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sábado, 27 de diciembre de 2008

El Estado y la Sociedad contra Zapatero

No, todavía no es un juicio, es la definición de una coyuntura. Las instituciones, y los funcionarios que en ellas trabajan, están hartos de los engaños políticos del Presidente de Gobierno, no solo porque trabajar par el Estado está penado económicamente en relación a la mayoría de las autonomías y algunos municipios, sino porque por su formación y proximidad a las decisiones políticas, los funcionarios son unos observadores privilegiados de los desmanes de este gobierno.

Algo que los funcionarios en su conjunto no soportan son los privilegios, les resulta estridente aceptar, que por su cara bonita, sus jefes cobren más que ellos o lo mismo, por pertenecer a un partido político que se ha afincado en el poder, cuando a ellos les ha costado sangre, sudor y lágrimas su plaza laboral. Tampoco están por la labor, porque en el fondo son un gremio que conserva raíces jerárquicas, de que dependan más sus carreras profesionales de sus afinidades políticas que de sus conocimientos y experiencias.

El Estado contra Zapatero

La rebelión del Estado, de las instituciones, de los funcionarios, se ha venido tejiendo durante el pasado año, y ahora ya está madura para su manifestación.

Las últimas declaraciones del ministro de justicia, Bermejo, diciendo que el gobierno iba a intervenir en el corporativismo de la justicia, han sido la gota que ha colmado el vaso. El Consejo General del Poder Judicial ha hecho unas contundentes declaraciones por medio de su portavoz, en las que se concluye que el PSOE está actuando desde el populismo, cosa que sabíamos desde hace tiempo, pero que no se había dicho jamás en la historia de la democracia de este país desde el tercer pilar del poder del Estado.

En el PSOE, a fuerza de reiterarse en la intrusión, están convencidos de que la democracia se convierte en dictadura cuando se obtienen votos suficientes para gobernar. No acaban de comprender que las elecciones, por muy democráticas que sean, por muchos votos que procuren, no son la conclusión de la democracia, sino su comienzo.

La democracia, no concede a los políticos la posibilidad de extralimitarse en sus funciones, de sobrepasar el ámbito constitucional, de ejercer el poder de forma autoritaria, de excluir a los contrarios de las decisiones últimas sobre cuestiones que afectan a todos los ciudadanos (ETA, economía, servicios, relaciones internacionales, política de defensa), de negar la existencia de un común, o de privilegiar lo particular frente a los intereses generales.

En Periodista Digital, lo expresan con contundencia, cuando el redactor se hace un par de preguntas sobre el tema:

¿Por qué ha de valer el criterio jurídico de Zapatero, que no pasó de penene en Derecho, o de Blanco, que ni siquiera terminó la carrera, más que el del reputado jurista Carlos Dívar y otros profesionales de la magistratura teóricamente elegidos por sus méritos? ¿Sería acaso mejor dejar esta clase de expedientes en manos de tribunales populares que aplicasen la visceral justicia de la plebe?

Era de prever que ocurriría. Ante el silencio parlamentario del legislativo, por ominosa ausencia del PP, a la espera de contemplar como pasa el cadáver del PSOE ante su puerta, tras su derrota por la crisis económica; la pelota está condenada a pasar al tercer pilar del poder del Estado, siguiente línea de resistencia ante la vorágine vesánica de una colección de impresentables confabulados en la destrucción de los soportes estructurales del Estado; un gobierno salvaje, que ni respeta principios, ni normas, ni reglas, ni leyes, en su voraz nihilismo.

La sociedad contra Zapatero

Otro frente abierto es el revisionismo, al que se somete a los españoles desde las decisiones políticas del Gobierno, tanto en cuestiones históricas –concediendo beneficios a determinadas autonomías a costa de los intereses comunes, generales, auténticos-, religiosas –mañana se congregarán en Madrid los cristianos para defender la familia-, culturales –negación de todo lo relacionado con lo español para favorecer posiciones de sus aliados políticos nacionalistas-, o modernizadoras intempestivas –establecer nuevos criterios de creencia por decreto (pacifismo, generismo, climatismo, privilegio de las posiciones dependientes frente a las autosuficientes, aliancismo, condescendencia con los enemigos de la nación española y de los españoles-, contra las tradiciones habituales en nuestro país, sólo para dar apoyo a sus clientelas políticas.

