desde 2.006 en Internet

martes, 8 de febrero de 2011

Otra década perdida en Asturias


En el último informe de FUNCAS (Fundación de Cajas de Ahorros) sobre la evolución económica de España desglosada por autonomías, volvemos a encontrarnos con la indigencia moral de los políticos que han gobernado y hecho oposición en Asturias durante la última década. PSOE, IU y PP son los autores materiales del crimen social continuado que se está cometiendo contra la población asturiana.

Si la demografía asturiana nos lleva a una situación de “genocidio discreto”, con la tasa de dependencia más elevada de España (3 pensionistas por cada 2 trabajadores), la tasa de actividad laboral más baja del país, hoy hemos descubierto que el Principado es la autonomía que menos ha crecido en su PIB en la última década, tan solo un 1,69 % al año, cuando la media de España es del 2,21. El poder adquisitivo que hemos perdido los asturianos durante esta década se suma al perdido durante las anteriores. Asturias es además la única comunidad española que pierde población durante la década –1,75 %, al otro extremo se encuentra Baleares que gana un 25,28 %.

A la vista de estos resultados, los políticos asturianos que han gobernado y hecho oposición durante la última década, deberían ser erradicados para siempre de la política, por nefastos e inútiles. Los asturianos hemos vivido engañados sin interrupción desde hace décadas, mientras hemos visto como la decadencia sigue sin fin. Los políticos asturianos que nos han representado nos han estafado, se han reído de nosotros y se merecen un juicio público en las próximas elecciones apartándolos a ellos y a sus partidos de la política.

Los políticos asturianos cobran prácticamente lo mismo que en cualquier autonomía española, sin embargo sus resultados son los peores del Estado. ¿Por qué?, pues sencillamente porque en Asturias se ha formado una transversal de poder recientemente denunciada por Francisco Álvarez Cascos y confirmada por Esteban González Pons que es partidario de llegar a acuerdos con el PSOE antes que con el partido por el que se presentará su antiguo compañero.

Una circunstancia similar a la acontecida en el País Vasco, pero en Asturias no hay terrorismo de ETA, luego la única explicación para que el vicesecretario nacional del PP haga semejante propuesta es que bajo ningún concepto se destape lo acontecido en Asturias durante la última década, por eso es necesario que el PP y el PSOE más IU, obtengan más votos que Foro Asturias, la formación política con la que se presentará Cascos a las elecciones de mayo.

En Asturias la corrupción política es infinita, tan inmensa que ha logrado incidir sobre el bienestar de los ciudadanos, sobre la propia demografía, algo que indica su profundidad. El grado de deterioro institucional, de connivencias entre poderes, de intoxicación informativa, de manipulación de la opinión pública, de ausencia de responsabilidad política que existe en Asturias no se da en ningún otro lugar de España. La corrupción existente en Asturias alcanza proporciones de terrorismo de Estado, porque está expulsando a los asturianos de Asturias como el terrorismo de ETA expulsó a muchos vascos de Euskadi. Actualmente se investiga solo la punta del iceberg y ya hay tres altos cargos en la cárcel. Lo de los casos Gürtell, Pretoria, Palau, o Matesa son juegos de niños comparado con lo existente en este maltratada comunidad.

Más que presentarse a las elecciones en mayo, los miembros del PSOE, del PP y de IU, que han gobernado en Asturias durante la última década, deberían ser requeridos por los tribunales para ser juzgados, Asturias necesita un vuelco político con urgencia, que Foro Asturias obtenga la mayoría absoluta tanto a nivel autonómico y municipal, para poder realizar posteriormente una Auditoría General Independiente y demandar responsabilidades políticas y criminales a quien corresponda, por lo que le han hecho a los asturianos y a sus hijos. En Asturias queremos justicia, queremos ver en la cárcel a los que nos han condenado a la involución política, económica y cultural.

Hay responsables con nombres y apellidos y siglas políticas que los acogen, exijamos que restituyan todo lo que nos han arrebatado. Posiblemente la próxima década nos la pasemos los asturianos viendo como desfilan por los tribunales los que nos han estafado y arruinado.

