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jueves, 10 de julio de 2014

El asalto al poder de las hordas posibilistas

"Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes" Maximilien Robespierre


Han llegado, como estaba previsto. Fueron incubadas como “el huevo de la serpiente” por los muñidores de la deconstrucción interesada de este país “discutido y discutible”, algunos dicen que fue política de tierra quemada con la intención de perpetuarse en el poder y mantener en el pesebre a sus amados hijos y nietos, sin embargo, otros consideran que sólo fue una cuestión de inepcia gubernamental y opositora, en un momento económico complicado.

Al contrario de lo que algunos desconocen, la casta no es un hallazgo del fruto de la inteligencia de una cabeza con cola de caballo, sino una conceptualización del poder acaparado por unas élites cenutrias, definida en Italia durante el año 2007 por Rizzo y Estella, de la que a los pocos meses se dio cuenta en este blog. Por mucho que he buscado no he visto ningún artículo político hablando de la casta escrito por alguno de los líderes de Podemos, de lo que se deduce que para ellos es una especie de “muñeco de paja” para orientar a las multitudes hacia los que detentan el poder.

En el año 2010, advertimos a nuestros lectores de que en España se caminaba hacia la oclocracia, esa degeneración de la democracia descrita por Polibio que consiste en las muchedumbres usurpadoras de la voluntad del pueblo guiadas por un líder mesiánico ahíto de populismo, porque la oclocracia subvierte el orden democrático, las reglas del juego, la muchedumbre no es el pueblo, es una parte del pueblo que se considera a sí misma legitimada de soberanía y representación del poder popular y que trata de someter a su criterio a todas las instituciones que ejercen el poder legítimamente.

Podemos se encuentra en la clasificación política de los partidos acaparadores  (catch-all-party) que renuncian a los principios para alcanzar el poder. La ideología no es importante a pesar de lo que parezca, al igual que la democracia, es un instrumento útil al propósito de alcanzar el poder prometiendo lo imposible, normalmente sólo se habla de la ideología de los demás, que ha conducido al fracaso y la miseria. Es importante para ello instalar la idea de miseria en la gente, siempre originada en la mezquindad o la ineptitud de los adversarios.

Es necesario un buen lema, da igual que ya haya sido utilizado, pero ha tenido que demostrar su éxito, el “yes we can” (Podemos) de Obama podía servir, también un líder que resulte conocido y quien mejor que Pablo Iglesias, sosias del fundador del PSOE, para crear más contradicciones y atracciones. Pero sin duda el elemento fundamental para el triunfo de un partido acaparador como Podemos es el simulacro, descrito por el sociólogo Baudrillard, un simulacro de revolución, de democracia asamblearia, de apocalipsis, de lo que sea necesario, y por supuesto propaganda, la más zafia de las posibles que consiste en soflamas gratas a los oidos de los despojados más ignorantes, los demás son malos, nosotros buenos, el que nos critica es un miserable fascista y el que nos halaga una buena persona. Todos nos han robado desde el poder, pero nosotros somos el brazo del pueblo vengador que viene a cobrarse lo que le adeudan: un piso, un trabajo, un subsidio, una vida parásita gratis por haber nacido. Hay que exterminar a los ricos y si es necesario, cualquier residuo de riqueza, más vale morir sentado en un plató de televisión que vivir de rodillas.

Podemos es el hijo putativo más querido de José Luis Rodríguez Zapatero en la transición o traición que hizo a sus propios compañeros de partido a su mayor gloria, disculpando los asesinatos de ETA, dándole alas al independentismo catalán, creando una  sociedad de beneficencia a costa de incrementar el paro hasta los seis millones, la deuda pública en medio billón de euros y el déficit público hasta el 11,5 %, colocando a más de medio millón de personas en el pesebre público, sometiendo a los medios de comunicación con licencias y subvenciones que le favorecieran, convirtiendo en títeres a los jueces y fiscales al servicio del poder, creando una ética de la impostura y una moral saducea al servicio de sus intereses. Depauperando a la sociedad española, despojándola de derechos y recursos, e incluso de identidad y principios de cohesión, para poder implantar su modelo existencial desde el totalitarismo más impertinente e insidioso. Aunque todo apoyado desde la complicidad y la negligencia de un señor que se pasó leyendo El Marca durante años, ejerciendo de don Tancredo, mientras arrasaban el país en nombre de la igualdad, creando desigualdad entre territorios, ciudadanos, trabajadores, hombres y mujeres, jóvenes y viejos. Nada en la política española ocurre por casualidad.

