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viernes, 6 de mayo de 2011

El PP de Mariano Rajoy se va haciendo de izquierdas


Cuando Isabel Pérez-Espinosa, candidata del PP a la Presidencia del Principado de Asturias pronunció aquella memorable frase el 2 de enero de este año, un día después de que el exvicepresidente Alvarez Cascos hubiera abandonado el que fue su partido durante 34 años: “sin las siglas de mi partido no soy nada y Cascos tampoco, comprendí que si alguien no decía nada para corregir esta digresión, era que el PP se había convertido en una marca más de las qué, en nuestro país, funcionan con cerebro colectivo, y consideran que el bien de la sociedad es prioritario sobre el del individuo y que la justicia social del Estado debe imperar sobre el Estado de Derecho. La renuncia a la defensa de la libertad, en aras de aproximarse al poder, con una posición afable al electorado, a un país que sale de la hecatombe socialista, es más que un síntoma, una enfermedad perniciosa del partido de Mariano Rajoy.

Poco después, la candidata acusaba a su exsecretario general de deslealtad a su partido. Francisco Alvarez Cascos, que tendrá defectos pero también enormes virtudes, ni respondió, cuando podría haber dicho que si su partido abandona la lealtad a los principios y valores que ha defendido a lo largo de su historia, quien se comporta de forma desleal es el PP, y no el afiliado que lo denuncia y decide abandonar lo que ya no puede representarle.

Durante la égida de Mariano Rajoy por los caminos que le permitió Rodríguez Zapatero, nunca por otros, ni siquiera en intento fallido; el PP ha derivado en una trayectoria sinuosa por los derroteros de la realidad, por no decir siniestra. Asumiendo como correctas, propuestas del PSOE que resultan mutantes en su genética. El abandono de la defensa de una España en la que las diferencias nunca sobrepasen la igualdad de todos los españoles, la actitud denigrante en la defensa de las maltrechas libertades civiles y los derechos individuales, ante el acoso y violencia de las legislaciones socialistas; la aceptación de la socialización cultural en valores que no son los suyos, alejados de todo humanismo, cristiano o no cristiano,;los compadreos en cuestiones fundamentales sobre nuestra nación, soberanía, Constitución, independencia de la justicia, y libertades, y por último, la anuencia y ausencia en la oposición política activa, en una suerte de tancredismo con ambiciones electorales, que ha permitido que el PSOE deje España como un campo de patatas tras la cosecha.

¿Se ha contagiado el PP de socialismo?, ¿se ha convertido en una marca paralela del PSOE?, ¿por acceder al poder se pueden abandonar los valores, principios e ideología que sostienen un partido politico y convertirlo exclusivamente en una empresa electoral?. Estas preguntas deben ser respondidas por los electores, antes de depositar su voto en las urnas.

Lo que está claro es que en el PP actual, la ideología que prevalece es el social-liberalismo del señor Lasalle, una ideología que promueve de forma extravagante la claudicación del principio sagrado del liberalismo, que no hay más sujeto que el individuo, el ser humano individual como ámbito y límite de cualquier política que respete la libertad, algo que no se respeta desde las doctrinas colectivas socializantes. También hay políticas de gran endeudamiento como la establecida por el alcalde de Madrid o las Comunidades Valencianas, que tratan de funcionar en código de Estado Providencia, algo válido para las políticas socialistas de Andalucía o Castilla-La Mancha, pero impropio de programas liberales y conservadores, que intentan habitualmente el control del gasto y la eficiencia en el uso de los recursos públicos. Desde el Congreso de Valencia, el PP ha perdido su norte ideológico y se ha convertido en un partido acaparador, un cath-all-party que fundamenta en el populismo y el desgaste del rival su supervivencia, no en sus propios méritos, logros y esfuerzos.

También está claro que en el PP, hay liberales sin complejos, como Esperanza Aguirre por poner un ejemplo, que no aceptan las componendas consensuadas por los cerebros colectivos, y determinan desde su buen o mal criterio, sus reflexiones sobre la realidad.

