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jueves, 5 de enero de 2012

El diario El País: la voz de la mentira

"Las sociedades avanzadas han progresado considerablemente, hemos pasado de dejar atrás la ignorancia a instalarnos confortablemente en la mentira" Jean François Revel

En la encuesta que se viene realizando desde comienzos de año en este blog ya se apuntan algunas cuestiones interesantes sobre la manipulación que los medios de comunicación nacionales realizan sobre la opinión pública española.


De las 42 respuestas emitidas hasta ahora, 31 (78 %) han considerado que la manipulación de los diarios nacionales es muy alta y 10 (22 %) alta. Ninguna opinión ha dicho que haya sido media, baja o muy baja. Cuando la pregunta es sobre que diario manipula más a la información pública española, El País con 17 (37 %) opiniones comienza a destacarse. ¿Realmente nos manipula tanto El País a los españoles?

Evidentemente sí, a continuación les dejo un ejemplo de como manipula la información el diario emblemático de la izquierda española y el más leído y vendido en este país, algo que lleva haciendo a lo largo de su historia, embaucando a millones de españoles en su configuración particular de la realidad.

Una de las formas mas arteras de manipulación es la de mostrar lo que se quiere que se vea y ocultar lo que no se quiere que se vea. Esta práctica es habitual en el diario El País, el ejemplo que mostraremos surge de una noticia aparecida en este diario el 4 de noviembre de 2010, cuyo titular dice textualmente: “España escala un puesto en el IDH de la ONU”, el artículo está firmado por Sandro Pozzi desde New York. El subtitulo dice así: “Ocupa el lugar número 20 en una lista que lidera Noruega.- Supera a socios europeos como Italia, Reino Unido o Portugal.- El IDH subió un 18% de media a nivel mundial en los últimos 20 años, aunque creció la desigualdad entre países y dentro de ellos”. Esta noticia, rápidamente fue expandida por todos los periódicos y por algunos líderes del PSOE en sus blogs, creando una corriente de opinión pública favorable al PSOE.

Esta noticia está orientada a crear una “buena” opinión pública de la trayectoria del gobierno del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero en tiempos en que todos los indicadores de la realidad nos advertían a los españoles de todo lo contrario. ¿Pero dónde está realmente el truco? ¿Qué es lo que no se ve en esta noticia?

Evidentemente, para la inmensa mayoría de la opinión pública pasará desapercibida la manipulación que consiste en realizar una comparación que está sesgada por los países menos avanzados que son la inmensa mayoría de los que aparecen en los estudios de IDH. Evidentemente si nos comparamos con países como Rwanda o Cambodia nuestros resultados serán sorprendentemente buenos, ¿pero que ocurre si nos comparamos con nuestros socios de la UE o con los países de la OCDE?, pues que evidentemente los resultados no son tan buenos, o más bien son bastante peores. ¿Y cómo se puede hacer?.

Pues desde hace años la ONU ha sacado unos indicadores para países avanzados, que permite medir la varianza existente entre los países más afortunados, estos indicadores se conocen como IDH-2 y IDHAM (Índice de desarrollo humano en comunidades avanzadas), estos elementos se vienen utilizando desde hace más de cinco años y cualquier experto tiene que conocerlos.

Las variables en el IDH-2 y el IDHAM cambian y se orientan a cuestiones que miden con mayor precisión el bienestar humano en los países avanzados, así la esperanza de vida se desecha prefiriéndose el potencial de vida, y los índices de escolaridad se transforman en los indicadores de estudios no obligatorios. Con datos del año 2007, la realidad de España cambia por completo, fundamentalmente en materia educativa.

Los datos nos llevan a que España pase del puesto número 8 de la UE-15 al número 13, es decir, sólo teniendo Portugal por debajo, y situándonos por debajo de Grecia. Nuestro IDH-2 en el 2007 era de 0,62.

Hay muchas formas de manipular la información, una de ellas es la desinformación, haciendo invisibles los datos relevantes para los intereses de los ciudadanos y mostrando los que interesan a los que están en el Gobierno, que es una forma de promocionar las mentiras al servicio del poder como acostumbra a hacer el diario El País.

Enrique Suárez

martes, 3 de enero de 2012

¿Qué va a pasar con la crisis en España?


