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sábado, 18 de abril de 2009

De las promesas a las pavesas

"La libertad no es hija del orden, sino su madre" P.J.Proudhon

No lo comprendieron en Ciutadans, no lo comprenden en UPyD, porque siguen anclados en una organización del poder fundamentada en la jerarquía. En el siglo XXI, un político medianamente culto, no puede requerir a sus votantes o simpatizantes, y menos a sus compañeros de partido pleitesía a la autoridad no razonada, sino a los principios, valores, y propuestas.

No se puede respetar el fuero, sin considerar previamente la existencia del huevo. No hay peor agresión para el futuro de un partido político, que la de un líder, que siendo considerado positivamente por la inmensa mayoría, decida decantarse por una facción y desentenderse de otra, que se sentirá despechada, marginada y denigrada, de forma injusta y públicamente. Ese es el error que ha cometido Rosa Díez, el pasado día 28 de marzo, en un arrebato de soberbia.

Y precisamente lo que ha ocasionado las declaraciones del cesado y expedientado coordinador maño Javier Carroquino y toda la coordinadora de Aragón, considerando que: “pensaba que el partido era de todos, no sólo de Rosa Díez”. A Carroquino se lo han cargado realmente, aunque pronto aducirán diversos “crímenes contra el partido”, por haber presentado una propuesta de listas abiertas a todos los órganos del partido, lo que ha hecho que se vea claramente la actitud cicatera de acotamiento del poder del sector más oficialista.

Lamentablemente, lo que ha ocurrido, al igual que pasó en Ciutadans, es que en una ocasión bien definida para que brille la democracia, la transparencia y la libertad en el seno de un partido político, como es la organización del Congreso Constituyente –retrasado durante dos años-, se ha hecho precisamente lo contrario: perseguir e invitar a que se vayan a los que no acepten pulpo como animal de compañía propuesto por la dirección del partido.

El miedo a la libertad de la dirección de UPyD ha mostrado un agujero negro para la democracia dentro de su formación. ¿Cómo van a confiar los votantes en algo que contradice con su funcionamiento interno lo que se pretende que hará en la cosa pública cuando alcance el poder?.

Nadie se traga ya ruedas de molino, por mucho que nos aseguran que se disuelven como caramelos de fresa. Al igual que Ciutadans reuniendo ONCE para la Última Cena, más un par de Judas, UPyD se ha equivocado al promover un Reglamento para su Congreso Constituyente que limita las posibilidades por imperativo directivo, regresando al aforismo tan conocido por Rosa Díez, que dice que "el que se mueva no sale en la foto". Rosa Díez no comprende en su soberbia, que no es ella la única que puede jugar a discrepar, como hizo durante años en el seno de su anterior partido, el PSOE. Ni siquiera ha mostrado en su propio partido, la tolerancia que le brindaron en el PSOE sus antiguos compañeros.

Los líderes de UPyD, al igual que los de Ciutadans, no han conocido la frase de Pierre J. Proudhon que anticipa este artículo. El orden es heredero de la libertad, no la libertad heredera del orden. Sin libertad sólo puede haber orden autoritario, que es el que existe en todos los partidos políticos españoles, en los convencionales y en los más noveles.

No, no entienden nada, no comprenden que sin libertad tampoco es posible la democracia, porque la democracia es hacer lo que quieran todos los demás, mientras la libertad es hacer lo que uno quiera, y para que uno quiera hacer también lo que quieren los demás, se requiere al menos que pueda elegir entre alternativas, que sea libre en sus decisiones, no exclusivamente libre para ratificar u oponerse a lo que ya está decidido por los que mandan.

Alguien dentro del cenotafio de Ciutadans ha dicho que unirse en coalición con el partido conservador Libertas les devuelve a la transversalidad. Que más quisieran. Lo que les pone es en el disparadero hacia el abismo, porque el programa transeuropeo de Libertas nada tiene que ver con el no nacionalismo de izquierdas de Ciutadans, bueno sí, lo mismo que un ordenador con un botijo. No hay transversalidad posible entre el mesianismo de Ciutadans y UPyD, y la politofobia de Libertas

