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domingo, 2 de noviembre de 2008

Conferencia Nacional del MoDem: Discurso de Clausura de François Bayrou (26-10-2008, París) (3/4).

Capitalismo, liberalismo... humanismo

Capitalismo..., si las palabras tienen sentido, esto significa que para las empresas lo esencial es el capital, la acumulación de capital, la búsqueda de beneficios que remuneren el capital. Es el capital el que manda y el beneficio lo que le da sentido. Todos los discursos giran alrededor de esta realidad.

Lo siento, pero, entonces, que es lo que nos aconseja que nuestro país deba alinearse y entrar en ese capitalismo y su refundación. Siento decírselo al actual Presidente de la República Francesa, pero la adhesión al capitalismo como un modelo de sociedad es más bien lo contrario de lo que pensamos, de lo que queremos, de lo que esperamos; lo contrario de lo que hemos buscado, no solo como familia política, sino como nación francesa y como civilización europea. Después de haber tomado conciencia de que la Historia no es solo padecer, sino también construir.

Créanme, si el General De Gaulle estuviera aquí, ¡¿piensan ustedes que aceptaría que el capitalismo, refundado o no, es el ideal de Francia?!.

Verán ustedes, las palabras no están elegidas al azar, y se lo voy a decir, incluso el liberalismo es otra cosa. Liberalismo significa que lo que se pone en primer lugar es la libertad.

Se puede discutir el sistema, sabemos que tiene defectos, debilidades, que puede tener matices, pero al menos, se puede ensalzar la libertad, imprescindible para que haya otros valores.

Sin embargo, siento decirlo, no se puede poner el capital y los beneficios entre los valores fundamentales de la vida.

Nosotros, todos nosotros sabemos que es lo primordial y lo ponemos en primer lugar, pero no es el dinero, es el ser humano. Estamos de acuerdo con el humanismo y consideramos que, al menos en muchas cuestiones, el capitalismo está en contradicción con el humanismo.

Depende de lo que se quiera transmitir a los niños: el respeto al dinero o el respeto al ser humano. Depende de lo que vemos en el ser humano: un productor y un consumidor –incluyendo el crédito al consumo -, o una persona, un padre, una madre, un educador, que transmite, alguien que da también, no sólo vendiendo y comprando.

Todo esto no es nada abstracto. Voy a dar un ejemplo actual. Si Francia se inscribe en el capitalismo como proyecto de sociedad, entonces la cuestión del trabajo en el domingo ni debe plantearse. Esta cuestión está regulada y establecida de antemano.
Es más práctico poder consumir sin interrupción, desde la mañana a la noche sin respiro, y hacer grandes negocios durante el paseo dominical, en todo caso el paseo dominical de aquellos que han reunido suficiente dinero para no tener que trabajar el domingo.

Sin embargo, si consideramos la cuestión no desde la perspectiva capitalista, sino desde la perspectiva humanista, entonces veremos las cosas de una forma diferente, y podremos considerar cuales son fundamentales, no por la tradición o el hábito, para dejar claro que hay un día en la semana, un día para la mayoría de los franceses en el que pueden mostrar a los niños que hay otras cosas en la vida más que consumir y comprar, una ocasión para estar bien, un día para ser feliz, indispensable en todo caso para la gente, para la inmensa mayoría, un día para descansar, para los vendedores o los locutores de radio que inician su trabajo a las cinco de la mañana, un día de siete, al menos, en que la diosa del consumo puede reducirse al lugar que le corresponde que no debe ser el primero, un día para el verbo Estar y no para el verbo Tener.

Yo estaba esta semana, como Olivier Henno nos ha recordado, en el norte de Lille, en Faches Tumesnil. Con más precisión en una amplia zona donde pasé la mañana desde las 7 de la mañana hasta el mediodía, con la gente durate su jornada laboral.

Los trabajadores de las grandes superficies son aquellos que hacen la presentación, aquellos que preparan durante largo tiempo la gran superficie antes de su apertura.

He hablado con ellos y me ha impresionado mucho, porque de la mejor manera, no sabían lo que pensaba la Dirección, las mujeres me preguntaron sobre lo que yo pensaba del trabajo en domingo.

Ellas mismas daban la respuesta al aproximarse, y ellas mismas respondían: "Por favor, no permitáis que esto ocurra –decían- ellas, estas son las historias que se cuentan, el “voluntarismo” para aquellos que están empleados, si deben prevalecer los niños, o si tienen posibilidades de elegir o no las tienen.

Además, añadieron, con buen sentido, que los euros gastados en domingo, se dejarán de gastar a lo largo de la semana. Y al mismo tiempo, que los puestos de trabajo creados para el domingo, se dejarán de tener a lo largo de la semana.

Se trata de un juego de suma cero, pero hay niños que no verán más a su madre durante el fin de semana y, naturalmente, estos no serán los más favorecidos.

Vamos a proponer un proyecto humanista a los franceses

El proyecto humanista que llevaremos ante los franceses, consistirá en afirmar y defender. Frente al proyecto capitalista de unos y el socialista de otros, habrá un proyecto humanista y los franceses elegirán lo que ellos quieran. Elegirán su orientación, sus prioridades y el destino de su pueblo.

Vamos a desarrollar este proyecto ante ellos durante los próximos meses, especialmente durante el curso de la campaña europea.

Sabemos cuales son los pilares de este proyecto, había previsto enumerarlos ante ustedes, pero no voy a poder hacerlo más que rápidamente ante la hora que es.