Ahora las hordas paulistas agrupadas en una formación política que lo mismo brinda por Hugo Chávez que persigue a los periodistas que no le gustan, están dispuestas a asaltar el poder, sin importarles las leyes ni las costumbres, en una impunidad que remeda los procesos revolucionarios;  su objetivo es desalojar a la casta para crear una nueva nomenklatura en la que aquellos que opinen de forma diferente sean exterminados políticamente desde la coacción, la coerción y el matonismo. 

Marx les resulta ajeno, Lenin anacrónico, quizás reserven alguna simpatía por Stalin, pero realmente quien es su profeta es Trosky, el que decía que había que caminar separados para golpear juntos, al que no le importaba nada más que el poder y para ello consideraba lícito cualquier medio incluida la agitación de las masas y la violencia. Lo extraño es que todavía oculten su condición totalitaria a los españoles y que los españoles contemplen un engendro que recuerda a un híbrido entre el nazismo y el estalinismo como si fuera una alternativa para resolver los problemas de este país; creo que entre los atribulados seguidores del partido de Pablo Iglesias, a los que Marx incluiría sin duda en el lumpen-proletariado inútil y ambicioso,  resulta extraordinario encontrar un demócrata auténtico que considere que el imperio de la ley prevalece sobre la decisión de los votos.

Sólo hay que recordar las palabras que dedicaba su mentor suizo, el filósofo postmoderno Zizek, sobre la libertad de expresión (promoviendo la censura) para predecir el mundo que nos esperaría si alguna vez esta patulea de impresentables totalitarios, que consideran sus ocurrencias un dogma y se sienten imbuidos de un protagonismo histórico,  alcanzaran, por casualidad, el poder. Antonio Elorza, recientemente, ha definido con claridad con quien nos estamos jugando los españoles la democracia, la libertad y el futuro, en esta ocasión creo que se ha quedado corto, más que una posible solucion a los problemas que presenta nuestra maltrecha democracia, es sencillamente una amenaza dispuesta a su exterminio.

Enrique Suárez

lunes, 7 de julio de 2014

Cien libros para el siglo XXI (020)







Discurso Preliminar a la Constitución de 1812. Agustín Argüelles (020)

En esta ocasión no quiero ser ecuánime, porque considero al liberal asturiano D. Agustín Argüelles la figura más importante de la política española en los últimos doscientos años, entre otras muchos motivos por haber sido el principal artífice para  que los españoles seamos hoy soberanos de la nación española.

Cuentan que D. Agustín, hombre discreto, sobrio y templado, de verbo inolvidable y ademanes exquisitos, salió extraordinariamente atribulado del Oratorio de San Felipe Neri de Cádiz prorrumpiendo estas palabras para la historia: “españoles, ya tenéis una nación”,  estos hechos acontecían un 19 de marzo de 1812. Los españoles teníamos una nación por entonces, pero de España sólo quedaba Cádiz libre, estábamos en la vorágine de la guerra de la independencia contra los franceses, las tropas napoleónicas que habían invadido nuestro país, para iniciar la dinastía bonapartista en España. No sin antes haber sido traicionados por Carlos IV, Fernando VII y Godoy firmando el Estatuto de Bayona, con la felonía de que el sucesor legítimo, había pedido la adopción de Napoleón para no perder sus privilegios.

