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domingo, 31 de octubre de 2010

La falacia del igualitarismo


Quizás el igualitarismo haya sido la doctrina moral más provechosa para las políticas de izquierdas, tanto como el amor fraterno para el cristianismo, o tal vez, la grandeza de Alá para los musulmanes. Ciertamente las creencias siguen tejiendo la urdimbre que permite la dominación de los seres humanos y su segregación en dos clases: los poderosos y los desposeídos.

El igualitarismo es una estrategia política urdida con la intención de recabar apoyos en la democracia de masas entre los sectores menos cultos y más oprimidos. La demostración de que la búsqueda de la igualdad es una utopía irrealizable, es que nunca ha existido en este mundo, a pesar de que en su nombre se haya oprimido, despojado y aplastado a millones de ciudadanos desde el comunismo o el fascismo, pero en tono menor, como una lluvia fina que todo lo inunda, desde la socialdemocracia y las doctrinas conservadoras.

Hace unos meses escribí un artículo titulado: “igualitarismo no es igualdad”, hoy quiero avanzar aún más sobre lo escrito, a partir de las adquisiciones ideológica recogidas durante los últimos meses, fundamentalmente provenientes de pensadores liberales, pero también de socialistas utópicos y radicales.

Los liberales solo aceptamos una igualdad, la de todos ante la ley, mientras que los socialistas pretenden utilizar la ley para producir una supuesta igualdad y los conservadores para mantener una sutil desigualdad. Todo tiene que ver con las propiedades, no de los medios de producción como sugería Marx, sino de los recursos. Los conservadores heredan el trabajo acumulado de las generaciones anteriores y pretenden perpetuarlo con el trabajo ajeno, los socialdemócratas adquieren sus privilegios y propiedades del trabajo, y tienen la pretensión de mantener su adscripción reciente por medio del trabajo ajeno, de aquellos que les apoyan y esperan beneficios inmediatos.

La socialdemocracia produce desigualdad, como las doctrinas conservadoras tienden a mantenerla, porque ambas utilizan la coacción y el apoderamiento del Estado para desarrollar una supuesta justicia social, en beneficio, según indica su propaganda, de las clases más desposeídas para los socialdemócratas y de las menos privilegiadas por los conservadores.

Sin embargo lo único que pretenden ambas doctrinas es mantener el establishment y el status quo de los poderosos. Realmente los detentadotes del poder no cambian, siguen siendo los mismos, al igual que los desposeídos. En los últimos seis años ha crecido la pobreza en España con gobiernos socialistas, pero también la riqueza de los que más tienen, a los que se han añadido algunos socialistas como José Bono, entre otros muchos, mientras que la inmensa mayoría de los españoles hemos comprobado como nuestra calidad de vida se ha deteriorado y el Estado de Bienestar está comenzando a deteriorarse paulatinamente.

Los españoles somos iguales ante la ley, el artículo 14 de nuestra Constitución así lo indica, sin embargo hoy la desigualdad entre los españoles es mucho mayor, gracias a que el PSOE ha necesitado de los apoyos nacionalistas para seguir gobernando y el PP no ha sabido o no ha querido hacer una oposición rigurosa.

Así el igualitarismo permite que los funcionarios del Estado cobren cantidades que varían en un 50 % su sueldo si están en una comunidad autonómica o en otra, las mujeres siguen cobrando menos que los hombres por el mismo trabajo y se ha producido un desequilibrio insoportable entre los jóvenes que disfrutan de un 50 % de paro y los adultos que tienen que trabajar un 50 % más para ganar lo mismo. Hay instituciones en España que se han creado con el objetivo de imponer la desigualdad jurídica desde el Estado, como el instituto de la mujer o el fenecido ministerio de igualdad. Hay políticos sin formación que cobran de sueldo lo que en la administración pública se corresponde con funcionarios de carrera con seis trienios, que tuvieron que obtener su trabajo por oposición tras haber dedicado muchos años a la adquisición de conocimientos que les permitiera su acceso a la función pública. Hasta los más pobres son diferentes, ser pobre en una autonomía pequeña permite acceder a más ayudas que en una autonomía grande, y para colmo de los colmos, un factor de igualación como el idioma español ha sido excluido constitucionalmente de algunas comunidades autónomas con marchamo totalitario.