La primera afirmación del proyecto humanista, ya existe en la sociedad, las cosas que no pertenecen al mundo del mercado, y a menudo en la vida, lo más importante no tiene nada que ver con el comercio.

Esto nos lleva de vuelta a la cuestión de los servicios públicos, a la cuestión de la educación, a la prioridad de la educación. También nos lleva de vuelta a la cuestión de la salud, y a la cuestión de la tierra, incluyendo la defensa de las tierras que hoy en día están abandonadas.

Si se tiene en mente el beneficio, los servicios de correos se vincularán a las grandes aglomeraciones y la privatización, y conducirá sin remedio a abandonar su universalidad territorial.

Por esta razón no estoy de acuerdo con la privatización de los servicios de correos.

De la misma forma, las decisiones concernientes a la educación serán tomadas con la prioridad de la imprescindible educación. Esto no quiere decir que concluya aquí la política educativa, pero sí que el primer imperativo será la educación.


Traducción: Ciudadanos en la Red

Discurso de Clausura (1/4)

Discurso de Clausura (2/4)

Discurso íntegro en francés

Vídeo en francés

continuará...

sábado, 1 de noviembre de 2008

La penúltima mentira de Zapatero

Entre tanta información con la que nos bombardean cada día los medios, se escuda un ominoso silencio que nos hace olvidar algo muy importante: “El Presidente Zapatero ha mentido a los españoles”.

Lo hizo antes de marzo para triunfar en las elecciones, y lo ha hecho desde entonces, negando, que la crisis económica asolará a nuestro país como a los demás. Ahora, al reconocer que realmente estamos en crisis –algo que ya sabíamos-, también ha reconocido que nos ha mentido.

Y ahora que se ha descubierto que el Presidente Zapatero nos miente, los estrategas de su partido, en plena crisis histérica, tratan de que los ciudadanos nos olvidemos de lo ocurrido, convirtiendo al Presidente español en una víctima del mundo mundial, al que no se le permite participar en las reuniones del G-20 para la refundación del capitalismo. Y el culpable de tamaña ignominia es el de siempre, el señor Bush, “ese artífice de la venganza, que tanto odia a nuestro país”. Nadie ha pensado que en una reunión en la que se pretenden resolver los problemas del mundo, un mentiroso reconocido como Zapatero sería un estorbo molesto.

Si en España “no hay crisis”, ¿para qué va a ir Zapatero a Washington?, ¿A resolvérsela “a los demás”?. Y “si la hay”, ¿para qué quieren en Washington a un mentiroso?, ¿para qué quieren en Washington al único presidente de un país occidental que ha negado la existencia de tal crisis en su país y ha presumido hasta la soberbia de la extraordinaria solidez de nuestro sistema económico?.

La solidez de un sistema económico con la mayor tasa de paro de Europa, 11,9 %, en la que las medidas del gobierno se han fulminado el superávit de miles de millones de euros en cuatro meses, y que se encuentra al borde de la recesión con una disminución del 0,2 % del PIB en su crecimiento, y una bajada del IBEX de más del 35 % desde enero. Esa solidez es otra mentira.

Si el ínclito habitante de La Moncloa tuviera un poco de dignidad, presentaría su dimisión de forma inmediata, al tiempo que disculpas a todos los españoles –especialmente a quienes le han votado-, pero eso no ocurrirá, al contrario, en su patetismo sigue buscando una silla en la reunión del G-20, para redimirse públicamente de sus errores, en plan heroico y quijotesco, hecho épico con el que pueda tapar sus mentiras.

Si en este país los políticos tuvieran algo de dignidad -ya la han perdido toda-, exigirían su destitución por mentir a los españoles, algo que se puede demostrar, pero no lo harán, no habrá ninguna moción de confianza, ninguna moción de censura, y todo seguirá igual.

Continuaremos con un mentiroso reconocido en el Gobierno guiando los pasos de nuestro país, en su descomposición interna y en su inexistencia externa, y seguirá utilizando España para promocionarse, dentro y fuera de nuestro país. Por cierto, tampoco ningún medio de comunicación ha informado sobre la existencia de un mentiroso confirmado en La Moncloa.

Es hora de recordar cómo llegó Zapatero a la Presidencia del Gobierno. ¿Lo recuerdan?, fue tras el atentado del 11-M de 2.004. En aquella ocasión, una furibunda izquierda se echó a la calle, inundando las ondas de “pásalos”, de “queremos saber la verdad”, acusando al gobierno saliente de Aznar por haber mentido a los españoles, por haber dicho -en las primeras 24 horas- que se sospechaba que los autores del atentado habían sido los criminales de ETA. Tras el juicio del 11-M tampoco ha quedado claro que no hayan participado en el brutal atentado de alguna forma, lo que para la izquierda es una “herejía”, y solo por decirlo se puede ganar un proceso inquisitorial público, porque si se demostrara, entonces se comprenderían muchas cosas que han quedado oscurecidas por un telón de intoxicaciones interesadas.

Pues que quieren que les diga, no sé si el Gobierno de Aznar nos mintió al respecto, porque alguna información que nos proporcionaron, desde instancias próximas al PSOE, ha sido desmentida por los hechos, lo que ha permitido que hayan construido la verdad que servía a sus propios intereses, y eso sí se ha demostrado, al dar por cerrado un proceso que no ha sido suficientemente esclarecido.
Sin embargo, con el tema de la crisis económica – y su negación por Zapatero, Solbes, Sebastián, De la Vega, Blanco…- , no he visto llenarse la calle de gente, no he visto millones de “tenemos a un cínico en el Gobierno, ¡pásalo!”, no he visto siquiera a nadie decirlo en público: “Sr. Zapatero, usted nos ha mentido”, no he visto a ningún parlamentario de la oposición decírselo en el Parlamento: “Sr. Zapatero, es usted un mentiroso”. No, nada de eso, y ahora que lo recuerdo, dicen que Rosa Díez está en el Parlamento para regenerar la democracia, o eso decían en su día.