El Gobierno entrará en el año 2009 en política de resistencia, de negación de la realidad –aún más que lo que ha hecho hasta ahora, ejemplo: la crisis-, de acoso a los discrepantes, de persecución de los opositores, de proselitismo cada día más zafio y vulgar, en la búsqueda de eliminación de todo lo que no concuerda con su interpretación de la realidad.

España no puede soportar a Zapatero, ni las política del PSOE de privilegio de los intereses particulares de los nacionalistas y los socialistas, frente a los intereses generales y comunes; el Estado, no puede permitir ni unos meses más los desmanes políticos de Zapatero que atentan contra la continuidad estructural de las instituciones, y el Estado de Derecho, no puede soportar el autoritarismo de un Presidente, que al igual que Chavez en Venezuela, utiliza la democracia para asfixiar la libertad, la igualdad y la justicia. En el caso de las coyuntura económica, creo que es innecesario ofrecer un argumento, porque todas las propuestas del gobierno son pura demagogia, estéril en resultados, que vamos a terminar pagando todos.

El progresimo del PSOE nos ha conducido al borde del abismo económico, antes del regreso al malestar social, y también, al borde del abismo político, en la demolición de las instituciones del Estado. Con deudas y sin recursos lo vamos a pasar muy mal españoles durante los próximos años.

Este gobierno, ha cruzado el limite de la razón para, en una huída hacia delante sin precedentes, salvarse y salvar a los suyos del naufragio, mientras el resto de los españoles nos hundimos definitivamente en la miseria. No nos queda mucho tiempo para rectificar, no es hora de discutir sobre si lo que hace el Gobierno está bien o mal, es hora de echarlos a la calle para siempre.

Todo aque que comparta que sin ellos estaremos mejor, es necesario, imprescindible; la pluralidad transversal en la reacción es la respuesta lógica ante la dictadura de modelo unitario del progresismo. A pesar de todo, Zapatero, en su torpeza, ha logrado lo contrario de lo que pretendía: unirnos a todos los españoles que no esperamos concesiones de su política, contra él, su gobierno, y su partido.

Se está configurando un amplio frente social, transversal, en estos momentos que derribará las estupideces de un gobierno que nos ha arrojado, literalmente, fuera de la democracia. Bienvenidos sean paganos, cristianos o ateos; trabajadores, autónomos o parados; mileuristas o millonarios; empresarios o asalariados; conservadores o cambiadores; inmigrantes o autóctonos, jóvenes, viejos, mujeres, hombres, al fin ciudadanos, en una palabra, que pretenden un común mejor, no pueden estar a favor de las políticas de Zapatero que buscan la confrontación de los ciudadanos y el privilegio, exclusivamente para los que aplauden sus políticas desde el sectarismo y el beneficio esperado, y la consecuente humillación permanente de los que se oponen a sus injustas imposiciones, y todo ello, utilizando el erario público, los medios de comunicación, el dinero de todos, para implantar sus delirios de grandeza, su ambición desmesurada y su paso a la posteridad como un mesías del progresismo.

Ha sido demasiado, es necesario pasar página definitivamente. España no puede soportar a Zapatero como Presidente de Gobierno, al igual que Zapatero no puede soportar a España como Presidente de Gobierno. Y lo que no puede ser, no es, no puede ser y además, es imposible.


Biante de Priena

viernes, 26 de diciembre de 2008

La doctrina soviética de la SGAE llega a los niños



Gracias C"SI (extraído del blog "Contra los gigantes")

¡Abajo el franquismo!

¿Arde Barcelona?

Cuando el General Von Choltitz, gobernador alemán de la capital francesa en las postrimerías de la II Guerra Mundial, se negó a cumplir la orden de Hitler de destruir París antes de abandonarla a la invasión de los alíados, demostró todo el poder de un solo hombre ante la persuasión-coacción de la locura de un dictador.

Hoy, los turistas que visitan París, escuchan por los altavoces de los autobuses panorámicos que gracias a un señor, de nombre Von Choltitz, todo aquello sigue allí para ser contemplado por autóctonos y foráneos.