Pero quizás la mayor desigualdad es la que crea el Estado concediendo 426 euros como impuestos sociales negativos, a muchos que son improductivos (y piensan seguir siéndolo), mientras que hay ciudadanos en este país que para obtener poco más de sueldo tienen que dedicar muchas horas de trabajo y pagar impuestos para que sus colegas subsidiados puedan seguir disfrutando de la miseria organizada por el Estado, gracias a un Gobierno absolutamente incapacitado por los hechos.

Hay muchas otras desigualdades que se han producido en España durante los últimos seis años, para que vivamos en una sociedad menos equitativa y justa que antes de gobernar el PSOE, donde la injusticia y la inequidad se establece por ley. Pero el mayor problema que tenemos que afrontar los españoles es la descomunal deuda que hemos adquirido, que supera el 400 % entre la pública y la privada, el déficit galopante que traspasa el 12 % enjugado con subidas de impuestos y recortes sociales, condiciones que nos alejan del bienestar y abren un futuro muy negro para los españoles, de esta generación y las siguientes. Al final con el cuento del igualitarismo lo que hemos conseguido es convertirnos en un país atormentado por las deudas y la amenaza inmanente de ruina, donde el consumo no deja de reducirse, y la producción está absolutamente estancada, en una situación técnica de estanflación, disimulada y encubierta con las inversiones públicas más descerebradas.

Este panorama desolador tiene responsables, que son todos aquellos que han abogado desde la política por mantenerla y no enmendarla, y también por aquellos que debían haber frenado tanta estupidez y no han sabido hacerlo, habiendo fracasado ambos en su función pública de servicio a los ciudadanos. No sé ustedes, pero por mi parte creo que la afrenta violenta que nos han hecho los políticos no puede resolverse con un cambio de gobierno para que los que vengan sigan sin resolver las cosas, acusando a los que se vayan del estropicio, mientras siguen disfrutando de los mismos privilegios que sus predecesores.

Necesitamos hacer un cambio fundamental en España, los ciudadanos no podemos admitir bajo ningún concepto que los autores del descalabro (unos por sus excesos y otros por sus defectos) queden exentos de responsabilidad sencillamente con la celebración de elecciones y el cambio de collar. Es hora de exigir responsabilidades, no exclusivamente políticas, sino jurídicas, civiles y penales a los políticos españoles. Quien ha decidido desde la política algo que vulnere la Constitución Española debe responder por ello ante los tribunales, porque ha traicionado su mandato y ha vulnerado su promesa de cumplir y hacer cumplir la Constitución, porque a la larga la Constitución se ha convertido en un instrumento para someter a los ciudadanos y no para controlar a los políticos en sus excesos y defectos.

La mayor desigualdad que hay en España es entre ciudadanos y políticos, es hora de que exijamos a los políticos responsabilidades por haber incumplido el artículo 14 de la Constitución Española de 1978, que dice textualmente:
“Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”
Hasta que no logremos que los políticos sean iguales que los demás ciudadanos, viviremos en una tiranía, aunque sea por la defensa del igualitarismo o la justicia universal. Está claro que si hay igualdad ante la ley, no es necesario el igualitarismo, y si no la hay es que la Constitución Española no se está cumpliendo, que es un problema que requiere soluciones legales, y no políticas o morales.

Biante de Priena

Tapar el sol con la boina


Recuerdo que hubo un tiempo en España, a comienzos de esta transición que nunca concluye, que la política era una actividad respetable y respetada, la gente saludaba con sincera admiración a los políticos cuando se los encontraba por la calle, mostrando su agradecimiento por haber devuelto a nuestro país a la senda de la democracia, lo que nos convertía en unos europeos más. Pero como han cambiado las cosas.

Hoy los políticos de todos los partidos tienen que escuchar improperios, insultos y abucheos en cada acto público al que asisten, fundamentalmente por dos razones, la gente ha perdido por completo el respeto por la profesión política y los políticos actuales son los más ineptos, nefastos e ignorantes de la reciente historia democrática de este país. La confianza en la política por parte de los ciudadanos, ha descendido a sus cotas más bajas, la gente ha dejado de creer en que los políticos representen otros intereses que no sean los suyos y los de sus partidos políticos, la deriva corrupta de la actividad política en nuestro país ha producido en la gente un desafecto institucional inaudito. Con la excepción de los que se benefician del poder de alguna forma, que no son pocos, los que pagamos los impuestos y solo recibimos promesas, abjuramos cada día de los políticos, da igual que sean de un partido que de otro, porque si unos son responsables por sus excesos, otros lo son por sus defectos, pero pocos españoles se sienten bien representados por los valedores de sus votos.

