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jueves, 4 de diciembre de 2008

Raflaxions-002

Constitución Española de 1978 (11): Artículo 11

TÍTULO I
CAPÍTULO PRIMERO

De los españoles y los extranjeros

Artículo 11

1. La nacionalidad española se adquiere, se conserva y se pierde de acuerdo con lo establecido por la ley.

2. Ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad.

3. El Estado podrá concertar tratados de doble nacionalidad con los países iberoamericanos o con aquellos que hayan tenido o tengan una particular vinculación con España. En estos mismos países, aún cuando no reconozcan a sus ciudadanos un derecho recíproco, podrán naturalizarse los españoles sin perder su nacionalidad de origen.

El mercado se desentiende de la política

Quién lo iba a decir hace un par de años, cuando las cosas aún funcionaban por las viejas reglas, en los viejos escenarios. Hoy, 4 de diciembre de 2008, el Banco Central Europeo ha establecido la mayor disminución de los tipos de interés de su historia, un 0,75 %, hasta dejarlos en el 2,5 %,... y las bolsas han bajado.

Los índices han quedado como sigue:

FTSE 100 (Reino Unido) : - 0,2 %
DAX (Alemania) : - 0,1 %
CAC 40 (Francia): - 0,2 %
S&P/MIB (Italia): - 0,1 %
IBEX 34 (España): - 0,5 %

También el Dow Jones iba perdiendo un 1,2 % a las 20 horas, lo que augura pérdidas para mañana.

Francia anunciará medidas económicas por valor de 25.000 millones de euros, en días anteriores lo hizo España. En Reino Unido van a disminuir 2,5 puntos el IVA, en Italia harán algo intermedio, y Alemania se ha decantado por resolver sus problemas de forma independiente; el petróleo está a 45 euros el barril y el mercado financiero permanece en atonía.

Cierto es que se ha anunciado la recesión europea con una contración de 0,2 % sobre su PIB en la euro zona, también las cifras del paro que se han incrementado, especialmente en España (hasta los 3 millones).

El sistema de mercado occidental sabe que el dinero que se va a invertir desde el Estado es fundamentalmente para aligerar las presiones sociales, una ducha gigante para enfriar los ánimos de los ciudadanos, que asisten perplejos al despertar del sueño de bienestar eterno que les habían vendido los políticos, mientras urdían su afortunamiento.

Los políticos europeos, de los que los españoles son un ejemplo esencial, no se acaban de enterar de que el sistema de mercado lo que está haciendo es desregular la intervención de los estados sobre los sistemas financieros. Con las cargas impositivas que se imponen resulta cada día más difícil hacer negocio, por eso los mercados se paralizan, a la espera de alguna circunstancia que les haga cambiar de decisión, poco a poco los estados están haciendo devoluciones de lo que se habían llevado de más. Paradójico es, el fortalecimiento del primer banco español, el Banco de Santander, con la mayor ampliación de su historia que en época de crisis ha sido suscrita en su totalidad.

El sistema de mercado quiere libertad, no la contención a la que se le quiere someter desde la política, con gobiernos metiendo las narices en sus negocios. Los negocios son como las relaciones íntimas, no un show de Truman que es en lo que pretenden convertirlos los políticos.

Las constructoras en España se han ido al cuerno por la intervención del Estado, concediendo obra pública a los afines y negándoselas a los rivales, financiando a los propios y extorsionando a los ajenos. El Estado no es un productor de riqueza, es el mayor de los consumidores. Las subvenciones de todo tipo, lo único que hacen es incrementar a la larga la pobreza. La competitividad española va camino de ser la más baja de Europa, precisamente por las posiciones proteccionistas del Estado –a empresas y trabajadores-.

La riqueza que genera el Estado es mucho menor que la pobreza que redistribuye. La carga total de impuestos sufre una importante desviación cuando alcanza la realidad de sus resultados, es como el dinero invertido en las ONG, del que sólo llega un pequeño porcentaje a los afectados, porque la mitad se queda por el camino.

Los estados se han hecho tan acaparadores, quieren controlar tanto la realidad, que las posibilidades de negocio se han deteriorado. Evidentemente, entre el mercado salvaje y el estatalismo interventor, hay un gran abanico de posibilidades, y las posiciones equilibradas son las más aconsejables. La mano invisible de Adam Smith tiene su paralelo en la mano invisible de Lenin, entre ambas representaciones del poder nos están estrangulando.

La sociedad permanece de testigo absorto ante el penúltimo combate del poder, la única certeza que podemos tener, es que al final, seremos los ciudadanos los que tendremos que pagar el entierro de nuestra forma de vivir. Y eso, que es lo más importante, es lo que no quieren reconocer los políticos, como Zapatero con la crisis, porque saben que en la próxima escena de esta película de terror lo que viene es el fin de sus días de vino y rosas.

La única solución posible pasa por que los seres humanos, antes que clientes del mercado o deudores de las entidades financieras, antes que contribuyentes, ciudadanos o consumidores de servicios estatales, seamos capaces de recuperar nuestra propia identidad humana. Eso requiere un clima de libertad e igualdad, y no uno de opresión y privilegios inmerecidos. Sin justicia, no hay futuro. Los bancos y los estados forman parte del mismo problema: la administración de la injusticia en sus diversas representaciones: miseria, mezquindad, usura, ambición, codicia, privilegio, explotación, expolio, discriminación, esclavitud, abuso de poder, y mentiras, muchas mentiras.

La solución a nuestros problemas pasa exactamente por lo contrario, somos los ciudadanos los que debemos controlar el Estado, no el Estado a los ciudadanos y somos los ciudadanos, quienes debemos afrontar la especulación financiera, retirando cuentas, consumiendo diferencialmente, poniendo límite a nuestra explotación e impidiendo que quienes quieran exprimirnos más de lo admisible, lo acaben consiguiendo. La solución está en nosotros, en nuestras decisiones libres e incondicionadas por el bienestar de unos y otroe, no en ellos.


Erasmo de Salinas

Raflaxions

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