Lo que demuestra que la escuadra propagandística del PSOE está mejor organizada y es más eficaz, tanto para denunciar las supuestas mentiras de los demás, como para ocultar las propias.

Y estos mentirosos organizados son los que construyen las nuevas verdades con la memoria histórica -que desconoce la mitad de la verdad-, los que pretenden dictar la nueva moral ciudadana con su Educación para la Ciudadanía -que excluye cualquier otra moral-, con sus leyes de paridad -"paridas legislativas"-, con su imperiosa necesidad de atender la desigualdad homosexual -¿acaso eran diferentes los homosexuales?, para mí nunca lo fueron-, la lucha contra el machismo irredento de una sociedad patriarcal tardofranquista y "feminicida", con sus políticas contra el cambio climático, con su Alianza de las Civilizaciones - en realidad civilización sólo hay una: la que respeta los derechos humanos, lo demás, son culturas -, con sus 400 euros por voto, con sus motivos para creer, con su bondad infinita de feriantes, y con las bombillas de bajo consumo que nos van a regalar a instancias del ingenioso Ministro de Industria, para iluminarnos, sin duda, quizás la idea más "brillante" de un Gobierno que ha hecho de la mentira y la ocultación de la verdad, su mejor y más sólido fundamento.

La penúltima mentira de Zapatero nos va a costar demasiado cara, ¿seremos capaces de esperar a la última sin hacer nada?. Desgraciadamente, creo que sí.


Biante de Priena

Por un futuro sin políticos

Es fascinante la puesta en escena a la que estamos asistiendo en las últimas semanas. Los políticos de todos los países –menos Suiza, claro- hacen declaraciones grandilocuentes, prometen salvarnos de la crisis, mientras, en realidad, salvan a los bancos de la quiebra.

Solo las palabras de un político, el francés Bayrou, representante del Movimiento Democrático me han parecido afortunadas, su análisis me parece correcto; quizás las de Angela Merkel también lo sean, pero las declaraciones de todos los demás fluyen del asco al tedio, y de la ignorancia a la petulancia extrema, especialmente las de los políticos españoles.

En Periodista Digital, hoy mismo se está haciendo una encuesta en la que de las 1754 respuestas dadas por los lectores, solo 39 (el 2 %) consideran que los políticos españoles se ganan el sueldo, mientras 1715 (98 %) consideramos que no. Esta es la realidad que no sale en los informativos de la tele, ni en las primeras páginas de los periódicos, ni en las noticias de las emisoras de radio.

Una terrible realidad nos espera, porque se puede estimar que un 98 % de los ciudadanos -si los lectores de Periodista Digital son representativos de la ciudadanía - han dejado de confiar en los políticos y la cifra seguirá incrementándose. El fenómeno se reproducirá en las elecciones, elevándose la abstención, el voto en blanco y el voto nulo.

Los políticos españoles han demostrado que son en realidad más una parte del problema que de la solución. Viven en un mundo de privilegios que no les corresponden, ajenos a la realidad cotidiana de los españoles, a quienes pierden su trabajo, a quienes pierden su piso, a quienes pierden su futuro, que cada día son más.

En otros países las cosas son similares, y lo que se ha podido ver con la crisis es que los políticos no pueden superar la luz y taquígrafos que supone la comunicación por internet, en la que las denuncias sobre sus desmanes brotan por doquier.

La crisis es política, los ciudadanos no pueden seguir soportando que decidan que va a ser de su futuro unos señores que viven del cuento, que han hecho de la política un negocio. Leyendo las noticias sobre el absentismo parlamentario, sobre el 88 % de otras actividades remuneradas que tienen los diputados y senadores, nos damos cuenta de que hemos dejado al peor de los lobos al cuidado de las gallinas que han de darnos de comer en el futuro, a nosotros y a nuestros hijos, mientras los bancos siguen recogiendo los huevos de la gallina de oro.

Hay que comenzar a plantearse seriamente que sin políticos viviríamos mejor, con funcionarios contratados y control ciudadano directo, nos ahorraremos muchos de los 30.000 vehículos oficiales que forman el parque móvil de nuestros representantes que, más bien se dedican a representar sus intereses y los de sus partidos, y a los ciudadanos que nos parta un rayo, o una crisis.

Estamos al comienzo de un gran cambio social. Primero erradicar a los políticos, que son el principal cáncer de nuestra sociedad, y luego decidir como controlamos el funcionamiento del Estado. ¡Cuánto dinero y disgustos nos vamos a ahorrar!


Biante de Priena

viernes, 31 de octubre de 2008

Libertad de Elegir: propuestas de Aznar para la crisis

Dentro de pocos días se cumplirá el segundo aniversario del fallecimiento de uno de los más grandes economistas de todos los tiempos.

Milton Friedman fue un economista extraordinariamente lúcido, un intelectual firmemente comprometido con la libertad, y un magnífico divulgador con gran capacidad de convicción sobre la superioridad intelectual y moral de las ideas liberales, que son las ideas que compartimos.

Hoy tenemos el privilegio de contar con nosotros con su hijo David, liberal como su padre, catedrático de la Universidad de Santa Clara en California y uno de los economistas de su generación más brillantes del mundo.

