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jueves, 24 de enero de 2013

El golpe de Estado de Zapatero se consolida en Cataluña



"Una nación es un resultado, nunca un propósito" Max Weber

El presidente por accidente, José Luis Rodríguez Zapatero,  pasará a la historia de España como el primero que dio un golpe de Estado desde el poder utilizando las instituciones públicas españolas, el Gobierno, el Parlamento y el Tribunal Constitucional para no ocasionar una fractura en su partido, entre el PSOE y el PSC, que al final será inevitable. Ya sabemos que en su doctrina y talante, España era discutida y discutible, lo que no impidió que la dejara arruinada;  primero se hizo la siembra, el Estatut, y ahora se recoge la cosecha, la declaración de soberanía.

En este blog denunciamos en su día, allá por el 2009, que Zapatero estaba dando un golpe de Estado encubierto con la cuestión catalana, hoy parece que hay otros que están convencidos de que así ha sido. Sin duda está claro que el Presidente Rodríguez Zapatero ha sido un traidor a los intereses nacionales y generales de los españoles, desde el sectarismo que ha caracterizado su trayectoria. No solo ha sido el peor gestor económico en lo que llevamos de democracia, sino el más impertinente y depravado de todos los presidentes de Gobierno, además de malintencionado enemigo de la cohesión entre los españoles.

¿A quién se le puede ocurrir destrozar la nación que preside con tal de salvar una escisión en su malhadado partido político? Sinceramente, sólo a un impresentable mequetrefe digno de las peores desventuras.

Los nacionalistas-republicanos-estalinistas han hecho lo que corresponde, utilizar las peripecias del tonto útil del talante para imponer su voluntad sediciosa, vulnerando la Constitución Española, las sentencias de los tribunales de justicia españoles, Supremo y Constitucional,  y los artículos 544 y 545 del Código Penal español (*). Además del mínimo rigor democrático, gracias a su ignorancia supina, porque por mucho que se empeñen, la supuesta soberanía para convocar una consulta sobre la independencia jamás puede provenir del Parlament de Catalunya que es una representación conferida de poder NO soberano, sino del mismo pueblo de Cataluña directamente, siempre que en España hubiera una soberanía popular, pero como es nacional, no es fragmentaria, por mucho que se empeñen los hechiceros. La soberanía reside en los pueblos cuando es nacional, aunque en la imaginaria República de Catalunya posiblemente la limiten al poder representado. La distinción es fácil, en el caso que nos ocupa, tras la declaración soberanista del Parlament, los soberanos han sido los parlamentarios, y no los catalanes.

Sin duda ahora lo que nos queda ver es la escenografía del despropósito que nos concederá el PP, un partido al que España le ha importado una mierda soberana, porque de no haber sido así no hubiera permitido que un imbécil como el predecesor de Rajoy, nos hubiera tomado el pelo a los españoles hasta provocar un desfalco de los recursos públicos que supera los 400.000 millones de euros, compensado posteriormente con la emisión de una deuda pública que hoy nos asfixia.

Era lo que le faltaba a este país, el apocalipsis de todos los despropósitos, que los representantes de los catalanes en el Parlament nos quitaran a los españoles la soberanía, y derogaran la Constitución de “iure” y de “facto”, porque si España pierde su condición de patria indivisible de los españoles, la Carta Magna pierde su vigencia.

Menos mal que Rubalcaba y Rajoy harán un pacto para explicarnos a los españoles las razones por las que debemos seguir confiando en el PP y el PSOE que, sin duda, quieren lo mejor para este país aunque se hayan llevado el dinero de los españoles a Suiza. 

Al fin y al cabo, los partidos políticos que conforman La Casta, ya han determinado la auténtica cohesión entre Cataluña y España, que tengan la misma capital en Zurich (Suiza), como todo el mundo habrá supuesto, y que al final, es lo único que les importa.

(*)
Artículo 544 Código Penal español 
 
Son reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se alcen pública y tumultuariamente para impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales.

