas que están dispuestos a convertirnos en una especie de república bolivariana europea cambiándonos la forma de vivir a la medida de sus antojos totalitarios. Se olvidan casta y plasta, de que la mayoría de los españoles no han votado por ninguna opción, lo que indica que la parte más reflexiva y moderada de este país se ha quedado en su casa, para manifestar su desprecio por la farsa representativa que nos obsequian la casta y sus advenedizos opositores, que en su conjunto representan solamente al 42 % de los españoles, aunque se lleven el 100 % de la información política que se produce en este país. La casta y su oposición se llevan el total de la información política de esta país, mientras la mayoría apartidaria, silenciosa y silenciada, que no participa en su farsa es acallada y censurada.

Un gobierno que gobierne 


Los cambios electorales, la crítica manifiesta de la mayoría de españoles a la casta, los cambios en el seno de los partidos políticos en marcha, la sucesión monárquica y la incipiente salida de la crisis, apuntan al regreso a la normalidad. Si como sospecho, el Gobierno de Mariano Rajoy espera a que la prima de riesgo baje de 100 para realizar las reformas que este país necesita, poniendo el orden y concierto que prometió en su programa electoral, reduciendo el gasto del Estado –incluyendo los empleados públicos que se dedican más a sus intereses partidarios que a realizar su trabajo, porque a veces ni lo tienen, aunque cobran sueldo todos los meses- y se inicia una campaña de clarificación de la situación política con buenos comunicadores desde el Gobierno –los de ahora son todos pésimos- explicando lo que se ha hecho con claridad y las razones por las que se ha hecho, creando un crecimiento constante del empleo y una reducción de impuestos consolidada, como parece que se inicia, este país regresará a la normalidad, lo que no quiere decir, que aquellos que viven de la anormalidad, desde los corruptos a los secesionistas, desde los saboteadores hasta los intoxicadores profesionales, sigan dando la lata llorando por Granada, cuando en este país se produzcan las mismas cosas que se han producido siempre, con todos los gobiernos del PSOE, y los gobiernos nacionalistas en las autonomías. 

El día que se apague el ventilador de la mierda que algunos mantienen encendido para preservar su bienestar a costa de los demás, porque los que se dedican a intoxicar con el fin de crear la confusión que les sostiene en sus privilegios deban buscar trabajo, creo que en España volveremos a vivir tranquilos.  Los más mayores recordarán que cuando se produjo el último cambio de régimen en este país, aquellos que detentaban el poder desaparecieron paulatinamente de las instituciones, y en estos momentos, va siendo hora de que ocurra lo mismo. Nos sobran empresas públicas, nos sobran parásitos públicos, nos sobran mecanismos corruptos de colocación en las administraciones públicas por la puerta de atrás y tenemos un 57 % de jóvenes preparados en el paro, mucho más aptos para ocupar los puestos de los usurpadores que por tener un carnet en la boca y un dedo amigo en el poder, se han adueñado de las instituciones.


Creo que Felipe VI debería iniciar un periodo de  normalización institucional en este país, dejando bien claro que las instituciones son el soporte del Estado, mientras que su quiebra proviene de los indigentes morales que han ocupado hasta ahora su gobierno, que deben ser desalojados de inmediato del poder para que las cosas puedan funcionar en este país. No se puede seguir consintiendo que las instituciones de este país estén en manos de los políticos más ineptos, habiendo ciudadanos apartidarios más cualificados que los cenutrios que han llevado este país a la mayor crisis general de su historia democrática.

El Rey debe reinar, pero no gobernar, pero no por ello debe aceptar que se incumpla la Constitución cada día en este país, al fin y al cabo, su valor vendrá incrementado cuanto más precisa sea su intervención en devolver a los españoles una paz duradera, aunque para ello tenga que plantar cara a la casta partidaria de este país, en representación de los españoles que han abandonado su asistencia a las convocatorias electorales y son una considerable mayoría. Una mención al poder judicial despolitizado podría ser de gran ayuda, porque el Rey por su asunción constitucional, debe ser la garantía de que el poder esté al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio del poder.

Enrique Suárez

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