desde 2.006 en Internet

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Adios Facebook



Una vez más, los talibanes reunidos han logrado expulsarme de Facebook y ahora los señores que rigen este emporio social me exigen que identifique a un señor que pone una foto de Rajoy y una señora que pone un florero que, al parecer, deben ser mis amigos.

En esta ocasión no sé el origen de los talibanes, en las dos ocasiones anteriores fueron feministas y animalistas, los que lograron mi expulsión sencillamente por el sistema de denunciar masivamente a Facebook en plan sectario, algo que no les había gustado, pero en esta ocasión me quedaré sin saberlo, evidentemente tanto Facebook como yo, podemos existir el uno sin el otro.

He decidido prescindir de cumplir con todos los requisitos que me exigen para regresar al paraíso enjaulado, la captchas, tiempos de espera y otras ocurrencias de alguno que no debe tener otra forma mejor de hacer perder el tiempo a los demás para ganarse un buen sueldo, pues no será a costa del que suscribe en esta ocasión.


Desde aquí envío un recuerdo a los 1700 amigos que tenía en la cosa y a los 6425 miembros de ¡NO ME REPRESENTAN!, el grupo en el que participaba como administrador, junto a otros grupos diversos. Se acabó lo de perder mi tiempo en Facebook, para que me condenen a la hoguera por las faltas que no cometí y demuestre mi identidad de forma estúpida, tras haberles remitido mi número de teléfono en su día.


La próxima semana les remitiré un escrito para requerir la desaparición de todo lo relacionado conmigo en facebook, puesto que ya no tiene sentido nada relacionado con mi presencia en esta red social de la que me han desaparecido. Como sigan así, no le auguro buen panorama a la cosa, habrá que emigrar a Twitter, para los que tengan interés en seguir en contacto conmigo aquí les dejo mi dirección. 


PD: agradecería a algún amigo que dejara esta carta de despedida en ¡NO ME REPRESENTAN!, para informar del motivo de mi ausencia. Y aprovecho para enviaros un saludo a todos y desearos felices fiestas.

Enrique Suárez

lunes, 15 de diciembre de 2014

De la representación política ficticia a la representación política factible


Creo que poco a poco vamos cambiando en este país, aunque nos cuesta demasiado. La mayoría de los españoles somos hoy una colección extraña de no representados, muchos nos atrevemos a decir que no nos representan ni las ideas políticas, ni los partidos que las promueven, ni los políticos que las representan. Sin embargo, al mismo tiempo, cada día somos más los partidarios de las reflexiones acertadas, ¿quiere decir esto que avanzamos del mythos al logos, de las creencias a la razón?, no me atrevo a asegurarlo, pero pudiera ser posible.

Creo que en este país cada día somos más los ciudadanos que contemplamos la política como un espectáculo y el poder como una realidad, que poco tienen que ver entre sí. La política es una representación del poder ficticia, pura farsa teatral para los menos informados o para los más intoxicados sean reclutados, la gente mira la luna que les señala el dedo del poder, pero no se fija de donde proviene el dedo. No debemos permitir que nos representen ideas, partidos o personas, sino conductas adecuadas, reflexiones correctas y comportamientos éticos.

Como en su día nos relató Gustavo Bueno, en este país no vivimos en algo que pueda denominarse como democracia, sino en una idea extravagante de la democracia que no reúne las condiciones y requisitos para ser considerada como democracia.

En la realidad el poder no deja nada fuera de su control para imponer su obra a los ciudadanos, aunque sea secuestrando estrafalariamente la democracia. En la Grecia Clásica los partidos políticos estaban prohibidos, porque los consideraban un antídoto de la democracia. No se puede considerar que hay democracia cuando la elección de los candidatos se hace por las cúpulas de los partidos políticos y los ciudadanos sólo pueden decidir apoyar a una candidatura u otra o no hacerlo, candidaturas que han sido elegidas desde el poder, a dedo, y por los méritos y condiciones más extravagantes, caerle bien al líder, ser un lameculos o estar ahí siempre para hacer los tratos sucios o las corrupciones necesarias.

Quiere esto decir que en la “democracia” (entre comillas) que hay actualmente en España no elegimos representantes de los ciudadanos, sino representantes de los partidos elegidos a dedo por sus mandatarios. De esta forma se conculca el espíritu de isocracia que debe contener toda democracia, sólo se puede elegir entre lo que otros han decidido, se vote al partido que se vote. Es curioso que en todos los partidos, incluido el novedoso Podemos con su líder recién elegido por tantos mil asentidores, funciona exactamente igual. La gente vota por alguien y ese alguien decide quien le acompaña en el poder y en la representación política, los ciudadanos sólo pueden escoger (que no es lo mismo que elegir) entre unos u otros, que otros han elegido.