Artículo 545 Código Penal Español


1. Los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo.

2. Fuera de estos casos, se impondrá la pena de cuatro a ocho años de prisión, y la de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de cuatro a ocho años.

Enrique Suárez

martes, 22 de enero de 2013

La difícil situación de Mariano Rajoy




"En una situación de crisis, donde todo el mundo lo está pasando mal, donde todo el mundo tiene dificultades, donde mucha gente ve como no le paga ni siquiera la administración, es un disparate quitarle recursos a los particulares y subir los impuestos. Y eso va contra el empleo. Eso va contra el bienestar y eso va contra la riqueza, y desde luego este partido se opondrá a cualquier nueva subida de impuestos que demagógicamente plantee el gobierno de España". - Mariano Rajoy, Julio de 2009

Los problemas de corrupción política siempre se resuelven peor cuando se está en el poder, formando Gobierno, porque las sospechas de la gente se  incendian con el acceso al dinero público, pero alcanzan proporciones de catástrofe cuando los hechos ocurren en medio de una crisis económica, política e institucional galopante como la que se está viviendo en España;  cuando además, el Gobierno ha subido los impuestos, ha hecho recortes, y además, ha tratado de pasar página sobre la debacle organizada por su predecesor (la clemencia que ha mostrado con el PSOE, ha sido una tiranía con los españoles, que han visto su protección del rival político, a pesar de haber cometido inestimables tropelías, como un acuerdo de no agresión  espaldas de los ciudadanos), o ha convertido al pueblo español en más endeudado  por temas tan nefandos como los de las Cajas de Ahorros.

Cierto es que el PP no es el único partido sospechoso de corrupción en este país, sólo el caso de los ERE de Andalucía se eleva a los mil millones de euros en sus imputaciones y recientemente hemos visto la tragicomedia catalana en su máximo esplendor.  Pero en esta ocasión, de poco importa lo que han hecho los demás, porque al estar en el gobierno no puede quedarse sin hacer nada y el problema fundamental es que todo lo que haga, tampoco va a devolver la confianza de los ciudadanos en los partidos políticos.

Recientemente en una encuesta de El País, un 95 % de los entrevistados decían que los partidos políticos en España trataban de ocultar la corrupción política, en vez de perseguirla y un 92 % que la justicia no era capaz de resolver los problemas de corrupción política, fundamentalmente por falta de voluntad, y también por diversas injerencias del poder político en sus tareas. Hoy mismo, el Fiscal General del Estado ha dicho que no tolerará injerencia alguna del poder político en las funciones que le corresponden a su ministerio, saliendo de pronto de la ceguera que había caracterizado su andadura hasta ahora.

Pero sin duda, el mayor escollo que presenta Mariano Rajoy es el de haber permanecido ajeno a lo acontecido en el PP después de haber estado en la cúpula del partido desde 1990 hasta ahora, ininterrumpidamente. De 1990 a 2003 fue vicesecretario general; de 2003 a 2004, secretario general; de 2004 hasta hoy Presidente del PP, pero lo peor del caso es que tras ser presidente mantuvo a Bárcenas de gerente del partido de 2004 hasta 2008, y en 2008 lo nombró tesorero. Independientemente del origen de los fondos de Bárcenas, si tuvieran alguna relación con el PP, Rajoy no puede ser ajeno a su gestión, pues habría demostrado una incompetencia supina en la vigilancia y control de sus subordinados, además, en una época en que no había tareas de Gobierno. En este caso, como ha argüido, con toda la razón, con su predecesor Rodríguez Zapatero, no podrá alegar que ha sido la herencia recibida, porque él ha sido administrador principal de esa herencia.