Enrique Suárez

sábado, 5 de febrero de 2011

La revolución de la sidra


"Hoc signo tuetur pius, hoc signo uincitur inmicus" (con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo). Inscripción del escudo de Asturias bajo la Cruz de la Victoria.

Desde hace un mes, asistimos en Asturias a un episodio singular de la política española tan fosilizada en el más de lo mismo desde hace años. La razón de lo que acontece proviene de la congregación de varias circunstancias especiales y autóctonas.

La primera circunstancia es social, los asturianos hemos estado sometidos durante los últimos 30 años a un contubernio político que ha terminado derivando en una situación insoportable de connivencia en la inacción y la decadencia, por parte de los principales partidos de la comunidad: el PP, el PSOE e IU. Gracias al “dolce far niente” de los usurpadores democráticos de la representación pública, Asturias es la comunidad más hundida socialmente del país: la demografía asturiana da miedo, la tasa de actividad laboral es la más baja del país, y la situación de dependencia es espeluznante: en Asturias hay 3 pensionistas por cada 2 trabajadores, la tasa de dependencia más elevada de Europa.

La segunda circunstancia es cultural, en Asturias la población está sometida a una desmoralización sin precedentes, a un chantaje urdido por el PSOE (sin las ayudas del Gobierno del PSOE Asturias no puede salir adelante) y afianzado por el PP (ayer mismo, González Pons advertía de que si no triunfaba el PSOE o el PP en las próximas elecciones, Asturias se quedaría fuera de juego en el Estado). Asturias está secuestrada por los partidos políticos convencionales, esperando que los asturianos la rescatemos de la molicie y la depravación.

El clima de corrupción existente en Asturias, lo que ha venido denominándose como “El pacto del Duerno” (que nadie controle a nadie desde la política, hoy por ti mañana por mí) ha estallado con el “caso Marea” que ha llevado a la cárcel al exconsejero de educación, un hombre del presidente Areces, y otros altos cargos de la administración asturiana, dejando bajo sospecha a todos los demás. Se ha demostrado que hay corrupción, ahora sólo queda saber hasta donde será la justicia capaz de llegar en su descubrimiento.

La última noticia sobre el asunto es que la fiscalía –posiblemente a sugerencia del Fiscal General del Estado que acude a los Consejos de Ministros- trata de quitarle el caso a la juez que lo ha sacado a la superficie, con el fin de elevarlo a instancias superiores. Mala cosa cuando el pueblo comienza a juzgar a la justicia.

La tercera circunstancia es económica y laboral. Asturias tiene 81.900 parados, una de las cifras más elevadas del norte de España. La economía asturiana se ha convertido en la más dependiente del Estado y está absolutamente intervenida desde el poder. En Asturias no se mueve una piedra sin participación política, ni se hace un contrato o un negocio en el que al final no aparezca un tentáculo del poder. Más que una comunidad española, Asturias parece una república soviético antes de la caída del Muro de Berín. Desde hace años, Asturias se conoce en los mentideros económicos, como “la Albania española”

La cuarta circunstancia es política y en ella convergen el declive de la representación política asturiana y la presencia de Francisco Álvarez Cascos que ha decidido traerse la caja de las esencias del PP a las montañas de Asturias, para protegerlas del “transfuguismo ideológico” del PP de Mariano Rajoy, en el que ahora prevalecen las siglas sobre las personas, y los diseños sobre los principios.

Los asturianos han reaccionado muy positivamente a lo ocurrido creando una formación: Foro Asturias Ciudadanos, para acoger al “último mohicano” de la política española con mayúsculas. En tan solo un mes, Asturias ha tenido más proyección informativa que en las últimas décadas, y la caravana del orgullo que pilota Cascos ya ha recorrido diez de los setenta y ocho concejos asturianos con la buena nueva de que la regeneración democrática es posible y con ella la recuperación del orgullo de esta tierra y sus habitantes, ahora secuestrado por los detentadores.