Muchos son los que han reflexionado sobre las razones para no haber propuesto un sistema de estado republicano en vez de monárquico, los conservadores dijeron que para evitar la resistencia de los absolutistas moderados, la nobleza y el clero, pero más bien la razón debió ser que los británicos, que a la sazón eran nuestros aliados, no hubieran visto con buenos ojos otro experimento republicano en la Europa de comienzos del siglo XIX. Por eso nuestra primera Constitución nació con altar y trono, pero con una nación soberana que residía en el pueblo español.

Y no fue hasta 1820, cuando otro asturiano, el general D. Rafael del Riego tras pronunciar su proclama en Cabezas de San Juan, logró que el felón Fernando VII sancionara la Constitución, único requisito para que lograra plena vigencia. Sin embargo, tras el trienio liberal, el mismo general que fue aclamado por someter al Rey y hacer definitivamente a los españoles soberanos de su nación, fue vituperado por el gentío, llevado en un serón a la horca en la Plaza de la Cebada, donde fue colgado el 7 de noviembre de 1823, tras una campaña de difamación urdida por Fernando VII, poco antes de que una alianza europea formada por los cien mil hijos de San Luis, derrocara al gobierno liberal, permitiendo la llegada de la década ominosa donde los liberales fueron perseguidos, vilipendiados, encarcelados, deportados y ajusticiados.

D. Agustín se exilió en Londres, y no regreso a España hasta la muerte del déspota Fernando VII en 1834. Fue elegido diputado por Asturias y Baldomero Espartero, tras haberle derrotado en Las Cortes para acometer la regencia de España, no tuvo mejor idea que elegirlo como preceptor de la hija de Fernando VII, que posteriormente sería reina con el nombre de Isabel II, dando lugar esta elección a las guerras carlistas por “la pragmática sanción” que anulaba la ley sálica que daba preferencia a los varones vivos sobre las mujeres.


De este tiempo es la anécdota que, en mi criterio, mejor refleja y con más donosura el talante de D. Agustín, varios meses después de haber sido designado preceptor de Isabel II, escribió al Presidente del Gobierno para recordarle que él no era de alta cuna y que nadie se había acordado de asignarle un sueldo, a lo que  su  interlocutor, no recuerdo si Mendizabal o Istúriz, respondió: “pero D. Agustín, ¿cómo no lo dijo usted antes?, le asignamos 180.000 reales de pensión”, pocos días después, el Presidente del Consejo de Ministros recibió una breve carta que decía: “muy agradecido por su diligencia, pero tras hacer los cálculos pertinentes, creo que con 90.000 reales que es la mitad de su asignación podré arreglarme, dedique usted la diferencia a alguna de las muchas causas que este país tiene pendientes”. Creo que es el único caso en la historia de España en que un político decidió bajarse por sí mismo el sueldo a la mitad de lo que le habían asignado.

El pueblo de Madrid quería  a D. Agustín, tal vez por eso asistieron a su funeral más madrileños que lo hicieron a las exequias de algún monarca español un día de 1844. Como nos recuerda, Jorge Vilches, en su obituario, Corradi insistió en que había muerto "pobre, pobre, sin más riqueza que una conciencia intachable", aunque terminó con estas líneas becquerianas: "Le veo, sí, le veo levantarse de ese ataúd, y oigo una voz elocuente encomendar a nuestra custodia y defensa la gran obra de la libertad y de la independencia española"

Los españoles no le debemos a D. Agustín la libertad, siempre nos la deberemos a nosotros mismos, pero sí la soberanía del pueblo español sobre reyes y repúblicas,  y fundamentalmente sobre esos políticos que nunca comprendieron que, como establece la ley, nadie puede estar por encima del pueblo español, ningún poder, ninguna institución, ninguna ley, podrá estar jamás por encima del  pueblo español, que es el auténtico soberano y legitimador, desde entonces, de todo lo que acontece en el poder y la política de este país, doscientos años de soberanía siempre asediada por los poderosos.

Se adjuntan diversos enlaces al Discurso Preliminar a la Constitución de 1812 y algunas reseñas biográficas de Agustín Argüelles, sin duda el auténtico padre del constitucionalismo español.

