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martes, 2 de octubre de 2012

Español, un idioma para España y para el mundo



"La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde" Miguel de Cervantes Saavedra

Cuando nos vamos aproximando a los 500 millones de hispano hablantes en el mundo, siendo tras el inglés la lengua más franca  del planeta, resulta paradójico que en un pequeño territorio de la nación española, la comunidad catalana, una orden de talibanes se hayan comprometido en su extinción por decreto, practicando una eugenesia cultural más propia de los nazis que de gente civilizada.

Paradójico también resulta, comprobar como han ido cambiando las cosas en esta comunidad a lo largo de los últimos treinta años, porque si a comienzos de la democracia: “el catalán era una lengua minoritaria al borde la extinción” según decían, con el tiempo han logrado expulsar de la educación de los niños catalanes al español, contra la ley, contra la razón y contra el sentido común, sencillamente para cultivar electores a futuro de sus pretensiones delirantes.

Cometen un grave error, sin duda alguna, utilizando una lengua como arma para hacer prevalecer sus intereses y privilegios, pero la historia les juzgará y posiblemente, les acabe condenando. En Ciudadanos en la Red tenemos larga tradición en desmontar las mentiras del nacional-socialismo catalán, tanto históricas, como culturales, o identitarias, lo hemos hecho tanto contra los nacionalistas que pretenden un regreso al Camelot imaginario del Rey Arturo, como contra los socialistas que pretenden configurar un Estado federal, en una nación unitaria, porque les molesta el concepto, la idea y el hecho de España, y se contrapone a su interés en que prevalezcan los valores estatales jacobinos contra los nacionales reales. Pero también lo hemos hecho contra todas las operaciones para ayudar al nacional socialismo que han surgido en partidos como Ciutadans –izquierda no nacionalista-, UPyD –federalismo de baja intensidad, lengua común, a Savater le importa una mierda la idea de España- o PP –que siempre ha defendido los hechos diferenciales catalanes, antes que el hecho real de una España unida-.

Hay tanta farsa en Cataluña, tanto teatro, tanto expolio económico, político, cultural, histórico, y al fin humano, que a veces resulta complicado comprender como pueden ocurrir estas cosas en pleno siglo XXI, cuando serían más propias de la Edad Media y el feudalismo –una organización de poder que sólo existió en Cataluña, pero no en el resto de España-, pero así son las cosas. Por cierto, viendo los apellidos españoles de la mayoría de catalanes (un 65 %)  y la representación en el Govern y las administraciones públicas catalanas, de una presencia mayoritaria de apellidos catalanes (un 35 %), es fácil deducir que en Cataluña no sólo hay xenofobia, sino también apartheid.

Una última cosa para el deslustrado catalanismo, en España hablamos español, no castellano, perdón, el castellano se hablará en Castilla, pero el español que proviene de España, se forja tanto en el territorio español como en las 27 naciones que hablan nuestro idioma, como en las diecisiete comunidades que conforman España, por tanto vamos a superar definitivamente la simetría artificiosa de una puñetera vez, porque la RAE establece que el español no es sólo de España, sino del mundo, y no una paletada cateta, según criterio abyecto de unos talibanes. 

El catalán es una lengua que se impone a una población, en muchos casos contra su voluntad, con elevadas inversiones económicas para adoctrinar a las nuevas generaciones de catalanes en una identidad urdida con finalidades políticas y económicas. El español es un idioma hablado libremente en la actualidad por 500 millones de personas, nada que ver ni en el pasado, ni en el presente, ni por toda la eternidad;  por cierto, la segunda lengua más hablada en los Estados Unidos y la primera de América, donde resulta cada día más difícil realizar negocios si no se habla bien. 