"En las grandes crisis, el corazón se rompe o se curte" Honoré de Balzac

Pues está cada día más claro: los políticos no tienen recursos para resolverla y necesitan de la colaboración del pueblo español para salir adelante, pero al mismo tiempo han perdido, gracias al gobierno que se ha ido y que se ha dedicado a hacer las mayores barbaridades de nuestra historia y al que ha llegado, que no supo impedirlas en su día, siendo elegido exclusivamente para quitarnos a Zapatero de encima; como digo, han perdido la mayor parte de su credibilidad, y los españoles estamos planteándonos que no necesitamos tantos representantes que lo único que hacen es aprovecharse de su posición y defender sus propios intereses personales y los de sus partidos, por encima de los intereses generales de todos los españoles.

Rajoy no tiene lo que se necesita para reconducir la situación, como Zapatero tampoco tuvo agallas para convertirnos en una república socialista, que eran sus auténticas intenciones. Lo que está claro es que huele a cambio de régimen, o al menos, a cambio “dentro del régimen”, no se puede soportar tanta memez en pleno siglo XXI, mucho menos cuando las decisiones de unos ineptos deciden el curso de nuestras vidas. Si lo que está aconteciendo no le cuesta la existencia a la partitocracia española, connivente en su alianza de intereses compartidos frente a los ciudadanos, al menos la va a dejar muy maltrecha. ¿Y cómo será el cambió dentro del régimen?

Pues como decía Charles Tilly en su libro sobre las revoluciones europeas, lo que realmente define la modernidad de Europa es la civilización de los militares, es decir, el sometimiento del poder militar al poder civil, o mejor dicho, político. En eso nos distinguimos del resto del mundo, en que en Europa ya no se dan golpes de Estado, pues posiblemente ahora venga una segunda vuelta de tuerca que consistirá en civilizar al poder político y posiblemente también, a sus aliados: el poder económico, el poder judicial y el poder mediático. Es decir, someter el poder político al poder civil. Esta crisis va a conducir a la civilización de todos los poderes, porque es hora de derrocar las últimas tiranías que nos quedan y ya no nos corresponden, una de ellas, quizás de las más perniciosas, es la tiranía de la ignorancia, representada en la ineptitud y la incapacidad de los que nos representan para corregir el rumbo de la nave en la que vamos todos. Pero cuando la ignorancia no sabe defenderse ante la razón entonces se transforma en mentira, difamación, censura y demagogia, que va destruyendo la democracia paulatinamente, quedando sólo la libertad como línea de resistencia.

Los hechos se desarrollarán de dos formas posibles, una pasando por la reforma prudente del régimen, con acuerdos que llevarán implícita la cesión de poder y privilegios por las castas gobernantes, establecimiento de un nuevo contrato cívico (no social como el de Rousseau) entre políticos y ciudadanos, reformas constitucionales para que los políticos cumplan con las leyes y en su defecto, sean sancionados, y por supuesto mucha mayor transparencia en los asuntos públicos en relación a lo que estamos acostumbrados, junto con la creación de una justicia independiente del poder político. La otra alternativa es la revolucionaria, aunque siempre con mucho talante, que tratará de ser dominada por los partidos de izquierda, que no lo lograrán porque tampoco son ya representativos del malestar ciudadano y que adoptará caminos más relacionados con la desobediencia civil y el anarquismo. Posiblemente al final sea un intercambio de ambas opciones lo que termine determinando el cambio político en España dentro del régimen, para no cambiar de régimen, porque hasta a los más liberales nos gusta la existencia de un Estado que funcione y garantice determinadas conquistas cívicas.

Así que entre las enseñanzas de Thomas S. Khun en los cambios de paradigma en la ciencia, siempre adheridos al cambio de poder, pasando por las enseñanzas de Gaetano Mosca en lo relativo a la sucesión de las élites y los principios del anarquismo de Bakunin, Proudhon y Koprotkin, junto con algo de lo relativo a la desobediencia civil de Thoreau y las enseñanzas de Chomsky y Revel sobre la manipulación de la información, ya tenemos los ingredientes necesarios para dar un salto cualitativo en las sociedades avanzadas, dejando atrás estos tiempos de cochambre y desenfreno depredador que se les ha ocurrido a los que deciden el curso de nuestras vidas tratándonos como siervos de su aristocracia, que ni les corresponde, ni se merecen, ni aceptaremos de ninguna forma.

Mientras los hechos se suceden podemos seguir jugando al parchís, pensando que si gana un color determinado la partida de la historia, las cosas cambiarán por completo, cuando en realidad, lo único que está claro es que lo del parchís se ha acabado, aquí jugamos todos o no juega nadie, y mucho menos con nuestras vidas. Y es que nos vamos dando cuenta de que si ganan ellos, la aristocracia política que rige nuestro destino, siempre perdemos nosotros y eso, una vez visto y constatado, lleva mal regreso a la invisibilidad.