Enrique Suárez
 





sábado, 5 de julio de 2014

Reflexiones sobre la casta política: volver a empezar



"Aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla" Napoleón Bonaparte

Recientemente, D. Antonio García-Trevijano, posiblemente el español vivo que más ha hecho por defender las ideas republicanas en este país, se refería a la tribu de Podemos y su líder Pablo Iglesias, como gentuza, desde el punto de vista intelectual. En mi criterio, más que gentuza, son una secuela del pensamiento del anterior Presidente de Gobierno, prodigio de “presentismo” y “adanismo”, que a fuerza de imponer su pensamiento político de una España discutida y discutible, acabó logrando su propósito, ayudados por el "desmoralismo" de su principal opositor, además de introducirnos en la crisis económica más importante que se recuerda en democracia, sin haberla reconocido siquiera. Los prodigios de la inepcia con poder, siempre son recordados por su nefasto legado.

Antes de que la marea de la estupidez política acabe con el poco sentido común que existe en este país, quiero hacer algunas precisiones que nos ayudarán a comprender mucho mejor lo que ocurre.

La casta como terminología adaptada a estos tiempos ha sido recobrada en los últimos años en los países del sur de Europa, que han sido, junto con Irlanda, los más castigados por la crisis económica. Es importante señalar en este momento que tanto Grecia, Italia, España, Portugal e Irlanda, son precisamente los países que históricamente han dado lugar a las instituciones más importantes de Europa y el mundo occidental.

Los primeros en hablar de la casta fueron los italianos Rizzo y Stella en un libro publicado en 2007 titulado “La Casta”, que algunos seguimos con interés y divulgamos en su momento entre los lectores hispanos. Luego vinieron otras obras como las de Francisco Rubiales: “Políticos, los nuevos amos” y Daniel Montero: “La casta: el increíble chollo de ser político en España”, posteriormente otros se fueron sumando, sin embargo no tengo constancia que ninguno de los líderes de Podemos haya escrito nada al respecto, previo a su utilización política como estandarte revolucionario para alcanzar poder.

De la Antigua Grecia al siglo XXI

Sin embargo, nadie hasta ahora ha hablado del origen de la casta política hasta donde tengo conocimiento, a pesar de que son muchos los que lo utilizan como arma arrojadiza contra el poder.

Personalmente, me fascina el escaso bagaje intelectual de políticos y periodistas españoles cuando hablan cada día de algo que desconocen, posiblemente no entiendan y además lo hacen como si fueran los más avezados conocedores de la terminología. El papanatismo siempre fue inmenso e intenso en este país.

Para comprender el concepto de casta, no sólo hay que recurrir a la estructura social de la India que segrega por interés político y sentir religioso a la sociedad en castas divididas desde el nacimiento, hasta ahí sólo nos quedaríamos en la metáfora.

Pero desde una perspectiva política nadie nos ha hablado hasta ahora, al menos no tengo conocimiento, de que la concepción de la casta como clase política se encuentra en las mismas raíces de la democracia en la Grecia Antigua. Precisamente la Timocracia u Oligarquía es el primer paso hacia la Democracia, Sólon estableció la primera Constitución de Atenas creando una casta, fundamentalmente para evitar una tiranía monárquica. Esto ocurrió en el siglo IV a de C, posteriormente Clístenes, que es el padre de la primera Constitución democrática, a pesar de la oposición de la oligarquía reinante, estableció la igualdad como principio fundamental entre los ciudadanos. Tres elementos se encuentran en el origen de la democracia, que al fin y al cabo, es una lucha contra la acumulación de poder en escasas manos, todos ellos establecidos desde un presupuesto de igualdad entre los ciudadanos: isocracia (igualdad entre gobernantes y gobernados), isonomia (igualdadad ante las leyes) e isegoría (igualdad en la libertad de expresión ante la asamblea).

