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domingo, 6 de enero de 2013

70 millones de personas controlan el 43 % de la riqueza mundial



Son los datos que se derivan de diversos estudios ofrecidos en los últimos tiempos, pero quizás lo más sorprendente sea que el 10 % de la población planetaria controla el 85 % de lariqueza mundial, esto quiere decir que el 90 % restante tiene que conformarse con un 15 % de la riqueza  existente en este planeta. En Estados Unidos y Suiza, el 1 % de la población más rica controla más del 33 % de la riqueza existente en sus respectivos países. En España la riqueza está más repartida, pues el 1 % más rico controla solamente el 18 % de la riqueza nacional.

En épocas de crisis como la que estamos viviendo estos datos nos ofrecen una imagen realmente siniestra sobre la distribución de la riqueza, tanto en el mundo como en los países más avanzados. Los ricos están ocupando el lugar que la aristocracia dejó en las revoluciones del pasado, tanto en Rusia, como en Francia. Y al mismo tiempo está surgiendo una población cada día más numerosa que no tiene recursos siquiera para sobrevivir, un 50 % de la población del planeta sólo controla un 2 % de los recursos mundiales.

Independientemente del juicio que corresponda a esta distribución de la riqueza en el ámbito planetario, quiero exponer algunas cuestiones que se derivan de estos hechos.

1)      Hoy como ayer, el dinero sigue siendo un poderoso caballero que determina el curso de las vidas de las personas más que ninguna otra variable.
2)      Los Gobiernos mundiales en un sistema capitalista global no han resuelto la difícilcoyuntura de equilibrar la democracia política con la estructura económica tras más de cien años de democracia en los países más avanzados
3)      No hay ninguna ideología que haya servido para realizar una distribución de la riqueza más equitativa entre los seres humanos. Tras muchos años de dictadura socialista o comunista, lo único que se cambian son las élites que controlan los recursos. En Argentina Kirchner, en Venezuela Chávez o en Cuba los Castro, tienen miles de veces más recursos propios que el 50 % más pobre de la población que gobiernan, lo mismo ocurre con los miembros del Partido Comunista chino.
4)      El sistema jurídico de los países avanzados, al igual que el de los países emergentes y los de los países pobres, facilita que la desigualdad se perpetúe e incremente, un caso flagrante es el acontecido con los numerosos casos de corrupción política en España o en México, ajenos a cualquier sanción sencillamente por estar protegidos por los partidos que gobiernan y hacen oposición
 5)      Los medios de comunicación participan en la perpetuación del sistema imponiendo censuras cotidianas sobre la realidad, propaganda, intoxicaciones y otras tácticas de manipulación para que la gente no se entere de lo que está ocurriendo.
6)      Los políticos de todos los partidos prefieren empobrecer a los ciudadanos que a bancos quebrados o financieros corruptos. El caso del anterior presidente de la CEOE hoy en reclusión por diversas formas de estafa, es paradigmático.
7)      Este problema no puede resolverse de ninguna forma como se ha pretendido en Francia o hace años en España, persiguiendo a personajes públicos y famosos para dar ejemplo moral de que nadie se escapa al brazo fiscal del Estado, mientras los políticos no se sometan a sí mismos a un ejercicio similar.
8)      Sin duda, el problema de una distribución tan asimétrica de la riqueza en todos los países del mundo no proviene tanto del interés avaricioso de aquellos que coleccionan cada día más riqueza, sino del escaso interés de los políticos por un cambio en esa distribución. En España, tras diversos gobiernos socialistas, la riqueza todavía se incrementó aún más en las grandes fortunas.
9)      Es hora de que maduremos y abandonemos todos los motivos para creer que nos han insuflado en la inmersión falaz a que nos han sometido determinadas formaciones políticas en España, porque cuando tuvieron ocasión de cambiar las cosas no lo hicieron, ni siquiera lo intentaron.
10)   El problema de España y del mundo, no es que los ricos sean más ricos, como tratan de hacernos ver interesadamente algunos propagandistas a sueldo, sino que los pobres sean cada vez más pobres, con cualquier ideología o política, por mucho que se abandere en lo público, lo social y la igualdad. Si así hubiera sido, más allá de un brindis al sol,  las cosas no serían como son actualmente.
Es importante que abandonemos el deporte nacional de la envidia auspiciado por aquellos que viven magníficamente de denunciar aquello que cuando tienen poder no se atreven ni a tocar. El problema de los españoles no es que un 1 % dispongan del 18 % de los recursos, sino que el 50 % dispongan de menos del 10 % de los recursos existentes en este país. De hecho los ricos españoles son menos ricos que los de la mayoría de los países occidentales, con alguna excepción.