Enrique Suárez

lunes, 2 de enero de 2012

Rajoy, nos felicita el amo



Creado a partir de imagen facilitada por El Heraldo de Aragón

¿Quién manda en el PP?


Seguro que Rajoy no, eso está constatado. A Don Mariano lo han dejado de santo para pasear en los debates del Estado de la Nación y las elecciones, en los próximos años que se avecinan los de su partido le mostrarán poco, mientras van descerrajándonos el porvenir a golpes de impuestos y veleidades novedosas. Mariano Rajoy es el mascarón de una nave destrozada, ese PP que está dispuesto a estrellarse contra los arrecifes de la historia, mientras las gaviotas se transforman en buitres. Mariano Rajoy es un presidente por accidente, como el que se fue y al que ha heredado, del que pocas cosas buenas podremos esperar.

El Gobierno de Don Mariano se ha alejado del pueblo en la primera ocasión que ha tenido, estableciendo un cordón sanitario alrededor de su poder, por la costumbre que adquirió en tiempos pasados no sé si de Franco o de Zapatero, total, da igual. Lo cierto es que ha reunido más contestación a las medidas que ha decidido, que Zapatero recogía a las últimas que nos había dejado, porque lo que no se puede es llegar al gobierno mintiendo a los españoles, diciendo que no se van a subir los impuestos y hacerlo en la primera oportunidad.

Así que tenemos un partido de socialdemócratas de derechas en el Gobierno, dispuesto a concluir la obra de Zapatero. Ahora se va comprendiendo todo mejor, la anuencia de oposición durante la delirante etapa del cejado, en realidad era una programada ausencia, porque el trabajo de expolio y explotación de los españoles era tarea común para el PSOE y el PP, que se han creado “un corralito de poder” desde el que ejercen su tiranía infame con nuestra colaboración en las urnas.

Pero como en las mejores novelas de intriga sobre el imperio romano de Robert Graves, aquí lo importante es saber: ¿quién manda realmente en el PP? Rajoy no, Don Tancredo está ahí para lo que manden, porque hace años, en aquel Congreso de Valencia de irredento recuerdo, entregó su alma y libertad a un “lobby” emergente, ambicioso y soberbio, formado por la nueva élite del partido, apartando a todos aquellos que anhelaban una representación política fundamentada en los hechos (Francisco Álvarez Cascos, Esperanza Aguirre…. Y sus inmediatos, a los que ha ascendido para evitar futuros imprevistos) y no en los motivos para creer.

Los socialdemócratas de derechas han tomado el poder en el PP, como hoy mismo ha denunciado Juan Carlos Girauta, y hace sesenta años Friedrich Hayek en “Camino de Servidumbre” cuando nos hablaba de “los socialistas de todos los partidos”. En fin, de la dictadura de la ceja hemos pasado a la dictadura de la barba, todo relacionado con el pelo, que nos están tomando a los españoles desde hace años, la casta política más estridente y estúpida que ha existido en este país desde los tiempos de Fernando VII.

Es difícil conocer quienes son realmente los que cortan el bacalao en La Moncloa, pero tenemos algunos apuntes sobre el asunto, será difícil establecer el organigrama definitivo, pero la camarilla que comanda actualmente el partido de la gaviota está formada por los siguientes personajes, al menos.

Pedro Arriola (junto con su esposa Celia Villalobos, la "thatcher del Congreso"), posiblemente sea el ideólogo del proyecto compartido establecido en el Congreso de Valencia, y tal vez el coordinador del equipo. En realidad, a Mariano Rajoy le ocurre como al Rey, con tal de estar, a él le da igual si manda o no manda, porque de otra forma no habría permitido lo que ha ocurrido en España bajo la égida de Zapatero. El “tancredismo expectante” será la conducta elegida por Don Mariano (en realidad, por los que le acompañan), algo que llegará a exasperarnos a los españoles en no mucho tiempo.

Otro personaje importante en la estructura de Gobierno debe ser el ambicioso exalcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, que ha dejado como legado la capital europea más endeudada, en la trayectoria de su amigo Zapatero, con el que tantas cosmovisiones comparte, incluidas las mediáticas y económicas. El hombre del PSOE en Moncloa, siempre al servicio de los intereses particulares.

Maria Dolores de Cospedal sigue siendo Secretaria General, a pesar de haber sido elegida Presidente de Castilla La Mancha, lo que quiere decir que no pierde comba en el entramado, posiblemente para defender los intereses de los grandes grupos financieros de este país.