Los romanos fueron en cierta forma una evolución de los griegos, su mayor aportación fue la de establecer la ley como principio fundamental, además de la igualdad que habían establecido los griegos. El imperio romano fue un imperio de la ley y una normalización de los principios políticos en todos los lugares de su imperio, creando las primeras instituciones de poder desde un centralismo original, esta cuestión también ha sido olvidada.

Por último, los españoles y portugueses son precisamente los que expandieron por primera vez un modelo unitario por el mundo, el poder de un rey, la creencia en una religión, sus respectivos idiomas y costumbres, la configuración burócrática de un Estado, creando un ámbito cultural compartido, algo que posteriormente también hicieron franceses, ingleses, holandeses y rusos. Las culturas orientales y musulmanas siguieron su propia evolución, ajena a los presupuestos occidentales hasta épocas recientes.


¿Qué es lo que ha ocurrido en Occidente?

Sencillamente que en algunos países, fundamentalmente los del sur de Europa, y particularmente en España, la tentación oligárquica de Solón ha alcanzado su plenitud, convirtiendo la democracia en un simulacro, que ha eliminado cualquier vestigio de isocracia entre gobernantes y gobernados, de isonomia, debido a los múltiples aforamientos y leyes barrera para impedir que nadie que no pertenezca a los partidos políticos existentes pueda alcanzar representación, y por supuesto de isegoría, elevando a los púlpitos de la opinión pública a la colección más decrépita de reaccionarios desde el franquismo, todos discípulos de Emilio Romero, aquel papista del poder, sea cual fuera su esencia. Tiene razón Pablo Iglesias al decir que la casta ha secuestrado la democracia.

Sin embargo cada país del sur de Europa tiene su particular historia, en España posiblemente el origen de la casta se encuentre en Manuel Godoy, reconocido Príncipe de la Paz y apodado “el choricero”, personaje de baja ralea y excesiva ambición, que no dudó en vender España a Napoleón llegado al momento, junto con el felón Fernando VII y el cornudo de su padre, alguien ha llegado a decir que Fernando VII más que hijo de Carlos IV parecía hijo de Godoy. En ese mismo instante, con la irrupción de la casta política en España, de la lumpen-élite, comenzó nuestra decadencia, a pesar de los denodados esfuerzos de los liberales que se enfrentaron a los absolutistas y legaron el máximo logro para los ciudadanos de este país: su condición de soberanos.

En conclusión, nada nuevo bajo el sol, ni siquiera la coleta de Pablo Iglesias, que se aleja demasiado de las virtudes atribuidas al buen demócrata por Tucídides cuando se refería a Pericles en su discurso funerario, pero también a la biografía de Agustín Argüelles, que al cambio fue nuestro Pericles.

En España, en el sur de Europa, seguimos en lo mismo de siempre, el poder y sus representantes se obstinan, hoy igual que hace 25 siglos a ser demócratas, para ello inventan partidos políticos (prohibidos en la Antigua Grecia), aforamientos (imposibles en la Antigua Grecia) y leyes segregadoras de la isocracia.

Son unos ilusos aquellos que piensan que en este país, o en los del sur de Europa, del poder o de Podemos puede provenir el regreso de la democracia, eso es absolutamente imposible, porque en los países del sur de Europa y especialmente en España, el poder político siempre ha sido enemigo acérrimo de la democracia, con Fernando VII, con Primo de Rivera, con Franco, con las Repúblicas, la primera y la segunda, y con todos los presidentes de la actual democracia, con la excepción discreta y limitada de Adolfo Suárez, que al menos fue capaz de lavarle la cara al régimen para darle apariencia de normalidad, para que la casta política recobrara en el tiempo, extrañamente sin mayor oposición de los ciudadanos, su afición al ejercicio del poder desde la tiranía en la que actualmente vivimos.

Enrique Suárez

miércoles, 2 de julio de 2014

El divorcio entre el poder y la política



Recientemente, el Premio Príncipe de Asturias Zygmunt Bauman, sociólogo perenne, nos hablaba de la disgregación existente entre el poder y la política en la época actual, una condición que se encuentra presente en la raíz de los problemas representativos vigentes.