Algunos dirán que el PP actúa con pragmatismo electoralista, no mostrando si es carne o pescado, por qué le interesa, pero no lo tengo tan claro. Cuando un partido político vende su alma al mismo diablo político que dirige los pasos de sus rivales, por un puñado de votos, es el momento de plantearse si se puede confiar en quien ante las políticas contra el terrorismo del Gobierno da la callada por respuesta, se olvida de las víctimas de ETA o cuando el Tribunal Constitucional aprueba que las listas organizadas por terroristas de ETA según sentencia del Tribunal Supremo se presente a las elecciones, gracias a los magistrados impuestos por el PSOE en el Constitucional, mira a otro lado.

Cuando durante siete años de descomposición y podredumbre política en España, organizada por la debacle el PSOE se ha quedado a verlas venir, sin intervenir prácticamente en la vida pública, en una oposición acomodada, es necesario preguntarse si el PP está en condiciones de presentar una alternativa al PSOE o sencillamente de ofrecernos una solución de continuidad. Es malo en esta vida heredar el poder político por los errores de los demás y no haberlo logrado por méritos propios, eso es una práctica artera que caracteriza a los que abjuran del mérito y los valores, y no de aquellos que los defienden a ultranza, a cualquier precio. Lo que está claro es que la valoración por los ciudadanos, de Zapatero en sus momentos más bajos, apenas se distingue de la de Mariano Rajoy en sus momentos más altos. Si del primero abjura la gente por haber hecho lo que ha hecho, destrozar nuestro país, habrá que preguntarse por qué abjura del segundo, si ni siquiera ha llegado a gobernar y sólo ha hecho oposición.

Biante de Priena

Discurso de dimisión de Adolfo Suárez (1981)


“Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad." Adolfo Suárez

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.

Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.

No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

He llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales cirscunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.

Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.

No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí con la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios.

Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada.

He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos 150 años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España.

Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.

Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad.

De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustaciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista, y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones.

Quizás los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública.

Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.

Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.

Yo por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.

Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.

Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.

Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante.

Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.

Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a las ideas básicas, a las instituciones y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.

Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de Gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado.

Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo.

jueves, 5 de mayo de 2011

Diez momentos inolvidables del PSOE


Defender la alegría -
Cantantes: LA BANDA DE LA CEJA


Lo tienen complicado en el Partido (está dividido) Socialista (jajajaja) Obrero (anda, ¡no jodas!) español (y de Andaquetrinque -antes Andalucía-, los paissos catalans y Euskadi); porque Zapatero les ha dejado menos oportunidades para ganar las elecciones que el Barsa al Real Madrid en la liga. Con motivo de tan infausta noticia...para ellos, quiero recordar algunas de las más gloriosas hazañas humorísticas que nos han brindado para el esperpento durante estos siete años de “todo por la fratria de los socialistas”, en los que han dejado España como un vertedero, y las arcas públicas con más telarañas que la mazmorra de El Conde de Montecristo.

En fin, quedan poco más de dos semanas para decirles adios para los próximos siglos y es hora de recordar lo que mañana será leyenda urbana y rural, y que figurará en los anales de la Historia de España como siete años en el limbo, que es el lugar en el que han ubicado La Moncloa de la economía sostenible y los brotes verdes. Tras una encuesta entre los amiguetes, las diez mayores chorradas del PSOE que merecen recordarse son las siguientes:

1) Leire Pajín: Conjunción planetaria



2) José Luis Rodríguez Zapatero: Pleno Empleo



3) José Luis Rodríguez Zapatero: "No estamos en una crisis económica"



4) José Luis Rodríguez Zapatero: Los "accidentes" de ETA y la T4



5) Pedro Zerolo: Los orgamos repetidos con ZP



6) Pedro Solbes: Algunos hablan de crisis...



