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domingo, 25 de enero de 2015

Programa de Syriza con el que triunfó en las elecciones generales griegas de 2015


Programa de SYRIZA 

1. Realizar una auditoría sobre la deuda pública. Renegociar su devolución y suspender los pagos hasta que se haya recuperado la economía y vuelva el crecimiento y el empleo.
2. Exigir a la UE un cambio en el papel del BCE para que financie directamente a los Estados y a los programas de inversión pública.
3. Subir el impuesto de la renta al 75% para todos los ingresos por encima del medio millón de euros anuales.
4. Cambiar la ley electoral para que la representación parlamentaria sea verdaderamente proporcional. 5. Subir el impuesto de sociedades para las grandes empresas al menos hasta la media europea.
6. Adoptar un impuesto a las transacciones financieras y también un impuesto especial para los productos de lujo.
7. Prohibir los derivados financieros especulativos, como los swaps y los CDS.
8. Abolir los privilegios fiscales de los que disfruta la iglesia y los armadores de barcos.
9. Combatir el secreto bancario y la evasión de capitales al extranjero.
10. Rebajar drásticamente el gasto militar.
11. Subir el salario mínimo hasta su nivel previo a las recortes (751 euros brutos mensuales).
12. Utilizar los edificios del Gobierno, la banca y la iglesia para alojar a las personas sin hogar.
13. Poner en marcha comedores en los colegios públicos para ofrecer desayuno y almuerzo gratuito a los niños.
14. Ofrecer sanidad pública gratuita para las personas desempleadas, sin hogar o sin ingresos suficientes.
15. Ayudas de hasta el 30% de sus ingresos para las familias que no pueden afrontar sus hipotecas. 16. Subir las prestaciones de desempleo para los parados. Aumentar la protección social para las familias monoparentales, los ancianos, los discapacitados y los hogares sin ingresos.
17. Rebajas fiscales para los productos de primera necesidad.
18. Nacionalización de los bancos.
19. Nacionalizar las antiguas empresas públicas de sectores estratégicos para el crecimiento del país (ferrocarriles, aeropuertos, correos, agua…). 
20. Apostar por las energías renovables y por la protección del medio ambiente.
21. Igualdad salarial para hombres y mujeres.
22. Limitar el encadenamiento de contratos temporales y apostar por los contratos indefinidos.
23. Ampliar la protección laboral y salarial de los trabajadores a tiempo parcial.
24. Recuperar los convenios colectivos.
25. Aumentar las inspecciones de trabajo y los requisitos laborales para empresas que accedan a concursos públicos.
26. Reformar la constitución para garantizar la separación iglesia-Estado y la protección del derecho a la educación, la salud y la protección del medio ambiente.
27. Someter a referéndum vinculante los tratados europeos y otros acuerdos de importancia.
28. Abolición de todos los privilegios de los parlamentaarios. Eliminar la especial protección legal de los ministros y permitir a los tribunales ordinarios procesar a los miembros del gobierno.
29. Desmilitarizar la guardia costera y disolver las fuerzas especiales antidisturbios. Prohibir la presencia de policías encubiertos o con armas de fuego en las manifestaciones y mítines. Cambiar los planes de estudio de los policías para poner énfasis en los temas sociales, como la inmigración, las drogas o la exclusión social.
30. Garantizar los derechos humanos en los centros de detención de inmigrantes.
31. Facilitar a los inmigrantes la reagrupación familiar. Permitir que los inmigrantes, incluso los indocumentados, tengan acceso pleno a la sanidad y la educación.
32. Despenalizar el consumo de drogas, combatiendo solo el tráfico. Aumentar los fondos para los centros de desintoxicación.
33. Regular el derecho a la objeción de conciencia en el servicio militar.
34. Aumentar los fondos para la sanidad pública hasta los niveles del resto de la UE (la media europea es del 6% del PIB y Grecia gasta el 3%).
35. Eliminar el copago en los servicios sanitarios.
36. Nacionalizar los hospitales privatizados. Eliminar toda participación privada en el sistema público de salud.
37. Retirada de las tropas griegas de Afganistán y los balcanes: ningún soldado fuera de las fronteras de Grecia.
38. Romper los acuerdos de cooperación militar con Israel. Apoyar la creación de un estado Palestino dentro de las fronteras de 1967.
39. Negociar un acuerdo estable con Turquía.
40. Cerrar todas las bases extranjeras en Grecia y salir de la OTAN.

