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martes, 19 de enero de 2010

Lingüística para Nacionalistas (VI), por Manuel I. Cabezas


De la diacronía lingüística de la Península Ibérica y de la supremacía del castellano o español (*)

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· El Reino de España actual es una realidad plurilingüe, que hunde sus raíces en la larga y procelosa historia de la Península Ibérica. Antes de la llegada de los romanos, Iberia era un mosaico de pueblos y lenguas diferentes. Su conquista por Roma (ss. III y II a. de J. C.) provocó la desaparición de esta diversidad lingüística (con la excepción del vascuence), propiciando al mismo tiempo una cierta unidad lingüística, más o menos sólida, según la fecha, la intensidad y la efectividad de la “romanización” de las distintas regiones.

· La llegada de los árabes-bereberes a la Península, en 711, y su estancia a lo largo de ocho siglos acabaron con la unidad lingüística, producto de la romanización, y fueron una de las causas de la fragmentación lingüística actual. En efecto, enseguida, a partir de 722, los cristianos, que se habían refugiado en las montañas de Asturias y de los Pirineos, organizaron la resistencia contra los invasores árabes y comenzaron la Reconquista a partir de cuatro centros diferentes e independientes: Covadonga (Asturias), Pamplona (Navarra), Jaca (situada en los altos valles aragoneses) y la Marca Hispánica (Norte de Cataluña). Esta pluri-resistencia dio lugar, a medida que avanzaba la Reconquista, a reinos diferentes e independientes, orientados de norte a sur. Ahora bien, la Reconquista propició, al mismo tiempo, el desarrollo y la implantación de cinco tipos lingüísticos o dialectos, que fueron, de este a oeste: el catalán, el navarro-aragonés, el castellano, el leonés y el gallego-portugués (Díez y alii, 1977, 43-48). Por eso, Menéndez Pidal (1960) escribió que “la fragmentación lingüística actual de la Península Ibérica es, en lo fundamental y decisivo, resultado de la Reconquista”.

· Al final de la Edad Media, con la conquista del reino musulmán de Granada en 1492, los Reyes Católicos consolidaron la unidad espiritual de la Península. Por otro lado, gracias al matrimonio de Isabel y Fernando (los Reyes Católicos), la unión de los reinos de Castilla y de Aragón estaba asegurada. Sin embargo, cada uno de estos reinos era, en realidad, una federación de estados que conservaron celosamente sus fueros (leyes), sus cortes (parlamentos), sus aduanas, sus monedas, sus impuestos, sus pesos y medidas,... y también sus lenguas (Valdeón, 1981, 116; Villar, 1979, 41-43). Así, un nuevo mosaico lingüístico, fruto de la romanización y de la posterior Reconquista, alicató el mapa de la Península Ibérica.

· Desde la Edad Media y hasta el reinado de Felipe IV (1621-1665), todos los reyes respetaron las particularidades regionales; entre ellas, las lingüísticas. No obstante, Felipe IV, aconsejado por el Conde-Duque de Olivares, quiso imponer las leyes de Castilla a todos los reinos de España, provocando la separación de Portugal, la guerra de Cataluña y el paso de las tierras catalanas de allende el Pirineo a la soberanía francesa. Sin embargo, y a pesar de haber ganado la guerra de Cataluña, Felipe IV respetó las libertades catalanas (Meliá, 1970). Pero esto no duró mucho tiempo.

· Con la llegada al trono, en 1713, del primer Borbón, Felipe V, la centralización progresa y la prohibición formal y explícita de cualquier lengua que no sea el castellano es una decisión reiterada por los sucesivos monarcas. Así, Valencia, Aragón y Cataluña, que habían apoyado, en la guerra de Sucesión (1701-1713), al otro pretendiente al trono de España (el Archiduque Carlos de Habsburgo), perdieron sus instituciones propias y la mayor parte de sus libertades, entre las cuales la de utilizar la lengua catalana (primero, en los Tribunales; y luego, en las “escuelas de primeras letras”), en el caso de Valencia y Cataluña (cf. Decreto de Nueva Planta de 1716 ). Con Carlos III, una Real Cédula de 1768 hace explícita la orden de enseñar en castellano en la Corona de Aragón. Otra Real Cédula de 1780 extiende esta orden a todo el Reino de España. Y la Ley de Instrucción Pública de 1857 (o Ley Moyano, que dotó al sistema educativo español de un marco legal, que perduró sin grandes cambios hasta la Ley General de Educación de 1970) vuelve a reiterar la misma orden (Díez y alii, 1977, 54-56).

· Ahora bien, este intervensionismo lingüístico se inició cuando el castellano gozaba ya de una hegemonía casi absoluta sobre las otras lenguas peninsulares. Por otro lado, estas órdenes, que postulaban una explícita política lingüística de castellanización, fueron más simbólicas o formales que efectivas, ya que sólo podían dirigirse a las elites regionales —la tasa de analfabetismo rondaba aún el 70% en 1875, más de un siglo y medio después (Lerena, 1976, 154-155)—; y, además, no se previeron los medios necesarios para que fueran cumplidas (Milhou, 1989).