7) José Blanco: "Este presidente que siempre dice la verdad a los ciudadanos"



8) Leire Pajín: "El problema del PIB es que es masculino"



9) Isabel López i Chamosa: Sobre las pensiones "Yo no entiendo nada" y es la portavoz de la comisión de pensiones del PSOE en el Congreso



10) Alfredo Pérez Rubalcaba: "Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta"



Hay más, pero para una primera entrega es suficiente por hoy... visto así, con el paso del tiempo ¿alguien esperaba que esta gente no destrozara el país como ha ocurrido?. Les doy mi palabra, no es una invitación al sarcasmo... porque ha ocurrido en realidad, la mayoría de esta gente ha formado parte del Gobierno durante los últimos siete años. El 22-M hay elecciones, que a nadie se le olvide lo que ha ocurrido cuando acuda a votar, y en la campaña electoral, que no les cuenten lo que van a hacer para arreglar lo que han destrozado, que les expliquen lo que han hecho para destrozar el país, el por todo lo logrado con que embaucaron a los españoles en las pasadas elecciones, los cinco millones de parados y todo lo demás.

Ciudadanos en la Red

miércoles, 4 de mayo de 2011

Naufraguismo: una nueva civilización está surgiendo


"El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor". Giordano Bruno

Tras la máscara del progreso se encuentra una de las mayores expoliaciones del ser humano. En nombre de la sociedad, esa entelequia que adora el socialismo, se han cometido numerosos crímenes contra la razón y contra los seres humanos. Pero también se han cometido en otras épocas en nombre del cristianismo o en la época actual en nombre del islamismo o del judaismo. Las religiones orientales son más ecuánimes, juzgan los hechos y no los pensamientos.

En nombre del Estado se han cometido numerosas locuras y se cometen actualmente en países como China o Cuba, pero no menos en nombre del Mercado, del capitalismo y de la depredación por parte de las élites. En la dominación de unos seres humanos por otros se atenta contra la libertad y los derechos de las agrupaciones humanas que las conforman. Hay en este mundo, sin duda, una moral depredadora que favorece la destrucción, la opresión y la mezquindad del ser humano, que se traduce en sus obras, parece que estamos condenados a que nada pueda permanecer tras miles de años de experimentos.

Hobbes decía que el hombre era un lobo para el hombre y Rousseau que era bueno por naturaleza, un pequeño salvaje que había que educar. Locke consideraba que veníamos a este mundo como una página en blanco. Blom dijo que si alguien le dejaba un recien nacido lo convertiría con la debida instrucción en un criminal o un santo.

El ser humano no es bueno ni malo a priori, la bondad o la maldad de sus actos proviene en la inmensa mayoría de los casos, no de su individualidad, ni de su egoismo, sino de su agrupación. Es la sociedad la que permite la construcción de la bondad o la maldad, fundamentalmente un producto de las relaciones de los seres humanos y de la esclavitud a sus producciones culturales. Somos lo que percibimos, y de lo que percibimos se deriva lo que hacemos, nuestra obras son nuestras jaulas. Cuando alguien decide tomar partido, comienza a establecer perjuicios contra los que han decidido tomar partido contrario, en muchas ocasiones empujados por las circunstancias. No comprender que no es el ser humano, sino las circunstancias y su relatividad las que determinan su conducta, nos conduce a uno de los más graves errores de la humanidad: tratar de corregir nuestros problemas en los seres humanos y no en las circunstancias que los determinan, la mayoría de los problemas humanos deben analizarse exclusivamente en su contexto particular y no admiten generalizaciones.

Pero no se debe caer en el determinismo materialista, una forma de totalitarismo. Los seres humanos somos unos animales complejos, plásticos, flexibles, adaptables, pero capaces de reiterar los mismos errores con tal de no cambiar lo que se ha demostrado que no resulta eficaz. La tradición y la costumbre, el miedo al sufrimiento, la búsqueda de seguridad y el conformismo nos acaban atrapando en una trampa de la que resulta difícil salir. Cada día se puede cambiar, pero la vida nos va sometiendo y acomodando en una inercia del más de lo mismo que se acaba convirtiendo en nuestra cárcel. Posiblemente cada día más, debido a que la comunicación, que en otras épocas jugaba el papel de corregir los errores, junto con el aprendizaje propio, ahora, no sólo contribuye a ayudarnos a resolver nuestros problemas, sino que posiblemente los incremente.