Creo que alguien trata de tomarnos el pelo, para España debería ser un orgullo que Amancio Ortega fuera la quinta fortuna del mundo, gracias entre otras cosas al trabajo de muchos miles de españoles. El problema de España no es Amancio Ortega, ojalá tuviéramos muchos más, el problema son los políticos inútiles, los sindicalistas de pesebre, los empresarios que viven al socaire de lo público, ese es el problema de España que ha hecho que el índice de desarrollo humano de España haya descendido más que ningún otro país europeo, y amenaza con llevarnos a la cola de las naciones del mundo en cuanto a las oportunidades que los distintos gobiernos autonómicos, municipales o nacionales ofrecen a sus ciudadanos.

Que Amancio Ortega fuera más pobre de lo que es, posiblemente redundaría en que muchos miles de españoles perdieran su trabajo, sin embargo, tener políticos mejor formados, más responsables y rigurosos, menos charlatanes y delirantes, sería motivo suficiente para que muchos españoles salieran del paro y la pobreza. No permitamos que desvíen la atención de los ciudadanos, los responsables de la crisis en España no son los ricos, sino los ambiciosos políticos que han pretendido hacerse ricos a costa de lo público, aunque para ello arrojaran a la mitad del país a la pobreza, independientemente de la ideología que les haya permitido acceder al poder.

Enrique Suárez

domingo, 10 de octubre de 2010

De la dominación a la potestad


En estos tiempos de crisis, los discursos políticos están contaminados de pesimismo. Muy pocos son conscientes de que estamos viviendo el final de una era, aunque de forma inconsciente son muchos los que perciben un próximo cambio en las relaciones de poder. Por primera vez en la historia de la humanidad el poder dejará de ser vertical, estático, jerárquico para convertirse en horizontal, dinámico y compartido.

Las representaciones del poder que conocemos, especialmente las del ámbito político, están condenadas a su extinción como los dinosaurios, porque el mundo se ha hecho demasiado próximo y diverso para ser gobernado exclusivamente en función de criterios ideológicos, religiosos o culturales. Estamos a un paso de superar el estado de creencia, para avanzar hacia el estado de creación. La vanguardia de la humanidad ha dejado de creer en las verdades reveladas por la política, la religión o la economía. Pronto abandonaremos el maniqueísmo y la contradicción dialéctica buscadora de síntesis y acuerdos, para dirigirnos a la auténtica complejidad de la realidad, que incluye la diversidad relativista de perspectivas en su análisis.

El conflicto al que nos enfrentamos no es nuevo, prácticamente es el mismo desde la declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 y la Revolución francesa de 1789. Su ámbito de desarrollo es el poder en todas sus formas. Estamos ante una auténtica encrucijada humana denominada globalización. El mundo ya nunca podrá ser de nadie, porque sólo podrá ser de todos. Al contrario de lo que indicaba Fukuyama hace unos años no estamos ante el final de la Historia, sino ante el final de la Historia del poder como dominación y servidumbre o el comienzo de la Historia de la era de la libertad.

La era de la libertad

La realidad es una, sus perspectivas múltiples, pero la mirada no transforma la realidad, solo lo que se interpreta de la realidad. Una huelga general, por ejemplo, como se ha visto recientemente, es un acto de liberación para algunos, mientras que es un acto de opresión para otros. La decisión de un Gobierno de conceder subvenciones a determinados grupos sociales, como ha ocurrido en España desde el criterio de Estado Providencia esgrimido por el poder gubernamental, al final se traduce en subida de impuestos y recortes sociales, que nos afectan a todos. La moralidad justiciera del igualitarismo es una de las injusticias más opresivas en la que se han instalado los gobiernos de Rodríguez Zapatero, pensando que iban a salvar el mundo con sus buenas intenciones. Craso error.

La administración del poder se ha urdido históricamente sobre tremendas falacias. Al contrario de lo que muchos piensan, el capitalismo no se fundamenta sobre la libertad, sino sobre la opresión, estas palabras pronunciadas por un declarado liberal como el que escribe, representan el anticipo de lo que viene. No hay libertad sin igualdad de condiciones de partida y en el mundo nunca ha existido tal cosa. Para que exista libertad tiene que darse una condición previa de equidad (no de igualdad como propone el socialismo, algo absolutamente imposible) en un escenario de justicia.

El capitalismo es un sistema opresor idéntico al socialismo, ambos están condenados a su cambio profundo, y de no hacerlo, a su desaparición. El capitalismo nos explota desde el mercado y el socialismo (al igual que las doctrinas conservadoras) desde el Estado. Un mundo de Libertad no puede admitir la explotación de los seres humanos, ni por el mercado, ni por el estado. Al igual que tampoco puede asumir los privilegios heredados o adquiridos fuera de la ley, desde la corrupción o el abuso de poder, como determinantes de la realidad.