· El castellano, más bien, se fue imponiendo sobre las otras lenguas o dialectos peninsulares, ya desde la época de la Reconquista, gracias a los continuos avances de Castilla en la recuperación de los territorios bajo dominio musulmán, a su creciente poder político, económico y demográfico, así como al prestigio y peso del castellano como lengua común de los distintos reinos y como lengua de cultura y de comunicación internacional. En efecto, en tiempos de Alfonso X (1221-1284), el castellano era ya la “lingua franca” que permitió traducir y dar a conocer en Occidente las grandes obras históricas, jurídicas, literarias y científicas de la cultura de Oriente; y en esto jugó un papel importante la labor de la Escuela de Traductores de Toledo. Además, el castellano fue la primera lengua peninsular que fue objeto de “normativización”, gracias a la primera Gramática de la Lengua Castellana (1492) y a las Reglas de ortografía castellana (1517) de Elio Antonio de Nebrija (García Martín, 2003). Por estos motivos, el castellano adquirió una gran relevancia como medio de comunicación en el campo jurídico y administrativo, como lengua vehicular de la enseñanza, de la creación literaria y científica y de la comunicación internacional. Por estas razones, las elites de las regiones con lengua diferente lo habían adoptado voluntariamente, sin ser obligadas a ello con métodos autoritarios y coercitivos (González Ollé, 1995, 137-139). Y por eso, se puede afirmar que, desde la Edad Media y hasta bien entrado el siglo XIX, la cuestión lingüística no planteó ningún problema y el español o castellano fue adquiriendo cada vez más importancia y fue conquistando nuevos espacios de comunicación, no por la imposición autoritaria de los poderes del Estado, sino por su prestigio, su pujanza y su peso específico, largamente arraigados (Madariaga, 1978).

· No obstante, a mediados del s. XIX (para el catalán y el gallego) y a finales (para el vascuence), en todas las regiones con una lengua vernácula diferente del castellano, se manifestó, influenciado por el Romanticismo, un interés creciente por las lenguas peninsulares, así como por el pasado histórico y literario de las mismas. De esta forma se inició una recuperación y una reivindicación de las lenguas vernáculas como instrumentos de creación literaria y como objetos de estudio y de normativización. Y esto comenzó a ser utilizado, como bandera política y como banderín de enganche, para fundamentar y justificar las reivindicaciones nacionalistas de autonomía política y/o de construcción y/o de invención de la nación, principalmente en Cataluña y el País Vasco (Díez y alii, 1977, 56; Entwistle, 1982, 132-135; Vidal-Quadras, 1996, 6-7). Así surgió el llamado “nacionalismo lingüístico”, en el que la lengua es sólo una excusa o coartada o instrumento para llevar a cabo la conquista, el disfrute y la conservación del poder (Vidal-Quadras, 1996, 12).

· Estas aspiraciones y reivindicaciones lingüísticas y políticas no siempre fueron secundadas por el poder central del Estado y sufrieron los vaivenes de los traumáticos cambios políticos de la primera mitad del siglo XX, alternando los cortos períodos tolerantes con otros, más largos, en los que la intransigencia política y lingüística fue total. El primer cuarto del siglo XX fue de relativa permisividad (se permitió el uso de las lenguas vernáculas en ciertos contextos: ámbito local y regional; así como la enseñanza en lengua vernácula, en ciertos colegios). Ahora bien, durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), se prohibió la enseñanza de las lenguas regionales (cf. Real Decreto de 11 de junio de 1926). Sin embargo, con la llegada de la Segunda República (1931-1939), se inauguró un nuevo período dialogante y permisivo, durante el cual se dio satisfacción a las reivindicaciones lingüísticas y políticas de las regiones con una lengua vernácula. En efecto, se produjo un reconocimiento constitucional de las precitadas lenguas para que pudieran ser utilizadas y enseñadas (Art. 4 y 50 de la Constitución republicana de 1931), y se aprobaron los Estatutos de autonomía de Cataluña (1932), del País Vasco (1933) y de Galicia (1936), en los que se reguló también la cuestión lingüística (Díez y alii, 1977, 57-58).

· Ahora bien, el golpe de Estado de 1936 y la instauración del Régimen Franquista (1939) acabaron con los “brotes verdes” republicanos, que presagiaban y prefiguraban un oasis político y lingüístico en Cataluña y en las otras regiones, en las que una parte de sus habitantes tenían también una lengua vernácula diferente del castellano. La victoria de los golpistas provocó no sólo la anulación de los estatutos de autonomía sino también la prohibición explícita de utilizar y de enseñar las lenguas vernáculas o en las lenguas vernáculas, en el sistema educativo. Sin embrago, esta intransigencia lingüística no fue constante y rígida durante los cuarenta años de dictadura. En efecto, se suelen distinguir dos etapas (Herreras, 2006, 39-42).

· La primera (desde la Guerra Civil hasta finales de los años cincuenta) puede ser caracterizada por la intransigencia lingüística hacia las lenguas regionales y por la defensa a ultranza del unilingüismo en castellano. Las lenguas vernáculas no eran reconocidas oficialmente como realidades tangibles y se prohibió expresamente su enseñanza y su uso en el sistema educativo (como lengua vehicular), en el Registro Civil, en la redacción de los estatutos de asociaciones o sociedades, en las denominaciones de marcas, nombres comerciales, rótulos de establecimientos, etc. (Orden de 18 de mayo de 1938 y Orden del Ministerio de Industria y Comercio de 20 de mayo de 1940).

· En la segunda etapa (desde finales de los cincuenta hasta la desaparición de la Dictadura, en 1975), ante la necesidad de apertura internacional para asegurar la viabilidad del Régimen Franquista (Tamames, 1983), se hizo la vista gorda y se empezó a tolerar aquello que estuvo prohibido durante la primera etapa (Orden de 14 de noviembre de 1958 y Orden de 20 de junio de 1968). En efecto, se volvieron a permitir los nombres regionales en el Registro Civil; se toleró la reaparición o el nacimiento de asociaciones o instituciones culturales, que jugarán un papel importante en la recuperación de las lenguas regionales (Institut d’Estudis Catalans, Omnium Cultural y Rosa Sensat, en Cataluña; los Cursos de Llengua Valenciana, en el País Valenciano; la Obra Balear y el Institut d’Estudis Eivisencs, en Baleares); o se fue condescendiente con formas de enseñanza proscritas hasta entonces (las ikastolas, en el País Vasco y Navarra). Ahora bien, habrá que esperar hasta la Ley General de Educación (LGE) de 1970 para que se produzca un reconocimiento formal y oficial de la realidad plurilingüe española y para que las lenguas regionales pudieran ser tenidas en cuanta, enseñadas y aprendidas en los niveles de Preescolar y Educación General Básica (EGB) (cf. Art. 1, apartado 3; Art. 14; y Art. 17 de la LGE). En realidad, la LGE fue papel mojado, ya que sólo con los decretos de aplicación de 1975 (Decreto 1433/1975, de 30 de mayo y Decreto 2929/1975, 31 de octubre), se hicieron efectivas, pero sólo sobre el papel, las previsiones de la LGE (Muset y Arenas, 1982, 135-136; Díez y alii, 1977, 60-61; y Mestre, 1981, 204-207).