sábado, 24 de enero de 2015

Podemos echarlos a todos


Celebro la declaración contra la estupidez patria que ha pronunciado el recientemente nombrado director de la Real Academia Española de la Lengua, Darío Villanueva: “la RAE nunca hará un diccionario políticamente correcto”. Garantía de todos los derechos y deberes es poder denominar a las cosas por su auténtico nombre, poniendo subrayados, cursivas y negrillas sobre los despropósitos que asolan y asedian la opinión pública española

Tal vez, haber sido uno de los primeros medios donde los españoles pudieron acceder al concepto de casta –otro fue “Voto en blanco” de Francisco Rubiales-, y divulgarlo con insistencia desde entonces,  conceda a este humilde blog la potestad de poner negro sobre blanco en la entelequia que se dirime en este país. Por aquel tiempo, alrededor de 2007, los partidos políticos españoles que conformaron la casta vivían felices en su Arcadia de despropósitos, despilfarros y desenfrenos, mientras que algunos líderes de Podemos, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, servían a los intereses de las castas bolivarianas de Latinoamérica (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua), la gerontocracia cubana y la islamista tiranía teocrática persa, sin haberse pronunciado al respecto de la imposición del poder político sobre los ciudadanos de estos países, cercenando su libertad, pisando los derechos humanos, arruinando su futuro y asfixiando su convivencia.

Es por ello preciso, determinar, más allá de fintas retóricas y argucias demagógicas, la descripción del escenario en el que se dirimen las cuitas del poder en nuestro país, porque si Voltaire nos acompañara, seguramente pronunciaría su “ecrasez l´infame”, pues nunca en este país, de nombre España, ha existido más esplendor de la infamia, la ignominia y el escarnio. Alarde de demagogia y despotismo verbal, para ocultar que nos ha tocado en suerte la representación política más degenerada de la historia democrática reciente. Infamia, ignominia, escarnio, son los ejes de la política española actual.

El escenario de la infamia se corresponde con el PP, con Luis Bárcenas, ex tesorero del partido acusando a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de financiarse de forma ilegal y del partido de acusar a Luis Bárcenas de haber robado 48 millones de euros de las arcas de la formación política sin que nadie se hubiera enterado entre los que conforman la casta dirigente del desfalco. Sin autocrítica es imposible la democracia, sólo puede existir despotismo. Sí Barcenas ha robado en el PP, el PP es responsable de que lo haya hecho, bien en grado de participación directa como indica el acusado o de negligencia irresponsable, por parte de sus dirigentes. Roma no paga a traidores, pero paga sus errores. En cualquier circunstancia, los dirigentes del PP actual consideran que los españoles somos idiotas.

El escenario de la ignominia se corresponde con el PSOE,  CIU y el PNV, también UPyD y Ciutadans forman parte del engendro, pues todos ellos consideran a los demás, en prodigio de desfachatez, responsables de lo ocurrido, cuando en realidad han sido autores o cómplices del descalabro. En todos estos partidos se produce al mismo tiempo una lucha interna entre los que pretenden seguir haciendo lo mismo, es decir, trincar sin límite y los que pretenden tirar de la cadena, aunque algunos de sus líderes más reconocidos se vayan a las cloacas de la historia, sea Zapatero, sea Pujol, sea Rosa Díez. En cuanto a los nacionalistas, nunca se han sentido españoles más que para robar lo que pudieran, a los de dentro diciéndoles que eran diferentes y a los de afuera diciéndoles que también lo eran. Prodigio de la diferencia, que vale lo mismo para roto, que para descosido

El escenario del escarnio se aventura entre las izquierdas y los nacionalismos radicales, en realidad hijos del trotskismo, aquel que recomendaba caminar separados para golpear juntos, que juegan a la desestabilización, el cuanto peor mejor para nosotros, y las propuestas más descorazonadoras que se han visto, en las que la realidad nada tiene que ver con sus presupuestos y la demagogia, la agitación y la propaganda son medios que justifican el asalto al poder que se han propuesto. Aquí tenemos a formaciones políticas como Podemos, IU, ERC, Bildu, CC, y otras de menor entidad, que anhelan destruir lo existente para imponer su propio despotismo.