Hace dos años, cuando nos dejó, la Fundación FAES organizó unas jornadas en su memoria, de las que publicamos después un libro con las intervenciones de los economistas e intelectuales que le rindieron homenaje.

Uno de sus capítulos resume el contenido de la mejor obra escrita sobre la crisis de 1929, la que, en opinión de los académicos, con mayor rigor teórico y más sólido fundamento empírico analiza sus causas: la “Historia Monetaria de los Estados Unidos”, escrita por Milton Friedman y Anna Schwartz.

En aquellas jornadas, otro Schwartz, Pedro, nos sugirió la posibilidad de reeditar a Friedman. Pedro fue un gran amigo del profesor Friedman y es el responsable de que los españoles pudiéramos ver por televisión la serie que comparte título y objetivo con este libro.

El título es Libertad de elegir. El objetivo lo compartimos. Consiste en exponer, de forma razonada, por qué la sociedad más deseable para cualquier persona es aquella que preserva la libertad individual; consiste en divulgar, de manera accesible, cómo funciona la economía libre; y consiste en desenmascarar, con fundamento, cuáles son los principales errores que -en la política económica- suelen cometer los Gobiernos.

Con la que está cayendo, Libertad de elegir es un libro que recomiendo de modo entusiasta a cualquiera que quiera entender la crisis actual.

Cuando lo lean comprobarán que muchas de las cosas que Milton y Rose Friedman exponen sobre la crisis de 1929, y la Gran Depresión que vino a continuación, son rabiosamente actuales.

No les voy a leer el libro, pero permítanme citarles el párrafo que sigue:

“En el ámbito de las ideas, la depresión convenció a la opinión pública de que el capitalismo era un sistema inestable destinado a sufrir crisis cada vez más graves. Y los ciudadanos aceptaron la perspectiva cada vez más compartida por los intelectuales: el Estado tenía que desempeñar un papel más activo, intervenir para compensar la inestabilidad provocada por la actividad privada…”.

Suena actual, ¿verdad? Y es que entonces, como ahora, se pretendió culpar al mercado de los fallos del Estado y también de los errores de quienes libremente toman decisiones en una economía libre.

Entonces, como ahora, fallaron quienes manejaban la política monetaria, como ha acabado por reconocer el propio Alan Greenspan, que fue presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos durante casi 20 años (de 1987 a 2006).

Entonces, el Estado falló en la única función que tenía correctamente encomendada, evitar el colapso del sistema bancario. En esta ocasión, afortunadamente, y en muy buena medida gracias a las enseñanzas de Friedman, la reacción del Estado ha sido diferente y se ha conseguido evitar ese colapso sistémico.

Entonces, como ahora, falló el Estado como supervisor de un sistema profundamente regulado por el propio Estado.

Y entonces, como ahora, falló el Estado no sólo como supervisor sino como regulador. En particular, como regulador a la hora de garantizar la información adecuada a millones de pequeños accionistas y ahorradores, que necesitan esa información veraz para tomar sus decisiones para colocar sus ahorros, y para discriminar entre directivos eficaces e ineficaces.

Entonces, como ahora, muchos empresarios de la banca y las finanzas cometieron errores en la percepción del riesgo, algo que algunos confunden con un fallo de la economía libre.

Lo que ahora sabemos que ha sobrado -tal como ha declarado incluso un importante banquero español- es ingeniería financiera. Y lo que ha faltado es dedicación al negocio bancario tradicional. Ha sobrado endeudamiento desproporcionado y ha faltado prudencia para gestionar el riesgo. Ha sobrado, en fin, autocomplacencia, y ha faltado rigor y transparencia.

Queridos amigos,

Esos fallos –de exceso y de defecto- podemos pagarlos muy caros.

No voy a detenerme en la explicación de las causas de la crisis que hoy vivimos. Para eso hay personas mucho más cualificadas que yo.

Lo que sí me atrevo a vaticinar es que ante la actual crisis vamos a asistir a dos tipos de reacción política.

No van a escasear los países que reaccionen ante la crisis con mayor intervención pública: mayor -que no mejor- regulación, mayor rigidez en los mercados y, probablemente, mayores dosis de proteccionismo ante el exterior.

Van a ser muchos los países que, de la mano del dogmatismo político, avancen por este camino del recorte de la libertad económica.

Pero no será ésta la única vía. Habrá también países que aprenderán con inteligencia de los errores cometidos, y que actuarán con pragmatismo en lugar de dogmatismo.

Éstos serán los que optarán por corregir los errores del Estado en su manejo de la política monetaria, en su actividad supervisora y reguladora, así como en sus políticas públicas, incluida la de acceso a la vivienda.

Y también los que refuercen la información y transparencia en los mercados para que los accionistas y ahorradores cuenten con la información adecuada a la hora de asumir riesgos y contratar a los gestores de las compañías en las que inviertan su dinero.

Estos países serán también los que con mayor probabilidad complementen lo anterior con reformas estructurales en la dirección de la liberalización, la flexibilidad y la apertura comercial. Es decir, los que reaccionen ante la crisis con mayores dosis de libertad económica.

Al mismo tiempo, me atrevo a vaticinar que la salida de la crisis será muy diferente para ambos grupos de países. Los que opten por la primera vía, la del intervencionismo, tardarán en remontar el vuelo, si es que lo remontan en condiciones aceptables.

Los segundos, por el contrario, serán los primeros en superarla y en volver a crecer y a crear empleo.

Queridos amigos,

Cuando un país tiene una tasa de paro del 23%, que es la que tenía España en 1996, cambia su política económica y -a consecuencia de ese cambio- reduce el paro en un 50% en ocho años, habrá quien piense que es por casualidad. Pero no lo es.