· Así pues, desde el punto de vista lingüístico, se puede afirmar, que España fue, oficial y legalmente, un monocromático desierto lingüístico desde el inicio del Régimen Franquista y hasta la muerte de F. Franco, el 20 de noviembre de 1975. Con la desaparición física del dictador y la aprobación de la Constitución de 1978, se va a iniciar el proceso para salir del “desierto lingüístico” y penetrar en lo que he denominado “oasis lingüístico español”, en el que los ciudadanos de las distintas regiones de España han podido recuperar su pasado, sus tradiciones y sus derechos lingüísticos. Así, un nuevo mosaico lingüístico, fruto de la Transición, empezó a alicatar de nuevo el mapa de España. Ahora bien, este nuevo alicatado, que fue flexible, racional y razonable de 1975 a 1992, derivó hacia una radicalización lingüística, a partir de los llamados decretos de inmersión lingüística (1992), radicalización que está poniendo en entredicho y en peligro la paz social y sociolingüística en España. Este nuevo proceso de alicatado, tanto el flexible como el radical, y sus consecuencias nefastas serán objeto de otras entregas de esta “Lingüística para Nacionalistas”.

© Manuel I. Cabezas

Profesor de Lingüística y Lingüística Aplicada

Universidad Autónoma de Barcelona

15 de enero de 2010

(*) Este texto es la primera parte resumida de un largo ensayo, titulado “Del oasis sociolingüístico español a la entropía lingüística de las CC. AA. con dos lenguas oficiales (el caso catalán)”, que será publicado en las actas del coloquio internacional sobre “L’Europe des 27 et ses langues”, que tuvo lugar en París del 3 al 5 de diciembre de 2009.

Algunas fuentes para verificar lo expuesto e ir más lejos:

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· Díez, M. y alii (1977), Las lenguas de España, Col. Breviarios de Educación, Servicio de Publicaciones del MEC, Madrid.

· Entwistle, W.J. (1982), Las lenguas de España: Castellano, Catalán, Vasco y Gallego-Portugués, E. Istmo, Madrid.

· García Matín, J.M. (2003), “Hacia la constitución de la norma del español entre los siglos XVI y XVIII: interacción entre norma y lengua oficial”, in J.C. Herreras (Dir.), Norme linguistique et société, Cresle, PU Valenciennes, pp. 9-40.

· González Ollé, F. (1995), “El largo camino hacia la oficialidad del español”, in M. Seco y G. Salvador (Coords.), La lengua española, hoy, Fundación Juan March, Madrid.

· Herreras, J.C. (2006), Lenguas y normalización en España, Gredos, Madrid.

· Lerena, C. (1976), Escuela, ideología y clases sociales en España, Ariel Barcelona.

· de Madariaga, S. (1978), España. Ensayo de historia contemporánea, E. Sudamericana, Buenos Aires.

· Meliá, J. (1970), Informe sobre la lengua catalana, Magisterio Español, Madrid.

· Menéndez Pidal, R. (1960), Enciclopedia Lingüística Hispánica, T.-1, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.

· Mestre Ferre, O. (1981), “I. Cataluña. Situación actual del bilingüismo en la enseñanza en cataluña”, in Revista de Educación, 268, pp. 203-252.

· Milhou, A. (1989), « L’impérialisme linguistique castillan; mythe et réalité », in Cahiers du CRIAR, 9.

· Muset, M. y Arenas, J. (1982), “Informe sobre la situación de la enseñanza en catalán y del catalán en Cataluña”, in Siguán M. (coord.), Lenguas y educación en el ámbito del Estado español, Serie Seminario – 15, Ediciones de la Universidad de Barcelona, pp.133-154.

· Tamames, R. (1983), La República. La era de Franco, Alianza Editorial, Madrid.

· UNESCO (1953), L’emploi des langues vernaculaires dans l’enseignement, Paris.

· Valdeón, J. (1981), “Los Reyes Católicos. La unidad dinástica de Castilla y Aragón”, in La Baja Edad Media. Crisis y renovación en los siglos XIV y XV, Col. Hostoria-16, Historia de España nº 5, 109-127..

· Vidal-Quadras, A. (1996), Multilingüismo y política (El caso catalán), Quaderns de la Fundació Concordia, nº 4, Barcelona.

· Villar, P. (1979), Historia de España, Crítica, Barcelona.

España tras Zapatero


La realidad política no sigue en nuestro país caminos trazados por la razón, sino por las emociones; nuestra forma de resolver las cosas es diferente a cualquier otro país del entorno cultural y político en el que estamos ubicados, el carácter de los españoles, labrado en el conflicto permanente, no permite el sosiego por mucho tiempo, ni siquiera con la fumigación de serenidad de un químico como Rubalcaba, la retórica hipnosis del presidente Zapatero o la prudencia extrema de Mariano Rajoy. Ayer mismo lo decíamos, España no es, no ha sido nunca, lo que piensan que es los políticos que dicen representarnos, sino lo que sabemos los españoles o al menos lo que intuimos, mitad creencia y mitad realidad, o vaya usted a saber. Ciertamente es curioso el fenómeno, pero lo que está claro para todos los españoles es precisamente “lo que no es España”, y lo que ocurre hoy en la política de nuestro país tiene poco que ver con nosotros, no encaja de ninguna manera con lo que realmente somos, hemos sido, o queremos ser, los españoles.