Cuando los griegos decidieron prohibir los partidos políticos en los albores de la democracia, comprendieron que toda secta partidaria es un enemigo común de los intereses generales. España no se salvará hasta que estos profesionales del ensañamiento en el expolio y la extorsión, auténticas alimañas carroñeras de libertades, derechos y recursos de los españoles estén alejadas del poder, con estigma de ostracismo. No hay ninguna posibilidad para que la democracia exista entre aquellos que han abrazado el despotismo, la putrefacción y la oclocracia como ejes de su miserable calaña, ni para aquellos que los abrazan a ellos, como única alternativa a sus males.

Mientras tanto, en año electoral, una mayoría silenciada y silenciosa de no representados, harta de descerebrados gastándose sus impuestos en un simulacro esperpéntico a su mayor gloria, medita sobre como desalojar del poder para siempre a tanto hijo de puta disfrazado de demócrata.

Enrique Suárez 

miércoles, 21 de enero de 2015

Las fuerzas del mal




No voy a parodiar al Presidente George Bush, pero voy a utilizar este concepto que acuñó durante la invasión de Irak para definir un grupo de propagandistas que ejercen su trola de forma permanente en las redes sociales, sin recato alguno. Las fuerzas del mal, son precisamente las que no ven nada bien de lo que hagan los contrarios y, sin embargo, ven todo bien en los propios, aunque se demuestre que esté mal, sea inútil, o sea un engaño. 

Decía Noam Chomsky que quien en una democracia distribuye propaganda viene a ser un totalitario que en un régimen  que estableciera repartiría coerción, y va a tener razón. En estos tiempos hay enemigos de la información veraz en una proporción inusual. Nunca medraron más fantasmas imponiendo sus mentiras que en los tiempos actuales. Y lo curioso es que no se cortan un pelo, y como te atrevas a decirles que lo que publican no es correcto, lo mínimo que te espetan es que eres un fascista.

No está bien que en una democracia haya individuos que vayan de lobos solitarios intoxicando a la gente, pero todavía está mucho peor que se organicen en sectas para hacerlo. Estos enemigos de toda libertad de expresión que no sea la suya deberían ser excluidos por los demócratas, perseguidos y condenados al ostracismo público. Sin duda sus actos de terrorismo menor, con la finalidad de lograr su propósito, le hace un flaco favor a la democracia y también a la libertad de expresión, y por supuesto a la comunicación normal entre la gente.

¿Por qué hay gente que trata de hacer lo posible por llenar de mierda los escenarios donde otros están charlando tranquilamente sobre lo que les dé la gana? ¿Qué derecho tienen a hacerlo? ¿Hasta cuándo los que no lo hacemos lo vamos a consentir?

Cierto es que hay orientaciones políticas interesadas en ofrecer una realidad diseñada por sus deteriorados cerebros, que elevan a categorías universales casos particulares y que deducen que la única vedad en este mundo es la que ellos pregonan como si fueran súbditos del califato de Levante. No tiene mucho sentido, en un mundo en el que la gente puede acceder a diferentes fuentes de información y constatar que una noticia es verdadera o falsa, de poco sirve dedicarse a la innoble tarea de intoxicar a los demás.

Como se decía ayer con las falsas banderas, es tan fácil descubrir a los propagandistas que nos intoxican cada día, que sólo pensando que consideran que la gente es idiota, es decir, más idiotas que ellos, pueden seguir con su cruzada para implantar sus mentiras.

Les dejaré un instrumento para desmontar a los impostores, que usurpan cada día nuestro derecho a estar informados con noticias reales y no  con opiniones totalitarias a la carta de los intereses de los propagandistas y los amos/clientes que patrocinan. 

Si ustedes ven que alguien publica una noticia que inclina a su falsedad, sólo tienen que seguir durante un tiempo la conducta del sospechoso, cuando vean que no comenta, que sólo entra un muro de Facebook o un foro a dejar su cagadita, que no responde a las respuestas que se le dan, que siempre está con el mismo tema o contra los mismos enemigos, y que por último, se enfada si alguien le acusa de ser un troll, ni lo duden un momento, es mucho más valioso para su salud contar las líneas de corte del papel higiénico en el futuro, que leer lo que ponen estos cenutrios, parásitos de nuestra atención y libertad

Enrique Suárez

lunes, 19 de enero de 2015

Las falsas banderas


Cada vez que ocurre una barbaridad en este mundo alguien tira rápidamente de falsas banderas, ha ocurrido con el último atentado cometido en París contra la revista satírica Charlie Hebdo. ¿Pero qué son las falsas banderas?