Una sociedad intercomunicada como la del siglo XXI abjura cada día más de una intermediación entre sus deseos y voluntad y los hechos de poder establecidos por los representantes políticos que forman los órganos de decisión. Realmente Poder y Política, al contrario de lo que la mayoría de la gente pueda pensar no son términos que se encuentren en correlación absoluta, sino relativa y parcial, en todas las comunidades democráticas de las sociedades avanzadas. 

Quizás el factor más importante para que tal cosa ocurra ha sido el paulatino secuestro de la democracia por el poder político, en particular, por las instituciones representativas reconocidas como partidos políticos. Los partidos políticos son intermediarios entre la voluntad popular y el ejercicio del poder, pero también son organizaciones de poder en sí mismas, en la mayoría de las ocasiones ajenas a la democracia, que sólo sirve de envoltorio a las decisiones de autoridad que provienen de sus respectivas direcciones políticas.

En la Antigua Grecia, origen de la democracia, no estaban permitidos los partidos políticos porque se consideraban instrumentos de presión sectaria que buscaban esencialmente sus propios intereses y la acumulación de privilegios para sus miembros,  ajenos a los intereses generales de los ciudadanos.

La relación entre política y poder ha sufrido aproximaciones y alejamientos a lo largo de la historia, mientras Platón y Aristóteles consideraban que la política consistía en encontrar la mejor forma de Gobierno (poder) que facilitara la felicidad a los ciudadanos, en la Edad Media, Nicolás Maquiavelo consideró que el fin de la política era el logro del poder y su perpetuación en él. Aquí surge la disgregación, porque desde entonces poder y política corresponden a epistemes diferentes, el poder se mide en términos de acumulación de recursos, mientras que la política lo hace en términos de convicción a los ciudadanos. En los albores de la ilustración la política se conforma en torno a dos grandes ideas fuerza, la voluntad general de Rousseau y el contrato social entre gobernados y gobernantes, y la aparición del Estado de Hobbes, con la condición de súbditos para los ciudadanos y la de soberano para el Rey. También aparece la división de poderes, ejecutivo, legislativo y judicial (Montesquieu) y las diversas funciones del Estado (Locke).

El Poder se asocia desde entonces al Estado y la política se convierte en intermediario entre la sociedad civil  y el Estado. Mientras que los partidos políticos inician el despojo político de la sociedad civil, desposeyéndola de cualquier otro poder que su soberanía o función legitimadora. La democracia se convierte en despotismo, el gobierno del pueblo y para el pueblo, pero sin el pueblo.

En busca de la isocracia

Como Max Weber, Robert Michels y Gaetano Mosca, nos explican, entre otros muchos como el poder se va acumulando en unas determinadas élites administrativas que acotan todas las funciones del Estado, surge de esta forma una emulación de casta poderosa que se apropia de todos los órganos de poder y las instituciones desde las que se ejerce y arrebata a los ciudadanos cualquier decisión sobre su destino. Los ciudadanos sólo pueden votar desde entonces por aquellos que deciden desde las jefaturas de los partidos, para que hagan lo que les prometen hacer y que evidentemente no hacen. La política a su vez se va cerrando exclusivamente a la representación política ejercida desde los partidos políticos, quedando los ciudadanos desterrados de tomar decisiones sobre sus vidas, obras y futuro, que sólo quedan en manos de los políticos.

La democracia secuestrada por los partidos políticos se convierte en un magnífico instrumento de poder, cuando en su origen había sido precisamente lo contrario, un instrumento de control del poder y su acumulación en un grupo reducido de personas, que hacen las leyes para su propio autocontrol, toman las decisiones para su aforamiento y limitan el ejercicio de la justicia en función de sus intereses.