Al Gobierno de Rodríguez Zapatero, como era de esperar, ha terminado alcanzándole la realidad –y detrás vendrán para constatarlo la decadente justicia española, los electores y la Historia-, a pesar de la inmisericorde huida hacia delante que el inefable ha decidido durante los cinco años de mayor retroceso político de nuestra historia reciente bajo la bandera del progresismo, la realidad ha acabado dando con él y está a punto de atraparlo. Se ha demostrado, una vez más, que con recursos abundantes gobierna cualquiera, porque para despilfarrar y favorecer a los amigos, no hace falta diligencia, ni inteligencia, ni rigor. Pero la soberbia de Zapatero –mucho más desmesurada que la de Aznar que no trató de cambiar a los españoles, sino exclusivamente la política exterior de nuestro país- le ha llevado al final del laberinto, y afortunadamente, también para la mayoría de los españoles llega el final de la pesadilla.

El legado de Zapatero

Con Zapatero hemos conocido lo peor de la política, desde los cordones sanitarios excluyentes de todo el que no pensaba como su secta, hasta la negociación con los asesinos etarras considerados en su momento “hombres de paz” a los que se ayudaba desde el Estado a escapar de la policía; desde la mayor crisis humana con cuatro millones de parados -44 % de menos de 35 años, no se sabe el número de subempleados-, hasta el mayor déficit económico de la década motivado por el gasto institucional desbordado; desde una ley sectaria como la de Violencia de Género que desiguala a españoles y españolas, hasta las esperpénticas soflamas nacionalistas con referéndums de autodeterminación y “estatuts” secesionistas avalados desde su propio Gobierno; sus veleidades personales nos han hecho quedar en ridículo ante el mundo próximo y lejano, negociando con piratas y terroristas, enajenando y alienando la posición de nuestro país en el mundo, para terminar rezando con Obama después de haber mostrado su feroz anticlericalismo. No hay por donde coger el pingajo, porque ya nadie se cree al héroe de masas que fundamentó en el escarnio del adversario y el populismo más zafio su vanidosa y “no presuntuosa” idolatría, sobrada y fantoche. Ha sido el único presidente español, junto con Felipe González, que al abandonar el poder va a dejar el país mucho peor que lo encontró, hecho unos zorros, por eso no hay que olvidar su infamia, ni su osadía, y ahora es momento de escribir las crónicas de sus hazañas en Romance de ciegos, como en la Edad Media, para que todo el mundo recuerde lo que ha hecho y deshecho en nuestro país, utilizando sin respeto ni criterio el poder otorgado por las urnas, para promocionar su profecía de la sinrazón.

Si se fijan ustedes, hace tiempo que el concepto de socialismo no se adhiere a su figura, parece que el héroe de la izquierda ha nacido en La Moncloa. Si bien los socialistas agradecen los buenos dineros que ha despilfarrado con todos los colectivos que apoyan la gesta heroica de liberación de los seres humanos que promocionan, mientras oprimen y esquilman a los que no son socialistas, no pueden compartir por más tiempo la estridencia de sus decisiones políticas. Ni críticas, ni apoyos, porque el PSOE comparte con la Iglesia católica el voto de obediencia a la jerarquía y tampoco admite la pluralidad y la discrepancia en su seno, como formación doctrinaria de pensamiento único que es.

Por otra parte, viendo lo que se avecina, los más avezados vanguardistas ya han creado una nueva estructura política en el partido de Rosa Díez, la marca blanca del PSOE que es UPyD, formación exclusivamente socialista –no vayan a pensar ustedes otra cosa-, para afrontar las próximas elecciones municipales si vienen mal dadas. Pero posiblemente el PSOE se acabará deshaciendo de Zapatero, como se deshizo de Felipe González, y seguirá adelante vendiendo el paraíso de la igualdad mientras establece la diferencia entre los designados para mandar y los designados para obedecer, porque la libertad es un invento del capitalismo imperialista.

Exijamos responsabilidades

Ahora es el momento de recordar, ni perdón, ni olvido, ni pasar página dejando los borrones. El objetivo prioritario del próximo Gobierno, que no será socialista, debe ser acometer una auditoría general y pública, que diagnostique la auténtica situación económica y política de España. El dinero que se ha derrochado para mantener los apoyos al Gobierno, el dinero de todos los españoles que se ha despilfarrado para mantener a la legión de inútiles, sindicalistas liberados, colectivos organizados en la estafa pública, instituciones incompetentes, vagos, advenedizos, sinvergüenzas y ladrones, hasta delimitar todo el entramado de corrupción generalizada que se ha urdido bajo el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que supera con creces el acontecido con Felipe González.

Es indispensable para nuestro país recuperar el rigor en el Estado de Derecho, exigir restitución de todo lo despilfarrado y denunciar, con plena transparencia, lo que han hecho realmente los vividores progresistas a costa del trabajo y los impuestos de todos los españoles. Esta tarea va a llevar años pero debe hacerse, porque la corrupción que se ha cultivado desde el Gobierno en los últimos años, es estructural, no solamente funcional, y sin eliminarla nos espera la agonía y el marasmo sin fin, lo primero es cerrar los desagües del sectarismo. Y por supuesto, ni perdonar, ni olvidar, no puede haber ley de punto final con los mangantes, que deberán ser juzgados, para que restituyan todo lo que han hurtado y respondan de todo lo que han hecho, se deben exigir responsabilidades desde el presidente del Gobierno, hasta el último concejal con poder.