Pareciera que las élites catalanistas trataran de imponer su lengua a los charnegos para seguir teniendo mano de obra a su servicio para el futuro, impidiendo que puedan trabajar en otros lugares de España o en aquellos donde se habla español. ¿Van a permitir los mayoritarios García, Fernández, González, Álvarez o Pérez que unos talibanes les impongan la estigmatización definitiva a ellos, a sus hijos y a sus nietos? ¿O se van a cambiar los apellidos españoles de los catalanes por decreto de Artur Mas? San Sadurní de Noia, tenemos un problema.

Artur Mas, el pararrayos catalán




"Una nación es un RESULTADO, no un propósito" Max Weber    

Las dotes de gran estadista del President del Govern catalán, junto al asesoramiento de sus más ilustres colaboradores, no han impedido que cometa el mayor error político de la historia de las relaciones de la comunidad que preside con el resto de España. Viaje delirante a ninguna parte se podría titular la aventura del sucesor de Companys, aquel personaje que dio un golpe de Estado contra la República Española y acabó en el penal del Puerto de Santa María.

Hay varias razones que inducen a pensar que la farsa del independentismo catalán, tiene segundas y terceras lecturas, y que es una huida hacia delante sin mucho sentido ni razón. La situación debe ser grave cuando han decidido acelerar el esperpento.  Las razones que van a impedir que Cataluña sea una nación independiente están establecidas de antemano y además no resultan baladís.

En primer lugar, está la cuestión política, legal y legítima,  a pesar del Golpe de Estado encubierto que protagonizaron al alimón los del PSOE con los nacionalistas catalanes, con aquella aprobación del Estatut (incluso en el Parlamento Español, manda narices), es de recorrido limitado, aunque para probar su fuerza y poder, se sigue aplicando en Cataluña como si el Tribunal Constitucional no hubiera revocado 14 de sus artículos, en un prodigio de ilegitimidad con la Constitución Española (aprobada en su día por el 90 % de los catalanes), mientras el Gobierno de España sigue mirando hacia Portugal. No obstante la Constitución Española establece con claridad lo que es una nacionalidad y sus limitaciones y la imposibilidad de que ninguna comunidad española se haga independiente, sino es con la concurrencia del pueblo español favorable en referéndum. Por cierto, el Estatut Catalán sólo fue votado por el 49,4 % de los catalanes y aprobado por un 79 % de los que acudieron a votar –en total menos del 36 % de todos los catalanes con derecho a voto)

En segundo lugar, tenemos la apurada situación económica de Cataluña, la comunidad más endeudada de España, con uno de los mayores déficits públicos y unas responsabilidades con la  deuda que se acercan al 40  % de su presupuesto. La deuda catalana hace tiempo que está considerada por las agencias de calificación como bonos basura. Ciertamente ahora se percibe el exceso de gasto que ha supuesto crear el escenario de una nación para los catalanes y que no ha sido menor del 25 % delos ingresos totales de la Generalitat a fecha actual, al haberse reducido los recursos ingresados. Crear una nueva nación sale por un ojo de la cara, algo que tiene que mermar los servicios que reciben los catalanes con seguridad, y además, no se caracterizan precisamente en esta tierra por aplaudir los despilfarros. Una Cataluña independiente es inviable desde una perspectiva económica, porque los delirios no cotizan, y las alucinaciones no sirven para pagar sueldos. Precisamente entre un 20 y 25 % de caída del PIB se estima que le costaría a Cataluña la independencia, algo de lo que no se recuperaría durante décadas.

En tercer lugar está la cuestión demográfica, una condición que suele olvidarse en Cataluña habitualmente y que oculta la xenofobia catalanista con los ciudadanos de origen español. Poca gente conoce en Cataluña que los treinta primeros apellidos en las cuatro provincias catalanas son de origen español, pero sin embargo esto no se ve representado en los políticos y gobernantes catalanes, que gozan todos de ilustres apellidos rimbonbantes con muchas íes internodales. El Apartheid catalán es discreto, no como el sudafricano, pero por mucho que se empeñen los catalanistas, de los 7,5 millones de habitantes que tiene Cataluña, los ciudadanos de origen catalán apenas llegan a los 3 millones (menos de un 40 %, posiblemente muchos de los que aprobaron el Estatut). En una Cataluña independiente, los ciudadanos de origen español, como no decidan cambiarles los apellidos, estarían estigmatizados de antemano, ellos, sus hijos y sus nietos.