Hoy he escuchado a José Blanco decir que la derecha oculta una agenda política que va a rebajar los derechos sociales de los españoles, para quedarse tan fresco como es. Nadie ha dicho nada, todos sonrientes. Alguien podría decirle que el PSOE ni siquiera oculta su agenda antisocial, porque el Gobierno del que forma parte es el que más ha recortado los derechos sociales a los españoles en los últimos treinta años; porque a nadie se le había ocurrido reducir el sueldo de los funcionarios y menos congelar las pensiones. Ante las palabras de José Blanco cabe hacerse dos preguntas, o bien piensa que su electorado es idiota o es tan simple que con echarle las culpas a los demás de los errores propios se queda con la conciencia tranquila, lo que nos indica su capacitación para dirigir el ministerio que más gasto público (dinero de los españoles) produce. Siempre he pensado que la única razón para que José Blanco sea ministro de Fomento, es precisamente la de fomentar los negocios de los afines al PSOE y negárselo a todos los demás, algo muy propio de su sectarismo demostrado. Si un patán como él puede derrochar lo indecible, con el mismo criterio de bienestar público que tenía Stalin, que no harán sus sucedáneos y edecanes.

Pero el cuadro no estaría completo si no mencionáramos el affaire Cascos, que cada día me resulta más interesante, porque nos permite ver cómo funcionan los partidos políticos. Supongo que estarán al tanto de lo ocurrido a lo que debe añadirse la salida de pata de banco del Alcalde de Oviedo que hoy se ha permitido decir que sus compañeros de partido actúan como “kaleborrokeros” de la ultraizquierda, por qué los que defienden la candidatura de Cascos querían salir a la calle a mostrar apoyo a su candidato (recordemos que Cascos también fue Ministro de Fomento, como José Blanco y Magdalena Álvarez, aquella que pensaba más rápido que hablaba, pero eviten hacer comparaciones). Para posteriormente indicarle a la dirección nacional del PP que si apoyan a Cascos (y no a él y su camarilla) cometerían un pucherazo. Que empacho de poder hay que tener para tratar de imponer su voluntad a sus supuestos dirigentes nacionales, tratando de denostar al rival de su propio partido e infamando a sus seguidores, que resulta que son sus propios compañeros.

¿No ven ustedes cierto paralelismo entre la agenda antisocial oculta del PP que denuncia José Blanco desde su paranoia interesada y la amenaza de pucherazo del alcalde ovetense a la dirección nacional de su partido si no hacen lo que él ha impuesto por su sacrosanta voluntad?.

Hoy mismo saldrá una encuesta en el diario El Comercio de Gijón en que la candidata que presenta “la cofradía de la escalerona” (los dirigentes asturianos del PP que se oponen a la candidatura de Cascos por qué sienten amenazadas sus poltronas) resultaría derrotada por el candidato del PSOE, pero si el candidato del PP fuera Francisco Álvarez Cascos obtendría con seguridad mayoría absoluta. Hace una semana se anunciaba en este mismo diario que el dirigente asturiano del PP que ha ocupado los cargos más elevados en un Gobierno estatal, en lo que llevamos de democracia, agrandaba diferencias con sus rivales.

Creo que se abre una gran disyuntiva para la dirección nacional del PP, porque van a tener que decidir concederle el triunfo al PSOE en los próximos comicios asturianos, que es lo que pretende el alcalde de Oviedo y la dirección regional del PP, o en su defecto, ser acusados de haber dado un pucherazo por los que llevan perdiendo durante tres legislaturas consecutivas las elecciones autonómicas con el PSOE y todavía exigen confianza.