Por eso quiero pensar que estamos en un cambio de era, en la que la gente ya no acepta que le representen aquellos que otros eligen, porque para eso mejor que no le represente nadie. A pesar de las cosas que nos cuentan las encuestas, que nunca relatan cuantos van a acudir a las urnas, sino sólo los que van a salir elegidos, dependiendo de quien pague el estudio, los españoles hemos cambiado de actitud en las últimas convocatorias a urnas, en las europeas los que no votamos a nadie fuimos el 58 % y en la pantomima del referéndum sobre la independencia de Cataluña, sólo acudieron a votar 1/3 de catalanes, a pesar de la presión frentista que se había establecido como clima previo.

Sin duda la crisis del sistema político español es una crisis de representación, la gente ya no quiere ser representada por quien decida Rajoy, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez o Artur Mas. Y eso anuncia una nueva era, la de la superación del embaucamiento ideológico, la envolvente partidaria y la farsa política, creo que a los españoles a partir de ahora nos van a representar cada día más las reflexiones acertadas y los comportamientos correctos, que realmente representen nuestros intereses y no los de los partidos o miembros de los partidos. Si es así, para algo habrá servido tanto desasosiego y la democracia estará más cerca cada día

Enrique Suárez


lunes, 8 de diciembre de 2014

Hay que darles una oportunidad



Es el mantra oficial de los seguidores de Podemos, hay que darle una oportunidad a estos chicos que están empezando y parecen buena gente. Sensu contrario arguyen que esos de la casta son unos corruptos que se han forrado esquilmando a los ciudadanos de este país, algo que no deja de ser cierto.

Pero volviendo al meme: “hay que darles una oportunidad”, es decir, votad con los ojos cerrados por los que nosotros os decimos que son los que tienen que salir, para bajar a los de arriba y que podamos medrar como han medrado los de la casta, nuestros amados líderes y nosotros, y además os vamos a salvar la vida, por el mismo voto.

A mí me suena a embaucamiento, y pido disculpas por ello a los acólitos de Pablo Iglesias, pero una oportunidad se le puede dar a un chaval que está empezando y no a unos profesionales de la política que utilizan las estrategias de marketing electoral y de propaganda más arteras para convencer a la gente de que les vote. Exactamente igual que hace la casta. Si realmente quieren una oportunidad que se la ganen, mostrando objetivos viables y posibles y no entelequias fantásticas y pueriles. Ya nos han engañado bastante los que están, para que ahora vengan unos listillos puestos a sucederles por el arte del simulacro.

A veces, por divertirme, suelo preguntar: ¿una oportunidad para qué? Y ahí entramos en apoteosis, todos los argumentos que se ofrecen pasan por denigrar a sus oponentes, ni uno sólo positivo para decir para hacer esto o hacer lo otro, porque si se han fijado en la maraña de las propuestas de Podemos lo mismo se conceden pensiones a los 60 años, jornadas laborales de 35 horas, que rentas básicas para todo el mundo por el hecho de haber nacido, además de dejar de pagar la deuda pública, sacarnos del euro, repartir lo que queda de España entre todas las “naciones” y partidos judiciales que la forman, lograr la República, cambiar la Constitución, prohibir los toros, y repartir la riqueza de los que la producen con los que no la producen, porque hay que ser solidarios, como Pablo Iglesias, por ejemplo, que reparte su sueldo de eurodiputado (7.900 € /mes) con la televisión desde la que comenzó su andadura y en la que debe tener acciones, pagando salarios de 400 euros a sus trabajadores.

En alguna ocasión he pensado si nos estarían tomando el pelo y todo sería una broma, pero he llegado a la conclusión de que algunos, al menos, de los que patrocinan la cosa, se creen que todo eso es posible y al mismo tiempo, cerrando los ojos fuertemente y deseando que cambien las cosas. Son unos soñadores, el día que se despierten se van a caer de alguna nube de las que seguirá contando Zapatero. Sin embargo, otros actúan con toda la insidia e inquina de la que son capaces, para lograr su propósito de embaucar a todos los pardillos que crean en sus palabras, como auténticos trileros. Esos son los peores, los que niegan que el programa de Pablo Iglesias sea comunista, o que dicen que los proyectos de colectivización y expropiación sólo son para las grandes fortunas, sin definir lo que ellos consideran como tal cosa, porque hagan la prueba, los seguidores de Podemos no entran en demasiados detalles sobre sus propuesta o como piensan llevarlas a la realidad, eso ya se verá.