La decisión del general alemán no era baladí, la política de tierra quemada de Hitler le hubiera dado tiempo para organizar sus tropas y preparar nuevas estrategias, desde el punto de vista militar, fue un acto de traición, pero desde una perspectiva humana, fua una victoria de la civilización contra la barbarie. La rendición del alto mando alemán ante el general Leclerc, salvó muchas vidas y la imagen que hoy disfrutamos de París.

Von Choltitz, estuvo un año en la cárcel y posteriormente fue liberado falleciendo en 1966 tras una larga enfermedad, a su funeral asistieron numerosos altos cargos de la República Francesa.

Entra en contraste con otra versión opuesta de la interpretación de la realidad, cuando el protagonista del relato “Deutches Réquiem” de Jorge Luis Borges, Otto Dietrich Zun Linde, un nazi a punto de ser ajusticiado por sus crímenes, concluye su alocución de la siguiente forma – dicen que éste fue uno de los párrafos que le impidió al escritor argentino alcanzar la gloria del Premio Nóbel- que hiela la sangre al más flemático, por su crudeza, pero también por su certeza:

“Hitler creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aun por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabían su sangre, su voluntad. El mundo se moría de judaísmo y de esa enfermedad del judaísmo, que es la fe de Jesús; nosotros le enseñamos la violencia y la fe de la espada. Esa espada nos mata y somos comparables al hechicero que teje un laberinto y que se ve forzado a errar en él hasta el fin de sus días o a David que juzga a un desconocido y lo condena a muerte y oye después la revelación: Tú eres aquel hombre. Muchas cosas hay que destruir para edificar el nuevo orden; ahora sabemos que Alemania era una de esas cosas. Hemos dado algo más que nuestra vida, hemos dado la suerte de nuestro querido país. Que otros maldigan y otros lloren; a mí me regocija que nuestro don sea orbicular y perfecto.

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. ¿Qué importa que Inglaterra sea el martillo y nosotros el yunque? Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas. Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.
Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no.”
.

El mito del eterno retorno

Cuando el folklorista rumano, Mircea Eliade, se ocupó de investigar una historia trágica y sentimental ocurrida en Maramuresh, comprobó que los hechos reales poco tenían que ver con la tragedia y el drama que corría de boca en boca. La gente tenía la necesidad de colorear con sus creencias y aportaciones la historia que se relata, dándole un acabado literario.

Cuando se estudia la psicología del rumor, se descubre como unos frailes belgas pueden acabar colgados de los badajos de las campanas de su abadía, si la historia resulta más congruente y propicia a la versión políticamente correcta de los hechos, que en realidad es la que favorece una determinada interpretación que suele favorecer los intereses de los administradores del poder.

Los profesionales de los medios de comunicación no desconocen este aforismo informativo: “que la noticia adopte la forma que permita mayor consumo por la gente”. Trasladando las enseñanzas del capitalismo a la producción y consumo de la información, pero no sabiendo nunca, si es la gente la que demanda anormalidad, o es el interés de las fuentes de noticias en ofrecerla, lo que mantiene la reiteración del modelo.

Aunque sea una perversión para atraer la atención de los ciudadanos, las noticias hoy, siguen el catecismo de destacar la información negativa sobre la positiva, de darnos malas noticias, porque las buenas “no venden”.

Pero de este modo, con la profusión de informaciones y la competición por destacar lo negativo, nos hemos condenado a vivir en un clima intoxicado, en el que es noticia el accidente de tráfico y no los millones de kilómetros recorridos normalmente por los conductores.

La semiótica del poder aprovecha esta coyuntura del doble filo de la noticia, y aunque la realidad en su inmensa mayoría es absolutamente prosaica y normal, es necesario destacar la épica de la información para captar la atención de los consumidores de información.

¿Arde Barcelona?

En lugares como Cataluña, el País Vasco, o Galicia, a pesar de que los ciudadanos hacen la misma vida que en cualquier lugar del conjunto de España, hace tiempo que los partidos nacionalistas utilizan la intoxicación informativa, como arma para hacer patria.

El negocio de hacer nación, ha permitido que muchos nacionalistas se dediquen a lo que les gusta, que es a comer el coco a sus conciudadanos desde cualquier manifestación cultural, cualquier gesto social, y por supuesto, cualquier intervención política.

La necesidad de explicar todos los conflictos que el ciudadano sufre desde la opresión de la metrópolis sobre la “colonia”, es un mecanismo de incrustación cultural que se promueve desde determinados gobiernos autonómicos.