Como me recuerdan estos personajes a aquellos fabricantes de velas que denunciaba Frédéric Bastiat, que para que su negocio funcionara bien solicitaron a su gobierno que promoviera una ley que obligara a los ciudadanos a cerrar las persianas de sus casas dos horas antes del ocaso para que se alumbraran con las velas que ellos fabricaban, porque el sol era un competidor desleal que perjudicaba su negocio y el progreso de su país y se quedaron tan frescos como José Blanco con la agenda antisocial oculta que tiene el PP y Gabino de Lorenzo, con el pucherazo que dará la dirección nacional de su partido si decide presentar a Francisco Álvarez Cascos para triunfar en las elecciones autonómicas de Asturias.

Mientras tanto en el Principado de Asturias, los ciudadanos comienzan a pensar si el PP querrá realmente ganar las elecciones con Cascos o realmente preferirán continuar de comparsas del PSOE sin Cascos, como en los últimos doce años. Hay ocasiones en que la esperanza se agota en la espera, retrasar la decisión de una opción de victoria puede acabar convirtiéndose en tedio, desinterés y desafecto de los electores por quien le impide la realización de su voluntad, al tiempo que incrementa la complicidad y aprecio por el candidato deseado. Es fácil entender que el paso del tiempo sin decisión alguna sobre el candidato afianza en los electores la afición por lel candidato vetado, al tiempo que deteriora la imagen de quien pretende vetarlo. Creo que nunca antes en la historia de la política española un candidato ha recibido más apoyo popular con menos esfuerzo, gracias a la torpeza permanente de sus rivales.

Biante de Priena

viernes, 29 de octubre de 2010

La representación política en España es un robo, un auténtico crimen contra el pueblo y la democracia

“El 13 de julio de 1793. Marie-Anne Charlotte Corday al ciudadano Marat. Es suficiente que me sienta tan desgraciada para tener derecho a vuestra benevolencia”. La muerte de Marat, Jacques-Louis David, 1793.

Antes de que los irresponsables que representan políticamente a los españoles acaben con la democracia debemos dar un paso al frente para expulsarlos del poder, no se puede soportar más miseria. La democracia española está muy enferma, al borde de su agonía, gracias a la invasión de parásitos que medran en impunidad en su marco privilegiado, mientras dilapidan los fondos públicos en propaganda para hacerse imprescindibles.

Es hora de enfrentarnos al mayor problema que tenemos en España, mucho más grave que el paro, la crisis económica, la paulatina decadencia de las libertades, o la ausencia de respeto por nuestros derechos constitucionales, porque si no erradicamos la infestación política e impedimos su reproducción, de nada servirá ya acudir a las urnas. ¿Votar para qué?, ¿para cambiar de amo?. Estamos en el siglo XXI y no se puede admitir que los políticos infames nos traten a los ciudadanos libres como si fuéramos sus siervos.

Los políticos opresores están ejerciendo un daño institucional irreparable, no será fácil que los españoles volvamos a creer en las instituciones desde las que se administra el poder que concedemos en democracia. Esta forma de actuar del poder político en democracia, es inadmisible, ilegítima y criminal, el poder tiene sus límites establecidos y quien los supera debe ser apartado de inmediato de todo acceso a la representación pública de los ciudadanos, además de juzgado por su desmesura. Hibrys siempre trae como consecuencia Némesis.

La democracia en España ha degenerado por completo, vivimos en una democracia usurpada, que ha derivado en una oclocracia, que es el gobierno de los tiranos soportado sobre los sectores apesebrados con los que se mantienen mutuamente en simbiosis para repartirse los privilegios. No hay oposición, hay silencio cómplice por parte de los que deberían enfrentarse contra los opresores, porque a lo único que aspiran es a heredar el sistema de opresión, sin cambiar los mecanismos que conceden privilegios a los políticos y perjuicios a los ciudadanos, tratados como súbditos y siervos.

Es hora de hacer una reflexión sobria y serena, antes de pasar a la urgente acción. Entre las numerosas propuestas que fluyen por el espacio de comunicación pública, aquí dejo la mía, el primer paso es eliminar de la representación política a todos los que han mostrado no representar más que sus intereses o los de su partido, para ello hay que identificarlos uno por uno y juzgar su gestión de forma independiente, sin entrar si pertenecen a un partido u a otro. Todo aquel que no haya representado los ntereses generales, de todos los españoles, será considerado sospechoso de sectarismo y corrupción, y relegado de sus funciones representativas.