Cierto es que las direcciones de Ciutadans y UPyD no se han puesto de acuerdo para presentar una candidatura conjunta a las elecciones europeas, pero por extraña casualidad, resulta que los discrepantes de Ciutadans que se fueron (más en número que los últimos de Filipinas que se quedaron) y los discrepantes de UPyD, que no sólo están en Zaragoza, coinciden en la necesidad de una formación política en la que se respete de forma intensa y serena la democracia, la libertad, la justicia y la pluralidad, y de la que se erradiquen el sectarismo, el autoritarismo y las malas artes; quizás los críticos de ambas formaciones sean unos románticos, pero me consta a fecha actual, que hay un movimiento subyacente que podría emerger en los próximos meses en un proyecto de futuro que se opondría tanto a Ciutadans, como a UPyD, al igual que a los demás partidos políticos españoles que no respetan las reglas del juego, y hacen trampas en la arena del Coliseo.

Hace pocos días se hablaba en este blog de la Operación Adriano para configurar una opción política inequívocamente transversal, democrática, plural, libre, y justa para este país, en vista de que las últimas opciones han fracasado. Una opción política en la que el orden sea una consecuencia del respeto exhaustivo por la libertad de los ciudadanos, que les devolverá su auténtico valor, que les hará realmente protagonistas de su historia, y no víctimas de los dirigentes políticos más sombríos que tratan de arrebatarles su soberanía en cada ocasión que se les presenta.

Nunca se enterarán los políticos que la organización de la sociedad en armonía, en equilibrio, y justicia no requiere autoridad alguna que imponga un orden determinado. Los ciudadanos somos adultos formados, no escolares confusos. Sabemos lo que queremos y lo que no queremos.



Biante de Priena

viernes, 17 de abril de 2009

Propuesta de Cartel Anuncio Primer Congreso UPyD

Javier Carroquino, cesado de forma fulminante como coordinador de UPyD Aragón.

ÚLTIMA HORA: Destitución en pleno de la Coordinadora de Aragón por la Dirección Política Nacional de UPyD.

¡A ver esos cañones, maños, que son gabachos!.


Lo comentamos en el blog y el foro hace pocos días, que parecía que en UPyD había comenzado la ordalía inquisitorial, la caza de brujas, y la dirección política hoy ha cesado como coordinador de Aragón a Javier Carroquino de forma fulminante, que en el consejo político de UPyD del día 28 presentó una enmienda alternativa a la propuesta de Reglamento Congresual oficial de Gorriarán y sus acólitos.

No solo se le ha cesado de forma fulminante por expresar libremente su opinión que fue apoyada por otros 15 miembros del consejo político (también hubo 18 abstenciones), aunque la alternativa oficial avalada por Rosa Díez y Gorriarán fue apoyada por la mayoría de 103 miembros del Consejo Político. La cuestión es que también ha resultado expedientado, por discrepar y posiblemente por manifestar su estupefacción en una carta que publicamos en Ciudadanos en la Red.

Hoy mismo, Gerardo Hernández Les, también consejero político de UPyD y portavoz en su día de la coordinadora de Andalucía, ha manifestado su sorpresa por todo lo ocurrido el día 28 de marzo, en un artículo que también hemos publicado en nuestro blog, quizás antes de que reciba la noticia de su expediente.

Que patética escena la que se dibuja en el horizonte, la de los soberbios que pretenden tapar el sol con la mano, sin darse cuenta que con cada víctima de la arbitraria persecución política de la dirección UPyD, dos largas siluetas se verán recortadas en el mañana: una la de la propia tiranía del grupo dirigente, y otra, la de los que se opondrán a ella.

El discurso altivo de Rosa Díez en la reunión del 28 de marzo ha concedido status de facción a los que no han apoyado con los ojos cerrados su propuesta (33 consejeros políticos de 136 presentes).

Siguen sin aprender la lección los discípulos de Lenin. Con cada flor que se aplasta con la bota poderosa, se diseminan las semillas que traerán cientos de flores tan sólo con el paso del tiempo, que ya nunca podrán volver a ser aplastadas.

Es hora de que los militantes de UPyD hagan una reflexión sobre su continuidad en el partido; ¿cuánto es el precio político que están dispuestos a pagar?, ante un espejo que les pueda decir algún día: tú estabas allí, cuando sentenciaron y condenaron a tus compañeros de forma injusta ¿qué hiciste?, ¿miraste para otro lado mientras eliminaban a los discrepantes?. ¿Mereció la pena que lo hicieras?. ¿Te han premiado por ello?, porque recuerda que a otros les sancionaron por decir lo que pensaban y tu sigues apoyando este partido.