Por entonces, y de esto no hace tantos años, España creaba más empleo que Francia y Alemania juntas. En España bajaba el paro a toda velocidad mientras subía en Francia, Alemania e Italia. En estos países le echaban la culpa al colapso bursátil de las empresas de lo que se dio en llamar la nueva economía, culpaban de la crisis al pinchazo de las “punto com”, ¿se acuerdan?

Pues entonces, pese a esa crisis, España crecía al 3%, pero Francia, Alemania e Italia a cerca del 0%.

Desde entonces han cambiado las cosas. Han cambiado los gobiernos. En Francia, en Alemania y en España. Y también han cambiado los resultados.

En España, con la misma crisis financiera que afrontan Francia, Alemania e Italia, se ha incrementado el paro en 800.000 personas en el último año. Pero en la Unión Europea, el paro ha bajado en el último año.

El paro ha bajado en Alemania y en Francia, en esos países a los que algunos dicen que vamos a superar muy pronto en renta por habitante. Y eso que allí sus dirigentes no presumen de jugar en ninguna “Champions League”.

En el último año, en Alemania hay 330.000 parados menos, y en Francia, 200.000 parados menos. España, en cambio, envía a las filas del paro a más gente de la que Francia y Alemania juntos están siendo capaces de sacar del desempleo, que están siendo muchos.

Francia y Alemania no son los únicos. Al revés. El paro ha bajado en Europa en el último año en Austria, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, República Checa, Dinamarca, Estonia, Holanda, Finlandia, Francia, Grecia, Malta, Polonia, Portugal, Rumania, Eslovenia y Eslovaquia.

Con la misma crisis financiera que afrontan los demás y con el mismo presidente de los Estados Unidos, España es la gran excepción, es la generadora del desempleo en Europa. Como en los viejos tiempos.

Queridos amigos,

Yo no soy de los que creo en las casualidades. Más bien creo en las causalidades. Y creo que hay buenas y malas políticas. Y en política económica, como en otros ámbitos de la política, se cosecha lo que se siembra.

Con los datos en la mano, los españoles comprobaron que en los ocho años en los que tuve el honor de presidir el Gobierno de España, el desempleo descendió a un ritmo medio de 270 personas al día.

Ahora, en los cuatro años y medio que otros llevan en el Gobierno, pese a la herencia de prosperidad que recibieron, las personas que han enviado a las filas del paro son de media 270 al día. Claro que no es lo mismo 270 menos que 270 más.

Por si nos escucha algún purista que prefiera comparar periodos homogéneos, les diré que en los primeros cuatro años y medio de mi Gobierno salieron de las listas del paro una media de 650 personas al día.

Lo que ahora vivimos es otra cosa. Estamos viendo cómo se acelera el ritmo de crecimiento del desempleo y en septiembre -el último mes del que tenemos datos- ya son nada menos que 3.200 las personas que son enviadas al paro cada día.

Parece que no es lo mismo crear las condiciones de prosperidad que permitan salir del paro, como hicimos nosotros, que condenar a las personas al desempleo, que es lo que se hace ahora.

Y es que ahora, fruto de estos últimos años de Gobierno socialista, España está empezando a cosechar una profunda crisis económica con muy graves repercusiones sociales. Empezamos a verlo en el drama humano del paro, en la angustia de cientos de miles de ciudadanos que se saben amenazados por el despido, y en la desesperación de cientos de miles de familias en las que ahora ya no entra ningún salario.

No me voy a recrear en el “ya lo advertimos”, aunque ahí están las hemerotecas, que colocan a cada uno en su sitio. A los que fueron calificados de antipatriotas por advertir con acierto de la crisis que se avecinaba y a los autocalificados como patriotas, que nos han devuelto a los tiempos de la crisis y del paro masivo.

Quizá lo que ocurre es que la realidad también es antipatriota. O que los hechos son antipatriotas.

Primero se negó la realidad. Después se descalificó al que se atrevía a mostrarla. Y ahora estamos a punto de identificar, sin sombra de duda, a un enemigo exterior culpable de todos nuestros males. Seguro que ese enemigo exterior será el antipatriota, acompañado por todos los antipatriotas anteriores… incluida la realidad.

Ese juego ya lo conocemos. Hay quien empieza por negar la existencia de la crisis hasta hace sólo dos meses, e inmediatamente, pretende dar clases de cómo salir de ella. Esto quizá sea querer ir un poquito demasiado deprisa.

A la vez, quizá sea querer ir un poquito demasiado despacio llevar cinco años menospreciando la política internacional, sin entender que es algo que va más allá de un simple mitin de partido.

Las consecuencias de querer ir deprisa y despacio a la vez las estamos pagando todos. Desgraciadamente.

Queridos amigos,

Soy de los que piensan que lo sensato es mirar hacia el futuro y plantear qué se puede hacer. Eso fue lo que hice como Presidente del Gobierno de España en circunstancias similares, en 1996. Y creo es lo que me corresponde decir hoy en mi condición de ex presidente del Gobierno.

Lo primero que quiero decir es que España puede salir de la crisis. Que no hay ninguna maldición que nos condene como pueblo al paro masivo y al estancamiento. Es posible volver a crecer, a crear empleo y a reducir el paro.

Estoy convencido de ello porque confío extraordinariamente en la sociedad española, en su capacidad de alcanzar retos colectivos. Lo ha demostrado sobradamente en el pasado.

Pero eso requiere marcar el rumbo adecuado y cambiar claramente el rumbo actual, que nos conduce a encallar en una crisis aguda, profunda y duradera.