El segundo paso es generar un sistema de transición política para erradicar toda la miseria y mezquindad a la que hemos estado expuestos estos años.

El tercero es promover una reforma Constitucional que impida que vuelva a ocurrir algo parecido en el futuro.

En cuarto lugar, realizar una Auditoría General del Estado, de todas las instituciones públicas, para mostrar de forma transparente y permanente que es lo que se hace en este país con dinero público, los medios existen y sólo es necesaria la voluntad para hacerlo.

Y por último juzgar a todos los representantes públicos que se hayan apropiado en dinero, especias o propiedades de algo que exceda estrictamente sus remuneraciones e ingresos fiscalizados. Pero hacerlo con un sistema jurídico renovado, del que se hayan expulsado previamente a todos los jueces y fiscales conniventes con el régimen corrupto, como por ejemplo el ciudadano Garzón (y todos los que han defendido su inimputabilidad), tras su juicio por aquellos de sus compañeros que puedan demostrar su honestidad, rigor jurídico y lealtad institucional. Lo mismo deberá hacerse con todos los medios de comunicación y los periodistas que hayan mentido, intoxicado y ejercido la propaganda insidiosa, con el objetivo de enmascarar la inmensa corrupción política en la que hemos vivido y estamos viviendo, como por ejemplo alguno que va de plural.

Dirán algunos que estas medidas recuerdan a las tomadas tras la Revolución Francesa por los Comités de Salúd Pública, pues como si dicen misa, porque lo único que haces es impedir que el peso de la Ley caiga sobre ellos. Contra los ladrones no bastan las palabras, hay que pasar a los hechos, y en el Estado español, nunca ha habido tantos ladrones en representación pública de los ciudadanos, como hoy en día, que eso no tiene nada que ver con la situación internacional, sino con la condición infame de los políticos que tenemos en España. Ni Marat puede salvarnos del Robespierre colectivo que habita en La Moncloa.

Si no lo hacemos, y si no lo hacemos pronto, tendremos que aceptar que nunca volveremos a vivir en una democracia, sino en una tiranía disfrazada de democracia que convierte a los políticos en nuestros amos y a los ciudadanos en sus vasallos, sometidos a la miseria de su servicio. Se han tornado las cosas, las han tergiversado interesadamente, los políticos que decían acudir a la política por su vocación de servicio público se han convertido en nuestros amos más miserables. Exijamos justicia, mientras aún sea posible.

Biante de Priena

jueves, 28 de octubre de 2010

Galerna Cascos


"No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?"

Francisco de Quevedo y Villegas

Erasmo de Rotterdam fue coleccionista de adagios políticos, frases pronunciadas por filósofos, epigramas de la mitología, sentencias del acervo popular, que con el paso del tiempo terminaron formando parte del sentido común del pueblo que condena la estupidez, mendacidad y desmesura de los poderosos, con esa intensidad breve y certera que siega la vida de los argumentos retóricos y fastuosos de los que se creen a sí mismos distinguidos, mientras muestran, sin recato alguno, sus miserias.

Dos acontecimientos de la política española han llamado mi atención en los últimos tiempos, por mostrar en toda su intensidad los conflictos de poder que se establecen entre los postulantes. El primero han sido las elecciones primarias del PSOE en Madrid, en las que el Presidente Rodríguez Zapatero trató de imponer su voluntad y su candidata, Trinidad Jiménez, a los socialistas madrileños, provocando la rebelión de Tomás Gómez, el secretario de la FSM, que al final resultó elegido. Quizás de todo el proceso saturnino lo mejor haya sido la despedida con portazo de Ángel Gimeno, aspirante a candidato que no logró reunir los avales suficientes para presentarse y que se ha ido del PSOE tras 30 años con un discurso final de antología, que encontrarán en este blog. La democracia resolvió la cuestión y el nombramiento de Trinidad Jiménez como Ministra de Exteriores mostró a todos que el poder lo tiene Zapatero y no el PSOE.