Pero no quiero concluir sin emitir un mensaje optimista a nuestros lectores, porque tras casi cuatro años de vida que tiene el grupo de Ciudadanos en la Red, hoy estamos satisfechos. Cuando comenzamos la ingrata tarea de denunciar a los políticos corruptos y miserables que dicen querer representarnos, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar; al principio pensamos que no podía ser cierto todo lo que observamos y denunciamos, no nos imaginábamos la profundidad de la corrupción política y económica que había en España, pero hemos aprendido, y mucho; hoy sabemos que tras cada declaración, tras cada gesto, tras cada obra política hay siempre una estrategia urdida, no ocurre nada al azar en la política de nuestro país, todo está perfectamente controlado, y cada palabra forma parte de un trabajo colectivo que tiene como único interés engañar a los ciudadanos.

Los impostores al olvido

Ciutadans fracasó políticamente, porque sin su fracaso no hubiera sido posible la escalada que ha llevado la bomba del Estatut hasta los cimientos de la Constitución española. Sus dirigentes lo hicieron fracasar conscientemente, por lo que deberán rendir cuentas ante los electores y la historia. UPyD no era nada de lo que se ofrecía –ni mucho menos lo que vende Rosa Díez cada vez que se cuelga de un micrófono-, sencillamente es una empresa electoral formada por una decena de mediocres, sobrealzados por la ilusión de un espejismo proyectado sobre la opinión pública.

El partido de Rosa Díez está condenado al fracaso porque lo único que aporta es un mensaje populista que no se soporta más que en la palabra devaluada de su lideresa y las barbaridades contra la democracia y la libertad acometidas por sus sectarios dirigentes. Que Antonio Robles, el diputado de Ciutadans sea ahora el candidato de UPyD para encabezar el cartel de las elecciones catalanas, es la consolidación y demostración irrefutable del despropósito, cuando en los tres años que estuvo en el Parlamento catalán fue incapaz de hilvanar un discurso coherente y congruente con la opresiva realidad ejercida sobre lo español en Cataluña. Pero lo más fascinante es que algún día llegaron a pensar, desde las altas jerarquías de estos “partidos señuelo”, que los ciudadanos éramos idiotas y los únicos listos de la película eran ellos, los protagonistas del futuro, convertidos hoy en hazmerreír público.

El PSOE tendrá que hacérselo mirar tras el fracaso estridente de la política de Zapatero, y las marrullerías nacionalistas del PSC; el PP de Mariano Rajoy tiene que hacerse muchas radiografías para descubrir de dónde le parte la estupidez y la mediocridad, y empeñarse con denuedo en elevar el nivel de la política en España, incrementando la transparencia y el rigor de su empresa política; debe hacer muchos cambios en su interior y enterrar definitivamente a todos los fantasmas que impiden su desarrollo. Los nacionalistas seguirán intentándolo, como siempre, pero se acabó lo de reírse de los españoles, de que menos de un 10 % del electorado controle las decisiones del 90 % de los españoles, en una tiranía sin precedentes.

El lenguaje cambiará y las cosas volverán a denominarse como corresponde, los infames arribistas serán apartados del espacio público dejando paso a los que realmente tienen algo que decir y merecen ser escuchados; se acabarán los “concetos“ y el pensamiento políticamente correcto, que van a ser erradicados de la comunicación política.

Los ciudadanos hemos aprendido mucho durante este tiempo – la prosodia de la política, que es más importante que el propio lenguaje-, y sabemos que de la política española no podemos esperar juego limpio, por lo tanto el próximo objetivo es organizar la sociedad civil para establecer un control exhaustivo de los políticos, que irán perdiendo poder poco a poco, para entregárselo a los legítimos soberanos, los ciudadanos españoles.

Se acabará la representación política sin control en nuestro país, como mucho la gestión del poder será por delegación y si nos apuran, por mandato imperativo. El PP debe acometer la iniciativa de aproximación de la política a los ciudadanos, porque si no lo hacen, los socialistas lo harán sin duda alguna, y el que lo haga, se llevará el gato al agua en las próximas elecciones generales

Zapatero ha sido el último emperador político de España, tras su marcha las cosas nunca volverán a ser igual en política, eso al menos tendremos que agradecerle dentro de unos años, pero ahora que se vaya cuanto antes, porque ya resulta insoportable su endiablada e ineludible memez.

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español y liberal que no renuncia a su soberanía

domingo, 17 de enero de 2010

La España Democrática y el Estatut de Cataluña

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A Mariana Pineda

“Como Lirio cortaron el lirio
Como rosa cortaron la flor
Como lirio cortaron el lirio
Más hermosa su alma quedó”
- F. García Lorca

Una de las mayores usurpaciones de la historia política de nuestro país fue sin duda la realizada por Francisco Franco al considerar que la nación española sólo podía ser representada por él y los suyos, a lo largo de los cuarenta años que duró su dictadura la soberanía de los españoles fue conculcada, ultrajada y pisoteada. La recuperación de la legítima soberanía por parte del pueblo español se convirtió en una prioridad inexcusable para todos los demócratas tras su muerte, algo que se logró “como se pudo“ gracias a la Constitución de 1978 aprobada en referéndum por el pueblo español, devolviéndole la legitimidad a la política y llevando nuestro país de nuevo al ámbito de la democracia.

Desde entonces han pasado 31 años en que los españoles hemos tratado de encontrar un escenario político homogéneo, en el que pueda desarrollarse de forma armónica la Constitución de la que nos hemos dotado, pero no lo hemos logrado. Los enemigos de la democracia lo han impedido.

¿Quiénes son los enemigos de la democracia en España?

La inmensa mayoría de los españoles somos demócratas, pero no todos los españoles lo son. En los primeros años de la democracia los principales enemigos de nuestro sistema político fueron algunos militares trasnochados que apoyados por la extrema derecha lograron dar el 23 de febrero un Golpe de Estado fallido. No se podría comprender esta agresión a nuestra democracia sin tener en cuenta los años de plomo de la banda terrorista ETA, que consentida desde el nacionalismo vasco, dejó cientos de muertos en nuestro país. No fueron los únicos, el Grapo, el FRAP, Terra Iure y algunos grupos de extrema derecha también hicieron lo que pudieron por desestabilizar la embrionaria democracia española.