Menos mal que las bondadosas y genuinas  propuestas de Pablo Iglesias y su troupe no se las creen los inversores extranjeros, por eso tenemos la prima de riesgo en las cifras más bajas desde hace siete años, pero lo que no tengo tan seguro es que algunos desesperados le concedan su confianza a Pablo Iglesias pensando que les va a salvar la vida, cuando si sus propuestas se pusieran en marcha, los primeros en pagarlo serían sus propios votantes, los más esquilmados y desesperados entre ellos, porque el caos que se iba a organizar en este país llevaría a la gente a una revolución y a una crisis económica de proporciones sin precedente en el mundo mundial, incluida la Venezuela de Maduro.

¿Acaso no será ese el objetivo del equipo de politólogos que acompañan a Pablo Iglesias?, tensar la cuerda hasta que se rompa y en situación de caos, ganancia de pecadores, pues lo tienen mal, en este país hay un 70 % de propietarios con su vivienda pagada con su sudor o el de sus padres, que no creo que esté dispuesto a compartir ese sudor con los que no han hecho nada en su vida, y lo mismo digo de los 16,5 millones de trabajadores y los 9 millones de pensionistas, cuando vean que viene alguien con ganas de repartir su salario o su pensión, cada día más devaluados, le van a recibir con los brazos abiertos. Por no decir todos aquellos que con sueldos de miseria, tendrían que pensarse si se apuntaban a la paga de Podemos porque saldrían ganando sin pegar palo al agua.

Ustedes no den oportunidades sin saber con claridad meridiana para que son,  cuando les pidan el voto hagan lo mismo que si les piden mil euros, entérense bien para que es, a ver si va a terminar siendo para crecer la cuenta particular de alguno, como ha ocurrido hasta ahora. Ténganlo en cuenta, por si acaso.


Enrique Suárez

domingo, 7 de diciembre de 2014

Proyecto Némesis

 


En la antigua Grecia, cuando los representantes políticos cometían Hybris, desmesura de poder, Némesis les pasaba factura. También Némesis era la encargada de reclamar a Zeus las vindicaciones de los excesos de los dioses y los hombres con el poder conferido por otros. La justicia democrática era implacable e ineludible.

Algunos consideraban que Némesis era la diosa de la venganza, pero más bien era el agente democrático ante los dioses y los hombres poderosos, que exigía que no se pasaran un pelo en sus cometidos. Némesis exigía y Diké (la justicia) ejecutaba

Los griegos antiguos desconocían el concepto de pecado cristiano, pero tenían dos crímenes públicos reconocidos, uno el de Hybris la desmesura del poder inadmisible en una democracia y otro la asebeia, el intento de cambiar las creencias en los hombres adorando a nuevos dioses o nuevas costumbres, de este último fue acusado Sócrates e invitado a suicidarse. Pablo Iglesias habría sido acusado de este último crimen en la Grecia clásica, porque no se trata de cambiar los dioses en el poder, sino de cambiar las creencias en ellos y en su poder, lo que realmente nos conduce hasta la era de la razón.

Tales de Mileto, considerado por algunos el primer sabio de Grecia, en cierta ocasión pronunció una enigmática frase en las puertas del mercado de su ciudad jonia: “Todo está lleno de dioses”, frase que nunca se ha sabido muy bien que quería expresar, pero sin duda algo relacionado con el paso del mythos al logos, de las creencias a la razón. Poco después los griegos consideraron que rezar a los dioses para que lloviera estaba muy bien, pero mejor era hacer presas para acumular el agua en tiempos de sequía.

Platón ideó el mito de la caverna para contarnos a las generaciones venideras lo que sería la televisión y Aristóteles, su discípulo, consideró que el ser humano era un animal social o político, zoon politikon, pero siempre después de haber llegado a reflexionar y razonar, zoon logikon, y dejar de creer en lo increíble, zoon mythikon.

Protágoras de Abdera, por último nos dejó un magnífico legado, que Leonardo de Vinci plasmó en su hombre de Vitruvio: “el hombre es la medida de todas las cosas, tanto de las que son, como de las que no son”

A pesar de lo que algunos piensen, inducidos por los propagandistas de los partidos políticos, la democracia no consiste en tener leyes que no favorezcan a los privilegiados o concedan voz a los menos poderosos, el cometido inicial y final de la democracia griega y de todas las democracias que la han sucedido es reducir, limitar y controlar el poder de los que lo detentan, por parte de los ciudadanos.

La casta ha demostrado que quiere vivir en la tiranía o la timocracia, pero Podemos, con sus empoderamientos y reivindicaciones no resuelve ninguno de los problemas que tenemos los españoles con la política, porque la vía para resolver nuestros problemas con el poder no pasa por politizar a los ciudadanos, como ha dicho Pablo Iglesias, en un discurso artero para alguien que sabe de lo que habla al ser politólogo, sino precisamente de lo contrario, de civilizar a los políticos, limitando su poder para que nunca vuelvan a cometer crímenes contra la democracia y los demócratas.