De esta forma, hay lugares de España, donde lo español es más perseguido que el cristianismo en un país musulmán o en la comunista China, hay lugares, como Barcelona, donde el conflicto se lleva siempre a la lucha identitaria sin precedentes. Exterminando por decreto, la enseñanza académica del español en Cataluña, incluso contra las recomendaciones de la Unión Europea.

Si mañana nos dijeran que las turbas en Barcelona se han echado a la calle, nadie pensaría que el motivo había sido el paro, sino el paso previo a la última batalla por la identidad nacional.

Pero la realidad, lamentablemente no es así, esa es la realidad que nos transmiten –y transmitimos- los que estamos en pleno fragor de la batalla por la identificación, una minoría ellos y una minoría, nosotros. La mayoría de la gente vive ajena a estas cosas y se ocupa más de saber si baja el petróleo, que si la selección catalana de fútbol va a jugar un partido.

Todos somos responsables

Los medios de comunicación subvencionados, los profesionales sin ética alguna más que la de pillar lo que se pueda, las barbaridades que se han hecho en los últimos años –que han de rectificarse sin lugar a dudas-, han llevado al estado de crispación permanente, las “hazañas” de ETA y adlateres, las “boutades” de ERC, o las melodramáticas pretensiones del BNG. Entre todos, no llegan al millón y medio de españoles que no quieren serlo, sobrerepresentados en un Parlamento que les favorece por que los partidos nacionales les necesitan para formar mayorías.

Pero los principales responsables de lo ocurrido son el Partido Popular y el PSOE, ambos representan más del 90 % de españoles, y son incapaces de ponerse de acuerdo ni siquiera para defender unos valores comunes. El PSOE, porque sabe que si se aparta de los nacionalismos, tendrá muchas dificultades para gobernar de nuevo y el PP, porque sabe que si se acerca a los nacionalismos, tendrá unos resultados insuficientes, y así, los españoles seguiremos secuestrados por unos movimientos nacionalistas minoritarios que se han fortalecido en el Estado, gracias a la estupidez de los representantes del común, que son incapaces de acordar lo más mínimo, porque todavía están resolviendo la guerra civil ocurrida hace 60 años.

Si queremos librarnos del yugo nacionalista, parece que sólo tenemos una opción: darle todos los votos a uno u a otro, y es trágico que nuestro país sólo se pueda gobernar desde mayorías absolutas, que son la mejor representación de una dictadura, pero son los políticos españoles , herederos del franquismo, que sólo saben utilizar el poder de forma absoluta los únicos responsables, y nosotros que se lo permitimos. La mezquindad de los políticos españoles alcanza cotas épicas en la historia mundial, y ningún pueblo lo ha soportado como el nuestro.

Hay otra forma, desenmascarar este régimen de opresión y buena vida, que consiste en despertar a la gente de la hipnosis y conseguir que abandone el calor de sus hogares en este frío invierno permanente, para echarse a la calle y romper la inercia. Eso sería una revolución incruenta, como la que se hizo en Rusia o Ucrania, pero no se dan las condiciones de opresión suficientes, ni de mala vida de los ciudadanos.

Mientras tanto seguiremos viviendo amenazados ante la posibilidad de que Barcelona entre en llamas, como si los apoltronados representantes públicos fueran a dejar sus posiciones inherentes exclusivamente a la política. Cuanta miseria hay en la política en España, nunca hubo tanta.

Quien vería buscar trabajo a esas eminencias que se han apalancado en el poder, como el President Montilla, que se levanta directamente con su señora 300.000 euros al año, más dietas, viajes y alegrías. Ese es el mundo real, los demás estamos en el mundo virtual del videojuego del poder y hacen lo que les da la gana con nosotros.

Como si al President Montilla le importase algo que ardiera Barcelona, estoy seguro de que emularía a Nerón, si viera por un momento sus privilegios amenazados, nada que ver con Von Choltitz. Qué razón tenía Borges.


Biante de Priena

jueves, 25 de diciembre de 2008

El lazarillo de Tormes ataca de nuevo.