Con el triunfo hegemónico de Felipe González en 1982 llegó el ansiado cambio político, la alternancia tan deseada a la política española. Pero con el GAL y la corrupción de Filesa se fue quince años después por donde había llegado. Mientras el nacionalismo vasco seguía apoyando veladamente a ETA y el nacionalismo catalán iniciaba su escalada soberanista desde los hechos diferenciales que se habían otorgado a sí mismos. Luego llegó Aznar, con sus aciertos considerables en política económica, su connivencia con el nacionalismo, y la soberbia de sus errores personales en política exterior. El mayor atentado de Europa, el 11 de marzo de 2004, y la campaña de agitación y propaganda de la izquierda, trajeron a Rodríguez Zapatero, con unas urnas sometidas a una presión inusitada.

La historia democrática de España

Como bien nos recuerda Max Weber, una nación y un estado son cosas bien diferentes, la nación habla de comunidad, el Estado de poder, dualidad que siempre hemos defendido desde este blog, en honor a la hazaña histórica de los Padres Fundadores de nuestra nación política que reunidos en Cádiz en 1812, dotaron a nuestro pueblo de su primer Constitución contra reyes felones, nobles egoístas, edecanes abyectos, clérigos avaros, afrancesados vendidos, y la estridente ignorancia de un pueblo esquilmado y sometido –algo que ahora se repite de forma inapropiada-, el mismo pueblo que se levantó en revolución contra el invasor francés, Napoleón, que trataba de añadir España a su imperio. Aún se tardaron ocho años hasta que el Rey Fernando VII en 1820 –que quería ser adoptado por Napoleón- sancionara nuestra primera Carta Magna, la Pepa, por haber nacido el 19 de marzo de 1812, presionado por el General Riego, que decidió defender nuestros derechos antes que las colonias.

Se debe recordar que en aquellos tiempos España era una nación ampliada, pues seguía teniendo colonias en ultramar y en todos los continentes, pero fundamentalmente en América. Pocos han advertido que la Constitución de 1812 precisamente quería crear una gran comunidad hispana, tratando políticamente de mantener unido lo que no podía mantenerse exclusivamente desde el poder absoluto, ni desde la fuerza de las armas. La intención de Napoleón era romper la débil cohesión del imperio español sustentada por un poder absoluto, y ese objetivo si lo logró.

Los constitucionalistas de 1812 abrieron la posibilidad a la independencia de las naciones colonizadas en América, algo que aprovecharon las grandes potencias de la época – Francia, Reino Unido y Estados Unidos- para procurar la emancipación de las colonias, fundamentalmente por sus intereses económicos, apoyando todos los movimientos secesionistas. El virus constitucional fue el último legado de España a América, porque todas las colonias españolas se convirtieron en repúblicas independientes y todas establecieron su propia constitución, incluso antes de que algunos países europeos lo hubieran hecho, otra cosa es que también heredaran de los españoles el escaso respeto a las reglas, por lo que la mayoría de las repúblicas iberoamericanas terminaron reproduciendo dictaduras militares, a imitación de la metrópoli, hasta finales del siglo XX, con algún rebrote hacia el pasado en los comienzos del siglo XXI.

Que la Constitución Española de 1812 hizo libres y soberanos a los españoles de ambos lados del Atlántico, es algo incuestionable. Los liberales asumieron la emancipación de las colonias en el trienio de 1820 a 1823, sin confrontaciones importantes con las nuevas naciones que decidieron independizars, con la excepción de Cuba.

La izquierda española nunca ha reconocido suficientemente el movimiento de liberación que supuso el constitucionalismo de 1812, eliminando la servidumbre, la esclavitud y el poder absoluto de España y sus áreas de influencia –algo que tardaron en hacer mucho más tiempo numerosas naciones europeas-, porque la izquierda española siempre ha sido más izquierda que española, algo que se ha llevado hasta la histeria en el caso del progresismo de Rodríguez Zapatero, que considera que España no existe, porque es una cuestión discutida y discutible.

Zapatero, ¿demócrata o dictador?

El socialismo trata desde el año 2004 de ganar en la paz la guerra que perdió el Frente Popular en 1939. Con Rodríguez Zapatero todos los grupos políticos y sindicales derrotados por el dictador en la guerra civil española han llegado a reescribir la historia a su interés, con la misma displicencia que los nacionalismos vascos y catalán construyen la mitología de sus naciones, con la misma irreverencia por la verdad que el franquismo construyó su mito fascista sobre la nación española. Los conservadores nunca han abjurado explícitamente de su connivencia moral con el régimen franquista, entre otras razones porque sus fundadores eran franquistas reconvertidos a la democracia. Pero lo del presidente Zapatero, pobre ignorante petimetre, le convierte en un nuevo émulo de Franco, que pretende decirnos a los españoles si somos o no somos o dejamos de ser.

Desde Adolfo Suárez no ha habido otro político que ocupando la Presidencia del Gobierno respete a los españoles en su doble condición, ciudadana y soberana, ninguno. Miserable destino el de nuestra nación, en la que los socialistas piensan que España es una leyenda, los nacionalistas piensan que España no existe y al mismo tiempo les roba y los conservadores piensan que España es lo que ellos dicen y no otra cosa. Es estúpida esta historia porque ningún político tiene capacidad de definir y decidir lo que es nuestra nación, algo que sólo puede definirse y decidirse por el pueblo español –como se hizo en 1978-, que es el único soberano legítimo con facultad para hacerlo.

La usurpación política de España, de la que todos los políticos se aprovechan para desviar los fondos del Estado a sus intereses, no tiene porque coincidir con el concepto de España que ciudadanos y soberanos consideran, y de hecho no coinciden. El socialismo y los nacionalismos españoles se han hecho contra España, en concreto contra la España franquista– Franco se murió en la cama hace 35 años, para los que no vivieran aquella época -, (pero ahora lo están haciendo contra la España democrática), hoy buena parte de la España actual está en sus manos y la han llevado directamente a la ruina , con más de cuatro millones de parados y un 10 por ciento de déficit público, pero lo que sí han hecho es aprovechar el poder para crear una nueva oligarquía política y económica. Los conservadores españoles también se han hecho contra la España auténtica, porque consideran que España es lo que ellos atribuyen a España, y esa vieja España ya no existe más que en sus sueños y delirios.