Podría continuar con otras cuestiones, pero por ahora, estas son suficientes, las posibilidades de que Cataluña se declare independiente de España son absolutamente nulas. Por eso no se comprende como Artur Mas ha tenido la ocurrencia, precisamente en una época de crisis como la que atravesamos, cuando en tiempos de crisis no se aconsejan lisis, sino todo lo contrario. 

Lo que va a lograr el President de aquí al 25 de noviembre es que todos los desmanes de Cataluña salgan a la luz, todas las injusticias que se han cometido con los ciudadanos de origen español en Cataluña, todas las xenofobias paletas y todas las barbaridades reunidas, porque está claro que aunque el Gobierno mire para otro lado –exactamente igual que hizo Felipe V- los españoles no vamos a hacerlo, y Artur Mas no se ha dado cuenta de que el 80 % de la actividad económica de Cataluña proviene de su relación comercial con el resto de España. El señor Lara ha lanzado un aviso, pero me parece que el PIB catalán va a comenzar a descender de forma desapercibida en los próximos meses, algo que hará que su deuda siga creciendo sin interrupción. En una España civilizada no hacen falta armas para detener las barbaridades (¿pero de qué va este tío?), sencillamente hay que hacer un consumo diferencial (en correspondencia con el hecho diferencial catalán)



¿De verdad hay algún catalán con la cabeza sobre los hombros, que no se dé cuenta de que esta aventura es absolutamente imposible? ¿Cuánto les va a costar a los catalanes que el President Artur Mas se convierta en el pararrayos de la ira de los españoles en una situación de crisis como la que estamos viviendo? Y encima, perdonándonos la vida, desde su magnanimidad inefable (pero ¿con cuántas toneladas de soberbia se alimentó este personaje?). Creo que alguien se ha lanzado a la piscina sin mirar cuanto cubría el agua. 

Me parece que lo de Artur Mas es la única alegría que ha tenido Mariano Rajoy desde que ha llegado al gobierno, la verdad que hay que ser un poco torpe para convertirse en  un pararrayos providencial en medio de una tormenta como la que estamos viviendo.

lunes, 1 de octubre de 2012

El valor social añadido



"El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de todo el mundo" Frédéric Bastiat.


Mucha gente se pregunta por el origen de la subida de impuestos, los recortes y el vete tú a saber, si tendrá más relación la cosa con el contador de nubes que dejó España como tierra quemada, con el fumador de puros que es una auténtica calamidad o, tal vez, con la prima de riesgo, los banqueros sin escrúpulos y las oportunidades de rescate que pastorea Ángela Merkel.

Pues lamento decir que todos se equivocan, todos nuestros males correlacionan directamente con el incremento del valor social añadido, ya, ya sé que será la primera vez que lo leen,  pero no es extraño en un país donde la censura y la intoxicación sustituyen a la información.

El valor social añadido fue descubierto hace más de doscientos años por un economista liberal francés, cosa rara, pero entre los franceses jacobinos también hubo liberales, en otro tiempo, claro. No lo denominó de esa forma, pero me he permitido actualizar la terminología a nuestro tiempo.

El valor social añadido es como la gallina de los huevos de oro de los gandules que viven de los demás, los “projimadores”, desde la política, desde los sindicatos, desde la CEOE, desde un empleo público en el que los han enchufado, desde el dolce far niente, pero cobrando. El bueno de Bastiat, que también es célebre por diseñar el modelo de funcionamiento al que se acoge la política española: la hipótesis del cristalero – cristalero que por las noches se dedica, embozado, a cargarse los cristales de sus vecinos, para tener trabajo al día siguiente y mostrar la necesidad de su presencia en el barrio (se podría aplicar a cualquier sindicalista con el paro)-, nos relató en un pequeño opúsculo -40 páginas, les dejo enlace- titulado lo que se ve y lo que no se ve, el origen de todos nuestros problemas.