Naciones reales y naciones virtuales

Una nación es una entidad política real, tan real, al menos, como un Estado. Los Estados-Nación no han sido producto de la casualidad, sino de la evolución histórica de los pueblos, se han establecido en un camino intermedio entre la cooperación y el conflicto, entre la dominación política desde el poder y la lucha de los ciudadanos contra sus excesos y defectos. Tienen un origen establecido y contrastado, y algo muy interesante, admiten la pluralidad en su concepción y construcción, en un abanico amplio que va desde los que las niegan hasta los que las afirman. Las naciones reales son reconocidas internacionalmente por las suprainstituciones mundiales: ONU, FMI, Banco Mundial, OIT, OTAN...

Las naciones virtuales proclaman su existencia sobre las interpretaciones sesgadas de los hechos históricos y culturales, tienen su origen en el deseo de un determinado sector de la población, siempre minoritario, que trata de convencer a la mayoría de su “realidad”. Se fundamentan en la opresión ejercida sobre su génesis por las “metrópolis”, autodeclarándose “colonias”, cuando en realidad son sus seguidores los que pretenden establecer un colonialismo territorial con los ciudadanos que han tenido la desgracia de haber nacido o estar viviendo en su demarcación, a los que chantajean, mientras prometen redimirlos.

Las naciones virtuales, al igual que los videojuegos, provienen de una interpretación particular de la realidad, fundamentada en un sueño irrealizado e irrealizable, de una forma de practicar legalmente el parasitismo, que permite obtener pingües beneficios de la supuesta metrópolis, antes que su emancipación política –que presentan siempre como destino, cuando en realidad es medio, para obtener sus fines, es decir, privilegios políticos y económicos-.

Las naciones virtuales, no han llegado a tiempo a la historia, de otra forma serían naciones reales, por lo tanto son extrahistóricas e idiosincrásicas. Enarbolan su reconocimiento por la “metrópolis” a la que siempre acusan de esquilmar su identidad, y por otras naciones virtuales, pero en realidad, su situación no se debe a ninguna opresión centralista, expropiación, o devaluación política, sino de su incapacidad demostrada de no alcanzar el status que en su creencia les corresponde.


De la existencia de España

En España, antiguo reino de reinos, hay numerosas comunidades, unas establecidas sobre criterios territoriales históricos, en algún caso con alguna diferencia política (territorios forales), otras sobre estructuras culturales peculiares (una lengua diferenciada), y otras sobre criterios prácticos. España no es un invento, sino el producto de mucha sangre derramada a lo largo de los siglos, de conflictos políticos resueltos e irresolubles, de una reunión de territorios, pueblos y culturas en un común compartido y homogéneo. Las diferencias que se aducen desde las comunidades que aspiran a nación, ni son suficientes, ni son reconocidas por todo el mundo.

Estas naciones virtuales, que alegan su pulsión irredenta por la autodeterminación, asemejan a un brazo o una pierna que quisieran emanciparse de un cuerpo por amputación. Realmente se consideran a sí mismos y consideran a los demás como equinodermos, como la estrella de mar, y piensan que si se amputa uno de sus brazos, surgirán dos estrellas de mar, eso sí, diferentes.

De la existencia de sus parásitos

El origen de las naciones virtuales se fundamenta en el parasitismo político de unos iluminados y la estupidez política de un huésped al que no le importa que le extraigan su vitalidad, sea en forma de riqueza o de poder político, porque no sabe ni lo que está representando. Las naciones virtuales, en la actualidad de la España democrática, son un producto de las pretensiones de los nacionalistas furibundos y las concesiones del PSOE, contra la voluntad de la inmensa mayoría de los españoles, nunca representada por el PP, por cierto, que pretende seguir los pasos de sus rivales para que le acepten en el juego de componer sinfonías. Estas protonaciones imposibles, son producto de una interpretación sesgada de la realidad, y no de la interpretación compartida por la práctica totalidad de los ciudadanos y el poder soberano que atesoran.

Desnacionalizar España, convertir nuestro país en una realidad huera, es algo que les interesa a los nacionalistas y los socialistas, con el fundamento práctico de perpetuarse en el poder creando una nueva mitología, previo vaciamiento de la realidad existente y destrucción de sus fundamentos. Impedir que los españoles se identifiquen como tales, es la mayor opresión organizada que se ha hecho sobre los ciudadanos de este país desde la desaparición de la Santa Inquisición, ni siquiera Franco se atrevió a tanto.