En realidad todas las acciones que está acometiendo forzado por la situación – ¿por qué no lo hizo antes?- son intentos desesperados de salvar su propia situación personal, con auditorías internas y externas, con propuestas de pactos a los demás partidos, con respuestas esquivas a los periodistas, con búsqueda de chivos expiatorios, con interposición de otros miembros de su partido, con amenazas a los medios de comunicación que informen sobre la corrupción en su partido. No creo que se haya dado cuenta de que una enorme espada de Damocles cuelga sobre su cabeza, sujetada por sus más vapuleados adversarios en el partido o fuera de él: Esperanza Aguirre, Álvarez Cascos, Luis Bárcenas. Entre el “caiga quien caiga” de Aguirre y el “cada uno que aguante su vela” de Cospedal –que según Estrella Digital habría tenido algo que ver con la filtración a El Mundo de determinados detalles sobre este asunto- hay un ejército de amenazas rampantes que convergen en el Presidente del Gobierno.

Sin duda lo que acontece en el PP es una descarnada lucha por el poder, pero también una venganza de los apartados y apestados por Mariano Rajoy en su día dentro de su partido. Hace unos meses advertimos en este  blog que si Mariano Rajoy no se daba prisa, podría acabar en la cárcel. La suerte que ha tenido es que ha coincidido con las horas más bajas del PSOE. También se dijo en su día en este blog tras la debacle del PSOE acontecería la del PP, por haber cometido el grave error de aceptar lo que le dejaron sobre la mesa sus rivales del PSOE como un cúmulo de errores y no como una depravada devastación de los recursos públicos y un abismo de corrupción insondable, algo que se hubiera resuelto con una Auditoría general del Estado y las instituciones autonómicas españolas. Y por último, se propuso febrero de 2013, como un mes culminante para la política española, en el que se produciría un cambio radical de gobierno e incluso, la dimisión de Mariano Rajoy (que ya se había pedido en este blog antes de concluir 2011)

Ahora es ya demasiado tarde para las propuestas, cualquier solución que se disponga  desde el poder será rechazada por la opinión pública. Los políticos de los principales partidos españoles todavía no se han dado cuenta de que si ellos son el mayor problema de corrupción para los españoles, de ninguna forma pueden convertirse en la solución, por muchas mutaciones, disfraces, promesas y representaciones teatrales que nos ofrezcan. La gente ya no traga.  

Enrique Suárez


lunes, 21 de enero de 2013

La lumpen-élite de los partidos políticos



"Cuando los gobernantes pierden la vergüenza, los gobernados pierden el respeto" - G.C. Lichtenberg.

Cuando los escritores italianos  Rizzo y Stella, publicaron su libro titulado “La Casta” en Italia se vendieron más de un millón de ejemplares en menos de una semana. En España se lee mucho menos que en Italia sobre cuestiones políticas, así las obras locales: “Políticos, los nuevos amos” de Francisco Rubiales y “La Casta. El increíble chollo de ser político en España” de Daniel Montero, tuvieron menores ventas.

También en Ciudadanos en la Red nos ocupamos de darle aire a la especie al poco de salir publicada la obra en Italia, al advenimiento de la toma del poder político por la casta partidaria en España.

Marx describió en su día el lumpen-proletariado, en el capítulo V de su obra “El  18 brumario de Luis Bonaparte” con las siguientes características:
“Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de diciembre, «Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora
En este blog hemos dedicado varios artículos al estudio de la oclocracia, aquella degeneración de la democracia descrita por Aristóteles y Polibio que consiste en las muchedumbres devastadas apoyando a los déspotas, un ejemplo magnífico lo tenemos en la inmensa mayoría de las manifestaciones sindicales o de grupos de privilegiados empleados públicos que luchan por sus intereses desde la calle, para seguir manteniendo sus privilegios, y a la lumpen-élite que, presuntamente les favorece, haciéndose favores a sí misma. La izquierda española es un ejemplo palmario de la toma de la calles en su propio provecho, emulando la representación del pueblo.

Sin embargo, hay otra lumpen-élite formada por los corruptos organizados bajo palio de los distintos partidos políticos, son los que han llegado a la política para forrarse y son conocidos y consentidos por las cúpulas de los partidos políticos, porque han financiado sus cuentas y han conseguido recursos para la casta dirigente de las distintas formaciones políticas. Sirven a los lobbys organizados en la delincuencia desde el poder, un ejemplo singular ha sido el de las Cajas de Ahorros nacionalizadas después de haber sufrido desfalco desde el poder.