La vía que ofrece Pablo Iglesias y sus seguidores para resolver los problemas que tenemos con la casta no nos conduce a ninguna solución, sino a la consolidación de la tiranía ejercida desde el poder. No se trata de que los representantes políticos acumulen más poder, de que haya más estado, más funcionarios o más recursos públicos, sino precisamente de lo contrario, Pablo Iglesias no nos habla de libertad, nos habla precisamente de lo contrario, como hacía Lenin hace 100 años, libertad ¿para qué?

Ahora mismo estamos en una fase curiosa de la democracia, la que transcurrió entre las constituciones de Solón, aquel que concedió a los mejores la representación del poder desde la timocracia, y la de Clístenes, aquel que concedió al pueblo ateniense el control del poder y lo convirtió en soberano de su destino, inventando la genuina democracia.

La izquierda en este país es una representación de la oclocracia griega, la muchedumbre que apuesta por la tiranía, mientras la derecha es una representación del despotismo, el poder para el pueblo pero sin el pueblo. Los nacionalistas y los demás deambulan entre oclocracia y despotismo según conviene a sus intereses.

Los españoles nos vamos convirtiendo poco a poco en no representados, en las últimas europeas el 58 % de los posibles electores no fue representado por ninguno de los que se presentaba, en el referéndum catalán 2/3 de los catalanes no acudieron felices a la pantomima de Artur Mas y Oriol Junqueras para ocultar la debacle de la gestión económica catalana, que incluye un expresident que ha reconocido que lleva treinta años trincando.

Y los no representados adoramos a Némesis, ahora sí convertida en diosa de la venganza, que pasará factura a todos estos sátrapas y trileros de la democracia, sean de la casta o de podemos, que algún día, sin duda más próximo, rendirán cuentas por sus crímenes ante los demócratas de este país. 

A Némesis la acompaña siempre Diké en su cometido, la diosa de la justicia, porque una venganza justa de los poderosos que se han aprovechado del pueblo y la democracia, es posiblemente lo único que puede devolvernos a la normalidad. Sólo es cuestión de información, tiempo, paciencia y conciencia.



Enrique Suárez

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Dilemas democraticos: cuando la mayoría es sometida a la decisión de la minoría






Sobre la democracia se pueden decir muchas cosas, pero sin duda la regla de la mayoría debe ser insoslayable, la mayoría de electores tiene derecho a que se adopte la posición que defiende cuando hay varias alternativas de elección.

Entre las alternativas de elección hay una que es ninguna alternativa, aquellos que no acuden a las urnas la eligen, como en las pasadas elecciones europeas hicieron el 58 % de los electores posibles, o más recientemente, casi dos tercios de los catalanes convocados a la consulta por la independencia de Cataluña.

Sin embargo el poder sólo cuenta las decisiones que favorecen a su perpetuación descontando las demás, es decir, el latrocinio de la voluntad general de la mayoría que decide no apoyar a nadie en las urnas.

Si la democracia debe regirse por la decisión de la mayoría y la mayoría decide no apoyar a nadie en unas elecciones ¿cómo se puede considerar un resultado democrático y válido si no representa más que a una minoría que ha decidido participar en un juego rechazado por la mayoría?

Aristóteles y Polibio lo establecieron hace 2.000 años, oclocracia, cuando las muchedumbres apoyan a las tiranías, porque no se puede considerar representación de un pueblo a la porción minoritaria que acude a votar en las urnas. Aunque es legal gracias a los artificios de los partidos políticos, no puede considerarse democráticamente legítimo.

Otra cosa sería que los representantes elegidos en un parlamento fueran exclusivamente los que han recibido el apoyo directo de sus seguidores, en las últimas elecciones europeas, España elegía 54 candidatos, votaron a todos los partidos un 42 % de los electores, mientras que un 58 % no acudieron a votar, no implicándose en la representación teatral que se conceden los elegidos. Rigurosamente tendríamos que tener 23 representantes en el Parlamento Europeo y no 54 a los que pagamos todos los meses, por representar a quien no representan.

Es decir, 31 candidatos son ilegítimos, representan a sus partidos, pero no representan a los españoles que no les han votado. Esta inflación de poder debe concluir de inmediato si queremos que la democracia sea representativa, porque no puede aceptarse de ninguna forma que haya más representantes elegidos por los que no votamos a nadie, que por los que votaron a alguno. 

La mayoría puede ser silenciosa, pero no es idiota, no puede elegir aquello que resulta nocivo para su existencia. Sin embargo, la minoría ignorante puede alzar a cualquier tirano que niegue su estupidez y halague su espíritu cívico, ante la perplejidad de los demócratas que han decidido no apoyar un sistema que sólo ofrece farsantes y chorizos para regir su destino.

Enrique Suárez

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...