Redacción

jueves, 16 de abril de 2009

Sí hay razones de fondo en el debate sobre el Reglamento Congresual de UPyD

Algunas consideraciones sobre el debate del Consejo Político de UPyD del día 28 de marzo

Apenas ha transcurrido una semana y todavía retumban los ecos del último Consejo Político. Es evidente, que la enmienda a la totalidad presentada por el Consejero Javier Carroquino, representa una concepción del partido diferente a la del Reglamento que se ha presentado avalado por el Consejo de Dirección.

Pero el debate, tal como lo ha expuesto Carlos M. Gorriarán en su Blog (“Del debate de día 28”), no tiene salida ni sentido, porque lo zanja desde una posición dogmática y hegemónica (Roma locuta, causa finita); aunque tiene una virtud, que no es otra que permitirnos a los demás referirnos públicamente al problema en cuestión con la misma franqueza y libertad como él lo ha querido plasmar. Es de agradecer que en el seno del partido podamos airear nuestras diferencias, cuando se dan, sin cortapisas de ningún tipo.

De hecho, el debate quedó listo para sentencia en el propio Consejo Político, no tanto porque existiera interés en mantener una discusión teórica, sino porque los términos airados en que el propio Carlos M. Gorriarán, y la misma Rosa Díez, afrontaron las réplicas no eran sinónimos de interés por aclarar nada, sino de afirmar un principio de autoridad. La vehemencia con que se exhibieron los dos máximos responsables del partido, no tenía como objetivo alcanzar algún espacio de encuentro, sino de romper todos los puentes con quienes podían presentar una manera distinta de entender la construcción del partido. Cuando Rosa vino a decir que “si esa visión del partido (la que presentaba la enmienda) triunfara, yo no militaría en ese partido”; senso contrario, podría entenderse que los derrotados en la enmienda estarían mejor fuera del mismo. A partir de ese momento ya no cabe discusión, ni se desea entendimiento posible. Lo que se escenificaba era un linchamiento sobre el enmendante –y sobre los que se dispusieran a sostener su propuesta- y una exigencia de plebiscito para dar por zanjada definitivamente la cuestión. Lo alarmante ya no era la discrepancia en sí, sino la forma autoritaria de abortarla.

El apoyo a la enmienda a la totalidad –por parte de quienes lo hicimos- no era tanto el estar de acuerdo, punto por punto, con todo el articulado de la enmienda, como con el espíritu que traslucía de la misma, más acorde, a nuestro parecer, con el proyecto originario del Manifiesto fundacional que con el Reglamento que se discutía. El debate sobre listas abiertas o cerradas no puede dirimirse en términos de todas abiertas o todas cerradas, sino en función de la racionalidad capaz de conjugar la eficacia organizativa con la mayor participación de los afiliados a la hora de conformar los órganos de dirección del partido.

En este sentido no tendría que ser difícil ponerse de acuerdo, si imperara la voluntad política de entendimiento, en convenir en el caso del Consejo de Dirección (sin duda el aspecto más controvertido) que el/la Portavoz, como máximo representante del partido, gozara de la facultad de elegir discrecionalmente un tercio, al menos, de los miembros del Consejo de Dirección, y el resto fueran elegidos en lista abierta. Otra cosa (elegirlo todo en lista cerrada) sería volver al punto de partida, donde UPyD nació como un partido carismático –no podía ser de otra manera- y así lo aceptamos todos de buen grado hasta que, en dos años, se celebrara el Congreso. Trasponer este mismo esquema, sin solución de continuidad, al momento actual legitimándolo en un Congreso con mayorías y minorías claras, no resolvería el problema de alcanzar un espacio que fuera compartido por todos los que creemos en el proyecto que nos dimos en el acto fundacional.

A fuer de ser realistas, este diseño sólo puede abocar a la creación de un macroaparato, incontrolable por los afiliados y proclive a caer en un modelo bipolar escindido, no de dirigentes y dirigidos, sino de dominantes y dominados. Si hay algo consustancial a la democracia es el control del poder y, naturalmente, la igualdad en las relaciones de poder. Algo difícil de hacerse realidad con la aplicación del Reglamento que aprobamos el pasado día 28 de marzo.