Marx lo describió magníficamente: Sociedad de beneficencia» en cuanto que todos sus componentes sentían, al igual que Bonaparte, la necesidad de beneficiarse a costa de la nación trabajadora”, ciertamente es así, ahora tenemos en España una “sociedad de beneficiencia” que se ha hecho con el poder desde los partidos políticos y que tiene como único objetivo forrarse a costa de la nación trabajadora, a pesar de las leyes y la justicia, jugando con sus propias reglas y haciendo de la corrupción su escenario vital permanente. Quizás el único "avance social" es que en la época en que Marx escribía su obra, todavía eran perseguidos por las fuerzas de orden público, la justicia y las leyes, sin embargo, hoy son los que dirigen las fuerzas de orden público, la justicia y hacen las leyes con las trampas necesarias para poder transgredirlas.

El lumpen-proletariado se ha sublimado a sí mismo para convertirse en lumpen-élite y poder dirigir el curso de nuestras vidas desde el ejercicio del despotismo y la tiranía, a pesar de las leyes y la justicia que debería corregir sus desmanes. ¡Bienvenido sea el progreso!

Enrique Suárez

La hipertrofia institucional



“Lo que acostumbramos a llamar instituciones necesarias muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado” Alexis de Tocqueville

¿Qué ocurriría si mañana desapareciera el Estado en España? ¿Qué pasaría si desaparecieran las administraciones públicas de las distintas representaciones del Estado? ¿Qué sucedería si  mañana cerrarán todos los juzgados de España? ¿A qué catástrofe nos enfrentaríamos si  desaparecieran todos los partidos políticos, sindicatos y otras organizaciones parasitarias de lo público, de dudoso interés social más que para aquellos que viven de ellas?

Son preguntas que nadie se atreve a hacer, supongamos que por un día dejan de funcionar todas las instituciones del Estado, todas las de las autonomías, todas las de los ayuntamientos, el Parlamento, Congreso y Senado; también los parlamentos autonómicos, y los más de 8.000 ayuntamientos españoles. De hecho todos los domingos dejan de funcionar y no ocurre nada.

Atrevámonos a pensar de forma diferente, si de repente desaparecieran todas las estructuras de organización del Estado ¿cuánto tiempo podríamos seguir viviendo sin graves problemas?

Una vez que nos hemos hecho esa pregunta, independientemente de la respuesta que decidamos, podemos hacernos una nueva pregunta.

Tras el apagón de lo público, tras su congelación, tras el reseteo del Estado, podríamos volver a arrancar en las administraciones públicas con lo básico. ¿Y qué es lo básico?, mejor dicho ¿qué es lo realmente necesario en un Estado para que pueda funcionar más o menos bien?

Sin duda lo primero serían los servicios básicos que se ofrecen desde  el Estado en sus diversas formas, sanidad, educación, justicia, orden público, los servicios municipales, las obras públicas de mantenimiento, la hacienda pública, y algunas otros servicios esenciales.

Después tendríamos los servicios administrativos suficientes, posiblemente menos de la mitad de los existentes y más tarde iríamos añadiendo algunas otras ofertas esenciales.

Sin duda nos sobrarían muchos políticos, sindicalistas, organizaciones empresariales, institutos que sólo sirven para colocar a los miembros de los distintos partidos y sus familiares.

¿Nos arreglaríamos con la mitad de los empleados públicos en este país?, sinceramente creo que sí, quizás con alguna dificultad que seríamos capaces de soportar porque inmediatamente podríamos pasar a cobrar un 50 % más de sueldo, al igual que las pensiones, al retirarse los impuestos correspondientes para mantener un descomunal Estado que no podemos permitirnos, además se reducirían los precios en el tiempo y se reactivaría la economía de forma prolongada. 