Lo primero que España necesita es liderazgo político para dirigir nuestro país en la dirección que permitirá superar la crisis.

Los ciudadanos deben saber que a la crisis hemos llegado aplicando manuales de economía que algunos leen en dos tardes y que tienen un resumen que se lee en cinco minutos que aconseja subir el gasto público, aumentar los impuestos, intervenir con criterios políticos en las decisiones de las empresas privadas, y controlar políticamente los organismos reguladores y supervisores.

Los ciudadanos deben saber también que España no va a salir de esta crisis con mayores dosis de socialismo simpático.

Queridos amigos,

Los ciudadanos españoles necesitan saber que esta crisis requiere un importante esfuerzo colectivo, un esfuerzo suplementario. Que esta crisis requiere responsabilidad, disciplina y dedicación por parte de los líderes. Y que los ciudadanos exigen a sus líderes que les ofrezcan puntos de referencia claros y principios sólidos en los cuales creer.

Frente a la crisis es preciso trabajar más, no menos. Es necesario que el
sector público sea austero. Son imprescindibles las reformas estructurales. Es fundamental mayor competencia y mayor flexibilidad.

No son recetas divertidas, lo sé. Pero en estos tiempos tan difíciles para millones de familias españolas hay que dejar por una vez las frivolidades en el cajón del despacho y decirles a los ciudadanos la verdad.

Hay que explicarles que de esta crisis no vamos a salir con mayor gasto público, subiendo los sueldos públicos, creando ministerios, aumentando los impuestos y recortando la libertad económica.

Hay que explicarles que volver a la senda del crecimiento y del empleo requiere esfuerzos y reformas de gran calado.

En primer lugar, el conjunto de las Administraciones públicas ha de aplicar políticas de máxima austeridad.

Hay, además, que acometer reformas profundas en el funcionamiento de la Administración, para que ésta se sitúe del lado de las empresas y de la creación de empleo, y no frente a las empresas y contra la creación de empleo.

En segundo lugar, la austeridad y la reducción del gasto público debe venir acompañada de reducciones de impuestos, sobre todo aquellos que gravan el empleo.

En tercer lugar, hay que emprender una profunda reforma laboral que incentive la contratación, elimine rigideces y adapte nuestro mercado de trabajo al siglo XXI.

En cuarto lugar, es necesario revisar por completo todo el modelo de organismos reguladores y supervisores, para poner fin a su control político y para asegurar su independencia operativa.

En quinto lugar, son imprescindibles reformas en el terreno de la energía, para además de estimular el ahorro y la eficiencia, incrementar el autoabastecimiento a través de fuentes limpias y seguras como la energía nuclear.

En sexto lugar, hay que retomar el Plan Hidrológico Nacional y, además de garantizar los trasvases ya existentes -que son de Estado y no de partido- ejecutar los contemplados en el PHN derogado en 2004.

En séptimo lugar, hay que avanzar decididamente en materia de pensiones, a través de un nuevo acuerdo del Pacto de Toledo. Es una manifiesta irresponsabilidad que no se haya hecho nada en esta materia en los últimos cinco años.

En octavo lugar, España necesita reformas profundas en su modelo sanitario, en la dirección emprendida por los países escandinavos en los años noventa, que abren el camino a la producción privada de los servicios de salud con financiación pública de dichos servicios.

En noveno lugar, hay que lanzar un programa profundo de liberalización en muchos mercados que aún permanecen al abrigo de la libre competencia.

En particular, España necesita deshacer el camino andado en materia de legislación sobre suelo y reintroducir racionalidad en la ordenación de este recurso, bajo los principios de liberalización y ausencia de discrecionalidad, que siempre corre el riesgo de abrirle la puerta a la corrupción.

En décimo lugar, España necesita un cambio de gran profundidad en su sistema educativo, que retome los valores del esfuerzo, el mérito y el respeto a la autoridad del profesor, acompañado de la libertad de elección por parte de los padres.

A esas diez medidas imprescindibles hay que sumar otras dos para que España recupere el pulso y vuelva a la senda del crecimiento competitivo.

La décimoprimera es que España necesita también una reforma completa de su sistema de Universidades, instaladas mayoritariamente en la mediocridad y la endogamia, que hacen que ninguna de ellas esté entre las 200 mejores del mundo.

Por último, es imprescindible reconstruir el mercado nacional demoliendo las absurdas barreras erigidas por las decisiones de algunas Comunidades autónomas, que lo segmentan sin sentido alguno.

Estas doce medidas son sólo un esbozo de los grandes retos que España tiene pendientes.

Mucho me temo que sin afrontar todos estos retos será difícil salir de la crisis. Y cuanto más tiempo se pierda en ello, más abultada será la factura económica y social a la que tendremos que hacer frente como nación.

Y les puedo asegurar que nada me gustaría más que volver a ver cómo mi país es capaz de remontar una crisis que está provocando angustia y sufrimiento a millones de familias.

Queridos amigos, no les entretengo más. He querido transmitirles mi total convicción de que sólo recuperando certidumbres, confianza y con un fuerte liderazgo es posible convocar a un compromiso general que siente las bases para una rápida recuperación económica y social de España. Creo que hay que tener el coraje de explicarlo y de llevarlo adelante. Y creo también que las recetas infantiles no conducen a ninguna parte.


Presentación por José María Aznar, del libro de Milton y Rose Friedman: "Libertad de elegir"

Conferencia Nacional del MoDem: Discurso de Clausura de François Bayrou (26-10-2008, París) (2).