El otro caso singular ocurre en el PP, con el proyecto de candidatura de Francisco Álvarez Cascos a la Presidencia del Principado de Asturias, bloqueada intensamente por los dirigentes regionales del partido, al tiempo que se proclama por aclamación de "la legión de picopaleadores" que la promociona y se ve con extraordinaria simpatía por los asturianos, que en encustas le otorgan una mayoría absoluta (51,5 % de los votos) sin que prácticamente el candidato haya dicho ni esta boca es mía. En la dirección nacional del PP se debate la cuestión con la cadencia de un proceso de beatificación en el Vaticano, sin tener en cuenta siquiera un razonamiento sencillo: la presencia de Cascos en una candidatura recibirá todos los votos del PP –menos los de los dirigentes regionales, sus familias y allegados, que no llegarán a 200-, más los votos que obtendrá Cascos por sí mismo y que no irían al PP de no ser por su presencia; pero en sentido contrario, la ausencia de Cascos, salvo que los del PSOE decidan votar por el PP solidariamente por el enorme favor que les han hecho por no presentar a Cascos, no recibirá ni siquiera los votos de los ciudadanos que habitualmente votan por el PP, que no acaban de comprender como no se le da salida al mejor de los candidatos posibles.

Así que la cuestión a determinar por la dirección nacional del PP no es si cuentan o no cuentan con la presencia de Cascos como candidato, sino la de si quieren o no quieren ganar las elecciones en Asturias, con Cascos es prácticamente seguro que lo conseguirán, pero sin Cascos, prácticamente imposible, porque cosecharían un voto de castigo de los ciudadanos asturianos que pasaría directamente a los anales del estropicio.

Mientras tanto, Cascos, con sabiduría florentina, denotando una sagacidad de la que todos sus opositores juntos carecen, desde un silencio que retumba, va dejando que el cocido de su regreso a la política se vaya haciendo a fuego lento, mientras recibe cada día más apoyos (y más apasionados), al tiempo que sus detractores cosechan más exabruptos y se van quedando más en ridículo, porque cada día que pasa va estando más claro que lo único que defienden es su posición de poder y privilegio, no el interés general de los asturianos.

Y algunos de nuestros lectores dirán, pero si Biante no es del PP y abjura en sus escritos de la política española, más del PSOE por qué gobierna, pero no menos del PP por qué hace una pésima oposición. Tienen razón, ésto no se arregla con la presencia de una persona, sino con un cambio en la mentalidad de los españoles en sus relaciones con el poder.

Que quieren que les diga, pero siento atracción por los disidentes, por aquellos que se enfrentan a la estupidez del poder o a los estúpidos que detentan el poder, que uno también se puede permitir alguna debilidad romántica ante el infierno postmodernista de la política en que estamos viviendo, y no voy a negarlo, miro con buenos ojos a Cascos, porque siempre me ha parecido un soplo de realidad, vigor y rigor, ante la que está cayendo. No creo que los problemas de la política asturiana y española se resuelvan con la presencia de Cascos, no soy iconoclasta, ni estúpido, pero de lo que estoy seguro es que peor se resolverán con su ausencia.

Como decía Erasmo de Rotterdam: “para Rey o para Necio se nace”, de lo que sí estoy seguro, (al contrario de lo que puedo pensar de todos sus detractores y los que no acaban de decidir algo tan sencillo como su candidatura al Principado de Asturias, esperando señales del más allá o la inspiración divina), es de que Cascos no es un necio; lo de si será un buen presidente autonómico o no, eso ya se verá, lo que está claro es que si llega a Presidente del Principado de Asturias va a ser como una galerna que cambiará las cosas para siempre en la política asturiana y posiblemente en la española, y eso, cuando las cosas ya no son buenas y están absolutamente podridas, ciertamente puede ser magnífico.

Biante de Priena

miércoles, 27 de octubre de 2010

Leyes contra la Propaganda Política


“En su propaganda, los dictadores de hoy confían principalmente en la repetición, la supresión y la racionalización: la repetición de las consignas que desean que sean aceptadas como verdades, la supresión de hechos que desean que sean ignorados y el fomento y la racionalización de las pasiones que puedan ser utilizadas en interés del Partido o del Estado.” Aldoux Huxley.

Carecemos los españoles, entre otras muchas cosas, de plataformas para la defensa colectiva de las Libertades Civiles. Ni siquiera la mayoría de la gente sabe lo qué es tal cosa, gracias a la gran tarea pedagógica de instrucción en el analfabetismo político realizada por el franquismo y sus sucesores, es decir, los actuales partidos políticos con representación pública.