Aznar se representa a sí mismo, pero tiene en el entramado a su esposa Ana Botella, elegida por Gallardón para ser su sucesora y así poderse catapultar al Gobierno. Sin embargo, su participación en las decisiones cada día es más escasa, algo que nos hará notar no pasado mucho tiempo, con ese talante que le caracteriza de jarrón de la dinastía Ming que habla poco, pero habla.

Soraya Sáenz de Santamaría, quizás con menos poder del que parece y mucho más trabajo, concluye con el organigrama. En realidad, sus funciones, como se ha visto a la hora de su presencia en numerosas comisiones parlamentarias, es más bien la de coordinar todo el entramado para que no se desparrame el botijo.

Seguramente se me olvida alguien, pero si ustedes son tan amables, pueden ampliar el elenco en los comentarios, a ver si entre todos, vamos configurando el ajedrez egipcio.

Tras todos ellos una legión de intereses e interesados, posiblemente coordinados por figuras menos relevantes, dispuestos a orientar las políticas del gobierno hacia sus intereses particulares, más que hacia los intereses generales de los españoles.

En fin, aquí tenemos a Mariano Rajoy convertido en el Presidente que preside pero no gobierna, dispuesto a concluir con cualquier esperanza que cupiera de que los problemas que tenemos los españoles, tanto en nuestra condición de ciudadanos como en el de sociedad, posiblemente van a tener las mismas posibilidades de resolverse que con el condecorado Presidente que se ha ido, aborrecido por la inmensa mayoría de los españoles. No veo claro el porvenir de España, más bien lo veo extraordinariamente oscuro, tenebroso y amenazante, como una novela de H.P. Lovecraft.

Los españoles, no obstante, debemos sentirnos satisfechos, hemos sido responsables y muy demócratas, acudiendo a las urnas para votar por otros motivos para creer. ¡Que no nos pase nada irremediable!

Enrique Suárez

domingo, 1 de enero de 2012

La sociedad distraída

"El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y desapareció la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago" Woody Allen

Quizás el término distracción sea el que mejor define la sociedad española de comienzos del siglo XXI, realmente somos una sociedad distraída, en el amplio rango del concepto. Sin embargo, al mismo tiempo somos una sociedad excesivamente atenta a las circunstancias externas en las que se desarrolla nuestra vida, las condiciones en las que vivimos; mucho más que a nuestra propia vida y a las circunstancias internas que realmente la determinan, nuestras posibilidades, de las que habitualmente nos olvidamos.

Posiblemente, estemos viviendo una época que anuncia un cambio, un salto cualitativo, hacia delante o hacia atrás, eso no lo sabemos todavía. En estos momentos, en nuestro país, se está produciendo un combate entre dos modelos bien diferentes de sociedad, por una parte la sociedad que promueve más distracción y por otra parte la que promueve menos distracción. Parece que nos están obligando a decidir si nos hacemos definitivamente hedonistas o estoicos, de forma obligatoria; pero más bien, dadas las circunstancias, lo que se está produciendo es una fractura entre una juventud condenada al ocio y el hedonismo, aunque no sea por su voluntad, y una madurez y vejez condenadas al estoicismo, aunque tampoco sea por su decisión. Si utilizamos la variable trabajo, también podemos distinguir entre una sociedad que cada día trabaja más para vivir peor y una sociedad que no puede trabajar aunque lo desee, condenada a ocupar su tiempo en "distraerse" de su penosa situación.

En una sociedad con cinco millones de parados es importante que la gente esté distraída, porque esa es la mejor forma de que desatienda lo que realmente le concierne sobre su presente y futuro, pero también, esto le permite que pueda disfrutar del ocio obligado a que ha sido conducida, fundamentalmente por aquellos que consideraron unilateralmente, que nuestra sociedad era demasiado triste y aburrida, tratando de cambiar sus principios, valores y los criterios en la que estaba sustentada, para hacerla más alegre y divertida ("la defensa de la alegría" nos ha costado cinco millones de parados, un déficit del 8 %, una recesión, y una deuda galopante que amenaza nuesta permanencia en el euro), es decir, más distraída.

Aunque casualmente, esto ha permitido que algunos, quizás demasiados, hayan podido “distraer” buena parte de nuestros recursos públicos, además de socavar la moral compartida que pueda cuestionar su comportamiento.