Por lo demás, tampoco puede ser tan difícil de entender que el cargo de Portavoz fuera elegido independientemente del resto del Consejo de Dirección –y está muy bien que lo sea por todos los afiliados- pero esa separación tiene, entre nosotros, una lógica aplastante, porque en un partido donde la figura y el liderazgo de Rosa no lo discute nadie, tratar de montar una lista para enfrentarse a la del actual Portavoz es absurdo, tan absurdo como que ésta nombre a su gusto a la totalidad de los miembros del Consejo (sin posibilidad de revocación), una vez transcurrido el período precongresual y fundacional de dos años.

El intento de conformar el principal órgano de dirección del partido en elección de listas cerradas no tiene otro sentido que mantener el mismo modelo de autoridad vertical que rige en el presente, y denotar, a su vez, una desconfianza absoluta hacia el conjunto de los afiliados. No nos engañemos, lo que hemos defendido todos desde el principio, empezando por la Dirección, han sido las listas abiertas, y no sólo para mejorar nuestra democracia a nivel del Estado, sino a nivel de los partidos, como una forma inevitable de revitalizarlos, otorgando a los afiliados una vía de participación que, en España, brilla por su ausencia y ha hecho de los partidos estructuras oligárquicas ajenas a los ciudadanos. No es serio que vengamos ahora con que lo de las listas abiertas está bien para el conjunto de la sociedad, pero no para las formaciones políticas, dado que serían incompatibles con la eficacia y la coherencia que tiene que exigirse a los equipos de trabajo en el interior de un partido.

Si para defender esta postura tenemos que buscar soportes teóricos en los clásicos de la sociología política (Michels, Duverger, Sartori,etc.), vamos a encontrar tantos puntos a favor como en contra, por lo que será mejor que tomemos como referencia nuestras propias experiencias políticas y saquemos conclusiones. Y, la más importante de todas ellas, es que quienes hemos llegado a UPyD desde otros partidos no queremos reproducir los mismos clichés y los mismos aparatos que hemos conocido en los partidos que son hegemónicos en España, que pueden servir para ganar elecciones, imponer orden entre los militantes y promocionar políticamente a los más fieles (y no necesariamente los más leales); pero estos partidos son responsables en primera instancia de habernos instalado en una partitocracia sin paliativos, y de haber conducido a nuestro país a una crisis política de tal envergadura que ha hecho necesario el alumbramiento de una fuerza política como UPyD.

Los que pretendemos fórmulas partidarias que -a nosotros, claro está- nos parecen más democráticas, no proponemos una democracia asamblearia (por cierto, querer endosarnos a algunos esta intención sí que es una verdadera falacia), sino la misma democracia representativa que queremos para el conjunto de la sociedad, que no tiene que ser idéntica, pero sí equivalente. Quienes vemos así las cosas nos resulta paradójico que en un partido donde no se dan discusiones políticas sobre el programa y la acción política –que, a fin de cuentas, es lo importante- porque hay una unanimidad total, tengamos, sin embargo, tantas dificultades para ponernos de acuerdo sobre el modelo de partido, y lo descubramos ahora y no cuando echamos a andar. Sería difícil, para cualquiera, entender una fractura basada en cuestiones meramente organizativas, sin que haya diferencias ideológicas de cierto calado.

Una última cosa. Nos negamos a admitir que nos hemos dejado, a lo largo de casi dos años, nuestras energías, nuestra entrega incondicional, nuestra ilusión, el esfuerzo con el que también hemos contribuido a conseguir representación parlamentaria, para tener que llegar a la conclusión que esto podría ser más de lo mismo. Nos negamos.
La transversalidad, que está funcionando ideológicamente, no tiene porqué no funcionar a la hora de ponernos de acuerdo en articular las estructuras organizativas; lo inverso haría pensar que su significado sólo tiene sentido como ingenio de propaganda de cara a la galería. Sólo es cuestión de voluntad política, la misma que se necesita para lograr los pactos que nosotros exigimos a otros partidos en cuestiones que nos parecen capitales, y ésta –el acuerdo de convivencia política en el interior del partido- también es una cuestión capital. Lo contrario parecería un suicidio político programado.

(*) Este artículo se remitío hace días al responsable de la web del partido en Andalucía, sin que hasta la fecha (16/04/2009) se haya publicado






Gerardo Hernández Les
Miembro del Consejo Político de UPyD

Madrid, 4 de abril de 2009

Ciutadans y las Elecciones Europeas

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