Las libertades civiles son previas a los derechos, porque la libertad emerge de los ciudadanos, mientras que el derecho proviene del poder. La relación entre libertad civil y derecho fundamental no es precisamente sinérgica, sino en muchas ocasiones siniestra. Tener un derecho es nada, no así una libertad. En España todos los españoles tenemos derecho constitucional a un trabajo digno, pero sin embargo hay 4 millones seiscientos mil parados a los que se conculca su derecho y se impide su libertad de trabajar. Fundamentalmente, porque las regulaciones establecidas desde el poder, en compañía de los “guardianes sociales del más de lo mismo”, que son sindicatos y organizaciones empresariales, restringen las posibilidades laborales como si fueran las actividades agrícolas de su cortijo andaluz, convirtiendo a los ciudadanos en siervos de sus designios e invectivas. La defensa de las libertades civiles es la forma de exigir a los Gobiernos el cumplimiento de los derechos que fabrican al gusto del consumidor, para no ser respetados, ni cumplidos.

De la propaganda política se han beneficiado todos los partidos políticos con representación pública en España y lo han hecho de forma inmisericorde, gracias a las estrategias urdidas por los inquisidores del presente, organizados en equipos de manipulación e intoxicación informativa, subvencionados con el dinero de los españoles, cuya única función era ocultar la realidad, mostrando las cosas a su conveniencia, para recaudar confianzas electorales, y por supuesto, más impuestos con los que alimentar su aparato de persuasión organizado.

El último ejemplo que tenemos sobre la mesa es el Gobierno de Rubalcaba, auténtico paradigma del arte de la retórica intencionada, capaz de convertir en tema de prioridad nacional los morritos de Leire Pajín o el color de los calzoncillos de José Blanco, que pronto nos inducirá a la creencia de que todos los españoles descendemos de Zapatero y que el espacio social solo puede ser socialista y todo el que no sea socialista será considerado un criminal público. No tiene gracia, ninguna gracia, porque un gobierno así es una afrenta a los españoles, una declaración de guerra contra la razón y una propuesta de opresión deleznable.

Cierto es que su comportamiento denota la decadencia y agonía de un régimen que trató de hacernos comulgar a los españoles con ruedas de molino con ese desparpajo que ilumina a los desalmados cuando defienden sus privilegios contra cualquier ética y moral, aunque sea creando un daño irreparable a los gobernados.

Es hora de que los españoles nos pongamos en el lugar que nos corresponde, que no es otro que el de ser soberanos y no siervos de un sistema político corrupto y oprobioso. Y para conseguir ese objetivo es imprescindible que en este país se creen leyes contra la propaganda política e institucional, por las que todo aquel político que sea atrapado en una insidia, engaño, o falacia, sea obligado a abandonar su cargo representativo primero por un mes, y si vuelve a reincidir en su conducta de forma definitiva, pasando a formar parte del listado de estafadores políticos, haciendo constar en qué lugar y momento ha tratado de engañar al pueblo que dice representar.

Es hora de que en España se hagan leyes contra la propaganda política que limiten el poder de engaño de los políticos y que nos muestren la talla humana de la inmensa mayoría de los que viven cómodamente de representarnos. Tenemos que limitar el poder de los Gobiernos, porque están aplastando nuestra vida y libertad.

El problema no es que los políticos hayan dejado de respetar a los ciudadanos y nos traten como borregos, no, el auténtico problema es que dejemos de respetarnos a nosotros mismos, aceptando que el engaño, la propaganda y la mentira forma parte del juego político, porque no es así, y si es así es por qué lo consentimos y asumimos como “normal”. Cuando veamos un listado de políticos mentirosos que tratan de engañarnos por enésima vez, tendremos la oportunidad de saber que si nos dejamos timar es bajo nuestra exclusiva responsabilidad y por tanto, no podremos quejarnos de que nos engañan.

Atentos a Rubalcaba, todo lo que diga y haga puede ser utilizado en contra de los ciudadanos, es el principal sospechoso de que este Gobierno más que gobernar, repartirá mierda por doquier para que no se vea su auténtica calaña y el estado de ruina en que han dejado España.

Biante de Priena

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