Modelo americano, modelo europeo

Afortunadamente, la banca independiente europea no ha escuchado en sus certezas a los gobernantes franceses. Digo esto porque la confrontación entre el modelo americano y el modelo europeo, está en el corazón de los años que hemos pasado y de los que nos quedan por vivir.

Sé muy bien que, durante la campaña presidencial, algunos de ustedes -e incluso algunos de los más próximos- no comprendía por qué cuestionaba el modelo norteamericano, una cuestión de separación y enfrentamiento con Nicolás Sarkozy


Estaba convencido desde hace mucho tiempo, de que este modelo que pretendía dominar la globalización definitivamente, estaba en contradicción formal, flagrante, sorprendente y violenta con la vocación francesa y con los valores que prevalecen entre nosotros. Para los interesados hay un artículo de Jean-Claude Casanova en la revista "Comentarios", que define nuestra posición, en el verano de 2007, y que recoge esta argumentación.

Hubo entonces un conflicto que no afectaba exclusivamente a la sociedad, más bien fue un choque de civilizaciones, y estoy muy satisfecho de que lo hayamos manifestado en ese periodo crucial.

Quiero retomar, porque está vinculado estrechamente con la cuestión de las "subprime", el análisis de Michel Camdessus, que me ha gustado mucho, y que se desarrolla en relación a las "subprime". Pero me pregunto si no podemos ir más allá, y pensar que las "subprime" en vez de ser una causa, son más bien una consecuencia, y trataré de exponer por qué.

Recuerden las reflexiones que hemos hecho sobre el tema en las reuniones de este tipo, y también en el congreso fundacional de nuestro movimiento.

¿Cuándo se produjo la ruptura de este modelo de dominación de la globalización, y que he llamado por comodidad, el modelo americano?. ¿Dónde estaba el virus?.

En mi opinión, el virus es el siguiente: este modelo, que algunos denominan neo-liberal, mientras otros lo definen como neo-conservador, y otros lo conocen como anglo-sajón, eligió una orientación que entraba en contradicción con lo que fue la historia de Europa y la historia de Occidente en los últimos 150 años.

En pocas palabras, durante los últimos 150 años tuvo lugar en Occidente - y cuando digo Occidente me refiero a un área tan amplia como desde California a Vladivostok, pasando por casa ... obviamente - el desarrollo de un modelo que se sustentaba en una simple idea, el progreso técnico, tecnológico, científico y económico, y las desigualdades económicas que debían desaparecer o, en su defecto, al menos restringirlas.

Básicamente, todo el mundo vivía con esta idea, como nosotros en Francia. Hemos vivido con la fe en el progreso de Norteamérica, y discúlpenme que lo diga, pero a pesar de los crímenes que no olvido, se ha vivido también vagamente con esta idea en Moscú... Todo el mundo vivía con esta misma idea, de que acompañando al progreso desaparecerían las desigualdades.

Algo que ocurrió a comienzos de la década de los ochenta. Margaret Thatcher fue elegida en 1979 y Ronald Reagan en 1981. Estaban inspirados por la misma escuela, una doctrina que debemos a Friedman o Hayek.

Este pensamiento se consideraba muy estructurado, muy poderoso. Antes de su aprobación, George Bush -padre, no W...-, decía: "Es un pensamiento vudú". No vean ninguna alusión a la actualidad jurídica reciente...

Esa fue la palabra que utilizó para hablar del pensamiento de Ronald Reagan. Este pensamiento se expresó en los círculos más próximos, porque jamás osaría a expresarlo ante la opinión pública, que había que abandonar la idea de la reducción de la desigualdad, que lo mejor para la creatividad de las sociedades, era la aceptación de las desigualdades e incluso que se perpetuaran y ¡crecieran!.

Así que hemos pasado los últimos veinte años en los Estados Unidos.

Hay un informe de la OCDE, que tuve la oportunidad de leer hace poco tiempo, que lo demuestra de la manera más esclarecedora. Hemos visto las manifestaciones de Nicole Maestracci en esta tribuna, a saber, que durante los últimos años, los ricos se han hecho más ricos y los pobres, más pobres.

En esta sociedad en la que el progreso reinó de forma suprema, en la que se tuvo la impresión de que los descubrimientos técnicos sucedían a los hallazgos tecnológicos, los ricos eran más ricos y los pobres más pobres, ¡y no solo un poco!.

En los EE.UU., a lo largo de los últimos veinte años, el precio de la mano de obra no cualificada ha disminuido y en los Estados Unidos en los últimos años, el 50% de la riqueza creada por el pueblo norteamericano, ¡fue capturado por el 1% más rico de la sociedad americana!.

Los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Esto no es una inercia, es el centro mismo del sistema en el que nos encontramos. Así que, discúlpenme por decirlo, pero si esta es la realidad social norteamericana -y por qué no decirlo- de las sociedades anglosajonas, existe sólo un medio evitar que las tensiones sociales nos desborden, ¡y no es otro que la droga!.

Estoy hablando de la droga que se da a los pobres: a saber, la inundación de créditos y que se le va a hacer si no pueden pagarlos. Así, las "subprime", cuya devolución estaba fuera del alcance de los prestatarios, no sólo era un medio de enriquecimiento de los bancos, también era una forma de anestesiar, por el consumo artificial, el malestar de los pobres. Es precisamente este modelo que quería implantarse en Francia, y es precisamente al que nos negamos y teníamos buenas razones para hacerlo.