Se lo explico de forma abreviada, quien quiera saber más que lea el librito, imagínense que un comerciante con 1.000 euros quiere invertir en hacer una acequia en un campo de su propiedad del que viven muchos campesinos de forma miserable, si encarga directamente ese trabajo al contratista, le saldría por 900 euros, todavía le sobrarían 100 euros, sin embargo, como vive en un país civilizado, se ve obligado a  solicitar permisos, paga tasas, impuestos, corrupciones, diseños, y cuando compra el material tiene que pagar los impuestos y a su vez, los precios elevados de una economía de estado (y empresarios apesebrados por el valor social añadido) que no resulta competitiva

Resultado: el proyecto de acequia se queda sin hacer, porque la final le saldría por 10.000 euros y solo disponía de 1.000 euros y todos los demás se quedan sin los 1.000 euros que podrían haber aliviado, de hacerse productivos en la acequia, las miserias inveteradas de los campesinos e incrementado las ganancias del comerciante y en general de toda la sociedad. El diferencial entre los 900 euros que le costaría la acequia en una economía de mercado y los 10.000 euros que le costaría en una economía intervenida por el Estado, es, precisamente, el valor social añadido, del que vive mucha gente, haciendo que hace, aunque en realidad, nada productivo, más que para ellos, porque ellos sí se benefician, mientras el resto de la sociedad sale perjudicada.

El problema al que nos enfrentamos es que ante la inflación social –todos los parásitos públicos y privados que viven sin pegar palo al agua- la economía se acaba deteniendo y el comerciante se guarda los 1.000 euros por si vienen mal dadas, pero los campesinos siguen en la miseria, mientras que los trabajadores públicos siguen viviendo magníficamente y además con menos trabajo cada día porque ya no va quedando nada que hacer.

El valor social añadido es interesante, porque permite vivir a muchos mangantes de los que no lo son, fíjense ustedes que de los  1.000 euros que no se invirtieron, si se hubieran invertido en un sistema como el español, tendríamos que los ministros podrían comer mejor, los sindicalistas seguir en la lucha, los empleados públicos enchufados mantener su trabajo, los corruptos repartirse dividendos, los políticos hacer cohechos y prevaricaciones, los periodistas comiendo del pesebre, los jueces de mirar a otro lado y los banqueros sacando tajada con todos ellos, como el comerciante no mueve los mil euros todos corren el riesgo de irse a la mierda, y así está bien, tanta avaricia acaba rompiendo el saco.

El único valor social añadido que tenemos en es te país es el de mantener a los miserables que viven de nosotros a cuerpo de rey, porque aquellos que, supuestamente, eran los destinatarios de los beneficios sociales, cada día están pasándolas peor, porque está claro, los que están en el poder viviendo del momio son los últimos en abandonar el barco y en dejar recibir sus inmerecidos beneficios: hay que echarlos de lo público como a las ratas.

Y ahora coges un carrito y lo paseas por alguna manifa de esas que tanto les gustan a los "projimadores" antes de que acaben con todo.