Al PSOE y los nacionalistas les resulta mucho más rentable políticamente deshacer España, que respetarla tal como es, siguiendo las enseñanzas de Lenin, de instrumentalizar absolutamente todo, para lograr sus propósitos. Afortunadamante, en nuestra nación de prolongada historia, profunda cultura, y ancestral origen, no es la primera vez que los traidores al común pretenden beneficiarse a costa de perjudicar a la inmensa mayoría, a la larga, todos esos intentos, condenados al fracaso desde su inicio han terminado siendo sofocados, por la ley o por las armas , y en esta ocasión no será diferente.

España es un producto de la mezcla cultural a través de los siglos de numerosas culturas en una pequeña civilización particular y definida, reconocida históricamente, fértil en nuestros sentimientos y en el desarrollo real del mundo, desde antes incluso de que los romanos dominaran construyeran su imperio. Pero los nacionalistas iluminados y los socialistas condescendientes, pretenden reescribir la historia, en su delirio singular, a la medida de su antiespañolismo, como si se pudiera hacer tal cosa impunemente. Esa es la segunda fase de la implantación de recuerdos por lavado de cerebro que pretenden imponer con retroactividad mediante la ley de memoria histórica, más ajustada a sus sueños que a la realidad existente.


La picaresca española de los nacionalistas

Pero mira que son torpes estos modernizadores, en la Novela Picaresca ya habíamos resuelto los españoles las ecuaciones de intercambio entre actores de forma sencilla. Es tan español el argumento que surgió aquí y no en otro lugar del mundo.

La realidad de la picaresca consiste en unos aprovechados espabilados que despluman al descuido a un pardillo afortunado, que habitualmente ha alcanzado su posición sin esfuerzo, privilegiado por la suerte que acompaña a los imbéciles, y además no tiene mucha conciencia del significado del lugar que ocupa. En un país de cuento, en que los ciegos eran los medios de comunicación y los que vivían cerca de ellos, comían queso y disfrutaban de la vida, inmersos en la miseria circundante.

El Lazarillo de Tormes, y en general, todas las novelas picarescas, remedan "El Elogio de la Locura" de Erasmo de Rótterdam, porque para criticar al poder, lo mejor es hacerse el loco, o estar ciego, vamos, dar pena antes que envidia. Pasó con Franco (entonces los nacionalistas y condescendientes se descubrían poco, lo justo) y ocurre ahora, porque nunca tantos anónimos firmaron sus relatos en blogs, periódicos, y panfletos. El anonimato colectivo, eso es España en estos momentos, mientras se fragua el cuarto acto, entre crispaciones, desesperaciones y afilar de sables. La España "ciega", esta vieja nación, no duerme nunca -hace que duerme-, sobretodo si se sabe rodeada de pícaros.

Que los pícaros son los nacionalistas, está claro, pero el papel del anfitrión de La Moncloa, no sé si se corresponde más con el de imbécil afortunado o el de ciego desconfíado. Y ahí está el único dilema de los españoles y de España.

Habría que preguntarle al autor, si se pudiera, por el desenlace. La identidad del autor - anónimo por cierto -, para no levantar suspicacias en una España que retrató con magisterio, se ocultaba de la Santa Inquisición que dictaba moral, perseguía a los discrepantes, y los condenaba a la hoguera, previo paso por torturas; no todos los anonimatos tuvieron éxito, porque los únicos que perduraron, más que de autor desconocido terminaron siendo obra de la Fuenteovejuna, que despachaba comendadores con la misma facilidad que se apaga un ordenador.

Tanto correr hacia ningún sitio para seguir siendo lo mismo, así se ha hecho España, a borbotones, entre pícaros, pardillos, espectadores y comendadores. Y dicen los nacionalistas que no son españoles, cuando se comportan como arquetipos estereotipados, pues que digan, que ya diremos los españoles lo que son cuando corresponda, y a ver si no les hacemos pagar por los desperfectos y molestias que nos han ocasionado, y al pardillo-ciego que nos ha representado estos años, que San Martín le bendiga.

Que España sea anónima, no significa que no exista, más bien al contrario, existe oculta, esperando la ocasión de liberarse de los sinvergüenzas que la expolian. En poco tiempo, estas palabras cobrarán pleno sentido.



Erasmo de Salinas

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