Ahora, no me malinterpreten, he descrito este fenómeno para los Estados Unidos, pero si bien en menor grado, nosotros también tenemos esta situación en Francia, situación en la que la mayoría de las riquezas son capturadas por la fracción más rica de la población.

Excuso decir, que el escudo fiscal y la Ley Tepa no son otra cosa que la expresión de esta voluntad de favorecer a los más favorecidos para dar energía a la sociedad.

Ahora, por supuesto, que ha estallado el incendio, se hace un llamamiento a los bomberos y a las medidas de urgencia. Estas medidas, ustedes lo saben, se han desarrollado tras varias semanas de vacilación, pero han sido tomadas por los europeos, y en última instancia, considero que está bien. Se actuó de forma más justa y oportuna que con el plan propuesto por los norteamericanos.

Esta doble idea propuesta por el Primer Ministro británico ha traído la tranquilidad: Gordon Brown se declaró dispuesto a sujetar los bancos, incluso entrando a formar parte de su capital, y creando un gran sistema asegurador para los préstamos interbancarios. Yo lo he apoyado.

Hemos votado "a favor" en la Asamblea Nacional y el Senado, y hemos votado "a favor", en particular, lo digo "sotto voce" y con cautela, porque hay una posibilidad, a diferencia del plan norteamericano, para que estos créditos no tengan que ser movilizados.

He dicho "una posibilidad". No he dicho "una gran opción", no he dicho una posibilidad cierta, pero hay una posibilidad de que con el conjunto de estas medidas, se recupere la tranquilidad en los agentes del mercado.

Hemos apoyado este plan, por qué sabemos lo que ocurriría de no hacerlo, el caos, y sabemos que el caos en las quiebras de los bancos, la historia nos lo ha mostrado miles de veces, termina afectando a todo el mundo, especialmente a los más débiles, en sus puestos de trabajo, en su seguridad, en sus ahorros, en sus jubilaciones.

Por eso digo, que en cada ocasión que tengamos que actuar de manera responsable lo haremos. Es nuestra opción, nuestra forma de estar, nuestra elección y nuestra identidad.

Crisis financiera, crisis económica, crisis social

Ahora, por lo tanto, ya que no hemos podido evitar esta crisis, hay, ante nosotros, dos crisis muy importantes, una es la crisis económica, otra es, forzosamente, la crisis social.

Quiero decir que, hay una profunda crisis en la sensibilidad pública de la gente, por que ahora hay dos cuestiones en la conciencia de todos, en la sensibilidad de los franceses que no hacen política, en los que se contentan con escuchar la radio por las mañanas, en los que escuchan todos los días en el discurso correspondiente la concesión de 10, 20, 30, 40, 400 miles de millones de euros para la crisis, dos cuestiones que ocupan a los franceses y les van a mantener ocupados durante los próximos años, dos cuestiones que les hace entrar en cólera.

La primera cuestión es la siguiente: ¿dónde encontrarán esos miles de millones de euros?. ¿De dónde sale ese dinero?, ¿no nos decían que el Estado estaba arruinado?.

La primera cuestión, no se equivoquen, es un reto para la labor que se hizo para lograr un Estado más sobrio y con unas cuentas más equilibradas.

La segunda cuestión es la siguiente: para los bancos, para los banqueros, ellos encuentran todo el dinero que necesitan, por miles de millones y sin límites, pero para nosotros, para nuestra vida, para la educación, para la sanidad, para el empleo para nuestros negocios, hay mucho menos, y a veces no hay nada.

Esta cuestión, en periodo de planes sociales, con el desempleo anunciado, de restricciones de todo tipo, puede anunciar una crisis social.

Estas dos crisis, crisis moral y de equilibrio, y crisis social, están ante nosotros y son consecuencia evidentemente de la crisis económica, aunque se hayan evitado los efectos de la más devastadora.

Todo esto, debido a que no se ha hecho pedagogía de la crisis, o se nos anuncia con gran alharaca que se va a "refundar el capitalismo". Hay que tener en cuenta la ingenuidad que supone desde el comienzo de los tiempos pensar que las cosas que se anuncian en la política o la publicidad se acaban haciendo por sí mismas, y no como Jean Monet imaginaba hacerlas, en la convicción y la discreción, sino hacerlas realmente y ponerlas en escena.

Creo que no hay mucha posibilidad de que las obras surjan de los métodos que se están empleando, que hasta ahora sólo se encuentran en el ámbito de la comunicación.

Sin embargo, quiero ir más allá de esta apariencia. En realidad, se cantan las virtudes de un capitalismo ideal mientras se conduce a la picota al capitalismo real, se trata de hacernos creer que habría un capitalismo virtuoso, el gentil capitalismo de los negocios de otros tiempos, pervertido por el mal capitalismo financiero, y que se regresará al primero suprimiendo el segundo.

Para esto, evidentemente, hay que quemar lo que ayer se adoraba. Espero que no le haya pasado desapercibida a Hugo Chávez la "conversión socialista" de Nicolás Sarkozy. Esto no es más que una payasada, y debe, entre nosotros, reseñarse al lado del Fouquet´s...

Pero más allá de esta forma de ver las cosas, un poco burlesca, barroca, creo que hay algo más, un intento de restaurar la imagen del capitalismo como un modelo de sociedad, y esto constituye una cuestión para nosotros, para los franceses, para Francia, para nuestra historia, que los términos acabados en "ismo" tienen una virtud. Nos dicen lo esencial. En una sola palabra, componen una bandera y un acto de fe.


Traducción: Ciudadanos en la Red y Ramón Gutiérrez

Discurso de Clausura (1)

Discurso íntegro en francés

Vídeo en francés

continuará...

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