Por cierto, se reduciría posiblemente el paro a la mitad, porque al incrementarse los salarios y pensiones, la economía española se haría mucho más competitiva y necesitaría mayor demanda de mano de obra. También se incrementaría el bienestar y la calidad de vida de los españoles.

La tercera pregunta que quiero hacer es la siguiente, ¿por qué seguimos permitiendo una estructura política que perjudica a una inmensa mayoría de los españoles para beneficiar a una muy escasa y privilegiada minoría que vive de los demás de forma artera y expoliadora?

¿Acaso no vivimos en una democracia que se supone que  es el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo? ¿O acaso vivimos en una demagogia que es el gobierno contra el pueblo, fundamentado en la mentira y el embaucamiento?

El sueldo medio de los españoles en el año 2012 ha sido de 22.000 euros, el sueldo medio de los políticos españoles supera los 70.000 euros. Los trabajadores han soportado todo tipo de recortes, impuestos, tasas y expolio. Los políticos, si se pueden considerar trabajadores, siguen ganando prácticamente lo mismo, porque lo que no reciben de una forma, lo reciben de otra, gracias a la corrupción política que tenemos en España. 

Privilegiados por la política y desposeídos por la política, son las dos clases sociales existentes actualmente en España. La política se ha convertido en la delgada línea roja que separa a los señores de los vasallos.

Enrique Suárez

miércoles, 16 de enero de 2013

La representación política en la España actual




"Desde la aparición del Estado constitucional y más completamente desde la instauración de la democracia, el demagogo es la figura típica del líder político en Occidente." Max Weber

Jorge Santayana, ha sido el único catedrático de filosofía en la Universidad de Harvard nacido en España, vino al mundo en Madrid, educado en Ávila y en Boston, su nacionalidad fue hispano-norteamericana, su padre era español y su madre norteamericana. El filósofo discreto,  nos mostró con claridad que la democracia no era lo mismo para los elegidos que para los electores. Para los elegidos, es una ocasión para legitimar su poder ante el pueblo, para formar un gobierno democrático, por tanto es un medio; para los electores, sin embargo, es un proceso que permite elegir a aquellos que van a representarles, sería por tanto un fin, que tendría por objetivo último representar a la sociedad, aunque en realidad, esto es una ilusión.

Como podemos comprobar en la democracia española actual, las elección de representantes políticos, tras el voto emitido en las urnas, ya no tiene deuda con los electores, sino con los partidos que han impuesto los candidatos y estos candidatos deben pleitesía a quienes les han elegido, las cúpulas de los partidos políticos en listas cerradas; por lo tanto no hay elección, sino un proceso de selección realizado por los partidos políticos y de aceptación por parte de los electores de la oferta de los partidos políticos.

Mejor se denominaría a nuestro sistema de selección y reclutamiento de representantes políticos como behetría, una figura jurídica e histórica en la que los vasallos de algunas comunidades tenían derecho a elegir amo. En España no hay una auténtica democracia, sino una mezquina behetría, una forma de vasallaje.

Se conculca de esta forma, mediante artificio arbitrario, la voluntad del pueblo soberano, gracias a un principio de autoridad subyacente que limita y enajena la voluntad de los ciudadanos. El pueblo sólo puede elegir entre aquellas alternativas que les ofrecen los partidos políticos, por tanto en España vivimos en una auténtica democracia para los partidos políticos, pero en una behetría para los ciudadanos. En realidad vivimos en una forma de aristocracia política, puesto que no todos los ciudadanos pueden ser elegibles, no hay isocracia, sólo pueden serlo aquellos que deciden los líderes de los partidos políticos.  Una vez seleccionados los representantes políticos, pierden todo vínculo con sus electores y se deben exclusivamente a los designios de las cúpulas de sus partidos, algo que se puede comprobar cuando en 35 años de democracia, no han sido más de tres ocasiones en la que algún diputado o senador se ha atrevido a romper la disciplina que le imponen en su partido.