Prácticamente esa es la democracia que disfrutamos hoy en día, una mezcla de demagogia y despotismo, una farsa, una pantomima,  donde ha desaparecido la isocracia (igualdad entre gobernantes y gobernados), la isonomia (igualdad ante las leyes) y la isegoría (igualdad entre todos los ciudadanos para hablar a la asamblea). No puede haber democracia cuando todos los elegibles surgen desde el poder y sólo pueden ser ratificados o no, por los electores, porque el sufragio universal, libre y directo deviene en alguna forma de sufragio censitario, donde sólo aquellos que forman parte de los partidos políticos y reciben la bendición del poder de sus jefes pueden ser elegibles y aquellos que los alzan al poder sólo pueden decidir sobre lo que ya han decidido otros desde el poder.

La única cuestión a dirimir en un futuro inmediato, es cuánto tiempo le queda de vida a este sistema democrático degradado desde el poder, en el que siempre los mismos van cambiando de manos el poder, y los privilegios y beneficios que le acompañan, ante la atónita mirada de aquellos que sólo tenemos como función cívica pagarles el espectáculo para que se sigan riendo de nosotros, acusándonos de no ser buenos ciudadanos si no aceptamos su usurpación, impostura y detentación como la única opción posible de representación política. Creo que va siendo hora de civilizar al poder político, porque la representación política podía ser válida en sociedades analfabetas e incomunicadas, pero es un auténtico anacronismo en sociedades intercomunicadas de forma instantánea y con numerosos ciudadanos que tienen posiblemente mayor formación intelectual y recursos, que aquellos que les representan.

Enrique Suárez

lunes, 30 de junio de 2014

La pobreza infantil incrementa la propaganda en España



"El periodismo consiste esencialmente en decir 'lord Jones ha muerto' a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo." Gilbert Keith Chesterton

Durante los últimos meses estamos asistiendo en este país a una campaña insólita, sin precedentes, sobre el grave problema de la pobreza infantil, siendo el enésimo ejemplo de intoxicación a que nos somete un sector político de este país, coincidiendo con el auge de las posiciones más extremas (IU, Podemos) y moderadas (UPyD, C´s) de la izquierda y la decadencia del PSOE.

Sin duda, el resultado obtenido por el PSOE en las pasadas elecciones europeas en las que perdió un 40 % de sus apoyos electorales, al igual que el PP, dejando sus votos en 3,5 millones, más la crisis interna en la que vive con la dimisión de su secretario general y también el del PSC, haya abierto expectativas de “asalto al poder” para las opciones más radicales, que se han lanzado a la conquista de la opinión pública en una cruzada singular y sin precedentes.

Les recomiendo encarecidamente para estos tiempos la lectura de un escrito político de Frèdèric Bastiat: "Lo que se ve y lo que no se ve", y en particular su “paradigma del cristalero”, que les relato a continuación de forma breve. Había en cierta ciudad francesa un cristalero que se había quedado sin trabajo debido a la escasa quiebra de cristales en los últimos tiempos, de tal forma que un día decidió cambiar esa situación, por las noches se embozaba y bien provisto de piedras, salía a la calle dispuesto a romper los cristales de sus vecinos al descuido, teniendo así, asegurado el trabajo al día siguiente, su negocio desde entonces fue floreciente.

Desmontando una intoxicación

Tal vez les sorprenda, o tal vez no, lo que les contaré a continuación, la pobreza infantil en España más o menos se ha mantenido igual desde 1994 hasta ahora, es decir, desde 1994 que logró descender por primera vez del 24 %, nunca ha vuelto a hacerlo, durante los últimos veinte años este país ha tenido un elevada tasa de pobreza infantil mantenida con gobiernos del PSOE y del PP, según datos de UNICEF. A mediados de 2013, según datos de la Presidenta de  UNICEF, la pobreza infantil había alcanzado el 27 %, sin embargo los titulares sobre el tema se han multiplicado por 100 desde entonces. ¿A qué se debe esta circunstancia?