Ciertamente hay una enorme confusión, que se ha incrementado con el desarrollo de las nuevas tecnologías y la explosión de la comunicación. El ser humano está atormentado ante tanta información como recibe sin criterio para procesarla. Vivimos en un mundo que cada día ocasiona más tensión y estrés a los seres humanos. Pero al mismo tiempo, está provocando un rechazo del conocimiento, de la curiosidad por saber. Los más jóvenes viven en la fantasía de que todo está en Google o Yahoo, y es cierto, está todo en los grandes agregadores de información de internet, pero todo lo importante y lo inane, lo cierto y lo falso, lo contrastado y las supersticiones. La masificación del conocimiento ha traido su devaluación. Hoy cualquier puede encontrarse con la teoría de la relatividad a golpe de ratón, pero otra cosa es que llegue a comprenderla y que le resulte útil para algo.

No tenemos capacidad para procesar la información a la que tenemos acceso, lo que condenará el conocimiento a la especialización, a la división del todo en sus partes más ínfimas. El problema al que nos enfrentamos no es el de la Edad Media, del acceso al conocimiento limitado a sectores muy determinados, sino el procesamiento de la información. Cada día hay más conceptos nuevos que lo único que nos proporcionan son nuevos quebraderos de cabeza. Nada que decir sobre la magnífica oportunidad que nos brindan los tiempos para conocer la realidad, el mundo y a nosotros mismos. Pero algún día tendremos que detenernos y reflexionar sobre el proceso de conocer, porque de poco nos servirá vivir en un inmenso bosque en invierno si no tenemos un hacha para poder cortar leña y calentarnos con ella; al final, esta navegación sin rumbo, nos conducirá a una muerte por sed en medio del océano, por no saber como se filtra el agua para que sea potable. El exceso de información al que asistimos, precisamente no nos ofrece mayores posibilidades de dominio sobre nuestras circunstancias vitales y nuestra adaptación al mundo y a la convivencia con los demás, sino todo lo contrario, información que no somos capaces de procesar, información que se nos indigesta.

Quizás estemos asistiendo a la construcción de la Torre de Google, en la que al final cada uno terminará hablando su propia lengua o jerga, sin posiblidades de comunicarse con los demás. Confiemos en la naturaleza humana y en sus inmensas posibilidades para resolver sus frustraciones y conflictos; al contrario de lo que muchos piensan, no creo que el ser humano sea un animal social, la sociedad es un artificio, una entelequia, que sirve a quienes detentan el poder, al contrario que la cultura. Los seres humanos sí somos animales culturales, de eso no cabe la menor duda. La cultura nos hace diferentes y diversos, mientras que la sociedad trata de imponernos la igualdad, la homogeneidad, la etiquetación en contribuyentes, consumidores, ciudadanos, usuarios, clientes, de numerarnos e identificarnos, de forma violenta, contra nuestra propia naturaleza humana, no en nuestro interés, sino en beneficio de aquellos que tienen que ejercer control sobre nuestra libertad, que siempre serán aquellos que detentan el poder.

No obstante, hay que ser optimistas, hasta ahora han caído las más grandes civilizaciones y los seres humanos hemos seguido adelante, dejando atrás escombros y ruinas de lo que ayer considerábamos fundamental. Si hasta aquí hemos llegado destruyendo el ayer, para construir el mañana, sin duda seguiremos adelante, en un proceso dinámico inacabable. El mito de Sísifo es nuestro espejo. La vida de los seres humanos es una noria, y la de nuestra especie también. Lo que hoy está arriba, mañana estará abajo, menos los que se ocupan de detentar el poder, que siempre permanecen arriba, pase lo que pase... a los demás. Algún día, tal vez dentro de no mucho tiempo, seremos capaces de que el poder se administre por potestas, con una autoridad legitimada por los hechos y no por dominación autoritaria, obtenida desde la propaganda, que es la más perniciosa violencia contra los seres humanos.