El poder sigue siendo un intangible, la democracia una entelequia. El pueblo no transfiere su autoridad –no tiene autoridad alguna, nadie se la ha procurado- tan solo su beneplácito o no, a las propuestas que se hacen desde los partidos políticos. La autoridad ha pasado del monarca soberano a una entidad anónima, desconocida por los ciudadanos, que seguimos siendo tratados como súbditos. Vasallaje es la relación actual de los españoles con los representantes políticos, con los partidos políticos.

Por eso no es extraño que ante los desmanes que se producen actualmente en la política española haya consentimiento, porque en realidad vivimos en dos mundos paralelos, uno el del poder en el que se imponen las pautas democráticas, y otro el de los desposeídos, en el que se imponen las reglas del vasallaje. La democracia en España es una farsa que a una minoría aristocrática le permite quedarse con todo el poder, mientras que a una mayoría democrática es desposeída y dominada. La democracia en España es una estrategia de dominio, enmascarada de legitimidad, que permite a unos tener poder y a otros ser desposeídos.

No es extraño por tanto que cuando un representante político alcance su acta de diputado o senador, considere que ya forma parte del Olimpo y se crea que la democracia le ha convertido en un nuevo dios, y como tal, desprecia a todos aquellos pobres humanos que le alzaron al poder. ¿Acaso esto es una injusticia?, por supuesto, una farsa, demagógica e injusta urdida por unos depravados que se han apropiado de la democracia, para convertir a sus electores en vasallos, en nombre de la democracia y a su pesar.
Se equivocan los elegidos para la gloria y el privilegio, porque en realidad la democracia no puede ser secuestrada por el poder político como lo está siendo. La democracia es, en realidad, una forma cívica de elegir a los representantes en los asuntos públicos. No es el dedo del líder que señala a los candidatos lo más importante, eso es sencillamente una usurpación, lo que convierte a un candidato en un representante político es la confianza que depositan en él sus electores.

Aquellos  políticos que olvidan que su condición de representante público se la debe a la confianza que sus electores han depositado en él, es un profanador de la democracia. Aquellos políticos que defraudan la confianza de sus electores son, además de unos inmorales, unos detentadores, que hacen de la usurpación su paradigma de vida. Aquellos políticos que embaucan a sus electores para acceder al poder para luego desentenderse de sus circunstancias, son unos bastardos delincuentes. 

Los españoles se preguntan por qué tenemos en España una casta política tan impresentable, como para llevar a pensar al 95 % de los encuestados por el diario de mayor tirada en este país, que los partidos no sólo denuncian, sino que tapan y apoyan a aquellos de sus miembros que se han corrompido, mientras que un 92 % piensa que la justicia española es inútil para acabar con la corrupción política en España.

La confianza de los españoles en la casta política, que forma una aristocracia, cada día se está perdiendo a mayor velocidad, llegará el día, ya próximo, en que haya más españoles que desconfíen de los políticos que aquellos que confíen en ellos. 

Será el momento de crear entonces un partido de la desconfianza política en España en cuyos estatutos se establezca que los políticos deben rendir cuentas por mandato imperativo de sus actos, habiendo firmado su renuncia al cargo previamente a asumirlo, que se dejará ante notario, con unas cláusulas establecidas de antemano, que de ser incumplidas,  se activará de forma inmediata el proceso de destitución y será apartado del poder. El mayor problema que tienen los políticos en España es perder la confianza de los ciudadanos, nunca volverán a tener la que tuvieron en el pasado y eso es malo para la democracia, pero mucho peor para ellos.

En la Grecia clásica aquellos representantes políticos que incumplían con el mandato de la asamblea, no sólo eran destituidos de forma inmediata, sino desposeídos de sus bienes y en la mayoría de los ocasiones condenados a muerte, a prisión o a ostracismo. Es hora de que recobremos el auténtico sentido común de la democracia, para ello es imprescindible que en este país exista una justicia independiente del poder político, como establece nuestra Constitución.

Enrique Suárez

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