Esos son los ingredientes fundamentales de la Revolución de la Sidra con un nítido carácter asturiano, que resulta difícil de comprender en el ámbito nacional. La elaboración de la sidra requiere un proceso singular que antiguamente concitaba a los habitantes de distintos pueblos en la recolección de la manzana, que luego se mayaba y se fermentaba hasta obtener la bebida de la tierra. La "sextaferia" (trabajo colectivo y gratuito por el común) es el concepto al que ha apelado Cascos para organizar su épica hazaña. El “ixuxú” es el grito de guerra de los asturianos. El objetivo es “el acabose” que es un concepto mucho más amplio que en el castellano, que indica un cambio de era y el comienzo de otra, algo parecido al “hasta aquí hemos llegado” castellano.

Los asturianos hemos recordado las palabras que pronunció el Rey Pelayo ante la invasión de los musulmanes: “rehúso doblegarme”, no tenemos costumbre de servidumbre en esta tierra, de arrodillamos ante el poder de los opresores, más bien de rebelarnos insistentemente frente a la opresión. El lema ancestral de nuestra bandera anuncia el futuro: “Asturias xamás vencida”. “La folixa ta entamada...van caer chuzos de punta”.

Enrique Suárez

jueves, 3 de febrero de 2011

El laberinto asturiano


Atrapados, sin salida, desmoralizados, con unos políticos que practican el arte del disimulo y la hipocresía y unos ciudadanos diezmados por su funesta obra; el porvenir del Principado de Asturias no es halagüeño, precisamente. La urgencia de la situación que atravesamos 1.090.000 asturianos no permite iniciar una reflexión profunda con juicio ulterior sobre lo acontecido, los hechos no necesitan interprétes. Asturias concluye todas las estadísticas españolas: sociales, económicas, políticas, institucionales y culturales.

Evidentemente, hay responsabilidades y responsables políticos de lo acontecido, pero señalarlos no va a resolver nuestros problemas, contemplar los destrozos es pasado, hay que pensar en el futuro y ponerse manos a la obra, a pico y pala, y hacerlo de forma inmediata o el agujero negro de la ineptitud y la incompetencia se nos acabará tragando.

La situación a la que nos enfrentamos los asturianos se puede representar como un extraordinario laberinto: unos gobernantes que se sustentan en la propaganda, el desastre (y el enmascaramiento de la corrupción subyacente), una oposición que reclama ahora lo que no ha reclamado en doce años, una estructura económica subsidiada y dependiente de las ayudas estatales y europeas, la población más envejecida de España, una fuga de capital humano –jóvenes- sin precedentes, una repulsión a los inmigrantes por falta de oportunidades (reducidos a la tercera parte de la media del país), una población dependiente insostenible de forma autónoma. Ni capital financiero, ni capital humano, ni honestidad, ni inteligencia, ni garantías, ni audacia para obtenerlo, ni nada de nada. No obstante, la población funcionarial no ha dejado de crecer para mantener unas instituciones decadentes, ni por supuesto sus emolumentos, lo que nos cuesta a los asturianos el Estado es cada día más para recibir cada día menos, algo que ocurre en toda España, pero en Asturias de forma exagerada y grotesca.

Sin embargo, hay esperanza, queridos paisanos, queridas paisanas, evidentemente fuera de lo existente hasta ahora, que en cadencia y parsimonia, ha ido acumulando problemas y fracasos durante las últimas décadas. La solución pasa por dos acciones concomitantes: erradicar de las instituciones, el poder y la oposición, a los autores del desastre, sustituyendo la cofradía del “no se puede hacer más” por la del “juntos, entre todos, lo lograremos”.

El principal problema al que nos enfrentamos los asturianos no es económico, político, social o cultural, sino psicológico: una tremenda desmoralización, una apatía sin precedentes, una abulia inusitada. Estamos abducidos por la desidia, la crisis fundamental se acantona en nuestro estado de ánimo, en nuestra desidentificación, en nuestro olvido de lo que realmente somos los asturianos, de lo que hemos sido.