En realidad tal cosa es una forma de denominar que cuando ocurre algo  que pone en peligro la seguridad, la libertad, la democracia, siempre es culpa de los mismos, los habituales criminales de todas las cosas que ocurren en este planeta son: 1) el capitalismo, esos malditos “neoliberales” que siempre están masacrando a la pobre gente 2) los Estados Unidos, habitualmente la CIA, 3), los israelitas, habitualmente el Mossad, 4) cualquier gobierno de derechas, la casta o vete tú a saber.

Las falsas banderas, extrañamente nunca están protagonizadas por agrupaciones políticas de izquierda, rusos o chinos, países islámicos, o países de América Latina, incluyendo Cuba. Las conspiraciones siempre son de los otros, de los contrarios, a los que las enarbolan.

Sin embargo, es curioso que precisamente, la inmensa mayoría de los que hablan de las falsas banderas sean de izquierdas, habitualmente radicales y extremistas. Se suelen representar en nuestro país en una bandera, la republicana que es falsa, puesto que vivimos en una monarquía, y en un himno, el de Riego, que no les corresponde, porque Riego era un liberal y no un republicano. Los nacionalistas les suelen colocar estrellitas a las banderas de sus comunidades, es decir, también son falsas. Así tenemos que los que hablan de falsas banderas, son precisamente, los que defienden banderas falsas, cruel paradoja. 

En realidad, creo que las falsas banderas son una herramienta de agitación y propaganda enarbolada por los que se quieren aliar con los enemigos de Occidente, el capitalismo, los Estados Unidos, Israel y el sistema de libertades en el que vivimos en Europa, habitualmente pertenecientes a formaciones políticas de izquierda o nacionalistas radicales, que tienen como objetivo destruir las banderas auténticas para imponer las suyas, aunque sea en connivencia con aquellos que agreden a nuestra democracia, la libertad de expresión y el Estado de Derecho.

Podemos, por ejemplo, es una formación política de falsa bandera que ha estado patrocinada por Irán, Venezuela y Cuba, donde sus líderes han apoyado a las castas de las dictaduras que gobiernan estos países, que ha apoyado a los seguidores de ETA, a los nacionalistas radicales catalanes que buscan su escisión de España y que son capaces de apoyar cualquier causa que pueda oponerse al imperio de su retórica caduca que oculta el comunismo que contiene con oropeles circulares, mientras que el Comité Central dirigido por Pablo Iglesias, va cercenando cualquier brote de libertad entre sus seguidores, eso sí, sin que se note mucho que pronto hay elecciones y parece que la propaganda funciona mejor que nunca.

¿Acaso Podemos no es un partido comunista radical que enarbola la democracia como falsa bandera? ¿Es el comunismo democrático? ¿Dónde y cuándo lo ha sido tras alcanzar el poder? Creo que va siendo hora de reflexionar sobre las tonterías que ocurren.


Enrique Suárez

viernes, 16 de enero de 2015

Consecuencias de la deflación para los ciudadanos





Los precios en España se han reducido en un 1 %  en diciembre de 2014 con respecto al año anterior. Según el FMI,  dos trimestres consecutivos con bajada de precios, deben considerarse como deflación.  Pero ¿qué es la deflación?, ¿cómo afecta a nuestras vidas? 


Trataré de exponer a continuación, algunas de las consecuencias que pueden producirse en nuestras vidas relacionadas con este pernicioso fenómeno que, por ejemplo, ha mantenido a Japón en una crisis prologada de 25 años.


La deflación es en realidad una consecuencia de la reducción de la demanda agregada, por decirlo en cierta forma es un retroceso en el consumo de bienes y servicios que se va reduciendo progresivamente, en una espiral, algo que se va manifestando en la reducción de precios.