Los seres humanos nos distraemos con facilidad, porque mantener la atención y alcanzar concentración requiere un considerable esfuerzo, tanto como actividad ordenada y disciplinada, como por la orientación a objetivos diferidos y no recompensas inmediata; pero también requiere un “sacrificio” al ocupar el tiempo en algo que realmente nos satisface menos que hacer otras cosas. El ocio prevalece como más atractivo frente al trabajo, el esfuerzo y la dedicación, en todas las sociedades

Aunque tal vez, la realidad no sea tampoco como la exponemos, porque posiblemente la distracción de nuestra sociedad no sea una consecuencia de los tiempos, sino una causa de los mismos. El impacto de las nuevas tecnologías en las sociedades avanzadas, la presión al consumo de ocio del mercado y la consolidación de un Estado Providencia (que algunos denominan “Estado del Bienestar), también han contribuido, sin duda, a crear esta configuración de la realidad.

Evidentemente, quien más se distrae, se habitúa a hacerlo, y al mismo tiempo pierde los hábitos relacionados con la responsabilidad y el esfuerzo que requieren actividades más penosas, como el estudio o el trabajo; así la capacidad de orientar nuestra actividad a objetivos de promoción personal o rendimiento laboral se va haciendo cada día más escuálida, en cierta forma nos hacemos más distraídos e inadaptados para los requerimientos que nos exigen las circunstancias, más perezosos y vagos. Esto se puede confirmar con la productividad de los inmigrantes en nuestro país que multiplica por dos o tres a la de los autóctonos, porque no se han dormido en los laureles y tampoco podrían hacerlo si quieren sobrevivir en mejores circunstancias.

Lo que realmente queda claro, es que desde las instancias que gobiernan el Estado en todos sus niveles no hay interés alguno por cambiar esta situación social que atravesamos, no se sabe si provocada de forma interesada o inercial con los tiempos, o tal vez ambas cosas. Y al mismo tiempo, estamos comprobando que correlaciona con unas circunstancias peores para todos, salvo para los políticos, que mantienen sus privilegios, al tiempo que en los ciudadanos se incrementan los perjuicios, tanto en los que trabajan como en los que no lo hacen, en los jóvenes y en los mayores, en las mujeres y en los hombres, en los habitantes de las ciudades o del campo, en los que más ganan y a los que viven de los subsidios, en los que trabajan y en los pensionistas.

No creo que debamos sentarnos a esperar a ver que ocurre, porque cuanto más tiempo sigamos con la misma hoja de ruta más nos costará regresar a la razón; ciertamente necesitamos una revolución, pero no con manifestaciones en las calles, sino en nuestro interior, en nuestra conciencia, tratando de mejorar nuestros recursos y buscando, personalmente, las vías que nos permitan salir del marasmo en el que estamos. Quizás lo único que necesitemos sea dejar de distraernos tanto, seleccionar correctamente los recursos de los que disponemos, abandonar para siempre la cultura de la dependencia y recobrar la cultura de la responsabilidad; y trabajar, aunque sea para encontrar trabajo.

Distraerse mucho y bien, hoy es prácticamente gratis, pero lo que resulta realmente injusto es que cada día muchos se puedan distraer menos de lo que necesitan, para que otros se puedan distraer más de lo que desean. De seguir así, los que trabajan cada día rendirán menos, porque no es justo que tengan que reducir sus distracciones hasta la inanición, para que otros vivan en la distracción hasta la saciedad, que posiblemente ni desean, ni han elegido.

El problema es que quien tiene que decidir como se resuelven estas circunstancias en las que vivimos los ciudadanos, es decir, los políticos, no las están atravesando, porque a ellos para nada les afecta la crisis en sus vidas. Así que mientras los políticos puedan vivir sin cambiar su sistema de vida, con crisis o sin crisis, no creo que hagan nada para resolver los problemas de los ciudadanos que no han sabido ser tan listos como ellos para librarse de la quema que se avecinaba, y por último, quiero añadir algo más, tal vez no sea que no quieran, sino que no sepan, porque dada la selección negativa en la que se ha desarrollado la evolución de la vida política en España en la última década, dudo que la cohorte del cejado o del barbado, de la talla para afrontar los graves problemas que tenemos en este país.

Así que ciudadanos, a moverse por lo nuestro, a controlar los gastos públicos y a tratar de limitar las nimiedades y las equivocaciones de los políticos que se han convertido en una casta de parásitos sociales a costa de la distracción “inocente” de los ciudadanos. Al final, pase lo que pase, de lo que estoy seguro es que cuanto más tardemos en hacerlo más cara nos saldrá la factura, que la vamos a pagar entre todos, menos los políticos, porque a ellos no les afectan los tiempos, ni las evaluaciones, ni los resultados, ni las consecuencias de sus errores y estupideces, porque son la nueva aristocracia y nosotros estamos condenados a servirles, como si fueran nuestros amos.

Enrique Suárez

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