Nuestras cárceles son mentales, el pensamiento cautivo que denunciara el Premio Nóbel Czeslaw Milosz en la Polonia devastada por los nazis y ocupada por las tropas soviéticas, el camino de servidumbre descrito por Friedrich A. Hayek, el totalitarismo rampante expuesto por Hannah Arendt, una sociedad cerrada condenada al feudalismo como las que denunciara Karl Popper. Las oligarquías del poder aplastando la libertad y el bienestar de los ciudadanos. Estridente decadencia.

Más adelante nos preguntaremos como ha podido ocurrir, pero ahora es necesario ponerse manos a la obra para salir del desastre, para iniciar la reconstrucción política, para comenzar el resurgimiento. Todo lo que tenemos es un desastre y toneladas de propaganda y manipulación informativa encubriéndolo, la política en Asturias se ha convertido en una representación teatral del Infierno de Dante con todos los asturianos encadenados a sus butacas asistiendo al espectáculo político que nos brindan los de siempre.

La esperanza sólo tiene un camino: romper con el pasado, aprovechar lo poco que han dejado sin destrozar y comenzar de nuevo. Los asturianos tenemos la maldita costumbre de rebelarnos contra los opresores, a veces lo hacemos contra los invasores y otras contra los usurpadores, pero no esperamos que nadie venga a sacarnos las castañas del fuego: sabemos decidir.

Decisión, esa es la palabra mágica para abandonar las galerías del abismo en que nos encontramos. Coraje para romper la inercia, para destruir el nudo gordiano del más de lo mismo y no tratar de resolverlo. Unión, para agregar todas las fuerzas en un mismo objetivo que es superar lo existente. Para ello, necesitamos liderazgo, y lo vamos a tener. La fortuna nos ha sonreído en esta ocasión, porque las miserias de la política han traido hasta casa a uno de los nuestros, quizás el mejor organizador y gestor de los asuntos estatales que haya tenido España en su historia democrática: Francisco Álvarez Cascos, hechos contrastados.

Pero Cascos, nuestro Cascos, no podrá hacerlo solo, no sin la ayuda de todos los asturianos, no podemos ser ingénuos ni pancistas, y esperar que por tener un gran político entre nosotros todo vaya a cambiar de repente. Nada podrá cambiar si no cambiamos nosotros, si no somos capaces de entregar lo mejor de nosotros mismos, si no nos ponemos de sextaferia permanente para recobrar la armonía perdida entre seres humanos y la tierra que los acoge.

Mis queridos compatriotas, antes de salvar Asturias de los demás, debemos salvarla de nosotros mismos, hay que ponerse en pie, coger el pico y la pala, el ratón y el móvil y comenzar a abrir una galería hacia el futuro por el que podamos pasar todos los asturianos como hormigas abandonando el hormiguero virtual en el que nos han convertido en esclavos de las circunstancias, antes que la inundación de despropósitos nos acabe asfixiando. Es la hora de la libertad, todos tras la espalda de Cascos, porque sólo él tiene capacidad de guiarnos hasta el mañana, hay que salir de la caverna y respirar al aire libre, en esta tierra que es nuestro paraiso. Somos un pueblo que ama la libertad, que no sabe rendirse, juntos lo lograremos.

¡Hasta el final! ¡A pico y pala!

Enrique Suárez

martes, 1 de febrero de 2011

Francisco Álvarez Cascos, firma el epitafio de la partitocracia española


Hoy, 31 de enero de 2011 ha sido un día memorable para la política española, porque el político más completo del panorama español (el mejor discípulo de Jovellanos) ha decidido escribir el epitafio de la partitocracia española, al declarar que su nueva formación política: Foro Asturias, se ubica en la transversalidad política, ese nuevo paradigma ideológico que avanza por Europa con energía propia y que ya se ha afincado en los países más avanzados: Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda o Italia.