¿Pero qué es España?

La única España que existe es la real, la que formamos los españoles en este territorio con forma de piel de toro y su cultura milenaria, con un idioma propio que hablan 400 millones de seres humanos, una Constitución legítima y una forma de vivir determinada en pluralidad, que dista mucho de la habitual en otras comunidades europeas. España es una singular mezcla de seres humanos. Esa es la España que niegan los políticos, unos por defecto y otros por exceso, porque el término justo –la virtud- está precisamente en ser español y sentirse español, algo que ellos son incapaces de hacer porque ponen por delante sus intereses ideológicos, partidistas y económicos.

Como ciudadano español, soberano en la parte que me corresponde, quiero abjurar de todos los políticos españoles actuales, me parecen unos miserables, no reúnen las mínimas condiciones para representar al pueblo español – la nación española- porque lo único que desean es administrar el poder del Estado, unos contra la España que ya no es –pero mantienen en su cabeza-, y otros por la España que no puede ser –pero mantienen en su cabeza-.

La España real no está en la cabeza de nadie, ni siquiera en la cabeza de todos los españoles, porque no es una IDEA, sino una REALIDAD, eso es algo que sólo hemos entendido los liberales españoles a lo largo de la historia, los únicos patriotas españoles, los únicos, porque todos los demás no se han roto ni una uña por España, POR TODOS LOS ESPAÑOLES, sino por sus puñeteros intereses partidistas y partidarios, facciosos y sectarios.

El último liberal que hubo en la política española fue Adolfo Suárez, esa es nuestra marca y firma, que no ha sido superada en tres décadas. El tahúr del Mississipi que decía Alfonso Guerra, el ex secretario general del Movimiento que le gustaba decir a la derecha, el único político español que en la transición gobernó para TODOS LOS ESPAÑOLES y no para su secta particular, algo que desde los poderes fácticos de la burguesía española, progre y facha, no se podía consentir, porque les apartaba del pesebre y entre todos se encargaron urdir la conjura que permitió llevar al mejor presidente español de la transición democrática directamente al olvido, al suyo y al nuestro. España es una obra colectiva y compartida, histórica y cultural, social y política, es la obra de los españoles reunidos como comunidad, a pesar de lo políticos que viven de España, de los antiespañoles que no son solo los nacionalistas, sino todos los políticos, porque los socialistas quieren despojar de soberanía a los ciudadanos españoles tanto como los conservadores.

Sin soberanía no puede haber ciudadanos libres, LA SOBERANÍA ES LIBERTAD CONQUISTADA A LO LARGO DE LA HISTORIA POR UN PUEBLO, sin soberanía, exclusivamente con ciudadanía, los españoles volveríamos a ser súbditos de cualquier poder absoluto, de cualquier engendro político urdido con intereses inconfesables. La soberanía no se concede, ni se permite, se conquista y no se roba o se usurpa al descuido como pretenden hacer los nacionalistas vascos, catalanes, gallegos o baleares.

La hora de los liberales

La bandera morada y verde de Mariana Pineda debe volver a ondear en nuestra patria, es la hora de reclamar lo que siempre hemos exigido los liberales españoles: IGUALDAD, LIBERTAD y LEY, es hora de regresar al espacio público común y compartido, es hora de salir del armario donde nos han introducido los mequetrefes advenedizos, los nacionalistas, socialistas y conservadores, y los poderes económicos que les sustentan, que tratan de usurpa la soberanía a los españoles.

La España real se siente, yo la siento, ahora mismo brama de dolor herida por la ignominia, hastiada de tanta mezquindad, asediada por la ignorancia, atenazada por la estupidez. Es la hora de la cohesión, españoles, de defender lo común por encima de todo, porque ser español es la mejor forma –la historia lo ha demostrado- de que los poderosos no hagan lo que les dé la gana con nosotros, convirtiéndonos en siervos de sus delirios y esclavos de sus hazañas, precisamente por eso, porque la libertad no puede existir sin pluralidad, es hora de luchar por España, una nación diversa, contra los enemigos de nuestra identidad, que son los políticos que dicen representarnos cuando lo único que hacen es aprovecharse de nosotros.

En sus comienzos políticos modernos, España se hizo fundamentalmente con la sangre derramada por los liberales, que se dejaron la vida por defender a su pueblo, a la nación española, de sus usurpadores políticos y económicos, contra el poder absoluto, contra la doctrina única. Como liberal, ni olvido, ni perdono, ni consiento que unos mequetrefes me digan lo que es y no es España, cuando ni los que crearon la España política real, los constitucionalistas de 1812 y el pueblo español, se atrevieron a definirla.

Esa es la mayor usurpación de nuestra historia, porque quien quiere definir España, está impidiendo que cada español se defina por sí mismo, y que de la pluralidad de todas las definiciones individuales -PERO DE TODAS, NO SOLO DE ALGUNAS- surja la auténtica definición de nuestra patria, la del pueblo español soberano que es la única real y necesaria.

El Estatut de Cataluña es la penúltima agresión de los chorizos a nuestra patria, Montilla, Zapatero, y todos los que lo apoyan, deberán rendir cuentas ante la justicia y la historia por su intento encubierto de Golpe de Estado, porque su aprobación sería regresar a un régimen imposible para la convivencia pacífica de los españoles, a una auténtica dictadura como la que se vivió en este país en la época de Franco, pero de signo contrario, porque la nación española ni podía ser definida por Franco, ni tampoco puede serlo por Rodríguez Zapatero, ni por ningún político. España sólo puede ser definida y determinada por todos los españoles, todo lo demás es fascismo.