Evidentemente, lo que está claro es que durante el gobierno anterior los pastores de la opinión pública se dedicaron a ocultar este dato a los españoles, aunque en este blog se denunció en 2007, gobernando el PSOE, que la pobreza infantil había alcanzado en España el 25 %, a nadie pareció importarle demasiado. Entonces no tocaba. Sin embargo ahora si toca, los niños pasando hambre es un buen cartel para agredir al gobierno y confundir a la opinión pública insistiendo en que todo va mucho peor, lo que posiblemente sea cierto, pero no en el caso de la pobreza infantil, que si va algo peor, no mucho peor, partiendo de que siempre fue mal desde hace veinte años. Cabe entonces hacerse una pregunta: Cui Prodest?

La cruzada de los propagandistas anónimos

En este apartado entramos en el mundo de las conjeturas, pero ofreceré algunas hipótesis:

Alguna ONG, como por ejemplo “Save the Children” ha estado dirigida por expertos en comunicación afines al Presidente del Gobierno anterior, en 2007 como José Miguel Contreras, Consejero Delegado de La Sexta de 2006 a 2012, uno de “los brujos visitadores” que denunció Cebrián en el asalto al imperio mediático de PRISA, por parte de la ambiciosa izquierda caviar, que posiblemente esté tras la invención del fenómeno de Pablo Iglesias, como se denunció en este blog recientemente, con interés de promover la candidatura de Carme Chacón por el PSOE en las próximas elecciones generales.

Por otra parte está la lucha de los trabajadores del sector público y social por su puesto de trabajo, ante la amenaza de amortizar las plazas innecesarias en la próxima ley del PP. Lo cierto es que el sector público, ha sido el único en el que ha crecido el empleo a lo largo de toda lacrisis, pues si bien se ha pasado de 3,2 millones, a 2,85, en realidad esto se debe a que se han externalizado buena parte de estos puestos de trabajo a empresas públicas o parapúblicas, a cargo de fondos del Estado. Recientemente la UGT agradecía al gobierno, mantener en el sector público los puestos de trabajo “no necesarios” adquiridos de forma "irregular". Que nadie se olvide que España ocupa el puesto número cuatro por la cola en el porcentaje de funcionarios y sin embargo tiene la mayor tasa de empleados públicos de Europa por población activa con trabajo. En Extremadura, por ejemplo, uno de cada tres trabajadores es un empleado público.

Y por último está el abandono de la opinión pública del Gobierno y del PP, que ha hecho mutis por el foro en responder a estas intoxicaciones para no enzarzarse en una lucha sin fin por la razón,  pues en la vieja escuela de propaganda de Arriola, el sociólogo de cabecera del PP desde hace veinte años, se sabe que la psicología del rumor es espuma que desaparece el día que se presentan los datos correctos sobre lo que ocurre, dejando crecer los bulos, para así deslegitimar a las fuentes cuando el momento sea preciso. De esta forma no se habla de otras cosas que podrían ser más perjudiciales para el gobierno, al Gobierno le interesa que haya muchas intoxicaciones, así no se habla de los problemas reales y la opinión pública sigue distraída.

Lo que está claro es que la opinión pública española cada día está más manipulada e inerme –los medios de comunicación se venden al mejor postor- ante las intoxicaciones y la propaganda, que fluye por las redes sociales sin fin, más que nada porque hay mucha gente dispuesta a hacerla fluir, posiblemente en defensa de sus propios intereses. Ya saben ustedes que Joseph Goebbels, el asesor de propaganda nazi, decía que una mentira repetida mil veces se acababa convirtiendo en una verdad.

Les recomiendo que a partir de ahora no se crean nada que no esté contrastado por diversas fuentes y datos oficiales o de credibilidad consistente,  y cuando se trate de un análisis sincrónico de los hechos actuales, no se olviden de hacer una comparación con los hechos diacrónicos de los últimos veinte años, porque seguramente se llevarán una sorpresa. No se crean nada, háganme caso, Zapatero llegó al poder ofreciendo pleno empleo y se fue dejando la tasa de paro más elevada de la historia de España y Rajoy llegó diciendo que iba a bajar los impuestos y todavía no han dejado de subir.

Enrique Suárez


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