La transversalidad política concluye con El Contrato Social de Rousseau sobre el que se han establecido los partidos políticos europeos tradicionales, para encarrilarse en la nueva realidad política europea que trasciende el cautiverio histórico que denunció Fukuyama, las geometrías sociales colectivistas y los localismos particularistas, tan gratos a los nacionalismos disgregadores.

Actualmente vivimos en una sociedad globalizada e interrelacionada de forma inmediata y masiva por las nuevas tecnologías, que requiere evolución de las relaciones entre políticos y ciudadanos. La representación política no puede restringirse en estos tiempos a la firma de un cheque en blanco cada cuatro años a los políticos designados por los partidos. Los ciudadanos requieren que la democracia se haga abierta y participativa y que la gestión de los recursos comunes sea transparente y rigurosa.

Se requiere una justicia independiente que controle al poder político, pero también que regule por ley los negocios de las grandes corporaciones económicas. El ser humano debe recobrar su identidad y abandonar definitivamente su indexización clientelar, pero también debe superar su estatus de mercancía laboral. Los seres humanos no somos clientes, usuarios, contribuyentes, consumidores, productores, o espectadores pasivos, somos seres humanos con criterio y capacidad de decisión que no debemos ser tutelados por los políticos como si fuéramos niños pequeños o ganado electoral.

Las ideologías políticas clásicas se han quedado anticuadas, ni el socialismo, ni el conservadurismo pueden resolver los problemas actuales y menos si viven eternamente en conflicto y crispación. La transversalidad política es una facción política, asentada sobre los ejes estructurales del liberalismo orientado al bienestar común, por la mejora de las condiciones individuales, que se opone a las ideologías doctrinarias, dogmáticas y sectarias, que representan esos dinosaurios mecánicos que son los partidos políticos convencionales.

Los partidos políticos convencionales han perdido su oportunidad de transformarse a demanda de las necesidades e intereses de los ciudadanos, para seguir ejerciendo el poder autoritario de una forma que recuerda a la del Antíguo Régimen, han preferido acantonarse en el poder engañando a sus electores, que transformarse en las herramientas requeridas a su servicio. Pagarán sus errores, más temprano que tarde.

Francisco Álvarez Cascos ha sabido adaptarse a los requerimientos políticos del presente al mismo tiempo que se ha orientado a la recuperación de lo valioso del pasado y lo deseado en el futuro. Una combinación de recursos inteligente para afrontar los graves problemas que asolan a la política, la economía y la cultura en Asturias. Si logra transmitir a los asturianos sus intenciones, sin duda está llamado a ser el próximo Presidente del Principado de Asturias, porque mientras su objetivo es llevar la comunidad asturiana al siglo XXI, el de sus rivales es mantenerla cautiva en el siglo XIX. Los asturianos sabremos decidir lo que nos conviene.

Enrique Suárez

viernes, 28 de enero de 2011

El ocaso de los políticos infalibles



No me digan que no son de admirar estos personajes que nos ha brindado el destino, intermediado por las urnas; a mí, personalmente, la infalibilidad siempre me ha causado ternura, a veces piedad. Vivimos en una época de nihilismo y zozobra. La caída del imperio romano debió ser algo así, porque Odoacro se dio un paseo por Roma cuando Roma ya no existía.

Algo así le ocurre a los partidos políticos españoles, no se han dado cuenta de que no existen y sin embargo tratan de que la realidad les siga dejando hueco. Los tiempos cambian deprisa, hace 30 años los españoles abrazábamos alborozados la presencia de unas asociaciones de interés público formadas por unos señores que estaban dispuestos, en nombre de las cosas que disfrutaban los europeos desde 40 años antes, a cambiar el rumbo de nuestra historia.

Fue divertido mientras duró, luego nos dimos cuenta de que se habían olvidado de informarnos de los costes del asunto, de que la Constitución Española era un desideratum y que el único objetivo de los prohombres y promujeres que vivían de la representación pública, era mejorar sus circunstancias personales, a costa de que las de los demás fueran empeorando. Hoy en día, casi un 25 % de los ciudadanos españoles, abjuran de la política y los políticos como la tercera causa de su malestar, tras el paro y la crisis económica.