Enrique Suárez Retuerta
Un ciudadano español y liberal que no renuncia a su soberanía

viernes, 15 de enero de 2010

España año uno, y lo que queda

Resulta tedioso reiterar las mismas cosas año tras año. El problema de la política española sigue su propia parsimonia. La realidad se empecina cada día en llevarle la contraria a Zapatero-Rajoy, ese personaje bicéfalo que ha reducido la democracia en España a una estúpida confrontación permanente. Hay menos posibilidades de que Zapatero resuelva la crisis y el paro, que de que Rajoy y Arriola presenten una moción de censura. ¿Que valor le queda a la política?

Sin embargo habría una forma de corregir la delirante realidad política desde el Parlamento español, sencillamente sería dejar al PSOE sólo en su locura, hasta obligar a Zapatero a someterse a una "Cuestión de Confianza", porque no tiene el apoyo del Parlamento para seguir gobernando. El déficit va a llegar al 15 % a finales de año, los parados a seis millones, la deuda superará con creces el 100 % del PIB y nos acabarán echando de la zona euro.

En estas circunstancias la irresponsabilidad de los diputados y senadores españoles no puede quedar impune. El Estado es una empresa común de todos los españoles, que los políticos -sus administradores- van a llevar a la ruina, tarde o temprano, al principio no se notará, pero poco a poco se irá viendo miseria, inseguridad, pobreza, y tristeza, mucha tristeza en nuestro país.

Sé que de poco servira seguir lanzando advertencias, por eso quiero recordar lo que hace un año se publicaba en este blog, para invitar a nuestros lectores a la reflexión, porque si hace un año se decía lo que hoy se ha cumplido, posiblemente dentro de un año se cumplirá lo que hoy se dice. ¿Se puede seguir soportando la tremenda estupidez elitista y desnortada de los políticos españoles sin hacer nada?. Ustedes deciden. Yo ya lo tengo decidido

España año cero: política y miseria

Erasmo de Salinas

jueves, 14 de enero de 2010

Carta abierta a Ángel Hernández

Sr. Ángel Hernández,

Coordinador censurado por la mayoría de los militantes de UPyD-Barcelona, pero que sigue en funciones, violando las reglas más elementales de la democracia, de la ética, del honor y del respeto personal hacia uno mismo, le confieso que me encuentro bajo el síndrome orwelliano. Este síndrome lo sufro desde que empecé a rumiar, por cuarta vez, las hazañas de los “cerdos”, que George Orwell narra en el relato Rebelión en la granja. Al releer esta obra maestra, que es un ejemplo concreto y práctico de la doctrina de la “Honestidad Radical”, me ha parecido estar leyendo la corta historia de nuestro joven partido, UPyD, y de sus “cerdos”, en sentido orwelliano, claro. Por eso, le pido disculpas si en esta carta abierta hay algo que le pueda incomodar. No olvide que estoy impelido, como de costumbre, por la doctrina de la “Honestidad Radical”y, hoy además, bajo la influencia del síndrome orwelliano.

En una “carta abierta a los internautas, a los militantes, simpatizantes y votantes de UPyD”, de 31 de diciembre de 2009 y colgada en Ciudadanos en la Red, le informaba también a Ud. de los infundios, de las injurias y de las calumnias, que vertió, sobre el que suscribe, un@ peripatétic@ anónim@ —que firmaba con el seudónimo Alicia Sánchez Bofill— próxim@ a Ud. Y digo próxim@, si es que no fue Ud. en persona el que envió el vomitivo y nauseabundo correo. En efecto, recibieron la citada misiva injuriosa militantes de UPyD de reciente afiliación (algunos ni siquiera con un mes de militancia). Este hecho objetivo y demostrable implica necesariamente o que la tal Alicia Sánchez Bofill es el seudónimo de uno de los actuales miembros del Comité Territorial de UPyD-Cataluña (únicos poseedores de los datos de afiliación y, por lo tanto, de los correos personales de los afiliados) o el Comité Territorial de UPyD-Cataluña ha vulnerado la ley de protección de datos cediéndolos a terceras personas. Verde y con asas, Sr. Ángel Hernández.

Raro, raro, raro, como diría el Dr. Iglesias Puga, que en gloria esté. De esta disyuntiva deduzco que, de una u otro forma, el Comité Territorial de UPyD-Cataluña está en el ajo y es responsable por acción (y no por omisión) de las injurias, de las calumnias y de las difamaciones vertidas contre mi persona, militante “de la primera hora” de UPyD.

Dudo que estos comportamientos sean de recibo en nuestro partido. Sin embargo, ni Ud. ni UPyD han desautorizado ni investigado estos hechos de baja estopa o baja cama. De esto deduzco que UPyD-Cataluña es como la “casa de tócame Roque” (de ahí que, en el pasado, yo le haya tildado a Ud. de “rokero”) o como el “patio de Monipodio”, como Ud. prefiera.

O Ud. deja de ser “mudo, sordo, sesteante,...” y pone las cosas en claro, o me veré obligado a situarlo entre la fauna-casta de los “cerdos” (en sentido orwelliano, claro) y llamarlo Napoleón (en sentido orwelliano, por supuesto). Además, como dice el refrán castellano, la ropa sucia se lava en casa; pero, cuando la lavadora no funciona, y este es el caso en UPyD-Cataluña, se va al lavadero público, donde hay mucha ropa tendida. ¡Y que cada uno aguante su vela!

Coda: “Si la libertad significa algo, es el derecho de decirles a los demás lo que no quieren oír” (G. Orwell, ensayo sobre La libertad de prensa, que precede y preside el relato Rebelión en la granja). “Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era el otro” (última frase del relato Rebelión en la granja).

Manuel I. Cabezas

Seguidor y practicante de la doctrina de la « Honestidad Radical »

14 de enero de 2010

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