Biante de Priena

sábado, 30 de abril de 2011

Que rindan cuentas y se dejen de cuentos


En pocos días comenzará la campaña electoral y asistiremos, una vez más, al espléndido espectáculo teatral que nos ofrece el PSOE en cada convocatoria a las urnas. Durante estos periodos es cuando mejor se conoce su talante auténtico, cuando utilizan, de forma inopinada la violencia contra la opinión pública, en forma de propaganda e infamia de los demás, en un prodigio de mezquindad y cinismo.

El PSOE es el partido de la irresponsabilidad, da igual que hayan creado cinco millones de parados, porque al final la crisis será culpa de la derecha, el cambio climático o la invasión próxima de los extraterrestres. ¿Alguien ha visto alguna vez a un político socialista reconocer sus errores? Ahí tienen a Zapatero, que ni siquiera ha pedido disculpas a los españoles por haberse emborrachado de poder, destrozando la economía española, y habiendo enviado 2,5 millones de personas al paro, más de 1050 ciudadanos españoles cada día se han ido al paro, todos los días, durante siete años.

Ahí tienen ustedes al presidente saliente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces que se marcha sin decir ni esta boca es mía en el "caso Riopedre" de corrupción en el principado, o a los andaluces de los ERE, o al castellano manchego de Caja Castilla La Mancha, o a Montilla. Todos siguen los mismos patrones, destrozan el país y nos descubren que algo extraño ha ocurrido, algo que, por supuesto, nada tiene que ver con ellos que han tenido las mejores intenciones.

La mejore intenciones han sido colocar en el poder de forma sectaria a todos los de su ramo, ofrecer subvenciones sin fin a los que les apoyan, comprar votos con dinero público, esclavizar a los ciudadanos cada día más con impuestos y recortes, deteriorar la calidad de vida de todo el mundo, fundamentalmente la de los que tienen menos recursos. Oprimir sin fin imponiendo las leyes que bien les parezca para satisfacer sus personales vesanias, aplastar cualquier brote de espontaneidad y libertad que no sea controlado por ellos, para obtener pingües beneficios.

El PSOE ha mercantilizado el Estado, al tiempo que nos ha puesto a trabajar a los españoles para mantener una nueva aristocracia de ineptos que guie nuestros pasos. Sólo hay que hacerse una pregunta: ¿vivimos peor o mejor desde que el PSOE está en el gobierno?, evidentemente mucho peor, con más inseguridad e incertidumbre.

Ahora comienza la campaña electoral, en la que el PSOE no rendirá cuentas de lo que ha deshecho pero nos contará muchos cuentos sobre lo que van a deshacer los demás. Tratarán de atemorizar a la opinión pública con su artera propaganda, ejercerán coacción sobre los que tienen menos recursos, impondrán un velo de censura en los medios de comunicación sobre los errores que han cometido y nos venderán el humo del incendio que han provocado como un sueño de paraíso. Perderán las elecciones, y apelarán a la democracia para que nadie les exija cuentas del desastre económico y político que han provocado, es decir, tratarán de marcharse sin dar parte de sus numerosos errores, en un prodigio de irresponsabilidad pueril.

La verdad que dan pena, mucha pena, no se dan cuenta de que la realidad ha desmontado todas sus mentiras, mostrándonos su montaje teatral, su profunda incoherencia e ineficacia y su absoluta incapacidad de resolver los problemas que tenemos. Votar al PSOE es una invitación al masoquismo, al reconocimiento de la estupidez propia, a la declaración íntima en las urnas de que, en la democracia que tenemos, vale tanto el voto del que cree en la propaganda como el de que sabe lo que es la propaganda. Va siendo hora de que en este país dejemos de creer en la bondad de los malvados disfrazados de bondadosos, no se puede pedir a un pueblo que vote contra sí mismo y su futuro, eso es insania e insidia, y la consideración irrespetuosa de que los españoles somos idiotas de libro.

Mañana, Primero de Mayo, y a la izquierda (PSOE, IU, UGT, CCOO, y apesebrados) se le ha olvidado...¡Vaya por Dios!, da igual no celebraremos el día del trabajo, pero como coinciden las fechas celebraremos el día de la madre....que los parió.

Biante de Priena

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