Sin embargo, los políticos españoles siguen siendo infalibles, tan infalibles como el Papa, incluso algunos más, porque el Santo Padre al menos pide disculpas por los errores de la Iglesia que representa, pero los políticos desconocen tal cosa, aunque exigen a todos, menos ellos, que rectifiquen en sus errores. Ahora se está corriendo la especie por ese personaje de ópera bufa que es José Blanco de que los españoles hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora que llegan las vacas flacas, debemos apretarnos el cinturón, para que ellos, la casta política, siga holgada.

Con cinco millones de parados en cartel, los políticos blindan su porvenir económico ante nuestras hostiles narices, mientras destrozan el de sus electores, por su bien, por el de ellos se supone, no por el de sus electores. Los políticos españoles se comportan con la misma impunidad que los nobles y clérigos del antiguo régimen, cuando los españoles éramos súbditos y teníamos a Fernando VII de vacaciones en Bayona.

Hace 65 millones de años, un buen día los dinosaurios, que habían reinado sobre la tierra durante muchos cientos de millones de años se extinguieron, comenzandola era de los pequeños roedores. Al igual que los dinosaurios no fueron conscientes de su extinción hasta que llegó su hora, la del fin de los partidos políticos convencionales se aproxima sin prisa pero sin pausa. No les concedo más de una legislatura al PP y al PSOE y a todos los demás, incluidos los nacionalistas. Al igual que los dinosaurios desaparecieron, posiblemente por un cambio climático, los partidos políticos desaparecerán por otro cambio climático, en esta ocasión cultural y que hoy conocemos con la denominación de internet. No resistirán el test de esfuerzo a que les somete la libertad de expresión y comunicación, sin mediación, entre todos los ciudadanos.

Se acaba la última entrega del absolutismo dogmático, del despotismo delustrado, de la inepcia y la usurpación. El poder no puede ser detentado por nadie y menos contra la ley, estableciendo condiciones privilegiadas para los políticos y devastadas para los que les ratifican en las urnas. Se acaba una era, la próxima etapa requiere la participación directa de los ciudadanos en los asuntos políticos, se acabó el cheque en blanco sin responsabilidades que se concedía en las urnas cada cuatro años.

Los infalibles serán tragados por el tiempo, a pesar del dominio de la propaganda y los medios de expansión del poder, antes conocidos como medios de comunicación. No se puede soportar tanta inmundicia y soberbia. ¿Han visto ustedes algún político español, en alguna ocasión, reconocer que ha cometido un error que ha causado graves problemas a los ciudadanos que representa, bien desde el gobierno o la oposición?, pues está claro que si no reconocen sus propios errores, es prácticamente imposible que algún día nos pidan disculpas por el daño que nos han causado, aunque siempre nos recordarán, hasta la saciedad, los escasos aciertos que hayan cometido.

Nadie en este país, desde Felipe González, se había equivocado tanto como José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno y Mariano Rajoy en la oposición, como el PSOE y el PP, creando por su descomunal ineptitud, uno desde el Gobierno y otro desde la oposición, la situación más escabrosa social, económica, política y cultural de la historia reciente de España. Sin embargo, ahí los tienen ustedes, inasequibles a la opinión pública, dispuestos a volver a engañarnos como si no hubiera pasado nada, violando la realidad para repetir el mismo juego de los errores que ha acabado con nuestro bienestar. No se dan cuenta de que están políticamente muertos y se han convertido en un fenómeno paranormal, en una colección de fantasmas, en una quimera que se ha tragado el tiempo.

Alguien debería decirles a los partidos políticos españoles, tan convencionales y apañaditos, que pertenecen al pasado, que se han convertido en mitología, que ya no existen, porque la realidad la siguen determinando las condiciones de vida de los ciudadanos, y en ella, ya no tienen espacio, ni tiempo.


Enrique Suárez

Enlaces Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...