España ha entrado en deflación por la bajada de los productos del petróleo, pero hay que tener en cuenta que tras Grecia, es el segundo país del mundo que más deflación ha tenido el año pasado. No solo la bajada de los carburantes explica la deflación en España, el elevado paro, la escasa liquidez y las deudas acumuladas, tienen algo que ver también en el fenómeno, y por supuesto, las nefastas políticas de falsa austeridad que ha promovido el gobierno, siendo austeridad para los ciudadanos, pero no para los que detentan el poder, que todavía han incrementado más el gasto público.


Si la gente no consume, los precios disminuyen, pero las empresas productoras sólo pueden abaratar sus precios hasta un límite, porque a partir de ahí se producirán pérdidas. Antes de eso las empresas abaratan costes y entre ellos los laborales son los primeros, por lo que la deflación es una presión que incrementa el desempleo.  En un país como España con cotas de desempleo del 24 % esto puede tener unas consecuencias funestas, porque cuanto más se reduce el empleo y los salarios, más se sigue reduciendo el consumo. El valor 100 de diciembre de 2014 es hoy 99, es decir, el valor se ha devaluado, pero sigue costando prácticamente lo mismo.


Por otra parte, al saber que los precios tienden a la baja, se difiere el consumo, si alguien tiene que comprarse una vivienda o un vehículo, espera, pues sabe que los precios seguirán bajando, esto también reduce la demanda de viviendas y vehículos, que actualmente se encuentran ya subvencionados en su compra, y también contribuye a reducir los trabajadores en los sectores afectados. Lo mismo se puede decir de electrodomésticos, o bienes de cierto valor, pero también de los de valor mínimo, por ejemplo la alimentación, se reduce la demanda de productos de más valor y se incrementa la de los de menos valor, por lo que los productos de alto valor no resultan rentables y empiezan a desaparecer del mercado produciéndose escasez.


Al mismo tiempo se incrementa el valor de las deudas, la reducción de los salarios que es una consecuencia de la deflación, termina haciendo que las deudas cada día requieran más horas de trabajo para pagarlas. Quien tiene una hipoteca de 100.000 euros y ve que su salario se reduce un 10 %, en realidad es como si su deuda se hubiera incrementado a una deuda de 110.000 euros. Como la gente tiene que pagar sus deudas de forma prioritaria, el dinero libre del que disponen cada día es menor y eso reduce aún más el consumo.


Cuando los precios caen, el dinero se vuelve más valioso porque la misma cantidad de euros compra más, es decir, aumenta el poder adquisitivo de los consumidores. Por eso los que tienen unos ingresos fijos como los pensionistas o muchos funcionarios, salen, a la larga, beneficiados, porque aumenta el poder adquisitivo de sus ingresos, mientras que todos los demás sectores de la población se ven perjudicados. El que tiene dinero, tendrá más dinero, y el que no lo tiene, tendrá más deudas. La deflación beneficia a los ricos y perjudica a los pobres.


En circunstancias sin crisis económica, los gobiernos podrían cambiar el sentido del índice de precios con inversiones públicas, pero con la elevada deuda pública que hay en España y con el elevado déficit público, esto resulta imposible. La deflación es una presión sobre el gasto público que debe reducirse, pues el Estado recauda menos al contraerse la economía y existir menos consumo. La deflación repercutirá de forma negativa sobre las inversiones públicas y los empleados públicos que tenderán a reducirse. En cuanto a las medidas monetarias, al ser España un país miembro de la unidad monetaria no depende de sí misma para aplicarlas y como otros países como Alemania o Francia, luchan por no entrar en deflación, tratarán de aplicar políticas de rescisión de grandes inversiones en Europa.


Independientemente del crecimiento que se supone que España tendrá en 2015, próximo al 2,5 % según los más optimistas, la bajada de precios contrarrestará los efectos positivos del crecimiento. Solo una reducción del gasto público podría permitir realizar inversiones públicas para incrementar los precios, el empleo y la demanda de los consumidores,  pero eso no debe entrar en los planes de los numerosos gobiernos que hay en España, que siguen exigiendo austeridad a los españoles, con una carga impositiva cada vez mayor, mientras que se despilfarra en gasto público suntuario e innecesario buena parte de las oportunidades que nos quedan de no entrar en una recesión para varias décadas. 


Enrique Suárez
  

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