De la igualdad a la equidad

No somos iguales, ni lo vamos a ser, por mucho que traten de uniformarnos en una homogeneidad ideal. Los seres humanos somos diversos desde que nos constituimos en especie y vamos a seguir siéndolo, esa es la auténtica realidad. La pregunta que se debe hacer es como conseguir la equidad con seres diversos, realmente solo veo una forma por medio de la cultura y el aprendizaje. La educación es la clave, pero no una educación homogénea, estándar, y estática sino una educación diferencial, plural, y dinámica que permita a los más jóvenes adquirir los conocimientos necesarios para alcanzar su plenitud como seres humanos. La educación debe dejar de fundamentarse exclusivamente en la transmisión pasiva de conocimientos para dirigirse a la exploración permanente de las circunstancias. Debe traspasar el ámbito de la memoria y la reiteración para aproximarse a la creatividad y la experiencia.

Un mundo libre sólo puede ser un mundo justo, aquel en que los mejores, los que se esfuerzan, los que luchan por sí mismos, respetando las reglas del juego, progresan, mientras que los que se duermen en la eternidad de sus suspiros y sufrimientos decaen. Debemos superar los modelos fundamentados en la caridad , la piedad o la solidaridad, para avanzar hacia aquellos establecidos sobre la libertad y la responsabilidad. Todo el mundo es libre de hacer lo que le dé la gana, pero en justicia, la sociedad no debe pagar las equivocaciones voluntarias y libres de los que deciden disfrutar del dolce far niente, sin merecérselo.

La única diferencia que se puede admitir en un mundo libre es la que separa al que trabaja y se esfuerza del que no lo hace. La única función del Estado es equilibrar las circunstancias de partida, pero no exclusivamente dando oportunidades diferenciadas a los que menos tienen, sino adoptando un papel activo en su orientación hacia sí mismos y su libre desarrollo, corrigiendo los déficits originales en el ámbito cultural de sus familias. No se trata de dar becas, sino de proporcionar los recursos para utilizarlas de forma responsable cuando en el ámbito de origen no existen. Tampoco, en ningún caso, el Estado puede establecer igualdades de destino del que ha hecho todo lo que ha podido y el que no ha hecho nada pudiendo hacerlo. Eso es injusto y supone lastrar la sociedad con el privilegio de los parásitos.


Es necesario abandonar el ámbito mental de la dominación fundamentado en la posesión, que en su exceso es siempre un abuso del poder, que rebasa los límites de la justicia, para adentrarnos en el de la potestad fundamentado en el uso responsable del poder, que se ciñe a los límites de la realidad y las leyes. El filósofo que estudió el fenómeno del poder con más entusiasmo fue el heterodoxo Michel Foucault, que consideraba que el poder no debía restringirse exclusivamente al ámbito de dominación ejercido por una persona o un grupo de personas sobre otras, sino al entramado de relaciones existentes en la sociedad. También un filósofo español ha explorado con criterio propio las relaciones reales entre poder y sociedad, George Santayana, autor de "Dominaciones y Potestades".

Más allá del poder

La autoridad no puede seguir deviniendo del poder, sino de su superación. Nos dirigimos a un mundo de autoridad colectiva y democrática directamente representada, que eliminará la intermediación representativa de los políticos y sus fortalezas partidarias. Actualmente vivimos en una transición entre la representación política indirecta que nos ofrecen los políticos y la representación política directa de los ciudadanos. El poder debe abandonar su representación en el ámbito personal, para encaminarse hacia el ámbito de la decisión colectiva. La ejecución política de las decisiones será ejercida por los funcionarios públicos en el ámbito de la delegación o el mandato, sin llegar al imperativo. Debemos cambiar nuestros anticuados códigos legales y crear nuevas figuras delictivas encaminadas a erradicar la corrupción, la usurpación, el robo de bienes públicos, la propaganda y otras coerciones establecidas desde el poder en estos momentos.

La Era de la Libertad requerirá solo una condición, que todos los seres humanos en todas las demarcaciones en que el poder establece su dominio nos pongamos de acuerdo para que cambien las cosas. Nietzsche acabó con la teocracia occidental para que Marx propusiera su dictadura del proletariado y Ford su dictadura productiva deshumanizada, a lo largo del último siglo hemos comprobado que debemos alejarnos tanto del capitalismo deshumanizador como del totalitarismo estatalista, está muy claro que donde la presión de ambos se contiene por una sociedad civil que no vive en la ignorancia, que conoce sus derechos y ejerce sus libertades civiles, la inmensa mayoría de la gente vive mejor y las minorías son respetadas y protegidas.

Es hora de abandonar la demagogia maniquea en la que vivimos para dirigirnos a una democracia de seres humanos libres, o si se prefiere, es hora de pasar de la “mitocracia” convencional a una
“logocracia” apartidaria, reflexiva y ecuánime. Es hora de que los seres humanos seamos lo que queramos y no lo que quieran los que detentan el poder. Estamos atravesando el largo camino que va desde la servidumbre a la libertad y la meta se distingue próxima en el horizonte.

Biante de Priena

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