Enrique Suárez

Comienza el APARTHEID catalán


Comienza el APARTHEID catalán

Sieg Heil Arthur aus dem Rest von Spanien

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Ciudadanos en la Red

sábado, 29 de septiembre de 2012

La abstención, primera opción política de los españoles



"Para todos los males, hay dos remedios: el tiempo y el silencio" Alejandro Dumas



Motivo de reflexión para la casta política española y la costra que acompaña su adoctrinamiento,  es que en la última encuesta de Simple Lógica publicada el 28 de septiembre, la abstención electoral es la opción política elegida por la mayoría de los españoles. Los no representados están a un 3,8 % de superar a los representados por todos los partidos políticos. Si a esta cifra añadimos los votos en blanco y nulos, ya se superaría el 51 % de electores no representados por cualquier opción política. Quiere esto decir que la mayoría de los españoles hoy no está representada por la casta política que dice representarles, quiere esto decir que hay un halo de ilegitimidad que rodea cada decisión del Gobierno y cada decisión de las formaciones que aspiran a sustituirlo.

Que todas las formaciones políticas sumen en total un 49 % de los votos posibles a fecha actual, quiere decir exactamente que entre todas reunidas tienen menos confianza que ninguna de ellas. Terrible para una democracia que aquello que se ofrece desde la partitocracia realmente existente no sea capaz de atraer la atención y si la abstención de los españoles.

Sin duda esto es un reflejo de lo mucho que han mentido, de lo que han embaucado a los españoles desde sus propuestas incumplidas, pero también un signo de desconfianza porque de prevaricaciones, corrupciones y cohechos están llenas las hemerotecas, no por un partido político sino por casi todos los que detentan representación política en este país, algo que paulatinamente se sigue acrecentando.

Quizás sea el momento de recordar, ahora que surgen los experimentos secesionistas, que en el referéndum sobre el Estatut de Cataluña promovido por el PSOE y el nacionalismo catalán, sólo acudieron a votar el 49,4 %de los catalanes, de los que un 79,4 % lo aprobaron (con lo que menos de un 36 % de los catalanes convocados a urnas decidieron por todos los demás, mientras que un 64 % que pasó de la propuesta). Y a pesar de que el Tribunal Constitucional declaró 14 artículos inválidos, la Generalitat catalana nunca se dio por aludida

La no participación en las convocatorias electorales, nos informa habitualmente de muchas cosas: desconfianza en las propuestas que se hacen, también en los partidos que las ofrecen, pero fundamentalmente en que la democracia sirva para resolver nuestros problemas. Estamos cruzando en septiembre de 2012, en esta situación de crisis económica, política e institucional, la delgada línea roja que separa a aquellos que confían en esta democracia, de aquellos que desconfían de ella, que hoy somos ya mayoría.

Pronto comenzarán a promoverse campañas de intoxicación desde los medios de comunicación controlados y subvencionados por el poder, que nos induzcan a regresar al redil de lo que se ofrece como la única opción posible, sinceramente, creo que de poco va a servirles a los medios de comunicación y los partidos políticos, porque a pesar de que el 80 % de la información que se produce en este país se dedica a la política (los deportes se llevan un 10 %, los cotilleos un 5 %, la información internacional un 4 % y un 1 % se ocupa de lo que les ocurre a los ciudadanos, habitualmente sucesos y anécdotas), la cautela de los españoles con los medios y partidos políticos, por no decir desconfianza y ausencia de credibilidad, crece mucho más deprisa.

Decía Lord Acton que los problemas de la democracia siempre se resuelven con más democracia, posiblemente tenga razón, por eso ha crecido la abstención hasta representar a la mayoría de los españoles, por encima de todas las formaciones políticas de todas las siglas e ideologías reunidas, fundamentalmente porque poco tienen que ver con la democracia, cuando han elegido decididamente el camino del despotismo y la tiranía que nos imponen, como vía de sometimiento de los españoles. 

La democracia nada tiene que ver con la aristocracia de borregos que dicen representarnos, que exclusivamente defiende sus privilegios, para obtener beneficios de forma injusta e inicua que les permita distinguirse de sus propios electores. Creo que en este país se está acabando el cuento de la democracia que nunca lo fue y comienza una etapa en la que la democracia será posible, una vez que nos libremos de sus usurpadores reunidos en la minoritaria partitocracia española.

Enrique Suárez

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